¡Hola gente bonita! ¡Les traigo un fantabuloso capítulo! Tal vez me amen, tal vez me odien, eso lo sabré y lo sabrán al final de la lectura :p ¡Gracias a todas por su apoyo y sus comentarios! Son un público increíble y en exceso paciente. Este capítulo me gusta mucho, la inspiración llegó del cielo y les regalo este intenso capítulo. Lean con atención un gran misterio se revela hoy y siembra intrigas nuevas. Ojalá les guste ;)
Advertencia
El contenido es para mayores de edad. No recomendada para personas con criterio sensible. Debido a situaciones de violencia, situaciones sobrenaturales y sexualidad, se recomienda discreción.
No me hago responsable de los castigos o penas capitales derivadas de la lectura de este capítulo.
Ninguno de los personajes me pertenece, sus derechos son de R.T. yo solo los utilizo sin fines de lucro. La historia es mía.
Soundtrack sugerido: Breath of life- Florence + Maschine . My solace- Kim JaeJoong
Sin nada más que agregar, disfruten.
The Howling by BloodyP
Capítulo 20: El resplandor
Champange-Ardenne. Marne. Épernay, Viñedo de Champagne Esa noche, habitación de huéspedes, hora sin determinar
El sonido agudo y prolongado de un Goong resonaba cuando sus pies descalzos tocaban la superficie expandiéndose como las ondulaciones sobre el agua arrastrando una estela brillante a su paso. El entorno era completamente blanco, a simple vista no existía diferencia entre sus sueños y el ahora, la nada la rodeaba estando presente con su ausencia. No sabía cuánto tiempo permanecía caminando, se hallaba perdida entre algún espacio vacío y el mundo real, porque si de algo estaba segura es que no estaba durmiendo. Se había cansado de gritar y de pedir ayuda. La cálida voz de terciopelo de Sesshomaru hacía mucho que se había desvanecido hundiendola en un silencio ensordecedor que era mitigado por el sonido de sus propios pasos. Sumida en su inconsciencia Rin era consciente de su entorno, por mucho que trató de hacerle saber al empresario que estaba bien, no pudo mover su cuerpo, curiosamente podía verlo a través de sus ojos cerrados pero sus esfuerzos no podían alcanzarlo, se sentía a años luz de su querido Sesshomaru. De un momento a otro se halló a sí misma en ese mundo blanco e insípido recorriendo el espacio interminable de la planicie que se extendía frente a ella. Era demasiado extraño, al menos el miedo y el terror que la venían persiguiendo desde hace días habían desaparecido en aquel lugar donde no existía el tiempo ni el espacio, por unos instantes pudo sentirse segura.
-Debo salir de aquí-
"Me temo que aún no podrás hacerlo"
-¿Quién está ahí?-
La voz resonó por todas partes como un eco difuso. La morena detuvo sus pasos, y al hacerlo le pareció que flotaba en medio de esa nada blanquecina.
"¿Recuerdas este lugar?"
Rin giró sobre su eje abarcando con la mirada todo el escenario posible, pero era inútil, lo único que veía era un infinito espacio blanco.
-¿Quién eres?-
"¿No recuerdas este lugar?"
Insistió la voz. Rin volvió a girar sobre sus talones cuando tuvo la sensación de que la persona se hallaba a sus espaldas. Frunció el ceño cuando su pregunta fue ignorada.
-Te hice una pregunta. ¡Respóndeme! ¿Quién eres y qué hago aquí?-
"..."
Nada. Silencio. La morena apretó los puños con frustración y ahogó un grito. Si esa persona, quien quiera que sea, no iba a ayudarla ella misma encontraría la manera de salir. Rin reanudó su marcha dando pistones, el sonido de sus pasos se había modificado volviéndose más grave y profundo cuando golpeaban la superficie líquida.
"¿Cómo piensas salir de aquí si ni siquiera recuerdas este lugar?"
-Ese es mi problema. ¡Esfúmate! Si no vas a ayudar déjame tranquila-
Las ondulaciones de los pasos de Rin se extendieron por toda la superficie, las ondas comenzaron a vibrar concatenando unas con otras hasta formar siluetas borrosas a la lejanía.
"Eres débil, por eso estás aquí."
-¡Cállate! Tu no sabes nada de mí-
"Se lo necesario para saber que eres una niña mimada y llorona."
Rin apretó los dientes y se detuvo, su respiración se tornó pesada, como los resoplidos de un toro a punto de embestir. Giró sobre sus talones con enojo tratando de encarar a aquella persona que la estaba ofendiendo.
-¡Ese es mi problema! ¡No tienes el derecho de opinar en algo que no te corresponde! ¡Ahora Sácame de Aquí!-
"..."
La voz guardó silencio. La respiración de Rin y el sonido del agua corriendo era lo único audible en ese desierto blanco. Una ráfaga de bruma pasó cerca de la espalda de la veterinaria erizando su piel. Cuando la morena giró sobre sus talones no fue capaz de distinguir cosa alguna.
