Disclaimer: Los personajes de Final Fantasy pertenecen a Square-Enix. Tan solo los inventados son de cosecha propia ^^


Notitas…

Siento haber tardado pero a veces la inspiración me abandona, yo la llamo pero naa, jejeje. Espero que lo entendáis. De todas maneras gracias por seguirme a todos y cada uno de vosotros.

He dejado ilustración nuevecita, k no ilustra nada en concreto pero que mola mucho (como me tiro flores jejeje). Tengo pensada una ilustración del capi pero ando pillada de tiempo, asi k nusep… Y ahora os dejo leer, espero que os guste ^^

LuKuran: Jejejeje "ojo cuadrado" me ha encantado XD. Pues no te preocupes que en esta capi se resuelve el enigma "Squall" asi que espero que te gusssssste ^^

oryxyro: Jejejeje asi que Squall está contigo… mmmmm, pillina. Me alegra que te este gustando. Es cierto que se complican las cosas pork no hablan entre ellos dos, como la vida misma. Y ya no digo nada mas k desvelo cosas XD

tsuki-lulu: Ooooohhh! Ya te echaba yo de menos, bienvenidaaaa! Pues no te me mueras del susto jejeje. En este capi sabrás que es lo que ha pasado con Squall así k a… LEER! ^^

Mr. D: Muchas gracias, otra vez! ^^ Me alegra que sigas por aki.

PauHardy: Jejeje otra que se me muere, calma todo el mundo, es Squall, no puede desaparecer. Pero necesitaba hacerlo para explicar ciertas cosillas XD. Asi k lee y te enterarás ^^


VEINTIUNO

Squall abrió los ojos despacio. Los parpados le pesaban demasiado y la luz blanca y brillante que inundaba el lugar, impactaba directamente es sus retinas haciendo que fuese casi imposible fijar la mirada. Tras varios intentos, consiguió mantener los ojos levemente abiertos, parpadeaba continuamente a causa de aquella maldita luz y de un picor casi insoportable. Sintió un leve mareo y una sensación de aturdimiento lo invadió. Sentía como su mente se desvanecía y lo abandonaba continuamente y no pudo evitar cerrar de nuevo los ojos.

No supo decir cuánto tiempo estuvo en ese estado pero por fin consiguió saber donde se encontraba. Su vista estaba borrosa pero el lugar era inconfundible. De nuevo estaba en aquella camilla de metal. Intentó moverse pero enseguida se dio cuenta que se encontraba atado de manos y piernas. De pronto alguien se acercó hasta su cara sorprendiéndolo.

- Hemos tenido que atarte –dijo un hombre mientras abría los ojos de Squall para examinarlos con una pequeña linterna-.

Su mirada fue aclarándose y pudo distinguir a un hombre corpulento del que solo vio sus ojos ya que una mascarilla ocultaba el resto de su cara. Su atuendo completamente blanco hacia que en ocasiones se confundiese con el fondo.

El hombre se alejó y Squall oyó como hablaba con otras personas que se encontraban en esa misma habitación.

- Su sistema ha eliminado completamente el primer diseño del virus. No podemos permitir que ocurra de nuevo.

- No se preocupe señor, esta nueva cepa ha sido rediseñada. Hemos vuelto a estudiar su ADN y creemos que no volverá a ocurrir. Sabíamos que su sistema era especial pero no tanto.

- Perfecto, pues probemos entonces. ¡Ah! Y a Wexford le quiero fuera de esto ¿entendido?

- Sí, señor

Tras el asentimiento del grupo de personas, se acercaron a la camilla y rodearon al muchacho fijando los ojos en el. Squall se asustó y recorrió con rapidez la mirada de cada uno de ellos. Justo en el momento que reparó en unos ojos que llamaron su atención, una aguja se dirigió directamente hasta su brazo. El chico se removió intentando evitar el pinchazo.

- No lo haga más difícil –habló el que parecía el jefe-.

Alguien lo sujetó de los hombros y otro más, lo que perecía una mujer, sujetó el brazo donde intentaban inyectar aquel liquido. Un grito ahogado salió de la garganta de Squall y su corazón se aceleró en cuestión de segundos. Al final fue inútil y el virus entró dentro de su cuerpo sin remedio.

