NOTAS DEL AUTOR: ¡Hola a todos! ¡Tarmo Flake está presente!

Síp, otro capítulo a la velocidad de la luz. Esta vez es más largo porque andaba muy inspirado. Y porque Mero me amenazó con hacerme dormir en el sofá por todo un mes si no me apresuraba. (Y si supieran lo sabrosos que son sus coletazos cuando… Ehem… Ignoren eso.)

Así que relájense y enciendan las luces del arbolito, que Tarmo Claus les trae su regalo adelantado de navidad. No importa si se portaron mal, yo no discrimino como ese panzón de barbas en traje rojo.

¡Disfruten!

Monster Musume no Iru Nichijou es propiedad de Okayado. Esta historia fue hecha con el simple propósito de entretener y creada sin fines de lucro. Idolatra a la Gran Sirena.


NO ES FÁCIL SER UNA ARACHNE

CAPÍTULO 21


Oh, Arachne mía.

De todas las mujeres en el mundo, Cetania fue quien robó mi primer beso.

Estaba paralizada. Los suaves labios de la arpía sorpresivamente se habían encontrado con los míos. Un momento estábamos discutiendo sobre la carga de los errores pasados y de repente, nos hallábamos haciendo contacto oral directo.

Esto no es lo que planeaba. Yo imaginaba que el primer beso en mi vida sería una auténtica experiencia romántica, sacada del poema más sentimental y meloso existente en el globo terráqueo. Y lo más importante, que sería Lala, quien me lo diera. Pero ahora tal fantasía terminó. Cetania había clamado la oportunidad para sí y no había vuelta atrás. Solo pude reaccionar de una sola manera.

Le correspondí.

Dejándome llevar por la intensidad del momento, rodeé a la castaña con mis brazos y profundicé nuestro roce de labios. Sin querer detenerme, mi lengua se deslizó dentro de su boca, como voraz depredador. Esta se encontró con la suya y ambas se enroscaron en un apasionado litigio amoroso. Incluso mis pedipalpos se movían por sí solos, golpeteando ligeramente el suelo. Ignoro el porqué yo disfrutaba esto, sabiendo que mi corazón le pertenece a la dullahan.

Por Zeus, ¿Qué hará ella si se entera? ¿Me matará? ¿Acabará también con la vida de la arpía, ahora que tiene la excusa perfecta? ¡¿Qué he hecho?!

Antes que pudiera seguir indagando en aquellos trágicos pensamientos, la falta de aire nos obligó a separarnos. Un delgado hilo de saliva nos unía a las dos, una frágil pero visible cadena entre nuestras bocas. Pero acaso, ¿también entre nuestros corazones?

La rapaz sonrió, con una ilusionada mirada en su rostro, como si estuviera en un trance, un gran sueño que ahora se cumplía. Al igual que ella, mi respiración era entrecortada y podía escuchar claramente nuestros corazones latiendo como enérgicos tambores de batalla. El exquisito sabor de sus labios había impregnado mi boca y sutilmente dejaba que mis papilas gustativas se deleitaran con este.

– "Te amo, Aria."

Una vorágine de sentimientos encontrados se creó dentro de mí. Es increíble como algo tan simple como dos verbos y un sustantivo pueden causar un efecto tan profundo en una persona. Las acciones de la americana no precisaban tales palabras para dejar en claro su mensaje, pero aún así sacudieron por completo mi ser. Ella continuó observándome, expectante de mi contestación.

Y ese era el conflicto más grande: ¿Qué respuesta podría ofrecerle?

Por un lado, no podía aceptarla; Mi corazón y alma le pertenecen a Lala. Traicionar a la dullahan era una idea inimaginable. Pero, por otra parte, muy profundo en mí, deseaba corresponder propiamente a los sentimientos de la rapaz. Una guerra interna se cocinaba en mi interior, con un ominoso tornado de emociones como presagio del desastre. Solo pude hacer una cosa, la misma acción que siempre tomo cuando me veo atrapada en medio de la tormenta.

Huí.

Tan rápido como mis ocho extremidades me lo permitieron, me alejé del lugar y la arpía. No volteé hacia atrás, solo deseaba distanciarme de ahí tanto como fuera posible. Mientras corría, podía escuchar a Cetania exclamar mi nombre. Intenté ignorarla, pero mi velocidad terrestre no podía superar el vuelo de la halcón. Al llegar a un centro comercial, di un par de vueltas improvisadas debajo de varios locales techados, y cuando estuve segura de haberla perdido, me tomé un momento para descansar.

– "Soy una cobarde." – Mascullé para mí misma.

Estaba huyendo de nuevo. Después de haber creído que tal etapa se había quedado en el pasado, otra vez me encontraba escapando de todo. Soy patética.

– "¡Aria!" – Clamó una voz detrás de mí. – "¡Por favor, dame un segundo!"

– "¡No!" – Repliqué, queriendo evitar a la arpía.

– "¡Podemos hablar!" – Insistió, sosteniéndome de la mano.

Quise soltarme, pero su agarre era fuerte. Decidí que no ganaría nada con seguir corriendo y me di la vuelta, mirando al suelo. Ella alzó mi barbilla con una de sus suaves alas, para encararme con una mirada comprensiva. Por Eros, que hasta ahora me doy cuenta de lo verdaderamente hermosa que es.

– "¿Podemos sentarnos primero?" – Preguntó la castaña.

– "De acuerdo…" – Musité.

Tomamos asiento en una banca, bajo la sombra de los edificios y árboles plantados. Si bien había una que otra mirada en nuestra dirección de parte de los curiosos transeúntes, la mayoría estaban demasiado ocupados en sus asuntos para fijarse en una arachne y una falconiforme en medio de la plaza. Pasaron varios segundos en silencio, antes de que yo tomara la palabra.

– "¿Por qué, Cetania?" – Inquirí. – "¿Por qué lo hiciste?"

– "Porque me gustas, mujer. ¿Es tan difícil de entender?"

– "Tú sabes a quien amo yo…"

– "Lo sé perfectamente, pero eso no cambia lo que siento por ti."

– "No podemos hacer esto… No puedo hacerle esto a Lala." – Suspiré. – "No puedo amarte."

La americana me abrazó.

– "¿Crees que no lo sé?" – Empezó a llorar. – "¿Piensas que no tengo idea de la caja de Pandora que he abierto?"

– "Cetania…"

– "Aria, estoy más que consciente sobre tus sentimientos hacia esa dullahan. Se lo que ella representa para ti y lo importante que es en tu vida." – Sollozó. – "No tengo oportunidad contra ella, lo acepto. También acepto que nuestra amistad ha sido destruida con lo que acabo de hacer."

Permití que respirara antes que prosiguiera su diálogo.

– "Pero jamás permitiría que ella te tuviera sin que yo me confesara primero. Prefiero arruinar nuestra relación por mi propia cuenta en lugar de dejarle ganar." – Confesó. – "No importa si no me correspondes, o si jamás me diriges la palabra. Solo deseaba que supieras cuanto te necesito, cazadora."

Me dio un suave beso en la mejilla. No protesté.

