21.
Había pasado ya un día desde que Klaus había partido a Italia y Caroline no esperaba la hora en que regresara. Había pasado el día con Bonnie y Katherine se encontraba en casa de su tía.
Se quedó sentada al borde de su cama dándose cuenta que últimamente se la había pasado de aquí a allá con Klaus y ahora se sentía aburrida. Resopló y jugó distraídamente con la sobrecama y volvió a resoplar. ¿Qué haría ahora? Las vacaciones le volvían loca. Los detalles del baile de la familia Mikaelson estaban casi terminados y ahora no tenía nada que hacer. El baile había pasado y ahora no tenía distracción alguna. Julio apenas empezaba y aun así no esperaba la hora por regresar a la universidad.
De repente, su celular sonó y con lentitud y aburrimiento contestó sin siquiera ver de quien se trataba.
―Diga… ―dijo monótonamente y se acostó en su cama y quitó sus sandalias con sus pies perezosamente.
―Hola cariño ―la voz masculina y grave de Klaus se escuchó al otro lado de la línea.
Ella se quedó de piedra.
― ¿Klaus? ―sonrió sin darse cuenta―. ¿Sigues en Roma? Por dios, no sabía que eras tú ―volvió a sonreír.
Klaus por otro lado se tardó en contestar. Le había dicho que estaría en Italia, una mentira, tras otra, tras otra. Todo para no involucrarla en ese mundo oscuro.
―Sigo aquí, creo llegar en uno o dos días. Este asunto no debe de tardar mucho más.
Ella no podía dejar de sonreír.
―Me alegra escuchar eso. Estoy muy aburrida y te extraño ―le confesó sintiéndose tonta.
Un silencio muerto se apoderó de la línea y ella tragó en seco por haber dicho semejante barbaridad.
―Es decir… ¿Cómo te está yendo? ―se mordió el labio fuertemente y sintió sangrar.
Klaus apenas y rio lleno de ternura y también sonrió.
―También te extraño, querida. Me va bien ―contestó―. ¿Qué has hecho sin mí?
Ella sonrió apenada a pesar de que él no podía verla.
―No mucho, estoy muy aburrida. Oh si, ayer estuve un rato con Stefan ―comentó―. Tu amigo Stefan.
Klaus frunció el ceño.
― ¿Qué hacías con Salvatore? ―preguntó sintiéndose fuera de lugar porque Caroline hablara con su viejo amigo.
―Mmm… digamos que me salvó de una situación incómoda en el Grill. De hecho fue justamente después de que te fuiste en la tarde.
― ¿Qué pasó? ―preguntó al instante.
―Nada importante de lo que no podamos hablar cuando regreses ―le dijo suspirando.
―Vamos, no tengo nada que hacer y deseo escucharte hablar.
Ella quiso gritar de la emoción y se recordó que Klaus y ella solo eran malditos amigos que se atraían. Pero amigos, después de todo. No podía arruinar esa amistad por algo tan tonto como que le gustara su acento, o sus hoyuelos que se le hacían al sonreír o esa sonrisa, o esos ojos, dios esos ojos… ugh.
Desea escucharme hablar, djgkdsgdsg.
―Solo un inconveniente con mi ex ―Klaus se tensó al escuchar esa palabra y cerró sus manos en un puño apretando el pobre aparato fuertemente―. Se puso algo grosero cuando tú te fuiste de ahí y Stefan fue lo suficientemente amable para entrometerse y alejar a Tyler de ahí.
Klaus gruñó. Ya le agradecería a Stefan cuando regresara a Mystic Falls.
― ¿Klaus?
El carraspeó.
―Lo siento, Caroline ―se disculpó―. Espero que ese asunto con tu exnovio… se haya arreglado por completo.
―Eso espero yo también. Le dejé unas cosas bien claras y tal vez así pueda entender que estoy harta de que me siga llamando su novia ―gruñó. Rio un poco―. Siento hablarte de estas cosas tontas por celular. La llamada te ha de estar costando una fortuna y yo te hablo de estas tonterías. ¿Cuándo vuelves?
Él sonrió forzadamente como si ella estuviese ahí frente a él. ¿El chico la seguía llamando su novia? ¿Quién demonios se creía? Se calmó recordándose que Caroline tampoco era su novia; tenía que calmar esas ansias de querer llamarla suya.
