DISCLAIMER:Los personajes pertenecen a la distinguida Señora Meyer, nosotros jugamos al antojo de nuestras retorcidas mentes. Cualquier semejanza con "Gata Salvaje", "Pasión de Gavilanes", "Las María del Barrio" o "Maldita Lisiada" es premeditada en su máxima expresión, con la intensión de que podamos reírnos un poco a costa de un culebrón siliconado.


CARLISLE POV.

Los gritos y chillidos llegaron a mis oídos obligándome a levantar la vista del libro que estaba examinando.

Estaba cansado de leer, cansado de esconderme, cansado de fingir.

Tantos años dedicando mi vida a mis hijos, a hacer felices a otros, sin siquiera pensar un solo momento en mí… o en ella.

Dios, cuanto la amaba.

Cuanto me odiaba por haberle destrozado el corazón de aquella forma tan ruin… Como me odiaba por ser débil, por no luchar por lo que quería, por dejarme engañar por Esme aquella noche, por no investigarla más a fondo, por haber sido engendrado por alguien que permitió que toda mi maldita vida se arruinara en un solo segundo.

Quería salir de estas malditas paredes que me tenían preso, quería correr por los jardines de mi casa, sacar a esas mujeres ruines de mi vida.

Pero no sabía bien como hacerlo.

Seguía siendo un puto cobarde de mierda, sin saber como actuar, como defenderme, o mejor dicho, como atacar.

Debemos esperar un tiempo más, yo no quiero que vuelvan a dañarte – rememoró mi conciencia, dibujando una débil sonrisa en mi labios.

Ella…

Sue.

El amor de mi vida, seguía preocupándose por mí aunque se negase a regalarme esas miradas que me volvían loco. Aunque se negase a besarme, a mirarme a los ojos, a dejar de pensar y solo sentir… Ella, se preocupaba por mí.

La verdad es que nunca había dejado de hacerlo, y la verdad es que además de amarla, yo ahora le debía mi vida.

FLASHBACK

Después que Esme cerrara la puerta, sonreí para mis adentros. Quizás ella no era tan mala después de todo, solo una mujer con ambiciones, con sueños, los cuales quería cumplir a mi lado.

Sue tocó la puerta despacio, y entró en el silencio que había guardado durante veinte años en mi presencia. Mi corazón se retorció, pues aunque después de tantos años hubiese aceptado que ahora Esme era mi vida y mi familia, Sue sería por siempre y para siempre mi hogar.

Si había una cosa en la que yo creía, era en el karma, y sabía bien que esta enfermedad era el producto de lo que le había hecho a ella.

¿Cómo estás hoy, Sue? — era solo su voz. El simple hecho de escuchar su voz lo que me hacía respirar y despertar todos los días. Solo eso. Ella cerró los ojos por un segundo, mientras acomodaba las almohadas atrás de mi espalda.

Como todos los días, señor — respondió con voz distante y profesional. Suspiré y pronto sentí un agudo dolor en mi estómago, el cual ignoré pues deseaba seguir escuchándola. Cualquier cosa que saliera de sus labios.

¿Y eso es… bien o mal? — tomó la taza, poniéndola entre sus manos, y rápidamente el dolor se extendió por mi torso, haciendo que ahogase un gemido. Quise gritar pero no pude, era tan agudo e intenso que de pronto me había cortado la respiración. Ella se había dado la media vuelta.

Eso es algo que a usted no le incumbe — doblándome todo lo que mis inertes piernas me lo permitieron, alcancé a tomar su muñeca, apretándola con toda la poca fuerza que me quedaba. Cerré los ojos, y el dolor se extendió por todo mi rostro, mis manos, mis piernas, que parecieron cobrar vida para traer el mensaje más siniestro que pudiese haber imaginado. Había llegado el momento. Iba a morir, lo sabía. Sus ojos viajaron con asco desde dónde mi mano se había cerrado, hasta mi rostro, y se abrieron alarmados, presos de la sorpresa y del miedo —. ¡Carlisle! — gritó, pero yo comenzaba a verla de manera borrosa y pronto sentí como un sollozo estallaba en su pecho, odiándome por eso. ¡Ella no merecía llorar! ¡No por mí! — Carlisle, ¡no por favor! — sus manos cayeron sobre mi torso, mientras su rostro caía en mi pecho. La desesperación de saber que me iba y que ella por fin parecía mostrar alguna emoción por mí hizo que un golpe adrenalínico entrara en mi pecho muerto, y me hiciera pensar con claridad. El médico me había dicho que no iba a morir, mis miembros comenzarían a morir de a poco, pero no iba a morir repentinamente… No, no podía ser posible, había algo más. Algo que escapaba de mis manos.

Rememoré las comidas del día y rápidamente me di cuenta de que en el día no había comido nada, porque me sentía mal como para…

Oh, dios mío…

Hoy yo solo había tomado un té.

No había otra posibilidad.

Busqué con ojos enloquecidos, para encontrarme con los irritados ojos de Sue, quienes me miraron aliviados. Comencé a negar con la cabeza, mientras trataba de articular alguna frase.

Ba… Baño… Lleva… — tragué saliva, sintiendo como rápidamente mi lengua comenzaba a dormirse, como la vida se me escapaba con cada aliento —. Ve… Ve… Veneno.

Sus ojos parecieron comprender todo en un segundo, o más bien corroborar todo lo que siempre había pensado. Me tomó arrastrándome hasta el baño y simplemente me salvó la vida.

