Disclaimer: Ninguno de los personajes, lugares, o nombres aquí mencionados son de mi pertenencia. Todos son propiedad de ©Nickelodeon, Michael Dante DiMartino y Bryan Konietzko. Basado en La Leyenda de Korra.
~Cuento de Hadas~
Por: Devil-In-My-Shoes
Capítulo XXI
¿Qué es el equilibrio de las cosas? ¿Cómo se mantiene? ¿Cómo es posible que una palabra pronunciada en la Lengua Verdadera controle los cielos y el mar?
Al principio, el dios del caos Vaatu creó a los cuatro dragones elementales: orgullosos, fieros e independientes. Sus escamas eran como piedras preciosas, y todos aquellos que las miraban desesperaban, pues su belleza era grande y terrible. Ellos pronunciaron las primeras palabras, y de ellas brotaron la tierra y el mar. Durante innumerables eras vivieron solos; hasta que la diosa de la luz Raava creó a los humanos, que llegaron a los Cuatro Reinos por el mar.
Estas dos razas se enfrentaban a menudo, así que los dragones elementales buscaron la paz infinita de las cumbres más altas del mundo. Ahí se acompañaron con seres de su propia creación, más bellos y perfectos que los simples humanos: los fey. Y durante muchos siglos, hubo paz.
Sin embargo, llegó el día en que los fey buscaron las tierras bajas del mundo y se encontraron con los humanos. Al ser tan similares, ambas razas se admiraron con fascinación y se unieron. Los fey compartieron con los humanos el Lenguaje Verdadero de los dragones, la consciencia de que cada cosa posee un nombre verdadero, el designado durante la Creación; cuyo conocimiento otorgó a los hechiceros y a las brujas el dominio sobre los elementos y los animales.
De los humanos, los fey recibieron la gracia de las artes; música, danza, pintura… Y de su unión nació una cultura como ninguna. Las dos razas se mezclaron tanto, que los dragones elementales fueron incapaces de discernir entre su creación y la de Raava. Pronto aparecieron los híbridos, descendencia de humanos y fey. Esto enfureció a los dragones, que vieron manchada la pureza de su raza predilecta.
La cacería de impuros dio inicio con el descenso del primer dragón, que apareció como un estruendo en los cielos y provocó gran devastación en la tierra. Ante el asesinato de sus hijos, humanos y fey juraron venganza y dieron caza a su vez, a los mismos dragones hasta lograr su extinción.
Por desgracia, los ideales de separación de los últimos dragones elementales llegaron a resonar en las mentes de los fey de raza pura. El odio de sus creadores hacia los humanos envenenó sus corazones y los endureció. Reconociéndose como superiores, los fey se alejaron cada vez más y más de los humanos. La unión entre ambas razas fue prohibida y considerada una atrocidad. Los híbridos dejaron de existir y la codicia y el orgullo reemplazaron el respeto que hasta entonces había persistido entre humanos y fey.
El legado de los dragones, el poder de las palabras en el Lenguaje Verdadero, debía ser arrancado de la boca de los humanos. Pero aquellos que practicaban las Altas Artes, los hechiceros y las brujas, se rehusaron a entregar los dones que con tanto esfuerzo habían adquirido. Fue así como dio inicio la guerra por la posesión de la magia.
Las leyendas hablan de uno; el último híbrido, de nombre Granemalión, Archimago de los Cuatro Reinos; pináculo de la magia entre los humanos… Un hombre que intentó acabar con la amenaza de los fey al pronunciar una palabra que los despojó de sus corazones, y por ende, de su capacidad para conservar la energía vital en sus cuerpos.
Esta hazaña premió a los humanos con una importante ventaja sobre los fey. Por desgracia, para el Archimago Granemalión, su victoria fue corta. Al privar a los fey de corazón, quebrantó las leyes del equilibro, por lo que su propia magia se volvió contra él, haciéndolo incapaz de pronunciar cualquier palabra, ya fuese mágica o común. Y al ver inutilizada toda su grandeza, el Archimago Granemalión simplemente desapareció, y de él no se volvió a saber jamás.
Debilitados, los fey huyeron a un mundo paralelo, secreto para los humanos, y fundaron ahí su propio reino. En poco tiempo olvidaron lo que era tener un corazón, aquello que alguna vez los hizo tan cercanos a los humanos. Se volvieron fríos, gélidos como los vientos nevados del sur. La poca energía vital que aún les quedaba pronto se extinguió, y muchos fallecieron. Finalmente, sedientos de vitalidad y venganza, optaron por alimentarse de la esencia de los humanos.
El equilibrio se había roto y las dos razas nunca más volverían a coexistir en paz. Durante trescientos años, los humanos y los fey se atacaron mutuamente en nombre del odio y la sed de sangre.
La era de las Cazadoras Reales nació tras la migración de las tribus nómadas del reino Aqua al resto del continente. Se trataba de mujeres y hombres comunes, criados y especializados para la caza; que se movían con sigilo entre los bosques, siguiendo rastros y cobrando presas desde la más común, a la más exótica. Se establecían en pequeños campamentos y eran liderados por sus mujeres, más precisamente, por una matriarca de avanzada edad y gran sabiduría.
