Autor: Hikari Nightroad Ryu

Fecha: 09 de marzo de 2009



CAPITULO VEINTIUNO

La tarde estaba oscura, el viento soplaba con fuerza descomunal mostrando su molestia y furia, el silencio roto solamente por algunos sollozos estaba asentado en aquella lúgubre y fría casa conocida por todos los ahí presentes. Inuyasha se tragaba los gritos de frustración y furia que deseaba salir pero necesitaba por ahora estar tranquilo y calmar a una destrozada Kagome que lloraba tan amargamente que lo hacía sentirse un tanto más desesperado.

Suoten por su parte era consolada por Shippo y Kouga, se echaba la culpa de lo ocurrido pero Mioga era quien se llevaba la peor parte, no solo se sentía culpable sino que estaba con un brazo quebrado y un ojo morado producto de haber querido actuar. Sango trataba de controlar el tono de su voz mientras le indicaba a la policía todo cuanto había ocurrido, tenían que moverse y rápido.

Miroku observaba la situación y sus ojos se volvieron fríos e inexpresivos, rumió algunas cosas que Sango no pudo comprender a pesar de que estaban uno al lado del otro, saco su celular del bolsillo y se dirigió a la cocina, intento seguirlo pero algo dentro de ella le impidió que lo siguiera, tenía la ligera sensación de que debía dejarlo solo.

-¿Entendido? – la voz al otro lado asintió con prestancia, colgaron y el semblante de Miroku era uno que solamente Kagome y Ayame habían podido notar, se observo en el espejo y le tomo dos minutos volver a tener el semblante del chico pervertido y sin preocupaciones de siempre. Salió nuevamente a la sala pero la imagen era la misma, excepto porque al parecer a la pobre de Suoten se le estaba bajando la presión.

Bankotzu ya había corrido cocina dentro para poder ir por un vaso con agua y llevar un trapo húmedo para refrescarla, Hakudosshin estaba al lado contrario del de Kagome y veía inquisitivamente a Miroku, este le hizo señas para que se acercara, el albino así lo hizo pero antes de irse le dirigió algunas palabras a Inuyasha.

-Llévala al cuarto e intenta que duerma, será por su bien y el tuyo, necesitan descansar un poco en lo que nos encargamos de esto – Inuyasha no estaba contento pero no podía objetar, no estaba como para pensar en que soluciones encontrar que no fuera la de encontrar al idiota que lo había hecho y darle la peor de las torturas. Levo a la pelinegra en sus brazos y se la llevo a la habitación principal.

-¿Ahora si me vas a contar como fue? – la rara impaciencia del pelinegro estaba marcada en el rostro. Hakudosshin suspiro y exhalo para poder contarle de manera calma las cosas, así como de hacerlo en voz baja para no traumar más al resto de los habitantes de la casa.

-Bueno, al parecer, cuando salieron del colegio donde estaba Ian, en el semáforo dos cuadras después, una trooper negra se les puso al lado, todo normal, pero en cuanto el semáforo dio la luz verde y ellos arrancaron aparecieron dos más que les cerraron el paso, cuando Mioga lo notó viró en dirección contraria para poder salir por el desnivel del hospital pero debido a algunos carros que venían tuvo que hacer un giro brusco en la desviación hacia el supermercado, se metió por entre unos callejones y terminaron en la calle principal del ayuntamiento, sabía que estaban a dos cuadras de la policía y que podía pedir ayuda pero cuando se giro, una de las trooper le pego en la parte frontal del carro frenándolo en seco, otra le pego por detrás y la ultima los empujo con fuerza contra un poste, he ahí el porqué Mioga termino con el brazo quebrado, su puerta dio de lleno contra la columna y fue su brazo quien amortiguo otra herida más grave – el albino detuvo su relato y se recostó en la pared mientras se cruzaba de brazos y bajaba el rostro.

-Suoten al notar lo que estaba pasando quiso bajarse del carro y salir corriendo con Ian pero en el momento en el que abrió la puerta, un hombro alto y fornido al parecer le sonrió y la jalo con fuerza del carro, votándola y como estaban cerca de la pared, su cabeza golpeo contra esta, se intento levantar pero sentía el cuerpo pesado, escuchaba los gritos de terror de Ian pero no estaba muy consciente de que hacer, se levanto y tomo lo primero que encontró que fue una piedra sino estoy mal pero los tipos al notarlo se le abalanzaron encima y pues ya ves que termino con moretones y un esguince de tobillo – el silencio era sepulcral, ya la sala había quedado sola, quedando únicamente ellos dos, Miroku apretó las manos en el celular y se dirigió a la puerta.

