Capítulo 20 ENTRE EL DESEO Y EL DEBER
Candy empuñaba el picaporte del cuarto de Susana y tomó una gran bocanada de aire antes de entrar.
-¿Qué hace esta mujer aquí?- Fue el recibimiento de la Sra. Marlow
-Madre por favor- Suplicó Susana –El doctor Robinson me pidió que recibiera a Candy… necesitamos hablar-.
-¡Por supuesto que no! ¿No permitirás que te lave el cerebro con esa voz tan dulce que usa con todos?-.
-¡Señora Marlow!- La voz enérgica de Candy sorprendió a la mujer –Si no quiere que use mi dulce voz para que la saquen del hospital será mejor que me deje hablar con Susana… a solas, por favor-.
-¡Por favor madre! Candy fue la que intervino para que te permitieran regresar al hospital, haz lo que te pide-.
La Sra. Marlow miró con extrañeza la nueva actitud de Susana, después miró con cierto temor la nueva actitud de Candy y sin decir esta boca es mía, salió de la habitación.
Una vez a solas Susana invito a Candy a sentarse en la silla que ocupaba su madre.
-Seré breve Susana- Comenzó Candy a hablar –Me es imposible cumplir la promesa que te hice… ya sabes-.
-Lo sé… como también sé que Terry jamás se enamorará de mí… y fue tanto mi afán de ganarme su corazón que por poco le quito la vida ¡La vida que yo un día salvé!- Candy pudo sentir que Susana era sincera y sólo siguió escuchándola –Y si no perdió su vida, estuvo a punto de perder su voz ¡Su hermosa voz!-.
-¡Pero no fue así!- Habló Candy finalmente –Él se está recuperando exitosamente y pronto regresará su voz y…-.
-¡Lo entiendo, Candy lo entiendo!- Y suaves lágrimas bañaron su rostro –Pero eso no me deslinda de mi responsabilidad-.
-Lo importante es que has reconocido tus errores-.
-Y mi mayor error fue el de creer que podría cambiar los sentimientos de Terry, obligarle a permanecer conmigo a cualquier precio y pisotear el amor que sientes por él-.
-¿Eso quiere decir…- Preguntó esperanzadoramente –Que nos deslindas a Terry y a mí de la promesa dada?-.
-Puedes hacer tu vida con él…- Y a Candy le dio un salto el corazón -¡Pueden olvidarse de mí! ¡No seré un lastre más para ustedes!- Pero este último comentario ya no le gusto a Candy -¡Dejen que se consuma mi patética vida!-.
-¡No, Susana! ¡Ni Terry ni yo te deseamos el mal!-
-¡Ya dejen de preocuparse por mí! ¡No necesito de su lástima!-.
-No es lástima, te lo digo de corazón, no es sólo por haberle salvado la vida a Terry, yo quiero que seas feliz… porque eres una persona que ha sufrido mucho y mereces ser feliz-.
Pero Susana dejó de escucharla, se abandonó a su llanto y le dio la espalda.
-¡Por favor! ¡Déjame sola! ¡Antes de que me arrepienta de mi decisión!-.
-¡Vamos Susana! ¡No empieces a chantajearnos de este modo!-.
Susana volvió a mirarla.
-¡No es chantaje! Pero no pretendan que celebre su unión con bombo y circunstancia ¡Respeten mi dolor!... Porque el que haya reconocido mi derrota no significa que haya dejado de amar a Terry-.
Candy no sabía cómo enfrentar esta nueva actitud de Susana.
-El doctor Robinson…-Recordó de pronto –Me menciono que te puede independizar si usaras…-.
-¿Una prótesis?- Y su mirada se transformó en un gesto osco y defensivo -¿Pretenden que un pedazo de plástico me dé la felicidad?-.
-¡Claro que no te dará la felicidad! Eso sólo la encontrarás cuando dejes de tenerte compasión, cuando te resignes y aceptes tu destino con dignidad-.
-¿Eso crees?- Respondió burlona -¿A caso tú estabas resignada a no tener a Terry contigo?-.
