Advertencias

Los personajes, salvo excepciones, no me pertenecen

La historia contiene escenas explicitas de sexo, violencia y lenguaje soez.

NO soy escritora, esto es por diversión, estoy abierta a cualquier duda o crítica fundamentada y respetuosa.

No todos sale de mi imaginación, con lo que es posible hallar diálogos, escenas, etc inspiradas o tomadas de los juegos u otros lugares. Igualmente, el hilo argumental de la historia coincide en puntos con los de los primeros juegos, pero sólo será en parte, otras cosas serán inventadas y no coincidirán.

Capítulo 21

Nuray quedó desnuda ante el hombre, que dejó de besarla para poder contemplar su desnudez, extasiado con sus curvas y el color tostado de su brillante piel.

Ella, tras unos instantes, pasó a desnudar a Ezio muy despacio, sin apartar la vista de los ojos marrones de él, inflamados de deseo. Acto seguido se deshizo de la cinta que agarraba el cabello del hombre en una coleta, soltándoselo mientras él sonreía.

Ezio rompió la distancia que los unía para besarla con tranquilidad, disfrutando cada segundo en el que sus pieles se rozaban, hasta que la mujer se separó, y tras dedicarle una fugaz e intensa mirada, descendió por el abdomen del hombre hasta llegar a su miembro, comenzando a chuparlo despacio.

El moreno no pudo evitar suspirar de placer mientras ella le practicaba la felación, sintiendo que apenas había pasado un segundo cuando ella, tras unos minutos, se detuvo, volviendo a su anterior posición.

Ezio no le dio tiempo a reaccionar cuando la besó de forma pasional, atrayéndola hacia sí mismo mientras una de sus manos descendía hasta el sexo de la mujer, comenzando estimularla con lentitud.

El hombre la sonrió con picardía mientras aumentaba la velocidad y ella gemía, buscando la boca del moreno con ansia, empujándolo hacia la cama.

El acto de Nuray fue frustrado cuando él volvió a tomar el control, sujetándola de las muñecas mientras la dirigía con pasión hasta una de las paredes, besando y lamiendo su pecho hasta que la cogió a horcajadas y la llevó al lecho, tumbándose sobre ella.

Nuray frunció el ceño levemente al observar que Ezio se había quedado quieto, mirándola fijamente.

-¿Qué pasa? –Preguntó tratando de incorporarse, pero el hombre frustró su intento besándola de nuevo, esta vez con lentitud y cariño.

-Te amo.

La morena se limitó a esbozar una leve sonrisa, para después besar a Ezio con el mismo sentimiento mientras este recorría su cuerpo con esmero, comenzando a introducir su miembro en ella, dejando la lujuria y pasión en segundo plano.


Nuray despertó sintiendo los ojos de Ezio clavados en ella, encontrando al hombre apoyado sobre uno de su brazos contemplarla en silencio, concentrado en su tarea.

Ezio, al ver que ella había despertado, esbozó una sonrisa y cambió de posición tras besarla, tumbándose a su lado.

-No te imaginaba tan meloso, Extranjero. Anoche me sorprendiste.

-Espero que eso no signifique que para mal.

-Bueno, no es malo. Pero no esperaba que fueses tan sensible. –Se mofó sonriendo con malicia, mientras el moreno reía.

-Incluso los héroes tenemos nuestro corazoncito.

-Bueno, mientras no vayas a llorar... –Continuó con la burla para después levantarse de la cama y avanzar hacia su ropa, cubriendo su desnudez ante la mirada atenta del hombre.

-¿Qué habrá hecho Yusuf esta noche? Me siento culpable, pobre hombre.

-No lo hagas, me dijo que también tenía planes. Habla mucho con una de las chicas de Victoria. Seguramente se lo ha pasado muy bien.

El asesino sonrió mientras se levantaba del lecho, recogiendo su ropa desperdigada por el habitáculo. Nuray para ese entonces ya se había vestido con sus pantalones y camisa de asesina, parándose delante del moreno.

-Mañana viene César. ¿Has planeado cómo vamos a hacerlo todo?

-Es justo lo que vamos a hacer hoy. Nada puede quedar suelto. Buscaré a Yusuf y saldremos en una hora. No salgas sin nosotros, ¿de acuerdo?

-Está bien. Os esperaré en el vestíbulo, a ver si averiguo algo más.

Ezio sonrió, besándola acto seguido, para después abandonar la estancia tras decirle que la quería. La turca igualmente sonrió, pero una vez que él había desaparecido del cuarto, guardándose para sí misma la sensación de sentirse como una adolescente.


