Hola... tarde, lo sé... pero la inspiración es así... este es un fic a petición... disfruten :D
Disclaimer: Ni Bleach ni sus personajes me pertenecen, pertenecen a Tite Kubo. Yo solo los uso para satisfacer mi imaginación. Tampoco me pertenece "Los sacrificios humanos de Alicia" esos le pertenecen a… (No lo sé, si alguien sabe, díganme :P). Disfruten.
Mini-Fic: Ellos…
Kurosaki Ichigo, Kuchiki Rukia / Muerte, Gore ligero...
Capítulo 1 de 2
Los sueños que comúnmente tenemos se producen en la etapa REM, la parte más profunda del sueño, la cual se caracteriza por el rápido movimiento involuntario de los globos oculares, solemos experimentar varias veces esta etapa durante toda la noche, alrededor de 5 veces en total y solo recordamos el sueño previo a despertarnos; los sueños pueden durar de 10 segundos hasta alrededor de 20 minutos, hipotéticamente, soñaríamos toda una vida en menos de media hora…
- ¡Deja de leer esas tonteras viejo! – le gritó un pelinaranja a su padre mientras le arrancaba el semanario de lo insólito de las manos – La enana me ha estado molestado con esto toda la semana y ya no lo soporto.
- Deberías de tenerle paciencia a tu novia – le dijo tranquilamente haciendo que el menor lo mirara como si fuera un bicho raro.
- ¡¿Quién eres y que le has hecho a mi viejo?! – le gritó escandalizado mientras lo señalaba.
- Ichigo – negó el hombre con la cabeza, se estaba comportando extraño – te falta tanto por crecer – y se marchó a la clínica que era de su propiedad dejando desconcertado al naranjita.
El terror nocturno suele estar presente entre los adolescentes, se caracteriza por la imposibilidad de despertarse del sueño y, cuando se logra despertar la sensación de pánico se queda presente, algunos tienden a agredir a las personas que los despiertan debido al estado de shock que produce el sueño, también se presenta sudoración y temblores; estudios han comprobado que hay una tendencia hereditaria entre los que padecen este trastorno del sueño…
- Nii-sama – llamó una pelinegra al hombre que leía en silencio.
- Dime – pidió con su clásica voz carente de emociones.
- Yo creo que podría padecer de esto – le enseñó el artículo de la revista de los insólito, era el mismo que leía el papá de Ichigo.
- No lo creo – se le quedó mirando – tu siempre fuiste muy tranquila para dormir.
- Pero Hisana-nee-sama siempre había tenido problemas para dormir – rebatió preocupada por las incontables veces que vio a su hermana levantarse gritando en las noches.
- Te llevaré a que te hagan estudios entonces – la posibilidad de que Rukia hubiese heredado ese trastorno lo alteraba, Hisana se había suicidado debido a las pesadillas que la acosaban constantemente.
La tarde era maravillosamente tranquila, perfecta para leer un buen libro en el jardín de tu casa, o eso pensaba Rukia esa tarde, había regresado de la escuela y su hermano no había regresado de la oficina todavía, decidió tomar uno de los libros de su biblioteca y leerlo en su jardín que tenía una hermosa vista al bosque de la ciudad, uno de los sirvientes le llevó algo de tomar y un recado de Ichigo citándola esa noche para ir al cine, a veces el naranjita era romántico cuando se lo proponía y sonrió por eso, bien podía haberle mandado un texto a su celular y ya.