―Vuelvo en dos días, amor. Estoy segura que puedes soportar uno o dos días más sin mí, ¿cierto? ―ella rio―. Te estoy dando unas vacaciones de mí.
Ella volvió a reír.
―Estás loco, no necesito vacaciones de ti. Me agradas demasiado y estoy aburrida porque me he dado cuenta que nos la hemos pasado juntos estos últimos días.
Klaus sonrió una sonrisa verdadera y de ensueño. Caroline lo estaba atando a ella sin darse siquiera cuenta y él se estaba dejando manipular como un pobre tonto enamorado.
―También te extraño ―le contestó el socarronamente haciéndola rodar sus ojos.
― ¿Ves? No te puedo dar cuerda porque empiezas a correr. Eres un creído.
Esta vez fue su turno de reír haciendo sonreír a Caroline al otro lado del mundo.
―Tú has dicho que los amigos se extrañan. Eso es lo que he estado haciendo desde que partí de Mystic Falls.
Se quedaron en silencio de nuevo y ella se mordió el labio haciéndose daño otra vez.
―También te he extrañado ―dijo bajito―. ¿Te la estás pasando bien? ¿Es bonito allá? ¿Los negocios van bien? ¿Hace calor?
El rio lleno de ternura.
―Algún día te traeré a Roma, cariño. Recuerda que te lo dije ―ella se sonrojó e hizo dibujos tontos en la sobrecama con su dedo asintiendo con su cabeza. Era cierto, se lo había pedido y ella había aceptado―. Es muy bonito. Los negocios van bien, excepcionales. Y sí; hace mucho calor. ¿Algo más que desees preguntar?
Ella rio.
―No, lo siento. Será mejor que cortemos la llamada, me puedes mandar mensajes si quieres, imagino que no saldrá tan caro como una llamada.
―No tiene la menor importancia. Prefiero escuchar tu voz. ¿Te he dicho lo mucho que me gusta tu voz?
Ella ahogó un suspiró de sorpresa y negó levemente. Se dio cuenta que él no podía verle así que muy bajito respondió: ―No… no, no lo habías hecho ―tragó en seco―. Mmm…Katherine me dijo que le agradaste ―dijo de repente sintiéndose muy caliente de las mejillas y de otras partes también.
Él sonrió sabiendo el efecto que había causado en ella y decidió no hacerla sonrojar más de lo que seguramente se encontraba.
― ¿Ah sí? Me alegra saber eso. Ella también me agradó. Pensé que tus otras amigas eran tus mejores amigas.
―Oh, lo son, pero es diferente con Kat… no lo sé. Es algo difícil de explicar, es una amistad diferente.
―Es bueno saber que estás rodeada de buenas amigas.
―Lo es… Stefan también es tu amigo, ¿cierto? ―hubo silencio―. Él me ha dicho que es tu mejor amigo.
Klaus se quedó viendo a la ventana que tenía en frente. Estaba en la casa de renta que solicitaba cada vez que tenía asuntos en Paris y tenía la torre Eiffel por delante. Tenía una vista excepcional y las palabras que salieron de la boca de Caroline le hicieron darse cuenta que siempre había tenido un amigo ahí, lo que solo hizo que esa vista del magnífico Paris se intensificara ante sus ojos y le dejara caliente el pecho.
Un amigo… Stefan era su amigo.
―Supongo que nunca supe apreciar su amistad y… dadas ciertas situaciones, nos alejamos por motivos ajenos a nosotros.
Caroline guardó silencio pensando que Klaus iba a hablar más, pero no lo hizo.
―Siento escuchar eso. Stefan es un muy buen amigo, lo pude ver esa tarde cuando me rescató del salvajismo de Tyler. Stefan… él en realidad te quiere ―dijo sin saber que esa palabra causaba estragos en Niklaus―. Te aprecia demasiado. Si vieras su cara cuando habla de ti, parece que está hablando de un hermano mayor.
Klaus cerró los ojos y ahogó las ganas de gritar como desquiciado y tirar golpes a la pared.
