No había ni una, ni mil palabras, que pudieran expresar cada desagradable sensación que su cuerpo estaba experimentando en aquel momento. No había dejado de temblar desde que terminó la conversación con Niylah, y no supo cómo pudo conducir hasta su casa sin provocar ningún accidente. Había pedido permiso rápidamente para poder salir del trabajo, puesto que se encontraba en mitad de su turno, y puso rumbo a su hogar, donde esperaba todavía encontrar a Niylah allí con su hija y Lexa, al menos así podría hablar con ella e intentar que entrase en razón. Pero no iba a tener esa suerte.
Abrió la puerta, y lo primero que pudo ver fue a Lexa, sentada en el suelo contra uno de los muebles que había en el recibidor, abrazada a sus rodillas y con la cabeza agachada. No tardó ni un segundo en arrodillarse junto a ella, dejando caer su bolso sin apenas importarle, y abrazarla, sintiendo que la morena se aferraba a su cuerpo al instante.
-Lo siento, lo siento… -oyó que murmuraba entre sollozos.
-Lexa, no es tu culpa -le aseguró, cogiendo su cara entre sus manos y haciendo que le mirase a los ojos- Niylah nos está haciendo la vida imposible, pero nada de esto es tu culpa.
-Sí lo es, Clarke -le dijo, al mismo tiempo que la apartaba levemente para poder levantarse-. Si yo no hubiese aparecido en vuestras vidas, Alycia ahora no estaría en peligro.
-No digas eso -agarró sus manos entre las suyas, y miró en esos ojos verdes acuosos-, no es tu culpa en absoluto, Lexa.
-Pero así me siento yo -se encogió de hombros y se llevó las manos a la cara, intentando disipar aquella culpabilidad que la estaba destruyendo por dentro.
-¿Qué ha pasado, Lex? -preguntó finalmente, acercándose de nuevo a la morena.
-Estaba con Alycia y de repente Niylah ha venido, y he estado a punto de cerrarle la puerta en la cara, pero… -se le escapó un sollozo y enseguida Clarke la rodeó con sus brazos- Pero llevaba una pistola y me estaba apuntando y, Dios, tenía miedo de que pudiese herir a Alycia -murmuró contra el cuello de la rubia.
-Lo has hecho bien, Lexa -quiso que supiera, y volvió a agarrar sus mejillas, haciendo que sus miradas se conectaran-. Ahora tenemos que encontrarlas, ¿Niylah te dijo algo?
-Me dijo que tú sabrías adónde iría.
Clarke se quedó pensando unos segundos, y su mente voló a muchos años atrás, cuando solía acostarse sobre el pecho de la castaña y ésta le acariciaba el pelo, estando ambas sobre la fría madera. Por supuesto que tenía que ser aquel sitio.
-Vámonos, no hay tiempo que perder -le dijo a Lexa, cogiendo su mano para salir de su casa e ir en busca de su hija, pero sintió que la morena se resistía-. ¿Lexa? ¿Qué ocurre, cariño?
-No voy a ir, Clarke.
-¿Qué? -se quedó estática, mirando la cabeza agachada de Lexa, que parecía ni atreverse a mirarle a los ojos.
-Clarke, ya has oído a Niylah -levantó ahora la vista, encontrándose con los ojos azules de Clarke que ahora la miraban con dolor-. Si quieres volver a ver a Alycia, yo he de irme. Yo he causado esto, y no voy a permitir que le pase nada a tu hija por mí, así que me voy.
-Lexa, no -dio un par de pasos hacia delante, volviendo a agarrar sus manos, acariciándolas con el pulgar-. No voy a permitir que Niylah me quite toda la felicidad que tengo. Tú y Alycia sois mi familia, no puedes irte. Iremos a por Alycia, avisaremos a la policía, y…
-Clarke, no puedo permitir eso -Lexa besó la frente de Clarke, que había empezado a temblar y de sus ojos comenzaban a caer algunas lágrimas- Te quiero más de lo que te puedas imaginar, y tú y Alycia sois lo mejor que me ha pasado nunca, pero por eso mismo no voy a ponerla en peligro. Tengo que irme y estar lejos de vosotras para que estéis a salvo.
-Lexa, no puedo hacer esto sin ti… -confesó con la voz totalmente rota.
