Disclaimer: Los personajes son propiedad de Stephenie Meyer, la trama y algunos personajes me pertenecen.
Summary: Lo que hay en el pasado puede ser difícil de enfrentar, pero cuando alguien te ayuda ¿será posible lograrlo? —¿Eres feliz? —me preguntó y asentí sin dudarlo, siempre lo sería junto él—¿Y, tú? —regresé—No, no lo soy —contestó dejándome sorprendida.
Chicas, os recomiendo que mientras leen escuchen la canción de Rihanna – Russian Roulette, ya que me inspire en ella para hacer este capítulo.
Capítulo 20. RULETA RUSA
….
Todo ocurrió en un abrir y cerrar de ojos.…
Estábamos en una de las tantas fiestas en las que abundaba el alcohol y la droga al por mayor, donde no había respeto ni amor en ninguna parte, allí sólo existía la soledad y el vacío. Yo estaba con James como siempre y mi hermanito estaba con Victoria. Su novia, era una zorra de lo peor, engañaba a mi hermano con el que se le ponía en frente, y aunque Ethan lo sabía hacía oídos sordos a lo que le pudieran decir de ella. Victoria, como toda una profesional manejaba muy bien a mi hermanito, y él todo lo soportaba porque la amaba.
Sin darme cuenta ya quedábamos muy pocos en la fiesta, ¿La casa? Bueno en realidad no sabía de quién era y no me interesaba saberlo, yo sólo sabía que a esa fiesta llegamos gracias a James y sus múltiples "amigos" que no eran más que tipos sin oficio ni beneficio.
A James, le encantaban todas esas fiestas, él estaba en su mundo y jamás me dejaba sola, él nunca fue malo conmigo en realidad. Decía quererme y aunque estaba segura de que no me amaba yo estaba tan sola y desubicada que no me importaba estar con él por el sólo hecho de sentir que le gustaba a alguien.
Esa horrible noche todo cambió -James no estaba conmigo-. La mayoría estaban perdidos en la inconsciencia total por todo lo consumido, mi hermanito no se veía por ninguna parte y asumí tontamente que estaba con Victoria. Pero a la vez me sentía aliviada de que James no estuviera conmigo, así que me dispuse a buscar a mi hermano en cada una de las habitaciones de esa enorme casa, ya estaba harta de ver tanta miseria por esa noche; quería irme de ese lugar.
Fui a la parte trasera de la casa donde se veía una pequeña cabaña. Era el último lugar que me faltaba por revisar para darme por vencida y dejar a Ethan ahí en manos de la bruja de Victoria, cuando escuché una voz bastante familiar.
—Vamos Ethan, hay que jugar, total ¿Qué puede pasar?—Distinguí perfectamente la voz de James a través de la puerta entre abierta de la cabaña.
—Estás loco James, no creo que pueda hacerlo—Le contestó mi hermanito.
—Mira que Victoria estará muy decepcionada de ti, hermano—Continuó hablando y fácilmente podía distinguir su tono burlón.
—Vamos ¿Qué puedes perder?—La última palabra casi la escupió.
—¿Verdad cariño?—Le dijo a Victoria justo cuando yo iba entrando.
—¡Oh amor!—Gritó James mientras se acercaba torpemente a mí, me tomó fuertemente entre sus brazos, tanto que me hizo sisear de dolor, sentí algo frío recorrer mi espalda y me estremecí completamente. Me giré a tiempo para ver un arma-una parecida a las que había visto a veces en el estudio de Charlie-colgando de su mano. Empecé a sentir nauseas.
El miedo me invadió e inmediatamente me solté del agarre de James y corrí a los brazos de mi hermanito para que me protegiera.
—Amor, no tengas miedo, ¿Quieres jugar con nosotros?—James parecía otro, el joven amable, tierno y cariñoso que alguna vez fue conmigo dejó de serlo para convertirse en un ser sin alma ante mis ojos.
—No—Musité aún temblando en los brazos de mi hermano.
—Bella, no pasará nada, cariño, ya lo verás. Ethan sí quiere, entonces, ¿Por qué tú no?—James por fin estaba mostrando su verdadera cara y al ser que odiaría por el resto de mi vida.
