Advertencia: puede contener escenas un poco explicitas.
Cap. 21
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Hemos sido bendecidos... o eso creimos.
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Estaba nerviosa a mas no poder.
El tan esperado dia a habia llegado y solo habia una palabra que podia describirla en este momento: Panico.
Temprano, en la mañana, Kagome a la mansion de los padres de Inuyasha, quiso ayudar en algo, cosa que no hizo falta ya que habian muchas personas, asistentes y sirvientes, arreglando y preparando todo el lugar para la mentada celebracion.
La fiesta no seria hasta la noche, asi que se puso a dar vueltas por los alrededores, estaba caminado por los jardines, cuando lo vio: alli estaba Sesshomaru, sentado bajo un arbol leyendo un libro. su oportunidad perfecta para acribillarle con preguntas incomodas.
Se acercaba con paso tranquilo, no queria asustarlo.
Cuando llego, se sento a su lado, este no se movio ni hizo nada, seguia concentrado en su lectura.
-Hola, Sesshomaru- lo saludó con voz cantarina.
-Hola.- le responde este sin quitar la vista de su libro.
-¿Como estas?
-Bien, ¿y tu?
-Bien.
Entablar una conversacion con este ser era imposible, decidio que debia ir al grano.
-Sabes, hace unos dias mi prima me dijo que salieron a comer- empezo a decir con calma- ¿La pasaron bien ese dia?
-¿Por que me preguntas? ¿Tu prima no quiso decirte?- que le respondiera con otras dos preguntas no aclaraba sus dudas, pero si una cosa crucial: responder con otra pregunta significa evadir la primera, lo que quiere decir que hay una razon por la que cual no quiere responder.
-No quiso hablar, estaba muy apurada en ese momento- le respondio con tranquilidad- Es tan tierna, ¿no lo crees?
-Si, claro- seguia sin mirarla si quiera, es como si le diera igual.
Decidio desistir y se marcho despidiendose de el, ya encontraria una manera de confirmar sus sospechas. Por ahora iria a la que era la habitacion de Inuyasha, seguro aun debia tener alli su playstation.
Antes de que empezara la fulana fiesta, Inuyasha opto por quedarse en su casa, no queria estar presente durante todo ese caos. Kagome le habia dicho que estaria alli desde la mañana y le parecio bien, al menos alli podria entretenerse durante el dia.
Por alguna razon no queria verla aun, como cuando dicen que es de mala suerte que el novio vea a la novia, asi se sentia el.
Le habia comprado otro regalo, unos pendientes de zafiro para que los usara junto al collar que le regalo. A pesar de que Kagome le habia dicho que no le regalara cosas costosas, a Inuyasha le dio igual, le daria las cosas que el quisiera, fueran caras o no, ya debia acostumbrarse a eso.
Estaba en su casa, trabajando como si fuera un sabado cualquiera, su padre le habia dado un puesto importante junto a Sesshomaru, ambos ejercian juntos la vicepresidencia de la compañia.
Se levanto temprano en la mañana, nervioso y emocionado por lo que puediera ocurrir esta noche. Sabia lo que la gente diria en cuanto vieran a Kagome, y sabia lo que esta haria si se daba cuenta de ello, eso le asustaba un poco pero le divertia a la vez.
Ese tipo de fiestas siempre le parecieron aburridas, incluso la que hicieron cuando se comprometio con Kikyo. Pero esta seria diferente, porque Kagome seria la protagonista de la noche. Habria mujeres envidiosas y hombres mirandola deseosos, esto ultimo lo enojaba hasta las tripas, pero se contendria.
Aun no sabia como se vestiria ella, pero estaba seguro que seria algo que lo volveria loco.
Eso era algo innato en ella, algo con lo que nacio y siempre vivia consigo: esa habilidad natural de sorprender a la gente y dejarlos con la boca abierta. Ella es luz y oscuridad a la vez, a algunos eso les asustaba, a Inuyasha le gustaba.
Nunca conoceria a alguien como ella en su vida, NUNCA.
Mientras seguia revisando el papeleo, por alguna razon desconocida, la imagen de Kikyo le vino a la mente. Como siempre, se volvio a fijar en el parecido que tenia con su prometida.
