Disclaimer:
Ni Naruto ni sus personajes me pertenecen. Son obra de Masashi Kishimoto.
Sin embargo, ésta historia es de mi autoría por lo que queda prohibido el plagio o distribución sin mi consentimiento.
XXI
Rutina
La visita de Naruto había sido más bien breve, si bien él habría querido permanecer más tiempo con ellos, explicó, sin entrar en detalles, que ahora tenía asuntos que atender que requerían su atención de un modo prioritario. No dijo más y, en cambio, prometió visitarles nuevamente aquella misma noche y traerles la cena, aquello, desde luego, al lado de Hinata.
Los Uchiha se extrañaron por aquel comportamiento, mas no le dieron mayor importancia, no obstante, mantuvieron en mente la promesa de la visita. Sakura, pensando que la vivienda no estaba presentable, se dispuso a arreglar en la medida de lo posible los pocos muebles dentro de la casa, esperando con ello poder tener un momento más ameno una vez los Uzumaki arribasen.
Mientras tanto, el pelinegro se encontraba cuidando a Sarada, aunque, a decir verdad, no había mucho que cuidar. En vez de ello, pasaba el tiempo atento a la tranquila respiración y a la afable expresión de la bebé, tan ajena al mundo y sus complicaciones. Sonrió cálidamente y acarició la espalda de Sarada con cuidado, notando cómo ésta reaccionaba al instante al tiempo que soltaba un suspiro con un gesto aún más relajado. No pasó mucho cuando él mismo dejó salir el aire de sus propios pulmones. Poco después, se aseguró de que la pequeña pelinegra estuviese segura entre los muros hechos con almohadas y cobijas y, una vez estuvo convencido de que la pequeña no correría peligro alguno, se aventuró hacia la salida de la habitación, bajando después las escaleras, en busca de su mujer.
Avanzo con calma hasta el área del comedor y se detuvo en el marco de la puerta, recargando su hombro contra éste para poder ver con atención a la pelirrosa. Desde aquella posición sólo podía ver la espalda de la joven. Detalló la vestimenta con profundo escrutinio. Tomó nota de la falda negra corta y la blusa de tirantes color tinto que se ajustaba a sus curvas sin exponer más detalles de lo considerado decente. Típico, pensó él. Su largo cabello rosado estaba sujetado en una coleta baja, mientras que sus manos estaban a cada lado de su cadera. La postura era rígida, por lo que supuso que tendría las mejillas infladas y el ceño fruncido, seguramente se encontraba deliberando la siguiente acción.
Un gusto se instaló en el pecho del moreno y alcanzó su rostro de un modo apenas perceptible y, en silencio no planeado, se acercó a la espalda de la pelirrosa, aún sin ser detectado por ella. Con movimientos suaves hizo su cabello hacia un lado, asustándola por aquel inesperado tacto.
–¿Sucede algo? –preguntó ella con el rubor en sus mejillas, girando levemente el rostro, en busca de los ojos del moreno. Cualquier previo pensamiento se esfumó de su mente. Sasuke negó con la cabeza y acercó su nariz hacia su cuello descubierto, mas no hizo contacto.
–Gracias por todo –dijo simplemente, su cálido aliento chocando contra la sensible piel. Sin poder reprimirse, el moreno apretó la estrecha cintura de Sakura contra su propio cuerpo.
La joven sintió cómo el pelinegro aferraba el agarre con ahínco, dejando entrever el incontenible sentimiento de su interior. No pudo evitar sentirse conmovida ante las dificultades que el Uchiha mostraba para poder expresar sus emociones.
No pasó mucho tiempo cuando el cabello largo del joven comenzó a hacerle cosquillas sobre su hombro desnudo, por lo que decidió girar y encararle, colocando sus brazos alrededor del cuello del hombre para poder así enfrentar sus ojos con los propios. El sentimiento expresado en la mirada azabache era profundo y enigmático, mientras que los ojos jades reflejaban una dicha incomparable.
Sin aguantar un segundo más, Sakura se paró sobre las puntas de sus pies, alcanzando los labios del moreno con los suyos en un beso profundo y travieso de corta duración. Una vez estuvo satisfecha, la joven se separó abruptamente, dejando al pobre hombre sin la menor idea de lo que acababa de ocurrir. La Uchiha simplemente le guiñó un ojo y continuó con la tarea de acomodar algunos artículos dentro del comedor, habiendo reemplazado el arrugado entrecejo por una ancha sonrisa. Sasuke bufó y se dispuso a ayudarle.
Habían movido la mesa en diversos ángulos, mas la poca cantidad de muebles y electrodomésticos hacían ver aquel lugar como un edificio precario, por ende, Sakura no lograba quedar conforme con cualquier resultado. Resignada, se dio por vencida. No había nada más que pudiera hacer. Pronto dejó de preocuparse por ello y tomó nota mental sobre todos los aditamentos que necesitaría para lograr el ambiente acogedor que esperaba otorgar a su casa. A su casa, se dijo en su mente con emoción, dirigiendo su mirada hacia el pelinegro. Un suspiro salió de entre sus labios, haciendo notorio su estado de ensoñación.
