Le prometí a Sphyxy que hoy actualizaba en agradecimiento al nuevo dibujo que hizo de este fanfic, véanlo en mi profile. Por eso quiero dedicarle este capítulo con mucho cariño.

También a Metitus que cumplió años hace un mes. Espero que te la hayas pasado muy bien ;)

Para festejar el día de Muertos...

INFIDELIDAD.

CAPÍTULO 21.

Llegaron al departamento de Yamcha, grande, elegante, y vacío. En silencio, Bulma llegó a la habitación donde había dormido hacía un tiempo y se recostó sin desvestirse. Yamcha que cargaba una maleta mediana, la dejó a un lado de la cama y se acostó junto a ella, siempre en silencio.

Bulma volteó la cabeza de lado para no ver a su amigo, el semblante serio a punto de desquebrajarse hacían notar la forma en la que aguantar el llanto le afectaba. Eran las cuatro de la mañana ya. Pero no tenía sueño.

Sin consultarle, Yamcha decidió acompañarla un rato, acariciando de vez en cuando las mejillas de su amiga, frenando el impulso de abrazarla. Algo que a Bulma le incomodaba y al mismo tiempo le confortaba

-Es bonita- pensaba mirando hipnotizada el reloj digital, en que dos puntitos verde fosforescente señalaban los segundos pasando, meditaba sin dejar de ver pasar el tiempo, el reloj y su rítmico parpadear atraían su atención poderosamente -Aunque nunca me imaginé que Vegteta fuera ese tipo de hombres, ahora me doy cuenta de que es tan… ordinario, como cualquier otro. O quizá esa… esa mujer sea demasiado especial, quizá tenga otras cualidades que sólo su cuerpo perfecto. Debe tratarse de una mujer sumamente especial– se volteó totalmente de lado para observar mejor el brillo que parecía flotar fijamente en un manto de terciopelo negro –no le perdonaré esta humillación. Jamás- juró en su mente dejando escapar dos gruesas lágrimas, cerró los ojos y sin darse cuenta, después de llorar en silencio por un rato, se quedó dormida.


Despertó al día siguiente cerca de las dos de la tarde, se sorprendió al ver la hora, había dormido demasiado. Mientras se desperezaba pensó en lo curioso que era la situación. Era la segunda vez que amanecía en la habitación de huéspedes en la casa de su amigo, y las dos veces se encontraba agobiada por problemas con Vegeta

-Es muy cansado vivir así- reconoció rascándose la cabeza, sin embargo en cierta forma ahora estaba más tranquila, pues por fin sabía las razones del comportamiento de Vegeta, ya no tenía la incertidumbre de si había sido su culpa por envejecer, ahora sabía que había sido él el culpable de todo. Por fin se habían terminado las peleas sin sentido, las culpas, los malentendidos.

Aunque había algo que la hacía sentirse bastante tonta, y es que a pesar de lo que había descubierto, a pesar de los malos sentimientos que estaban surgiendo en ella, lo amaba aún con cada célula de su cuerpo y eso era algo contra lo que simplemente no iba a luchar porque dejar de amar al saiyajin que la hizo feliz durante más de la mitad de su vida no era posible. Tampoco lucharía contra su odio, un sentimiento que antes no había conocido y que se hacía más grande cuando Myrna, su ropa sucia o el recuerdo del mismo saiyajin haciéndole el amor llegaban a su mente.

Se bajó de la cama y dirigió al baño a tomar un baño, deteniéndose frente al espejo, se miró fijamente como si se tratara de otra persona. Se tocó las arrugas meditando la forma en la que le había afectado comenzar a envejecer. Ella era muy bonita, aunque se lo había dejado de creer hacía algunos años, tenía que reconocer que aún no le alcanzaba por completo la vejez. Seguía siendo bella.

–Lo voy a hacer- aseguró hablándole a su imagen –estoy a tiempo de continuar con mi vida. No se ha acabado- se forzó a sonreír y comenzó a pensar en algún cirujano plástico de prestigio.


Aterrizó en el patio de la Corporación. Sabía que ella no estaba, pero aún así quiso ir. Había pasado una semana desde su último encuentro. Tiempo que había pasado en casa de Myrna. Tiempo en el que había reflexionado.