FIN FLASHBACK

Un tiro resonó por toda la casa y me alarmé. Agradecí, por la única cosa buena que había hecho Esme. Producto de los tratamientos para el veneno, y de el alto flujo de adrenalina que había sufrido mi cuerpo en los minutos donde pendió el fino hilo de mi existencia, mis piernas despertaron del letargo en el cual se encontraban, y ahora, después de estos meses tratándome vía videocámara con mi médico, en el más estricto secreto, había podido volver a caminar.

Y ahora iba a hacer las cosas bien.

Esas malditas mujeres de mala vida se iban a ir de mi casa, de mi vida y de la vida de mis pequeños. Aceleré el paso con el bastón que tenía, tomé el móvil y marqué el 911 mientras bajaba rápidamente las escaleras. Relaté todos los hechos con simpleza y de forma mecánica.

Todo lo rápido que mis lentas piernas me lo permitían.

Llegué hasta el salón, y la escena que vi ahí me dejó sin habla. Bella estaba con un arma, apuntando directamente a la sien de Tanya, mientras la aludida estaba con ojos desorbitados en el piso, con Emmett y una chica rubia sobre ella.

Edward sangraba en el piso, toda su hermosa camisa blanca manchada de un color borgoña claro, y Sue, con Alice, lloraban a su lado cubriendo la herida.

— ¿Qué mierda es lo que pasa aquí? — rugí sintiendo como la ira se agolpaba en todos mis miembros. Los ojos de todos se desviaron hacía mí, y el jadeo ahogado se extendió por toda la sala.

— ¿Papá? — Edward, entre su conciencia reconoció mi rostro, pero no alcancé a contestarle pues se desmayó en los brazos de mi amada. Miré a Sue a los ojos, y ella me hizo saber que su herida no era algo muy grave.

— ¿Padre? — Alice, quien estaba arrodillada en el suelo me miró con sus profundos ojos azules. Mi pequeña Alice… mi culpa en lo que ella se había convertido. Se iba a incorporar pero alcé una mano, deteniéndola.

— Ahora no, Alice. No es el momento — su rostro de porcelana se llenó de frustración, pero pronto se dio cuenta, después de ver como Sue me miraba, que yo lo sabía todo. Y no estaba nada contento con ella.

— ¿Carlisle? — Bella, aquella dulce muchacha que había rescatado a mi bello hijo de toda esa mierda en la cual estábamos insertos me observó con cautela. Le di una media sonrisa cálida y ella me la devolvió, con lágrimas cayendo por sus sonrosadas mejillas. — Oh, Dios, ¡estás vivo! — Tanya aprovechó el momento de distracción para golpear a Bella con su espalda, volteando a Emmett y comenzando a escapar. Pero las sirenas ya se oían en la entrada y pronto pasos fuertes comenzaron a llenar las escaleras.

Las puertas se tumbaron y Tanya quedó frente a frente con ellos.

— Alto ahí, señorita, ¡manos en alto y atrás de su cabeza! — los policías entraron rápidamente a la mansión llenando todo el hall y entre mezclándose con la gente que ahí estaba —. Queda usted detenida por homicidio de la señorita Rosalie Hale, además de intento de homicidio del señor Edward Cullen. Tiene usted derecho a un abogado, y sí no tiene el dinero para pagarlo…

— ¡¿Qué? ¡¿Por qué? ¡Soy inocente! — chillaba —. Edward, ¡diles que soy inocente! — los gritos de Tanya se vieron ahogados por los dos enormes policías que la rodearon, escoltándola hasta la patrulla que esperaba afuera.

Me dirigí de manera rápida dónde estaba Edward, lanzándome al suelo junto a él para revisar su herida. Tomé su camisa, abriéndola de manera rápida y observé el orificio el cual rozaba solamente sus costillas, llegando hasta la espalda.

— Es solo un roce, él va a estar bien — suspiré aliviado mientras veía como Bella formaba una sonrisa en su rostro y las lágrimas de felicidad caían libremente. Abrazo a Edward en silencio y él pareció reaccionar a su contacto.

Como siempre.

Una mano apretó de manera cariñosa mi hombro y volteé viendo como mi muchacho, mi orgullo más grande soltaba lágrimas de emoción, dándole un aire cómico al ver llorar a un hombre tan grande.

— Emmett — susurré, tomando sus anchos hombros y abrazándolo.

— Papá — balbuceó, llorando como cuando era un niño pequeño —. Pa…pá, ¿cómo es posible?

— Es un milagro, hijo — respondí apretándolo más contra mí, pero recordando que ahora mismo iba a acabar con todo esto —. Esme quiso matarme, pero no tenía idea que nadie puede con un Cullen.

— Lo sé — murmuró —. Es una perra.

— Sí. La maldita de Esme quiso asesinarme, pero…

— Carlisle — Sue llamó mi atención y la observé de inmediato. Daba gracias a Dios que nada le hubiese sucedido. Sus ojillos asustados me observaban cautelosos —. No está — murmuró, pero fruncí mi ceño, sin comprender —. Esme… ha escapado.


¿Que pasara con Esme? ¿Sue perdonara a Carlisle?

¿Tendremos final feliz?

Gracias por los rr, las alertas, los favoritos y todo lo demás

Nos vemos en la vecindad

Saludos

Las Marias del Barrio