Abro la puerta tratando de ser lo más sigilosa posible y la luz de la luna se cuela en la habitación. Está todo oscuro. Solo un resquicio de luz que deja pasar la puerta permite ver unas paredes blancas y un suelo de madera clara.
Y un vaso roto.
La bandeja del mediodía sigue en la mesa, pero el vaso ha sido estampado con fuerza contra la pared por las marcas de esta y los cristales esparcidos por el suelo. No veo a Zoro.
Si ha bajado al servicio se tropezará con los cristales al volver. Así que abro la puerta un poco más y entro para recoger los cristales.
Cuando creo que ya están todos me doy la vuelta para dejarlos en la bandeja. Me dispongo a irme cuando una silueta en la esquina me da el susto de mi vida. La luz me permite ver una mata de pelo verde con la cabeza agachada.
Abro un poco más la puerta y veo que está sentado con la espalda apoyada en la pared sentado en el suelo. Sin embargo, esta vez sus katanas están en la otra esquina de la habitación. También veo que él tiene los ojos rojos y la nariz colorada. Ha llorado. Sus lágrimas aún están marcadas en la madera
Camino hacia la salida y cierro la puerta con sigilo. Pero no he salido de la habitación.
Todo está completamente oscuro y trato de ir al lado de Zoro sin pisarlo o algo parecido. Lo que piso es un cristal que me hace aguantar a duras penas el grito.
Me tapo la boca con fuerza y aprieto los párpados de los ojos. Me siento apoyada en la pared y me quito el cristal palpando el pie, notando un pequeño hilito de sangre que se forma desde mi herida al suelo.
Decido no darle importancia porque con un movimiento de brazo me percato de que Zoro está justo al lado.
Entonces me quedo unos segundos mirando a la nada pero hacia él, sabiendo que le estoy observando en realidad. Y después me acerco a él un poco más y apoyo la cabeza en su hombro.
Es la primera vez que estoy tan cerca de un Zoro Roronoa real. Aunque a simple vista sea tal y como todos lo conocemos, su textura es suave como la piel de las personas de mi dimensión. Y su cuerpo desprende un calor agradable.
No se mueve, simplemente noto su respiración y oigo el latido de su corazón.
Creía que Zoro tenía reflejos incluso cuando dormía, pero si fuese así ahora mismo estaría echándome a patadas del cuarto, gritándome que no se me ocurriera volver a tocarle y pegando un portazo. Sin embargo sigue durmiendo tranquilamente. Yo cierro los ojos y empiezo a relajarme.
De pronto noto que Zoro ha dejado caer su cabeza a un lado. Hacia donde me he apoyado yo.
Y así estamos, uno apoyado en el otro como niños pequeños.
-Zoro-susurro con intención de dormir ya.-Todo irá bien.
Y fui la primera persona de la historia en pasar la noche del aniversario de la muerte de Kuina con él.
Me despierto en el gimnasio con una manta gordísima y llena de pelo alrededor de mí. Me pregunto cómo he llegado al gimnasio durante los primeros instantes hasta que caigo en lo que ha pasado. Sin embargo me pregunto adónde ha ido Zoro y por qué llevo una manta puesta.
Mierda. Eso quiere decir que me ha visto. Mi intención era despertarme antes que él para irme sin que me viera, pero si estoy sola quiere decir que probablemente se haya marchado enfadado.
Bajo las escaleras y me encuentro a Usopp con un pijama que parece un camisón de mangas largas y un gorrito a juego con un pompón, que hace que no pueda evitar reírme.
-¿Eh? ¿Nande?-dice.
-Nandemonai. Ohaio, Usopp-chin. -digo, y sonrío. Él me devuelve la sonrisa y los dos caminamos hacia la cocina.
Nada más entrar el barullo que se oye normalmente llega a mis oídos. Sin querer, casi por pura inercia, mi mirada se va hacia el espadachín de la tripulación y descubro que él está mirando hacia mí también muy serio, pero nuestros ojos solo están en contacto durante medio segundo hasta que me pongo colorada y miro hacia otro lado.
-¡Eri!-oigo a Nami. Parece enfadada.- ¿¡Dónde estabas!? He tenido que recoger mis libros yo sola. Creía que me ibas a ayudar. ¿Dónde has dormido?
Por suerte nadie oye la pregunta ya que todos están a lo suyo.
-Etto… He dormido fuera, tenía un poco de calor en la habitación.
-No estabas fuera esta mañana.-dice, y se acerca a mí para observarme bien.
