Los personajes de Candy Candy pertenecen a sus autoras Mizuki e Igarashi. Esta historia es de mi autoría como todas las que he escrito y lo hago sin fines de lucro, solo por entretención.
CAPITULO XXI
Sospechas
Esa noche Albert no pudo dormir, se la pasó pensando en el niño que había conocido. No podía sacárselo de su mente, imaginándose que era su hijo. Tenía más menos su misma edad y se llamaba Anthony, se parecía tanto a su sobrino, como si ese pequeño llevara la sangre de los Andrew. Por otro lado había sentido algo tan especial cuando lo conoció, como si entre ese niño y el existiera un lazo muy fuerte que no se podía explicar.
A la mañana siguiente Albert se fue temprano al pueblo, donde compró regalos y dulces para llevarle a los niños del hogar y por supuesto a Anthony. Necesitaba verlo otra vez y averiguar más sobre aquel niño que lo tenía muy intrigado.
En uno de sus lujosos automóviles, Albert llegó al hogar de Pony, en compañía del chofer que le ayudó a bajar los regalos.
La señorita Pony y la hermana María no hayaban donde meterse cuando lo vieron llegar. La tarde anterior, Tom cuando fue a dejar a Anthony, les contó que Albert y el pequeño se habían conocido. Esa situación las dejo preocupada sintiendo que Albert podría haber descubierto la verdad.
Sin tener otra alternativa ambas mujeres decidieron salir a recibir a Albert, dispuesta a enfrentar lo que se venía.
—Señor Andrew que sorpresa tenerlo aquí –lo saludó la señorita Pony disimulando su nerviosismo.
—Vine a traerle unos presente a los niños –respondió Albert.
—No se debió molestar…
—No es ninguna molestia señorita Pony.
—Usted siempre tan generoso con el hogar –comentó la hermana María dándose cuenta que Albert no venía por lo de su hijo.
—Ustedes saben que le tengo mucho cariño al hogar de Pony. ¿Y ustedes como han estado?
—Bien señor Andrew –contestó la señorita Pony más aliviada.
—¿Y los niños? Quiero entregarles los regalos.
—Entremos para que se los entregue.
Albert junto a su chofer entraron al interior del hogar, donde les comenzó a entregar los regalos a los niños. Al ver a Anthony él se acercó al niño y se lo entregó.
—Toma Anthony, este es para ti –le dijo pasándole el regalo.
—Gracias…-contestó el pequeño tímidamente.
—Albert, puedes decirme así.
—Gracias Albert…-dijo el niño abriendo el regalo que era una hermosa pelota –¡Esta bonita!
—¿Te gusto la pelota?
—Sí, me gustan mucho las pelotas.
La señorita Pony y la hermana María se miraron con mucha emoción al ver a Albert y su hijo juntos. Ambas desearon en ese momento decirles la verdad a Albert, después de todo él tenía todo el derecho de conocer a su hijo, pero eso le correspondía decírselo solo a Candy.
—Bueno ya tengo que irme –dijo Albert.
—Niños denle la gracias al señor Andrew por los regalos –le dijo la hermana María.
—Gracias señor Andrew –dijeron los niños en coro.
Albert los miró con una sonrisa.
—De nada niños…
—Lo acompaño a la salida –le indicó la señorita Pony.
Ambos llegaron hasta donde estaba el automóvil donde el rubio había llegado.
—Gracias nuevamente por los regalos señor Andrew.
—Es un placer darle un poco de alegría a los niños –sonrió Albert –Sabe quiero hacerle una pregunta señorita Pony.
—¿Sobre qué señor Andrew?
—Es sobre el niño llamado Anthony.
La señorita Pony tragó seco.
—¿Que sucede con él?
—¿Quién es la madre del niño? Él me dijo que su mamá lo dejo aquí –preguntó Albert intrigado por saber.
—Bueno…señor Andrew yo lo siento mucho, pero no puedo darle ninguna información sobre la madre de Anthony, y de ningún otro niño, eso es privado. Me entiende ¿verdad?