—Déjala James, con ella no te metas, ni ella ni yo somos parte de esto, así que olvídate de tu estúpido juego—Espetó mi hermanito casi escupiendo las palabras y apretándome más contra él. Ethan siempre fue muy tranquilo, pero cuando se trataba de defendernos él se convertía en otro.
—Vamos, cariño—Empezó a insistir Victoria—Deja que Bella juegue, siempre la sobreproteges y ella no es ninguna niña, pregúntale a James—Terminó Victoria destilando su veneno, para hacerme quedar mal con mi hermano.
Pero lo que ella no sabía era que entre él y yo no había secretos. Esa fue la primera vez que los ojos color chocolate de mi hermano mostraron odio hacia ella.
— ¡Basta Victoria!—Gritó mi hermano—No me importa lo que pienses, esto no esta a discusión ni ella ni yo jugaremos y es mi ultima palabra—Por fin la estúpida guardó silencio y nos dedicó una mirada de odió.
Gracias a eso James se aprovechó de la distracción y ya más consiente de sus actos se acercó a nosotros y me arrebató de los brazos de mi hermano que aún tenía un duelo de miradas con Victoria.
— ¡Suéltala!—Gritó Ethan fuera de sí.
—Ella va a jugar—Afirmó James como si yo no pudiera hablar y decidir si quería hacerlo o no.
Era tanto mi miedo que estaba como estatua sin decir nada, sólo observando cómo se aniquilaban James y mi hermanito con la mirada. Mi cuerpo estaba ahí pero mi mente y mi alma estaban muy lejos gritando y pidiéndole a dios que nos ayudara, que sobre todas las cosas protegiera a Ethan. Él no podía irse, el no podía morir, el prometió estar siempre conmigo.
—Te dije que la soltaras, James—Ethan estaba tratando de calmar las cosas moderando su tono, no nos convenía que James se alterara.
—No pienso repetirlo—Le dijo mordaz, pero entre más le decía que me soltara más apretaba su agarre haciéndome daño, sus dedos se encajaban en mis costillas y en mi brazo. Esa noche yo también sufrí daño físico tuve moretones durante semanas recordándome esa trágica noche.
La impotencia en la mirada de Ethan era agonizante, pero más allá del dolor físico, lo que más dolía y era imposible borrar eran las heridas que se estaban formando en mi alma, esas que no eran tan fáciles de borrar. Y que estaban adheridas a mí desde hacía cinco años. Era como una pequeña película de terror que se repetía una y otra vez en mi mente.
Se formó un silencio incomodo en esa cabaña abandonada, se notaba que estaba así desde hacia mucho tiempo, todo estaba lleno de polvo y los pocos muebles que se encontraban ahí, estaban cubiertos por sabanas blancas que ahora se veían grises a causa del abandono. El lugar era frío y oscuro a penas nos alumbraba una pequeña lámpara que estaba encendida en medio de la habitación.
—Muy bien—James rompió el silencio—Jugaremos a: La ruleta rusa —cuando escuché esas palabras me tensé en el acto.
—¿Conoces el juego, amor?—Me preguntó James pegándome más a su cuerpo y dándome un beso en el cuello. Me estremecí y no precisamente de placer. Ethan gruñó e intentó alejarme de él, fallando en el acto. Mientras que James lo apuntaba con el arma.
Lágrimas y sollozos silenciosos empezaron a salir de mi sistema sin poder evitarlo, yo no quería jugar y era obvio que Ethan tampoco, pero no teníamos modo de salir de ahí sin que James nos apuntara con su arma.
—Vamos, será divertido, no sean aguafiestas—Interrumpió Victoria con su voz chillona y dedicándonos una sonrisa burlona ¿Por qué nos hacían esto? ¿Nosotros qué hicimos para merecer este trato? Esas y mil preguntas rondaban mi mente.
—Si yo juego, ella no será parte de esto—Dijo Ethan con decisión.
— ¡No!—Por fin pude hablar desde que entré a esa cabaña—¡Tú lo prometiste!—empecé a llorar como loca y no sé cómo pero pude liberarme de las garras de James.
—Entiende pequeña—Puso sus calidas manos en mis mejillas, penetrándome con su mirada color chocolate.
—Es un simple juego, prometo que no me pasará nada—Pero el y yo sabíamos que esa promesa no la podría cumplir, ese era un juego de suerte y por lo general nosotros no la teníamos.
