CAPÍTULO 21
EL DIOS SUPREMO
Todo el mundo se había quedado enmudecido. Los caballeros de bronce no entendían muy bien la situación, y parecía ser que sus compañeros tampoco. Resumiendo lo que había pasado en los últimos minutos, los caballeros de oro a los que Seiya y sus compañeros creían haber derrotado reaparecieron, en teoría para matarlos, pero atacaron a Zeus.
Cuando ya lo tenían, Shiro disparó a Marcus, su compañero y luego derribó a los demás. Parecía que eran leales a Zeus, pero de golpe los cuatro caballeros de oro se volvieron contra él y lo atacaron. Y, ahora, había aparecido Urano acompañado de un quinto caballero de oro, vistiendo la armadura de Géminis.
Si los santos de bronce entendían poco lo que estaba pasando, los compañeros de los caballeros de oro traidores aún menos.
Zeus miró sin pestañear a Urano. Estaba tan sorprendido como todos. Salvo las raras ocasiones que había ido a visitar a su hermano, donde lo había visto bajo el lago helado Cocytos, esa era la primera vez que lo tenía de frente. Y si en aquel entonces ya el cosmos que emitía, a pesar del sello de su padre, ahora casi podía decir que era la primera vez que sentía el miedo.
- ¿Cómo es posible que estés aquí? Por mucho que Hades haya muerto, ¡el sello te tendría que haber mantenido sellado!
- ¿De verdad pensabas que un sello con una antigüedad de millones de años me mantendría para siempre allí debajo, Zeus? Además, debo darle la gracias a tu hermano, es decir, a mi nieto. Fue él quien me liberó.
- ¡¿Qué? ¡Hades jamás haría algo así! – Protestó - ¡Juramos mantenerte sellado por todos los medios!
- Tu hermano pareció olvidar de donde provengo yo… fui creado por el caos, por el mismo momento en que nació el Universo con el Big Bang. Y es de allí de donde obtengo mi energía.
- No te entiendo…
- Hace millones de años, Caos, dio la vida a dos dioses en un planeta, a Gea, la tierra, y Urano, el cielo. Pero dime, ¿qué es Caos exactamente? ¿Cómo se presenta?
El Olímpico no dijo nada. En verdad nunca había visto a Caos. Su madre le había hablado algunas veces de él, y Gea también, pero no tenía idea alguna de cómo o quien era.
- Hades intentó liquidar a la raza humana con un eclipse, justo en el momento que se alineaban los planetas, pero… esa unión tiene una razón. Es un camino.
- ¿Un camino? – A la vez que Zeus hablaba, Shiro y sus compañeros se unieron al caballero de Géminis que había llegado con Urano y se arrodillaron tras él.
- Caos no es más que pura energía, energía que se mueve por todo el cosmos. Esa energía que nos creo a los primerizos dioses de este planeta desapareció una vez terminó de formarse el sistema solar, porque los planetas comenzaron a girar alrededor del sol. Y todo por culpa de ese maldito Olímpico…
Zeus palideció. Creía estar entendiendo lo que quería decir. Antes de que los Olímpicos hicieran frente a los Titanes, en la tierra no brillaba el sol. No fue hasta que Zeus encomendó a Apollo dirigirlo con su carruaje y ponerlo justo en el centro del sistema que los planetas comenzaron a girar y a tener luz durante unas pocas horas, creándose entonces la noche.
- ¿N… no me dirás que…?
- En efecto – sonrió – Antes esa energía nos llegaba porque los planetas siempre estaban alineados. Eran como un conductor de la energía de Caos. Sin embargo, Cronos, tu padre, sabía perfectamente cuando me derrotó que yo acabaría volviendo, por eso puso ese sello. Y, por esa misma razón, os devoró a ti y a tus hermanos. No porque temiera ser derrotado por ti, sino porque quería vuestra energía para hacer más fuerte la suya, por si algún día yo acabase volviendo.
"Pero cuando por fin pensé que era mi oportunidad, le vencisteis… tú y tus hermanos. Desalineasteis los planetas al poner el Sol en el centro del sistema y mi cosmos no podía regenerarse… salvo cuando era esa alineación, cada miles de años. Aún así, tenía una oportunidad, solo tenía que engañar al dios que más odiaba este planeta: Hades. Le convencí de que aprovechase esta alineación para crear el eclipso, lo que permitió que el poder de Caos llegase hasta mí. De ese modo pude liberarme."
Lo que decía no era para nada una tontería, ni tampoco una locura. Cierto es que los dioses cuando había una alineación de todos los planetas era cuando más poderosos se sentían, pero nunca le habían prestado atención a ese hecho. Y ahora resultaba que eso era lo que iba a provocar la caída del Olimpo.
- También debo darle gracias a tu hija, Atenea. El haber derrotado a Hades, y provocado su furia, hizo que fuera fácil de engañar. Poseidón no hubiera caído tan fácilmente en mi artimañana. ¿Cómo estará?
Urano chasqueó los dedos, y de la nada Atenea se presentó al lado de Zeus, cayendo al suelo inconsciente. Al verla, todos los caballeros de bronce, y los caídos de oro, se pusieron nerviosos. Allí estaba, su señora, su diosa, a la que debían salvar. Estaba inconsciente, pero no era ninguna treta de Urano, era realmente ella.
- ¡Saori! – Gritó Seiya al verla, pero, claramente, ella no le respondió, ni siquiera pudo oírle.
Urano movió la mano y la hizo levitar hasta él. Al ver ese acto, Seiya sacó fuerzas de donde no sabe donde, y se lanzó a por ella. Al notarlo, Urano lo hizo caer a tierra sin tan solo pestañear. El golpe quebró el suelo, y de la cara de Seiya salió una gran cantidad de sangre.
- ¡Seiya! – Exclamaron sus compañeros.
Cuanto llegó hasta él, Boreas la cogió entre los brazos al vuelo, ante una afirmación de su señor que aceptó el acto.
- Vas a mostrarme el camino hacía el Olimpo.
- ¡¿Qué?
El cuerpo de Zeus comenzó a elevarse contra su voluntad. Por más que intentaba resistirse era inútil, no podía hacer nada ante el poder de Urano.
El dios comenzó a levitar y a seguirlo, así como sus fieles caballeros dorados. Seiya no se quedó quieto y de nuevo atacó, a pesar de que la sangre en su cara le impedía ver nada.
- ¡Saori!
Antes de que Seiya pudiera alcanzar a Urano, Shiro detuvo su golpe y le contraataco con un rodillazo en el estómago. Seiya estuvo a punto de caer en shock, ya no podía resistirlo más, estaba destrozado tanto por dentro como por fuera, sus cinco sentidos le fallaban y apenas sentía ya el dolor.
Antes de dejarlo caer a tierra, Shiro se acercó a su oído y le susurró algo. Seiya no creía haber oído bien lo que le acaban de decir, pues estaba más muerto que vivo, pero aún sus ojos se abrieron como platos. Cuando le soltó, le pareció ver con su borrosa visión como Shiro le sonreía, y entonces se marchó levitando con los demás, camino al cielo.
- S-Saori… - pudo murmurar, mientras intentaba mirar en dirección hacía donde se llevaban a Atenea - ¡Ateneaaaaaaaaaaaaaa! – Exclamó con las pocas fuerzas que le quedaban, antes de caer definitiva inconsciente.
