Disclaimer: ¡Nada me pertenece! Los personajes pertenecen a Yamane Ayano y la historia a thegreymoon. (Esta es una traducción).
Capítulo 21
Las pesadillas no lo dejaban descansar e incluso estuvo a punto de irrumpir en llanto cada vez que le obligaban a despertarse y enfrentarse a su extenuación. En sus sueños, estaba corriendo, siempre corriendo, y no podía encontrar alivio. Estaba rodeado de sangre. Cada paso que daba era como si caminara sobre afiladas y punzantes cuchillas y sus viejas heridas dolían. Gritó de agonía mientras un fuerte dolor apuñalaba su abdomen, y sangre brotó nuevamente de la herida apenas curada en su estómago. Extendió su mano para aplicar presión y detener por sí mismo la hemorragia, pero cuando miró a su alrededor descubrió que ya estaba parado en un oscuro y pegajoso mar de color rojo. Quiso gritar, pero su voz se ahogó y no pudo producir sonido alguno. Sintió pánico.
—¡Fei Long! —Alguien lo estaba llamando—. ¡Fei Long, despierta!
¿Despertar? Sí, tenía que despertar. Estaba dormido y estaba soñando todo esto. No podía ser real.
Se obligó a abrir los ojos y la pesadilla se arremolinó, disipándose como el humo bajo una ráfaga de aire fresco. Mikhail se inclinó sobre él y acarició su rostro surcado de lágrimas
—¿Qué ocurre, precioso? —preguntó—. ¿Qué sucede?
—¡Se abrió de nuevo! —jadeó Fei Long—. ¡Está sangrando!
—¿Sangrando? —dijo Mikhail, agarrando su mano que seguía aferrándose a su cintura—. Déjame ver.
Mientras sus pensamientos se despejaban, Fei Long se dio cuenta de que estaba acostado en la cama otra vez y que el día empezaba a menguar. La lluvia caía sin cesar, robándose los últimos rayos de luz y escondiéndolos detrás de un velo de penumbra. Se sentía caliente. Estaba ardiendo en fiebre y había tirado a un lado sus mantas, pero las sábanas olían a fresco. Miró a su alrededor y vio que estaban realmente limpias. El ruso debía haberlas cambiado mientras se había quedado dormido y la sangre solo estaba en su cabeza.
Temblando, Fei Long permitió que Mikhail retirara su mano, pero casi tuvo miendo de enfrentarse a lo que encontraría debajo. Parpadeó, pero en lugar de una roja mancha deslumbradora, vio la nada. Vestía un pijama de seda que era demasiado grande para él, probablemente era de Mikhail, y casi se echó a reír por cómo se veía en ella. El eco del dolor seguía siendo poderoso, seguía presente, pero ya estaba desapareciendo, presentándose como lo que era —un fantasma.
—Relájate, cariño —le dijo Mikhail y le instó a que se recostara. Desabrochó la camisa y la apartó de su cuerpo. Fei Long gimió y hundió sus manos en su cabello. Estaba enredado, suelto y húmedo por el sudor. Necesitaba un baño. ¡Por todos los dioses, cómo deseaba un baño y un peine! ¡Se sentía sucio y asqueroso, e incluso dudaba que toda el agua caliente del mundo pudiera lavarlo y hacerlo sentir limpio de nuevo!
Su pecho jadeaba y su estómago se estremecía mientras la mano del ruso se cernía a unas pulgadas de su cuerpo, emanando calor y preparándose para tocarlo. Se obligó a mirar cuando Mikhail retiró la banda del vendaje y se estremeció cuando sus nudillos se deslizaron sobre la sensible piel alrededor de esta. La horrible y recién curada cicatriz estaba intacta y Fei Long se levantó un poco para observarla, pero para su sorpresa infinita, Mikhail se inclinó y le dio un suave beso en la sensible y sobresaliente herida.
—¿Qué...? ¿Qué estás haciendo? —preguntó, sorprendido, asombrado y horrorizado al ver que alguien quisiera tocarlo cuando estaba así —¡y que de todos los posibles lugares, le tocara ahí!
—No se ha abierto —murmuró Mikhail, respirando profundamente el perfume de su piel y rozando su mejilla contra su suave vientre—. Se ve hermosa.
Fei Long parpadeó sin poder comprender el significado de su apreciación.
—¿Hermosa? —gritó exaltado—. ¿Cómo puede ser hermosa? ¡Es horrible!
Trató de cubrirla rápidamente con su mano, pero Mikhail lo detuvo y miró fijamente sus abiertos y febriles ojos.
—Pudiste haber muerto —dijo—. Esto pudo matarte, pero en lugar de ello ha sanado. ¡Es un recuerdo de que estuve a punto de perderte, pero que aún estas aquí, conmigo!
—Sigue siendo horrible. —Fei Long frunció el ceño, demasiado frenético como para comprender lo que estaba diciendo.
Mikhail sonrió.
—No hay nada horrible en ti —dijo y le acarició la mejilla cariñosamente, pero luego frunció el ceño y puso su mano contra su frente—. Sin embargo, parece que tu fiebre ha regresado.
Agotado, Fei Long cayó sobre la cama nuevamente y se volteó para escapar de él. Las manos de Mikhail se sentían calientes. Eran demasiado calientes, y debido a su enfermedad, su piel se había vuelto demasiado sensible, tanto que todo parecía lastimarlo.
—No... no hagas eso —imploró en voz baja, luchando por respirar. Mikhail lo había tomado del brazo, obligándolo a voltearse nuevamente; alcanzó una toalla pequeña y la mojó en un recipiente con agua. Eliminó el exceso de humedad y limpió su rostro. Esto era agradable y muy refrescante, por lo que Fei Long se inclinó hacia él, deseando más.