—Yo también jugaré—Acepté con decisión mientras veía a James con un odio infinito. Él sonrió en señal de triunfo mientras le hacía señas a Victoria para que se acercara hacia donde estábamos parados los tres.
—Yo voy primero—Dijo James—Te amo, querida—Me espetó sarcásticamente mientras intentaba plantar un beso en una de mis mejillas, inmediatamente me alejé de él y me pegué más a mi hermano.
Colocó el arma en su sien derecha y sin ninguna expresión en su cara tiró del gatillo, que hizo un simple clic al no haber detonación. Soltó el aire que sin querer retuvo y nos miró burlón.
—Tal parece que no me tocaba ¿Verdad?—Elevó su mano al aire y la apuntó en dirección a Victoria—Es tu turno hermanita—Le tendió el arma.
— ¿Hermanita?—Preguntamos Ethan y yo al mismo tiempo.
—Si, pero sigamos con el juego, sólo será una ronda, y ya habrá tiempo para aclarar ciertas cosas—Ella como la zorra sin corazón que era tomó el arma tan tranquila y serena como si fuera una secadora de cabello y estuviera por peinarse para salir de fiesta—Por cierto sólo hay una bala en el arma, hay una posibilidad de entre cuatro de que os toque a alguno de ustedes—Aclaró James con una sonrisa socarrona en el rostro.
—Tal vez, todos salgamos vivos de aquí—Finalizó indicándole a Victoria que tirara del gatillo una vez más en lo que iba de la noche.
Se puso el arma en su sien derecha y le dijo a James—Te quiero—Él le contesto de vuelta que también la quería. Una vez más se escuchó el famoso clic y nada más. Ella seguía ahí de pie ecuánime y bella como siempre, con esa personalidad arrolladora que tanto amó mi hermano.
—Sigues tú amor—Me interpeló James, Victoria le entregó el arma y se colocó a su lado mientras él extendía el arma hacia mí.
Era mi turno…
—Toma un respiro, uno muy profundo, cálmate—Me susurró James al oído—Este juego se trata de subsistir, toma el arma y cuenta hasta tres, Isabella—Empecé a sudar, me moví lentamente. No había tiempo para pensar, la suerte estaba escrita, me tocaba ir. Y sabía que Ethan podía sentir claramente mi corazón latir desbocadamente, estaba aterrada pero no me rendiría. Sabía que tenía que pasar esa prueba, por Ethan y por mí, tan sólo apretaría el gatillo y sería libre…
Cerré los ojos y comencé mi vida ante mí, me empecé preguntar si volvería a ver el amanecer. El terror que sentía era indescriptible, no tendría oportunidad de decir adiós si esto salía mal. Pero no importó, a mí el único que me importaba era mi hermanito, aún no era tarde para empezar a vivir como dios manda, junto a él. El pilar más importante de mi vida, Ethan…. Sentí una mano helada retirar el arma de mi sien, abrí los ojos sorprendida porque sabía perfectamente a quien pertenecía.
—Es mi turno—Me murmuró con ternura.
—Pero…—Intenté decirle que no, pero la voz no me salía.
—Shhh…prométeme que te cuidarás mucho, y que recordarás que siempre estaré a tu lado. Te quiero mi pequeña—Me tomó en sus brazos estrechándome fuerte, tomó mi cara entre sus manos y me besó en la frente.
—¡No! Por favor hermanito no lo hagas, es mi turno, no pasará nada, por favor…—Supliqué en vano mientras él retiraba el arma de mis manos y la ponía en su sien izquierda. Su mirada se clavó en la mía, los dos sabíamos que no había marcha atrás y que el final estaba cerca y que después de luchar tanto uno al lado del otro, alguien había conseguido separarnos para siempre…
Empecé a orar por él como hacía años no lo hacía, de una y mil formas le pedí a dios que no lo apartara de mi lado, vi a Ethan aspirar el aire y retenerlo en su sistema. Tiró del gatillo y ocurrió una explosión que me paralizó por completo. Vi sangre salir de su cabeza, solté un pequeño gritito los ojos de mi hermano se tornaron opacos y vi cómo lentamente cayó al suelo, sin vida…
Corrí a su lado e intenté hacerlo reaccionar él no podía morir, ¡No! Ethan ¡No! Mi hermanito, mi apoyo, mi amigo, mi compañero de viaje, se había ido… Dio su vida por mí. Marqué rápido a emergencias y pedí una ambulancia, sabía que Ethan aún respiraba, estaba segura de ello, desesperada porque sabía que él podía lograrlo.