Aun pensando en eso, saco de su billetera, una foto de Kikyo y una de Kagome. Las puso en el escritorio, una al lado de la otra, y empezo a mirarlas con atencion. Solo habia una diferencia y eran los labios y el cabello de ambas.
¿Por que ese parecido le soprendia y le inquietaba a la vez?
Tenia un mal presentimiento, sentia que algo no estaba bien del todo.
Eso era muy extraño en Inuyasha, el siempre fue una persona optimista, sin embargo, en estos momentos lo inavadia una inquietud inexplicable. No tenia sentido sentirse de esa manera, pero no podia evitar hacerlo.
Se puso de pie y se sirvio un trago de whisky.
Seguramente el alcohol lo aliviaria en esos momentos. Levanto la vista hacia el espejo que tenia a sus lado y observo su reflejo.
Tenia ojeras en los ojos y el rostro un poco demacrado, cualquiera que lo conociera bien sabria que en estos dias no ha estado durmiendo bien. El trabajo y la fiesta de hoy lo han tenido muy estresado y enojado.
Seguramente por eso tenia un mal presentimiento: su aspecto podria dar que hablar.
Despues de haberse terminado su trago, se dirigio a su habitacion para poder dormir una siesta, seguro el sueño aliviaria sus pensamientos sobre lo que sintio hace un momento.
Se miraba en el espejo, con cierto resentimiento reflejado en su mirada. Esa mujer estaba enojada a mas no poder.
Estaba vestida con un ajustado vestido negro sin mangas y llevaba uno de sus mas caros y mejores perfumes. Usaba un lapiz labial rojo, tan rojo como la sangre. Llevaba su largo cabello negro suelto, dandole un aire gotico.
Kikyo se miraba en el espejo una media sonrisa, la cual reflejaba su rabia y enojo.
Esa noche haria algo que su nemesis jamas olvidaria.
La haria sufrir, la haria gritar.
La haria sentir lo que ella sintio cada vez que ella la opacaba con su maldita voz. Aquella voz de la siempre estuvo enamorada en secreto. La voz de aquella mujer a la que odia y ama a la vez.
Desde lo mas profundo de su ser, queria vengarse de una manera cruel. La buscaria, la amarraria, la torturaria, abusaria de ella.
Kikyo estaba sumida en la locura.
Sus ojos castaños que durante un tiempo mostraron vida ahora solo estaban opacos y sin ningun atisbo de cordura. Su rostro no mostraba ninguna expresion, solo una sonrisa pequeña.
Desde hace meses que dejo de reir, dejo de vivir, solo se dedicaba a llorar. Solo es un cadaver ambulante que se dedica caminar porque ve a los demas caminando. Esta muerta en vida.
-Deberia cortarle la gargante.- dice mirandose en el espejo- y beberme su sangre como el mas fino de los vinos.
De su bolsito de mano, saca una pequeña navaja y se realiza un pequeño corte en la muñeca. Esto no parecio dolerle en lo absoluto.
De la herida sale un camino de sangre que se extiende por su brazo, al cual le pasa lengua, degustando el sabor de su propia sangre.
-mmm, esta divina, me pregunto si la de Kagome sabra igual.
Vuelve a realizarse otro corte, pero esta vez mas profundo.
Asi hizo con el otro brazo.
Despues de haberse cortado, se coloca dos brazaletes anchos en cada muñeca, para asi tapar los cortes de los ojos curiosos.
Despues de haberse dado unos pequeños toques, sale de su habitacion, para dirigirse a la fiesta en honor a su nemesis y su ex-prometido.
Esta noche sera estupenda, tanto para ella como para Kagome.
Kagome se miraba fijamente en el espejo de la habitacion, no queria parecer vanidosa, pero admitia que esa noche se veia muy bien. Su cabello no estaba ondulado como siempre, para esta ocasion decidio alisarlo y el degrade que tenia le sentaba muy bien con el cabello liso, se podia observar como el azul cambiaba suavemente a un color lila claro que terminaba con un morado un poco mas oscuro. Si a Kagome no le iba bien como cantante, podria ser una excelente estilista.