-También la dejaron inconsciente – añadió el pelinegro, Hakudosshin asintió mudamente y un ligero gemido de molestia mano de la garganta de Miroku.

-Fue por los golpes pero… te harás cargo ¿verdad?

-Sigo queriendo a Ian como si fuera mi sobrino, Kagome es como mi hermana y confidente y no dejare que un grupo de estúpidos sin cerebro le vengan a causar estos daños, yo mismo me encargare de ellos.

-Solo ten cuidado, sabes que estás jugando mucho.

-Lo sé, no te preocupes – dicho esto, salió de la casa y se perdió entre la carretera, el albino dejo escapar el aire retenido y se sobo la sien. Todo había ocurrido tan de prisa, nadie se lo imaginaba y las reacciones eran para menos pero quien más le preocupaba en sí, era Suoten ya que ella era la que más culpable se sentía de todo eso. Tenían que ver como hacían para que se relajara un poco o podía descompensárseles.

Inuyasha recostó a Kagome en la cama y se acostó a su lado, la mantenía abrazada, escuchando sus sollozos desgarrados, sentía que la vida se le estaba yendo poco a poco pero debía mantenerse fuerte para ayudarle, debía de ser el pilar en esta situación y mantenerla a ella sensata y un tanto fría para poder saber qué hacer y cómo manejar la situación.

Su mente divagaba y vagaba entre la fotografía que la pelinegra mantenía en la mesita de noche al lado de su cama, a pesar de la situación una ligera sonrisa asomo en el rostro del albino al recordar todas las cosas que había vivido en los últimos cuatro meses, toda su vida había cambiado radicalmente pero justo en ese momento, tenía que sobrevenir una de las peores pruebas que jamás hubiera tenido que pasar.

-¿Quién crees que pudo haber sido? – inquirió Hakudosshin al ver como el médico de la familia le terminaba de administrar un sedante a la niñera y esto comenzaba a surtir efecto en ella, Ayame soltó la mano de la chica y se levanto de la cama, se acercó al chico y suspiro con tristeza.

-Pudo haber sido cualquiera, cualquiera que les quiera hacer daño – ambos posaron su vista en los que se encontraban en el cuarto, se vieron entre si y la pregunta viajo entre los ojos de ellos, Kouga no quitaba la mirada de encima de la pareja y medio frunció el seño; sabía que no tenía porque sentir celos pero era díficil no sentirlos.

-Espero no haga alguna tontera – comentó en voz baja la pelirroja mientras se daba media vuelta y salia del lugar, el albino se levo de hombros y se fue tras ella, por el momento no tenían nada que hacer más que cruzar los dedos para que los contactos de su amigo, pudieran dar con alguna pista.

-Parece que del susto se desmayo – todo quedo en silencio y luego el sonido de algo golpeando algo hueco resonlaó en todo el lugar.

-Obviamente idiota, es un niño de seis años ¿Qué esperabas? – los tres ahí presentes veían de diferentes maneras al niño que permanecía inconsciente en la cama, una de las siluetas se le acerco con un paso sigiloso pero a tiempo se le interpuso una segunda más alta y tosca.

-Tranquila Kaguya, tú al niño no lo tocas – un quejido de molestia se escuchó en la habitación y la chica se alejó. La otra figura veía sin mayor sentimiento, sus ojos rojos seguían la discusión de ambos que iba y venía hasta que dilusido un ligero movimiento en el pequeño cuerpo.

-Se esta despertando – comentó, logrando llamar la atención de los otros dos, Naraku rió de lado y lo levanto para entregarselo al sujeto que no comprendió el porque estaba dandoselo.

-Llevalo a la cueva que esta en el bosque, ahí lo mantendremos, no dejaré que si Inuyasha intenta acusarme, tenga como hacerlo – ambos entendieron y el sujeto salió del cuarto con el pequeño que estaba comenzando a despertar. Kaguya por su parte se sentó en el sofá y observó inquisitavamente al pelinegro que ya se estaba sirviendo un vaso de whisky.