La puerta de entrada estaba cerrada con doble seguridad, así que voló al balcón, él nunca se aprendía las inútiles claves que Bulma cambiaba cada cierto tiempo. La puerta del balcón estaba cerrada, igual que todas las puertas y ventanas, pero eso no era un obstáculo para él, que simplemente hizo un hoyo en la pared.

Notó que todo estaba exactamente igual a la última vez que estuvo ahí. Solo su ropa sucia estaba en un lugar diferente, al pie de la cama. No le tomó importancia, y bajó las escaleras rumbo a la cocina, se sentía una gran soledad en esa casa. Pero no el tipo de soledad que estaba acostumbrado a sentir y que incluso disfrutaba, ésta era diferente, aprehensiva tal vez, si fuera posible Vegeta juraría que la casa le recriminaba algo.

En un rincón de la cocina dos hileras de robots yacían apagados. En el refrigerador no había nada de comida. Supuso entonces que ella llevaba unos días sin estar en la casa. Tomó un jugo de lata y se fue a la sala, donde se sentó a esperar ¿qué esperaba? No lo sabía.

Llevaba un par de días con una idea rondándole por la cabeza, la idea de que Bulma en realidad no estuviera engañándolo con Yamcha, pero esa idea no le gustaba porque significaría que sólo él había cometido estupideces. Aunque tenía como evidencia ese día que los vio besándose y la foto de Myrna.

Recordar a Myrna lo fastidió, tanto como comenzaba a sentirse con ella. La chica tenía dos cualidades: su cuerpo y su interés por las artes marciales, a pesar de ser débil y de no tener la capacidad ni siquiera de aprender a detectar el ki, luchaba por sus objetivos, pero esas eran las únicas cosas interesantes de ella.

Pronto se iría también de su casa, ya no la soportaba, se había acabado el sentimiento de prohibición y aventura que alguna vez significó. Siendo sincero esa era solo una excusa que el saiyajin se imponía a sí mismo para justificar la obsesión de la que fue presa.

De pronto alguien abrió la puerta. Vegeta se quedó viendo hacia el vestíbulo sentado en el sillón, extrañado.

-¿Qué haces aquí?- le preguntó con enojo, levantándose

-¿Vegeta?-

-Respóndeme ¿Qué haces aquí? ¿Cómo entraste?-

-L-la puerta estaba abierta- respondió con torpeza

-No digas estupideces- Se le puso enfrente. No podía ni imaginarse qué hacía ahí.

-Vine a… a buscarte- Myrna intentaba ocultar el nerviosismo que se había apoderado de ella, no pensó encontrarlo ahí.

-¿Cómo entraste?-

-Ya te dije, la puerta estaba abierta, debiste haberla dejado abierta cuando entraste-

-No quieras verme la cara. Yo sé que no estaba abierta-

-Puedes creer lo que quieras, no te estoy mintiendo ¿Alguna vez te he mentido?- Vegeta guardó silencio, no porque no supiera qué contestar, sino porque trataba de recordar si realmente no había intentado abrir la puerta principal.

-Mientes todo el tiempo- Myrna abrió la boca, indignada, pero fue interrumpida por los reclamos del saiyajin- desde que me buscaste en esa cueva no has dejado de mentir

-¿En qué según tu, he mentido? ¿En que te conozco perfectamente? Lo sé todo de ti, Vegeta, sé incluso cómo entrar a tu casa, algo que parece que tú desconoces

-¿Cómo sabes eso? ¡Contesta!- no iba a permitir que una loca como esa mujer irrumpiera en su casa así como así, no importaba que ya no viviera ahí.

-Estuve aquí antes. Para entrar solamente tienes que poner el número de caja de la caridad-

-¿De qué estás hablando?-

-De la caridad que la anciana y sus papás dan a la gente pobre-

-¿Bulma deja entrar a la gente así como así?- Eso no lo sabía, aunque algunas veces veía filas de gente fuera de la corporación, jamás se detuvo a investigar qué hacían. De todas formas era estúpido dejar la puerta abierta para que la gente entrara y saliera cuando quisiera

-Ese es un secreto que solamente sabemos los que hemos trabajado aquí, repartiendo la limosna-

-¿Tu trabajaste aquí?- de pronto Vegeta se sentía extraño, no era posible que las cosas sucedieran en su nariz y no se diera cuenta -¿me espiaste desde aquí?-

-Ay Vegeta, no te espiaba- hizo un gesto con la mano negando- desde un principio me interesaste, me enamoré de ti y fue por eso que te observé, no te espíe, solo te observé. Como verás no te he mentido- Vegeta se quedó en silencio observándola detenidamente. No valía la pena una humana como ella. Myrna se acercó a besarlo, segura de que lo había convencido, ignoraba que el saiyajin sospechaba de ella.