El vestido, los zapatos, el maquillaje, todo en ella se veia en su mas extrema perfeccion.
Estaba en la habitacion que le pertenecia a Inuyasha, decidio vestirse y pasar el dia alli, ya que la habitacion olia a el. Se sentia comoda en aquella habitacion, la cama era comoda y habia un monton de obejtos frikis que a ella le fascinaban.
Lo que mas le gustaba era su equipo de sonido, que aun estaba alli, de hecho, cuando se mudo no se llevo nada con el, dejo la habitacion tal como estaba. Ni siquiera habia polvo en los objetos, el servicio limpiaba por lo menos dos veces a la semana, eso le habia contado Izayoi.
Ya eran las 9 de la noche, no era necesario que saliera para verificar si ya habian llegado los invitados, desde donde estaba podia escuchar el bullicio tanto en el exterior como en el interior de la mansion Taisho. Estaba nerviosa mas no poder, ni squiera los nervios que sintio en la presentacion del aniversario de la universidad se habia sentido tan asustada como en este momento. Claro, aquella canto, cosa que sabia que haria bien, pero esta noche, debia interactuar con gente de la alta sociedad, aquella que te juzga con la mirada sin siquiera conocerte, aquella sociedad que odia y a la que pertenece, o eso aparentaba.
-Bueno, no deberias estar asustada- se dice a si misma- no es la primera vez que vas a una fiesta como esta, todo estara bien.
Se da unas palmadas en el hombro y sale de la habitacion temblando a mas no poder. Empieza a caminar por los pasillos, mientras, un joven de ojos dorados que acaba de llegar a la fiesta, la busca desesperadamente.
...
Inuyasha llego tan rapido como pudo a la mansion de sus padres, estaba vestido con un esmoquin negro y el cabello un poco alborotado. Atraveso la puerta principal como un rayo, buscando a su novia/prometida.
Facilmente pudo haber entrado por la puerta trasera, pero la verdad no queria perder el tiempo dando toda la vuelta, y decidio entrar por la puerta de enfrente, donde todo el mundo lo veria y intentarian saludarlo y bombardearlo con preguntas que no tenia humor para responder.
Con habilidad, esquivo a cada mujer, hombre y niño que intento acercarse a el, desde joven aprendio a hacer tal cosa. Despues de tanto caminar subio al piso de arriba, instintivamente se dirigio a su habitacion, ya que su madre que Kagome estaria alli arreglandose, pero cuando entro esta estaba completamente vacia, cosa que le parecio un poco extraño, las mujeres no suelen arreglarse tan rapido.
Salio y se encontro a una criada arreglando un cuadro mal puesto.
-¿Haz visto a mi prometida?- le pregunta educadamente.
La joven muchacha nego con la cabeza y con su permiso se retiro.
Inuyash bajo, buscando a su madre. La encontro en el jardin hablando con unas mujeres.
-Madre- dice Inuyasha, interrumpiendo- ¿Haz visto a Kagome?
-No, hijo, hace rato que ya debio haber bajado.
-Que raro- dice Inuyasha- no la he visto y arriba no esta.
-Seguro se escondio en la cocina-dice su madre poniendo su mano en su hombro.- tampoco tenia muchas ganas de salir.
Inuyasha se alejo de su madre en direccion a la cocina, dentro de unos minutos anunciarían su compromiso y la regla decia que tenian que estar los dos presentes.
-Kaede, ¿No sabes donde esta Kagome?- le pregunto a su nana en cuanto entro.
-Ni idea hijo- dice esta mientras dirige a las muchacha en la cocina- no la veo desde fue a vestirse.
Inuyasha ya se estaba desesperando, un muchacho iba a salir con una bandeja con copas de champan y tomo una y se la bebio de un trago.
Se le hacia bastante extraño que su novia no estuviera en la cocina comiendo todo lo que habian preparado.
Entendia que no estuviera entre los invitados sola, pero, ¿donde podria estar?
Todo a su alrededor estaba oscuro y sus muñecas le dolian.
De hecho, todo su cuerpo le dolia, sentia como si le hubiesen cortado desde el cuello hasta los pies, hasta podia sentir la sangre resbalarse por su cuerpo.