Así pues, la kunoichi optó por esperar la llegada del rubio y familia, por lo que ahora se encontraba en la planta baja, acompañada por Sasuke y Sarada. El Uchiha sostenía el pequeño cuerpo con sumo cuidado y, sin embargo, estaba también atento al interminable parloteo que la pelirrosa llevaba a cabo. La joven sentía la necesidad de incrementar la convivencia, puesto que aseguraba que Sarada, pese a tener poco más de un mes de edad, comenzaba a estar más consciente de su alrededor, por lo que quería incentivar un ambiente óptimo para su desarrollo y crecimiento. Sarada era una niña muy inteligente, se decía, así que no estaba en sus planes entorpecerla.
A Sasuke, desde luego, aquello no le molestó, por lo que participaba en las conversaciones sugeridas por la joven con ocasionales comentarios o asentimientos de cabeza. De algún modo, ver a la kunoichi con tanta energía, así como el brillo de sus ojos verdes, le confirmaba que aquello era, sin duda alguna, lo correcto.
Una hora más tarde, unos cuantos golpes se escucharon en la puerta de la casa. Con un grito de "un momento", Sakura caminó con prisa para atender el llamado.
Al mover la puerta, pudo divisar en el pórtico a los Uzumaki, tal como el rubio lo había prometido unas horas atrás.
–Bienveni… –fue la misma Uchiha quien cortó su frase. Se había quedado sin habla y la sonrisa había sido sustituida por la sorpresa, que, a su vez, fue prontamente reemplazada por un nuevo gesto alegre. La ternura y la comprensión alcanzaron sus ojos.
Entre los brazos del aspirante a Hokage yacía un bebé de cabellera rubia, los ojos ligeramente abiertos, dejando ver un azul eléctrico como el de su amigo. El rostro de Hinata reflejaba un cariño inmesurable hacia aquel pequeño ser.
–Es precioso –dijo Sakura poniéndose a la altura del bebé.
–Se parece a su padre, ¿no es así? –dijo Naruto con orgullo.
–Por el bien del niño, espero que estés equivocado –la voz de Sasuke sonó a la espalda de la pelirrosa, quien giró el alegre rostro para poder apreciar la expresión del pelinegro. Sus ojos brillaron ante la mera vista del hombre con la pequeña Sarada acunada en su brazo.
–¿Puedo…? –preguntó Hinata con un tenue rubor, aproximándose al ojinegro. Sasuke asintió y la pelinegra se acercó un poco más para apreciar mejor a la bebé– Se parece mucho a ti, Sasuke –comentó con una afable expresión en su rostro, el pelinegro lució complacido con tal aseveración, agradeció con un asentimiento de cabeza y dio un ligero apretón a la bebé.
–¡Ni hablar! –replicó Naruto al instante–, seguramente la pequeña Sarada no tendrá el rostro amargado del tarado –añadió soltando una carcajada. El resto de los presentes bufó. Naruto nunca dejaría de ser Naruto.
–Pasen –dijo Sakura al fin, haciéndose a un lado para que los visitantes pudiesen ingresar a la casa y, una vez llevado a cabo, cerrar la puerta tras de sí.
–Esperamos que no les moleste, pero traemos la cena –dijo la de los ojos perlas, mostrando un paquete con algunos contenedores de comida.
–Para nada –dijo Sakura aceptando el gesto, invitándoles al comedor.
La noche transcurrió sin percances. Hinata en verdad lucía como una madre excepcional, notó Sakura. Siempre atenta y dispuesta a ayudar a su pequeño en todo lo que se necesitase con genuino interés y sin una pizca de fastidio. Aquello parecía como si fuese algo innato en la kunoichi, aunque no era de extrañarse, la joven siempre se caracterizó por la dulzura y la tranquilidad, y nunca dudó que desempeñar el rol de madre le sería natural.
Naruto, por su parte, también había cambiado, reparó Sakura con nostalgia. Si bien la esencia de aquel niño hiperactivo y ruidoso que siempre buscaba llamar la atención aún estaba en algún lado –sobre todo cerca del Uchiha–, la verdad era que poco quedaba de ello y, en cambio, ahora se había convertido en todo un hombre que, sin lugar a dudas, se desviviría por su familia sin pensarlo dos veces. Aunado a ello, estaba aún su sueño por convertirse en el Hokage de la aldea. Por alguna razón, la idea de tenerlo al frente de Konoha lucía menos descabellada conforme el tiempo pasaba.
Los sueños se cumplen, pensó la Uchiha con una mezcla agridulce de sentimientos.
No obstante, Naruto quería saber más sobre aquel misterioso viaje realizado por la pareja. Aún le parecía increíble que el par de shinobis hubiese regresado nada más y nada menos que con un bebé. No dudaba que aquello sucediese tarde o temprano, pero las circunstancias parecían más bien misteriosas y nada óptimas, ¿quién tendría un bebé en tal situación?, la curiosidad le estaba matando. Apenas preguntó por el nacimiento de la más joven de los Uchiha, pudo percatarse de una ligera tensión en el ambiente, claramente apreciable en los rostros de los otros dos miembros del antiguo equipo siete.
–¿Hay algún problema? –preguntó el rubio con cautela.
–No, no hay ninguno –se apresuró en responder la pelirrosa con una sonrisa–. Sarada está bien, y nosotros también, las circunstancias son lo de menos –añadió con algo de incomodidad.