Estaba leyendo "Hamlet", Ichigo se lo había recomendado y le parecía interesante la trama, cuando escuchó moverse algo entre los arbustos que había en su patio trasero, levantó la vista de su libro y encontró un pequeño conejito blanco que salía tímidamente de los arbustos, Rukia dejó de lado su lectura y se enfocó en el conejito, sus ojos brillaban con emoción, ella amaba los conejos y que uno tan pequeño apareciera en su jardín era maravilloso, lentamente se empezó a acercar al animalito que movía las orejas para todos lados, estaba tan cerca de atraparlo cuando este se dio cuenta de ella y empezó a huir del lugar, Rukia quería a ese conejito, así que se metió entre los arbustos que servían de barda entre su jardín y el bosque para poder encontrarlo, le parecieron inmensos y no recordaba que fueran tan tupidos, cuando logró por fin salir del matorral se encontraba en medio de un enorme bosque tapizado de hojas secas y enormes árboles que cubrían la mayoría de la luz del sol, empezó a andar sin rumbo buscando al conejito que había perdido de vista hasta que llegó a un claro en donde había una columna de luz blanca, con curiosidad de acercó a esta y vio que había una hermosa espada totalmente blanca siendo sostenida por fuerzas invisibles, rodeó la columna de luz, vio que había una piedra con algo gravado, parecía una frase pero se había borrado por completo, la única parte visible era la palabra "Valor", Rukia sonrió ante la hermosa espada que estaba flotando y estiró la mano para alcanzarla, la luz se sentía fría pero no lastimaba, se colocó de puntitas y tomó el mango de la espada, inmediatamente la luz desapareció y la inscripción que había en la piedra se aclaró.
- "Valor no es la ausencia del miedo, es el dominio sobre este" – citó las palabras pero no le dio importancia, se dedicó a examinar la espada que había obtenido, era totalmente blanca, la hoja y la empuñadura, también había un pequeño listón blanco que salía del final de la empuñadura, no más largo de 15cm, la tomó y la balanceó un par de veces, solo se podía escuchar el silbido que hacia el filo al cortar el aire, se sorprendió de que era muy ligera – le vas a gustar a mi nii-sama – le susurró a la espada y se fue caminando por el bosque.
Los únicos pasos que se escuchaban eran los de ella hasta que escuchó como se rompían las hojas secas a su espalda, inmediatamente se volteó para ver si había alguien más pero no había nadie, su corazón estaba agitado – debió de haber sido una ardilla – se tranquilizó ella misma, se quedó quieta un momento esperando volver a escuchar ese sonido, nada, el bosque estaba en completo silencio haciendo que ella se tranquilizara, dio un paso y sintió que algo le pasó rozando por los tobillos, ella saltó dando un paso atrás pero no había nada – recuerda lo que decía la piedra – se repetía tratando de evocar la frase en esta – debo controlar mi miedo – después de unos momentos empezó a correr, empezó a escuchar que algo corría tras ella y volteó a ver sin detenerse, no había nada, se detuvo un momento para recuperar la respiración y sintió que algo le subía por las piernas, enfocó su vista y era una serpiente negra que se estaba enroscando en sus tobillos, se quedó paralizada del miedo, su corazón se agitaba con fuerza en su pecho y estaba empezando a sudar frio, la serpiente seguía subiendo por sus piernas, le estaba llegando a la rodilla y ella seguía paralizada, de repente sintió como la espada que tenía en la mano vibró y fue que reaccionó, levantó la mano junto con la espada y apuntó a su pierna, le clavó la espada en la cabeza de la serpiente y de paso se la clavó a ella misma, la adrenalina en su sangre hizo que no sintiera tanto dolor, momentos después la serpiente cayó flácida a sus pies dejando un charco de sangre y desapareciendo en este – esto no es real – se repitió a si misma Rukia al ver como la serpiente desaparecía – no es real – empezó a caminar hacia atrás con pánico y topó con algo suave, con miedo giró la cabeza y vio a una creatura grande y peluda con los ojos inyectados de sangre, le mostraba sus afilados dientes por los cuales escurría algo rojo y espeso, en una de las garras que tenía por manos tenia sujeto lo que parecía ser los restos de una niña pequeña bañados en sangre, Rukia retrocedió con precaución mientras la creatura tiraba hacia un lado los restos y le gruñía a la pelinegra – no es real – se repetía mientras avanzaba hacia atrás.
Valor
Escuchó una voz proveniente de la espada.