-No vuelvas a buscarme aquí, ni regreses a esta casa ¿Te quedó claro? No vuelvas a entrar a esta casa- le ordenó tras apartarla de su lado

-¿Porqué?- le preguntó molesta cruzándose de brazos

-Simplemente porque no es tu casa-

-Al parecer no quieres romper el lazo que te une con la viejita aún- le miró con rencor hablándole más seria de lo que la había visto antes- Está bien, te daré tiempo, pero debes saber que yo no te permitiré que te ausentes de mi lado como solías hacer con ella durante varios días. Tómalo como amenaza o como quieras, pero no lo harás- recalcó las últimas palabras, sin embargo Vegeta no le tomó importancia y se fue de ahí, con Myrna detrás, persiguiéndole. Otro día volvería


Bulma estaba acostada en la cama boca arriba, dejándose besar por Yamcha que acababa de despertar. Era la primera noche que dormían juntos.

-¿Dormiste bien?- le preguntó el hombre amorosamente

-Si, muy bien ¿y tu?-

-Hace años que no dormía tan bien como ahora- Bulma acarició el rostro del hombre, siguiendo con su mano las arrugas que le surcaban, eso le gustaba, Yamcha no se veía más joven que ella, se sabía que era maduro, y le gustaba.

Para ella fue una noche muy especial, mientras lo besaba lentamente, disfrutando la sensación de los labios suaves y expertos de su antes amigo, sin tener tiempo ni querer compararlo con Vegeta o con el mismo Yamcha siendo joven.

Durmió con él más no necesitaron desnudarse para sentirse juntos, se besaron, y acariciaron, se abrazaron, como un par de novios primerizos, platicaron durante horas entre besos y palabras dulces, sobre la vida, sus aventuras, ellos mismos, hasta que en algún punto de la noche, Bulma recargó la cabeza en el pecho del ex beisbolista y se arrulló escuchando el rítmico latir de su corazón. Y así despertaron

-¿Y qué haremos hoy?-

-¿Qué tal si me acompañas a las oficinas de la Corporación?- sugirió la mujer

-¿Vas a ir a ver a tus hijos? Lo pregunto porque te has esforzado por evadirlos desde la fiesta

-Si, es tiempo de que sepan, pero primero necesito confirmar mi cita con el cirujano plástico- Yamcha la miró discretamente, llevaba un par de semanas investigando a algunos cirujanos plásticos, nada le había hecho cambiar de opinión respecto a someterse a alguna cirugía. No había querido decírselo, pero él tenía miedo, miedo a que su Bulma cambiara de rostro drásticamente, como lo había visto en otras mujeres, que acababan peor de lo que estaban antes.

-Sabes que te apoyo, pero sabes también lo mucho que me gustas así como estás-

-Eso es porque con la edad has perdido la vista- después de una risita, se incorporó de la cama y le dio un beso tierno en los labios, tomó una toalla y se dirigió al baño

-¿Te acompaño?- Bulma sonrió picadamente sin tomarse en serio el comentario

-Si quieres- respondió sin pensar que Yamcha lo deseaba. Se metió al baño y cerró la puerta tranquilamente, pensando sobre lo que tendría que hablar con sus hijos. Comenzó a desvestirse tan concentrada en sus pensamientos que no se dio cuenta que mientras dejaba los pantalones en el piso, atrás de ella se abrió la puerta.

No fue sino hasta que Yamcha la abrazó por detrás que se percató de su presencia, dio un salto asustada y retrocedió todo lo que el amplio cuarto de baño le permitió al percatarse de que el hombre estaba completamente desnudo. Tartamudeó nerviosa ciñéndose más a si misma la blusa de la pijama.