Segundos más tarde su mirada se nubló y quedó inconsciente.

Cuando abrió los ojos nuevamente, estaba recostada en la incómoda cama de la habitación donde lo mantenían recluido. Como era de esperar la cabeza le dolía y era incapaz de recordar con claridad. De repente algo dentro de él despertó. Su corazón latió con fuerza contra su pecho y sus ojos se abrieron exageradamente.

Intentó coger aire pero le fue imposible. Como pudo se levantó y se dirigió al baño. Notaba como algo le quemaba por dentro y cuando captó su imagen en el espejó un terror inimaginable lo envolvió haciéndole perder la cordura. Sus ojos habían cambiado, las venas rojas estaban completamente dilatadas ocultando incluso el azul de sus ojos y su piel palidecía por momentos, haciendo que todas sus venas fuesen visibles a trasvés de su piel. Asustado, fijó la vista en sus manos las cuales temblaban sin control. Su mente se enturbió de nuevo y sintió como el instinto mas primario lo poseía. La rabia comenzó a brotar y la razón lo abandonó durante unas fracciones de segundo. Cuando quiso darse cuenta era nuevamente arrastrado por aquello hombres.

Lo último que pudo escucharse en aquel frio pasillo fue un alarido aterrador.


Jardín de Balamb, 20:15h

El comandante se incorporó de pronto con los ojos abiertos de par en par y con su respiración demasiado agitada. Pequeñas gotas de sudor invadían su frente y por su expresión parecía realmente desorientado.

Enseguida reconoció una de las habitaciones de la enfermería y la presencia de alguien en quien ni siquiera había reparado, llamó su atención. Los ojos azules del muchacho se posaron sobre la esbelta figura de la bruja de Balamb y sin vacilar buscó su mirada.

Una pesadumbre abrumadora podía leerse en el rostro de la joven y sus ojos estaban hinchados y enrojecidos, posiblemente a causa del llanto. El chico enseguida se dio cuenta que Rinoa estaba tensa. Lo miraba fijamente, esperando que el dijese o hiciese algo y en sus ojos empezó a apreciarse un atisbo de miedo. Squall se dio cuenta entonces que tenía la misma expresión que aquella mañana de domingo en la que fue incapaz de controlarse y una desazón lo asaltó. Odiaba verla así, no soportaba verla llorar y mucho menos que ese miedo se lo estuviese produciendo el mismo.

Extendió una de sus manos hasta ella y vio como retrocedía un paso hacia atrás, desconfiada.

- Soy yo –pronunció con su habitual tono sereno-.

Rinoa lo miró desconcertada, no sabía que decirle, ni cómo comportarse. Llevaba una semana ignorándola y evitando encontrarse con ella y la confianza que ella tenía depositada en él había desaparecido poco a poco pero cuando aquella sonrisa que tanto le gustaba se dibujó en el rostro del muchacho, su cuerpo se movió instintivamente y no pudo evitar correr hasta él. Sin pensárselo se abalanzó al cuello del chico y los brazos de él la rodearon con fuerza. En cuanto sintió el cuerpo de la chica sobre el suyo, un dolor insoportable lo envolvió haciendo que de su garganta escapase un quejido grave. Sus manos viajaron de manera inconsciente hasta la zona dolorida y entonces se dio cuenta que su abdomen se encontraba totalmente vendado.

- ¡Lo siento! –se disculpó Rinoa apartándose del chico-.

El joven se miró el vendaje y se palpó levemente, después miró a Rinoa y se fijó en que unas lágrimas silenciosas brotaban de sus ojos castaños.

Squall alargó de nuevo su mano hasta ella y cogiéndola de la muñeca la atrajo hasta el borde de la cama.

- No soporto verte llorar –confesó limpiando sus lágrimas-.

- Ya pues todo sería mas fácil si dejases de desaparecer de esta manera –contestó ella con tono irónico-. Creí que no volvería a verte, después de lo que me dijiste ayer…

Squall resopló y echó la cabeza hacia atrás en un gesto de culpabilidad.

