Habían pasado diez días desde que regresó a Boston.

Diez días que habían transcurrido bastante más rápido de lo que esperaba, gracias sobre todo a la cantidad de estudio que tenía atrasado.

Pero Stiles nunca había estado tan agradecido a los profesores que exigían temarios horriblemente tediosos y casi infinitos. Porque eso significaba que tenía que pasarse días enteros estudiando, sin poder parar un segundo para salir con sus compañeros o, mejor aún, pensar en cierto hombre lobo.

Aunque en su caso, gracias a la prodigiosa mente que la madre naturaleza le había otorgado, el ponerse al día con los apuntes sólo le llevó una semana… Con lo que iba a tener que empezar a buscarse otros entretenimientos para no tener un solo minuto libre y así no pensar. ¿Y no era un chico afortunado por ello?

Stiles se dejó caer en la cama de su habitación, tapándose la cara con el libro de estadística que ya se sabía de memoria. Pensó por un instante en llamar al Archivo de la Biblioteca donde había estado trabajando desde que entró en la Universidad, y preguntar si necesitaban ayuda de algún tipo… Incluso estaba dispuesto a hacerlo gratis.

Y sí. Ya sabía que eso sonaba a desesperado. Pero es que estaba desesperado.

Tanto, que incluso estaba pensando en la posibilidad de ir a la fiesta del próximo sábado. No para emborracharse y tal vez acabar enrollándose con un desconocido en los baños públicos de la Hermandad (desde la última charla con Derek se había prometido no volver a hacerlo, porque tenía orgullo y respeto propio y se merecía algo mejor que eso), sino simplemente para, tal vez, distraerse un poco hablando con la gente.

Claro… Porque en las fiestas de Hermandad la gente va para hablar y conocerse mejor.

Soltando un suspiro casi agónico, cogió el portátil del escritorio.

Era hora de revisar unas cuantas páginas de la Wikipedia.

- Stiles. Preguntan por ti.

La voz de su compañero llegó a través de la puerta que daba acceso al mini salón que compartía con otros dos estudiantes.

- Si es por lo de la fiesta del sábado, diles que paso – respondió a voces, sabiendo que se estaba escondiendo de dar explicaciones. Pero para dos meses que le quedaban de Universidad, sinceramente, le daba lo mismo

- No… No creo que sea de la fiesta.

Stiles soltó el portátil de mala gana sobre el escritorio. Y aunque en el fondo tenía que estar agradecido por la interrupción, la verdad es que tampoco tenía ganas de hablar con nadie.

Salió de su habitación y vio a Mike en medio del mini salón. Estaba en frente de alguien que se había quedado parado al otro lado de la puerta de entrada.

- ¿Quién es? – se acercó a su compañero para poder ver a quien quiera que fuera que preguntaba por él.

Stiles se quedó, literalmente, sin respiración.

Porque Derek Hale estaba allí.

Allí.

O eso parecían decirle sus ojos. Aunque la verdad era que todo tenía aspecto de espejismo. Porque Derek estaba en la puerta de su dormitorio, en Boston, como si acabara de ser teletransportado desde Beacon Hill.

Estaba igual que la última vez que le vio: los pantalones negros ajustados, una camiseta azul oscura sobre la que llevaba la eterna chaqueta de cuero, y con las gafas de sol aún en la mano.

Y su cara era la misma de siempre. Absolutamente perfecta, con esa barba de varios días que sabía nadie podría lucir tan bien incluso después de horas arreglándosela frente al espejo, pero que sabía que a Derek le salía de forma natural, sin pensar siquiera en ello.

Y sus ojos eran de ese color claro, mitad azul y mitad gris que cambiaban según le diera la luz del sol, y que ahora estaban fijos en él.

- Hola.

La voz del hombre logró sacarle de su estupor. Porque por poco sentido que tuviera que Derek estuviera allí, no había duda de que lo estaba. Igual de serio que siempre, con cara de estar a punto de matar a alguien, o al menos de estar planteándoselo.

- Qué haces… - la pregunta murió en sus labios, apenas fue consciente del único motivo por el que habría ido a verle. Tuvo que agarrarse a la puerta para no caer al suelo - Oh, Dios mío…

- No es nada de eso – se apresuró a tranquilizarle el Alfa, colocando una mano sobre su hombro - No le ha pasado nada a tu padre… Ni a nadie… Todos están bien.

Stiles consiguió calmarse tras varias respiraciones profundas, si bien el calor de la mano de Derek sobre su hombro también sirvió de ayuda. Miró de nuevo al hombre, igual de confundido o más que antes.