Hinata notó el cambio en el ambiente, por lo que desvió el tema a asuntos más triviales. Contó, por ejemplo, que Boruto –nombre del primogénito de los Uzumaki– era un niño que pasaba todo el tiempo pegado a Naruto, llorando a todo pulmón cuando su padre se separaba de él. Todos rieron ante tales anécdotas, en las que el Uzumaki no hacía más que ruborizarse y alegar con orgullo que él sería el mejor padre, aún por encima del Uchiha. Sasuke bufó, mas no se atrevió a refutar, puesto que en el fondo dudaba de sí mismo.
Un par de horas más tarde, Naruto y Hinata se despidieron, agradeciendo por la hospitalidad brindada por los Uchiha, pese a haber llegado a la aldea aquel mismo día.
–Al fin, un poco de descanso –dijo Sakura dejando salir un pesado suspiro. Dio media vuelta, acercándose hacia el pelinegro, extendiendo los brazos, pidiendo el turno para poder tomar a Sarada en brazos, para luego dirigirse hacia el dormitorio, con Sasuke siguiendo sus pasos.
Al no contar con una cuna, optaron por compartir la cama, dejando a la bebé en el centro de modo tal que ellos pudiesen cuidarle durante su sueño. Sakura no podía sentirse más dichosa.
Aquella fue la primera noche que durmieron en su nuevo hogar.
Los días comenzaron a transcurrir, uno seguido del otro. La pelirrosa estaba decidida a retomar su antigua rutina tan pronto como fuese posible, dejando, desde luego, el tiempo suficiente para cuidar a Sarada. Así pues, con aquel pensamiento en mente, se dirigió hacia el hospital principal de Konoha, esperando encontrar a Tsunade. Llevaba a Sarada consigo, con la intención de presentarla a la ninja médico. Siendo honesta, ansiaba verla. Ella fue más que su maestra. Representó un modelo a seguir, aseguraba que si no fuera por ella, tal vez no hubiese encontrado el camino que le llevaría a poder combatir al lado de Naruto y Sasuke y, aún peor, tal vez no estaría contando con la familia que tenía ahora. Sin lugar a dudas le debía mucho.
–Adelante –escuchó la voz de Tsunade desde el otro lado de la puerta luego de haber dado un par de golpes sobre ésta. Con una sonrisa ansiosa giró el picaporte, entrando por completo a la habitación.
–Tsunade-shishou –dijo con exagerado buen humor.
–Sakura –exclamó con sorpresa, para luego sonreír–, me preguntaba cuándo te dignarías a visitar a tu maestra –añadió con presunción–. Toma asiento –ofreció sin perder de vista el pequeño bulto entre los brazos de la joven.
Sakura aceptó y se sentó en la silla frente al escritorio de la médico.
–Veo que sigues cumpliendo tus sueños –comentó con tono maternal la rubia al tiempo que se ponía de pie. Rodeó el escritorio y se sentó sobre éste, quedando cerca de la pelirrosa.
–Su nombre es Sarada –dijo Sakura en tono suave, acercando un poco a la bebé. Tsunade quedó embelesada por el diminuto tamaño de la criatura.
–Te vas un par de años y regresas con un bebé –comentó sardónica–. ¿Por qué no tenerlo en Konoha? –preguntó con curiosidad y algo de decepción– Sabes que habría hecho todo porque estuviesen bien –añadió con arrogancia. El rostro de la joven madre se ensombreció un poco.
–Tuvimos varios problemas –respondió sin más.
–¿Qué clase de problemas? –la sospecha se reflejaba en los ojos entrecerrados de la mujer de exuberantes atributos. Sakura suspiró.
–No tomamos precauciones de ningún tipo, y estábamos siendo perseguidos por algunos ninjas –explicó–. Querían a Sarada –añadió con pesar–. No podíamos arriesgarnos a regresar a Konoha luego de tantas complicaciones.
–¿Qué clase de complicaciones?
–Sangrado, anemia…
–¡¿Anemia?! –el reproche era claro– Sakura, ¿en qué estaban pensando?
–Honestamente no creo que estuviésemos pensando con claridad –confesó con un deje de arrepentimiento–. Afortunadamente todo terminó bien, pero, como comprenderá, intentamos no dejar evidencia del nacimiento de Sarada en ningún lado –Tsunade le vio extrañada, por lo que procedió a explicar–. Al ser una Uchiha, hija de Sasuke, se convirtió en blanco de antiguos enemigos de mi esposo o de gente que se encuentra tras el poder de ese clan. Siendo un bebé es una presa fácil, no queremos que la encuentren ni que la aparten de nuestro lado, por lo que decidimos no divulgar detalles sobre su nacimiento hasta que ella tenga edad suficiente para comprender –añadió. La petición del silencio era implícita.
Tsunade prometió callar y no ahondar en detalles, no obstante, no se encontraba segura de que aquello fuese la mejor decisión, mas los Uchiha eran los padres de la niña, ellos eran quienes decidían sobre el bienestar de ella.
–No sólo vine a hablar de Sarada –dijo Sakura al cabo de un rato, cambiando tenuemente su semblante a uno más apacible. Tsunade arqueó una ceja con curiosidad–. Quisiera reanudar mis actividades en el hospital tan pronto como sea posible –soltó con una mezcla de emoción y ansiedad.
–¿Estás segura de que es tu deseo trabajar? –preguntó la rubia con extrañeza. Sakura asintió fervientemente.