—Sí, comprendo…Bueno hasta pronto señorita Pony.
—Hasta pronto señor Andrew –dijo la señorita Pony sintiendo que Albert tenía alguna sospecha que el pequeño Anthony era su hijo.
…
En Chicago Candy se encontraba en la habitación de su abuelo. Él había amanecido un poco refriado, así que la rubia le pidió que no se levantara. Como buena enfermera le dio los medicamentos y mandó a una de las sirvientas que le preparara una rica sopa de pollo, para que su querido abuelo se sintiera mejor.
—Candy puedo comer solo, no soy un niño –se quejó el anciano.
—Jajajaja lo se abuelo, pero déjame darte la sopa.
—Está bien, siempre consintiéndome.
—Es para que te recuperes pronto.
—Sí, tengo que estar bien, la próxima semana es la fiesta de compromiso de Sally.
—No lo sabía abuelo.
—Me lo conto Fabiola.
—Entonces Sally sigue con la idea de casarse con Niel –comentó Candy preocupada.
—Si mi querida nieta, yo trate el otro dia de hablar con ella, pero no pude convencerla. Su decisión está tomada de casarse con Neil.
—No me resigno abuelo, no quiero ver a mi prima casada con Neil, ella no lo ama.
—Un matrimonio sin amor no funciona. Pobre de mi nieta –suspiró el anciano con tristeza.
—Si abuelo…-dijo Candy pensando en la propuesta de Erick –Por eso yo rechace al señor McDonald.
—Me habría gustado que te hubieras dado una nueva oportunidad con Erick, pero mientras sigas amando a William no puedes pensar en casarte con otro hombre.
—Así es abuelo, amo a Albert…aunque entre nosotros ya no hay ninguna posibilidad.
Una sirvienta entro al cuarto.
—Permiso señor Edwards, señorita Candy tiene visitas –le anunció.
—¿Quiénes son? –preguntó la rubia, sin imaginarse quienes podrían ser.
—Unos amigos suyos de la infancia.
—¡No puede ser deben ser ellos! –exclamó Candy con sus ojos iluminados –Voy enseguida a residirlos. Abuelo regreso después.
—Ve mi querida nieta a saludar a tus amigos.
Candy con el corazón acelerado bajó a la planta baja de la mansión, encontrándose con sus queridos amigos de toda la vida. Esos amigos que a pesar del tiempo y la distancia siempre han estado presente en su corazón.
—Archie, Annie, Stear y Patty que alegría de verlos –les dijo corriendo hasta ellos para abrazarlos.
—¡Oh gatita gracias a Dios regresaste! –exclamó Archie.
—No te imaginas como te extrañamos –añadió Annie al borde de las lágrimas.
—Y yo a ustedes –sollozó Candy –Perdóneme por haberme ido sin despedirme de ustedes.
—Tranquila amiga, nosotros te entendemos –le dijo Patty tomándole una mano.
—Lo importante que ahora estas aquí con nosotros nuevamente –intervino Stear –Apenas supimos de tu regreso decidimos venir a visitarte.
—Albert se los contó, él me dijo que ustedes estaban en Florida.
—No fue la tía abuela, tio Albert está en Lakewood.
—¡Albert está en Lakewood! –expresó Candy asustada.
—Si fue a resolver un asunto.
Candy no dejo de sentir una angustia en su corazón al pensar que Albert estaba en Lakewood, cerca del hogar de Pony y de su hijo.
—¿Candy que te ocurre? –le preguntó Annie.
—Nada, estoy feliz de volver a verlos. Es verdad Annie que tuviste una bebé y que Stear y Patty se casaron.
—Si amiga todo eso es verdad -respondió Annie –Mi bebé esta preciosa. Candy nosotros sentimos mucho lo que pasó con tu hijo.
—Annie yo…-dijo Candy que se sentía mal por aquella mentira.
—Tranquila gatita, no vamos a tocar ese tema tan triste para ti –le dijo Archie.
—Cuando regrese tio Albert tenemos que hacer una gran fiesta para celebrar tu regreso –sugirió Stear con entusiasmo.