― ¿Estas bien? ―la dulce voz de Caroline lo trajo a la realidad y se calmó―. Siento meterme en asuntos que claramente no me conciernen… pero haz pasado a ser parte de mi vida y recuerdo cuando me dijiste que no sabías lo que tener un amigo significaba ―el corazón de Klaus se aceleró como nunca lo había hecho al escucharle decir que él era parte de su vida―… y, ¿recuerdas que te dije que yo te iba a enseñar a ser amigo? ―ella rio apenas y él quiso sonreír por eso pero su mente se encontraba demasiado consternada por todo ese ajetreo de emociones que las palabras de Caroline estaban causando en su interior. Ella no espero a que él contestara y siguió hablando―. Creo que tú sabes ser un amigo, Klaus ―dijo suspirando―. Y creo que eres el mejor amigo que alguien podría tener.
―No sabes eso ―la interrumpió con una voz grave y notablemente oscura.
―Lo sé ―susurró ella―. Has sido un magnifico amigo desde que nos conocimos…
―Cariño, no llevamos ni un mes de conocernos. ¿Cómo puedes saber que yo soy un buen amigo si ni siquiera me conoces en realidad? No sabes nada de mí ―espetó amargamente haciendo que el corazón de Caroline se achicharrara ahí adentro de su pecho.
Respiró profundamente y se dijo a si misma que Niklaus Mikaelson había pasado por mucho dolor y por muchas cosas fuertes que le estaban avivando a hablare de esa forma y a cerrarse a ella y a ese tipo de platica que claramente estaba lejos de ser una plática informal y casual. Esa plática envolvía intimidades que seguramente Klaus había mantenido cerradas en una caja de acero en un lugar muy lejano y del que él solo sabía. Cosas que claramente él no deseaba compartir con ella a pesar de que eso le causase un extraño pinchazo de dolor en el estómago. Caroline sabía eso, sabía que no era Klaus hablando si no su rabia y el dolor que con los años había acumulado.
Fue así que se calmó y tomó una gran bocanada de aire para seguir hablando.
―Tienes razón, pero no quita el hecho de que yo te vea de esa manera, Klaus ―pronunció su nombre con dolor y los dos lo escucharon.
―Lo siento, Caroline. Hablaremos en otro momento.
Y cortó la llamada dejando a una Caroline confundida, triste y enojada consigo misma.
―NTVSM―
― ¡Qué demonios te sucede, Niklaus! ―gritó Elijah quien se escondía detrás de una pared de acero mientras que muchos disparos se escuchaban al otro lado―. ¡Haz fallado dos tiros! ¡Concéntrate, maldita sea!
Elijah estaba enojado y Klaus estaba desconcentrado. No podía dejar de pensar en Caroline y en todo lo que habían hablado, o más bien todo lo que ella le había hecho escuchar. Klaus arrugó el ceño y salió del escondite para dar dos tiros a dos respectivos hombres y dejarles tirados en el suelo.
―Vaya, pensé que nunca darías ―Kol salió detrás de Elijah y fue el primero en salir del escondite y acercarse a los hombres con un bate de acero en una mano y una pistola pequeña en la otra.
― ¡Con un carajo, Kol Mikaelson! ―Rebekah gritó saliendo de un escondite frente a donde ellos se encontraban―. ¿Cuántas veces te he dicho que te fijes bien antes de salir? ¿Qué tal si hay más hombres esperando a que salgamos?
Kol lanzó una mano despreocupada al aire y Rebekah rodó sus ojos claramente enojada. Elijah y Klaus salieron de detrás de la pared de acero con sus armas en mano y sudorosos al igual que Kol. Rebekah estaba presentable y sus uñas seguían pintadas de aquel oscuro color rojo sangre que tanto le gustaba usar. Llevaba tacones y un bonito vestido rojo entallado y atrevido hasta el muslo.
―Odio que vistas así ―le dijo Kol viéndola con una expresión de disgusto.
Elijah y Klaus asintieron viéndola.
― ¿Y qué quieren que haga? Soy la distracción, ¿recuerdan? Todos voltean a ver a la rubia bonita de dos metros que lleva un vestido de prostituta ―rodó sus ojos―. ¡Quiero golpear a alguien! ―gritó enfurruñada yendo hacia uno de los hombres que yacía en el suelo y enterró su tacón de aguja en el cuello del hombre.
― ¡Rebekah! ―gritó Klaus viendo aquello.