–No me malentienda, amo a mi familia –se apresuró en aclarar–, pero no puedo simplemente dejar de trabajar y abandonar todo lo que hemos logrado –explicó. El brillo en sus ojos delataba el sincero gusto por ayudar a los demás.
La maestra sonrió de medio lado, orgullosa de haber entrenado a tan noble kunoichi.
–¿Cuál es la edad de Sarada? –preguntó de pronto.
–Poco más de un mes –respondió Sakura. Tsunade asintió y llevó su mano hacia su barbilla en un gesto pensativo.
–En cinco meses podrás regresar –concedió la rubia. Sakura asintió con gusto.
Pese a las ganas de continuar con la conversación, se vieron interrumpidas por un nuevo paciente que solicitaba la atención de la médico con urgencia. La pelirrosa no tuvo otra opción más que abandonar la oficina de la rubia con la promesa de encontrarle algún día próximo para continuar con aquella conversación y poder afinar los detalles de su regreso.
Tachada aquella actividad de la lista de pendientes, Sakura prosiguió con las visitas que tenía planeadas para aquel día. Una sonrisa traviesa se dibujó en su rostro. La visita de los Uzumaki algunos días atrás había sido muy productiva, pensó. El rubio se encargó de ponerle al día con cada evento que él había considerado importante, empezando, desde luego, con detalles sobre el nacimiento de su hijo Boruto.
Le contó, con algo de incredulidad, que diversas parejas se habían unido en matrimonio en esos dos años de ausencia. Sai e Ino, Shikamaru y Temari, Chouji y Karui.
Una punzada de envidia atacó el corazón de la joven, al saber que se había perdido de aquellos eventos. Sin embargo, aquello había valido la pena, se dijo, puesto que el lazo que compartía con el Uchiha se afianzaba día con día. El tiempo a su lado le había hecho crecer y comprender más cómo pensaba y actuaba el moreno, convenciéndose de que, sin lugar a dudas, Sasuke les amaba más que a nada.
Así pues, logró obtener del aspirante a Hokage la dirección de la rubia Yamanaka para poder realizarle una visita aquel día. Caminó con entusiasmo hacia el sitio indicado por el Uzumaki y, una vez estuvo frente a la puerta, tomó una gran bocanada de aire, liberándolo lentamente algunos segundos después, dejando que la sonrisa volviese a formarse en su rostro. Levantó la mano y dio dos golpes sobre la madera. Sarada se removió entre sus brazos.
Escuchó ruido desde el interior de la casa. Una serie de pasos hasta que, finalmente, la puerta se abrió. La sorpresa en la cara de la rubia fue todo un deleite.
–¡Frente! –chilló Ino con sorpresa, colgándose del cuello de la pelirrosa.
–¡Es suficiente, cerda! –replicó Sakura entre risas intentando zafarse para no hacerle daño a Sarada. Ino no cedió, sino que, en cambio, le rodeó los hombros.
–¡Un bebé! –gritó la Yamanaka con emoción– Déjame cargarla –pidió con inquietud, extendiendo los brazos hacia la pelirrosa.
–Ten cuidado –pidió la Uchiha una vez que Ino sostuvo entre sus brazos a la bebé.
–¡Sai, cariño, ven! –gritó Ino. Nuevamente se escucharon pasos hasta que el alto cuerpo del shinobi apareció por detrás de la joven. Si Sai se sorprendió al ver aquel cuadro, no lo demostró.
–Hola, fea –dijo el pelinegro con una sonrisa sincera. La joven sonrió a más no poder, abrazando al joven con emoción.
–Suficiente, suficiente –comenzó a decir Ino con aire presuntuoso–, suelta a mi esposo, ¿quieres? –añadió con sonrisa petulante. Sakura soltó una carcajada.
–No estés celosa, cerda –dijo divertida–. Nunca le sería infiel a mi marido –añadió con aire arrogante, mostrándole una sonrisa de lado a la mujer frente a ella, quien desencajó la mandíbula ante semejante noticia.
–¡¿Estás casada?! –chilló con emoción e indignación. Sakura asintió petulante– No me puedo creer que Sasuke te lo haya pedido –comentó incrédula–. Gracias por la invitación –añadió con reproche.
–No hubo fiesta –explicó–. Ya conoces a Sasuke, fue un evento demasiado privado –añadió, aún alegre.
Ino asintió, comprendiendo a la perfección la situación de la joven. No pudo evitar rememorar sus tiempos cuando aún eran un par de crías que competían por la atención de un niño incomprendido. Sin lugar a dudas, nadie hubiese aguantado tanto como la pelirrosa para lograr, al fin, cumplir sus sueños. Si le preguntasen a Ino, ella diría que su amiga era más bien masoquista, sin embargo, aquello le funcionó, así que podría afirmar que todo el dolor y el pesar habrían valido la pena, puesto que la de los ojos jades lucía sumamente feliz.
–Cuéntame, ¿cómo estuvo el viaje?, ¡quiero saber todo! –pidió la rubia impaciente– Por momentos creí que no volvería a verte –añadió con melancolía y alivio al saberse errada.
