XXI
Esa noche volví a soñar con aquella persona, siempre regresando a ese lugar en medio de la selva. Al despertar estaba un poco desorientada me dolía la cabeza y a penas y podía ver la luz. Intente hablar pero no tuve mucho éxito, mi garganta estaba seca, necesitaba agua. Decidí levantarme ignorando las punzadas en mi espalda.
-Hey, Hey Aome espera déjame ayudarte- escuché la voz de Kouga deteniendo mis movimientos, viéndome con dulzura. Me quedé quieta sin decir nada viendo como apretaba un botón al lado de la cama y sentía como el colchón se movía de bajo de mi larguirucho cuerpo.
-Gracias- pude decir sintiendo ardor en mis cuerdas bucales –Agua-
-Agua, claro- dijo Kouga ahora un poco nervioso buscando lo que pedía –Ya vuelvo, iré a recargar la jarra- me informó tomando una jarra de plástico color azul saliendo de la habitación. Miré a mi alrededor de nuevo, aun me sentía confundida, aunque me habían explicado mil veces que había venido con Kouga después de la graduación a visitar, sin embargo sentía que había un vacío en la historia, podía sentirlo más no podía recordarlo.
-¿Aome?- escuché entonces la voz de una mujer que entraba en la habitación que a penas estaba iluminada, pero ya sabía quien era. Sango, una colega de trabajo de Kouga, con quien al parecer había tenido una grata amistad puesto que estaba sumamente preocupada por mi -¿Cómo te sientes?- preguntó sentándose al pie de la cama.
Intenté hablar pero me dolía demasiado, ella pareció entender ya que no insistió en que le respondiera, así que simplemente le sonreí lo más amablemente posible. Luego de un tranquilo silencio, de unos cinco minutos aproximadamente, Kouga apareció por la puerta con la jarra azul llena, me sirvió un poco en un vaso, pero mi cuerpo pedía más. Terminé tomándome la jarra entera en un santiamén.
-Creo que iré a buscar más de una vez- dijo sonriente.
-Creo que es una buena idea- dije con la voz un poco ronca, mientras mi mejor amigo salía por la puerta.
-¿Quieres que abra las cortinas?- preguntó Sango viéndome con cierta lastima lo cual me incomodó un poco.
-No gracias, la luz aun me molesta- respondí lo más amablemente posible –Sango… cuanto tiempo más estaré aquí, realmente quisiera irme a casa, nunca antes había estado fuera de Skopelos, me siento…incomoda- dije mordiéndome el labio, noté como me miraba un tanto afligida pero me respondió.
-El doctor dice que van a ver como evolucionas hoy, si está todo en orden, puedes ir a casa mañana...-
-¿Y… qué hay de mi memoria?- pregunté, la verdad no me sentía confundida, solo cuando intentaban explicármelo, la verdad no quería saber nada de lo que había pasado, de lo que había olvidado, puesto que no quería que alguien más me lo contara, estaba segura que lo podría recordar.
-El doctor dice que puede regresar en cualquier momento, solo tenemos que esperar- yo asentí sin darle muchas vueltas, si intentaba recordar algo comenzaba a dolerme la cabeza, y ya estaba en suficiente dolor como para sumarle más de gratis –Yo estaré aquí para apoyarte cuando regrese- dijo sinceramente tomando mi mano con cuidado de no estropear la vía que en ella se encontraba. Sus palabras me hicieron sentir…seguridad, si bien no tenia de la menor idea a la que se refería estaba segura que sus palabras eran honestas.
En eso sonó su celular.
-Es Miroku, en seguida vuelvo- Miroku era su novio, que viva en Japón y con quien mantenía una relación a distancia. Comencé a sentirme un poco cansada así que decidí recostarme de nuevo, le dí al botón que le había dado Kouga antes y sentí como la cama comenzó a deslizarse lentamente.
De pronto, como un torbellino, Sango entró de nuevo en la habitación tomando el control remoto del modesto televisor que había en la habitación pegado a la pared, aun tenía el celular en su oído y miraba con los ojos inquietantemente abiertos. Sus dedos se movían rápidamente sobre los botones marcando un canal de noticias internacionales. En la pantalla apareció entonces una reportera y a un lado de ella la imagen de una pareja joven. Sango subió el volumen colocándolo casi al máximo.
"La pareja socialité recientemente reunida, Inuyasha Taisho y Kikyo Toshihiko, quienes habían retomado su compromiso, luego de ser interrumpido por un accidente letal hace unos años, en donde se creía que la dama había fallecido. Kikyo reapareció como el ave fénix, alegando que su desaparición había sido por cuestiones personales y de rehabilitación. Taisho quien también había desparecido mantenía una relación secreta con una joven europea, con la que sin embargo terminó este lazo a penas Toshihiko regresó.