"¿Por qué debería ayudarte, Niña Insolente?"
Rin suspiró, todo el coraje y la frustración que tenía se evaporó. El ser tenía razón, no tenía motivo alguno para ayudarla menos después de su reacción violenta y grosera. La morena sintió que su corazón era estrujado por una mano invisible y la manera en que las lágrimas se acumulaban en sus mejillas. Quería irse a casa, quería abrazar a Sesshy y que él le dijera que todo saldría bien, ya no quería tener más pesadillas, quería una vida normal como una chica cualquiera. Quería dormir sin recordar, sin tener extrañas premoniciones sin sentido que la atormentaban y no la dejaban tranquila. Quería, por una vez, entregarse a los brazos de Morfeo sin que interminables pesadillas la persiguieran hasta el mundo real obligándola a dudar de su cordura.
"Eso no pasará nunca. Tu no eres una persona ordinaria, ya deberías saberlo. Mientras más rápido lo entiendas será mejor para ti"
-¡Pero yo no quiero serlo! ¡Quiero ser normal! ¡Tu no sabes lo que es despertar cada día y convencerte que no estás loca! ¡No sabes lo que es cargar con la culpa de haber visto la muerte de tus padres y no impedirlo!...- la voz de Rin se quebró- … no sabes qué es sentir una presencia repugnante respirar detrás de tu espalda… asechandote… esperando que cometas un error para mofarse de ti y destruir todo lo que amas… no conoces la voracidad que existe en esos ojos sangrientos que ansían beberse mi alma…-
Rin se abrazó a sí misma controlando los espasmos que recorrían su cuerpo. El miedo estaba surgiendo de sus propios pies como una llama de flamas negras subiendo hasta rodearla por completo encerrandola en una cárcel impenetrable. Las llamas se hacían más grandes conforme Rin sollozaba con más ahínco, extendiéndose, amenazando con abarcar todo cuando la rodeaba. Un terremoto sacudió el piso desestabilizando las llamas cuando Rin perdió el equilibrio y calló al suelo, al abrir los ojos vio a través del fuego negro unos ojos dorados y fieros. El metal brillaba con brío, el dorado de ese mar era tan frío que el fuego no podía tocarlo, despedía una seguridad recalcitrante que sosegaba su ímpetu. La morena se aferró a esa mirada, como si tuviera la certeza que en esos ojos estaría a salvo, y de alguna manera funcionó, el fuego disminuyó hasta ser flamas inofensivas lo suficientemente pequeñas para que Rin pudiera levantarse y caminar sobre ellas. La morena se sorprendió cuando las lágrimas se disiparon y pudo ver el rostro poseedor de esos ojos fríos… entonces lo recordó: la lucidez llegó a su memoria como un bálsamo a su espíritu herido, conocía esa mirada, el nombre llegó a su mente como una quimera susurrada por el viento.
-Irasue…-
La altiva mujer de ojos fríos sonrió. La antigua Reina de los Lobos alzó el rostro altanera y orgullosa cruzando los brazos por encima del pecho. Rin sintió su corazón latir desbocado como el galope de un caballo salvaje. Fue como si de un momento a otro la cortina mental que separaba los sueños extraños de su subconsciente fuera removida y ahora recordara los detalles a la perfección. La ráfaga de sus avistamiento al pasado golpeó su mente como un ferrocarril obligándola a sostener su frente mientras sus piernas perdían fuerza. Cerró los ojos y vio pasar las imágenes como una película a través de sus ojos cerrados. Ahora lo recordaba todo, podía ver los rostros con una claridad asombrosa sin que ningún detalle se le escapara.
Hincada sobre sus rodillas con las manos sosteniendo su peso, Rin se sobresaltó cuando una mano delgada pero firme le levantó el mentón con un poco de rudeza. Sus orbes castaños se encontraron con los fieros ojos de aquella amazona legendaria.
"Controlate Niña. No pierdas tu centro"
-...Eres Irasue, la Reina de Céneves… ¿Cómo es posible? ¿No eras un invento de mi imaginación?-
La guerrera sonrió de lado y la soltó con brusquedad. Se dio media vuelta alejándose unos pasos de Rin. La morena se apresuró a ponerse de pie, estaba confundida, era como si la última pieza del rompecabezas encajara en su sitio pero no tuviera la mínima idea de lo que en efecto estaba mirando. Tragó saliva y por inercia se llevó una mano al pecho tratando de apaciguar al pajarillo que siempre se agitaba al ver a la increíble mujer pero se extraño cuando aquel doble latido no revoloteaba en su centro. Su piel se estremeció cuando reconoció de inmediato la voz de la dama de hierro como la misma que susurraba en su mente en los momentos cruciales.