—No creo que Albert este de acuerdo.
—No digas eso Candy, él te quiere mucho. No sabes todo lo que sufrió cuando tú te fuiste.
—Pero si fue lo mejor para él, ahora está feliz con Samantha.
Todos se miraron confundidos.
—Candy tu estas equivocada tio Albert no está con Samantha –le aclaró Archie.
—Por favor Archie no me mientas, yo los he visto juntos. No tienen para que ocultar que Albert se casó con Samantha.
—¿Candy de donde sacaste eso? –le preguntó Patty –Tio Albert nunca se ha casado con Samantha.
—No…
—No, como se va casar con ella si todavía sigue casado contigo.
—¡Están seguros de lo que están diciendo!
—Por supuesto Candy –le confirmó Stear –Tio Albert nunca se divorció de ti.
—¡Entonces sigo casada con Albert! –exclamó la rubia asombrada.
—Claro sigues siendo la señora Andrew. Eso significa que entre tú y tio Albert todavía queda una luz de esperanza para ustedes.
Los ojos de la rubia se iluminaron intensamente, sintiendo una gran felicidad en su corazón. Ella seguía siendo la esposa de Albert, eso significaba que él nunca la olvidó. Sin embargo lo de Samantha la tenía muy confundida, ella en dos ocasiones lo había visto juntos, como si tuvieran una relación amorosa, pero si entre ellos no había nada y todo aquello había sido productos de sus celos hacia Samantha. Eso significaba como le decía Stear que había un rayo de esperanza para ellos.
…
Dos días después Candy tomó su maleta y decidió viajar al hogar de Pony. Su abuelo estaba más recuperado del refriado, así que viajó tranquilamente para ver a su pequeño y también a Albert para aclarar todo con él. Pero lo de su prima la tenía inquieta, así que como veía que no había manera de convencerla para que terminara con Neil, tendría que recurrir a otra cosa. Tal vez era lo menos indicado para salvar a su prima, pero era el único recurso que le quedaba para que ese matrimonio no se realizara.
—Candy eres tu –le preguntó Terry incrédulo al verla parada en el lumbral de la puerta de su camarín.
—Si soy yo –respondió ella con una sonrisa –¿No me vas a dar un abrazo?
—¡Oh claro que si pecosa!
Terry caminó hasta ella y le dio un fuerte abrazo.
—¿Cuándo regresaste pecosa?
—Hace poco –contestó ella rompiendo el abrazo –¿Tu cómo has estado?
—Bien…
—He sabido que tu carrera de actor cada dia va mejor.
—Sí, eso me tiene muy contento. ¿Y tú pecosa donde estuviste todo este tiempo? ¿Tuviste a tu hijo?
—Estuve viviendo en Francia con mi abuelo y con respecto a mi hijo, nació bien y ahora es un hermoso niño de cuatro años.
—¿Albert lo conoce?
—No, tuve que mentirle y creo que no hice bien –dijo Candy arrepentida de eso - Pero ese es otro asunto que tengo que resolver. Ahora vine a verte porque hay algo que tengo que contarte sobre mi prima Sally.
—¿Que le paso a Sally? –preguntó Terry preocupado.
—Ella va a casarse con Neil.
—¡Con Niel Legan!
—Si con el mismo. Hace tiempo que son novios y ahora pronto se van a comprometer en matrimonio. Yo por eso tuve que regresar a Chicago, no podía permitir que mi prima arruine su vida al lado de Niel. Pero ella está empeñada en casarse a pesar que todavía sigue enamorada de ti.
—¡Sally me sigue amando! –expresó Terry asombrado.
—Si ella te ama, si va casarse con Niel es para olvidarte y por su madre que la está obligando.
—Me siento tan culpable por lo que está pasando Sally, yo nunca debí utilizarla para acercarme a ti –dijo Terry sintiéndose culpable –No puedo permitir que ella se case con Niel.
—¿Vas hacer algo por ella?