– "En verdad envidio a Lala." – Admitió. – "Yo lo he arriesgado todo y he perdido, mientras ella podrá reclamarte sin esfuerzo alguno. ¿Por qué es la vida tan injusta conmigo? ¿Por qué la felicidad me rechaza?"

– "Por favor, no digas esas cosas." – Acaricié su cabeza para reconfortarla. – "Encontrarás a alguien que te haga feliz. Hay muchas otras arachnes en el mundo, todas mejores que yo."

– "Nunca podría encontrar a otra Aria Jaëgersturm ni en un millón de años." – Respondió. – "Eres la única para mí, alemana. Al contrario de las otras arpías, yo solo elijo a una compañera de por vida."

La rapaz se separó para mirarme fijamente.

– "Si tan solo supieras, mujer..." – Sostuvo firmemente mi rostro con sus alas. – "Cuantas veces no suprimí mi instinto al tenerte cerca. El cómo luché internamente para no pelear contra esa irlandesa por tu posesión. O en cuantas ocasiones me contuve para evitar tomarte entre mis garras y salir volando hasta algún sitio lejano, para consumar nuestro amor."

Ella me soltó y con sus alas aún tocando mi cuerpo, se dejó deslizar hasta el suelo.

– "Pero al final, no soy más que una estúpida caprichosa." – Hipó, mirando al piso. – "Solo te quería para mi sola, sin pensar en tus propios deseos. No te merezco, Aria. No merezco ser amada por alguien como tú."

– "Los sentimientos son egoístas por naturaleza, Cetania." – Expliqué. – "Amar, odiar, incluso el altruismo. Todo lo hacemos para sentirnos bien con nosotros mismos."

– "¿Eso justifica que incluso pensara en tolerar su relación, mientras yo siguiera siendo tu amante?"

No dije nada. Y agradecí que cierta sirena no estuviera presente para alentar tal idea.

– "Aria, antes de borrarme para siempre de tu vida, quiero pedirte un último favor." – Suplicó la rapaz.

– "Siempre existirás para mí." – Le aseguré.

– "Solo hazlo."

– "¿Qué deseas?"

– "Miénteme." – Volvió a encararme. – "Dime que me amas. Solo para satisfacer mi avaro deseo."

– "No puedo hacerte eso."

– "¡Sabes que sí! ¡Hazlo! ¡Te lo ruego!"

– "Me obligas a herirte."

– "Mi corazón ya lo está. Solo quiero que les des el giro final al cuchillo en mi alma." – Su voz poseía un fuerte sentido de convicción. – "Dímelo, Jaëgersturm."

Me mordí los labios. Entre las imploraciones y lágrimas de la rapaz, mi voluntad flaqueaba a cada segundo. No deseaba lastimarla, jamás a ella. Pero esos casi dorados ojos, ahora nublados por el llanto, continuaban demandando que acatara tan incómoda orden.

Suspirando, tomé el rostro de la afligida arpía y la acerqué hacia el mío. Mantuvimos el contacto visual por varios segundos. Entonces, suavemente, volví a besar con ternura sus carnosos labios. Ella no intentó nada más mientras nuestras bocas se mantenían unidas, no quería arruinar el bello momento. Nos separamos con lentitud, sin despejar la vista.

– "Te amo, Cetania."

La falconiforme rió entre llantos, sumida en una contrastante paradoja de tristeza y felicidad. Aquellas dolorosas palabras eran suficiente satisfacción para su desesperanza. La daga en su interior la hacía sangrar el corazón sin descanso, pero aún continuaba sonriendo, muy a su pesar de su alma. Sin embargo, ella ignoraba algo muy importante…

En el fondo, yo decía la verdad.

¡BOOM!

El mundo de repente se tornó tan brillante como una supernova, cegándonos en el acto. Nuestros oídos pasaron de experimentar excesivo estímulo a un abrupto silencio. Lo único que pude hacer fue rodear a Cetania con mis brazos antes de caer al piso. Impactamos el suelo al tiempo que una intensa onda de choque recorría nuestros cuerpos, callando todo sonido que no fuera la ensordecedora cacofonía desconocida.

Mis oídos no podían escuchar algo más que un molesto zumbido, resonando en mi cabeza igual que un insecto en el canal auditivo. Asegurándome que la arpía estuviera a salvo, alcé la mirada para hallar una explicación a tan sorpresiva serie de eventos. Cuando logré procesar lo ocurrido, me sentí tan alienada que pensé que se trataba de un sueño.

El centro comercial se hallaba en llamas. En medio de los edificios, yacía un enorme cráter que antes fuera un puesto de regalos. Gente corriendo desesperada, gritos a todo pulmón, pero casi inaudibles debido a los campanilleo en mi interior. Un enorme fuego se cernía sobre las ruinas del inmueble y una gigantesca humareda indicaba que habíamos experimentado, por difícil que pareciera, otro atentado. Y nosotras estábamos en la línea de tiro.

Mientras los acúfenos disminuían su intensidad, algo peor se agudizaba: Balas. El inconfundible sonido de balas era más que evidente conforme mis sentidos regresaban a la normalidad. Por la cantidad de ruido producida entre pausas, deduje que los atacantes, sean quienes sean, poseían subfusiles semiautomáticos y al menos un rifle de asalto.

Me entrené para situaciones críticas como esta, pero no podía evitar sentirme paralizada ante el miedo. De repente, distinguí varias figuras entre el humo y las personas que aterrorizadas huían de estas. Saliendo de las fumaradas, las siluetas revelaron al menos cuatro hombres enmascarados. Si la vista no me fallaba, también me percaté de sus atributos no humanos. Alas, cuernos, incluso una cola de reptil; ¿Acaso los malhechores fueron liminales todo este tiempo? Sus máscaras, que ocultaban perfectamente sus rostros, consistían de bandanas alrededor de su cabeza. El uniforme se conformaba de chalecos e improvisada ropa a usanza militar de variados orígenes, además de las mencionadas armas.

Mi compañera recuperaba la consciencia y me apresuré a moverla hacia otro lugar para evitar ser vistas. Las hordas despavoridas de personas nos ofrecieron oportunidad de pasar desapercibidas y refugiarnos tras una derruida barda.

– "¿A-Aria?" – Preguntó la castaña, volviendo en sí. – "¿Qué sucedió?"

– "No hables, Cetania." – Puse un dedo en su boca. – "Nos encontramos con los malditos terroristas."

– "¿Qué? ¿E-escuché bien? ¿Dijiste terroristas?"

– "Así es. No te muevas, los malditos están muy bien armados." – Le advertí al tiempo que asomaba mi cabeza. – "Los dioses nos protejan."

Los cuatro sujetos dispararon sus herramientas de muerte al aire. Como suponía, poseían subfusiles y un arma larga. A tal distancia, no podía discernir que armas eran en específico, pero una de ellas se trataba claramente de un rifle de asalto Kalashnikov. Que uno de ellos también poseyera un lanzacohetes RPG-7 no me ayudaba a tranquilizarme.