-Puedes y lo vas a hacer, Clarke -sus manos limpiaron las lágrimas que caían sin cesar por sus mejillas-. Alycia va a estar bien, y tú también. Y por mucho que me duela, tengo que estar lejos de vosotras.
No podía creer cada palabra que salía por su boca, ni el daño que cada una de ellas estaba causando en su interior. ¿Tenía que perder a lo mejor que tenía en su vida, después de su hija? Apenas habían comenzado a disfrutar de su vida juntas, de su vida en familia, y todo se iba a desvanecer por culpa de Niylah. Por culpa de alguien que no había sabido comportarse con su hija como era debido, y que había perdido el control de su vida.
Apartó a la castaña de su mente por unos segundos y se dejó llevar por el abrazo que le regalaban los brazos de Lexa en ese momento, sintiendo la calidez de su cuerpo y la dulzura y el cariño que le transmitía con ese gesto. Hundió su cara en el hueco de su cuello, aspirando por última vez el aroma que desprendía y besando suavemente su piel, intentando quedarse con el recuerdo, porque era la última vez.
-Nunca te olvides de mí, ni de esto que hemos tenido, por favor -le suplicó Lexa, cuando se separaron y se miraron a los ojos una última vez.
-No podría hacerlo -le aseguró-. Alycia te va a echar tanto de menos… Yo te voy a echar tanto de menos…
-Siempre estaré contigo -besó su frente de nuevo, y a continuación sus labios, antes de separarse completamente de ella e ir al comedor, donde tenía preparada una gran bolsa con algo de equipaje que le había dado tiempo a recoger, para luego salir de aquella casa, que se había convertido en su hogar, dejando atrás a la mujer que le había robado el corazón por completo.
Llegó tan rápido como pudo, tocando el timbre repetidamente, rezando para que al menos Anya estuviera en aquel momento en su piso. Necesitaba hablar con ella antes de irse, porque sabía que no se lo perdonaría si no fuera así. La puerta se abrió a los pocos segundos, dejando ver a su amiga, que se mostraba algo confundida por su repentina visita.
-¿Lexa? -frunció el ceño, y se fijó en la cara de la morena- ¿Qué ocurre?
-Pasemos dentro -dijo, entrando en el piso y dejando que Anya cerrase la puerta detrás de ella, antes de girarse para hablar frente a frente-. Anya, algo ha ocurrido con Clarke, y Niylah, y tengo que irme.
-¿Irte? ¿Adónde? -inquirió la chica, cada vez más confusa.
-A casa, An, me vuelvo a Cleveland.
-Lex… ¿qué es lo que ha pasado? -se acercó a la morena, acariciando sus brazos con suavidad, intentando calmar el notable temblor que se podía apreciar por todo su cuerpo.
-Esa… esa hija de puta de Niylah -comenzó a decir, intentando controlar las lágrimas que se acumulaban en sus ojos-, se ha llevado a Alycia a punta de pistola, Anya, y no he podido hacer nada para evitarlo y ha amenazado a Clarke con que nunca volverá a ver a la niña si yo no me voy.
Anya la envolvió en un abrazo, como siempre había hecho desde que tenía memoria cuando tenía algún problema o algo le preocupaba. Su amiga siempre había estado ahí, y entre ella y Luna le habían demostrado que era alguien importante para los demás, y le habían dado fuerzas en los momentos que a ella le faltaban, así que se dejó transportar a su niñez mientras buscaba aquel calor tan familiar y reconfortante entre los brazos de su amiga.
-Me voy ya, Anya.
-Lexa, espérate, tal vez se pueda encontrar alguna solución… deberíais llamar a la policía -propuso la chica.
-No podemos hacer eso, nos arriesgamos a que Niylah pierda aún más la cabeza y le haga algo a Alycia -explicó-. Y no puedo quedarme más tiempo, irónicamente, creo que cuanto más lejos esté, más sentiré que Clarke y la niña están a salvo.
-¿Y qué vas a hacer? ¿Ir al aeropuerto sin más? -Anya se llevó las manos a la cara, echándose el pelo hacia atrás- Lexa, piénsalo bien, puedes quedarte aquí y…
-No, Anya -se negó- Dile a Lincoln que siento haberme ido así, pero ya os llamaré cuando llegue a Ohio.