—Sí, tranquila pecosa, yo voy a impedir esa boda.
—Gracias Terry.
—Es lo menos que puedo hacer después de todo el daño que te hice. Por mi culpa tuviste que dejar a Albert.
Ella suspiró.
—Eso es parte del pasado Terry, yo también cometí errores y bueno lo importante que ahora regresé y que quizás las cosas pueden cambiar.
—Eso me aria muy feliz pecosa, tu mejor que nadie merece ser feliz.
—Y lo soy Terry –le sonrió ella.
—Candy hay algo importante que tienes que saber.
—¿Sobre qué Terry?
—Es sobre tu tía Fabiola ella y yo nos aliemos para que yo te llevara conmigo. Sé que hice muy mal, pero en ese entonces estaba tan desesperado por recuperarte que acepte la propuesta que ella me hiso. Esa mujer es peligrosa tienes que cuidarte mucho de ella.
—Oh Terry como fuiste capaz, pero bueno gracias por decírmelo. Y no te preocupes por mi tía se la clase de persona que es. Ya tengo que irme, viajo al hogar de Pony.
—Que tengas buen viaje pecosa.
—Gracias Terry y ojalá puedas hacer algo por mi prima.
—Te prometo que haré todo lo posible por salvar a Sally de ese matrimonio –dijo Terry esperando que fuera así.
…
En la residencia McDonald, Erick residía una visita en la biblioteca. Una visita que estaba dispuesta ayudarlo a conseguir a la mujer que tanto quería. Esa visita era Fabiola, la tía de Candy. Fabiola a toda costa quería destruir a su sobrina, ya que por Neil se había enterado, que Candy lo había amenazado para que no se casara con Sally. Fabiola estaba sintiendo que su sobrina se estaba convirtiendo nuevamente en una amenaza para ella, y si una vez había logrado que Candy se fuera a través de Terry, estaba vez lo volvería hacer. Un dia recordó a Erick y decidió ir a su casa para averiguar qué era lo que tenía con su sobrina, él le confeso que estaba interesado en la rubia, así que Fabiola le ofreció ayudarlo para que se casara con Candy, con la condición que se le llevará de regreso a Francia.
—Fabiola desea algo de beber –le ofreció Erick.
—No gracias, no bebo a esta hora –contestó la mujer que estaba sentada frente al escritorio –Vine para saber ¿cómo le fue con mi sobrina?
—Muy bien, mi plan salió a la perfección. William Andrew llegó en el preciso momento que ella se desmayó en mis brazo, y lo que vio lo dejo realmente desconcertado.
—Le dije que eso funcionaria, esas gotas para dormir que le facilité no fallan –dijo Fabiola con una sonrisa.
—Así fue –sonrió Erick también - William se fue creyendo que entre su esposa y yo existe una relación, así que no me cabe duda que ahora sí que se va divorciar de ella.
—Y cuando eso ocurra, convénzala para que se case con usted y llévesela de regreso a Francia.
—Esos son mis planes…-le confirmó Erick –Casarme con ella y llevármela con su hijo a Francia donde William nunca más la volverá a ver.
...
Albert por más que no quería pensar en el pequeño Anthony no se lo podía sacar de su cabeza. Algo le decía en su interior que tenía que seguir viendo a ese niño y seguir averiguando más sobre él. Si la señorita Pony no le daría ninguna información sobre la madre del pequeño, entonces el por otro lado tendría que averiguarlo.
Esa tarde después de cenar Albert tomó su caballo y se fue al rancho del señor Steven para hablar con Tom.
—¡Albert! –lo nombró Tom extrañado de que estuviera en su rancho.
Albert bajo rápidamente del caballo.
—Tom siento venir a esta hora a tu rancho, es que necesito hablar algo muy importante contigo.
—¿De qué se trata? –le preguntó Tom imaginándose de lo que podría ser.
—Es sobre el pequeño Anthony, deseo saber quién es su madre. ¿Tú la conoces?
—Bueno…yo…-titubeo Tom muy nervioso.
—¿Dime Tom conoces a la madre de Anthony?