¡Scheisse! Esto parecía alguna escena de una maldita película de acción. Excepto que no había héroes que se enfrentaran a los malos ni gloriosos duelos entre estrellas de cine. Esto era la maldita realidad, y ahora me encontraba rezando por mi vida detrás de una pared de roca mientras un grupo de psicópatas violentos amenazaban con llenar de plomo a quien se cruzara en su camino.

– "Vamos a morir, ¿verdad?" – Se resignó la americana.

– "Ja." – Repliqué. No era precisamente la más optimista en ese momento.

– "Bueno, tuve la oportunidad de besar a la mujer que amo. Puedo irme en paz." – Sonrió débilmente.

– "Soy demasiado joven para recorrer el Estigia, Cetania. Carajo, aún soy virgen."

– "Ya somos dos. Quizás podamos encontrarnos en el otro mundo y hacerlo por toda la maldita eternidad."

– "El Hades suena como la velada perfecta." – Bromeé. – "Nada como estar rodeada de muertos para entrar en calor."

Nos reímos del mórbido chiste. No por lo gracioso, sino para intentar hallarle el lado bueno a esta terrible pesadilla. La sonrisa se borró de nuestras bocas cuando las balas volaron en nuestra dirección. Mi corazón se detuvo al oír los proyectiles impactar la barrera de concreto detrás nuestro. La arpía me abrazó con fuerza y yo hice lo mismo. La temperatura corporal de ambas era tan baja que incluso mi respiración me parecía helada.

– "¡Hay más detrás de esa barda!" – Gritó uno de los sujetos.

¡Kacke! ¡Nos descubrieron! Más proyectiles se estrellaron en contra la pared, carcomiéndola lentamente a pedazos. Nuestro lugar seguro dejaría de serlo muy pronto. Necesitábamos salir de ahí de inmediato si no deseábamos volvernos queso suizo.

– "¡Sígueme, pajarraca!" – Le ordené a la castaña. – "¡Vámonos de aquí!"

– "¡¿Qué?! ¡No te oigo!"

Lo atronador de los disparos dificultaba el escucharnos correctamente. Sin esperar a su confirmación, sujeté a la arpía entre mis brazos y pedipalpos. Aprovechando una pequeña oportunidad entre recargas, corrí a toda velocidad hasta hallarnos seguridad en una tienda departamental recientemente abandonada. Agradecí infinitamente mi agilidad de Sparassidae por permitirme tal hazaña.

No éramos las únicas con la misma idea. Un grupo de personas también se encontraban escondidas debajo de los muebles y escritorios. Observé a una mujer horrorizada intentando calmar a sus pequeños, aterrados a más no poder, incapaces de llorar siquiera por el miedo. Más disparos en nuestra dirección nos alertaron que aún no estábamos a salvo. Vidrios y plástico quebrándose, personas gritando, fuego y humo por doquier; El mundo entero se venía abajo y no podía hacer nada.

Cerré mis ojos atemorizada. Mi compañera se cubría de los pequeños trozos de concreto y polvo que caían del techo debilitado por las balas. Ambas nos hiperventilamos. No había esperanza. Y sin ningún policía o fuerza competente para hacerles frente a esos enfermos mentales, estábamos completamente solas. Entonces tuve la idea más estúpida que pude concebir.

– "Cetania…" – Me dirigí a la arpía asustada a mi lado.

– "¡¿Qué?! ¡¿Qué pasa, maldita sea?!" – Exclamó ella.

– "Dile a Lala que lo siento."

No esperé a su respuesta. Con todo el coraje (y ausencia total de auto-preservación) que me permití reunir, me movilicé hasta resguardarme tras otro local. Los tipos concentraron los tiros en mi posición, confirmando que ahora tenía su atención. Primer paso de mi suicida plan completo. Sé que debería buscar un punto alto y no quedarme en su línea de visión, pero el diseño circular del conjunto arquitectónico no facilita mi escape. Además, el humo ya infestó los lugares elevados y dificultarían mi respiración.

Necesitaba dos cosas: Distraerlos por un par de segundos para encontrar un nuevo escondite, y un arma. Buscando desesperadamente cualquier objeto como señuelo, hallé mi respuesta en un grupo de animales de peluche. Una suerte el haberme ocultado en una juguetería. Tomando un oso de felpa y demás fauna artificial, los arrojé en dirección contraria de donde yo pretendía escapar.

¡Funcionó! Mientras las pobres criaturas eran destrozadas por el plomo, tomé la ruta más rápida hasta el edificio en llamas del centro. Era una decisión peligrosa, pero no es que tuviera muchas opciones. Conteniendo mi respiración, tomé escondite entre los escombros chamuscados.

– "Así debió sentirse luchar en las calles de Stalingrado." – Me dije a mí misma.

Me agaché lo más que pude para que el humo no me infestara los pulmones, cambiando mi respiración al de mi sistema abdominal. Con mi masivo tamaño, no era tarea sencilla, pero al menos lo delgado de mis extremidades me permitió mantener un perfil relativamente bajo. Oí a los malhechores dirigirse hacia mi dirección. Recé para que mi estratagema continuara su buena racha.

– "¿Dónde carajos está esa araña?" – Preguntó uno de ellos. Su voz era poco distinguible detrás de su bandana.

– "Quizás huyó. Se mueven rápido." – Respondió otro.

– "Deberíamos largarnos y-¡AAAH!"

El tercero no completó su frase porque salí de improviso entre aquellas llameantes ruinas y corrí a un lugar seguro con el tipo en mis brazos. A mitad del camino, le propiné uno de los tantos golpes que aprendí en la academia. Un impacto en el cuello fue suficiente para dejarlo inconsciente. Tomando su arma y parte de su equipo, lo solté y me resguardé tras otro parapeto. Estos anuncios de piedra hacen excelentes barreras.

Agradeciendo mi fortuna, calmé mi agitada respiración mientras revisaba mi botín. Una UZI de cartuchos nueve milímetros con al menos veinte balas en la recámara, una granada de fragmentación, un pañuelo inútil y un cargador a la mitad. Nada mal.

Descarté la granada. Intentaba dejarlos fuera de combate, no matarlos; Al menos no por ahora. Asomé mi cabeza, observando cómo los tres sujetos restantes rodeaban el cuerpo inmóvil de su compañero. Uno de ellos disparó hacia mí y me escondí tras la pared. ¡Por Zeus! ¡Si su puntería fuera aceptable, yo ya estaría en la barca de Caronte!

– "Derrama sudor, no sangre. Sudor, no sangre…" – Me repetía en voz baja, tratando de no perder la razón.

Revisé mi arma y me cercioré que no tuviera el seguro puesto. Tomando un par de bocanadas profundas de aire, me atreví a asomarme del otro lado de la barrera. Por unos muy efímeros segundos, el tiempo corrió en cámara lenta al momento que apuntaba el subfusil hacia mi atacante. El hacía lo mismo. Mi velocidad de reacción y entrenamiento fueron decisivos en tan peligroso duelo, brindando una pequeña pero dorada oportunidad de jalar el gatillo e inutilizar al tipo con un par de balas en su pie derecho. Tan pronto los proyectiles le impactaron, volví a tomar resguardo.