-Oye genio… ¿Cómo harás ahora para que ellos dos se distancien y podamos ser nosotros sus pañuelos de lágrimas? Porque por si no lo has notado, esto que paso, los unirá más – la risa macabra de Naraku hizo eco en el lugar provocandole un respingo a Kaguya.

-Bueno, eso es fácil, tienes que volverte su amigo y consolarles como tal, intentar hacer que les ayudas y que te preocupas, con eso te los ganarás – el plan pareciera tan fácil pero Kaguya tenía el presentimiento que algo iba a salir mal con ese plan y ya esta arrepintiendose de ello. Estar con Naraku ya de por si era peligroso y ser su cómplice no lo hacía menos arriesgado.

-Al parecer tendrás un compañero chica – la albina se levantó de su cama y se dirigió a la puerta, espero paciente a que el sujeto del otro lado se la abriera y sus ojos se abrieron grandemente al notar el pequeño cuerpo que se removía entre los brazos del chico.

-Pero… si es… ¡El hijo de Inuyasha! – exclamó asustada la chica, el chico a su lado solamente se lo entregó y se levó de hombros, la siguió con la mirada y notó como lo acomodó en la mullida cama del centro de la habitación. Se acercó hasta ellos, cuidando de haber cerrado la puerta como debía.

-¿Quién es Inuyasha? – cuestionó mientras veía todo lo que había alrededor de la habitación, bastante lujosa para ser un lugar de cautiverio si tenía que aceptarlo.

-Es un gran amigo mio – respondió mientras observaba el lugar como lo hacía el chico a su lado. Se mantuvieron en silencio durante algunos minutos hasta que finalmente el pelinegro se levanto y se encaminó a la puerta. Se detuvo cuando escucho los pasos presurosos de la albina que le detenía el brazo.

-Dejanos ir – suplicó pero el muchacho negó, se giró y le sonrio.

-Si realmente quieres seguir viva, es mejor que te quedes aquí Kanna, por ahora solamente puedo tratar de tenerlos lo más cómodos posibles para que Naraku no les haga daño – la albina comprendía perfectamente el motivo de que los mantuviera encerrados como fuera la orden de su hermano pero estaba desesperada de ver cuatro paredes todos los días.

-Kohaku… por favor… - el chico le sonrió y se sacó de entre las ropas un celular y se lo entrego. Kanna observó el aparato un tanto extrañada y esperanzada de lo que podría significar.

-Tienen comida suficiente como para una semana, volvere en ese tiempo y te traere la tarjeta para que se la ingreses – dicho esto salió del cuarto y repico el sonido de las llaves cerrando y enclaustrando a los ahora dos prisioneros. La chica agradeció mudamente ese gesto por parte del pelinegro y se devolvió hacía el pequeño que parecía estar finalmente despertando.

-¿Qué tal esta Kagome? – Preguntó Sesshoumaru mientras miraba como su hermano se dejaba caer pesadamente en el sofá del despacho. Kagura y Rin se encontraban de viaje en Estados Unidos porque la pequeña había querido ir a Orlando, Sesshoumaru las hubiera acompañado de haber sucedido aquella tragedia pero por ahora, debía de ser solidario y estar con ellos.

-Esta durmiendo, Renkotzu ya la sedó, estaba muy alterada.

-Y no era para menos – no podía evitar sentirse mal por su hermano y especialmente por la pelinegra, él mismo se imaginaba estar en esa situación y sabía que estaría tan desesperado como lo estaba su hermano aunque éste no lo demostrará.

-Inuyasha… tu necesitas desahogarte… - hizo el comentario como al aire puesto que ambos eran orgullosos y sabía que él no lo aceptaría tan rápido lo que acababa de decirle. El menor de los Taisho suspiró largamente pero no contesto, no tenía como hacerlo si sabía que era cierto.

-Estoy bien, no te preocupes – el mayor solamente asintió y observó por la ventana como la noche se había asentado perfectamente bien en la ciudad de Tonkeda. Tenía muy buenos recuerdos de ese lugar, así como tristes y malos pero su mente estaba divagando más allá, en posibles sospechosos de tal atrocidad e inhumanidad.

