Dragon Ball H.S

Explosión

(Capítulo 021)

Con los primeros rayos del sol apareciendo en el horizonte, una espesa neblina inundando el lugar y con el cuerpo completamente adolorido, Bardock y sus compañeros despiertan a un nuevo día en el planeta "Pandex". La muerte se percibía en el lugar, el aullido del viento llegaba con fantasmales alaridos de dolor, de esos que perduran aun después de que, quien los libera de su garganta ha muerto.

Los cinco Saiyans se desperezaron y miraron alrededor, contemplaron un momento todo el daño y el caos que habían causado en ese pequeño y pacífico planeta, que ahora pasaría a manos de su rey, para después se propiedad del gran Freezer y así, ser vendido a otras especies menos poderosas.

- Bien, vayamos a casa –propuso Bardock, quien era el más adolorido por el pequeño juego de la noche anterior.

Los cinco subieron cada uno a su respectiva nave, todas ellas eran de forma redonda y parecían bastante viejas ya. Cuando todos estuvieron dentro de sus naves, estás comenzaron a zumbar, y la de Pumbukin más que las otras, un brillo azulado las envolvió un segundo antes de que todas salieran disparadas hacia el cielo, a una gran velocidad atravesaron las nubes verdes que presagiaban tormenta, al poco rato, todo a su alrededor era nada más que oscuridad.

- Pumbukin, ¿te encuentras bien? –Preguntó Tooma a su amigo mediante los transmisores de la nave.

- …sí… –contestó él en medio de la estática.

- Pumbukin –terció Bardock, que había escuchado la conversación- Tu transmisión está mal, cuando lleguemos a Vejita, pide inmediatamente que te la reparen.

- De… cuerdo –replicó él.

- ¡Toda su nave está mal! –Replicó Toteppo.

- ¿Por qué lo dices? –preguntó Bardock interesado, la seguridad de sus amigos era muy importante para él, más que cualquier otra cosa.

- ¿Acaso no lo vez? Según los datos que manda a las otras naves… ¡está muerto!

Bardock miró inmediatamente el dispositivo que ellos habían pedido especialmente para sus cinco naves, con éste podían saber a qué distancia se encontraban las otras cuatro naves y la condición del ocupante.

- ¡Diablos! –Maldijo preocupado, Bardock-. Será mejor que nos apresuremos, y en cuanto estemos en el planeta Vejita, destruiremos esa estúpida nave.

Durante el resto del trayecto, Bardock no dejaba de mirar constantemente hacia la nave de Pumbukin por el cristal redondo de la suya. Se preguntaba si estaría bien, pero no quería parecer demasiado preocupado preguntando a cada momento cómo se encontraba por medio de la radio de la nave. Sabía además que esta ya no era muy confiable.

Poco a poco, las cuatro naves adelantaron considerablemente a la de Pumbukin, todos sus compañeros estaban cada vez más preocupados por éste. En repetidas ocasiones, Bardock se preguntó si esa estúpida nave sería capas de llegar en una sola pieza hasta el planeta Vejita, esperaba que esa basura, no se destruyera antes de llegar a su destino para no causar la muerte de su amigo.

- ¡Pumbukin! –Llamó Bardock claramente preocupado, todas las demás naves le llevaban cuando menos 2 minutos de ventaja y esta seguía creciendo- ¿te encuentras bien?

- Sí… -respondió su amigo en medio de la interferencia- no… cupes… juntos.

- ¡Maldita porquería! –Se quejó Bardock-. Tan sólo resiste hasta que lleguemos, ya falta poco.

- No te preocupes, Bardock –animó Tooma- ya casi estamos ahí, llegará, no te preocupes.

- Eso espero, odio esa maldita nave… ¿por qué no la cambiamos antes?

- Estuvimos muy ocupados conquistando planetas –respondió Toteppo.

- ¡Diablos!

- No te desesperes Bardock –dijo Seripa, mientras miraba por la ventana redonda de su nave- ya puedo ver el planeta Vejita.