Lo tomé en mis brazos y me doy cuenta que su respiración es muy débil, no pude parar de llorar mientras le decía cosas al oído para que no me abandonara, los dos teníamos que salir triunfantes una vez más.
—Dile a tu padre que ya estamos a mano—Me susurró James al oído, me quedé helada al escuchar sus palabras.
—¿Qué quieres decir con eso, James?—Volteé a verlo desconcertada.
—Él me quitó a mi padre—Dijo con nostalgia—Y hoy yo le quité a su hijo—Me dijo con una sonrisa en los labios.
— Así es querida, Isabella, Ojo por ojo; Diente por diente—Las lágrimas salían sin control al darme cuenta de que fuimos víctimas de una venganza.
—Te has equivocado, James—Dije en señal de derrota—Para Charlie nosotros no somos nada—Volteé a verlo y podía ver el desconcierto en su cara, James tenía a Victoria en sus brazos que observaba todo sin decir nada, ni siquiera se veía afectada por ver al "amor de su vida" moribundo reposando en mis brazos.
Después de eso me desconecté y puse toda mi atención en mi hermanito, empecé a acariciar su cabello esperando que la ambulancia llegara, no quería apartarme de él ni un segundo. Perdí la noción del tiempo y cuando menos esperaba los paramédicos llegaron y empezaron a atender a Ethan, todo era borroso no entendía todo lo que decían esos extraños que movían el cuerpo de mi hermano como si fuera un muñeco.
Sin importarme nada me subí a la ambulancia con mi hermano, estuve sosteniendo su mano todo el camino; angustiada por lo que pudiera pasarle. En esa pequeña cabina solo estábamos él y yo. En tiempo record llegamos al hospital general de california, para suerte de Reneé ahí nadie nos reconocería, estaba muy lejos de aquellos hospitales lujosos a los que solíamos asistir a hacer "caridad" para guardar las apariencias con la que se decía mi madre.
Vi cómo se perdía al final del pasillo la camilla donde llevaban a Ethan me senté en la modesta sala de espera con el alma en un hilo por recibir noticias de mi hermanito…
Estaba sola… No tenía a quién hablarle, mi abuelo no estaba en la ciudad y Emmett estaba muy lejos, Charlie estaba en París cerrando un negocio muy importante y obviamente no vendría a ayudarnos. Renée simplemente era una desgraciada que de seguro estaba con alguno de sus amantes.
Los minutos pasaban lento mientras yo caía cada vez más en la desesperanza, trataba de estar tranquila, pero era imposible.
—¿Señorita?—Preguntó un hombre alto y moreno, llevaba un uniforme de policía y me miraba algo serio.
—Soy el agente, Maguire—Se presentó—Me gustaría hacerle unas preguntas—Me limité a mover mi cabeza en señal de que estaba de acuerdo.
—Se ve muy joven señorita, ¿Cuántos años tiene? Y…¿Qué es de usted el joven que acaban de meter por esas puertas?—Dijo señalando la dirección por donde se llevaron a Ethan.
—Tengo quince años—Le contesté por inercia—Y el joven que dice usted es mi hermano gemelo—Suspiré con pesar, estaba desesperada por saber cómo estaba.
—¿Cuál es su nombre?—Volteé a verlo exasperada ¿Que no sabía, que no quería hablar con nadie?
—Ethan e Isabella Swan—Giré mi cara en dirección hacia donde se habían llevado a mi hermanito, para que el agente ese se diera cuenta de que no quería hablar con él.
Dejé que mi mente vagara hacía viejos recuerdos.
—No me malinterpretes, sabes que soy feliz contigo, eres mi hermanita y te amo, pero tú sabes que estamos solos y tengo miedo de dejarte, o que tú me dejes, eso me hace infeliz—Por un momento me quedé callada sin saber qué decir, me giré para ponerme de costado y quedar frente a él y mi hermanito hizo lo mismo, nos observamos por un largo rato sin decir nada.