Sakura pasó el resto de la mañana y parte de la tarde en la acogedora casa de la rubia. Notó que había flores por doquier, brindándole al sitio un ambiente más fresco y agradable. Conversaron todo cuanto les venía a la mente sin reparos. La rubia no tuvo reparos en preguntar sobre la vida sexual de la pelirrosa, abochornándola y ocasionando respuestas cómicas por parte de la joven. La rubia estaba, sin lugar a dudas, sumamente contenta por volver a ver a su amiga luego de tan larga ausencia.
La Uchiha se enteró de que Ino se había hecho muy cercana a la nueva integrante del clan Nara, Temari, quien resultó ser una joven demasiado simpática. Le comentó que solían reunirse un par de veces por semana, y no dudó en invitar a la recién llegada a aquellos encuentros. Sakura, contenta, aceptó la invitación.
Antes de que el sol se ocultara, la Uchiha decidió que era momento de regresar, puesto que Sarada requería de descanso y atención de su padre.
Una sonrisa se había formado en su rostro y no desapareció en todo el trayecto de regreso a casa. A medio camino divisó el perfil del pelinegro, quien se encontraba recargado sobre el tronco de un árbol, bajo la sombra que éste ofrecía.
–¡Sasuke! –le llamó con emoción, apurando el paso.
El Uchiha se separó del tronco y esperó a que la joven estuviese cerca. Una vez estuvo a una distancia prudente, Sakura le cedió a la bebé para, un momento después, caminar el uno al lado del otro en dirección a su hogar.
Sakura había comenzado a lucir con orgullo el símbolo Uchiha en su vestimenta, incentivada por el mismo Sasuke, quien consideraba aquello necesario, puesto que ella era miembro del clan. La ropa de Sarada, a su vez, poseía el abanico en los lugares necesarios. El pecho del moreno se hinchaba al ver aquello, como si fuese un modo más de decirle al mundo quiénes eran su familia.
Un par de días más adelante, un insistente golpe se escuchó muy temprano en la residencia Uchiha. Sasuke, alarmado, descendió las escaleras vistiendo sólo unos pantalones para dormir. Con cautela abrió la puerta, siendo rápidamente empujado de lado mientras una horda de Narutos entraban en la casa, dejando consigo un sinfín de cajas por aquí y por allá.
–¿Qué está pasando? –preguntó con el ceño fruncido a uno de los clones.
–Un pequeño detalle por parte de los amigos –respondió el rubio sonriente–. Pese a que no fuimos invitados a la boda, decidimos enviar los regalos –añadió.
–¿Sasuke? –preguntó Sakura bajando las escaleras, encontrando el desorden realizado por el rubio. El Uchiha le vio bajar con unos pantaloncillos cortos y una playera holgada. Aún lucía algo adormilada– ¿Naruto? –dijo ahora, más extrañada de ver a tantos shinobis.
–¡Sorpresa! –dijo el aludido.
El aspirante a Hokage volvió a explicar el porqué de aquello, conmoviendo las fibras sensibles de la pelirrosa, quien agradeció y tomó nota mental de que tendría que mandar su gratitud a cada uno de los implicados en aquella travesura. Ahora podría acomodar todo de modo tal que al fin podría llamar a aquel lugar, su hogar.
Lentamente se aproximó a un mueble que habían colocado en el pasillo. Deslizó la mano por la madera, deleitándose con el suave tacto.
–¡Ya sé! –dijo de repente corriendo escaleras arriba.
Entró a una habitación, en busca de un baúl de buen tamaño. Le abrió con cuidado y sacó de ahí un marco sumamente empolvado. Pasó la mano sobre la superficie, retirando la suciedad y bajó prontamente.
–¿Qué tienes ahí, Sakura? –preguntó curioso el rubio viendo a la kunoichi acercarse con paso lento hacia el mueble. Al escuchar al ojiazul, la aludida sonrió sin responder, aún limpiaba el objeto entre sus manos con su propia playera.
Una vez estuvo frente al mueble, acomodó el objeto sobre éste, satisfecha con la imagen.
–Está perfecto –dijo irguiéndose. El Uchiha y uno de uno de los clones se aproximaron a la joven.
Sakura, sin pensarlo dos veces, abrazó al moreno, pasando los brazos alrededor de su torso, para luego aspirar su varonil fragancia. Sasuke dejó pasar el gesto y elevó la mano hasta posarla en la cintura de la joven, viendo con un deje de nostalgia aquel marco. El rubio, en cambio, asintió en reiteradas ocasiones. Se encontraba en completo acuerdo con aquello.
Sobre la madera se exhibía la foto del antiguo equipo siete. Muchos años habían transcurrido desde el día en que esa foto había sido tomada, y un sinfín de situaciones tuvieron que tomar lugar para poder llegar a ese momento. Sasuke besó la sien de Sakura, sintiéndose cada vez más agradecido por aquella oportunidad.
Luego de aquel corto momento en el que evocaron algunas anécdotas de sus tiempos de genin, el rubio prosiguió con la entrega de más paquetes y, una vez hubo terminado, se dispuso a ayudarles a acomodar cada una de las cosas dentro de la casa. Al cabo de una hora, el arrepentimiento y el cansancio se volvieron notorios en su rostro, ¡habían regalado de todo!, y, peor aún, ningún acomodo satisfacía a Sakura, quien le hacía a él, y sólo a él, mover cada cosa una y otra vez. Un par de horas más transcurrieron, y el rubio decidió que había tenido suficiente, por lo que desapareció a cada uno de los clones. Sakura rió.