En la ultima semana los habíamos visto muy animados saliendo a cenas y otras cosas. La fecha de la boda había sido pautada para dentro de un mes. Pero al parecer hay cambios en los planes. Según una fuente cercana, la pareja a tenido problemas a adaptarse a una vida juntos debido a tanto tiempo de distancia.
"Ellos se aman con locura pero aun están haciendo las pases consigo mismos" alega nuestro informante.
Taisho fue visto esta mañana en viaje al aeropuerto, con rumbo Estados Unidos y sin su comprometida ¿Habrá sido mucha la presión?
A continuación…"
-Si sigo aquí- escuché decir a Sango que había apagado el televisor, yo no entendía que sucedía, ella no parecía ser muy chismosa como estar pendiente de esas cosas de farándula así que me parecía extraño –Esta bien…hablamos luego amor- se quedó callada por unos minutos mirando al suelo, respirando profundamente.
-¿Sango, está todo bien, qué sucede?- me aventuré a preguntar ante su silencio.
-Tengo que ir a buscar una persona al aeropuerto, volveré más tarde- dijo sonriendo a medias, tomando su cartera y dándome un apretón de manos.
-¿Sango a donde vas?- preguntó Kouga quien entraba de nuevo a la habitación.
-Nada importante ¿Podrías acompañarme a mi auto?- preguntó a lo que Kouga enseguida asintió.
-En seguida vuelvo- dijo mi amigo dejando la jarra sobre la mesa.
Mientras ellos habían desaparecido sentí la urgencia de ir al baño, así que como pude, ignorando todo dolor, me levanté aparatosamente de la cama apoyando gran parte de mi peso en el tubo del cual guindaba el suero y mis medicinas. Caminé lenta y torpemente hasta la puerta que quedaba a pocos pasos de la cama. Me molestaba mucho la parte baja de la espalda y mi cabeza, pero las ganas de ir al baño eran mayores.
Cuando entré en el pequeño cubículo encendí la luz incandescente, cuando logré adaptarme al brillo, vi mi reflejo en el espejo, estaba demacrada y por mis pómulos pronunciados había perdido algo de peso, tenía ojeras purpuras y mi cabello estaba enmarañado. No quise verme más así que proseguí a hacer mis necesidades, preguntándome como en un día me había descompuesto tanto, algo más debía haber ocurrido para estar tan desgastada, sin embargo si así estaba, no me decidía a preguntar que había sucedido durante todo este tiempo realmente, algo dentro de mi, me decía que mejor no lo hiciera.
Al terminar regresé a mi cama sintiéndome menos tensa, aun con dolor, pero podía moverme mejor así que preferí quedarme de pie caminando por la habitación, quería echarme una ducha, pero me daba mucha vergüenza pedirle el favor a Kouga y que una enfermera estuviera estrujándome el cuerpo no me parecía muy agradable.
Para cuando Kouga regreso ya me había recostado de nuevo sin embargo me quedé sentada, y había abierto las cortinas para que entrara luz en la habitación, me sentía mejor.
-¿Vino la enfermera?- preguntó un tanto ajitado.
-No, me levanté para ir al baño y caminé un rato, ahora me siento mucho mejor- le dije sonriente.
-Me alegra que ya estés mejor, llamaré al doctor para que te chequeé- sin más prosiguió a usar la línea de la habitación y diez minutos después apareció el doctor. Hizo las revisiones necesarias y me dijo que podría macharme en la noche si así lo deseaba, con un coctel de medicinas para el dolor por supuesto, sin embargo no era necesario regresar, solo en caso de que me sintiese muy mal. Mi memoria debía regresar en cualquier momento, si pasaba un mes y aun no había cambios entonces debería ser remitida a un especialista, pero aquello no me preocupaba mucho, ya que pronto podría irme a casa y estar con mi familia.
A las 8 de la noche terminamos de recoger todo, Sango aun no regresaba pero Kouga me prometió que le había avisado que ya había salido de la hospitalización y que nos iríamos a su casa. Con su ayuda caminamos fuera de la clínica, era un poco lenta pero podía caminar bien, lo único que quedaba era el dolor enmascarado por las drogas prescritas.
-Que lindo apartamento Kouga- dije sonriente, era pequeño pero modesto y acogedor.
-Me alegra que aun sea de tu agrado- respondió colocando el bolso con mis cosas que había empacado para la clínica.
-Quisiera darme una ducha, siento que aun huelo a enfermedad y aire acondicionado- el se rió ante mi comentario.
-El baño esta en mi habitación, ahí están las toallas que usaste la otra vez, también esta tu maleta con tus cosas- me respondió desde la cocina –Nos haré algo de comer, muero de hambre- en silencio me acerqué a el y lo abracé por la espalda, deteniéndolo en seco.