Úsame y salva tu vida
- Valor – repitió ella y se lanzó contra la monstruosa creatura y la atravesó en el pecho haciendo que esta aullara de dolor, un espeso y negro liquido empezó a emanar de la herida que le había causado Rukia, le escurrió por todo el pecho hasta llegar al piso dejando una enorme mancha oscura cubriendo las hojas secas, después de eso la creatura se disolvió entre esa misma mancha oscura – no es real – susurraba ella, la espada había quedado limpia, solo que la cinta que pendía de ella se había alargado y se estaba empezando a enroscar en el brazo de Rukia – no es real – se volvía a repetir mientras avanzaba por el bosque en busca de la salida, tenía los ojos desorbitados por el miedo y movía la cabeza hacia cualquier indicio de movimiento en el lugar, en su cerebro seguía escuchando la voz que le decía "Valor" y "Úsame", con las manos hechas puños se tapaba los oídos, no podía soltar la espada que parecía haberse pegado a su mano y sentía un pánico creciente a cada momento, cada paso que avanzaba dejaba una estela de sangre, al principio era la sangre del monstruo con la que se había manchado los zapatos, sus pequeñas huellas se marcaban en las hojas secas, cuando se limpió la sangre de sus zapatos entonces empezó a dejar un camino con su propia sangre, la herida que se había hecho en la pierna no dejaba de sangrarle y ella no se había dado cuenta por intentar acallar esa voz en su cabeza.
Escuchó un ruido extraño, como si estuvieran royendo y desprendiendo algo con fuerza, un sonido húmedo y luego un gruñido, se detuvo en seco al ver a una creatura parecida a la que la había intentado atacar momentos antes, seguía vagando por el bosque, se había perdido y la oscuridad se estaba asentando en el lugar, quiso regresar sobre sus pasos pero la creatura la vio, los ojos amarillos de la bestia brillaron y se lanzó contra ella.
"Mátalo, mátalos a todos, salva tu vida, se valiente"
Le volvió a susurrar la voz, Rukia solo pudo tomar la espada y colocarla de frente a ella, tenía miedo, pero si no hacía algo iba a terminar muerta en ese lugar, la creatura corrió a ella y movió los brazos de manera extraña, entonces Rukia se lanzó contra esta y le enterró la espada en el pecho, la creatura se quedó quieta en ese momento, Rukia sacó la espada y le rebanó la cabeza haciendo que esta rodara por un lado, y como pasó con los anteriores, la sangre escurrió de las heridas manchando el bosque y después la creatura se fundió en esta.
La voz en la cabeza de Rukia empezó a repetir "Mátalos a todos, sálvate" y Rukia solo asentía ante eso, siguió caminando por el bosque en busca de una salida, dejaba un camino de sangre por donde ella caminaba, era su sangre mezclada con la de los monstruos que había matado.
La noche la sorprendió en el lugar, tenía miedo y no sabía en donde estaba, se refugió en la cima de un árbol para poder pasar la noche, la cinta que pendía de la espalda ya le había cubierto todo el brazo y Rukia solo movía la cabeza con desesperación, sus ojos reflejaban una especie de locura interna mientras repetía – no me van a matar, esas cosas no me van a matar – no durmió en toda la noche, no quería que esas creaturas la encontraran.
Dos días estuvo en ese estado, no había dormido ni un poco y comía lo que encontraba en el bosque, esas extrañas creaturas seguían intentando atacar a Rukia y ella simplemente las mataba sin piedad, la herida en su pierna seguía sangrando pero parecía que se detenía por momentos y por momentos sangraba, todo el camino que ella había recorrido estaba marcado con sangre.