Dios mío, Derek Hale estaba en su dormitorio de Boston.

- Entonces por qué estás… aquí.

- Por ti.

La respuesta de Derek fue tan directa como un puñetazo. Y por un instante Stiles dudó de que no le hubiera golpeado de verdad, porque tenía la sensación de haberse quedado sin respiración. Otra vez.

Dios mío, Derek iba a conseguir que muriera, y apenas acababa de llegar.

Pero, si le servía de consuelo, Stiles no era el único que estaba teniendo serios problemas para digerir todo aquello.

- Esto… - a su lado Mike se movía nervioso en el sitio, y miraba intermitentemente a los otros dos ocupantes del salón - Creo que es mejor que os deje solos.

Ninguno de los dos respondió, lo que el chico debió agradecer infinitamente. Sobre todo cuando Derek siguió mirándole como si estuviera planteando seriamente arrancarle la garganta con los dientes. Y aunque supiera que aquello era humanamente imposible, algo le decía que aquel tipo al menos lo intentaría. Y no quería estar allí cuando aquello ocurriera.

Cuando Mike se marchó corriendo, literalmente, los dos se quedaron en silencio unos instantes. Stiles esperó a que Derek dijera algo, pues no dejaba de ser él quien había llegado por sorpresa.

Pero entonces recordó quién era el que estaba allí.

Y espejismo o no, Derek Hale nunca iniciaba las conversaciones.

- Entonces… ¿A qué se debe la visita? ¿Algún caso?

- Boston no queda precisamente de camino.

El tono seco y cortante de Derek, logró que Stiles sonriera un poco.

- Vale. No hay duda de que sigues siendo tú. Empezaba a dudarlo con la visita sorpresa y… - movió las manos delante de él, sin saber muy bien cómo explicarse - Pero sigues siendo el Alfa que cree que sarcasmo es lo mismo que halago.

- Tienes clase ahora. Tenías que ir a algún sitio.

- Esto… No – respondió cuando recordó que así era como Derek preguntaba. Sin realmente hacer la pregunta.

- Mañana.

- Nop. Las clases ya han terminado. Sólo tengo exámenes – respondió Stiles con tranquilidad, no afectándole en absoluto el interrogatorio al que estaba siendo sometido, mientras que de fondo se preguntaba qué clase de vida tenía como para que el hecho de que un Alfa apareciera de repente en la otra punta del país, fuera lo más normal para él - Y el próximo examen es la semana que viene… Lo digo por si… Si no podías quedarte mucho tiempo.

- Qué hay del trabajo.

- Ya no voy. Para dos meses que me quedan de estar aquí no merece la pena seguir trabajando. Además, mi padre me dio suficiente dinero como para pagar la residencia.

- Bien… - asintió levemente, con los labios muy apretados - Vamos.

- ¿A dónde?

En vez de responder, Derek cogió la chaqueta de Stiles que había en el perchero del recibidor, y que pese a que era la primera vez que veía, el olor que desprendía la tela la identificaba claramente como suya. Una vez la tuvo en la mano, se la lanzó al chico y acto seguido salió del dormitorio, sin esperar a asegurarse de que Stiles le estaba siguiendo.

Cuando salieron del edificio, aún sin decir nada, Stiles sintió que era transportado a Beacon Hill al ver el Camaro aparcado frente a la puerta.

- Espera un segundo – se quedó clavado en el sitio, mientras Derek ya estaba abriendo la puerta del coche - ¿Has venido hasta aquí en tu coche? – el hombre le respondió con su cara registrada de "¿por qué no dejas de decir estupideces?", antes de montar en él. Stiles se apresuró a subirse en el asiento del copiloto, convencido de que Derek sería capaz de dejarle allí tirado y obligarle a ir andando… a donde quiera que fuese que iban a ir. Sin embargo, una vez se puso el coche en marcha, decidió que ya había estado bastante tiempo callado - ¿No habría sido más fácil coger un avión? ¿Cuánto has tardado en venir? – Derek le miró de reojo, las cejas levantadas, antes de centrarse de nuevo en la carretera... Y aquella fue toda respuesta que necesitaba saber – Sí. Cierto – musitó el chico con una leve sonrisa – Supongo que pasarte tres días conduciendo es más lógico que verte sentado un par de horas en un avión, con esa cara de asesino. Es más, seguro que jamás te dejarían subir al avión, convencido de que habías puesto una bomba.

- Stiles…

- ¿Sí?