-Gracias Kouga, por todo, por cuidarme, disculpa las molestias, te quiero mucho hermano- le dije con lágrimas en los ojos. El respiró profundo y se giro a verme, devolviéndome el abrazo con cuidado de no apretarme con mucha fuerte.
-Sabes que por ti haría todo- susurró limpiando mis lagrimas y dándome un beso en la frente –Anda, que hueles a culo de vieja- no pude evitar pegarle un puñetazo en el brazo haciendo que se riera.
Tomé un vestido de mi maleta con mi ropa interior y me dirigí al baño. Atendí con suma dedicación cada centímetro de mi cuerpo, con el agua caliente relaje mis músculos haciendo que el dolor se disipara, lave mi cabello dedicándome a masajear mi cuero cabelludo. Me bañé hasta que el agua salió fría.
Al terminar proseguí a vestirme, antes aplicando crema y perfume que al parecer había dejado en el baño durante mi estadía, cepille mi cabello con esmero y lo escurrí decidiendo que lo dejaría secar al natural. Si bien aun lucía un poco descompuesta, estaba mucho mejor que hace unas horas en la clínica.
Cuando salí del baño escuché varias voces en la sala lo cual me pareció extraño, tal vez Sango había regresado. Caminé descalza hasta el lugar de donde provenía el ruido. Al pasar el marco de la puerta me topé con dos pares de ojos, unos marrones y otros azules que me veían con atención.
-¡Aome me alegra que estés bien!- exclamó Sango corriendo hacia mi para darme un cuidadoso abrazo, el cual extrañamente devolví sin problema. Al separarnos caminamos de nuevo hacia la cocina.
-Pensé que cocinarías algo- le dije a Kouga apoyada en el mesón.
-Si, bueno, me di cuenta que no tenía nada para cocinar, así que compramos algo- dijo un tanto nervioso.
-¿Pizza?- pregunté. En eso escuché como alguien tocaba la puerta. Ambos Kouga y Sango se miraron rápidamente, para luego mirarme a mi y luego a la puerta repetidamente -¿Kouga no vas a abrir?- pregunté confundida. Sin decir nada Kouga fue a la puerta para abrirla dejando pasar a un hombre alto, fornido y de piel tostada, tenía el cabello amarrado en una cola, era de un color interesante, platinado, en sus manos llevaba bolsas con comida china dentro.
-¡Iban a dejarme allá afuera para siempre o qué!- exclamó irritado caminando hacia el mesón, topándose conmigo. En eso me congelé. Sus ojos eran…penetrantes…hermosos…nunca en mi vida había visto unos ojos de ese color, que me miraran con aquella intensidad lo cual me hizo sonrojar un poco, haciéndome sentir mariposas en el estomago. De pronto todos se quedaron en silencio, viéndome, lo cual hizo que me sonrojara más, pero decidí armarme de valor, olvidar mis mariposas internas y presentarme.
-Hola, soy Aome- fue lo que alcancé a decir sonriendo. El se me quedó mirando sin responder, simplemente me miraba intensamente, registrando cada centímetro de mi ser, lo cual me puso un tanto nerviosa.
-El es Inuyasha, Aome- interceptó entonces Sango comenzando a sacar las cosas de las bolsas mientras él seguía mirándome.
-¡Ah ya se quien eres!- exclamé emocionada, todos me miraron de nuevo expectantes -¡Sango estaba viendo una noticia tuya en la televisión, si, eres el tipo famoso de Japón que se va a casar!- lo que presencie entonces era algo que no esperaba. Inuyasha me miró con decepcion, hasta con un deje de dolor, lo cual me tomo por sopresa. Sango me sonrio con cierta nostalgia y Kouga simplemente estaba asombrado –Disculpen… ¿dije algo malo? Lo siento Inuyasha seguro eso es un tema delicado para ti, a veces no controlo mi lengua, lo siento muchísimo- dije apenada.
-No te preocupes- fue lo único que dijo -¿Dónde esta el baño?- preguntó a Kouga.
-En mi habitación, no vayas a hacer un desastre sarnoso-respondió Kouga.
-¡Keh!...pulgoso- lo escuché decir al seguir su camino sin verme. Cuando escuché la puerta cerrase respiré profundo.
-Yo y mi bocota- dije golpeando mi frente.
-Tranquila Aome, el esta acostumbrado a esas cosas- me dijo Sango sirviendo porciones de comida en cada plato.
-Igual soy demasiado imprudente, que va a pensar de mi- dije problematizada.
-No tienes de que preocuparte, simplemente tuvo un largo viaje y esta cansado-
-¡Eh sarnoso, a comer!- exclamó Kouga al ver que Sango ya había servido todo. Unos minutos después apareció Inuyasha por la puerta, parecía distinto pero igual al mismo tiempo, era muy extraño.