Ese día se acercó a lo que parecía ser el mismo claro en donde había encontrado a la espada, de repente sintió como algo se le enredaba en la pierna sangrante, fijó si vista en esta y vio una zarza espinosa que le estaba clavando las espinas mientras la hacía sangrar, Rukia sonrió con malicia y movió la mano apuntando su espada para romper la zarza pero algo se lo impedía, volteó a ver su brazo y vio que la misma zarza se había enredado en este, solo que no lo había sentido debido a la cinta de la espada que le cubría todo el brazo y parte del pecho, con la mano libre intentó quitársela pero era imposible, otra rama se había enredado en su pierna y la que estaba en su brazo la estaba empezando a hacer sangrar – no es real – se repetía mientras intentaba quitarse la zarza de manera desesperada – no es… - no pudo terminar la oración debido a que otra zarza se le había enredado en la cabeza y le tapaba la boca, la zarza reptaba por todo el claro, moviéndose con voluntad propia, los ojos de Rukia estaban desenfocados y mostraban pánico, no podía hablar ni podía moverse, la sangre de las heridas que le habían provocado las espinas recorría las ramas y escurría entre estas, la espada que se había mantenido blanca se empezó a teñir de rojo, la zarza apretó el agarre en el cuerpo de Rukia haciendo que se escuchara como si rasgaran algo y la cubrió por completo haciendo que la sangre de ella tiñera de rojo el lugar, y como si fuera una serpiente, la zarza teñida con la sangre de Rukia empezó a formar un camino reptante que se teñía de rojo.
Ichigo se encontraba en su habitación, momentos antes había llamado a la casa de Rukia para decirle que la esperaba en el cine, había olvidado pagar la cuenta del teléfono celular y no le quedó de otra que llamarle a su casa; se sentó en la cama y tomó su guitarra, su alocado padre estaba en la clínica y sus hermanas estaban en las clases extraescolares en las que se habían inscrito, solo estaba él y su perro Kon en la casa; empezó a jugar con las cuerdas, rascándolas sin sacar ningún sonido en específico mientras Kon movía la cola de felicidad, dos pases más sin sentido a las cuerdas y empezó a cabecear sobre su guitarra, el sonido de unas piedritas golpeando su ventana evitó que se fuera de frente, buscó en la habitación pero Kon ya no estaba, le restó importancia y se asomó por ésta, afuera estaba Rukia lanzándole piedritas a la ventana.
- ¡Ichigo! – Le gritó cuando se asomó – vamos a caminar un rato – eso descolocó al pelinaranja.
- ¿A dónde? – preguntó curioso, de todas maneras la iba a ver más tarde.
- Al parque – fue lo único que le respondió.
- Esta bien – respondió antes de apartarse de la ventana y tomar su chaqueta, bajó las escaleras pero no vio por ningún lado a Kon, también la casa estaba extraña, le restó importancia a eso, tomó las llaves y salió a encontrarse con la pelinegra – vamos a caminar – concedió y empezaron a andar.
Llegaron a uno de los parques de Karakura, uno que estaba alejado del centro y muy cerca de la casa de Rukia, empezaron a caminar sin rumbo mientras platicaban de cosas banales y el pelinaranja le preguntaba qué película le gustaría que fueran a ver; momentos después se detuvieron en los linderos del bosque – nunca me ha gustado este lugar – repuso el pelinaranja al ver los arboles mecerse de manera extraña.
- Solo es un bosque común, es el que está atrás de mi casa – apuntó a la casa que estaba situada un poco más lejos del lugar - ¡oh, un conejo! – gritó emocionada al ver al animalito saltando en dirección al bosque – Ichigo, vamos por él – eso no fue una petición ya que sin miramientos jaló al pelinaranja del brazo internándolo en el bosque en busca del conejo, no tardaron mucho en encontrarlo, Ichigo lo atrapó y se lo entregó a Rukia que lo cargaba como si fuera un muñeco de peluche, estaban por poner un pie fuera del lugar cuando unas risas animadas atrajeron su atención, con curiosidad llegaron hasta ese lugar y vieron a un hombre con un extraño sombrero a rayas que jugaba con su abanico, a una mujer de cabellos morados que comía sin parar y a dos niños que estaban haciendo una especie de teatro. Parecía una familia haciendo un día de campo normal ya que todos estaban sentados en el piso.
- Mira Kisuke – señaló la mujer en la dirección donde estaba el pelinaranja, el hombre volteó a verlo y le sonrió.