Escuché al hombre quejarse sonoramente, maldiciendo a mi especie en el proceso. Me di un momento para pensar en lo que acababa de hacer. Era la primera vez que disparaba a alguien. Todos mis objetivos hasta ahora consistían en blancos de entrenamiento, nunca personas. Pero por otro lado, de no haberlo hecho, mi masa encefálica decoraría el suelo del centro comercial. Al menos no le quité la vida.

– "¡Maldita sea!" – Vociferó otro de ellos. – "¡Iori! ¡Vuela a esa hija de puta al quinto infierno!"

– "¡Sí, jefe!"

Eso me sacó de mi meditación. Ay, no. De los dos que dejé fuera de combate, ninguno era el que transportaba el lanzacohetes. Arachne nuestra, protégeme.

– "¡Fuego!" – Ordenó el líder.

No me importó que el sujeto disparara su Kalashnikov hacia mi dirección o que yo haya soltado mi arma. Lo único que pasaba por mi mente era alejarme de ahí tan rápidamente como fuera posible antes de convertirme en araña asada. Corrí sin dirección específica, ignorando las balas que volaban peligrosamente sobre mi cabeza. Cuando escuché una estruendosa explosión, me lancé al refugio más cercano para protegerme.

– "¡Ficke dich!" – Exclamé, cubriendo mi cuerpo al sentir el estruendo y los vidrios cortando mi piel.

El campaneo en mis oídos regresó. La detonación me sacudió la existencia entera al igual que las pocas ventanas sobrevivientes del primer ataque, destruyéndolas en el proceso. Aún estando a casi diez metros alejada, el calor despedido era monstruoso. Ignoro cómo demonios continuaba con vida. ¡Ese desgraciado me atacó con un lanzacohetes! ¡Por todo el Olimpo, en verdad que están dementes!

¡No! ¡La demente soy yo por hacer esto en primer lugar! ¡¿En qué demonios estaba pensando?! Debí tomar a Cetania y largarme de aquí a la primera oportunidad. ¡Pero no! ¡Quería ser la doble de Bruce Willis y derrotar a los malos! ¡Y ahora voy a morir! ¡¿Estás contenta, Jaëgersturm?!

– "¡Ahí, en ese puesto!" – Advirtió el mandamás. – "¡Date prisa, no nos queda mucho tiempo!"

Los acúfenos cesaron a tiempo para oír tal declaración. Tomando una decisión aún más descabellada, arrojé la granada que aún poseía en su dirección. Estos la notaron e interrumpieron su ataque. No dudé por un segundo en salir disparada de mi escondite y correr directamente hacia ellos. Sin esperarse mi osadía, tomé desprevenido al hombre con el arma antitanque y lo arrastré conmigo hasta un par de arbustos.

Él intentó reaccionar, pero le propiné un contundente puñetazo en la nariz que se desmayó al instante. Aquel golpe no solo le arrancó la consciencia, sino también sus cuernos.

Esperen… ¿Qué?

Sostuve los mencionados artefactos en mis manos. ¡Falsos! ¡Sus cuernos son falsos! Pero… ¿Eso significa que todo este tiempo me enfrenté con… humanos? ¡Scheisse! ¡Incluso le disparé a uno! ¡Si alguien se entera, me encerrarán de por vida!

– "Ese fue un buen truco, araña." – Mencionó repentinamente el último malhechor detrás de mí. Pude sentir el cañón de su rifle en mi espalda. Me paralicé. – "Arrojar una granada sin quitarle el seguro para distraernos. Simple, pero efectivo."

– "Antes de jalar el gatillo, ¿podrías responderme una última cuestión?"

– "No esperes misericordia, insecto."

– "Soy un arácnido, no un insecto. Y solo deseo saber si ustedes fueron los que volaron aquel restaurante."

– "¿Y qué si lo hicimos?"

– "¿Por qué? ¿Cuál era su objetivo?"

– "¿Eso que te importa, abominación? Lo importante aquí es que tu vida termina en este instante."

Presionó contra mí el extremo de su arma con fuerza. Aún estaba caliente por el reciente uso y me quemaba la espalda. Soporte el dolor apretando los dientes.

– "Sí que me odias. Y ni siquiera me conoces." – Mascullé ignorando el ardor. El ruido de las sirenas y patrullas se distinguía en la lejanía.

– "Eres un monstruo, un maldito error de la naturaleza." – Me escarneció. – "Tu y todos esos jodidos animales parlantes son un peligro latente para este país y la humanidad entera."

– "Tú eres quien carga el arma aquí, héroe." – Repliqué sardónicamente. – "¿Salvarás al mundo hiriendo inocentes?"

– "No. Lo haré llenando de plomo a las aberraciones como tú." – Aseveró. – "Y ustedes serán responsables."

El hombre jaló el cerrojo de su rifle. Tragué saliva sonoramente. Parece que hasta aquí llegó la historia de la pobre Aria Jaëgersturm. Solo espero me entierren en Geminia; Quiero compartir el mismo suelo que Erika Kriegtochter.

Suspiré y cerré mis ojos. Mi vida pasó frente a mí en rápida sucesión. Me despedí mentalmente de todos a quienes había conocido. No había gloria al morir. No había un elocuente monólogo que me permitiera escapar. Solo un último respiro antes de unirme a mis antepasados.

– "Lala, te amo…" – Musité con lágrimas en mis ojos. – "Nos veremos en la eternidad..."

– "Vete al diab-¡GAH!"

El tipo fue interrumpido abruptamente. Escuché forcejeos y una familiar voz, gritando. Abrí los ojos y me di la vuelta.

– "¡Cetania!" – Exclamé sorprendida.

La arpía se había lanzado contra el sujeto como una auténtica ave de presa. Sus garras sostenían a su víctima con firmeza y le provocaban notables heridas por todo el cuerpo. El terrorista trató de alcanzar su arma pero las poderosas piernas afiladas de la rapaz le estrellaron la cara contra el suelo. Aquel hombre no se desmayó, pero su habilidad motriz dejó de responder adecuadamente. La americana cortó el rostro del pobre bastardo. Ella lo miraba con ojos encendidos y llenos de rabiosa furia. Arrojaba insultos en su lengua natal a todo pulmón. Ver a mi amiga tan colérica era tanto impresionante como aterrador.

Por mucho que disfrutara ver a un miserable sufrir merecido castigo, tuve que detener a la voladora para evitar que cometiera homicidio.

– "¡Cetania! ¡Déjalo! ¡Lo vas a matar!" – Sostuve a la arpía de sus hombros.

– "¡I'm gonna sodomize that fuckin' asshole with his own fuckin' backbone!" – Bramaba la exaltada rapaz, luchando por liberarse. – "¡I will skull-fuck his brains out!

– "¡Tranquilízate, mujer! ¡La policía está cerca! ¡Cálmate!"

– "¡God-fuckin-dammit!"

Fueron necesarias un par de explícitas maldiciones más para apaciguar los ánimos de la predadora. Lentamente, cesó su pataleo y volvió en sí. Justo al tiempo que su carácter se templaba, observé a las fuerzas de la ley aparecer por el rabillo de mi ojo. Había terminado. Esta horrible pesadilla había terminado ya.