-Aunque te burles, así lo era… yo estaba entregada a mi trabajo, a mi familia, a mis amigos ¡Con dolor! No te lo puedo negar, pero con el sólo hecho de saber que Terry era feliz a tu lado, podía soportar ese sufrimiento a quien no se lo deseo ni a mi peor enemigo-.
-Bonitas palabras… pero a mí me suenan huecas, te lo pido una vez más, déjame sola-.
Candy ya no pudo seguir luchando contra ese muro de negatividad y se retiró. Se dirigía a la habitación de Terry cuando dos llorosas enfermeras salieron de dicha habitación.
-¡Abigail! ¡Sarah! ¿Qué sucede?-.
-¡El Sr. Grandchester! ¡Nos corrió! Dice que sólo te quiere a ti!-.
Y presurosas emprendieron retirada.
-¡Terry!- Habló en voz alta -¿Qué voy a hacer contigo?-.
-Quererlo y comprenderlo- Llego diciendo Eleonor Baker.
-Sra. Baker, Terry no debe de ser grosero con la gente que lo quiere ayudar-.
-¡Lo sé, querida, lo sé! Pero después de su última visita-.
-¿Sucedió algo con el Sr. Hathaway?-.
-Le dijo a Terry que dentro de un par de días él y toda la compañía de teatro regresarán a Nueva York, y que aunque la persona que trajo la obra a Chicago ha sido muy generosa en haberles pagado todo, pese al incendio, ellos necesitan regresar a sus hogares y el director Hathaway necesita conseguir nuevos promotores para volver a comprar el vestuario que se quemó… y aquí el problema por el cual Terry está que no lo calienta ni el sol-.
-¿Qué pasa?-. Pregunto Candy ya muy alarmada.
-Robert le dijo que su lugar en la compañía no se tocaría, pero que no puede esperar hasta que se recupere completamente, por lo cual contratará a un suplente por un par de meses ¡Tú sabes lo posesivo que es Terry! Mi hijo siente que le están arrebatando el lugar por el cual ha luchado por mucho tiempo, se siente desplazado, aunque Robert le ha dicho que es sólo temporal-.
-Si Terry no toma con calma esta situación ¡Se podría lastimar y truncaría su recuperación!-.
-¡Hazlo entender!-.
-Hablaré con él-.
-Hay otro punto también muy importante… Robert se ofreció a pagar su hospitalización y la de Susana. Terry es muy orgulloso y le dijo que él podría solventar los gastos con sus ahorros ¡Ni siquiera ha querido recibir mi ayuda! Pero no pudo convencer a Robert de hacer lo mismo con Susana. El director Hathaway le dijo que todavía se sentía comprometido con ella desde su accidente con su pierna y le pidió a Terry que lo dejara pagar el hospital, lo mismo que su traslado a Nueva York que será pasado mañana-.
-Pero eso no es el punto importante ¿Verdad?-.
-No… El director Hathaway creía que Terry querría regresar con ellos a Nueva York, pero la negativa de mi hijo lo lleno de sorpresa-.
-Es… ¿Es por mí?-.
-Así es, Terry me ha confiado que no se quiere regresar a Nueva York si no es contigo-.
-Sra. Baker- Candy habló con pesar – Amo a su hijo con todo mi corazón, pero él sabe que no lo puedo aceptar hasta que haya cerrado su ciclo con Susana, no basta con romper el compromiso pactado, también necesita hacer las paces con ella y eso se logrará cuando Susana se sienta capaz de seguir adelante con su vida sin la sombra de él-.
-Pides algo imposible-.
-Tal vez, pero estoy segura que si comenzamos una vida juntos, el lastre de Susana nos perseguirá para siempre-.
La Sra. Baker ya no supo que decir, Candy tenía razón de cierto modo, ante todo Terry se consideraba un caballero y la terquedad de Susana sería una piedra en el camino de él y de Candy si no lograban finiquitar ese asunto de una buena vez.
Tras haber sido dado de alta, Archie estuvo listo para regresas a sus estudios.