El tiempo continuó pasando, trayendo consigo una considerable cantidad de sorpresas. La gente ya se había acostumbrado a ver de regreso a la, ahora más famosa, familia Uchiha. Una de las más gratas, fue saber más sobre aquellos con quienes compartió campo de batalla. Resultó ser, como una más que extraña coincidencia, que las parejas formadas se encontraban esperando el nacimiento de sus respectivos primogénitos. Para el momento en que habían llegado a la aldea, Karui, la esposa de Chouji, se encontraba con seis meses de embarazo, mientras que Temari contaba con tres. Todo indicaba que la siguiente generación compartiría aulas y, tal vez, continuarían con aquel legado. No le extrañaría que Ino terminase encinta en los meses por venir.
Sarada continuaba creciendo, sorprendiendo a sus padres por su gran nivel de atención ante cualquier estímulo externo, así como su tranquila personalidad. Estaban sumamente orgullosos de su hija, y no dudaban en demostrarlo cuando se encontraban en la comodidad de su hogar.
Sasuke, por otro lado, había retomado las misiones, en su mayoría de rango A o S, las cuales, afortunadamente, eran esporádicas y, debido a la dificultad, muy bien remuneradas. Sin embargo, pronto las misiones comenzaron a prolongarse y a incrementar en número, por lo que, para pesar de la pelirrosa, tenía que pasar bastante tiempo fuera de la aldea. La kunoichi intentaba poner siempre buena cara. Sabía que su esposo era un ninja de élite sinigual, por lo que el hecho de que sus habilidades fuesen requeridas en tal manera implicaba que las tareas a realizar en verdad requerían de alguien de tal calibre. Además, gracias a tales ausencias, el tiempo en el que la familia Uchiha se encontraba junta solía ser de calidad. Desde luego no siempre lo lograban. Sakura a veces se frustraba de los silencios o simplemente le abrumaba el hecho de que Sasuke pasase tanto tiempo fuera de casa. Mas él simplemente aceptaba su error y cualquier reclamo por parte de la joven, a sabiendas de que aquello era merecido.
En una ocasión la pelirrosa externó tal preocupación a Karin Uzumaki, con quien se mantenía en contacto, conversando a través de sus teléfonos móviles, aparatos recientemente disponibles en el mercado y que facilitaban enormemente la comunicación cuando había distancias considerables de por medio.
La pelirroja le había explicado algo que Sasuke jamás habría admitido en voz alta. Aseveró que el Uchiha permanecía lejos de la aldea como protección hacia ésta y, ahora, hacia la misma Sakura y Sarada. Bandidos, criminales, gente de todo tipo y casi nunca de buenas intenciones han estado siempre tras los Uchiha, ya sea por poder o con el fin de arreglar cuentas pendientes, por lo que permanecer lejos de la aldea era el mejor modo que el moreno tenía para protegerles, puesto que aquello, a su vez, alejaba a aquellos criminales. Sakura hubiese querido negar aquello, mas había experimentado de primera mano tal situación. Aún ahora, pese al tiempo transcurrido, le crispaba los nervios el siquiera pensar que pudiesen arrebatarle a Sarada. No podía hacer nada al respecto, sólo confiar en su esposo.
Un par de meses más transcurrieron y recibió la noticia del embarazo de Ino. Era cuestión de tiempo, se dijo. Sin embargo, lo que sí causó revuelo fue el descubrir que Lee, aquel joven que había jurado protegerla cuando niños, estaba a punto de convertirse en padre, aunque nadie conocía a la que sería la afortunada madre. Raro, pensó, mas decidió no darle importancia y, en la primera oportunidad, felicitó al joven. Lee se mostraba abochornado por recibir una felicitación tan cálida por parte de la pelirrosa, mas agradeció desde el fondo de su corazón por las palabras expresadas, deseándole, a su vez, que ella pudiese gozar de felicidad al lado de su familia.
Antes de darse cuenta, el plazo sugerido por su antigua maestra se había cumplido y Sakura retomó sus actividades en el hospital, así como sus responsabilidades en el centro de atención pediátrico que había abierto antes del retorno del Uchiha. No obstante, el tiempo dedicado a tales actividades era el mínimo aceptable, ya lo incrementaría conforme fuese asegurándose que Sarada estaría bien, mas de momento quería aprovechar tanto tiempo como fuese posible al lado de su hija, para así poder vivir y acompañarla en cada uno de sus avances: el presenciar su primer risa, escuchar su primera palabra, ayudarle a caminar por primera vez. Estaba sumamente emocionada ante tal idea y, aunque el pelinegro no lo dijese en voz alta, sabía que él estaba en la misma situación. Por tal razón, habían acordado que no solicitarían ayuda para criar a Sarada a menos que fuese estrictamente necesario. En verdad querían dedicar tanto tiempo como fuese posible para cuidar de la pequeña Uchiha, sin embargo, no siempre era posible, por lo que en ocasiones recurrían a Hinata, quien amablemente se ofrecía a cuidar de la pequeña Uchiha cuando ambos padres se encontrasen imposibilitados por culpa del trabajo.
Los meses seguían avanzando, y pronto Sarada se encontraba gateando y balbuceando. Era cuestión de tiempo para que comenzara a hablar y a caminar, pensó Sakura con orgullo.