"Eres bastante extraña Niña. Pero puedes estar tranquila, no soy una alucinación"
-No lo comprendo… ¿Cómo es esto posible?-
"Te traje aquí porque necesito hablar contigo"
-¿Conmigo? Yo no…-
"¿Recuerdas este lugar?"
Rin frunció el ceño. Por un momento creyó que las cosas serían diferentes. Iba abrir la boca para protestar y decir que solo se trataba de un espacio blanco interminable pero no pudo. De un momento a otro el escenario era completamente distinto: un claro en medio del bosque se alzaba majestuoso frente a ella, los árboles parecían rozar el cielo con sus ramas, el fluir del agua era el mismo que escuchó antes, la luz amarilla del sol abrazaba con ternura los reflejos del agua. Conocía ese sitio, pero no recordaba de donde.
-Yo… he estado aquí antes…-
"Aquí comenzó todo..."
Rin frunció el ceño cuando un llanto lastimero se coló a través de los arbustos, una niña con la nariz roja y las mejillas sucias cayó de rodillas. La pequeña se sentó sobre sus talones mientras se tallaba los ojos y gritaba '¡Madre, Padre ¿Dónde están?!'
-Esa soy yo… ese día estabamos de campamento y me perdí en el bosque…-
Irasue no pronunció palabra alguna. La niña siguió llorando hasta que unos ruidos provenientes del follaje la obligaron a guardar silencio. Con los ojos llorosos abiertos de par en par, la pequeña vio cómo un lobezno saltó detrás de las ramas emitiendo quejidos agudos cada vez que su pata izquierda se apoyaba. La niña dejó de llorar y se acercó al lobo pronunciando con su voz infantil '¿También estás perdido?' aunque el lobo gruñó no hizo intento alguno por lastimarla, de modo que la pequeña se acercó hasta tomarle la pata. 'Déjame ver, yo te ayudaré'.
Rin se tomó el pecho cuando le pareció revivir la misma escena cuando halló a Sesshomaru herido en el bosque. Lágrimas cálidas fluyeron sin reparó por su mejillas, una mueca parecida a una sonrisa se imprimió en su rostro, cerró los ojos y se llevó la mano izquierda al pecho abrigando con ternura el cordón plateado que la vinculaba con ese ser magnífico cuando se materializó y comenzó a centellear con fuerza.
La escena transcurría tal y como Rin la recordaba, el lobo en agradecimiento la guió de vuelta al campamento y se alejó una vez que la pequeña corrió de vuelta a los brazos de su madre, cuando la niña volvió la mirada para presentarle su nuevo amigo a sus padres, el lobezno había desaparecido entre la vegetación.
"¿Sabes por qué te traje a este lugar?"
Rin negó lentamente incapaz de hablar por el nudo doloroso que tenía en la garganta. Un tibio sentimiento, muy diferente al miedo y terror abrazaba su espíritu como un arrullo reconfortante.
"Hay algo que necesito que hagas. Algo que yo no puedo hacer… que no pude hacer…"
La voz de la dama se había ensombrecido adquiriendo un tinte melancólico, la dureza de los ojos dorados había perdido intensidad, una enorme trizadura los atravesaba por completo, cuando Rin se atrevió a mirarla la sensación que tuvo fue como contemplarse a través de un espejo roto. La pena que cargaba la grandiosa mujer que tenía enfrente, era comparable con el orgullo y la arrogancia que la caracterizaba. La morena le tomó de la mano sin dubitar, ganándose una mirada sorprendida de la Reina.
-Haré lo que necesite-
Irasue se permitió sonreír bajando las defensas que la rodeaban, con ternura maternal acarició la mejilla de la joven pelinegra. Admirando los detalles en aquella piel lozana y joven la amazona arrugó la frente con algo de preocupación.
"El tuyo es un camino pedregoso. Necesitas valor para afrontar tu destino."
La mirada castaña de Rin cayó al suelo, un estremecimiento recorrió su espina como un cruel recordatorio de aquellas pesadillas interminables. Irasue pareció leer la angustia en el rostro de la morena y le sonrió condolida.
"Ir tras el futuro siempre es doloroso, pero al final la verdad, siempre la verdad."
-¿Qué es lo que debo hacer?-
"Deja de huir. Acepta lo que eres y cumple tu destino"
-¿Cómo? ¿Cómo saber qué camino debo seguir?-
"Lo sabrás en tu corazón"
-¡Pero!...-
Irasue le sonrió cálida una última vez antes de depositar un beso en su frente. Rin cerró los ojos atesorando el gesto inusual en aquella mujer adusta, sintiendo como la ternura la atravesaba tocándole el corazón.
Cuando abrió los ojos se halló mirando el techo de una habitación.
…..
Champange-Ardenne. Marne. Épernay, Zona residencial Viña de Champagne Esa noche una hora antes, sala de estar.