Ciertamente todos habían visto a Rebekah hacer cosas peores pero siempre era sorprendente cuando las hacía. Seguía siendo una cara bonita que mataba y torturaba a seres humanos y que no se inmutaba por hacerlo o por ensuciarse de sangre ajena.
―Oh Dios, está vivo ―dijo ella retirando su tacón rápidamente y con una mueca de asco en el rostro.
El hombre se removió incómodo en el suelo y abrió los ojos para ver a Rebekah quien rápidamente se apartó de él.
―Con que la prostituta cara resultó ser una Mikaelson ―dijo apenas y al instante se ganó una patada en el estómago de parte de un Kol furioso.
El hombre gruñó y Kol se puso de cuclillas a un lado de él. Le vio a los ojos y le susurró a la cara;
―No hables porquerías de mi hermanita si sabes que te puedo terminar de matar de una forma lenta y dolorosa.
El hombre que ya no tenía muchas fuerzas sonrió como un canalla.
―El jefe se encargara de ustedes.
Kol rio.
―Nos hemos encargado del jefe ―pronuncio el titulo con sarcasmo y una sonrisa bien plantada en su rostro.
El hombre arrugó el ceño.
―Mátalo de una vez ―comentó Rebekah viéndose sus uñas y sintiendo lastima por el pobre hombre.
Kol asintió y alzó su bate al aire.
― ¡Por Dios no! ―gritó enojada―. Harás un maldito desastre como es tu costumbre.
Kol rodó sus ojos y una bala fue insertada en las sienes del hombre quien quedó muerto ahí de una vez por todas.
―Mejor ―dijo Rebekah empezando a caminar de ahí sin verles.
No era que matar hombres inocentes les causara placer, pero era parte del trato; no dejar cómplices vivos, ni mirones, ni gente que pudiera arruinar la misión en sí. Y tampoco les molestaba matarlos, se había vuelto parte del negocio, de la vida y del dinero que se recibía. Además de que aquellos hombres casi no tenían nada de inocentes, eran enfermos, psicópatas que vivían del sufrimiento ajeno.
―Espero que esto haya acabado de una vez. Quiero ir de compras ―farfulló Rebekah molesta y parando para voltear y ver los cuerpos tirados ahí con la sangre derramándose por los lados.
― ¡Vámonos de putas! ―gritó Kol alzando su bate al aire.
Rebekah rodó los ojos.
―Me voy primero ―dijo y se fue de ahí.
Kol les guiñó un ojo a sus hermanos quienes se vieron y suspiraron cansados.
―Si mal no lo recuerdo, Kol… ―empezó Elijah a hablar.
Kol lo vio de mala gana.
Klaus los vio con una ceja levantada mientras que empezaban a caminar fuera de ese lugar.
―Cállate, Elijah ―siseó entre dientes y con el ceño bien fruncido.
― ¿Qué pasa? ―preguntó Klaus ojeándolos a los dos como un halcón.
Kol se enfurruñó y caminó lejos de ellos sabiendo que Elijah le contaría todo a Klaus. Cuando Kol hubo salido completamente del edificio vacío al que se habían internado, Elijah le contó todo a Klaus de la conquista de su hermanito Kol. Cómo Kol se había esmerado en tratar de encontrar un regalo adecuado y bonito para la señorita Bennett y como personalmente había ido hasta la puerta de su casa a rogarle que le acompañara en una cita antes de su partida. Klaus arrugó el ceño en total confusión y después se echó a reír.
―Ese mocoso malcriado está mal si piensa que va a poder seducir a alguien como Bonnie Bennett con un regalo caro.
― ¿Por qué lo dices? ―preguntó Elijah subiendo a una camioneta negra que los llevaba a él y a su hermano a la casa de renta.
―He visto la forma en la que esa muchacha nos ha visto tanto a mí como a Kol; le desagradamos por completo.
Elijah levantó una ceja.
― ¿Crees que sepa algo de nosotros?
Klaus se encogió de hombros pensativo a la vez que negaba con su cabeza viendo por la ventana.
―En realidad no lo creo. Estoy seguro que si ella supiera algo acerca de lo que somos, se lo hubiese contado a Caroline de inmediato y ella no seguiría viéndome ni tratándome como lo hace.
Elijah se quedó en silencio viendo a Niklaus de reojo.