- ¡Oh, un invitado inesperado! – Le habló al desconcertado naranjita – únete a nosotros – le pidió de manera amable, Ichigo volteo a ver a Rukia pero ella ya no estaba junto a él, ella estaba sentada junto a la mujer de cabellos morados viendo a los niños que habían detenido su acto por un momento.
- Nosotros tenemos que irnos – habló con incomodidad el pelinaranja, no le gustaba el bosque y no le gustaban esas personas.
- Vamos Ichigo – pidió Rukia mientras acariciaba a su conejito – solo un ratito – puso una cara de súplica que Ichigo jamás en su vida había visto que ella hiciera, aun así asintió y se sentó junto al hombre del sombrero – solo será un momento – habló de manera cortes, algo más extraño que la mirada de súplica de Rukia.
- ¡Oh, no hay problema! – Rió el hombre – mis hijos estaban haciendo una representación de un cuento – los señaló – pero estamos esperando a que llegue un amigo, él es que le iba a poner la música – señaló una guitarra que estaba a su lado – pero no ha llegado – sonó abatido – las cosas siempre son mejores con música.
- Yo podría – extendió su mano mientras hablaba, esa guitarra le llamaba la atención y quería poder tocarla – yo se usarla.
- ¡Oh, maravilloso! – el hombre del sombrero se la pasó, Rukia solo aplaudía ante lo que iba a hacer el pelinaranja, ella solo lo había visto tocar la guitarra una solo vez y fue porque ella se lo pidió el día de su cumpleaños. El hombre le dijo la canción que iba con la actuación de los niños y el pelinaranja empezó a tocarla, parecía que la guitarra se adaptaba a su propio cuerpo, a sus dedos, como si leyera la mente, el sonido que producía era hipnótico o al menos eso le parecía a él, siguió tocando por un largo rato, se había olvidado de todo, de todos y de él mismo, solo existía la guitarra y el sonido que estaba emanando de ésta.
Los aplausos de todos resonaron en el lugar trayendo de regreso al pelinaranja a la realidad, este enfocó los ojos en los presentes y buscó con la mirada a Rukia pero ya no estaba, entonces se preocupó - ¿Saben a donde fue Rukia? – les preguntó a las personas que estaban ahí.
- ¿Quién es Rukia? – respondió la mujer de cabello morado.
- Es la persona que venía conmigo – respondió con miedo – bajita, cabello negro, ojos violetas y cargaba un conejo – les describió a la muchacha de manera rápida.
- Lo siento – repuso el hombre – tu venias solo cuando llegaste aquí, nadie más venia contigo – Ichigo se paró de golpe ante eso.
- No es cierto, yo venía con Rukia – apeló a lo que le decía el hombre del sombrero.
- Entonces espera aquí – sugirió mientras escondía su rostro tras su abanico – si venias con ella entonces ella regresará aquí, quizás haya ido a buscar algo – Ichigo afiló los ojos, ese hombre no le gustaba pero tenía que admitir que tenía razón, quizás soltó al conejo y lo fue a buscar, pese a que sus instintos gritaban que tenía que ir por ella, no lo hizo, se quedó con esos extraños – toca algo más – pidió el hombre e Ichigo lo hizo, esa guitarra hacia que él no se negara a nada.