Volvió a abrazar a su amiga, que, pese a haberle pedido varias veces que lo pensase bien, aceptó que quisiera irse. Tal vez fuera algo precipitado, pero la culpa y la angustia invadían todo su ser, y tal vez ese fuera el único modo de calmar aquellos sentimientos, aunque fuese en una mínima parte.
Se despidió de Anya y salió de allí, cogiendo un taxi que la llevase al aeropuerto, donde compraría un billete para el primer vuelo que saliese con dirección a Ohio. Se dejó caer en el asiento, y miró por la ventana cómo pasaban ante ella los edificios típicos de Londres, aquellos que ya no volvería a ver. Pensó en todas esas tardes que había compartido con Clarke y Alycia recorriendo aquella magnífica ciudad mientras disfrutaban de un tiempo que, en aquellos momentos, parecía no ir a agotarse nunca, pero que corría a contrarreloj aunque ellas no lo supiesen por aquel entonces.
Su mente volvió a su último encuentro con Clarke, tal vez una o dos horas atrás, y cómo le había dicho que no podría enfrentarse a Niylah sin ella. Sabía que sí podía, Clarke era una persona fuerte e independiente, y lo había demostrado, solo había que ver cómo educaba a Alycia, y cómo trabajaba de duro para asegurarle un futuro a su hija. Pero sabía que, aunque esto fuera cierto, no podía dejar que fuese hasta aquel sitio sin que nadie lo supiese, así que rápidamente, cogió su móvil y buscó un número entre sus contactos, marcando el botón de llamada a continuación.
-¿Lexa? -oyó enseguida aquella voz familiar.
-Octavia, escúchame, ha ocurrido algo con Niylah. Tenéis que estar alerta por Clarke, yo no puedo hacerlo -dijo rápidamente en voz baja, intentando no llamar la atención del conductor.
-¿De qué hablas Lexa? ¿Qué ha pasado? -la voz de la morena sonó de pronto muy preocupada.
-Ha venido antes a casa, apuntándome con una pistola y se ha llevado a Alycia, y no va a devolvérsela a Clarke si yo no me voy, así que…
-Te vas -completó la frase por ella.
-Sí, pero no podía dejar que fuese a buscarla sin más, sin que nadie lo supiese.
-Has hecho bien, Lex -le concedió- ¿Dónde se supone que tiene Niylah a Alycia? Joder, espero que no sea muy tarde y que no haya pasado nada.
-Solo sé que Niylah me dijo que Clarke sabría dónde estaría -contestó- Por favor, Octavia, no dejéis que pase por esto sola -le pidió.
-No vamos a dejar que eso ocurra, te lo prometo -escuchó cómo habla con alguien de fondo, supuso que era Raven-. Creemos saber cuál es el lugar, así que vamos para allá de inmediato.
-Tened cuidado, por favor.
-Lo tendremos, Lexa -le aseguró-. Gracias por todo, odio que esté pasando todo esto, pero quiero que sepas que Clarke tuvo mucha suerte en conocer a alguien como tú.
-Yo no estoy tan segura de eso -dijo, observando por la ventana que ya estaban llegando al aeropuerto-. No te entretengo más, O, infórmame cuando todo acabe.
-Lo haré, Lexa, buena suerte.
Colgó la llamada, y suspiró con fuerza justo antes de que el taxi parase frente a una de las puertas de la terminal. Bajó del coche y, tras coger su bolsa con las pertenencias que había podido empaquetar, se adentró en el edificio, sin querer mirar lo que dejaba atrás, repitiendo en su cabeza, como si de un mantra se tratase, que era lo mejor que podía hacer.
Conducía de forma rápida, pero intentando mantener la prudencia, si es que eso era posible en un momento como aquel. Trataba de que lo que había pasado con Lexa en su casa tan solo unos minutos atrás no le afectase demasiado, porque en esos momentos necesitaba concentrarse por Alycia. Ese era su único objetivo en ese momento: recuperar a su hija sana y salva.
No tenía ni idea de en qué momento Niylah se había convertido en la persona que mostraba ser mediante esos actos que nada tenían que ver con la mujer de la que en algún momento estuvo enamorada. ¿El tiempo la había cambiado o simplemente había hecho que revelase su verdadera identidad?