—Señorita, Swan, necesito saber qué pasó, ¿Cómo fue que su hermano se disparó? ¿Dijo el motivo del por qué intentaba quitarse la vida?—Cuando escuché esa última frase volví a la realidad, ¿De dónde había sacado semejante idiotez?
—¿Cómo dijo?—Él me miraba sin comprender.
—Sí, ¿Qué si sabe por qué intentó suicidarse su hermano?—Me levanté y lo enfrenté, me miró sorprendido pero no dijo nada.
—Mi hermano no intentó acabar con su vida—Le conteste molesta—Lo obligaron a dispararse—El agente se levantó de su lugar y me dijo:
—Señorita según declaraciones de los testigos, su hermano y usted estaban muy drogados y empezaron a armar alboroto hasta que fueron a dar a esa cabaña donde su hermano sacó un arma—Yo no daba crédito a lo que ese hombre me decía, ¿Cuales testigos si solo estábamos nosotros con James y Victoria?
—Los hermanos Levinson declararon hace unos momentos—Cuando escuché eso me quedé helada, ¿Acaso ellos estaban aquí? No podía ser semejante descaro.
—James nos obligó a jugar, nos amenazo con el arma—Grité desesperada.
—Cálmese señorita o la harán salir de aquí—Traté de serenarme, por nada del mundo deseaba que me sacaran del hospital.
Le relaté al agente todo lo ocurrido. Tomó nota de todo y me dijo que se dedicaría a investigar la escena del crimen y ver las pruebas. Me dejó ahí en mi lugar mientras las horas seguían pasando y yo seguía sin saber qué ocurría con Ethan. Empecé una vez más a recordar todo lo que nos dijimos hasta que el agente me interrumpió, ahí me sentía segura, y en paz; porque él estaba a mi lado seguro.
Entre lágrimas amargas, seguí recordando a mi Ethan…
—Eso jamás sucederá y lo sabes, eres mi hermano y jamás te dejaré, lo juro, nada ni nadie me alejará de ti—Él me regaló una sonrisa hermosa como las que él tenía, pero la felicidad nunca llegó a sus hermosos ojos color chocolate.
—Isabella Swan—salió un doctor de donde hacia unas horas había entrado la camilla de Ethan, vociferando mi nombre me levanté como resorte.
—Aquí—Dije demasiado alto causando que varias personas voltearan a vernos.
—Isabella—Me acerqué más al médico—Yo atendí a su hermano hasta hace unos momentos—Cuando escuché esas palabras me quedé petrificada. Estaba segura que no querría escuchar lo siguiente.
—Pese a todo lo que hicimos su hermano llegó muy mal, podría decirse que cuando él llegó ya había fallecido—Me sentí impotente no era posible, Ethan ¡No!
—Tenía muerte cerebral, le tuvimos que hacer varios estudios que comprobaron nuestras sospechas, pero él demostró ser un gran luchador, seguía respirando—Esas palabras hicieron mi corazón saltar, tal vez el estaría bien y despertaría. ¿Pero qué vida tendría después de esto?
—Desgraciadamente, señorita Swan, su hermano acaba de fallecer hace unos momentos, tuvo una crisis que le causó un paro respiratorio. Hicimos todo lo posible por reanimarlo pero fue imposible sacarlo del paro—El mundo se detuvo para mí, no escuché nada más.
Ethan…
Mi hermanito…
Muerto…
Una y mil veces se repetía esa palabra en mi mente, me senté en el piso y me abracé las piernas; empecé a balancearme de atrás hacia adelante, estaba sola….
—¡Bella! Cariño—Me gritaban, no sabía quién era, ni me importaba—¡Por dios! Mira nada más cómo estas—El abuelo Emmanuel—Celia, ayúdame, esta toda mojada, ayúdame a sacarla de la bañera, esta helada—Mi abuelo gritaba como desesperado, dentro de mi inconsciencia escuchaba sus gritos, las pastillas aún no hacían el efecto que yo deseaba, faltaba poco para encontrarme con mi hermano.
—Llama a una ambulancia, creo que ha intentado quitarse la vida—Fue la primera y única vez que lo intenté.
Ese día por la mañana habíamos enterrado a Ethan, sólo fuimos el abuelo y yo a decirle adiós. ¿Emmett? Bueno él no alcanzó a llegar a los servicios fúnebres mucho menos al entierro, ¿Mis padres? Bueno Charlie dijo que no iría, aún no firmaba su contrato y ¿Reneé? Ella simplemente no le dio importancia. Yo estaba destrozada no sentía mi cuerpo, pero mi corazón y mi alma dolían hasta lo impensable.