– "¡Aria!" – Me llamó la castaña, recuperada. – "¡¿Estás bien?! ¡¿Y esta sangre?!"

– "Estoy bien, estoy bien."

– "¡¿De verdad?!"

– "¡Sí, deja de mirarme así!"

– "¡¿Por qué carajos hiciste tal estupidez, mujer?!" – Me reprendió, sacudiéndome. – "¡Pudiste haber muerto, araña idiota!"

– "¡Lo hubieran hecho de no actuar nosotras!"

– "¡Casi te vuelan la cabeza, cerebro de chorlito! ¡No vuelvas a cometer tan monumentales tonterías!"

– "¡Lo sé! ¡Ya deja de gritarme!"

Ella me abrazó y se rindió al llanto. Le regresé el gesto, dejándola reposar sobre mi pecho.

– "No quiero perderte, Aria. No ahora que sabes lo que siento." – Confesó la rapaz, sollozando. – "Incluso si tu no me correspondes, te seguiré amando."

– "Te lo agradezco, Cetania." – La besé en la frente. – "Pero, quisiera discutir esto en otra ocasión."

– "De acuerdo." – Sonrió débilmente. – "Lo importante es que estás a salvo."

Y yo aún no creía mi increíble suerte. Si la fortuna es finita, yo acabo de agotar mis reservas de por vida.

– "Cetania…" – Le hablé. – "Sobrevivimos, ¿verdad?"

– "¿Por qué dudas de lo obvio?"

– "No, date cuenta." – Le indiqué el desastre alrededor nuestro. – "Sobrevivimos a eso. Puedes… ¿Puedes creerlo?"

– "Por los dioses…" – Realizó la falconiforme. – "Tienes razón…"

Ambas nos reímos y juntamos nuestras frentes.

– "¡Gran Arachne, estamos vivas!" – Grité jubilosa, agitando a mi amiga

– "¡Es como una película, flaca! ¡Somos unas malditas heroínas!"

– "¡Vimos la muerte a la cara!"

– "¡Y nos burlamos de ella!"

– "¡Somos invencibles!"

– "¡Somos inmortales!"

– "¡Somos cazadoras!"

Soltamos otra risotada para desencadenar en llanto, desplomándonos en el suelo. La adrenalina en las venas había finalizado su efecto, nuestro ritmo cardiaco disminuía, la euforia desparecía. Estábamos anonadadas. Milagrosamente, nos hallábamos relativamente ilesas después de un auténtico atentado terrorista. Y nosotras detuvimos a los villanos. Proeza similar solo sucede en los trabajos de ficción.

Vi a los oficiales y paramédicos acercarse al lugar del siniestro. Ignoro que retrasó tanto su aparición, pero me alegraba que finalmente se presentaran. Observé a las demás personas. No todos corrieron con nuestra inmensa fortuna. Salí de mis pensamientos cuando una conocida mujer en traje negro se detuvo frente a nosotras.

– "Smith…" – Mencioné el nombre de la agente, sonriendo débilmente. – "Es la primera vez que me alegro de verte."

– "Manako, lleva a estas señoritas a sus casas, de inmediato." – Ordenó Kuroko sin apartar su mirada.

– "¿No crees que necesitemos ir a un hospital prime-?" – Sugerí.

Puso su dedo en mi boca.

– "Mantén la boca cerrada, Aria. Ya tienes suficientes problemas." – Aseveró con gravedad. – "Manako, date prisa."

– "¡Ah! ¡C-claro, jefa!" – Acató la cíclope de cabello púrpura. – "P-por favor, s-síganme."

Levantándonos con algo de dificultad, acompañamos a la chica hasta la parte trasera de la furgoneta de MON. Smith nos miró fijamente y sacudió la cabeza. Se dio la vuelta y empezó a dar órdenes desde su walkie-talkie. Solo observamos en silencio el desolado panorama mientras el vehículo se alejaba. Nuestra supervivencia debió ser obra divina. Miré a mi compañera, ella tenía la misma expresión preocupada que yo.

– "Estamos fritas, ¿verdad?" – Le opiné.

– "Completamente." – Suspiró. – "¿Cuánto tiempo antes que nos encierren?"

– "Ni idea."

Pensé en nuestra conductora. Quizás ella pudiera ofrecernos alguna esperanza.

– "Disculpe, Manako-san." – Hablé a la francotiradora. – "¿Usted cree… que nos deporten o algo así?"

La chica aprovechó que cruzábamos un semáforo en rojo y detuvo la marcha del automóvil. Volteó a vernos.

– "No estoy segura de que haya hecho usted o Cetania-san." – Informó la cíclope con un tono inusualmente serio para la tímida chica. – "Aunque generalmente, ustedes dos estarían bajo nuestra custodia absoluta en este momento. Por ahora, consideren el permanecer en sus hogares como arresto domiciliario. Y por favor, no intenten nada arriesgado…" – Apuntó a su rifle anti-material. – "No me gustaría tener que usarlo."

La arpía y yo tragamos saliva. ¿Quién esperaría verla actuar de esa manera?

– "Ahora, ignoro que planee Smith-san…" – Prosiguió. – "Pero les sugiero aprovechar este tiempo para despedirse propiamente de sus amistades. Lo siento."

Afirmamos lentamente con la cabeza y la tiradora resumió el conducir. Ella tenía razón. Lo hecho, hecho estaba y sería mejor usar nuestros últimos momentos de libertad para disfrutar entre nuestros amigos. Quisiera haber tenido más tiempo para apreciarlos.

Manako se detuvo primero en la morada de la americana. Yuuko, al parecer había oído sobre lo sucedido y nos esperaba en la entrada, preocupada. La emplumada le calmó y la invitó a que regresara adentro. Ella volteó a verme.

– "Supongo que… este es nuestro adiós, Aria." – Dijo con tristeza la voladora.

– "Nos volveremos a ver. Al menos en el barco a casa."

– "Eso es suficiente para mí. ¿Estarás bien?"

– "Se caer de pie." – Le sonreí. – "Auf Wiedersehen, Cetania."

La castaña decidió cerrar la conversación con otro repentino beso. Contuve mis lágrimas al sentir sus labios rodeando los míos.

– "Aria… Ya nunca dejarán que estemos juntas…"

Ella ahogó su sollozo y se retiró adentro. Sin decir palabra alguna y mirando al suelo, volví al interior de la furgoneta. Manako guardó silencio. Finalmente, arribamos a la casa. Bajé del vehículo y me dirigí a la entrada.

– "Aria-san…" – Me cuestionó la cíclope. – "¿Por qué lo hizo?"

– "Solo quería cazar." – Le respondí desganada.

Al entrar, me encontré con todos los inquilinos, excepto Lala, reunidos frente a la televisión. Toda su atención se centró en mi persona tan pronto me notaron.

– "¡Por todos los cielos, Aria! ¡¿Estás bien?!" – Preguntó mortificado Kimihito. – "¡Chicas, traigan las medicinas del botiquín, rápido!"

– "Me encuentro perfectamente, Herr Kommandant. Solo un poco de vidrios y escombro."