- Cállate.

Y esta vez Stiles tuvo la suficiente consideración como para hacerle caso. Porque por muy extraño que estuviera siendo todo aquello, Derek estaba allí. Derek Hale se había subido a su coche en Beacon Hill, había recorrido todo el país durante días, literalmente, para presentarse en su apartamento como caído del cielo.

Acababa de hacer realidad una de las fantasías que, que él supiera, sólo se cumplían en las películas románticas que echaban en la tele.

Y aunque aún no tuviera claro cuáles eran las intenciones del Alfa (en las películas románticas, la persona que aparecía de improviso solía ser el novio del protagonista, y estaba claro que Derek no era su novio), tenía que concederle al menos el punto de la sorpresa. Y qué demonios: sólo por la cara que había puesto su compañero al ver a Derek (con cazadora de cuero, camiseta ajustada, pantalones apretados y cara de modelo incluida), ya era suficiente para hacerle un monumento.

El viaje duró unos quince minutos, que transcurrieron en el acostumbrado silencio. Y aunque no llegaba a ser del todo confortable, Stiles reconocía que los silencios compartidos con Derek realmente nunca eran confortables. Principalmente por el hecho de que Derek estaba perfectamente cómodo sin hablar durante horas, mientras que Stiles necesitaba hablar como el respirar… Literalmente.

El hombre condujo por las calles de Boston como si las conociera de toda la vida, adentrándose cada vez más en el centro de la ciudad. Al llegar a uno de los hoteles más conocidos de la ciudad, y casi del país, aparcó el coche en uno de los huecos libres que había frente a la puerta giratoria. Sin decir nada, como era de esperar, salió del coche, lanzando una simple mirada al chico para indicarle que tenía que seguirle.

Juntos avanzaron hacia la recepción. Cuando Derek pidió la llave de la habitación 814, ofreció su sonrisa que era todo dientes, en teoría perfecta, pero completamente falsa para los que le conocieran de verdad.

Y Stiles no pudo esperar a que las puertas del ascensor se cerraran para preguntar.

- ¿Has reservado una habitación de hotel?

De nuevo (y Stiles estaba un poco espeso por realmente esperar a que el hombre respondiera con palabras), Derek se limitó a mirarle con la mandíbula muy apretada, jugueteando con la tarjeta de plástico entre los dedos.

- ¿En serio? – Stiles abrió los ojos de par en par, justo en el momento en que las puertas se abrían y Derek ya caminaba en dirección a la habitación – Caray. No sé si sentirme halagado porque hayas pensado en todo, o terriblemente ofendido por dejar tan claro lo fácil que resulta meterse en mis pantalones.

Derek llegó junto a la puerta 814, metió la tarjeta en la ranura, y abrió la puerta de par en par.

- No he venido para acostarme contigo.

Stiles cruzó la puerta tras el hombre lobo, sintiendo cómo se le formaba un nudo en el estómago al ver el interior de la habitación.

Era sin duda la habitación más lujosa que había visto en toda su vida. Con un recibidor plagado de espejos de cuerpo entero, un baño que era más grande que su habitación, y un dormitorio enorme con una ventana panorámica que ofrecía unas vistas impresionantes de la ciudad. Aunque las vistas dejaron de ser importantes al fijarse en la enorme cama que había frente a la ventana, y en la que fácilmente cabrían tres personas con toda comodidad.

Pero que no dejaba de ser una única cama de matrimonio.

- ¿Ah, no? – preguntó con más duda que sarcasmo. Que es lo que se suponía que tendría que estar ofreciendo ahora, pues estaba claro que Derek había pensado en la posibilidad de que pasaran la noche juntos.

- No – respondió el hombre secamente, casi con rabia.

- ¿Entonces a qué viene esto?

En vez de responder, Derek echó un vistazo a la habitación. Avanzó hacia el escritorio que había en frente de la cama, y dejó la cazadora sobre el respaldo de la silla. Pero no se sentó en la silla, y tampoco lo hizo en la cama. Se quedó de pie mirando a Stiles, quien seguía junto a la puerta sin atreverse a moverse, y apretó los labios con fuerza.

El hombre cerró los ojos entonces, buscando calmar el temor que tenía atenazado al pecho, y que no había hecho sino crecer desde que viera a Stiles.

Pero estaba allí. Y había hecho un camino muy largo como para arrepentirse ahora.

Aunque eso no significaba que fuera a ser menos difícil.