No podia moverse, estaba atada y tenia los ojos vendados, razon por la que no veia nada.
Kagome estaba asustada, ¿que enfermo pudo haberle hecho eso? La respuesta llego cuando alguien le quito la venda de los ojos con suma delicadeza.
Ahogo un grito, al ver a la persona que estaba delante de ella. La cara de Kikyo en ese momento solo la describia una palabra: locura.
Kagome la miraba con los ojos como platos, sonreia de manera malefica y estaba desnuda. Por inercia miro su cuerpo, y descubrio que al igual que ella estaba despojada de sus ropas.
Quiso gritar, pero no podia hacerlo, sentia como si su gargante se hubiera cerrado y no podia articular palabra alguna.
-¿Por que?- fue lo unico que salio de sus labios.
Kikyo dejo dejo de sonreir repentinamente y con la navaja que tenia en sus manos, realizo otro corte profundo en el abdomen de Kagome. Esta grito al sentir tal dolor, mientras Kikyo le pasaba la lengua a la sangra que salia de la herida.
Una escena para nada bonita y muy inquientante. La habitacion estaba apenas iluminada por unas cuantas velas y no era muy grande, habia una pequeña cama y una mesita al lado de este y una puerta, la cual Kagome asumio que era la salida, ya que no habia ninguna mas.
-Tu sangre es muy deliciosa- dice Kikyo con una voz sensual y grave.
Nuevamente, volvio cortar a Kagome, esta ven en el antebrazo.
Kagome solo gritaba de dolor, ¿Como fue que llego a parar a aquella habitacion?
Flash back.
Kagome salio de la habitacion de su prometido, para dirigirse a la fiesta de abajo, mientras caminaba hacia las escaleras, Vio a Kikyo observandose a si misma en el espejo, cuando voltea y mira a Kagome y articula una sonrisa.
-¡Kagome!- dice esta con alegria al verla.
Kagome, sin embargo, se quedo estatica al ver la reaccion de su nemesis.- ¿Disculpa?- pregunta aturdida.
-Queria decirte, que lamento mucho lo que paso duranto estos años entre nosotras- dice con arrepentimiento- En serio, lo lamento mucho.
Kagome al principio no pudo creerselo- ¿En serio lo sientes?- pregunta aun recelosa.
-en serio- dice con mirada de perrito triste.
Cuando Kagome estuvo a punto replicar, Kikyo agarro dos copas de vino que estaban en la mesita que esta debajo del espejo donde ella se estaba mirando.
-Brindemos.- dijo ofreciendole una a Kagome.
Estuvo a punto de negarse, pero se sentia muy nerviosa por la fiesta, asi que sin dudar un poco la acepto y se la bebio de un golpe.
A los segundos, empezo a sentirse mareada, hasta que todo se volvio oscuro y desvanecio...
Fin flash back.
-¡Maldita!- grita Kagome a todo pulmon.
Kikyo la miraba expectante, con una sonrisa en sus finos labios. Lentamente se acerca a Kagome, rozando levemente sus labios con los de ella, seguidamente le da una bofetada.
-¿Alguna vez te dije que me gustabas?- pregunta con una sonrisa sadica, la cual reflejaba su demencia.
Kagome aun seguia sin poder asimilar del todo esa vergonzosa situacion. Kikyo la habia drogado, la habia desnudado, la habia cortado, se habia bebido su sangre y aparte de todo la habia besado.
-Omitiste eso durante diez años- le dijo tratando de parecer calmada, pero en el fondo no lo estaba, estaba muy asustada, ¿y si abuso de ella mientras estaba inconsciente? Habia muchas incognitas en su cabeza en ese momento.
¿Kikyo gustaba de ella? Eso era muy dificil de creer, teniendo en cuenta que le hizo su miserable vida aun mas miserable.
¿Drogarla, secuestrarla y maltratarla? Eso era ir demasiado lejos, y beberse su sangre... Eso era simplemente desquiciado. Kikyo estaba loca, eso lo sabia, pero resulto que estaba mas loca de lo que pensaba.