El rostro de Sesshomaru contemplaba la luna. Estaba de pie junto a un gran ventanal, vistiendo una camisa color granito y un pantalón de mezclilla azul oscuro, su cabello estaba húmedo por la ducha que había tomado hace pocos minutos cuando descubrió que el sueño no lo acompañaría esa noche. Habían transcurrido ocho horas desde que arribó a ese lugar y aún no tenía las respuestas que necesitaba. La charla que mantuvo con su hermano menor fue como tragar un puñado de espinas: sin siquiera saberlo Inuyasha le había asestado un golpe contundente a su conciencia. Se sentía como un completo idiota. Tantos años construyendo un muro para protegerse de aquellos que creyó sus enemigos y al final había acabado solo. La familia de la que siempre renegó considerándola rota e inútil en realidad siempre estuvo pendiente de él y sus logros, fragmentándose únicamente por culpa de su inmadurez. Su egoísmo y autocompasión lo condenaron a un oscuro camino solitario y amargo que arrastró consigo a personas inocentes. Las palabras de Inuyasha habían calado en lo profundo de su ser dejando caer la venda que cubría sus ojos, por fin encontró la respuesta a la pregunta que se hizo así mismo dos días atrás cuando el sueño de sus padres se mantenía fresco en su memoria: si él no hubiera colocado esa barrera inquebrantable a su alrededor, la relación con su padre y su hermano sería muy diferente.
Apenas ahora veía a Inuyasha como una persona de confianza. El Bastardo le había hecho dos favores desinteresados que nunca podría pagarle. Una sonrisa rota asomó en el rostro del implacable Demonio Blanco, en los ojos ambarinos la sombra de un pasado que nunca sucedió atravesaba las iridiscencias doradas dejando una estela de resignación a su paso cuando los sucesos de su infancia fría y solitaria se reescribieron ante sus ojos con la presencia alegre y bromista de su hermano menor dotándola de momentos agradables que jamás fueron posibles. Su mente sustituyó todos sus insultos hacia aquel niño que había perdido a su madre al igual que él por palabras de apoyo, los golpes por abrazos, la rivalidad por fraternidad, las mofas por afecto…
Su estómago se sentía igual que una piedra y su corazón latía pausado y frío inundando con un sabor amargo y seco su paladar, extendiendo una pesadez insondable por el resto de su cuerpo. El alcohol había deshecho las barreras mentales mandando su autocontrol al abismo dejándolo vulnerable a la vorágine que lo seducía con sus hipnóticas quimeras de culpa y redención.
Era un pésimo hermano. Un ser humano abominable. Un licántropo puro. Un asesino perfecto¹.
Inu no Taisho tenía razón en castigarlo: él no merecía ni una pizca de lo que le estaba exigiendo, aquello que considero propio por derecho divino era una falacia creada por su egocentrismo. No merecía hacerse llamar 'un digno sucesor' cuando durante más de veintisiete años lo único que hizo fue mancillar la poca confianza y el escaso amor propio que quedaba en su progenitor. Ahora, cuando la persona que más amaba estaba al borde de la muerte, comprendía el infierno en el que vivía su padre día con día. Tragó amarga saliva cuando imaginó lo duro que debía ser para Inu no Taisho sobrevivir a la muerte de sus dos esposas: La opresión que le estaba atosigando la garganta y le desgarraba el pecho era ínfimo en comparación de lo que el Alpha más talentoso del bosque de Céneves en los últimos dos siglos tuvo que vivir cuando sostuvo entre sus brazos el cuerpo tibio de las dos mujeres que más amo y sentir el momento exacto en que la muerte extraía la calidez de los endebles miembros y lo sustituía con una rigidez mortecina. La risa lunática hizo eco en su mente distrayendo su atención de las tristes imágenes que se reproducían dentro de su cabeza, las palabras del condenado de aquel extraño sueño resonó en su mente como cruel burla para el jerarca del bosque:
"Fracasarás en proteger lo que más amas".
¡Cuánta razón tuvo el maldito! Inu no Taisho no solamente había perdido a Irasue en medio de la masacre de la guerra sino que años más tarde el hado le arrebató a Izayoi de manera brutal y sangrienta sin que la Gran Bestia Blanca pudiera hacer algo para impedirlo. Toda su bestialidad y su poder fue nada cuando la sangre abandonó el delgado cuerpo de la humana tiñendo de carmín las paredes y el piso de aquel callejón oscuro. Ni siquiera los alaridos de dolor y agonía que le arrancó a Takemaru mientras lo desmembrada aplacaron el dolor del Rey de las Bestias. Nada pudo llenar jamás el vacío que se esparció en el alma del invencible guerrero fragmentándolo por segunda vez… o al menos eso creyó. Ahora entendía que Inu no Taisho logró levantarse de sus cenizas porque tenía algo que proteger: había fracasado en salvar la vida de las mujeres más importantes para él, pero aún tenía un recuerdo vivo de cada una de ellas. Ambas, Irasue e Izayoi, le habían dado un regalo maravilloso, gracias a ellas no recorrerá solo el resto del camino sino que irá de la mano de sus dos hijos que aún comenzaban a vivir y necesitaban de él desesperadamente.