Cuando Derek abrió de nuevo los ojos, se topó con los de Stiles, que no habían dejado de mirarle. Y entonces se dio cuenta de que Stiles no había dicho nada, en probablemente cinco minutos.

Era el mayor tiempo en el que había estado callado desde que le conocía.

Y la expresión que tenía ahora, de curiosidad pero también de calma, fue todo lo que necesitó Derek para dar el último paso.

Porque tener a Stiles allí, quieto y en silencio, esperando a que hablara, era como recibir la última confirmación de que Stiles seguía confiando en él.

El Alfa quiso correr a su lado. Abrazarle con fuerza y besarle como siempre había deseado.

Pero aún no podía. Antes tenía que terminar de quitarse aquella losa de encima.

- Sabes que no soy bueno a la hora de hablar – dijo con voz terriblemente grave, y esperó a que el chico asintiera – Que nunca soy capaz de decir lo que realmente pienso – guardó silencio entonces, convencido de que Stiles diría algo, habiendo sobrepasado ya el límite de estar en silencio. Pero él seguía donde le había dejado, con una expresión seria en el rostro. Como si fuera muy consciente de lo mucho que le estaba costando a Derek – No quiero seguir siendo así – dijo en un susurro – No quiero seguir guardándomelo.

- ¿Por eso estás aquí?

Derek asintió, en cierto modo aliviado por oír la voz de Stiles. Y volvía a ser esa voz llena de curiosidad y de inteligencia.

- Intenté contártelo en Beacon Hills. Cuando fui a tu casa pero… - meneó la cabeza con fuerza, recordando el nuevo error cometido y odiándose por ello.

- Pero no eres bueno con las palabras.

Esta vez había más sorpresa en la expresión de Derek, quien de nuevo asintió. Y aunque ya sabía que Stiles era el humano que mejor le conocía, no se había dado cuenta de hasta donde llegaba ese conocimiento. Hasta el punto incluso de ser capaz de terminar sus frases, e incluso saber lo que pasaba por su cabeza en cada momento.

Y puede que siempre hubiera estado ahí esa capacidad de leerle como un libro abierto, pero que hasta ahora no se había concedido el permiso de abrir los ojos y realmente ver lo que había frente a él.

Y Derek quería, necesitaba, que todo aquello acabara allí y ahora.

- Tú si lo eres – le dijo a Stiles, no moviéndose un milímetro de su posición por miedo a que aquel leve gesto le quitara el valor que había logrado reunir – Necesito que me ayudes a hacerlo.

Stiles asintió sin dudar, logrando que el corazón de Derek se quebrara un poco al ver aquella confianza. Tan fuerte como la que sentiría un lobo por el Alfa de su manada, o incluso como la que se podía ver entre las parejas de lobos, unidas para toda la vida.

Y Derek quería, necesitaba, que fuera así con ellos.

Así que él tampoco lo dudó.

- Pregúntame lo que quieras – dijo con calma.

- ¿Cómo?

- Has oído bien – asintió al tiempo que intentaba sacar una sonrisa que terminara de asegurar a Stiles que todo estaba bien. Que estaba haciendo justo lo que quería, por muy poca lógica que pareciera tener. Aunque no lo consiguió del todo, porque aún estaba demasiado nervioso y asustado – Responderé todas las preguntas que quieras – apretó los puños – Y no me iré hasta que no hayas terminado.

- ¿Lo dices en serio?

- Es la única manera que se me ocurre.

- Pero no tienes por qué hacerlo. Si no quieres – movió las manos, nervioso – Sé que puedo ser muy pesado pero… Es tu vida, Derek. No tengo por qué inmiscuirme en ella.

- Quiero que lo hagas – pese a la seriedad de su expresión, sus ojos claros mostraron un destello de súplica - Por favor.

Stiles se quitó entonces la chaqueta y la dejó colgando sobre el pomo de la puerta. Necesitaba estar un poco más cómodo y empezaba a hacer mucho calor allí dentro.

- Está bien – respondió Stiles tras casi medio minuto de silencio, donde barajó lo pros y los contra. Y aunque sabía que tenía que estar resultándole muy difícil a Derek, no dejaba de ser la oportunidad que había estado esperando desde que le conoció – Una duda. ¿También puedo preguntar sobre tu familia? – Derek asintió con calma - ¿Y sobre el incendio?

La expresión del hombre se convirtió entonces en una de dolor, y Stiles se maldijo por haber tentado a la suerte. Pero entonces el Alfa asintió muy lentamente.

- Sobre lo que tú quieras – dijo muy despacio. Como si le costara pronunciar cada palabra.