—¿Se siente bien? —le preguntó Mikhail.
—Bien —susurró Fei Long—. Sí, se siente bien...
Pero ya estaba empezando a derivar hacia su inconsciencia, de regreso a sus sueños. Avanzaba a través de un sombrío paisaje entre la inconciencia y la densa y enorme oscuridad. Ya no podía decir con claridad dónde realmente se detenía la realidad y dónde empezaban sus malditos sueños. Estaba seguro de que nunca podría dormir, seguro de que sus tormentos no lo dejarían descansar, pero cuando abrió los ojos nuevamente, la noche era más espesa, y recordó entonces no haber visto la puesta de sol. Una fuente de luz brillaba a una distancia considerable de la cama y parpadeó, enfocándose en ella con considerable esfuerzo.
Por supuesto, él estaba allí. El ruso.
Se agachaba junto a la chimenea, acumulando gruesos troncos en el jubiloso fuego, cubriéndose el rostro instintivamente cuando las chispas volaban, alimentadas por el fresco combustible. Las sombras distorsionadas danzaban sobre su rostro y las llamas cacareantes se reflejaban en sus pupilas, dándoles un brillo sobrenatural. La noche era espesa afuera, pero el violento resplandor de los rayos enardecidos quebrantaban ese impenetrable negro. La lluvia golpeó contra las ventanas y de repente Fei Long se estremeció, recordando todas esas cosas que prefería olvidar. Su cabeza le dolía abominablemente y se acurrucó en un intento por encontrar una posición más cómoda, solo para hacer que las llamaradas de agonía regresaran de nuevo.
Mikhail volteó al sentir que se movía y parecía sombrío, serio y preocupado.
—¿Estás despierto? —preguntó en voz baja, queriendo no molestarlo si decidía derivar de nuevo en sus sueños, pero a Fei Long no le gustaban las cosas que le esperaban cuando dormía. Arbatov era el menor de ambos males. Era real, al menos contaba con él cuando estaba siendo acosado por sus fantasmas y sus recuerdos. Mikhail era de carne y hueso: un enemigo al que podía tocar y perderse en su debilidad. Fei Long temía que este hombre fuera su último vínculo con su cordura.
—Si —dijo roncamente, pero el esfuerzo irritó su lacerada garganta, estallando en un violento ataque de tos. Mikhail estuvo a su lado al instante, ayudándolo a levantarse y sosteniendo su peso hasta que el ataque pasara, ya que no estaba en condiciones de sentarse por su propia cuenta.
—Shh... —le susurró, frotando en círculos la doblada y agitada espalda de su dragón—. Respira, cariño. Respira.
Mikhail situó su mano sobre su frente y Fei Long se inclinó en ella, cerrando sus ojos contra la descontenta boca de Arbatov.
—Estas ardiendo —dijo Mikhail y Fei Long gimió, volviendo a caer contra él. Su cabeza se recostó sobre su enorme hombro y allí se quedó, tratando de respirar mientras el momento de tregua duraba—. Toma, bebe esto.
Algo suave, redondo y cálido fue impulsado en su mano y Fei Long lo apretó por instinto. Entrecerró los ojos tristemente y vio que era una humeante taza de... algo. Parecía té. El ruso probablemente creía que era té, pero estaba equivocado. Tenía demasiado limón, demasiada miel. Si hubiese estado en su casa, hubiera matado al tonto incompetente que se hubiera atrevido a servirle semejante taza de orina; sin embargo, en ese momento descubrió que al ingerirlo aliviaba su garganta lacerada y adolorida. Estaba temblando demasiado como para poder sostenerla por sí mismo, pero los largos dedos de Mikhail se cerraron alrededor de los suyos, estabilizando la taza mientras bebía. El toque le emocionó y le aterrorizó, y se sonrojó de un rojo muy intenso, apartando la taza prontamente de él.
—No puedo beber más —susurró.
—¿Estás seguro? —le preguntó Mikhail.
—¡Dije que no! —espetó Fei Long airadamente, avergonzado por su fragilidad. Tembló visiblemente y logró apartar la taza medio llena sin derramarla con la pronta ayuda de Arbatov—. Tengo frío —gruñó a la defensiva, llevando sus temblorosas manos cerca de su cuerpo y cruzando sus brazos herméticamente, tratando de ocultar su debilidad de la vista del ruso.
—Hmm... —Mikhail alisó tiernamente un poco su largo cabello, apartándolo de su rostro—. ¡En ese caso, creo que tendré que mantenerte caliente yo mismo!
Lo acercó, acurrucándose detrás de él en la cama y cubriéndolo por completo con el calor de su cuerpo. Todos los instintos de Fei Long le estaban gritando que reaccionara con violencia, que lo insultara y se apartara; pero Mikhail estaba caliente, tan maravillosamente caliente contra él, que no pudo decidirse a renunciar a esto. Se estremeció, decidiéndose a soportar la sensación no del todo desagradable de tenerlo apartando su cabello de su oído y besando la sensible y expuesta piel detrás este. Extrañas sensaciones corrían por todo su destrozado cuerpo y frunció el ceño.
«Es la fiebre» trató de tranquilizarse mientras derivaba nuevamente hacia su inconsciencia. «Es solo la fiebre. Lo apartaré en un momento. Solo un momento...»
Pero se quedó dormido incluso antes de poder terminar su pensamiento.
En unos días regreso con los capítulso restantes. Gracias a quienes siguen este fic y han dejado comentarios. Me alegra mucho que les esté gustando :)