La brisa sopló acariciando su rostro con ternura. Al abrigo de la noche, cobijado en la oscuridad de la estancia, un río salado se deslizó por el rabillo del ojo izquierdo. Una opresión insoportable le aplastaba las costillas y le impedía respirar con normalidad, su corazón daba latidos lentos y dolorosos esparciendo la fiebre de verdad y remordimiento por su cuerpo macizo. Sesshomaru apretó los puños con fuerza y tensó la mandíbula, sus pasos se dirigieron velozmente hasta la puerta principal, el aire de la inmensa mansión se le hacía pesado y asfixiante, no soportaba el encierro un minuto más. Los rayos de la luna lo abrazaron como una madre amorosa cuando el rostro antes impávido y perfecto levantó los ojos vidriosos en su dirección. Hipnotizado por el astro nocturno, Sesshomaru caminó hacia ella como un autómata, el anillo alrededor de su dedo se sacudió con fuerza haciéndose presente pero el licántropo no fue consciente de la argolla plateada que se ceñía a la perfección a su mano de pianista. Mantenía la mirada fija en el satélite que lo llamaba con voz silenciosa hasta que sus pasos se perdieron entre los cultivos de la viña mientras su inicuo ser era brutalmente azotado por la verdad, destruyendo lo poco que quedaba de los cimientos de su alma perversa hasta convertirlos en polvo. La presión era insondable, el calor que le quemaba por dentro era insoportable, sin pensarlo sus piernas comenzaron a correr sin rumbo fijo, en sus ojos de oro la luna permanecía tatuada en su retina. La respiración de Sesshomaru se transformó en un halo blanquecino que se exhalaba de sus labios entreabiertos. En medio de la carrera sintió que la velocidad de sus piernas no era suficiente, se lanzó hacia adelante confiando en que caería sobre sus manos en un perfecto salto de tigre, pronto su espalda modificó su estructura permitiéndole mayor movilidad, los dedos de sus manos se asentaron en la tierra con mayor facilidad cuando las enormes garras se clavaron en la superficie. La distancia se acortó zancada a zancada cuando sus piernas doblaron su volumen y su forma, los sonidos y los olores se volvieron más nítidos cuando sus orejas se estiraron y su mandíbula se transformó. Aún miraba hipnotizado hacia la luna cuando el pelaje blanco e impoluto lo cubrió de nariz a cola, los jadeos de la bestia rasgaban el silencio pacífico de la noche cuando sus patas lo llevaron al lugar del que su hermano le habló: el lago que delimitaba la propiedad se alzaba apacible frente a él, la luna se reflejaba con toda su gloria y majestad sobre las suaves ondulaciones que el viento le arrancaba a la superficie del agua. En los ojos dorados del licántropo la luna ocupaba el lugar del iris, de pie ante el imponente astro, Sesshomaru sintió como toda la rabia contra sí mismo menguaba permitiéndole respirar profundamente para llevar la cabeza hacia atrás y exhalar un largo y potente aullido.
Las lágrimas que nunca se permitió derramar se habían transformado en agudas lamentaciones. Las vibraciones de la voz monstruosa llegaban hasta la mansión como un suave susurro de la noche apenas audible cuando los cigarras interrumpen su indescifrable melodía de forma intermitente. El licántropo exhaló en un aulló tras otro los desgarradores alaridos de su alma agonizante hasta que la garganta le quemaba a carne viva, hasta que toda la opresión en el centro de su pecho hubo desaparecido, hasta que cayó de rodillas sobre la arcilla y las diminutas piedras a orilla del río se incrustaron como pequeñas estacas contra su piel. La marca en su frente irradiaba una luz blanca resplandeciente en medio de la noche cuando el licántropo pudo despegar la mirada feroz de la luna llena rompiendo el encantamiento que el astro mantenía sobre él. Sesshomaru se miró las manos monstruosas sin poder creerlo, se palpó el abdomen y el pecho en un reflejo involuntario queriendo comprobar que la metamorfosis había ocurrido. Fijó la mirada ambarina en su mano izquierda y entrecerró las pestañas concentrando sus sentidos. El ceño de la bestia se contrajo conforme su colosal zarpa fue perdiendo tamaño y pelo, revirtiendo la metamorfosis. Cuando tuvo frente a sus ojos un antebrazo humano, las facciones severas del rostro del licántropo se relajaron cuando alrededor de su dedo anular pudo ver con claridad el cordón plateado brillar contra su piel esparciendo su tibieza por toda la extremidad.
Una sonrisa tenue se imprimió en el rostro del monstruo: Rin había despertado.
…..