Y aquella fue la última confirmación que Stiles necesitaba para saber que Derek realmente no quería hacer aquello. Que le costaba y le dolía en cada fibra de su cuerpo. Pero que lo estaba haciendo porque necesitaba cerrar esa etapa de su vida y, tal vez, porque sentía que se lo debía al propio Stiles.

Y al pensar que Derek estaba haciendo aquello por él, Stiles sintió una oleada de calor inundándole el pecho. Porque jamás se imaginó que nadie llegara a hacer algo así por él, menos que ninguno el mismísimo Derek Hale.

Y precisamente por ello. Iba a intentar que fuera lo menos doloroso posible.

- ¿Te caigo bien?

Derek tardó diez segundos en responder.

- ¿Qué?

- Esa es mi pregunta… La primera de ellas, claro.

- ¿En serio? – frunció las cejas en esa expresión que era tan común en él cuando estaba cabreado por algo… Es decir, siempre - De todo lo que puedes preguntar, ¿eso es lo que quieres saber?

- Creo que tiene lógica – hizo esa mueca de cachondeo que le salía siempre que intentaba animar a la gente – Después de todo el mismísimo Derek Hale se ha recorrido todo el país para darme una visita sorpresa, y ha reservado una habitación de hotel y… Ya sé que parece justo lo que parece pero, en fin, viéndote a ti y viéndome a mí, nunca está de más asegurarse. Porque también podría ser una cámara oculta y…

- Sí. La respuesta es sí – casi gruñó, alzando las cejas de ese modo que hacía cuando algo le irritaba. Como un Stiles Stilinski incapaz de callarse.

- ¿Sólo te caigo bien? ¿O te caigo muy bien?

Derek apretó la mandíbula y entornó ligeramente los ojos, pero los labios se curvaron ligeramente en lo que podría haber sido una sonrisa, que no obstante duró menos de un segundo.

Aunque Stiles tenía más que suficiente con aquello.

- ¿Y bien?

- Me caes muy bien.

- Estupendo – casi gritó de alegría - Está bien saberlo. Y para que conste. Tú también me caes muy bien. Especialmente cuando te presentas en mi dormitorio a lo James Dean con una mezcla de Jacob.

- ¿Quién?

- ¡Jacob! – hizo aspavientos con las manos - ¿No me digas que no sabes quién es Jacob? ¿El hombre lobo más famoso del mundo? ¿Crepúsculo? ¿En serio no sabes de qué te estoy hablando?

- ¿Me estás hablando de los libros para adolescentes? ¿Para niñas adolescentes? – preguntó muy despacio, con voz y cara de estar estreñido.

- Hey. No hace falta que uses ese tono. Y para tu interés, lo leí porque cuando mis mejores amigos son hombres lobos, no está de más estudiar la literatura que hay sobre el tema.

Derek no respondió esta vez, por muchas ganas que tuviera de recordarle lo ridículo que era a veces… casi siempre. Cruzó los brazos en torno al pecho, mirándole como si ya se estuviera arrepintiendo de aquello, pero de nuevo Stiles pudo detectar una levísima curvatura de los labios.

Misión cumplida, pensó el chico antes de centrarse en la parte difícil.

- Vale… Cambiemos de tema – se sentó en el borde de la cama, en el extremo más alejado de Derek, sabiendo que necesitaba darle todo el espacio posible – Mi siguiente pregunta no es tanto una pregunta como una suposición – dijo con la voz muy baja, como si estuviera pidiendo permiso. Y sólo cuando Derek asintió, se atrevió a seguir – La persona de la que dijiste que estabas enamorado… ¿Era Kate Argent?

Stiles vio cómo un escalofrío recorría la espalda de Derek. Apenas duró un segundo, pero fue algo que jamás había visto en él. Algo que jamás creyó ver en él, y que hizo que deseara correr a su lado y abrazarle con todas sus fuerzas. Porque Derek era la persona más valiente y fuerte que conocía (más incluso que su padre), y verle temblar lograba que se le rompiera el corazón.

- No – respondió entonces el hombre, su voz muy baja. Lentamente, se sentó en el colchón, interponiéndose la cama entre ellos, sin dejar de mirarle – No estaba enamorado de ella. Entonces lo creí pero…

El chico asintió enseguida, indicándole a Derek que no hacia falta que siguiera.