El abuelo me mantuvo en sus brazos todo el tiempo, él sabía que estaba mal y me llevó a su casa en Tennessee. Yo no quería estar en la mansión Swan había pasado un mes desde mi intento de suicidio y de la muerte de Ethan; y yo simplemente no salía de mi recamara.
—Bella, cariño, por favor, sal—Decía todos los días mi abuelo afuera de mi recamara, sin obtener éxito, no quería estar así con él pero era imposible olvidar todo lo que pasó esa noche, aún tenía que saldar cuentas con Charlie y los Levinson.
No le dije a mi abuelo nada de lo ocurrido. Primero hablaría con Charlie, no quería que él se pusiera mal por una tontería, tenía que aclarar todo con Charlie y exigirle que pidiera justicia por la muerte de Ethan. Aunque el reporte de la policía era que había sido un suicidio yo sabía que no era así y lo demostraría así se me fuera la vida en ello.
James y Victoria habían desaparecido de la faz de la tierra; no tenía idea de qué habían hecho Charlie y Reneé para que no se supiera de la muerte de Ethan pero eso no era algo que me importara. Para mí mejor, así no me estarían acosando los reporteros todo el tiempo.
—Quiero ir a casa—Le anuncié a mi abuelo cierta tarde mientras él terminaba de comer, después de dos meses estaba "lista" para enfrentar a Charlie.
—Pero…cariño… ¿Estás segura?—Hizo sus platos a un lado y se levantó de su lugar para intentar rodearme con sus brazos.
—Si—Le dije segura y esquivando su agarre, le di la espalda—Es hora de que continúe con mi vida—Me tomó de mis brazos y me hizo girar para quedar frente a él.
—Esta es tu casa y no es necesario que te vayas—Me sonrío pero sus ojos jamás demostraron alegría.
—Deja que me vaya, abuelo, tengo que arreglar unas cosas, te prometo que regresaré—Suspiró y me aferró en sus brazos en un cálido abrazo.
—Está bien ¿Cuándo quieres irte?—Me preguntó derrotado.
—Mañana mismo—Tomó mi cara entre sus manos y tan sólo me penetró con sus ojos color miel—¿Sabes si Charlie estará en California?—Mi abuelo no era tonto y sabía que le ocultaba algo pero jamás me presionó para que le dijera la verdad. Cuando nos volvimos a encontrar hace un año él me dijo que me escuchó muchas veces a lo largo de esos meses gritar el nombre de Charlie seguido de: Por tu culpa Ethan está muerto.
—Sí—Al día siguiente me levanté muy temprano y desayuné con el abuelo, todo el desayuno estuvimos platicando de las próximas vacaciones que me comprometí a pasar con él. Me despidió con un cálido beso y un fuerte abrazo de su parte y un "Cuídate mucho mi princesa" Partí sin saber que sería la última vez que vería a mi abuelo con vida. Por él que lloré en silencio cuando supe de su muerte y que años más tarde me encontró demostrándome una vez más lo vil y cruel que era Charlie.
El viaje entre Nashville y Newport Beach fue cansado. Tardé más de 3 horas en llegar a la mansión Swan, cuando llegué las personas del servicio desempeñaban sus quehaceres como cada día, la casa tenía que estar pulcramente arreglada.
—¡Señorita Bella!—Gritó una de las chicas del servicio cuando me vio atravesar el umbral de la gran puerta de roble que era la entrada.
—Hola, ¿Charlie está en casa?—Dio un gritito de sorpresa y se tapó la boca.
—Señorita, su padre no tarda en llegar—Intenté dibujar una sonrisa en mi rostro para no ser tan descortés pero fue imposible.
—En cuanto llegue, me avisas, estaré en mi recamara—Le dije un poco más relajada
—Una cosa más—Interrumpí mi subida en las escaleras rumbo a mi cuarto—No quiero que él sepa que regresé, de hecho no quiero que nadie lo sepa, quiero estar sola—Sólo movió su cabeza en señal de que estaba de acuerdo.