- Siento lo que dije ayer. Estaba muy cansado y tu no parabas de reprocharme cosas y bueno… no debí tratarse así –explicó sintiéndose aun mas culpable al escuchar sus propias palabras-.

El muchacho clavó la mirada en la de ella y esperó su reacción. Su llanto había cesado y su cara volvía a ser la de siempre. Observó entonces como un brillo especial aparecía en los ojos castaños y sin decir nada volvió a enredarse en su cuello, esta vez con más cuidado para no dañarlo.

- Eres un idiota… -dijo contra el cuello del joven en tono algo melancólico-.

Squall soltó aire por la nariz a modo de risa y la abrazó con más fuerza.

- Lo sé

Rinoa se apartó de él y acarició una de sus mejillas.

- Llevas durmiendo desde ayer a la tarde. Te encontramos en la zona de entrenamiento, en una zanja. Te buscamos durante todo el día, recorrimos la zona de entrenamiento incontables veces y no pudimos dar contigo. Si no llega a ser por un alumno de último curso, debió ver el destello de tu arma que se encontraba a unos metros de ti. ¿Qué ocurrió Squall? –preguntó con gesto preocupado-.

El chico meneó la cabeza de forma negativa. Sabía perfectamente lo que había ocurrido pero aun no estaba preparado para contárselo a ella. Una vez más había perdido el control en el combate y había salido mal herido.

- Decidí ir a entrenar un rato. Me enfrenté con un Rex pero debí bajar la guardia durante unos segundos y me golpeó con uno de sus movimientos de cola. Supongo que me arrastró varios metros hasta que caí en la zanja. No recuerdo mucho más.

Segundos más tarde entraron en la habitación Kadowaki seguida del Doctor Jefferson, tras ellos y con gesto serio, caminaba la joven enfermera Aileen.

- ¡Vaya muchacho! Vamos a tener que empezar a cobrarte por esta habitación –bromeó Jefferson mientras examinaba al chico-.

Squall ni siquiera reparó en el comentario, su mente se distrajo durante unos segundos con aquella joven enfermera. La mujer cruzó su mirada con la de él y lo miró de una manera que a Squall le pareció desafiante. Sus ojos se entrecerraron durante unos segundos y después los apartó y prestó atención a su móvil que parecía vibrar dentro de uno de los bolsillos de su bata de enfermera.

La atención de Squall regresó cuando notó un dolor agudo en la zona del golpe. Las manos de la Doctora palpaban con cuidado la zona afectada.

- No tienes de que preocuparte, ha sido solo el golpe. Eso sí, te dolerá bastante durante unos días.

Minutos más tarde se colaron por la puerta el resto del grupo. Squall se fijó en sus expresiones preocupadas y las ganas de contarles aquel sueño tan revelador, le invadieron pero se contuvo. Antes necesitaba hablar con Rinoa, ahora estaba seguro de que estaba infectado con aquel virus pero lo que aun no sabía era cuales iban a ser las consecuencias de todo aquello.

Aileen salió de la habitación donde se encontraba Squall de manera presurosa, su móvil llevaba un rato vibrando pero no veía el momento oportuno para cogerlo. Así que cuando la Doctora y Jefferson comenzaron a atender al comandante, se retiró disimuladamente y por fin contestó al aparato.

- ¿Si? –dijo en voz baja-.

- Maldita sea, llevo un buen rato llamándote, ¿por qué demonios no contestabas?

La voz grave y malhumorada de un hombre habló al otro lado de la línea.

- Arzhul… se supone que estoy trabajando –respondió con tono serio-.

- ¿Se sabe algo de Leonhart?

- Si, no se preocupe, le han encontrado. Al parecer ha sufrido un desmallo en la zona de entrenamiento pero esta estable –explicó la mujer-.

- ¿Crees que sospechan algo? No podemos arriesgarnos a que descubran que le ocurre algo extraño

- No, la Doctora lo ha achacado a cansancio y tampoco le ha hecho ningún análisis así que no tenemos mas sangre –dijo algo preocupada-.