– "Jaëgersturm, vimos las noticias en el televisor. Fue un ataque terrorista en el centro." – Mencionó Cerea. – "No imaginábamos que te encontraras en el epicentro del conflicto."

– "No solo eso." – Habló Meroune. – "Aria-san, las evidencias en video muestran imágenes borrosas, pero contundentes de su presencia y la de su compañera arpía."

– "¡Aria-nee, Kitania se encuentra bien, ¿verdad?!" – Cuestionó la pequeña Papi con ojos llorosos.

– "Olvidaste tu teléfono." – Me informó Suu, entregándomelo.

– "¡¿Cómo demonios continúas con vida?!" – Expresó Miia.

– "Deberían darle un respiro a la mujer, todas ustedes." – Acotó Rachnera. – "Querido, si no te importa, llevaré a Aria a asearse. Por favor, prepárale algo para comer."

– "De acuerdo, Rachnee." – Aceptó el casero.

– "Te repito que estoy bien…" – Reafirmé.

– "No hables, cazadora. Solo sígueme." – Ordenó Arachnera.

En el baño, la tejedora me sugirió desvestirme. Dudé por un segundo, pero sus intenciones parecían nobles. Aceptando, me despojé de mi ropa, quedando solo en la interior. Asenté mi cuerpo y Rachnera empezó a lavarlo con cuidado.

– "Aunque estés en las noticias, aún nadie sabe las identidades de las heroínas, excepto tus conocidos, alemana." – Dijo ella, mojando una esponja.

– "No es que me importe mucho volverme una superestrella. Especialmente si saben lo que Cetania y yo hicimos con esos tipos."

– "Les dieron una paliza, de eso si están muy bien enterados todos." – Talló mi espalda. – "Pero por la cicatriz que te dejaron aquí atrás, no puedo culparte por tratar de defenderte."

– "Espero haya valido la pena. Resulta que eran humanos. Y los atacamos."

– "Eso es una infortunada situación, pero muy justificable."

– "Smith prácticamente me dio un ultimátum." – Afirmé. – "Solo falta confirmar si es deportación o cárcel."

La tejedora interrumpió su tarea.

– "No estás bromeando, ¿verdad, Aria?"

– "Te digo la verdad. Puedes preguntarle a Cetania si lo deseas. Ambas estamos marcadas."

– "Demonios." – Resumió el trabajo. – "Mentiría si dijera que no te echaré de menos, cazadora. A pesar de lo increíblemente remilgosa que puedes ser y que tus ronquidos me causan insomnio, en verdad he llegado a apreciarte."

– "Bueno, por el lado positivo, ya no tendrás que inventar excusas por mis 'llamadas de apareamiento'." – Bromeé.

– "Eso es lo que más voy a extrañar. Tus gemidos son excelentes canciones de cuna."

Reímos un poco. Ya no podríamos hacerlo en el futuro.

– "¿Puedo confesarte algo, Aria?"

– "Adelante."

– "Hubo un momento, en que sentí envidia de Lala."

– "¿De qué hablas?"

– "Intento decirte que, por un par de pequeñísimos nanosegundos, quizás experimenté algo más por ti."

– "No me hagas parecer toda una casanova, Rachnee." – Sacudí mi cabeza. – "Pero si te sirve de consuelo, de vez en cuando aparecías en mis fantasías. Fue divertido imaginar inusuales posiciones contigo."

– "Hoy estás realmente honesta. En verdad te vas a ir."

– "So ist das Leben…"

Ella siguió lavando y curando mis heridas. Acabada la tarea y con un par de vendas en mi brazo, le agradecí y me puse una nueva muda de ropa. Ya en la mesa, Kurusu se encargó de servirme algo realmente delicioso. No hice mención de la dullahan y las demás tampoco indagaron en el tema del atentado o la irlandesa. Opte por no revelar lo de mi crimen, lo sabrán cuando llegue la hora. Dando las gracias por la comida, me retiré a mi habitación. Estaba agotada.

Ignoro cuanto dormí. El timbre de mi teléfono me despertó. El corazón se me detuvo al ver que era un mensaje de Smith. Pensando lo peor, abrí el contenido, solo para hallar un corto pero específico texto.

'Diez de la mañana.'

El veredicto estaba dado. Tendría hasta el día siguiente para disfrutar mi estadía en este país. O este mundo, si es que me mandan al paredón. De todas formas, el reloj indicaba que desperdicié demasiado en los aposentos de Morfeo, puesto que ya eran las diez de la noche con treinta minutos. Me levanté de inmediato, aún tenía asuntos pendientes con cierta segadora.

Pasé al baño para un par de retoques. Al menos quiero estar presentable para una reunión final. Inhalando profundamente, toqué a su habitación. Sin respuesta alguna, volví a insistir. Al cuarto intento, supe que ella no deseaba verme. Estuve sumamente tentada a derribar la puerta y encararla, pero incluso en mis últimas horas de libertad, deseo mantener la compostura.

– "Mortal…"

Volteé de inmediato. Ahí estaba ella, bajando las escaleras. Fue tan silenciosa que no la escuché, a pesar de que cargaba su guadaña y su armadura. Mi primer instinto, fue abrazarla. Ella se sorprendió pero no se opuso.

– "¿Dónde estabas?" – Pregunté.

– "Meditando en el plano Abismal. Asuntos privados."

– "Ya veo. ¿Podemos hablar en tu habitación, por favor?" – Le supliqué. – "Es importante."

– "Está bien, descendiente de Arachne."

Entramos a su cuarto y cerró la puerta. En otra ocasión, lo hubiera interpretado como el inicio de una de mis miles de fantasías, pero no ahora. Guardando su arma y tomando asiento, me invitó a ofrecerle una explicación.

– "Supongo que ya estás enterada de lo que sucedió en el centro comercial." – Le dije.

– "Las noticias viajan rápido en la era digital, invertebrada. Cuando a mis oídos llegó la primicia de que una arachne y una arpía habían causado alboroto, supe que tú y la hija de Taumas estaban involucradas."

– "Entonces no necesitaré extenderme mucho." – Sonreí débilmente. – "Sí, Cetania y yo estuvimos ahí. Y debido a ciertos sucesos respecto al espacio personal humano, me temo que mi relación con las leyes establecidas no será la más estable a partir de ahora."

– "Sonará hipócrita viniendo de mí, mortal; Pero desiste de tanta verbosidad y habla al punto."

Suspiré.

– "Van a deportarme, Lala. O peor, condenarme a prisión… Si es que tengo suerte."

– "Esta situación la hemos experimentado antes."

– "Lo sé, pero ahora es completamente legítima. La coordinadora me avisó. Tengo hasta las diez horas de mañana para considerarme parte del Programa de Intercambio." – Miré hacia el suelo. – "No volverás a verme."

La dullahan hizo una mueca de desagrado y volteó su mirada, con los ojos cerrados.

– "Era cuestión de tiempo para que esa ave de mal agüero te llevara a la ruina, heredera de los Jaëgersturm."

– "No, Lala. Todo fue mi culpa. Más bien, Cetania arriesgó sus plumas para salvarme de una muerte segura."