Subí una vez más esas escaleras que fueron testigos de las carreras que jugábamos Ethan y yo cada día que volvíamos de la escuela. Yo era aun una niña que se culpaba día a día por la muerte de su hermano. No era su turno, era mi turno pero él no dejo que tirara del gatillo. Entré a mi recamara que estaba tal cual como la dejé aquel día que fuimos a esa fiesta negra…
Como siempre volteé a ver a mi lado derecho donde estaba esa puerta que comunicaba nuestros cuartos, siempre estaba abierta, siempre estaba él sentado en su sillón favorito leyendo cualquier libro que se le cruzara por enfrente.
Pero hoy todo era diferente. Esa puerta estaba cerrada y estaba segura que nunca más lo vería sentado ahí leyendo. Cerré mis ojos y aspiré el aire para ver si aún estaba él presente, pero su olor se había ido, obviamente él no regresaría.
Fui a la recamara de Ethan y tomé una de sus playeras favoritas. La aferré a mi cuerpo y me senté a llorar como loca en medio de su recamara. No sé cuánto tiempo estuve ahí llorando pero no fue suficiente para perderme en la inconsciencia. Unos golpes constantes en mi puerta hicieron que despertara. Me levanté del suelo con la camisa de Ethan empapada por las lágrimas y me dirigí a mi cuarto para abrir la puerta.
—Señorita Bella, su padre ha llegado, está en su estudio—Sostuve un rato la puerta mientras, Susi, se veía nerviosa porque yo no decía nada.
—Gracias—Musité, no esperé a que se fuera simplemente cerré la puerta.
Bajé lentamente las escaleras y justo cuando pise el último escalón entro Reneé a la casa seguida de Emmett, venían sonriendo y platicando muy animadamente. No notaron que yo estaba ahí así que seguí mi camino al estudio de Charlie.
Di tres ligeros toques y entre abrí la puerta. Charlie estaba viendo por la ventana, como si esperara que yo fuera a verlo.
—Pasa, Isabella—Me sobresalté un poco por su tan acertada intuición, era eso o que mi abuelo le dijo que venía a Newport—Por fin has vuelto—Me dijo en cuanto entré, él seguía viendo por la ventana.
—Necesito hablar contigo—Me planté a su lado para ver qué tanto miraba por la ventana y ahí estaba la hamaca donde Ethan y yo pasábamos casi todas las tardes.
—¿Te dice algo el apellido, Levinson?—Se sorprendió un poco pero no perdió la compostura.
—¿A qué viene eso, Isabella?—Obviamente estaba tratando de evadir el tema.
—A que gracias a ti, Ethan, murió...—Volteó a verme por fin. Su cara era de desconcierto total.
—¿De qué hablas?—Soltó por fin.
—James Levinson, te dejó un recado conmigo, textualmente dijo: Dile a tu padre que ya estamos a mano—Su semblante cambió y le dio paso a la ¿tristeza? En claro signo de desesperación se agarró su cabello y se sobó un poco el cuello.
—No sé, a qué se refiere James, Isabella—Era obvio que sabía que pasaba pero no quería admitir su error.
—Dijo que tú le quitaste a su padre y que él te quitaba a tu hijo—Charlie se tensó en el acto.
—Ojo por ojo; Diente por diente—Se apartó de la ventana y caminó hacia su escritorio. Se sentó en su fina silla de piel y me indicó que me sentara frente a él.
—Isabella, tú no eres nadie para cuestionar mis actos—Se inclinó hacia adelante y posó sus brazos en el escritorio—Lo que pasó entre Jonathan Levinson y yo es asunto mío—Me señaló con su dedo—Y no voy a tolerar por ningún motivo que vengas aquí, a mi casa—Arrastró las palabras amenazadoramente—A culparme por el suicidio de tu hermano—Suspiró exasperado.
—¿Crees que los agentes no me dijeron el estado en el que tú y Ethan llegaron al hospital?—Se levantó de su lugar y golpeó el escritorio—¿Te das cuenta la suma que tuve que pagar para que todo eso no se supiera?—Sentí cómo la rabia emergía de mi sistema.
—Lo que te voy a decir solo lo diré una vez—Se volvió a sentar y me miró por un largo rato, lógicamente estaba ordenando sus ideas, veía la forma de salir ileso de tal problema, como tantas veces lo había hecho.