- Ya, entonces que se encargue…

- ¿Esa mujer? –interrumpió indignada sabiendo que se refería a esa mujer rubia que solía pasearse por la instalaciones con chulería-. No ha sido capaz de ocuparse de Leonhart como le pediste…

- Eso no te incumbe, me ocuparé de que esta vez cumpla lo que se le pide

La voz de Arzhul sonó rotunda y amenazadora y después colgó. Aileen se quedó pensativa, dudando si realmente esa mujer iba a ser capaz de conseguir la sangre. La necesitaban para seguir con aquellos experimentos ya que era la única manera de estabilizar el virus.


Apartamento de Squall, 20:45h

Cuando la pareja llegó a casa lo primero que hizo Squall es sentarse en el sofá con cuidado. Rinoa captó el gesto de dolor en su cara al tomar asiento y dejando sobre la encimera la crema y unas pastillas que Kadowaki le había dado para el dolor, se acercó por detrás del sofá y acarició el rostro del chico.

- ¿Quieres que te prepare un baño? –preguntó haciendo que los ojos de Squall se abriesen con lentitud-.

- Eso sería genial –dijo con voz ronca y sus ojos entrecerrados-.

Esta sonrió y besando su frente se dirigió al baño del dormitorio. Tras unos minutos de espera la joven volvió a por el chico y lo guió hasta allí. De repente el timbre de la puerta los sorprendió y ambos cruzaron miradas.

- ¿Puedes tu solo? –preguntó con rapidez ella apoyando al joven sobre la encimera del baño-.

Este asintió y ella salió deprisa hasta la puerta.

Squall se incorporó frente al espejo y comenzó a quitarse la ropa. Se deshizo del vendaje que cubría todo su abdomen y comprobó la gravedad de la contusión. Vio su reflejo a través del espejo, tenía un gran hematoma que ocupaba todo su costado y diversos cortes y arañazos se esparcían por la espalda y el pecho. La doctora le había dicho que no tenía nada roto pero a él aquello le dolía como si todas las costillas de su cuerpo estuviesen hechas añicos.

Cuando el agua caliente de aquella bañera envolvió todo su cuerpo un sonido ronco de satisfacción salió de su garganta. Al instante mojó su cara y su pelo y se recostó hacia atrás mientras sus ojos se cerraban por mero instinto. Tras varios minutos oyó como Rinoa le pedía permiso para entrar.

Ella se coló dentro y se acercó con lentitud hasta el fondo donde se encontraba aquella bañera semicircular. La luz principal del baño estaba apagada pero unos focos situados en la zona del fondo iluminaban el lugar con una tenue luz amarillenta. A Rinoa le pareció que aquellas luces imitaban a la perfección la luz de unas velas.

- Era la señora Peeters –habló sentándose en el borde que sobresalía, justo detrás de la cabeza de Squall-. Nos ha traído algo de cena –añadió acariciando con delicadeza el rostro del muchacho-.

- Adoro a esa mujer –comentó sin abrir los ojos y con voz ronca-.

Rinoa sonrió ante el comentario pero no dijo nada, simplemente se deleitó con el agradable espectáculo que le procuraba el cuerpo de Squall desde aquella posición.

Su cabeza se encontraba echada levemente hacia atrás, recostada contra el borde de la bañera. Su pelo húmedo, caía con rebeldía hacia los lados dejando a la vista aquel rostro perfecto.

Uno de sus brazos se encontraba por fuera, apoyado en el borde. El agua le llegaba hasta la mitad del torso y la espuma que se había creado evitaba ver más de la cuenta. No pudo evitar fijarse en aquellas mandíbulas cuadradas y perfectamente definidas que poseía aquel chico y que a ella le parecían de lo más sensual. Su dedo las dibujó con delicadeza y después viajó hasta la cicatriza que tanto lo caracterizaba, esa que cruzaba su frente y que el tanto odiaba. La acarició con su dedo índice y después deslizó su otra mano por el brazo que tenía fuera del agua. Notó cada uno de los músculos que lo componían y un suspiro involuntario salió de su garganta.

Squall seguía con los ojos cerrados disfrutando al límite de aquellas caricias que ella le proporcionaba gratuitamente. Tras unos minutos abrió uno de sus ojos y buscó la cara de ella.