Champange-Ardenne. Marne. Épernay, Zona residencial Viña de Champagne Esa noche 02:00 habitación de huéspedes.
El brillo rojizo y azul de los trazos de tiza poco a poco disminuyó su fuerza, las vibraciones de energía perdían frecuencia y resonancia. La flama de las velas habían regresado a su estado normal. Kagome se mantenía con los ojos cerrados sumida en profunda concentración, su cuerpo sudaba y temblaba por intervalos cortos levitando sobre el piso en posición de loto con las manos juntas formando mantras. Sus labios murmuraban cánticos en un lenguaje arcano y extinto. Una energía fuerte y blanca implosionó del centro de la habitación apagando la luz de las velas, excepto la que estaba frente a la hechicera. Al poco tiempo dejó de levitar y con calma Kagome abrió los ojos, su cuerpo estaba claramente agotado pero no lo demostraría, ese era su deber sagrado. Respiró profundo un par de veces antes de hacer unos ademanes con las manos y de esa manera disipar la energía. Los trazos grabados en el piso desaparecieron al momento en el que Rin abrió los ojos y se incorporó súbitamente. Las dos mujeres se miraron a los ojos por primera vez, una con sorpresa la otra con sabiduría. Kagome le sonrió cansada a la confundida chica que poco a poco comenzaba a abrir los ojos con sorpresa.
-Hola Rin. Bienvenida me alegra tenerte de vuelta-
-¡¿Qqque hhago aqqqui?! ¡Eesta no es mi habbitacion!-
-¡Tranquila! Estás a salvo. Mi nombre es Kagome, es un placer conocerte al fin-
Rin se tranquilizó cuando sus ojos confusos se anclaron en las iridiscencias grises de la joven de cabellos ébano. Respiró profundamente decidiendo que se encontraba a segura por el momento.
-¿Ccómo llegué aqquí?-
-Sesshomaru te trajo.-
La sola mención del nombre provocó una ola de alivio en la chica. Reemplazando la desconfianza por una inmensa alegría. Kagome sonrió ante el despliegue de la joven y con dificultad se puso de pie, se acercó a paso lento al centro de la recámara y le tendió la mano. Rin la miró sorprendida y devolvió la sonrisa aceptando su ayuda para incorporarse.
-¿Cómo te sientes?-
-Bien, gracias por preguntar… esto… ¿Sabes que fue lo que me pasó?-
La mayor asintió con el rostro sereno. Rin la miró y tragó saliva, algo había en esta mujer que la llenaba de solemnidad y respeto, pero no lograba explicarse qué era exactamente.
-Mañana te diré todo lo que quieras saber, pero ahora necesitas comer y descansar.-
-Entiendo…-
-Venga, alguien afuera se muere por saber de ti.-
Los ojos de Rin se iluminaron y la sonrisa más bella se imprimió en su rostro. Trató de dar un paso pero la fuerza se desvaneció de sus piernas apenas cambió su centro de gravedad. Kagome logró atajarla a tiempo antes de la veterinaria cayera de nuevo al piso.
-¡No te precipites! Toma las cosas con calma tu cuerpo aún asimila el cambio-
-¿Cuánto…?-
Kagome suavizó las facciones y la miró enternecida, fue como verse a sí misma cuando tenía diez años y como tal, sabía que no había forma sutil de decirlo, frunció las cejas tratando de mostrarse lo más empática posible.
-Estuviste en trance más de veinte horas.-
A Rin le era imposible abrir más los ojos, era la primera vez que le sucedía algo como esto. Su respiración se agitó y por un momento estuvo a punto de dejarse llevar por el pánico que comenzaba a emerger de sus acelerados latidos cuando una ráfaga de lucidez apaciguó los agitados pensamientos que amenazaban con tornarse violentos. En una parte profunda de su mente pudo ver a través de los agujeros roídos de aquella cortina casi transparente de color violáceo, vislumbrando un atisbo del misterio que se ocultaba en sus sueños extraños manteniendo alejado aquel mundo fantástico que la unía de una manera inexplicable a la Reina de los Lobos. Tragó saliva cuando recreó con dificultad ese mirar dorado. Las emociones dispersas y la energía descontrolada de nuevo habían cubierto los rasgos de la bella dama con un manto borroso. Curioso. Al despertar se creyó capaz de recordar todo lo sucedido en el trance con suma claridad, pero conforme los minutos pasaban, las estelas de la premonición se esparcían como la arena en el fondo del mar perdiéndose en el olvido.
Rin pestañeó un par de veces cuando sacudió la cabeza de pensamientos confusos y su cerebro pareció carburar la información. La reacción espontánea no pudo ser contenida.