Intentando tranquilizarse, observo con mas detinimiento la habitacion. Kikyo estaba sentada al borde de la que pequeña cama, bebiendo un liquido que a la luz de las velas se podia notar que era rojizo: vino o tal vez su propia sangre.
Kagome estaba de pie con su espalda pegada a la pared, sus brazos estaban extendedidos y amarrados con una cuerda cada uno. Si no salia pronto de alli empezarian a dolerle.
Debia salir de alli antes de que Kikyo la desangrara por completo, pero... ¿Como lo haria?
La familia de Inuyasha y la de Kagome estaban al borde la locura. Ya estaba por amanecer y aun Kagome no aparecia. Inuyasha estaba haciendo de todo por encontrarla.
Casi se le cae el mundo cuando vio, en las grabaciones de seguridad, que fue Kikyo quien se la habia llevado. Le dio una bebida y esta al instante cayo desmayada y Kikyo se la llevo cargada.
Inmediatamente se lo notificaron a la familia de ella, sus padres al enterarse de tal cosa no dijeron palabra alguna, estaban atonitos, ya que, segun ellos, Kikyo debia estar encerrada en su cuarto bajo llave, alguien la dejo salir. La señora Roberts lloraba desconsolada, no queria que la locura de su hija saliera a la luz.
El señor Roberts no perdio la razon en ningun momento, se mantuvo firme, pero igual disgustado con por el comportamiento insensato de su hija.
Tsubaki y Rin, quienes se quedaron hasta el amanecer en la mansion Taisho junto con estos, los amigos de Kagome y los padres de Kikyo, estaban desconsoladas. Como aun no les daban informacion, decidieron marcharse para asearse ya que aun tenian puesto los vestidos de la noche anterior. Inuyasha se ofrecio a llevarlas y aceptaron con gusto.
Mientras iban en el auto no dijeron palabra alguna, ¿de que podian hablar?
Kagome estaba desaparecida con una loca y todos tenian miedo.
Despues de haberlas dejado en su casa, Inuyasha se dirigio a la suya, debia cambiarse para ir con su padre a buscarla por toda la maldita ciudad. Ya la policia estaba en eso, pero no podia quedarse de brazos cruzados.
En ese momento se dio cuenta de lo poco que conocia a Kikyo Roberts. Siempre supo que tenia una actitud fuerte, ¿pero que tener doble personalidad? Eso era escalofriante. Segun la madra de Kikyo, esta empezo a sufrir ese trastorno a partir de los 15 años, desde entonces ha sido una pesadilla. Hacia tiempo que Mircalla, la otra personalidad de Kikyo, no habia aparecido. Mircalla es casi igual que Kikyo, solo que con unas cuantas diferencias: Se cree vampiro y le gusta tomar sangre. Durante el tiempo que Kikyo e Inuyasha estuvieron juntos nunca aparecio tal personalidad, Inuyasha da gracias a Dios por ello, enterarse que tu novia no es ella siempre es aterrador, pero por un lado sentia lastima por ella y por su familia.
¿Como una mujer tan bella puede sufrir tal enfermedad? Desgraciadamente, esa hermosa mujer secuestro a su novia y quien sabe que podria estar haciendole.
¿Como saben que fue Mircalla y no Kikyo quien se llevo a Kagome? Facil, los padres de Kikyo revelaron que Mircalla esta enamorada de Kagome. Ese fue una aclaracion fuerte y confusa a la vez, nunca creyo que esto pudiera pasarle. Parecia una historia de terror ligada a una de amor y comedia.
Llego a su mansion y fue a darse un baño rapido. En la ducha no dejaba de pensar en las atrocidades que Mircalla le hacia a su cuerpo, se cortaba solo para beberse su sangre en una copa de vino. En varias ocasiones, sorprendia a las sirvientas intentando morderlas para chupar su sangre. La servidumbre de la mansion de los Roberts era muy valiente para trabajar alli con semejante ser humano al lado.
Si era capaz de hacerle eso a la gente a su alrededor, ¿que seria capaz de hacer para conservar a la persona que ama?
A Inuyasha, de repente, se le erizaron los vellos de la nuca...
Continuara...