Eran alrededor de las 4 de la tarde, y el calor era casi sofocante en la calle, donde ya se había montado el dispositivo de seguridad para recibir a César Borgia a la entrada de Roma.

Ezio observaba caminando entre la muchedumbre como el carruaje se acercaba a las puertas de la ciudad poco a poco, para después dirigir la mirada a los tejados más cercanos a la puerta, vislumbrando a los dos asesinos en sus posiciones.

Una vez que el carro tirado por caballos que portaba al noble entró en la ciudad, Ezio se dirigió lejos de la muchedumbre que seguía aquel cortejo, esperando a que el capitán de la guardia pasara con un arcón en las manos que portaba protegido por dos soldados más.

En el momento preciso, Nuray y Yusuf lanzaron bombas de humo contra el carruaje, sembrando rápidamente el caos entre los soldados y las gentes de a pie, dándole la oportunidad a Ezio de hacerse con el Fruto entre el desorden.

-¡Proteged al señor, registrad los tejados y no perdáis de vista el carruaje! –Se escuchó gritar a uno de los guardias, haciendo que el grupo formara de manera distinta.

Ezio entonces se posicionó tras la custodia del fragmento del Edén, matando rápidamente al capitán de la guardia por la espalda, pasando después a intentar lo mismo con ambos soldados que lo acompañaban.

Uno de ellos logró golpear al italiano, que se repuso rápidamente devolviéndole el puñetazo y derribándolo, ocupándose después del restante a quien rasgó el cuello con su cuchilla oculta, pasando después a coger el cofre y correr lejos del lugar.

-¡Id tras él! ¡Que no escape!

Nuray y Yusuf, al escuchar que habían descubierto los verdaderos planes y prácticamente toda la guardia salía tras el italiano, trataron de llegar hasta César para que volcaran en ellos su atención, no consiguiéndolo, con lo que la morena abandonó a su amigo tras dedicarle un gesto revelador de sus intenciones, corriendo después en busca de Ezio.

La morena trepó ágilmente por una de las fachadas para deslizarse por los tejados y cornisas tras los pasos del hombre, poniéndose a su altura rápidamente.

-¡Ezio! –Gritó para que observara su posición, pasando después a matar a un par de guardias desde las alturas, pero la mujer se sobresaltó al escuchar disparos.

Varios de los guardias se detuvieron para disparar al asesino, quien logró esquivar las balas al doblar una esquina, pero se encontró con nuevos enemigos que volvieron a abrir fuego. Nuray bajó abalanzándose contra la nueva horda, pero para ese entonces ya habían disparado.

El cofre recibió una de las balas haciendo que cayera al suelo abriéndose, con lo que Ezio rápidamente recogió el Fruto de Edén, pero entonces un guardia lo atacó con su fusil, hiriéndolo en un hombro gracias al movimiento del asesino, que hubiera recibido el impacto en el pecho de no ser por aquello.

Nuray apareció tras Ezio en aquel instante, sintiendo su corazón latir desbocado, fruto del miedo más que de la carrera.

La mujer iba a ayudar al hombre a levantarse cuando se detuvo ante la llegada de más guardias, teniendo que abandonar al chico, que se levantó lo más rápido que pudo, luchando cuerpo a cuerpo contra los soldados enemigos.

A pesar de los esfuerzos de Ezio, este perdía en la pelea, acabando en el suelo de nuevo mucho más débil que antes. El italiano habló con premura cuando el fragmento del Edén rodó por el suelo tras su caída, haciendo que Nuray lo mirara rápidamente.

-¡Cógelo y lárgate! –Habló lo más alto que pudo, vislumbrando el horror en los ojos de la turca que se quedó inmóvil un segundo. -¡Obedece!

Ante la brusquedad en sus palabras desesperada, la turca recogió el artefacto guardándolo en uno de los compartimentos de su cinturón, continuando después con la lucha para tratar de salvarlos, pero la desventaja era demasiado grande.

-¡Vete! ¡Vamos! –Le dijo él agarrándola de los hombros en un micro segundo de paz, empujando después a la chica para que huyera mientras otros soldados se aventuraban a la batalla contra él.

-¡Seguid a la mujer, tiene el artefacto! –Rugió uno de los guardias, haciendo que varios corrieran hacia Nuray, que no tuvo más opción que echar a correr lejos, sintiendo como sus ojos se humedecían por el miedo y la culpa de dejar a Ezio allí en aquel estado. Estaba condenándolo a muerte, y lo sabía.

Muchas gracias por leer!