-¿Q-que haces Yamcha?- por acto reflejo fijó su mirada a lo que… saltaba a la vista. Bulma se quedó un instante pensando en que no recordaba que su amigo fuera tan voluminoso en… sacudió la cabeza para alejar esos pensamientos. No era tiempo de pensar en cosas así. No estaba preparada aún. No cuando lo de Vegeta estaba tan reciente ¿Cuánto había pasado, un mes si acaso? Tal vez dos ya, quién sabe. Aún así era demasiado pronto, pensó.

-Me invitaste a tomar un baño- respondió de forma natural

-No era en serio- intentó sonar molesta y corrió a recoger su pantalón del piso, pero fue detenida por la mano de Yamcha.

-Solo será un baño ¿de acuerdo? Lo prometo- pidió mirándola a los ojos

-No Yamcha es…-

-Por favor- volvió a pedir y le soltó la mano. Se incorporaron lentamente después de unos minutos de mirarlo a los ojos fijamente, luego asintió levemente -Yo lo hago- le dijo cuado iba a desabotonar el primer botón de su blusa, la mujer dejó caer las dos manos. Desabotonó uno por uno, lentamente, de abajo hacia arriba, mientras Bulma se sonrojaba tanto que las mejillas le ardían. La respiración de ambos se agitó, pero más la del hombre que para su propia sorpresa vio como sus manos temblaban en el último botón. Con delicadeza deslizó la blusa por los hombros hasta dejar sus pechos descubiertos, los contempló fijamente causando el pudor de Bulma, que sabía perfectamente que ya no eran los que él conoció, firmes y atractivos, pero eso no pareció importarle pues seguía contemplándolos como si se trataran de un suculento platillo que deseaba devorar.

Repentinamente tomó uno con la mano, Bulma ahogó involuntariamente un grito de sorpresa entre los labios calientes de él, cuando se le abalanzo directo a la boca, no sabía si quejarse, salir corriendo o disfrutar, como su cerebro le pedía. Así que se quedó parada sin hacer nada, respondiendo tímidamente al beso. Se sonrojó más al notar que Yamcha subía de intensidad el beso y las caricias que le hacía a sus senos se hacían más febriles, se estrechó contra ella y le dejó sentir su erección. Casi entró en pánico al notar que una mano de su compañero bajaba por su talle y pasaba rápidamente de su cintura a su entrepierna. Apenas comenzaba a acariciarla, cuando el hombre soltó un gemido ronco de la garganta y tan rápido como su mano llegó a su entrepierna se alejó de ella, al igual que todo su cuerpo

-Perdóname- le pidió jadeando tratando de recuperar el aliento –si sigo no podré cumplirte la promesa. Se dio media vuelta y salió del baño cerrando la puerta tras de sí. Dejó a Bulma confundida, sonrojada y con un pequeño sentimiento de frustración que no supo cómo interpretar.


Una hora después estaban en el auto de Bulma en completo silencio rumbo a las oficinas de la Corporación Cápsula.

-¿Me vas a explicar que sucedió en el baño?- pidió casualmente la mujer cuanto el silencio comenzó a incomodarle, claramente escuchó pasar la saliva a través de la garganta de Yamcha.

-¿En verdad quieres comenzar una conversación que resultará incómoda?-

-¿Porqué incómoda?-

-¿En verdad quieres hacer esa pregunta incómoda?-

-Yamcha, no sé si he sido lo suficientemente clara contigo, pero ya estoy harta de mentiras y ocultar cosas, necesito que me hables con la verdad, por muy dura que ésta sea. Suficiente he sufrido con engaños- Yamcha suspiró con fuerza mientras simulaba interesarse en los árboles que parecían pasar corriendo por la calle

-Ya lo sé… es sólo que… mira, si queremos que esto funcione debemos cumplir nuestras promesas. He aprendido a lo largo de mi vida que en las relaciones serias la honestidad y el cumplimiento de las promesas es muy importante. Yo te hice una promesa en el baño, iba a respetar tu intimidad pero te juro que al mirarte así no iba a poder contenerme, te desee tanto…- Bulma estacionó el carro en cuanto tuvo oportunidad, no había escuchado la mayor parte de lo que su amigo le había estado diciendo