-¡Tanto tiempo!-
-Si, pero no te sucederá de nuevo si sigues mis instrucciones. Hablaremos de eso mañana. Ha sido suficiente por hoy-
Rin asintió sin salir de su sorpresa, se mordió el labio inferior abrazando el brazo Kagome. Tras cerciorarse que las piernas de la veterinaria no fallarían de nuevo, abandonaron la habitación. Los pasos cortos resonaron por el pasillo que conducía al recibidor como un suave murmullo, la luz de los grandes candiles permanecía apagada, dos de cada tres arbotantes estaban encendidos iluminando la estancia tenuemente. El corazón de Rin latía como un tambor africano, se sentía como un gatito asustado al saberse en un lugar desconocido. La estancia era impresionante aún con las luces apagadas, el largo corredor parecía no tener fin, se sentía en un salón de Versalles pero a menor escala. La joven que la guiaba con parsimonia parecía saber a dónde dirigirse, tal vez ella vivía en aquella mansión. Era corto el tramo recorrido cuando la respiración de Rin se agitó demasiado pronto, los pasos de la veterinaria se detuvieron cuando una oleada de malestar inundó su cuerpo. Kagome la sostuvo compartiendo parte de su propia energía con la exhausta pelinegra, era sencillamente increíble que aún lograra sostenerse en pie, Rin en verdad era una joven extraordinaria.
-¿Estás mejor?-
Rin cerró los ojos con fuerza un momento esperando que su alrededor dejará de moverse. Un relámpago la atravesó cuando una imagen se formó nítida en su mente: pudo ver claramente a Kagome meciendo entre sus brazos un bulto pequeño envuelto de mantas color blanco. Cuando abrió los ojos la mayor le observaba con preocupación, sus ojos grises, sabios y místicos estaban tintados por la curiosidad. No era normal que Rin continuará experimentado visiones luego de un trance tan largo y profundo como en el que estuvo sumida y del que costó tanto esfuerzo sacarla, por la misma razón el ceño de Kagome se frunció con cautela.
-ssi, lo lamento… ¡¿Ttu eesttas bbien?! ¡¿ Nno te hiciste ddaño?!-
Kagome entrecerró los ojos extrañada por la urgente recelo.
-¿A qué te refieres?-
La mirada cristalina y asustada de Rin se encontró con los ojos severos y confundidos de Kagome. La hechicera notó en el gesto compungido de la menor una incipiente culpa.
-El bebé…-
La hechicera alzó las cejas sorprendida, por inercia contuvo el aire un par de segundos antes de parpadear y llevar su mano libre a su vientre aún plano. ¿Cómo se había enterado? ¿Acaso lo supo desde el momento en que la tocó? Nadie aparte de Inuyasha y su familia lo sabía. Kagome sonrió perpleja: En verdad esta chica era extraordinaria.
-Está bien. No te preocupes tanto, es tan fuerte como su padre. Vamos-
Rin se mordió el labio inferior dubitativa antes de asentir. La posibilidad de que algo le sucediera al hijo nonato de Kagome por el esfuerzo que la azabache realizó por ayudarla le agujereaba el centro de su pecho, no quería que nadie saliera herido por culpa suya
Con pasos cortos y pausado reanudaron la marcha hacia el recibidor.
...
En el centro de la sala Inuyasha mantenía el gesto estoico y los brazos cruzados sobre el pecho. Había dormido un par de horas sobre uno de los sofás hasta que un sonido agudo y silbante había acariciado sus oídos arrancandolo del intranquilo descanso. La respuesta llegó a él con solo abrir los ojos: Estaba solo en la estancia y Sesshomaru se había ido. Estaba seguro que ese tildante murmullo era en realidad un aullido suyo. El abogado dejó escapar el aire con un prolongado resoplido, con los dedos de su mano derecha se apretó el puente nasal como si con ese gesto pudiera desvanecer el dolor de cabeza que martillaba su sien. Un olor floral bañado en miel que reconoció a la perfección le obligó a levantar la mirada. Inuyasha sonrió enseñando uno de sus colmillos cuando en la entrada de la estancia vislumbró a su cuñada y a su prometida caminar hacia él tomadas del brazo. El peso que cargaba sobre sus hombros se desvaneció en el instante en que se puso de pie, aunque su ceño estaba relajado la cautela se mantenía presente, estaba listo para saltar por la ventana más cercana ante la mínima reacción del collar de cuentas: Sesshomaru no intervendría en esta ocasión si las cosas se salían de control. No pudo evitar ensanchar la sonrisa cuando notó cómo la mirada de la veterinaria perdió brillo al hallarlo solamente a él en la enorme estancia. Esa chica era demasiado transparente.
-Asumo que les fue bien.-
Kagome sonrió algo cansada y asintió con la cabeza.