Conocía perfectamente y con exactitud el sitio donde Niylah se encontraría. Aquel sitio que una vez ambas lo habían considerado propio, una pequeña cabaña en Croydon, al sureste de las afueras de Londres, que estaba abandonada y muchas veces, en los primeros años de su relación, se habían escabullido hasta allí para poder pasar tiempo a solas. Solo ellas dos, además de Raven y Octavia, porque compartieron el secreto con ellas por si alguna vez querían hacer uso de él, conocían de su existencia, y era un sitio bastante aislado como para no levantar sospechas si una demente llegaba allí un día cualquiera junto a una niña y una pistola.
Conforme los minutos iban pasando y se encontraba más cerca de su destino, los nervios se iban apoderando de ella, haciendo que le costara cada vez más respirar, e incluso que sintiera unas horribles nauseas en su estómago que amenazaban con hacerla vomitar en cualquier instante. Aún se pensaba que todo aquello era parte de una larga y agonizante pesadilla, pero que pronto despertaría de ella, entre los brazos de Lexa y con los gritos de alegría de Alycia por toda la casa. Qué ilusa era.
Aparcó el coche a una distancia considerable de la cabaña, y bajó de él, divisando el de Niylah a unos cuantos metros del suyo. Respiró con alivio, al menos tenía, ahora sí, la certeza absoluta de que se encontraban allí. Caminó de forma lenta, intentando prepararse para lo que fuera que le esperaba al otro lado de aquella puerta. Lo único que pedía es que Alycia estuviera bien, eso era todo.
No hizo falta ni que golpease la puerta que estaba casi cayéndose a pedazos, ésta se abrió, dejando ver a su ex mujer con un aspecto muy desmejorado y una mirada que le heló la sangre. ¿Cómo había llegado a esta situación? Paró su avance unos segundos cuando descubrió que seguía armada como Lexa le había dicho en su casa. La castaña le hizo un gesto para que siguiese adelante y se adentrase en la cabaña, clavando sus ojos en ella, y, cogiendo aire profundamente, le hizo caso.
Observó que todo estaba como ella recordaba: había algunos muebles abandonados, posicionados de la misma forma que años atrás; la madera, aunque algo más envejecida, continuaba teniendo ese tono rojizo que por aquel entonces le parecía encantador. Pero ya no quedaba nada de aquel sentimiento. Lo que era amor, ahora se había convertido en resentimiento; y aquel lugar, que algún día fue testigo de lo que ambas compartían, hoy era cómplice del secuestro de su hija.
-Has sido inteligente, Clarke -comentó Niylah, mientras ella pasaba por su lado, y, sin hacer caso de lo que le decía, se apresuró a llegar rápidamente al fondo de la habitación, donde se encontraba Alycia en un viejo sofá, arropada con una manta y dormida.
-Alycia, cariño -murmuró entre lágrimas, cogiendo a su hija entre sus brazos y dándole un beso en la frente.
-Mami… -dijo la pequeña, abriendo los ojos- has venido.
-Claro que sí, mi amor -la apretó con más fuerza contra ella, sintiendo cómo se acurrucaba en su pecho-, nos vamos a ir a casa.
-¿Y Lexa?
-Oh, Dios -escuchó exclamar a Niylah- ¿Es que no sabe hablar de otra cosa? Esa niñata le ha comido la cabeza.
En cuanto oyó sus palabras, dejó a su hija en aquel sillón una vez más y se levantó dándose la vuelta para encararla, sintiendo cómo la rabia y la furia iban aumentando en su interior. No se iba a dejar intimidar por la pistola que seguía sosteniendo, tenía que enfrentarse a ella.
-¿Qué es lo que te ha pasado, Niylah? -le dijo de forma dura, casi chillando- ¿En qué momento dejaste de ser la increíble chica de la que me enamoré en la universidad para convertirte en este deshecho humano?
-Tú no lo entiendes, Clarke -respondió, pasándose una mano por la cara, secándose el visible sudor que cubría su rostro, pese a estar en los últimos días del invierno.
-¿El qué no entiendo? ¿Que has acabado secuestrando a nuestra hija no una, sino dos veces porque las cosas no son como tú quieres? -Clarke se acercó a ella y alzó la voz- Si tú no has luchado por mí y por tu hija cuando tuviste la oportunidad, no quieras hacerlo ahora por la fuerza, Niylah.