Albert y Archibald llegaron a la escuela de economía, el joven para reanudar sus estudios en el mismo edificio donde comenzó años atrás, y el mayor para reunirse con las demás familias y los rectores para planear la reconstrucción de la Universidad de economía.
-Me siento como si fuera la primera vez que piso este suelo- Expresó Archie saliendo junto con Albert del vehículo.
-Será un nuevo comienzo de cierta manera, mientras se construye nuevamente la Universidad tendrán que compartir las instalaciones con los estudiantes principiantes-.
-Con Annie-.
En esos momentos el rector Thompson salió a su encuentro
-Bienvenidos Sr. Cornwell, Sr. Andry-.
-Agradecemos su recibimiento Sr. Thompson, antes de reunirnos con los demás, me gustaría hablar con usted en privado, si es posible-.
-Por supuesto Sr. Andry ¿Pasamos a mi oficina?-.
-Yo buscaré a mis compañeros- Se despidió Archie –Con permiso Sr. Rector, Albert-.
-Hasta luego Archie y suerte-.
Albert esperó a que Archie se perdiera de vista para hablar nuevamente con el rector.
-Lo mío será breve Sr. Thompson, como verá mi sobrino está impedido temporalmente para escribir sus propias notas de las clases-.
-Con gusto le asignaré a un asesor para que lo apoye…-.
-Gracias pero ya tengo un asistente en mente-.
-¿En quién pensó señor Andry?-.
-En la señorita Annie Britter-.
-¡Pero Sr. Andry! ¡La señorita Britter es una principiante! Además ella tiene sus propias clases, no podemos pedirle que las pierda-.
-Sr. Thompson, sólo será por un breve periodo de tiempo, además creo que ella aprenderá mucho presenciando algunas clases superiores-.
-¡Pero…!-.
-¡Claro que este pequeño asunto tendrá beneficios para la Universidad!-.
-¿Qué beneficios? Preguntó interesado el rector.
-Un diez por ciento más de lo que acordemos aportar los socios en la reconstrucción de la Universidad-.
El hombre ya no dijo nada, sólo extendió la mano en señal de trato, y Albert le respondió con un fuerte apretón.
-Trato hecho-.
Candy entró al cuarto de Terry brindándole una de sus cálidas sonrisas.
-Señor Grandchester, veo que ya está de pie ¿Pasó mala noche?- Le preguntó al ver el gesto malhumorado que traía.
-Estoy… aburrido- Pronunció con una ronca y pastosa voz.
-Sólo faltan unos cuantos días más para que la doctora Robinson te dé de alta…- De pronto perdió un poco su sonrisa-. El día de hoy se marcha Susana… ¿Te despedirás de ella?-.
-No… tengo… ganas… de verla-.
-No evadas tus responsabilidades-.
Terry se quedó pensativo un rato mirando por la ventana el gran jardín donde había disfrutado de hermosas horas al lado de Candy y finalmente voltio a verla.
-¿Me… acompañas?-.
Ella solo le volvió a sonreír, y ambos salieron de la habitación, se encaminaron hacia la habitación de Susana, Terry hubiera deseado tomar a Candy de la mano pero por respeto a su trabajo dejó de pensar en esa osadía.
Después de pedir permiso para entrar, caminaron decididos a enfrentar lo que fuera, Candy estaba dispuesta a ser el escudo de Terry, sobre todo contra los ataques de la Sra. Marlow que al verlo se hicieron evidentes.
-¡Vaya! ¡Hasta que el caballero se digna a venir!- Fue el recibimiento de la Sra. Marlow
-Necesito… hablar… con Susana-.
Ni su evidente condición física hizo desistir a Sra. Marlow de ser agresiva con él.
-¡Si esa mujer se queda, lo mismo puedo hacer yo!-.
-Acepto… si deja… de gritar-.
Cuando la Sra. Marlow por fin se hubo calmado Susana comenzó la conversación.
-Dentro de poco vendrán a buscarnos los ayudantes del director Hathaway… regresamos a Nueva York… al hacerlo te deslindo de toda responsabilidad sobre mí-.