–Ma-má –decía Sakura sentada en el sofá de la sala de su casa. Sarada estaba sentada en sus piernas, viendo con demasiada atención a la pelirrosa–. Anda, di mamá: ma-má –repetía una y otra vez. La pequeña ladeó el rostro, como si pudiese comprender lo que su madre decía.
La niña abrió y cerró la boca en reiteradas ocasiones, intentando imitar los sonidos expresados por la kunoichi sin éxito. Sakura suspiró.
–Entonces di papá: pa-pá –dijo ahora. Tomó las manitas de la niña y las guió para realizar aplausos con cada sílaba–. Pa-pá –continuaba repitiendo con una sonrisa en su rostro.
–Pa… –dijo Sarada de repente, sorprendiendo a la misma pelirrosa– pa –volvió a decir. Los ojos jades se iluminaron intensamente. La joven soltó un chillido. Si tan sólo Sasuke estuviese ahí, pensó con tristeza.
Aquel día se cumplían dos semanas luego de que el Uchiha partiese en una misión de rango S. Hacía un par de meses que Sakura había notado un cambio en la actitud del hombre, luciendo ausente e intranquilo. Cuando ella le cuestionaba sobre aquello, él decía que no era nada y cambiaba la conversación.
–¡Papá, papá! –chillaba Sarada alegre, palmeando por sí misma. Una lágrima descendió desde los ojos de la pelirrosa, mas pronto limpió el rastro y comenzó a conversar con su bebé.
–¿Quieres ver a papá? –le preguntó alegre– Yo también quiero verlo –le dijo con cierta melancolía–. Pronto estará de regreso y podrás llamarle, tal como lo has hecho ahora –le dijo. Sarada no entendía lo que su madre le decía, mas aquello no fue un obstáculo para que estuviese atenta a su rostro.
–Papá –repitió volviendo a aplaudir. Sakura rió.
–Te quiero tanto, Sarada –le dijo abrazando a la bebé, apretándola con cuidado. La pelinegra se removió impaciente entre sus brazos y chilló–. Lo siento, lo siento –se disculpó Sakura–. Es que eres tan adorable –le explicó tomándola en brazos, caminando hacia el jardín.
Una vez llegó, tomó una manta que se encontraba colgando en un tendedero y la extendió en el pasto, donde depositó a Sarada para que ella pudiese gatear libremente. Sakura veía con ensoñación a su pequeña. Aún había días en que todo aquello le parecía increíble y, sin embargo, no podía reprimir la sensación de tristeza al sentir a Sasuke alejado de ambas. Un lamentoso suspiro escapó de sus labios. Intentó alejar aquellos pensamientos y regresó su atención a su bebé, quien le veía desde abajo. La pequeña Uchiha había levantado ambas manos, buscando el rostro de su madre.
Sakura cargó a la bebé, colocándola en su regazo, permitiéndole así un mejor alcance. La niña palmeó con cuidado las mejillas ocasionando una risilla en su madre.
–Sakura –escuchó su nombre desde atrás. Giró sorprendida de ver a su esposo parado en el pasillo de madera que se encontraba por detrás de la casa. El rostro del Uchiha se desencajó, Sakura no entendió por qué.
–Bienvenido a casa, Sasuke –le dijo con una sincera sonrisa en su rostro, mientras se ponía de pie con su hija en brazos.
–¿Pasó algo? –preguntó él, aproximándose hacia ella con evidente preocupación.
–Nada, ¿por qué lo preguntas? –dijo ella sin desvanecer la sonrisa en su rostro.
–Estás llorando –le dijo él mientras posaba su mano en la mejilla de la joven. Sarada imitó el gesto.
–No es nada –repitió. Ni siquiera había percibido las lágrimas sobre su piel. Apenada, se apresuró en limpiar su rostro–. Me da gusto que estés de vuelta –dijo ya más compuesta.
–Estoy en casa –dijo él otorgándole un beso con una gran carga de sentimientos.
–Sarada –llamó Sakura, recibiendo la atención de la infante–, di papá –pidió para sorpresa del pelinegro, quien de inmediato centró su atención en la bebé en brazos. La ojinegra veía con atención el rostro de su madre–. Pa-pá –repitió Sakura con una sonrisa, tranquilizando a la niña.
–¡Papá! –chilló con una sonrisa. Sakura rió y dirigió su mirada hacia Sasuke.
El pelinegro estaba sonrojado, sumamente sorprendido. La pequeña tenía nueve meses y, aparentemente, su primera palabra era aquella. Pese a la ausencia del shinobi, Sakura se había encargado de que la niña no le olvidara y siempre lo tuviese en presente, haciendo de aquel título su primera palabra.
Conmovido y en un intento por ocultarlo, llevó su mano a su frente, escondiendo así su rostro. La carcajada de Sakura no se hizo esperar.
–¡Papá! –repitió Sarada aún más fuerte, alzando los brazos.
El Uchiha, sin poder evitarlo, abrazó al par de féminas estrechamente, para luego tomar a Sarada y besar su sien. La pelinegra rezongó por tal cercanía, levantando las manos al aire.
El resto de la tarde la pasaron en el jardín, jugando con Sarada, pidiéndola una y otra vez decir más palabras, mas la favorita –y aún única– era "papá". La pelirrosa pudo notar cómo aquello había removido fibras sensibles en aquel hombre.