- Porque no vienes aquí conmigo –dijo de pronto-. Siempre me dices que cuando estrenaríamos esta bañera, pues que mejor momento que ahora. Yo moribundo, tu demasiado cariñosa…

Rinoa vio como una media sonrisa picaresca aparecía en el rostro del muchacho y sonrió.

- No quiero molestarte –confesó deslizando sus dedos por el suave cabello de él-.

- Molestarme… -rio de nuevo con sus ojos cerrados-.

- Te ha crecido el pelo –dijo ella sin reparar en el comentario de Squall-.

Este abrió los ojos y echando su cabeza aun más hacia atrás buscó aquellos ojos almendrados.

- No cambies de tema…

Ella sonrió.

- ¿Te da vergüenza? –la retó él sabiendo que posiblemente aquella no era la razón pero que de seguro la picaría para que entrara en la bañera-.

- Claro que no –refunfuñó-.

- ¿Entonces?

- Ya te he dicho…

- Por favor –suplicó sin dejarla terminar-.

La chica suspiró derrotada ante aquella mirada suplicante y se levantó dispuesta a bañarse con él. Se moría de ganas de hacerlo pero realmente creía que sería una molestia, pero si se lo pedía de aquella manera no iba a negárselo ¿no?

Squall cerró de nuevo sus ojos, aquello le relajaba enormemente y solo quería aprovecharse del momento. Tras unos segundos notó como el menudo cuerpo de Rinoa se recostaba en su pecho. No pudo evitar quejarse de dolor al sentir el peso de ella sobre el hematoma pero no le importó lo mas mínimo.

Rinoa se disculpó y antes de que pudiese moverse se vio acorralada por los brazos del chico. Uno por los hombros y el otro a la altura de sus pechos. Ambos se recostaron hacia atrás y Rinoa por fin se relajó apoyando la cabeza en su hombro. Al instante sintió como los labios de él depositaban numerosos besos en su mejilla y cuello. Ella suspiró y giró su cabeza pegando su frente en el hueco que se forma entre el cuello y el hombro. Le encantaba sentir los fuertes brazos apretándola con delicadeza y los cálidos labios apoyados en su frente.

El tiempo en aquel baño pasaba lentamente. Una especie de trance se había hecho dueño de la pareja y el silencio era el protagonista. De vez en cuando podía escucharse algún suspiro placentero y alguna que otra gota del grifo golpear contra el agua de la bañera.

Rinoa se había dejado llevar totalmente por aquel momento. Sentirse rodeada por aquellos brazos era lo único que deseaba. Llevaba una semana echándole de menos y aunque se moría de ganas de preguntarle qué demonios le había ocurrido en ese tiempo, no quería romper el momento.

- Si seguimos aquí nos convertiremos en pasas –comentó el chico rompiendo el silencio-.

Ella respondió con una risa y muy a su pesar le dio la razón.

Tras el baño, disfrutaron de la deliciosa cena que les habían traído sin hablar nada en particular y después de aquello, Rinoa obligó al muchacho a marcharse a la cama mientras ella acababa de recoger la cocina, necesitaba descansar.

Squall le hizo caso así que con paso cansado se dirigió al dormitorio y deshizo la cama con algo de dificultad debido al dolor que sentía en sus costillas.

Llevaba un rato recostado en la cama. Tenía su espalda pegada en el respaldo y su mirada pérdida en algún punto del techo cuando vio pasar a Rinoa dirección al baño. Al salir, no pudo evitar fijarse en ella. Rápidamente sus ojos viajaron del aburrido y monótono techo hasta el esbelto cuerpo de la chica. Llevaba puesto una camiseta de tirantes con un bonito estampado de cuadros de tonos azules que se ceñía a la altura de sus pechos y caía hasta sus caderas de las cuales pendía un pantalón corto a juego de la camiseta. La muchacha se paseo por la habitación recogiendo algunas cosas y Squall rápidamente captó el sinuoso movimientos de sus caderas al caminar, cuando se giró hacia él se dio cuenta de que la camiseta se abotonaba por la parte de delante y la chica había decidido dejar los últimos botones sin abrochar dejando a la vista parte de su atractivo abdomen.