-¿A que te refieres con "si queremos que esto funcione"?- le preguntó seriamente

-A lo nuestro, Bulma- respondió con el ceño fruncido –a ti y a mi, nuestra relación- Bulma abrió la boca para decir algo, pero nada salió de su boca, repitió el gesto varias veces hasta que un quejido salió de ella, se removió en el asiento para observar mejor al hombre

-Yamcha, lo lamento, no quisiera ser tan directa, pero tengo que hacerlo- comenzó –entre tu y yo no puede haber algo… todavía. Entiéndeme por favor, lo de Vegeta está aún muy reciente. No estoy preparada para comenzar una relación tan pronto-

-Pensé que… que tu pensabas en ti y en mi… perdóname- pidió finalmente bajando la mirada, con profunda tristeza- pensé que deseabas continuar el camino, sabes a qué me refiero, no creí que dejarías que un saiyajin sin corazón acabara con tu vida- Bulma guardó silencio, lo que Yamcha decía era justo lo que ella deseaba, seguir viviendo, sacudirse el pasado y seguir adelante.

-Es lo que quiero, pero no estoy segura de que una relación contigo en este momento sea lo mejor para sacármelo del corazón- Yamcha movió la cabeza como si acabara de recibir un golpe tremendo, justo en ese momento Bulma supo lo mal que había escogido las palabras. Pensó en algo qué decir para componer la situación pero si seguía hablando probablemente se hundiría más en el fango

-Comprendo- respondió antes de que Bulma pudiera decir algo, el tono helado de su amigo le hizo encoger el corazón, sin embargo siguió sin pronunciar ninguna palabra –supongo entonces que si no tenemos una relación, puedo seguir con mi vida cotidiana- comentó con enojo contenido, intentando hacer reaccionar a la mujer. Ella supo enseguida a qué se refería, y la recorrió de arriba abajo un abrasador sentimiento de celos

-¿Te refieres a las mujeres?- preguntó y el silencio de su amigo le hizo suponer que así era. Aunque sabía que lo había herido no estaba dispuesta a hacerle saber que sentía celos –si es lo que quieres, por mi puedes salir con diez al mismo tiempo- Yamcha apretó tanto su mano derecha que todos los huesos le tronaron al mismo tiempo

–Eh… vamos, se hace tarde- intentó ocultar sin mucho éxito lo dolido que se sentía. Por el resto del camino nadie dijo nada. Bulma por más que pensaba no encontraba palabras para enmendar la situación, Yamcha no deseaba verse débil y rogarle. Y el radio que por fortuna Bulma encendió sirvió de pretexto para aligerar levemente el ambiente.


Nuevamente el placer se alejó después de unos segundos de éxtasis, a pesar de que habían tenido el sexo más salvaje hasta el momento, después de unos minutos de intenso placer, el vacío volvió a Vegeta. Se dejó caer a un lado de la cama mientras Myrna parecía seguir disfrutando de las sensaciones. Esperó unos segundos hasta que la mujer a su lado dejara de retorcerse para pararse y meterse a bañar. No notó que Myrna se secaba las lágrimas que el con el último orgasmo le habían salido, ni le interesó.

La joven mujer miró al hombre de su vida caminar desnudo esquivando al caminar cosas tiradas en el piso y sonrió, pensando en lo bien que iban las cosas, en lo felices que ambos estaban, cada vez las cosas iban mejor entre ambos. Por fin Vegeta comenzaba a entender lo mucho que lo amaba, y ella sabía que él sentía algo por ella, pero no lo decía, así era un saiyajin.

Se levantó de la cama y lo siguió, entró al baño y se metió a la bañera cuando él abría la llave del agua caliente.

-Déjame en paz- le ordenó dándole la espalda, pero ella no obedeció, al parecer dispuesta a retomar el juego erótico, tomó el jabón y le enjabonó la espalda, procurando hacer un masaje fuerte –Myrna vete a la cama- le dijo con un tono más frío, para ver si así obedecía, pero la chica no entendía las indirectas y lo abrazó por detrás juntándose lo más posible a su espalda, y comenzó a besarla. Pero él ya estaba hastiado de ella esa noche. Le tomó las manos y deshizo el abrazo con brusquedad. Se volteó para verla mejor y cerró la llave el agua –dije que te fueras, ya no te soporto- la sonrisa de la pelirroja tembló un poco, pero no desistió, sin decir nada se hincó lentamente ante el saiyajin, que la miró confundido.