-¡Qué!- La Sra. Marlow no daba crédito a lo que su hija decía -¿A caso te has vuelto loca? ¡Éste hombre tiene una responsabilidad de por vida sobre ti!-.
-Y él la ha pagado con creces-.
-No… pretendo… desampararte-.
-Si de verdad no quieres tenerme más en tu vida tendrás que aceptar mis condiciones ¡No quiero tu dinero! ¡No quiero tu piedad!-.
-¡Susana!- Intervino Candy –Ya te he dicho que no es piedad, en verdad Terry quiere ayudarte-.
-No cambiaré de opinión-.
En esos instantes tocaron a la puerta y Susana dio el permiso para que entraran.
-Buenos días- Saludó John Robinson –Veo que te han venido a despedir, aquí está tu expediente y mis recomendaciones para que te sigan tratando en Nueva York y así te adapten una prótesis-.
-¡He dicho que no quiero…!-.
-¡Calla mujer, calla! No actúes como niña mimada-.
Susana se quedo en silencio y pese a que todavía sentía celos del doctor, Terry en esos instantes admiró al galeno.
-Aquí afuera están las personas que vinieron a recogerte, así que les pido a los presentes que dejen sola a la señorita para que se prepare para su partida… es todo-.
Candy y Terry salieron de la habitación, lo que tenían que decirle a Susana ya estaba dicho, sólo era cuestión de esperar… y rezar bastante-.
Sólo faltaba un día para que la Dra. Robinson le diera el permiso a Terry para poder dejar el hospital, tendría que seguir asistiendo a él pero solo como paciente externo, pero Terry estaba desesperado por salir de ese lugar, el dulce tormento de tener a Candy a su lado y no poderla tocar, los coqueteos de las enfermeras compitiendo por su atención y el no poder todavía emitir un sonido claramente lo están volviendo loco.
Sin previo aviso la puerta de su habitación se abrió y una alegre enfermera entró como torbellino.
-¡Buenos días Sr. Grandchester! Es hora del corte del cabello-.
Terry frunció el ceño, se dirigió a su cama y de un jalón retiró las sabanas dejando solo la cubre cama y ante la mirada asombrada de la enfermera, tomó su tinta china y escribió con grandes letras…
-Candy-.
Y quitó la cubrecama para entregársela a la enfermera que llorando a mares salió de la habitación.
Terry se sentó en la salita de visitas y cerró los ojos, recordó la última discusión que tuvo con Candy y que lo tenía de muy mal humor.
-Me encantaría que siguieras recuperándote aquí en Chicago, a mi lado-.
-¿Qué… sucede?-.
-Será prudente que regreses a Nueva York… estarás cerca de la compañía Stranford… y de Susana-.
-¿Por qué… me la… recuerdas?-.
-Tienes que asegurarte de que sigue las indicaciones de John… del doctor Robinson-.
-Para ti… Él es… mejor… prospecto… que yo-.
-¡Qué dices Terry! John es solo un amigo y tú eres el hombre a quien amo-.
-¿Me amas?... y me… envías… a los cuervos-.
-Sólo será por breve tiempo, si no logras hacer que Susana entienda que lo que hacemos es por su bien, no importará más, me reuniré contigo en Nueva York-.
-¿De verdad?-.
-Te lo prometo-.
-¿Y si… sólo me… lo dices… para que… me vaya?-.
Candy no le había respondido, y se fue furiosa, ya no la había vuelto a ver desde entonces. En ese momento, escuchó cómo se abría la puerta y estuvo a punto de aventar un florero cercano a quien apareciera por el umbral, cuando vio aparecer a Candy y la tímida.
-¡Terry! Te tengo un trabajo a tu altura- No había enfado en su persona, había regresado la Candy llena de alegría y entusiasmo -¡Vamos Annie, cuéntale!-.
De un empujón Candy acercó a Anny hasta Terry y lo miraba como si temiera que le diera a dar una mordida.
-Bueno… yo… necesito un Chef-.
-Yo… no… cocino-.
-¡No Annie, no sabes explicarte! Y eso que pronto serás toda una empresaria, deja que yo se lo explique-.