Sabía que iba a ser así. Que más que una conversación, iban a ser frases a medias y que a él le iba a tocar llenar todos los huecos en blanco. Pero era más de lo que jamás habría esperado de Derek, y apostaba a que muchísimo más de lo que nadie había recibido por parte del Alfa… Así que se quedaba con ello. Pues era la mayor muestra de confianza que jamás había recibido.

- Ella te utilizó – no lo preguntó. Porque no era una pregunta y los dos lo sabían. Esperó a que Derek asintiera, y una nueva brecha marcó su corazón cuando el hombre lo hizo, con una expresión de infinito dolor en el rostro – Para acabar con tu familia – asintió de nuevo, y Stiles apretó los puños con rabia – Ojala Peter no la hubiera matado – murmuró sin darse cuenta de que había hablado en voz alta, y que Derek le estaba mirando como si hubiera perdido la cabeza – Quiero decir que, me hubiera gustado matarla con mis propias manos, muy lentamente – dijo con los dientes muy apretados, sintiendo rabia por una mujer que nunca llegó a conocer, y que durante tanto tiempo fue la pieza del puzzle que le faltaba para entender a Derek.

Y ahora por fin le entendía, porque el propio Derek le había ofrecido esa pieza tan escondida.

Dios. Las ganas de tirarse a los brazos del Alfa eran insoportables.

Pero aún tenía que esperar.

- ¿Sigues creyendo que todo aquello fue culpa tuya?

- No – respondió sin dudar.

- ¿En serio?

- Sí.

- Bien. Me alegro.

Derek sonrió. Y esta vez le salió de un modo más natural. Como si no tuviera que luchar para mostrar la sonrisa, y le saliera casi sin darse cuenta.

- ¿Todavía piensas que no mereces tener una vida? ¿Aparte de ser el Alfa y ocuparte de tu manada? – soltó aire por la nariz al ver que esta vez Derek no respondía en seguida – Perdona. Ya sé que son dos preguntas… No pretendía ser tan agobiante.

- No – sonrió levemente ante el intento de Stiles de ser… menos Stiles – La respuesta es no.

- O sea, que piensas que mereces tener una vida normal y… volver a ser feliz y eso – quiso aclarar, porque no quería que hubiera ningún malentendido con las respuestas y, teniendo en cuenta que Derek era todo monosílabos, le tocaba a él decir las ideas complejas.

- Sí.

- ¿Y lo pensabas hace cuatro años? ¿Cuándo… - no pudo terminar la frase, y se odió un poco por ello. Porque ya bastante complicado estaba siendo aquella conversación, con uno que apenas hablaba, como para que ahora él también se quedara sin palabras.

Por fortuna, Derek no tuvo ningún problema en entenderle.

- Sí.

- No lo entiendo – susurró más para sí que para el Alfa - ¿Por qué dijiste entonces que era un error? – preguntó justo antes de descubrir la posible respuesta. Una respuesta que logró que se le formara otro nudo en la garganta – Porque no era yo – musitó, teniendo que bajar la vista para no mirar a Derek y para que Derek no le viera – Querías tener una vida normal, pero no conmigo.

De pronto sintió la mano de Derek sobre la suya. Y se habría sobresaltado por el contacto, sino fuera por el calor que desprendía su piel. Al levantar la vista del colchón, se encontró con el hombre a sólo medio metro de distancia. Tenía su mano derecha firmemente asentada sobre la suya, sin ninguna intención de quitarla.

- Pregúntame otra vez lo que me preguntaste en el hospital.

- ¿Qué? – preguntó, sin entender lo que quería decir. Y entonces lo recordó. Cogió aire y dejó que el tacto de la piel del hombre le ayudara a calmarse - ¿Qué querías decir con que por mí sí lo harías? Que transformarías a mi padre.

- Porque por ti haría lo que fuera – respondió sin dudar – Porque eres , Stiles. Y sólo por ti.

- ¿Entonces por qué estabas tan enfadado conmigo? ¿Por qué hiciste aquello? Cuando ya te había pedido perdón. ¿Por qué estaba también Isaac enfadado conmigo? ¿Por qué dijo que yo te hacía miserable y que todo era por mi culpa? – tragó con dificultad, sintiendo que su corazón se había disparado un poco, y se obligó a respirar hondo para relajarse – Perdona. Lo estoy volviendo a hacer.

Derek apretó un poco más fuerte la mano de Stiles.

- Al principio no pensé que sintieras algo por mí – empezó a decir Derek – Pensé que era simplemente deseo. Que lo único que querías era tener sexo conmigo.

Stiles estaba confuso.

- ¿No oías cómo me latía el corazón? ¿No desprendía un olor distinto?