-¿Y qué se supone que he de hacer? ¿Dejar que esa cría se quede con mi familia? -Niylah recortó la distancia que había entre ella y Clarke y sujetó su mejilla con una mano, haciendo que la rubia girase la cara, pero dejó de resistirse cuando notó la punta de la pistola contra su estómago-. Clarke, sabes que siempre hemos sido tú, yo, y nuestra pequeña. Volvamos a eso, volvamos a estar juntas -susurró acercando su rostro.
-No -dijo firmemente, empujándola, y provocando que chocase contra un mueble obsoleto que allí se encontraba, dándose un gran golpe en la cadera-. Habrás hecho que pierda a una persona increíble como es Lexa, pero no te voy a permitir que me obligues a estar contigo, Niylah.
-Clarke, no me obligues a hacer algo que no quiero -advirtió, apuntándola con el arma una vez más mientras que con la otra mano se frotaba la zona golpeada.
-Dispárame si es eso lo que quieres, Niylah -la retó-, pero no te pienses que quedarás libre, ni que no te atraparán, porque lo harán.
-Mami -oyó a Alycia sollozar, acercándose a ella- ¿nos vamos ya a casa?
-Cariño -la abrazó, cogiéndola en brazos y besando su cabeza-, nos iremos pronto, ¿verdad, Niylah?
-Todo depende de ti, Clarke -le dijo, y se volvió a acercar, con la intención de tocar a Alycia, pero Clarke se puso de lado, impidiéndoselo- Te prometo que todo volverá a ser como era.
-¡No! -Chilló, con más fuerza que antes-. No voy a volver contigo, no voy a dejar que toques a mi hija ni que nos manipules. Yo no me voy a someter, Niylah.
-¡Eres una zorra! -Exclamó Niylah, volviendo a apuntar a Clarke, con la mano temblorosa y la mandíbula apretada- Ya te puedes ir despidiendo, Clarke. Ya te lo dije antes: si no eres mía, no eres de nadie.
Clarke cogió aire, y miró a los ojos de Niylah, que estaban teñidos de rabia y dolor al mismo tiempo. ¿Iba a dispararle de verdad? ¿Iba a ser ese su último momento de vida, mientras sujetaba a su pequeña hija entre sus brazos? Sintió las lágrimas acumulándose en sus ojos y los cerró, reviviendo en su mente los últimos momentos felices que había vivido junto a Alycia y Lexa. Todo aquello le parecía tan lejano en aquel momento…
De repente, oyó un rugido en el exterior, parecido al de un coche acercándose a toda prisa, y abrió los ojos, viendo cómo Niylah miraba a su alrededor, antes de dirigirse a una de las ventanas de la cabaña, las cuales estaban cubiertas con tablones de madera, pero se podía ver a través de ellas por unas pequeñas rendijas que había. Rezó internamente para que alguien estuviera yendo a rescatarlas. Ese no podía ser el fin, simplemente no podía serlo.
-¿Qué coño? -exclamó Niylah, volviéndose para enfrentarla- ¿A quién le has dicho que venías aquí?
-A nadie -y es que era la pura verdad, a nadie le había dicho adónde iba.
-Maldita mentirosa -se acercó a ella, apuntando a su cabeza con la pistola, y mirándola fijamente a los ojos, mientras la pequeña Alycia se encontraba entre ambas, con la cara hundida en el cuello de su madre, sin querer presenciar lo que estaba sucediendo.
Su mirada se desvió hacia la mano de Niylah, que apretaba la pistola con fuerza, y su dedo índice, reposando sobre el gatillo. El tiempo se les agotaba a las dos. Niylah dispararía y acabaría con ella, pero estaba segura que no podría escapar de quien fuese que estuviera fuera de la cabaña. Alzó la vista de nuevo, observando el rostro de la castaña, y vio cómo se derrumbaba poco a poco.
-¡Joder! -Exclamó, llevándose las dos manos a la cara, frustrada, y dándose la vuelta- ¡Mierda! -Tiró la pistola al suelo con fuerza, y luego dio unas vueltas sobre sí misma, sopesando qué hacer.