– "¿Eso era todo lo que deseabas comunicarme, mortal?"

– "Bueno… Sí… Pero…"

Demonios. Ni siquiera puedo expresarme propiamente. Sus palabras eran tan cortantes y secas que difícilmente podría suavizar su humor. Cerré mis ojos, estaba perdiendo todo lo que amaba, y no puedo ofrecer más que diálogos atropellados. Soy patética.

– "Mi abuela tenía razón." – Declaré con mis hombros caídos. – "Terminé convirtiéndome en una vergüenza para mi especie. Incluso ahora, continúo siendo una ridícula cobarde. Es decir, ¡mírame! Acabo de sobrevivir milagrosamente a una situación completamente fatal y en lugar de mostrarme eufórica y agradecida, estoy aquí, lamentándome como la maldita perdedora que en realidad soy y haciéndote perder el tiempo."

– "No te flageles innecesariamente, arachne."

– "¡Es la verdad y lo sabes!" – Repliqué. – "¡Soy tan pusilánime, que solo ahora, cuando estoy al borde de que todo mi mundo se desvanezca, es cuando decido hacer algo!"

– "Si deseas externar algo más, solo hazlo, mujer."

– "Yo… quiero… ¡Gah!"

Coloqué ambas manos en mi cabeza. Tantas cosas que deseaba decirle, y no hallaba la forma de hacerlo sin desmoronarme. Que fracaso de cazadora resulté. Calmando mi agitación, me concentré con titánico esfuerzo para retomar la palabra.

– "Lala; Toda mi vida he huido. Traicionando mi legado como cazadora, he escapado de todos mis problemas ya sea ignorándolos o incluso, haciéndolo literalmente. He apuñalado tantas veces mi honor, que mi poca dignidad es lo único rescatable en mí.

Rehuí de mi nación, de mi pasado, de mi legado, para evadir la responsabilidad de mis errores. Admito que acepté ese sencillo trabajo en la nevería cuando me sentí intimidada al no considerarme apta para algo más remunerador. ¡Gran Arachne, también confieso que mis acciones en el centro comercial, fueron porque pensé por un momento que podía morir de una vez y terminar con todos mis problemas!"

Pausé para respirar.

– "Pero ya no. Llega un punto en que eludir la realidad se convierte en un ciclo vicioso y se vuelve insoportable. Estoy harta de fugarme, de huir, de rechazar lo que tengo enfrente por el miedo a comprometerme con algo. Es hora de encarar la realidad."

Me acerqué a la segadora y la miré fijamente. Ella también.

– "Lala, tú eres más importante para mí de lo que crees. Sin tu presencia, dudo que haya durado más de una semana sin haberme rendido y regresar a mi país. Eres mi motivación de cada mañana, el numen que impulsa mis mayores deseos, la musa que me inspira a darlo todo." – La tomé de los hombros. – "Eres la luz del faro que guía a mi barco desorientado entre la niebla de la vida. El sol que mantiene el planeta de mis sentimientos en órbita. La diosa a quien alabo y envío mi devoción infinita."

Lentamente, acorté la distancia entre nuestros rostros, hasta quedar a milímetros la una de la otra.

– "Eres a quien siempre he amado."

Con todo el coraje del mundo reunido dentro de mí, hice tierno contacto con sus azules y delicados labios. Una palabra se formuló en mi cabeza.

Gloria.

¡La eterna e infinita gloria de la felicidad imperecedera! ¡Tal utopía conceptual había dejado de ser una inalcanzable metáfora para materializarse en aquel beso!

Como un majestuoso acorazado que descarga toda la munición al mismo tiempo, experimenté una explosión masiva de alegría en mi ser. El Big Bang que da vida a un universo de júbilo. Un quásar de satisfacción pura. Una supernova de gozo interminable. La singularidad gravitacional conformada de las mayores dichas que la existencia misma pudiera ofrecer, ahora se encontraban dentro de mí.

Apasionadamente, intensifiqué la magnitud de nuestro contacto, deleitándome con cada segundo transcurrido. El tiempo se detuvo, la realidad misma se amoldaba para congelar aquel momento por los eones venideros. Era felicidad, pura, auténtica, palpable.

Y jodidamente adictiva.

Sin pensarlo dos veces, mi atrevida lengua se abrió paso entre los labios de la irlandesa, sin que le ofrecieran resistencia alguna. Buscó a su congénere y al encontrarla, se envolvieron en una danza tan húmeda y agitada que el espacio entre ambas bocas les parecía extremadamente pequeño. El interior de Lala era tan dulce como la miel y celestial como la divina ambrosía. Mis papilas gustativas rogaban por saborear cada rincón que la segadora gustosamente ofrecía.

Al final, nos besamos por un periodo tan extenso, que casi pierdo la consciencia por la falta de oxígeno. Nos separamos, con un familiar hilo de saliva uniéndonos. Necesitaba tanto el aire que incluso saqué la lengua por el cansancio, al igual que la dullahan. Tal imagen tan indecorosa era increíblemente provocadora.

Con una sonrisa maliciosa, me lancé si tregua a por la segadora una vez más. Con un firme agarre, recorrí la circunferencia de sus ruborizadas mejillas con mi lengua y propiné besos a diestra y siniestra por todo su rostro. Nuestras bocas se hallaron de nuevo y volvimos a encerrarnos en el éxtasis del amor oral. Nuestra respiración aumentaba al igual que la temperatura corporal. El sudor se apoderaba de nuestros cuerpos, haciendo a la ropa cada vez más incómoda.

Sorpresivamente, la irlandesa se deshizo de su bufanda, dejando ese tentador cuello al descubierto. Aceptando su invitación, dejé sus labios para regodearme con mi nueva presa. No me importaba si ella perdía la cabeza y terminaba besando su esófago expuesto, solo deseaba pasar mi lengua por ese glorioso cuello femenino. Los suaves gemidos de la dullahan no se hicieron esperar, motivándome a quitarme la camisa.

Sin importarme, tomé la ruta más corta y arranqué la prenda de un jalón. Lala no se quedó atrás y pronto su armadura ligera yacía en el piso. No se detuvo ahí, ya que sin dilación, su camisa estaba siendo desabotonada. Mis ojos se abrieron como platos cuando la tela dio paso a esa inmaculada piel azulada, contrastando con la negra ropa interior que la segadora portaba. Encaje, tan refinado y elegante como la hija de Abismo. Figura más hermosa no se hallaba ni en la más pura de las diosas.

Rápidamente, arremetí contra sus hombros, llenando mis pulmones de esa extremadamente deliciosa esencia femenina. Nuestros pechos hicieron contacto, y aún protegidos por los sostenes, sentimos una fuerte descarga eléctrica recorrernos desde los pies hasta la punta del cabello al sentirlos chocar. La segadora no se limitó a recibir, sino también a dar. Su boca succionaba cada zona descubierta de mi piel que yo con gusto le tributaba. Cuello, hombros, estómago; Era temporada abierta y todo estaba disponible.