-Nos fue perfecto, ¿No es así Rin?-
-¿Eh? Si, todo está bien ahora, gracias por su ayuda…-
-¡Me alegro! Vaya que nos diste un buen susto mocosa-
-¡Inuyasha!-
Rin sonrió un poco avergonzada pero su mente se desconectó, su corazón latía rápido y lento al mismo tiempo, la expectativa de ver de nuevo a Sesshomaru había liberado una cascada de alegría por su torrente sanguíneo que menguó demasiado rápido cuando no lo halló alrededor. Tenía la esperanza de verlo al abrir los ojos pero no fue así, deseaba tanto perderse en ese mar de oro líquido que le sosegaba el alma. Necesitaba sentir la contención de sus brazos, escuchar la ronca voz de terciopelo, aspirar el embriagante aroma que despedía la piel de marfil y ahogarse en esa inefable sensación de pertenencia que le calaba los huesos elevándola hasta el infinito. Se obligó a sonreír cuando los regaños de Kagome la sacaron de sus pensamientos.
-¡Ya te he dicho que es de mala educación hablarle así a las personas!-
-¡Feh! La mocosa ya es de la familia, no entiendo el escándalo Mujer.-
-¡Uy! ¡Qué iras me das! ¡Eres un grosero!-
-Tranquilizate además a Rin no le molesta, ¿No es cierto, Enana?-
La morena abrió la boca para contestar pero sus piernas se tambalearon perdiendo el sostén. Kagome apenas logró sostenerla ayudándola a sentarse sobre sus talones. Inuyasha dio un paso al frente, pero se mantuvo su sitio en espera de alguna reacción del collar. Rin respiraba con dificultad de nuevo, la hechicera miró a los ojos preocupados de su prometido y asintió. El peligris se acercó hasta la veterinaria inclinándose de espaldas frente a ella.
-Vamos Enana, sube.-
-¿Eh? Nno es nnecesario...-
Rin levantó la mirada encontrándose con la mirada preocupada de Kagome, la mayor le sonrió haciendo un ademán en dirección a la espalda de Inuyasha. La veterinaria tragó saliva y con lentitud apoyó las manos en la espalda del abogado sosteniéndose cuando Inuyasha aseguró sus piernas y se puso de pie.
-No pensé que alguien que se ve tan menuda fuera tan pesada-
-... Lo lamento…-
-Ignoralo Rin, es un troglodita redomado que aún no aprende modales. ¡Dijo lo mismo de mí cuando me torcí el tobillo y tuvo que cargarme de vuelta! No dejó de quejarse en todo el trayecto-
-Con la excepción que esa vez no estaba bromeando. La Enana es una pluma comparada contigo.- el abogado se encogió de hombros y comenzó a caminar hacia la cocina. -Pero no me extraña, después de todo no has dejado de tragar frituras y chocolatinas desde que tienes diez años...-
La espalda de Rin se erizó al mismo tiempo que la del abogado cuando la temperatura pareció descender un par de grados. Ambos giraron el rostro lo suficiente viendo con espanto como el enojo de Kagome parecía un aura escalofriante a su alrededor. Inuyasha tragó saliva y optó por caminar rápido, casi trotando en dirección de la cocina conforme la energúmena incrementaba su indignación. Rin se encogió sobre sí misma cerrando los ojos con fuerza cuando el grito fúrico de la hechicera resonó en el pasillo y el abogado comenzó a correr.
-¡INUYASHA!-
Rin estaba segura que esta noche alguien iba a dormir con el perro...
Y si su intuición no fallaba, podía apostar que ellos no tenían un perro.
TBC
…..
Notas finales: ¡Vaya capítulazo! ¿No creen? Aquí tengo mi canasta para todo lo que me quieran aventar :v.
A todas las que intuyeron desde los primeros capítulos la identidad de la nube esponjosa: Las Felicito. Estaban en lo correcto.
A las que no lo vieron venir: ¡Sorpresa! La suegrita anda haciendo de las suyas :3 pero las emociones no acaban ahí, ahora sí con toda confianza puedo decirles que entramos al tercer arco argumental de la historia. Tengan paciencia, al final todo valdrá la pena :D
Una aclaración en caso que no me haya explicado correctamente: ¿Les ha pasado que de repente tienen un sueño muy vivido y al despertar lo recuerdan a la perfección pero al pasar el tiempo se les olvida por completo? Bueno, es justamente eso lo que le pasa a Rin. Ella adquiere 'consciencia' en sus sueños, que es un lugar donde no tenemos control alguno. Pero al despertar esa es otra historia. Recuerden que ella, en sus visiones, permanece aletargada. Eso va a cambiar, y muy pronto. ¡No diré más para evitar los spoilers! Espero haberme explicado mejor.
Aquí una notita :3
Asesino Perfecto¹: Recuerden que es el significado que le di al nombre de Sesshōmaru. Textualmente sería 'perfección matando', pero ¡venga! ¿A poco no se oye mejor? ;)
¡Gracias por su apoyo y sus comentarios! No saben lo bien que me hace conocer su opinión y saber que este desvarío les provocó emociones diversas. ¡Elixir plateado es lo mejor! :3
Nos leemos pronto. ;)