Bardock miró por el cristal y Seripa tenía razón, una pequeña esfera de color rojo se acercaba a ellos a gran velocidad, haciéndose más y más grande.

- Bien, Pumbukin, resiste un poco más.

Lo que recibió como respuesta esta vez de la nave de su amigo, fue pura estática, en esta ocasión ni un pequeño rastro de la voz de su amigo pudo escuchar. Sin duda, eso no era bueno.

Las cuatro naves que ya adelantaban por mucho a la de Pumbukin, entraron a la atmósfera del planeta Vejita, sin perder el rumbo, se dirigieron directamente a la torre de control del planeta, donde los esperaban cuatro zonas de aterrizaje listas para ellos.

Cómo estaba planeado, las cuatro naves impactaron una tras otra, en las zonas acolchadas dispuestas una para cada nave. Bardock sintió el repentino aterrizaje, con una violenta sacudida de su nave, esperó unos momentos a que la parte exterior de la pequeña capsula esférica se enfriara un momento, para después poder salir sin preocupaciones.

La compuerta de la nave se abrió lentamente con una repentina fuga de oxigeno desde el interior y un potente "Chhss". Rápidamente, Bardock salió de su nave y miró hacía el cielo, esperando ver a su amigo, sus otros compañeros bajaron también de sus naves y lo imitaron, para esperar al último de sus compañeros.

- ¡Bienvenidos! –Los recibió una voz amistosa, ninguno de ellos hizo caso-. ¿En donde se encuentra el soldado Pumbukin? Perdimos su señal hace al menos media hora –lo único que recibió por respuesta fue un gélido silencio, los cuatro Saiyans que habían aterrizado, no dejaban de mirar hacía el cielo, como si esperaran algo, hasta ese momento, se percató de que los otros seguramente esperaban el arribó de su compañero faltante, así que también miró al cielo.

- ¿Por qué demonios tarda tanto? –Preguntó Bardock a nadie en especial.

- Calma, estaba demasiado atrás, ya llegará –respondió Tooma, sin dejar de mirar el cielo.

- ¿Por qué se retrazó? –Preguntó quien los recibía. Nadie se molestó en contestarle.

El tiempo que pasó a continuación, pareció eterno a los cuatro Saiyans, el sujeto que los había recibido comenzaba a aburrirse y soltó un bostezo descaradamente.

- En fin… ya llegará… algún día –dijo y se dio media vuelta para seguir con sus actividades diarias.

- ¡Ahí está! –Gritó con entusiasmo Seripa, señalando al cielo. Sus compañeros y quien los recibía, miraron a la dirección donde ella apuntaba.

La pequeña nave bajaba a una gran velocidad y debido a la gravedad, ésta iba en aumento, además, había aparecido a varios metros de donde se suponía debía de aparecer, lo cual significaba que estaba fuera de rumbo y no aterrizaría en la zona acolchada.

- ¡Se estrellará! –Anunció el encargado como si no fuera obvio ya.

Bardock no lo tomó en cuenta, miraba con horror como la nave de su amigo ganaba velocidad a medida que se acercaba al suelo. Y de pronto, las llamas de la fricción la rodearon. Todas las naves capsulas tenían una protección especial que evitaba que eso sucediera cuando aterrizaran en un planeta. Así se evitaba que los soldados conquistadores sufrieran algún daño antes de la batalla, o que los guerreros lastimados que llegaban, no se lastimaran más.

Las llamas alrededor de la nave de Pumbukin, sólo indicaban las malas condiciones en las que esta re encontraba, era intolerable esa situación, inmediatamente aterrizara, la destruiría él mismo. Bardock tan sólo esperaba que su amigo aterrizara sano y salvo.

Quince minutos después de que Bardock y sus tres amigos aterrizaran, la nave de Pumbukin se dirigía directamente a una parte de la ciudad Saiyan, pero nadie se percató de ello hasta que el recibidor se los hizo saber en un grito lleno de temor.