Candy se sentó a su lado, provocando que su aroma invadiera el olfato de Terry, que tuvo que hacer un gran esfuerzo para concentrarse en lo que le decía con gran entusiasmo.
-¡Annie se comprometió en realizar un gran banquete…. Les dijo una mentirilla… y se supone que el banquete lo realizará un Chef internacional… así que como tú eres un gran actor… ¿Entiendes la situación?-.
-¿Qué?-.
-¡Terry! No me hagas contarte la historia otra vez-.
-¡Por favor Sr. Grandchester!- Annie por fin abrió la boca- Necesito que se haga pasar por el Chef Francés Valois ante mi clienta, aunque en la realidad yo seré la que cocine el banquete-.
Terry se quedó viendo a la asustada tímida y luego a la iluminada cara de Candy, de pronto se sintió en el colegio San Pablo, a punto de hacer una travesura y que mejor que al lado de la rebelde rubia.
-Trato… hecho-.
Al día siguiente, Terry acompañado de su madre estaban por salir del hospital cuando Albert y Candy llegaron a su encuentro.
-¡Terry, Sra. Baker!-.
-Albert… gusto… en verte-.
-Supe por Candy que hoy te daban de alta y vengo a ofrecerles la mansión Andry para que se sigan hospedando-.
-Sr. Andry- Dijo la Sra. Baker realmente alagada –es un honor ser sus invitados, pero la verdad no sabemos cuánto tiempo permaneceremos en Chicago -.
-No importa el tiempo, serán bienvenidos-.
Terry acepto con una leve inclinación de cabeza, y los cuatro salieron del hospital, afuera los aguardaba el coche de los Andry, Albert y la Sra. Baker subieron al vehículo mientras que Terry se despedía de Candy. La abrazó y le susurró al oído…
-¿Y… no me… puedo… mudar… a tu… casa?-.
-No Sr. Grandchester, mejor yo lo visito a su casa temporal- Y le guiñó el ojo lo cual hizo que a Terry le temblara el corazón.
Finalmente Candy vio partir al coche de los Andry, rumbo al hotel donde recogerían pertenecías para después instalarse a la mansión Andry.
-¿De verdad éste es el hombre por el cual no pudiste enamorarte de nadie más?-.
-Quizás no lo entiendas, John- Le respondió sin dejar de mirar al auto alejarse –pero espera a encontrar a la mujer correcta y lo comprenderás-.
Candy se disponía a dormir pero algo la inquietaba, no paraba de mirar su ventana y el ruido que provino de ella le dio la razón.
-Terry-.
Presurosa fue a abrirla y Terry entró ágilmente, rápidamente tomó a Candy entre sus brazos y busco sus labios ¡Cuánto los había extrañado! Y con un rápido movimiento la cargo llevándola a la cama. Candy no pudo protestar, quiso pedir prudencia, quiso recordarle que él era un caballero, pero el avance de sus besos y caricias le hizo nublar el entendimiento, no pudo evitar que Terry le fuera dejando sobre su cuello un rastro húmedo por sus besos.
-¡Auch!¡No Terry!- Candy se incorporó rápidamente ya que el atrevido caballero le mordió un pezón, que aunque había sido por arriba de su camisón, no dejaba de ser una osadía.
-Ya no… es el… hospital- Le dijo sonriendo pícaramente.
-Pero no es decente, no estamos…-.
-¿Casados?-.
-Correcto señor Grandchester-.
Seriamente, Terry se puso de pie y se acomodó la ropa.
-Después… de lo… del chef… nos vamos… a Nueva… York- Candy puso los ojos como platos –Casados… o no-.
-¿Me obligaras?-.
Terry utilizó esa sonrisa que convertían a los músculos de Candy en gelatina.
-No- Y la volvió a envolver entre sus brazos –Vendrás… por tu… propio… pie-. Y la besó exigiendo rendición.
Cuando termino el beso, Candy le tenía una respuesta.
-Nueva York…. Después del banquete de Annie-.
¡Gracias por seguirme! Perdón por ir muy lenta en las actualizaciones, pero el trabajo es el trabajo.