-¿Alguna idea? – Inuyasha se mantuvo en silencio por largo rato, estaba buscando entre nombres cual pudiera ser un sospechoso y poder darle a su hermano alguna pista porque estaba seguro que desplegaría un ejército entero por encontrar a su sobrino aunque no lo aparentará.

Finalmente, luego de mucho divagar, un nombre afloro en su mente con tanta potencia sentimiento que no dudo ni un momento porque él fuera el culpable y podía dar muchos motivos por los cuales era así, gruñó y bramó con tanta furia que logró despertar a Kagome de su profundo sueño.

-¡NARAKU! – Sesshoumaru abrió los ojos de par en par al ver a su hermano de esa manera tan aterradora, era la primera vez que lo veía reaccionar de esa manera ante el nombre de este tipo pero si ponía todo lo que sabía de él en la mesa, entonces tenía no al sospechoso sino al culpable sin temor a equivocación.

-Bien, me encargare yo por ahora, tu… tomate una aspirina y descansa, lo vas a necesitar – tomó su abrigo y salió de la habitación, Inuyasha se levantó como una bestia iracunda, furiosa y endemoniada, tanto así que cuando salió al pasillo ni siquiera Kouga se le acercó por las sensaciones que le estaba provocando.

-¿Inuyasha? – el albino se giró lentamente hacia su derecha y suavizo el rostro cuando notó que era Kagome desde el marco de la puerta, se encaminó hacia ella y la tomó en brazos, como estaba aún bajo el efecto del sedante, no opuso resistencia alguna. Se sentó en el sofá y la acomodó en su regazo.

-¿Cómo te sientes?

-Bien, es solo que… me siento como adormilada…

-Es normal Kag, eso es por el sedante – le acaricio lentamente el rostro y le dio un tenue beso en la frente, la pelinegra por su parte se acomodó en el fornido pecho de Inuyasha y se mantuvo callada por un prolongado período de tiempo.

-¿Por qué gritaste el nombre de Naraku? – preguntó luego de darle vueltas al asunto. El chico se tornó serio nuevamente y tuvo que controlar ese mal temperamento que ya era normal en él. Bajo un poco el rostro y le levantó por el mentón, la encaró mientras le pedía que no se alterara.

-Creo que podría ser Naraku… - no tuvo que agregar más, Kagome a pesar de su forma tan alocada y atolondrada en algunas ocasiones, era bastante inteligente y analítica y lo comprobó al notar como fruncía el seño profundamente y se levantaba para quedar sentada sobre él pero de manera recta y rígida.

-Ese… idiota… - supo que iba a gritar colérica porque sus pómulos habían adquirido un color rojo por la rabia, furia e impotencia que estaba sintiendo, ese cambio tan repentino en su estado de ánimo podría afectarla grandemente y necesitaba un distractor grande para mantenerla alejada un poco. Así que hizo lo primero que se le vino a la mente. Besarla.

Su beso era lento, suave, acompasado, no con morbo, solamente para producir en ella el efecto suficiente para calmarla, la atrajó hacia él por medio de la cintura y la recostó en el sofá, se acomodo a su lado y colocó su mentón en su cabeza, tratando de dejarla quieta y con limite en sus movimientos.

-Inuyasha… suéltame… - pidió la pelinegra mientras se removía entre sus brazos, el chico por mucho que deseará, sabía que no debía, la mantuvo en ese encierro por alrededor de cinco minutos hasta que la chica suspiro resignada.

-No te soltare, haremos esto de manera fría para que nuestros movimientos no pueda lastimar a Ian – la pelinegra comprendió el mensaje y asintió quietamente, deseaba encontrar a su hijo pero al ser impulsiva, podría causar que quien lo tuviera lo dañará y era lo que menos deseaba.

Ayame se sentó en la mesa del comedor luego de haberle dado vueltas al pueblo y no encontrar absolutamente nada que le ayudará a dar con el paradero de Ian o que la distrajera de todo aquello, tenía un vaso de jugo de naranja entre las manos, el cual movía sin sentido alguno, veía como los cubos de hielo se removían y chocaban entre sí conforme a los movimientos.

-Veo que todos estamos igual – la pelirroja dio un respingo en su lugar y observó molesta a Kouga que se sentaba a su lado, volteando la silla y mirando hacia la nada. Ambos veían a diferentes partes pero en tan solo segundos, sus miradas se encontraron y ladearon el rostro.