Apresuradamente, nos despedimos de nuestros vestidos y volvimos a enfrascarnos en un largo intercambio de besos y caricias. No lo soportaba más, mi cuerpo me exigía que debía llevar esto al siguiente nivel o corría el riesgo de morir por hipertermia. Pero mi cerebro actuó más rápido y abruptamente cesé mi jugueteo.

– "Lala, espera…" – Logré articular, respirando con dificultad.

– "¿Qué sucede, Aria?" – Respondió de la misma manera.

– "No quiero… No quiero perder el control. No de nuevo."

La irlandesa tomó mi cabeza en sus manos y me miró con determinación destellando en sus áureos ojos.

– "Piérdelo." – Ordenó. – "Pierde el control conmigo."

– "¿Estás segura?"

– "Dámelo todo, hija de Sparassus."

Sonreí.

Con las cadenas que aprisionaban mi instinto ya rotas y mi deseo por las nubes, mordí el sostén de la segadora y liberé a tan agraciadas glándulas mamarias de un jalón. Yo ya no era una soldado, sino un animal salvaje, un tanque cargando a la batalla, un tsunami de lujuria que ahogaría a la dullahan en completo éxtasis. Deshaciéndome del mío, apresé a la mujer con mis pedipalpos y la besé, moviéndonos hasta que su espalda chocó con la pared.

Volví a lamer su torso, descubierto, sin obstáculos. Admiré aquellas imponentes bellezas. Un par de solemnes montañas cuyos rosadas cimas eran simplemente irresistibles. Con alevosía, rodeé esos exquisitos manjares con mi boca y mi lengua estimuló los sensibles botones carnosos. Lala dejó escapar profundos e indecentes gemidos que solo me incitaban a aumentar la intensidad de mi asalto.

– "Aria…" – Susurraba ella entre gemidos. – "Te amo…"

– "Yo también…"

Mis manos acariciaron su espalda mientras ella sostenía mi cabeza con firmeza. Cada vez que me separaba para tomar otra bocanada de aire, ella volvía a dirigir mi boca hacia sus pechos. Se mordía los labios intentando ahogar sus inmorales sonidos de placer, pero siempre se rendía al gozo que mi audaz lengua proveía. Dicen que el sexo es una batalla y el amor es la guerra; En ese caso, yo soy toda la maldita Blitzkrieg.

No lo aguantaba más. Con un bufido bestial, llevé a la segadora a la cama y la arrojé a esta. Ella aterrizaba boca abajo mientras yo me deshacía del último resto de mi ropa. Antes que ella pudiera decir algo, acerqué su posterior hacia mí y con mis afilados dedos, corté su bragas, dejando esa gloriosa, gloriosa vista frente a mí.

Más grandiosa que el faro de Alejandría, el coloso en Rodas y los jardines colgantes de Babilonia; El trasero de Lala era una auténtica maravilla mundial. Toda una obra de arte que hacía palidecer a todas las creaciones arquitectónicas del hombre. Cubierta de impoluta piel azul y esculpida impecablemente por la artística mano del Eterno Abismo, ese par de glúteos no tenían parangón. Todo envuelto en un empaque completo gracias a esas anchas y divinas caderas.

Y ahora, eran míos. Estaban a mi merced total. Tantas fantasías, tantos sueños, tantas maquinaciones mentales que pudiera formular pensando en esas carnosas nalgas finalmente se hacían realidad. Una esplendorosa fruta prohibida del jardín de las Hespérides. La cornucopia de Amaltea se había desbordado frente a mí y aprovecharía cada una de sus delicias.

Mi lengua reclamó aquel grandioso posterior al tiempo que mis dedos acariciaban sus perfectas caderas. Un sabor único, celestial, placentero, se apoderó de mi boca. Lo ensalivé por completo, haciéndolo resplandecer como una gigantesca luna llena azulada. La excitada dullahan imploraba que prosiguiera sin detenerme, rogando por más placer. En un irónico giro, la gran e imperecedera juez de la vida y la muerte se encontraba rogando a mí, una mortal, por el regocijo terrenal de la carne. Tanto poder me embriagaba.

Solo necesitaba un último acto para adjudicar mi posesión total sobre la irlandesa. Con ternura, besé todo su cuerpo desde sus glúteos hasta su cuello. Le repetí tantas veces que la amaba hasta que la frase casi perdió el sentido. Ella me correspondía con más gemidos. Una vez que delineé un trayecto de saliva vertical en medio de ella, hice otro de manera horizontal, hasta los costados de su estómago, formando una cruz. Mi cruz de hierro. Ya marcada, solo requería el paso final.

Me dirigí hacia su cadera izquierda y dibujé un círculo salivoso con mi lengua. Entonces, cual vampiro, clavé un par de mis colmillos en su piel. La irlandesa emitió un leve quejido, pero no me detuvo. La incisión no fue muy profunda, pero permitió que una pequeñísima gota de sangre brotara de la minúscula herida. Succioné el rojo líquido, completando el ritual de nuestra especie. Le di la vuelta a la mujer, para encararla. Sus exóticos ojos dorados me observaban con lujuria, deseo y algo de confusión.

– "Ahora eres mía, Lala." – Declaré susurrando. – "Me perteneces para toda la eternidad."

La dullahan respondió sosteniendo mi cabeza en sus manos y guiándola lentamente hasta su glabra feminidad. Sonriendo, me dispuse a degustar tan apetitoso manjar.


NOTAS DEL AUTOR: Bueno, señores; Aquí lo tienen. Después de hacer sufrir sin descanso a la pobre Aria durante veintiún capítulos, supuse que ya era hora de premiarla como merece. ¡Y de qué forma!

Honestamente, la tensión entre esas dos ya no podía continuar por mucho sin que nada sucediera, así que aproveché la confesión de Cetania y el atentado del centro comercial como los detonadores perfectos para empujar a Jaëgersturm a dar el siguiente paso. Además, ya estamos en la recta final de esta historia y era momento de empezar a atar cabos sueltos.

¿Qué viene en el futuro? Bueno, aparte del inminente cambio en la relación entre la arachne y la segadora, no quiero revelar mucho. Solo diré que espero mis ideas les agraden cuando estas lleguen.

En todo caso, ojalá hayan disfrutado este episodio, que yo ciertamente adoré escribirlo. Y no miento; Tanto la escena con los terroristas y el apasionado despliegue de amor entre las chicas fueron terminadas en tiempo récord. Solo dejé que mi imaginación fluyera y el capítulo se creó solo. Eso sí, tuve que moderarme para no ser muy explícito en la parte final. (Aunque, honestamente, esto es Mon Musu. ¿Qué sería del ecchi sin unos cuantos desnudos?)

En fin, los invito a dejar sus opiniones y reseñas, ya saben que estas siempre son bienvenidas. También les informo que he iniciado una encuesta en mi la parte superior de mi perfil donde podrán elegir a su candidata preferida para quedarse con el corazón de nuestra querida arachne. ¡Voten, amigos, que aquí el sufragio sí es efectivo!

Solo me queda desearles unas felices fiestas decembrinas y próspero año nuevo. Nos leemos hasta la próxima. ¡Auf Wiedersehen!

Le obedezco, ama... No volveré a exponer nuestros asuntos privados... Castígueme...