La primera Cazadora Real fue una joven llamada Kanna. Nada más que una humilde cazadora que se dio a la tarea de rastrear y seguir a los fey durante años, para así poder descubrir la entrada secreta a su mundo y salvar a un antiguo rey humano que había caído en sus crueles garras.
Con la ayuda de una punta de flecha de hierro que traía alrededor del cuello como amuleto, Kanna dio muerte al fey que mantenía cautivo a su rey, y se alzó victoriosa.
De este modo, Kanna fue nombrada Cazadora Real y permaneció siempre al lado del rey como una de sus más leales servidoras, sembrando así la semilla de una tradición centenaria. A partir de ese momento, los humanos le declararon la guerra a los fey, liderados por las tribus cazadoras de todo el reino. Siguiendo el ejemplo de Kanna, las mujeres se convirtieron en paladines a la cabeza de sus partidas de caza. Utilizaron armas de hierro sólido y expulsaron a los fey del mundo humano con éxito.
Desde entonces, aquellos seres malignos fueron olvidados y relegados tan sólo a las leyendas y a los cuentos.
Pero durante esa guerra, en un tiempo de depravado pandemónium, la historia antigua se repitió. Un fey de nombre Cassiel concibió a partir de una violación a una híbrida; una niña prohibida que encarnaba la dualidad de los humanos y los fey, hija de una desdichada aprendiz de cazadora. Su existencia era un grave error, un desafío impuro ante lo establecido hace ya más de trescientos años. Por ley, debía ser asesinada.
No obstante, se le permitió vivir, únicamente porque la actual reina fey, Suyin, necesitaba desesperadamente de una heredera para mantenerse aferrada a su trono. Así pues, la niña prohibida creció como una paria entre los suyos, muy consciente del rechazo de su supuesta madre, a pesar de que ella misma ignoraba su verdadera naturaleza como híbrido. Su padre, Cassiel, le dio por nombre: Kuvira.
Cien años más tarde, cuando en el mundo se estableció un débil hálito de paz, apareció una joven aprendiz de bruja. Yasuko era apenas una niña cuando tuvo su primer encuentro con Kuvira. La fey híbrido amenazó con despojarla de su esencia vital, pero Yasuko, por cuyas venas corría la magia antigua, pudo ver en ella un corazón humano. Apelando a la compasión en ese latido tan familiar, Yasuko halló la manera de protegerse de la mitad sanguinaria de Kuvira.
Entre ellas se creó un pacto, de ese pacto nació una alianza y de esa alianza afloró una amistad. Los años convirtieron a Yasuko en mujer, y su amistad con Kuvira poco a poco cultivó algo más... Amor.
Sin embargo, no era su destino estar unidas. A Yasuko se le impuso el deber de contraer matrimonio con un hombre de clase noble. Y fue así que juntos engendraron a la pequeña Asami: el principio y el final de todo.
Asami, por quien su madre maldijo a su amante. Ella, que tuvo que soportar la muerte de sus padres; que se vio forzada a comprender demasiado pronto que era solamente una huérfana, desesperada por cariño y compañía. Tan desesperada, que buscaba incluso la fría cercanía de un ser arcano y peligroso, que como una sombra, la seguía a todas partes… Hasta que en su camino se cruzó una joven cazadora.
Korra, la revoltosa hija de la Gran Cazadora Senna, trabó amistad con Asami casi de inmediato. Con su entusiasmo optimista y su facilidad para hacer brillar el mundo, consiguió que el corazón de Asami comenzara a cambiar. Y aunque su amistad era tan delicada como un botón de rosa, reavivó en Asami su capacidad para amar y su deseo de vivir. En lugar de buscar hadas en el bosque, Asami soñaba con salir a cazar junto a Korra, montar a caballo y viajar por los Cuatro Reinos...
Pero Kuvira, que ya había reclamado a Asami para sí misma, era incapaz de ver con buenos ojos aquella relación. La maldición que Yasuko había conjurado sobre ella le quemaba dolorosamente el corazón, y saber que Korra crecería para alejar a Asami de su lado era la peor de las torturas. Muchas veces estuvo tentada a eliminar a Korra mientras era aún una niña indefensa… Jamás lo hizo. Y no supo si se había vuelto una completa cobarde, o si fue tal vez demasiado valiente, pero permitió que esa impetuosa niña de piel morena se convirtiese en una cazadora de la Partida Real.
Y ahora que los hijos de Raava y los nietos de Vaatu habían vuelto a enfrentarse en batalla, Kuvira no pudo hacer más que dejar en las manos de ambas su destino, y el de los Cuatro Reinos…
¿Qué es el equilibrio de las cosas? ¿Cómo se mantiene? ¿Se puede ser fey y humano al mismo tiempo? ¿Pueden una cazadora y una simple criada cambiar los designios del destino?
Arquímedes bajó la cabeza y percibió el mundo en silencio.
»Continuará…