-Es tonto que no te afecte

-Lo sé… no lo conozco de mucho pero ese niño sabe ganarse a la gente, tiene ese don de su madre – dicho esto comenzó a reírse porque estaba muy seguro que no era de su padre ese detalle, sino, sería un arrogante y prepotente.

-¿Y tu amigo?

-¿Quién?

-El de coleta

-Ah… Miroku… por ahí supongo, intentando encontrar algún rastro que lo lleve a Ian – el silencio se prolongo un poco más hasta que finalmente el pelinegro optó por hacer esa pregunta que tanto deseaba.

-¿Por qué Ian le dice papá a Miroku? – Ayame se quedo sin habla, no se imaginaba que le llegasen a hacer esa pregunta en específico, bajo la mirada al vaso nuevamente y suspiro para encararlo.

-No es algo que tenga que contestarte – Kouga acercó el rostro serio a la chica que no evitó el quedarse inmóvil al verlo desde esa perspectiva, tenía que admitir que era mucho más guapo de lo que se había imaginado.

Se echó un poco para atrás mientras sus mejillas se teñían de un leve rosado, entre abrió la boca para poder decir algo ya fuera que lo alejará o que la alejará a ella pero no salía nada, era como si de pronto hubiera olvidado cómo se hablaba. Kouga por su parte al estar así tan cerca de la chica notó como todas sus facciones se hacían mucho más finas y hermosas, especialmente con aquel sonrojo en sus mejillas.

Ambos abrieron los ojos y se separaron de golpe, ese no era el momento para estar pensando en si se besaban o no, Ian estaba secuestrado y ellos tenían que estar viendo que hacían para ayudar a sus amigos a encontrarlos.

Por su parte Sango se mantenía al tanto de Souten por orden de Inuyasha por estar informándole a Shippou de su recuperación, era hermoso y divertido ver como esos dos se demostraban mucho mejor que el resto lo que sentían el uno por el otro sin necesidad de palabras. Sus ojos se posaron en la calle alejada y se viró hacia el siguiente rancho, el de los Taisho. Se sentó en el sillón y se quedo en silencio.

-¿Preocupada por el hentai? – al escuchar el sobrenombre Sango contuvo la respiración y se giró curiosa hacia Hakudosshin que se mantenía leyendo un libro. Sabía que no tenían que desesperarse porque su amigo era muy bueno en su trabajo y lo encontraría pronto.

-¿Hen… tai…? – el albino comenzó a reírse con fuerza, olvidando que Suoten se mantenía dormida, se paso una mano por el rostro y se giró hacia la castaña que seguía sin entender el porqué de la repentina risa.

-Te lo explicare – dicho esto, se acomodo en su silla y comenzó a explicarle el porqué de su apodo, situación que en vez de darle mejor ayuda al pelinegro, lo hizo venirse abajo en la mentalidad de la castaña que ya comprendía por donde venían sus famosas mañas.

-¿Mami? – el pequeño se sentó en la cama e intento enfocar la mirada en lo que había a su alrededor pero no podía reconocer nada, eso provocó que se asustará y se viró hacia donde escuchó pasos pero mantuvo su mirada sería y fría.

-Digno hijo de Inuyasha – el pequeño se sorprendió al oír el nombre de su padre en la boca de esa muchacha y su rostro se quedo sin una pizca de sentimientos.

-No te preocupes pequeño, no te hare daño, soy Kanna, amiga de tu padre...


Bueno, dije no tardarme pero que puedo hacer… nada. Aquí está uno de los últimos capítulos, ya casi lo estoy terminando, no sé cuantos más pero ya esta en la etapa final, así que espero les este gustando.

Quiero agradecerles a todos el que sigan esta historia a pesar de mis atrasos. Asimismo… ya parece carta jajaja… quiero aprovechar para recomendar una buena historia original, no es en base a ningún fic, es completamente original y me gustaría lo leyesen para que dejen sus comentarios y opiniones.

Aclarare que a muchos les parecerá la trama conocida pero puedo asegurarles que esta historia fue escrita hace mas de tres años, así que ya saben. El link es el siguiente:

h t t p : / / w w w . f ic t i o n p r e s s . c o m / s / 2 6 3 2 1 9 4 / 1 /

Nos vemos en el siguiente capítulo. Matta ne!!!