Cerró los ojos y se dejó llevar por la música, los abrió después de un rato y pudo ver a Rukia parada frente a él, no había nadie más, solo ellos dos y el conejito que ella cargaba en sus brazos, Ichigo sonrió al ver que estaba bien y ella le sonrió de regreso, volvió a cerrar los ojos con confianza, sabiendo que Rukia estaba ahí, con él, cuando los volvió a abrir Rukia seguía ahí, pero el conejito ya no estaba, las manos de Rukia estaban manchadas de sangre así como la ropa que cargaba e Ichigo se asustó por lo que veía, quería dejar de tocar la guitarra pero una fuerza extraña se lo impedía, solo podía observar a Rukia con pánico, viéndola derramar lágrimas silenciosas mientras le preguntaba con la mirada las razones de por qué estaba haciéndole eso, podía verla sangrar de los ojos y de los oídos, viendo como se le hacían pequeños cortes en los brazos y viendo como escurría sangre de estos, quería dejar de tocar la guitarra y auxiliarla pero no podía, cada nota que sacaba de la guitarra le hacia un nuevo corte a la piel de Rukia y con este un nuevo hilo de sangre, no tardó en darse cuenta de que la vida de Rukia dependía de la canción, cuando la canción terminara la vida de Rukia también, pareciera que la guitarra entendió ese sentimiento porque hizo que Ichigo empezara a tocar más rápido, acelerando el final de la canción, haciendo que toda la ropa de Rukia se terminara de manchar con su sangre, viendo como las gotas escurrían por sus dedos y las lágrimas escurrían por sus ojos; solo faltaban unas notas más e Ichigo temía por que llegaran, cuando la última nota sonó en la guitarra, un hilo invisible le rebanó la cabeza a Rukia haciendo que esta rodara por el piso y su cuerpo cayera inerte.
Ichigo soltó la guitarra con pánico y fue consciente de los aplausos del hombre del sombrero que estaba parado junto a él – bien hecho, Kurosaki-san – felicitó al pelinaranja que estaba desconcertado, el cadáver de Rukia había desaparecido del lugar – has tocado maravillosamente – el pelinaranja lo volteó a ver, solo estaban ellos dos – si hubieses seguido tocando hubiésemos terminado muertos los dos – Ichigo lo miró sin entender recordando que él no le había dicho su nombre y pensando en si realmente le había hecho eso a Rukia – Mira allá – señaló un montículo un poco más lejos, eran los restos de Rukia, de la mujer de cabello morado y de los niños, estaban apilados uno sobre otro, la sangre escurría y manchaba la tierra del lugar formando un charco que escurría hacia una zarza que parecía moverse a voluntad propia.
Mátalo
Susurró una voz en su cabeza.
Mátalo, él te obligo a tocar la guitarra, él le hizo eso a Rukia, mátalo.
- Sí – susurró Ichigo en un tono tétrico mientras sus ojos se habían ensombrecido, acomodó la guitarra en su regazo y empezó a tocar nuevamente.
- ¡¿Oye, que haces?! – preguntó con pavor el hombre del sombrero.
- Tocando para ti – su tono de voz estaba distorsionado por la locura de haber matado a Rukia – dijiste que tocaba maravillosamente – y empezó a tocar otra vez la guitarra, el hombre del sombrero intentó huir del lugar pero le resultó imposible, una especie de hilos invisibles lo había sujetado de las muñecas y le estaban haciendo cortes por donde escurría sangre; la canción que Ichigo tocaba era rápida y oscura, como queriendo hacer sufrir pero sin dar la muerte rápida, unos hilos invisibles también se enredaron en Ichigo, también le cortaban la piel y él solo sonreía al ver su sangre escurrir por sus heridas – es divertido, ¿no crees? – preguntó cuándo estaba a punto de terminar la canción, el hombre del sombrero solo lo miraba con pánico, era su muerte inminente – gracias por la guitarra – sonrió con sadismo antes de dar la última nota, de nuevo un hilo invisible le rebanó la cabeza al hombre del sombrero y al pelinaranja al mismo tiempo; la sangre de ambos emanaba de sus cuerpos con lentitud, se juntaba con la sangre de los restos del montículo y se revolvían en el camino hacia la zarza espinosa que reptaba hacia la sangre fresca, envolvió los restos del pelinaranja fundiéndose con estos así como lo hacían las creaturas de ese lugar; la zarza espinosa se empezó a cubrir de brotes pequeños en color verde junto con varias hojas pequeñas, los brotes empezaron a moverse y a abrirse dejando ver una pequeña rosa naranja que parecía moverse a voluntad. Toda la zarza se cubrió de esas pequeñas flores, el camino que ella había formado había quedado custodiado de un rosal naranja intenso.