Al mismo tiempo, todos miraron la ciudad, después la nave y de nuevo la ciudad.

- Oh no… -murmuró Seripa y momentos después, la nave que cargaba a Pumbukin se impactó con uno de los edificios más altos e importantes del planeta Vejita, era ahí donde producían las armaduras para los soldados de clase alta, donde se hacían los rastreadores y además había cientos de cámaras de rehabilitación para los enfermos.

La nave de Pumbukin atravesó el edificio en forma diagonal y siguió su curso para destruir unos cuantos edificios más que había alrededor, impactó contra el suelo, después de atravesar otros tres pequeños edificios, el suelo tembló junto con el impacto de la pequeña esfera, ésta rebotó y golpeó fuertemente otro edificio donde varios Saiyans descasaban por las noches.

El primer edificio, tembló cuando la nave se estrelló contra el suelo y comenzó a desmoronarse. Inmediatamente los gritos aterradores de los Saiyans que se encontraban dentro y eran aplastados por el pesado edificio comenzaron a llenar el aire alrededor. Bardock y sus compañeros, contemplaban la escena junto con el recibidor, el edificio cayó como en cámara lenta, levantando una enorme columna de polvo, lo que dejó en una penumbra estremecedora lo que había debajo de ella.

De los edificios vecinos, los Saiyan comenzaron a salir despavoridos y otros salían para descubrir la razón de aquel estremecimiento. Muchos de los que vieron el edificio colapsarse no esperaron más y levantaron el vuelo para alejarse de aquello. Ahora el primer edificio que golpeó la nave de Pumbukin estaba deshecho, los demás edificios recibieron algunos escombros de éste y terminaron por derrumbarse también.

Pero nada hasta el momento, pudo preparar a los cuatro Saiyans que miraban con horror el espectáculo, ni a los demás que comenzaban recién a verlo.

- ¿No estaba el edificio del combustible cerca de ese? –Preguntó el recibidor. Un escalofrío recorrió la espina de Bardock, haciendo que los cabellos de la nuca se le erizaran. El imbécil ese tenía razón.

- ¡Tenemos que ayudar a Pumbukin! –Gritó Bardock a sus amigos y los cuatro levantaron el vuelo para dirigirse al lugar de donde muchos Saiyans escapaban.

Bardock y los demás se detuvieron al instante, la poderosa explosión se originó donde la nave de su amigo se había quedado, de donde todos sus demás camaradas escapaban. Una inmensa bola de fuego infernal se elevó por los aires provocando una onda expansiva tan furiosa que los edificios más cercanos al lugar se derrumbaron inmediatamente y los que estaban más alejados amenazaron con hacerlo también. La inmensa bola de fuego se elevó al cielo iluminando todo con una luz tan intensa que por unos momentos parecía de día.

Varios cuerpos calcinándose salieron despedidos del lugar mientras el fuego se consumía en el aire y las llamas del suelo se dedicaban a devorar todo a su paso.

Pumbukin no podría salir vivo de esa, pensó Bardock y estaba casi seguro de ello, sin embargo eso no le evito echarse a volar hacía donde su amigo se encontraba. Debía de encontrarlo, no podía permitir que eso le pasara a uno de sus compañeros, apenas la noche anterior se habían divertido como nunca antes, no podía dejar que muriera, no ahora y nunca, no lo permitiría, si era necesario, daría su vida por él, pero no dejaría que Pumbukin muriera.

- ¡Espera Bardock! –Le gritó Tooma y se lanzó tras él, Toteppo y Seripa los siguieron sin pensarlo dos veces. Entre los tres lograron aferrar a Bardock, quien luchaba ferozmente por liberarse de sus tres amigos.

- ¡Espera Bardock, ya vendrán las brigadas de rescate!

- ¡Suéltame!, tengo que ayudarlo, déjame ir… ¡¡¡¡PUMBUKIN!!!!