El joven se mordió el labio instintivamente y deseó tenerla bajo su cuerpo en aquel mismo instante. Hacía varios días que ni siquiera la tocaba y aquello le estaba consumiendo pero el miedo seguía presente en el. Aún no se atrevía a estar con ella y menos sin haberle contado lo que realmente le estaba ocurriendo.

Rinoa dejó lo que estaba haciendo y observó al muchacho que parecía estar teniendo algún debate interno a juzgar por sus cejas enfrentadas. Ésta sonrió y acercándose hasta él llamó su atención.

- ¿Intentando arreglar el mundo tu solo? –bromeó la joven en el borde de la cama-.

Squall levantó la vista hasta ella y sonrió. Después se incorporó y se sentó en el borde. Con calma, atrajo a la chica cogiéndola de las caderas y apoyó su frente en la suave piel del abdomen que asomaba entre lo botones desatados. Al instante sintió como los finos dedos de Rinoa se enredaban en su cabello aun húmedo y exhaló un suspiro.

- Porque no tomas lo que te ha recetado Kadowaki. Después te daré crema y te vendaré ¿vale? –explicó cogiendo la cara del chico entre sus manos y haciendo que la mirara-.

Cuando iba a moverse para ir a coger las medicinas la mano de Squall la detuvo de la muñeca.

- Espera… -dijo con la cabeza agachada-.

- ¿Ocurre algo? –preguntó dirigiéndose de nuevo hasta él-.

- Siéntate, necesito contarte algo –confesó haciendo que la joven se sentase a su lado-.

Esta obedeció y un nerviosismo la recorrió de pies a cabeza. Sabía que algo le pasaba pero no se atrevía a preguntárselo directamente. El solía ser reservado y en ocasiones demasiado frio con ella pero nunca la había tratado así, evitándola durante días. Se imaginaba que aquel comportamiento era debido a lo ocurrido el domingo el Paalcreek pero realmente no sabía cómo abordar el tema.

Ella esperó pero parecía que el chico se resistía a hablar. Observó como desviaba la mirada hacia un lado evitando así, encontrarse con la de ella.

- Squall, ¿me vas a contar lo que te pasa? Aun no entiendo que ha ocurrido esta semana y aun entiendo menos lo de la zona de entrenamiento. Tú ¿vencido por un Rex? –preguntó enarcando una ceja-.

El chico suspiró. No sabía cómo decirle la verdad, intentaba buscar las palabras adecuadas pero le era imposible. De pronto unas manos en su cara le obligaron a girarse y sus ojos se clavaron irremediablemente en Rinoa que esperaba con un gesto paciente.

- El domingo en Paalcreek… sé que te pasó algo. ¿Es por eso por lo que me has estado evitando?

Squall apartó la mirada de nuevo con gesto preocupado. Ese tan solo era el principio de la historia, pensó.

- Aquella mañana me di cuenta de que algo me estaba ocurriendo. No podía controlarme, era como si algo dentro de mí me obligase a actuar de aquella manera tan primaria. Y tu…

El chico se mantuvo en silencio durante unos segundos.

- Cuando fui consciente de lo que hacía te miré y solo vi miedo en tus ojos. Me tenías miedo, Rinoa.

La pelinegra no dijo nada simplemente se perdió en la mirada afligida del chico.

- Es cierto que me asustaste. Intenté pararte pero era como si no me escucharas. Pero fui un instante.

Rinoa volvió a buscar aquellos ojos azules y sonrió.

- ¿Por eso me evitabas?

- No podía quitarme tu mirada de la cabeza. La idea de hacerte daño de manera involuntaria me consumía y el saber que fui yo quien te provocó ese miedo me destrozaba. -Explicó con tristeza intentando no mirarla directamente-.

Rinoa se mantuvo en silencio, intentó encajar las piezas pero realmente no quería ver la realidad. Recordó los mareos del chico, el temblor de sus manos la primera vez que la besó, esa mirada que a veces ni ella misma podía explicar o ese comportamiento violento de hacia una semana. La historia de Wexford invadió su mente y fue entonces cuando los ojos de la pareja se encontraron de nuevo.