― ¿Y cómo te trata la chica Forbes?
Klaus sonrió recordando la maldita conversación que habían tenido la tarde del día pasado y sin quitar la mirada de la ventana, susurró: ―Como a un amigo.
―NTVSM―
― ¿Y qué pasó después? ¿Simplemente colgaron? ―preguntó Elena.
Katherine, Bonnie y Elena se encontraban en casa de Caroline, todas estaban sentadas en la cama de Caroline hablando seriamente del asunto de Klaus.
Caroline asintió.
―Él me colgó a mí… para ser más exactos.
Elena suspiró y Bonnie permaneció quieta pensando que era bueno que la relación entre su amiga y el tal Klaus Mikaelson, se fuera desvaneciendo a pesar de que le dolía ver la mueca de decepción que Caroline tenía impresa en el rostro.
―Bueno, después se le pasa ―Katherine, como siempre, se encogió de hombros despreocupada y se dedicó a hojear unas revistas de moda que estaban tiradas alrededor de ella―. Es natural que se haya puesto de esa forma, cariño. Tocaste un tema delicado. No pasa nada.
―Katherine tiene razón, Care ―la secundó Elena quien no estaba acostumbrada del todo a convivir con ella. Katherine la miró de reojo y sonrió de lado un poquitín―. Si Klaus es este hombre herido y oscuro, entonces tienes que comprender que llevaste la plática a un límite que era obvio que el mantenía alejado ―Caroline asintió mientas que sentía la mano de Elena sobarle el brazo.
―No te preocupes, Care ―le tranquilizó Bonnie para no quedarse atrás y para que su falta de interés en el tema no se viera obvia.
Caroline suspiró.
―Bien, de acuerdo. Sería nuestra primera pelea oficial de amigos… ―sonrió muy apenas.
Las tres chicas ahí rodaron sus ojos.
― ¿Amigos? ―canturrearon las tres al mismo tiempo haciéndose reír unas a las otras.
Fue el turno de Caroline de rodar sus ojos y suspirar derrotada.
―Creo que vuelve mañana ―dijo ella ignorándolas.
―Entonces podrán hablar ya pronto ―le aseguró Elena con una sonrisa tranquilizadora.
Elena siempre era así: bondadosa, linda, amable, regando caridad por las calles de sufrimiento y era una buena persona. Le sonrió de verdad, pensando que sus amigas eran las personas más leales que jamás había podido encontrar.
―Cambiemos de tema, esto me está dando escalofríos ―canturreó Katherine con el poco tacto que todas ahí sabían que se cargaba―. Hablemos de la fiesta de mañana ―les guiñó un ojo haciéndolas reír como niñas pequeñas―. Hace mucho que no voy a una fiesta y necesito a un buen hombretón a mi lado, si saben a lo que me refiero… ―dijo levantando una ceja.
Bonnie abrió los ojos como si nunca en su vida hubiese hablado de sexo y Elena trató de no soltar carcajadas nerviosas, Caroline simplemente rio.
―Habrán muchos chicos de la universidad, te puedes tirar a uno ―se encogió de hombros, Caroline.
― ¡Care! ―la reprendió Bonnie. Elena no pudo más y empezó a reír, pronto se le unió Katherine y juntas parecían dos pares de locas riendo acerca de algo demasiado tonto.
― ¿Qué? Es la verdad ―rio.
―Siempre me gustó Matt… ―dijo haciendo a las tres voltear a verla. Caroline levantó una ceja y Elena la escrudiñó con la mirada―. ¿Qué? ¿Por qué me ven así? Es un chico guapo y esos ojos azules… dios, sus ojos son hermosos. Además esta muuuy bueno.
―Por Dios, Katherine, es mi ex novio ―dijo Caroline sin que el asunto en realidad le importara.
―Y el mío ―dijo Elena mordiéndose el labio.
Katherine rodó sus bonitos ojos avellana.
―Y siguen siendo amigas. Yo ni siquiera he compartido babas como ustedes lo hicieron con él.
―Tiene un punto ―dijo Bonnie concordando con ella.
Elena y Caroline ahogaron una exclamación de ofensa y después se echaron a reír y a discutir acerca de lo que se pondrían la noche siguiente para la fiesta de Alison DiLaurentis.