Con una mano se sostuvo de su muslo y con la otra tomó su miembro y con ella comenzó a dar un pequeño masaje, más tardó en comenzar que él en reaccionar. Sin quererlo, Vegeta cerró los ojos al sentir en su pene los cálidos labios de ella. Pero en su mente no apareció Myrna en esa posición tan sugerente haciendo aquello tan placentero, para su propio trastorno, en su mente había una melena azul en vez de una roja y esos labios que ahora abarcaban todo su miembro era unos más conocidos y apetitosos. Unos que besó por años y que en ese momento deseaba volver a besar. Ahogó un gemido de placer cuando las manos de Bulma acariciaron sus piernas, no era Bulma en realidad, pero Vegeta se permitió pensar que sí. Y fue la voz de la científica la que le preguntó si le gustaba, y su lengua roja la que siguió lamiendo con avidez su falo. Tomó el cabello azul de la joven Bulma con una mano y la instó a que chupara con más fuerza, como sabía que le gustaba. Agradeció esa humedad y la experiencia que su mujer tenía, incluso pudo ver en su mente su mirada pícara y azul, la que tanto le gustaba.

-Continúa- exigió como era su costumbre con voz ronca y le sostuvo con más fuerza los mechones de cabello azul que se agitaban con el movimiento. Puso la otra mano sobre la de ella que intentaba mantener el equilibrio pues los movimientos que le exigía el saiyajin cada vez se hacían más frenéticos.

Myrna, quien era la que realmente estaba en esa bañera en aquella posición, disfrutaba cada bocado y cada movimiento, pero internamente temía no hacerlo bien, realmente no era algo que hubiera hecho en el pasado.

Sin embargo al parecer no había tenido errores, y sonrió mentalmente orgullosa cuando sintió que Vegeta se tensaba y quedaba quieto. Con un último movimiento de la lengua hizo que el semen del saiyajin le llenara la boca con tanta rapidez que sintió que se ahogaría. No supo si escupir o tragar. Se decidió por la última opción liberando de su boca el miembro de Vegeta, que aún dejó escapar un chorro de semen en su cara. Lo miró satisfecha de lo que había hecho. El saiyajin aún estaba tenso y con los ojos cerrados, con un gesto de enorme placer. Se limpió las comisuras de la boca, estaba a punto de ponerse en pie cuando escuchó algo que le hizo sentir que el edificio entero se venía sobre ella

-Bulma- suspiró el saiyajin. Inmediatamente supo lo que había hecho pues abrió los ojos y miró a Myrna que no podía creer lo que había escuchado. Supo que había hecho algo incorrecto, pero no iba a disculparse, obviamente. Simplemente salió de la bañera y se dirigió al cuarto. Y dejó a Myrna sintiendo asco y miseria. A punto de llorar.


-Bra ¿quieres venir por favor?- Trunks se inclinó ante el teléfono y escuchó a su hermana quejarse en la otra línea –mi mamá está aquí- respondió y no tuvo más objeciones. Colgó sin prisa el auricular y se reclinó en el elegante asiento detrás del amplio escritorio de cedro oscuro.

-Me retiro- anunció Yamcha ante la inquisitoria y pesada mirada del primogénito Brief. Se dirigió a la salida de la oficina y abrió la puerta justo cuando Bra, con un elegante y ceñido traje blanco se asomó, se hizo a un lado para dejarla pasar ignorando los grandes ojos azules de la muchacha, siempre le habían gustado por parecerse a los de su madre.

Bra saludó a su madre con un pequeño beso en la mejilla y luego fue a sentarse sobre el escritorio para molestar a su hermano, los dos la miraban con expectación. Hacía casi dos meses que habían intentado hablar con ella y todos los días habían escuchado pretextos desde los más absurdos hasta algunos más o menos creíbles pasando por las insoportables respuestas esquivas.

-Bien niños, es hora de que hablemos sobre la separación de su padre y yo-


Gracias a todas por sus reviews!! enseguida me pongo a responderles! y por aquí agradezco a zuhy. inia3, Grescia y freiya por sus reviews son unos amorsotes!!!! Nos vemos tan pronto vengan Vegeta, Bulma, Myrna y Yamcha a contarme qué más pasó