- Sí. Podía oler el deseo. Y era el mismo olor que desprendía… ella – dijo al final, negándose a pronunciar su nombre.

- ¿Pensabas que sería cómo ella? ¿Qué sólo quería utilizarte?

- Claro que no – respondió muy serio. Tal vez demasiado – Pensaba que sólo eras otro chico con ganas de perder la virginidad, y que de pronto tenías la opción de hacerlo con un adulto atractivo que creías que, milagrosamente, se había fijado en ti.

- Como te ocurrió a ti – Derek asintió – Has dicho al principio. Cuándo… Cuándo cambió.

- La última vez que estuvimos juntos, después de solucionar el problema de los Alfas – empezó a acariciar la mano de Stiles con el pulgar, dibujando círculos imaginarios en ella - Cuando me cogiste de la mano y me dijiste que te gustaría haber fingido que era algo más que sexo – notó un leve temblor recorriendo el cuerpo del chico, y sonrió levemente tratando de calmarle – Hasta entonces no lo supe. Nunca pensé que podías verme como algo más que para pasar un buen rato.

- ¿Por qué no me lo dijiste entonces?

Derek alzó levemente una ceja antes de responder.

- Aquí es cuando tengo que recordarte que no soy bueno con las palabras.

- Pero…

- Cuando supe la verdad, al principio no me lo podía creer. No me lo quería creer. Por primera vez en siete años… - apretó los labios, sin saber cómo seguir – Me pregunté si era real. Y luego si lo merecía. Y si tú merecías complicarte la vida con alguien como yo.

- Y decidiste que no merecía la pena… - asintió Stiles agachando la cabeza, sólo para que Derek la levantara con un dedo bajo su barbilla. Y notar sus dedos sobre su cara, por primera vez en tanto tiempo, hizo que Stiles deseara recorrer la distancia que les separaba para besar sus labios.

- No – sonrió Derek, al tiempo que apartaba los dedos de la barbilla para secarle las lágrimas que se habían escapado de sus ojos sin que se hubiera dado cuenta – Decidí que merecía ser feliz. Que los dos lo merecíamos.

- ¿Qué? ¿Por qué no…

- Porque te marchaste a Boston.

Stiles miró embobado al hombre. Tanto porque tenerle tan cerca, tocándole y sonriéndole de aquel modo era realmente desconcertante; como por el propio significado de sus palabras.

- Pero pasaron meses hasta que me fui.

- Y aquí es donde te recuerdo, de nuevo, que no soy bueno con las palabras ni con poner al día mis sentimientos – su sonrisa se amplió un poco más al ver la cara de sorpresa del chico – Intenta entenderlo. Era la primera vez en casi diez años que me planteaba siquiera la posibilidad… Y tú eras un humano en la manada. Y menor de edad. Y el hijo del Sheriff.

- Joder – musitó Stiles, antes de darse cuenta de una posibilidad - ¿Y por qué no viniste? Como has hecho ahora.

- Porque pensé que el marcharte de Beacon Hill, era tu manera de decir que no lo querías. Que no querías intentarlo y luchar… Que te habías cansado de… luchar por mí.

- ¿En serio? – preguntó incrédulo – ¡Me marché porque no soportaba verte cada día y no poder besarte! – gritó con rabia – Porque necesitaba alejarme de ti para intentar olvidarte y...

- Lo sé – musitó desolado - Ahora lo sé.

- Estaba enamorado de ti, Derek – dijo con la voz rota, logrando que al Alfa se le erizaran los pelos de la nuca. Porque nadie jamás le había dicho algo así - ¿Sabes lo difícil que fue vivir aquellos meses? ¿Lo horrible que han sido estos cuatro años?

- Lo siento – le apretó la mano con fuerza, luchando por no tirar de ella y abrazarle como realmente deseaba hacer. Porque no tenía derecho a hacerlo.

Porque Stiles no dejaba de haber hablado en pasado.

Estuvieron un par de minutos así, los dos sin decir nada. Cada uno pensando en lo que ocurrió entonces, y en lo distinto que habría sido todo si tan sólo hubieran tenido el valor de decir lo que realmente sentían.

- Por eso estabas tan enfadado – dijo entonces Stiles, un poco más calmado – Cuando llegué a casa, olía a ellos. Y pensaste que te había olvidado por completo – Derek asintió muy lentamente, dejando que el dolor que sintió cuando captó el olor de alguien que no era él sobre la piel de Stiles, se reflejara en sus ojos.