—Si…la conozco…Pero no puedo decirte quien es.
—Tom por favor dime quien es la madre de ese pequeño.
—¿Por que deseas saber de ella?
—Ni yo mismo me explico por qué quiero saber tanto de ese niño –dijo Albert tomándose la cabeza -Algo me pasa con él, que hasta he sospechado que podría ser el hijo que tuve con mi pequeña.
Tom lo miró sintiendo tristeza por Albert, sabía que Candy quería ocultar al pequeño, pero lo encontraba bastante injusto que Albert no conociera a su propio hijo.
—Está bien Albert, te lo diré.
En ese momento llegó una carreta donde venía Candy. Ella hace dos horas atrás había llegado al hogar de Pony, donde sus madres de inmediato le contaron lo que había sucedido con Albert. Aquella situación la dejó preocupada, que prefirió saber por la propia boca de Tom lo que realmente había sucedido entre Albert y el pequeño Anthony.
—¡Candy! –exclamó Tom al verla.
Albert volteo su cuerpo encontrándose con la rubia, a la que no veía desde ese dia que fue a la residencia de Erick McDonald.
Candy rápidamente bajó de la carreta, sintiéndose nerviosa por la presencia de Albert, pero también por otro lado se alegraba de verlo. Había llegado el momento de hablar claramente con él.
—¿Albert que haces aquí? –le preguntó.
—Estoy pasando unos días en Lakewood y vine hablar con Tom. Me imagino que tú viniste al visitar el hogar de Pony.
—Sí, extrañaba mucho a mis madres.
—Bueno yo los dejos para que hablen tranquilo –dijo Tom entrando a la casa.
—Sabias que Archie, Annie, Stear y Patty regresaron de Florida.
—No lo sabía…
—Ellos me fueron a visitar.
—Me alegra, ellos te extrañaban mucho.
—Estuvimos platicando mucho y bueno…ellos me aclararon que tú y yo…
—Que seguimos casados, es eso ¿verdad?
Ella lo miró a los ojos.
—Si…yo todo este tiempo pensé que tú te habías divorciado de mí, después de lo que sucedió era lógico que tu…
—Si, en ese momento no lo hice, pero si quieres lo puedo hacer ahora, así te libraras de una vez por todas de mí –le dijo Albert en tono de reproche.
A Candy le sorprendieron esas palabras de Albert y la forma tan indiferente a como la estaba tratando.
—¿Por qué lo dices de esa manera?
—Por qué es lo que deseas verdad. Divorciarte de mí para rehacer tu vida al lado de otro hombre….-le respondió pensando en Erick McDonald y recordando aquella escena que jamás olvidaría.
—Albert yo…
—No me des explicaciones pequeña, tienes todo el derecho de querer ser feliz al lado de otro hombre, como yo lo hare al lado de otra mujer.
—¿Con Samantha?–le preguntó Candy.
—Si con ella, es una mujer guapísima –respondió Albert mintiendo solo por rabia –Bueno ya tengo que irme. Apenas llegue a Chicago le diré a mi abogado que comience con los trámites para el divorcio.
—Está bien, Albert…-dijo Candy como aturdida, pensando que era la mujer más tonta del mundo al volver a tener la ilusión de regresar con su príncipe de la colina.
Él se subió al caballo.
—Adiós Candy, te deseo lo mejor –le dijo Albert marchándose, sintiendo que esta vez la había perdido para siempre.
Continuará...
Hola mis lindas chicas.
Espero que todas se encuentren muy bien y esten difrutando en familia este dia de viernes Santos. Aqui les dejo otro capitulo de este fic, espero que les gusten y me envien sus comentarios.
Stormaw, Pinwy Love, Mary silenciosa, Kecs, Alebeth, tutypineapple, Elo Andrew, Isasi, CANDY GATA, Silvia, ALY, Serenity usagi, Guest, Rub, JUJO, E.K.V.V, JUJO, Luz, Rousi, Ster star, Loreley Ardlay.
Muchas gracias por todo su apoyo.