Aquella noche, la pareja acostó a la bebé en su habitación. La acomodaron en la cuna y arroparon apropiadamente, puesto que era invierno y no deseaban que se enfermase. Dejaron la puerta abierta y salieron del cuarto, encaminándose hacia el de ellos.
–Sasuke –llamó la kunoichi una vez cerró la puerta de la recámara principal, estaba con la vista aún sobre la puerta. Suspiró y dio media vuelta, notando que el pelinegro le veía con atención–. Serás un buen padre –dijo con simpleza. El ojinegro permaneció estoico–. Sé… –continuó ella al no recibir respuesta alguna–, sé cuánto quieres a Sarada, cualquiera con dos dedos de frente puede verlo. Estoy segura de que harás todo lo que esté en tus manos para que ella esté bien –añadió. La voz comenzaba a quebrarse.
Sasuke acortó la distancia que les separaba y le abrazó con desesperación
–No lo estoy haciendo bien –confesó él con pesar. Sakura se aferró al abrazo.
–Nadie nace sabiendo ser padre, Sasuke –le dijo ella.
–Lamento no estar siempre aquí –aquello fue sincero–. Daría lo que fuera por no perderme momentos a su lado –dijo–. Pero daría aún más porque no les pase nada –añadió. Sakura le apretó con fervor. Sabía que algo le ocultaba.
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NA: Oh, Dios, ni yo me creo que estoy publicando en sábado, antes de que caiga el sol, ¡y es el capítulo más largo hasta ahora! :-D Incentivada por mi pequeño break fuera de la ciudad y una semana furctífera (al menos eso quiero creer) en la universidad, y, sobre todo, porque vi que animarán el Gaiden :D No sigo Boruto, pero es el gaiden, así que... ¡tengo que verlo!, y de ahí no me molestaría ver algo de relleno. El nuevo ending está increíblemente genial, 100% enfocado a la familia Uchiha, ¡ya quiero que sea Agosto!
Pooor cierto, me preguntaron sobre lo de Kakashi siendo padrino de Sarada... eso creo que no pasó jeje, ahí sí se me fue por completo y lo escribí porque... pues, fluyó, pero me temo que no sé si sea algo factible o no. Creo que en éstos capítulos meteré demasiado mi cuchara (muchos hoyos por llenar), si bien las situaciones son desconocidas, espero al menos mantener fiel las personalidades.
Otro comentario, desconozco quiénes nacieron primero de la nueva generación. Investigué las fechas y asumí que todos son del mismo año (ya que todos están en el mismo grupo de la academia, pero bien puede ser un error). En algún lugar leí que Sarada había sido la última en nacer, pero nunca encontré la fuente oficial, así que sólo tomé los datos de Narutopedia :-( Si alguien tiene alguna fuente para corroborar, se los agradecería mucho :-). El cumpleaños de Boruto y el de Metal Lee no aparecían, así que asumí que Boruto fue el primero (ya que Naruto y Hinata fueron los primeros en casarse) y de Metal Lee... sólo algo ambiguo :-P
Como nota muy aparte, tengo una canción en la cabeza que no me logro quitar por nada del mundo (en realidad son varias, que repito y repito y repito): Slow Hands - Niall Horan, This Town - Niall Horan, Still - Jupiter Jones (en alemán), Ich muss immer an dich denken - SDP (también está en alemán y es triste, muy triste) y Casi Humanos - DVICIO, por si no tienen nada que hacer, les recomiendo esas canciones :) (no es metal, es más bien pop). Confieso que me tienen súper inspirada para escribir algo, pero ya veré después que termine ésta historia, que, por cierto, cabe decir que ya estamos en la recta final, honestamente no creo que la historia pase de los 30 capítulos :-P
¡GRACIAS! Reviews, favourites, follows. Y gracias a mi amigo y beta reader (quien no tiene cuenta aquí pero que merece que le mencione) porque me sugirió una escena en el capítulo de hoy que me pareció adecuada, así que la añadí :-)
NOTA: Acabo de publicar el primer capítulo en wattpad (mismo username), por si la ven ahí, no se extrañen :-)
Respuesta a Guests: (Ya contesté a los usuarios registrados :-) )
Vbalor: :-D qué gusto que el capítulo haya sido de tu agrado. Kakashi es un gran shinobi, me hubiera gustado que pudiese haber formado alguna familia, o no sé, el retiro no le sienta, espero ver más de él en Boruto (aunque para eso debería ver la serie...). Aquí se llevan a cabo más situaciones sobre el regreso y el "día a día" de los Uchiha, espero que también te haya gustado. ¡Gracias por el apoyo!
Aura117: Sep, Sasuke es más hombre de acciones que de palabra B) (al menos mi retorcida mente lo cree). Pues, soy una ferviente fan del SasuSaku, poder compartir un poco de mi imaginación y hacer feliz a los demás con ello es un gran honor, sobre todo porque hay tanto NaruHina y tan poco SasuSaku :(. Gracias a tu comentario sobre la posible animación del gaiden me puse muy contenta jaja, y cuando vi muchas noticias y el ending, pff, exploté de alegría, veamos cómo la maneja Pierrot (porque me ha decepcionado un poco cómo ponen a Sarada :(, no siento que le den el protagonismo que merece - no sigo la historia, pero veo esporádicamente algunos videos, espero estar en un error)
-Jazmadi