-Eh… yo…
Se levanta de golpe y todo el mundo se le queda mirando. Después se hace el silencio cuando pregunta:
-¿¡Qué nos ocultas?!
Yo me quedo mirándola pálida, sin saber qué decir. No deben saber que dormí con Zoro. Si lo hacen, él me odiará de por vida. Su afecto hacia mí prende de un hilo: al más mínimo fallo, me cortará la cabeza, estoy segura.
-¿¡Por qué no contestas!?-dice Nami, y me agarra de un brazo para levantarme.
-¡Nami!-grita Luffy y se levanta también.
-Urusee!-grita Nami, y vuelve a mirar hacia mí.-Dinos, Eri, ¿dónde has dormido esta noche…?
Un fuerte tambaleo del barco hace que abandonemos la conversación. Brook sale afuera a comprobar lo que ha pasado y entra exclamando:
-¡Un barco pirata!
-¿Un barco pirata?-pregunta Franky, y todos salen fuera corriendo excepto Sanji, Nami, Zoro y yo.
Zoro sigue sentado, comiendo como si nada, ni siquiera nos mira. Sanji se acerca a nosotras con una sonrisa forzada.
-N-Nami-swan… tranquilízate…
-¡Damare! No sabemos quién es esta chica en realidad… ¿eres quien dices ser?
Me pregunta, y me aprieta el brazo más fuerte.
-¡Claro que sí!
-Entonces, ¿¡por qué no me respondes!?
-¡Nami, déjala en paz!
-¡Tú a callar, Sanji! ¿¡Por qué no me respondes!?
-¡Ya te lo he dicho, he dormido fuera!
-¡No me tomes por imbécil, maldita inútil traidora de…!
-Ya vale.
La voz grave y penetrante de Zoro da paso a un silencio sepulcral. Los tres lo miramos callados, yo atemorizada, Sanji sorprendido y Nami cabreada. Sin embargo, él sigue sin mirarnos.
-No sabemos quién es esta mujer, Zoro; puede estar engañándonos y ser una trampa para que la marina…-pretende continuar Nami con su reprimenda.
-Ya vale.-repite él.
-De-demo…!
-¡He dicho que ya vale!
Todos nos quedamos callados. Nami por fin me suelta el brazo.
Deja salir un gruñido y sale de la cocina.
-Eri-chan, ¿te ha hecho daño?-se acerca Sanji, pero yo me quedo embobada mirando a Zoro. ¿Acaba de defenderme? ¿De verdad acaba de defenderme?
-iie…-consigo responder.
-¿Es que vais a seguir hablando como si nada?-dice Zoro.-Me molestáis. He dicho hace un momento que ya está bien.
Pues claro.
¿Cómo iba estar defendiéndome? Solo estábamos molestando al señorito.
Salgo de la cocina con pasos largos y oigo que Sanji y Zoro discuten.
-¡Eri-chan!
Luffy se acerca a mí con una gran sonrisa.
-¿Sí?
-¡Ven a ver a este hombre! ¡Es la repera, de verdad!
Me asomo a cubierta y veo a todos alrededor de un hombre alto y delgado, con pintas de mago antiguo pero sin la capa, perilla y bigote puntiagudo negros y un sobrero de copa altísimo.
Hace un gesto y oigo un "¡ooooh!" seguido de un aplauso por parte de mis nakamas. Sigo a Luffy bajando las escaleras.
-¡…fantástico!-dice el extraño, y me mira. Entonces todas las sonrientes miradas se posan en mí.
-¿Fan…tástico?-digo, y deduzco que he llegado en mitad de la función.
-¡Aquí hay una preciosa joven que se ofrece voluntaria a participar! ¿No es así, rubita?
-¿Eh… ¡eh?!
Nami también baja las escaleras.
-Ven aquí, jovencita. Ven aquí conmigo, delante de todos.
Yo me acerco lentamente.
-¿Qué… qué se supone que tengo…?
-Nada, tranquila, de momento no usaré ningún truco.-dice sonriente. Me pasa el brazo por los hombros y me aprieta contra él.-Sólo quiero que seas la portavoz de esta tripulación.
-¿Portavoz?
-Exacto. Tienes que comunicarme vuestra decisión final a mi propuesta.
-Entiendo… y ¿cuál es esa propuesta?
-Participar en un juego de magia.-dice, y me mira. No me gusta su mirada. Desde lejos parecía amigable y simpática, pero de cerca es fría y me da miedo.-Lo único que puedo garantizaros es que es una experiencia que jamás olvidaréis.