-Pulgoso más vale que esta comida este buena, después de que me hicieras buscarla- le dijo Inuyasha sentándose en uno de los sillones.
-¿Siempre se tratan así?- pregunté a Sango por lo bajo.
-Y hasta peor- me respondió dándole un bocado a su comida-¿Muchachos que les parece si comemos en paz?- sugirió mi amiga quien cortó un argumento que muy probablemente no faltaba mucho para que terminara en golpiza.
-¿Oye Inuyasha y bueno, por qué viniste a San Francisco?- pregunté rompiendo el silencio que se había instaurado en la habitación. El me miró y luego a su plato.
-Tan solo negocios familiares- respondió sin muchos detalles.
-Ya veo…¿Y desde cuando se conocen ustedes tres?- pregunté curiosa, Kouga e Inuyasha parecían tener más una rivalidad que una relación amistosa.
-Inuyasha es mi primo y bueno Kouga lo conoció en otra ocasión- respondió Sango rápidamente a lo que los otros dos simplemente asintieron, haciendo que nos quedáramos en silencio de nuevo.
-¿Kouga cuando puedo regresar a casa?- pregunté buscando conversación, ya que al parecer nadie quería hablar y yo no soportaba eso.
-Pues si en un par de días te sientes bien, creo que puedes hacerlo, date un tiempo para recomponerte, ese viaje es bastante tedioso, no quiero que te vaya a dar algo en el camino-
-Yo puedo llevarte- escuché decir a Inuyasha, yo lo miré sorprendida, a penas y puede hablarme y esta ofreciéndome un viaje de vuelta a Grecia. Sango se atragantó con su comida y Kouga casi le lanza uno de los palillos chinos con los que comía.
-Bueno gracias, pero puedo viajar sola, no tienes porque molestarte- respondí apenada y sorprendida.
-Tengo un jet privado, déjame llevarte- aquello me incomodo un poco, no recordaba que era un "socialité" de Japón según la televisión, así que obviamente tenía mucho dinero.
-Em, bueno…¿Sango que dices?- si era su primo solo ella podría recomendarme si viajar con el o no, si era correcto aceptar su oferta. Luego de unos minutos de y de miradas profundas habló.
-No veo porque no- dijo a penas audiblemente.
-¡Qué rayos te pasa!- exclamó Kouga saliéndose de sus cabales.
-¡Kouga calma!- exclamé asustada ante su reacción.
-¡Te pasaste de la raya Taisho, tienes que dejar tu juego!- le dijo Kouga apuntándole con el dedo totalmente enfurecido. Inuyasha no respondió. Yo no entendía nada, solo sabía que mi cabeza comenzaba a doler al igual que mi espalda baja.
-Kouga esta bien, es seguro para Aome viajar con Inuyasha, yo viajaré con ellos si algo más te preocupa- dijo Sango insinuante, haciendo que Inuyasha y yo nos viéramos, sin poder evitarlo me sonrojé –Estará bien te lo prometo-
-¡Nada de esto está bien y tu lo sabes!- le respondió Kouga de mala gana, corriendo tomé su brazo apretándolo con la mayor fuera que pude, la cual no era mucha, sin embargo aquello siempre lo calmaba.
-No me siento bien, creo que iré a dormir- dije a todos viendo como Kouga se calmaba, sin embargo comenzaba a sentirme un tanto mareada.
-Déjame llevarte a la cama- dijo Kouga pero lo detuve.
-Estaré bien, discúlpenme, sigan con la cena. Buenas noches. Un placer Inuyasha, pensaré tu oferta- y sin más caminé hacia la habitación sintiendo tres pares de ojos a mi espalda.
Me di cuenta que no tenía pijama así que busqué una camisa de Kouga en el armario y me la puse, me llegaba un poco más arriba de las rodillas. Tomé mi medicina, cepille mis dientes y proseguí a acostarme.
Mientras me quedaba dormida podía a penas escuchar lo que hablaban, de a tantos alguien alzaba la voz haciendo que me reincorporara, pero las medicinas eran demasiado fuertes.
Fui desvaneciéndome en el sueño, de nuevo estaba en esa casa de la selva pero también iba a una casa en las montañas en donde todo era blanco, había otra persona conmigo, un hombre, no sabía quien era, solo sabía que me hacia sentir en paz y que lo amaba.
Buenas noches chicas, gracias por sus reviews! disculpen si no los respondí, he estado super ocupada con la uni, pero hice un tiempito para escribir este cap, que espero que les haya gustado! ¿Qué les pareció el reencuentro con Inuyasha? A donde creen que va la historia, quiero saber que piensan! Gracias por seguir aquí aunque tarde en actualizar, un beso y espero que lo hayan disfrutado, intentaré actualizar lo más pronto posible xoxo V