No podía hacerlo. Una pequeña chispa de alivio recorrió el cuerpo de Clarke, porque sabía que Niylah no era capaz de apretar ese gatillo y matarla. Y es que, a pesar de todo, todos esos años compartidos habían podido con aquella Niylah tan consumida. Vio que la miraba unos segundos y que luego miraba a Alycia, que seguía acurrucada contra ella. Lo que no esperó es que, de un momento a otro y como un rayo, Niylah saliese de la cabaña, dejándolas a ella y a Alycia completamente solas allí.
No se movió, se quedó estática esperando escuchar algo de movimiento fuera, y los segundos empezaron a parecer horas. Abrazó el pequeño cuerpo de Alycia con más fuerza, y besó su cabeza, balanceándose suavemente hacia los lados.
-¡No corras, maldita cobarde! -escuchó una voz familiar desde fuera. No podía ser, no podían estar allí…
Un disparo hizo que se le parase el corazón, y a continuación escuchó tres o cuatro más. No sabía de dónde venían, ni mucho menos a quién iban dirigidos, y la ansiedad de saber quién los había recibido la comía por dentro.
-¡Raven! -escuchó otra voz que conocía perfectamente- No, joder, no -podía percibir los sollozos, y su cuerpo entero se tensó.
A continuación, la puerta de la cabaña se abrió, y un hombre armado que parecía de la policía se acercó a ella, cogiéndola con cuidado y llevándolas a ella y a Alycia hasta el exterior. Enseguida divisó dos coches de policía y el de sus amigas, y en cuanto giró la cabeza hacia la derecha, enfocó a Raven tirada en el suelo, con Octavia a su lado, y el cuerpo de Niylah algo más alejado, con un charco de sangre que iba haciéndose cada vez más grande.
-Mami… -oyó la voz temblorosa de Alycia, y dejó un beso sobre su pelo.
-Ya ha pasado todo, cariño, nos vamos a casa -murmuró contra su cabeza.
Al momento, dos ambulancias aparecieron en el lugar y enseguida fueron a atender a Raven, que se movía algo inquieta en el suelo, y taparon el cuerpo de Niylah. Clarke no pudo evitar la punzada de dolor que sintió al ver aquella imagen, a pesar de todo.
-¡Clarke! -Octavia fue hacia ella, abrazándola automáticamente, y cogiendo a Alycia entre sus brazos- Dios, no sabéis lo mal que lo hemos pasado, creía que…
-Estamos bien, O -le aseguró- ¿Y Raven?
-Niylah le ha disparado, pero le ha dado en el hombro, y los policías no han tenido más remedio que dispararle a ella -le explicó, y luego miró a Alycia- Mi pequeña campeona, eres muy valiente, princesa. Tía Raven y yo te vamos a dar todas las chuches del mundo -le dijo con voz cariñosa, arrancando una sonrisa de la pequeña, que contagió a Clarke.
-O -la llamó- ¿Cómo sabíais que estaríamos aquí?
-Lexa -le dijo- Nos llamó antes de irse. Pensábamos venir simplemente nosotras dos, pero decidimos en el último momento llamar a la policía, y menos mal que lo hicimos.
El alivio que sentía en esos momentos se esfumó por completo al escuchar las palabras de su amiga. Lexa se había ido de verdad. Había esperado que simplemente se fuera a casa de Anya y Lincoln, pero se había ido tal y como le prometió. Sus súplicas y sus palabras no habían servido de nada, y no pudo evitar que algunas lágrimas se derramasen por su rostro.
-Clarke, volverá -le aseguró Octavia, a lo que ella le sonrió forzadamente, porque estaba casi convencida de que no sería así.
Unos segundos después, el agente les pidió que le acompañasen y se dirigieron hasta uno de los coches cuando las ambulancias ya se habían ido. Se sentó en el asiento trasero del coche de policía, con Alycia encima de ella y suspiró profundamente, porque, al menos, aquello ya había pasado.
Hola, una vez más.
Espero que os haya gustado este capítulo, o tal vez no, pero era algo que tenía pensado desde hace tiempo, y por donde la historia ella solita ha decidido tirar, así que poco podía hacer yo al respecto.
Miremos el lado positivo, ya no va a haber más Niylah para fastidiar (RIP), aunque ahora... ¿hay algo para fastidiar?
¿Qué pasará ahora con nuestras protagonistas? ¿Se reencontrarán?
Teorías y opiniones.
Nos vemos en el próximo capítulo.
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