- Estas infectado ¿verdad? –preguntó con voz temblorosa-.

El chico suspiró y asintió cabizbajo.

- Esta mañana, antes de despertarme lo he recordado. He visto como me inyectaban el virus, he oído a esos hombres hablar de Wexford…

De pronto Squall sintió como el liviano cuerpo de la chica se le tiraba encima abrazándolo por el cuello.

- ¡Me da igual, Squall! Confió en ti, sé que jamás me harás daño. Solo quiero que estés a mi lado.

La voz de Rinoa se entrecortó levemente y buscó refugio en el cuello de él.

- No vuelvas a dejarme sola, por favor –susurró-.

El chico acarició su pelo y luego su espalda, sonriendo de manera tierna. A veces se olvidaba de los arranques de espontaneidad de la joven y que casi siempre la llevaban a enroscarse en su cuello, como aquella vez que se encontró con ella en su primera misión como Seed. Aunque su gesto duro demostrase lo contrario, le encantaba que la joven hiciese aquello.

Cuando estuvo más calmada se separó de ella y limpió sus lágrimas. Rápidamente la muchacha recobró la compostura y la seguridad en sus palabras consiguieron tranquilizar a Squall.

- Debería vendarte de nuevo –comentó con calma-.

- Creo que no hará falta –dijo él en un tono irónico que sorprendió a Rinoa-.

- ¿Por qué? –preguntó enarcando una de sus cejas al máximo-.

- Bueno esta semana he descubierto que mis heridas se curan con rapidez –explicó viendo como el ceño de Rinoa se juntaba al máximo-.

- ¿A qué te refieres? –preguntó realmente confundida-.

El chico masajeó sus ojos de manera cansada. Ya que estaba en esa situación debía contarle todo.

- Hace unos días me corte con un cuchillo y la herida desapareció al instante. Cuando quise darme cuenta estaba totalmente cicatrizada. Algo parecido ocurrió cuando llegué. Kadowaki se sorprendió de que unas heridas de ese calibre cicatrizasen tan deprisa.

- Si, lo recuerdo

- Cada vez noto con más frecuencia que algo esta despertando dentro de mí, Rinoa. Cuando lucho pierdo el control y cuando vuelvo a la realidad apenas recuerdo que ha pasado. En la zona de entrenamiento no bajé la guardia, noté como si no controlase mi cuerpo, intenté pararlo y mi vista se nubló durante unos instantes, supongo que fue ahí cuando me atacó el Rex.

- Entonces todo lo que te ha estado ocurriendo… ¿ha sido por eso? Los mareos, los dolores de cabeza, los temblores, esa ansiedad… -enumeró con la mirada perdida-.

- Supongo

Squall observó a la joven que tenía delante. Sus ojos se mantenían pegados en sus manos con las que jugueteaba nerviosa y un suspiro de agobio salió por su nariz, apretó sus labios y sus ojos se empañaron de nuevo.

- Esta semana he intentado apartarme de ti. Tengo miedo de perder el control contigo. Ya pasó el domingo y no quiero que vuelva a ocurrir.

- Correré el riesgo –dijo ella con seguridad-.

- Pero…

- Tú estuviste a mi lado cuando apenas controlaba mis poderes.

- Bueno creo que lo que a mí me pasa es algo diferente –contestó Squall con sarcasmo-.

- No me importa, no voy a dejarte solo ahora.

Rinoa lo atravesó con la mirada. La seguridad en sus palabras no dejaba duda alguna. Era demasiado cabezota como para intentar alejarla. El chico mantuvo la mirada pero de pronto sintió que un nudo se formaba en su garganta y una ansiedad que casi le impedía respirar, lo invadió. Entonces dejó caer su cabeza y se escondió de los ojos oscuros de Rinoa. Odiaba que lo viese tan vulnerable.

- Squall… -susurró acariciando su pelo-.

Rinoa se acercó lentamente a él y lo rodeó con sus brazos. El joven al instante escondió su cara en el cuello de la chica e intentó tranquilizarse.