- Aunque sabía que no había nada que te impidiera conocer a alguien, en el fondo albergaba la esperanza de que me esperaras – alzó la mirada al techo y apretó la mandíbula con rabia – Pero sabía que ni siquiera tenía derecho a esperar aquello, así que me odié a mí mismo por haber perdido la oportunidad de mi vida pero… Cuando me pediste que transformara a tu padre, la rabia que sentía hacia mí mismo se transformó en rabia hacia ti y… no sé…

- Porque nunca se te ha dado bien poner al día tus sentimientos – terminó Stiles por él. Y Derek asintió con seriedad, pero al final sus labios se torcieron en una minúscula sonrisa cuando vio que el chico también estaba sonriendo - Dios. Somos los tíos más estúpidos del Universo. Lo sabes, ¿verdad?

- Empiezo a darme cuenta – tuvo que admitir.

- Hemos necesitado cuatro años, y que mi padre estuviera a punto de morir, para tener esta conversación.

- Lo siento muchísimo.

- No – giró la mano que seguía apoyada sobre la cama, para ser esta vez él quien apretara la mano del hombre - Ha sido culpa de los dos. Yo también podría haberte llamado al menos. O haber ido antes – meneó la cabeza - ¿Sabes las veces que estuve a punto de volver? Pero nunca me atreví a dar el paso porque…

- Porque somos los tíos más estúpidos del Universo.

Stiles rió con ganas, y al hacerlo se sintió liberado. Sintió que podía respirar por primera vez en cuatro años. Y con ello, sintió que desaparecía por completo el temor de lo que podía o no podía hacer ahora.

- ¿Significa esto que ya podemos centrarnos en la parte del beso? – preguntó con una mezcla de duda y esperanza – Porque creo que ya hemos esperado bastante y…

- ¿Quieres hacerlo? – preguntó el hombre con dudas. Con muchísimas dudas.

- ¡Sí! ¿No estaba claro con mi declaración de antes? – preguntó asombrado, antes de torcer ligeramente el cuello - Que, ahora que lo miro en perspectiva, reconozco que ha sonado bastante bien para haber sido totalmente improvisada.

- Pero has hablado en pasado.

- ¿Qué?

- Has dicho que… - dudó, apretando los labios, como si le diera vergüenza decir la frase. Y aunque a Stiles se le antojara adorable aquella expresión, se guardó la imagen para futuras venganzas – Has dicho que estabas enamorado de mí.

- ¿Ah, sí? – Derek asintió con seriedad, y Stiles trató de mantener una expresión fría el mayor tiempo posible – Entonces será mejor que lo corrija – le sonrió al tiempo que apretaba con fuerza la mano del hombre – ¿Derek Hale? Yo, Stiles Stilinski estoy enamorado…

No pudo terminar la frase. Derek tiró de su brazo con fuerza y se encontró pegado al cálido cuerpo del hombre lobo, con sus cálidos y suaves labios pegados a los suyos.

Derek le besó con calma. Como si tuvieran todo el tiempo del mundo. Pese a las ganas que tenía de probarlos después de cuatro años de espera, los besó lentamente, dejando que sus sentidos se llenaran de la textura, el olor y el sabor que desprendían los labios de Stiles.

Y Stiles estaba totalmente de acuerdo con el ritmo que imponía el Alfa, disfrutando de la sensación de estar rodeado por aquellos musculosos brazos. Notando el pecho de Derek apretado contra el suyo, y sintiendo el calor que desprendía su piel.

Y aunque cierta parte de su anatomía le pedía un poco más de atención, se conformaba con tener de momento aquello. Porque era algo que realmente no habían tenido la ocasión de disfrutar antes.

Cuando por fin Derek despegó sus labios de los suyos, Stiles apoyó la cabeza en el hombro del Alfa, abrazándole con fuerza. Enseguida notó los dedos del hombre enredándose en su pelo, jugando con él, y una vez más se alegró de haber tomado la decisión de dejárselo más largo.

- Dios… - suspiró Stiles como si estuviera en éxtasis – Retiro lo dicho. Si hemos necesitado cuatro años para que llegara este momento, creo que ha merecido la pena.

Derek rió sin dejar de acariciarle el cabello, y Stiles fue consciente de que era la primera vez que le oía reír. Tal vez fuera incluso la primera vez que reía desde que su vida fue truncada por una psicópata. Y pensar que era gracias a él, logró que Stiles suspirara una vez más de alegría, apretando con más fuerza los brazos para que no estuvieran separados ni un milímetro.

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