- Debemos contárselo a Kramer y a Laguna y a Kadowaki también –comentó separando la cara del muchacho de su cuello-.

- Lo sé pero tengo tanto miedo. No sé que es lo que puede pasarme. Tal vez despierte una mañana y ya no sea el mismo y sea una de esas criaturas que describió Wexford.

- ¡Eso no va a pasar! –exclamó apresurada-. El dijo que tú eras distinto

- Solo soy un hombre Rinoa, es cuestión de tiempo

A Squall no le valía aquello de que era especial. Notaba algo extraño y lo venía sintiendo desde que llegó al jardín pero había sido incapaz de verlo hasta su encuentro con Wexford. Por una parte de sentía extrañamente tranquilo, el habérselo contado a Rinoa había aliviado en parte esa sensación de ahogo. Tenía miedo de que cuando ella supiese la verdad se alejase de él de ahí que hubiese empezado a poner el mismo esa distancia, pero aquello no había ocurrido.

De pronto se vio en la penumbra de la habitación y completamente abrazado a esa chica. Su pequeña espalda pegada contra el ancho torso de él y sus brazos rodeándola por su cintura y pecho. No pudo evitar sentirse algo ridículo al haber dudado de ella. Estaba claro que jamás le abandonaría.


Balamb, 22:06h

La mujer de larga melena rubia que trabajaba para Arzhul se encontraba dándose una ducha. No paraba de pensar en esa última reunión. Cuando ella entró a trabajar en aquel proyecto jamás pensó que llegaría a tales extremos. Recordaba las duras pruebas que tuvo que pasar pero se decía para ella misma, una y otra vez, que era por una buena causa.

Pero algo en el camino de todas esas buenas intenciones se torció y cuando ella quiso darse cuenta de donde se había metido ya era tarde.

La primera vez que vio a Arzhul quedó prendada de él. Su inteligencia y esa habilidad innata para llevar el proyecto la cautivaron. Pero el paso del tiempo la hizo ver que aquel hombre estaba perdiendo la cabeza. El proyecto dio un giro radical y comenzó a convertirse en una autentica locura. Ella intentó hablar con él, hacerle ver que estaba sacrificando vidas de gente inocente pero ya era tarde. Fue entonces cuando se vio sin escapatoria. El proyecto estaba avanzado y los trabajadores no podían irse así como así. Ella lo intentó varias veces pero las amenazas contra su propia familia se lo impedían.

Arzhul ya no era el mismo y cada vez que lo veía tan solo podía sentir aberración. Además aquel chico que siempre estaba con el conseguía ponerle el vello de punto. A pesar de su juventud emanaba una maldad casi sobrehumana.

De repente el insistente tono de su móvil la hizo despertar de aquellos recuerdos y con rapidez cogió una toalla blanca que se encontraba al lado de la ducha, se la enroscó al pecho y salió dirección a su habitación.

Cuando descolgó, la voz que escuchó al otro lado hizo que un escalofrió recorriese su cuerpo de pies a cabeza.

- Arzhul, ¿ocurre algo? Son las diez de la noche –dijo intentando disimular la repugnancia en sus palabras-.

- Necesitamos más sangre. Es la única manera de estabilizar la muestra

- ¿Cómo? Pensé que los análisis…

- ¡No pienses tanto y obedece! –gritó al otro lado del aparato-. Arréglatelas pero quiero esa sangre de inmediato.

Esas fueron las últimas palabras que dijo y después colgó. La mujer se quedó en silencio, su pelo húmedo escurría por su espalda y una impotencia infinita la invadió. Se sentó en la cama y no pudo evitar que las lágrimas brotasen solas. Aquel hombre jugaba con ella a su antojo pero no podía hacer nada al respecto o sino su familia sería la primera en sufrir la ira de Arzhul.


Bueno pues hasta aquí el capitulo. Squall vuelve a estar entre osotros jejeje, no puedo deshacerme de él así como así, claaaaaro. Espero que os haya gustado pork lo mío me ha costado jejeje. Os recuerdo, otra vez, lo de la ilustración nuevita en deviantart.

Saludos a todos y Hasta la próxima ^^


Ilustraciones: riny-san(.)deviantart(.)com