—Levinson y yo fuimos socios, él invirtió todo su patrimonio y me lo confió a mí—Dijo calmado, como si platicara del clima—Pero las cosas no salieron bien y él lo perdió todo—Se frotó la nuca y continuó.
—Me pidió ayuda y yo le di la espalda, semanas después él se suicidó—Se paró de su lugar y caminó una vez más a la ventana—No sabía que Ethan y tú convivieran con sus hijos, de haberlo sabido los hubiera alejado inmediatamente de ellos, y los habría protegido como siempre lo he hecho—¿Qué? ¿Protegernos? Si él nunca había estado cerca.
—Pero bueno, por lo visto James, cumplió con su amenaza—Habló tranquilo—Dijo que se vengaría pero no creí que cumpliera—Apoyó una de sus manos en el cristal y volteó a verme.
—Cuando Jonathan murió me hice cargo de todo, he mantenido a su familia hasta ahora, prometí ayudarlos siempre y cuando se mantuvieran al margen, pero por lo visto no cumplieron con su palabra—Soltó molesto—A partir de hoy ellos se quedarán si nada, eso te lo puedo asegurar, Isabella, pero no puedo hacer más—Entonces reaccioné después de procesar sus palabras me di cuenta que no haría nada más, y que la muerte de mi hermano quedaría impune.
—¿En verdad crees que con eso es suficiente, Charlie?—Grité exasperada —¡Por dios! Mataron a tu hijo, ¿Qué no te duele? ¡Mataron a mi hermanito! ¡Me he quedado sola!—intentó abrazarme pero no se lo permití.
—¡Isabela! No tienes derecho de cuestionar mis decisiones y si yo digo que no se hará nada en su contra, no se hará nada ¿Entendido?—Me chilló bastante furioso.
—Soy tu padre; me debes respeto y obediencia—Empecé a reír como loca, y conforme aumentaban mis carcajadas él se fue acercando hasta que abofeteo mi cara tirándome al piso.
Mis carcajadas pararon de golpe e inmediatamente mi mano se posó en donde él planto su mano. Lo miré con odio y agaché la mirada, no podía llorar, no delante de él. Me levanté del piso y lo miré desafiante, él se veía arrepentido pero no decía nada, ni siquiera hizo el intento de acercarse para ver si estaba bien.
—Esto jamás te lo perdonare—Le dije mordaz —Tú ya no eres mi padre Charlie Swan —Continué con un nudo en la garganta. Irónicamente años después él me diría lo mismo y me quitaría su apoyo, en ese momento no lo hizo, pese a que yo ya no le tenía ningún respeto.
—Y la muerte de mi hermano, no quedará impune, tanto tú como ellos lo han matado —El dolor cruzó por su mirada y por primera vez en mi vida vi a Charlie vulnerable—¡Te lo juro!—Chillé a todo pulmón, pagarían muy caro la muerte de Ethan.
—¡Isabella!—Gritó en el momento que me disponía a salir del despacho—Tú y Ethan se buscaron todo esto, si me hubieran hecho caso él estaría vivo, y créeme Isabella tú no harás nada—Lo miré furiosa.
—Claro que haré mucho Charlie, no me voy a quedar toda la vida con quince años. Cuando menos lo esperes todos pagaran por lo que le pasó a mi hermanito, y entonces tú vendrás y me pedirás ayuda y escúchame muy bien Charlie, no obtendrás nada de mí, ni siquiera mi lastima—Salí de ese despacho que marcó mi vida para siempre, donde vi la verdadera cara de mi padre.
Emmett intentaba hablar conmigo saber qué había pasado en ese despacho era obvio que se escuchaban nuestros gritos por toda la casa pero yo no dije nada. Emmett era un extraño para mí, Charlie era el único que supo qué pasó esa noche gracias a la declaración que hice y que los agentes le mostraron a Charlie. Pagó mucho dinero y jamás salió a la luz el verdadero móvil de la muerte de Ethan.
Para todos él murió en un accidente mientras estábamos de vacaciones en unas montañas de los Alpes suizos.
En cuanto a mí siempre estaba en un duerme vela sin fin. No podía dormir más de una hora sin que vinieran a mi mente todos esos momentos. Las pesadillas aumentaban cada día más. Emmett regresó a su vida al cabo de un mes de aquella discusión que tuve con Charlie; Reneé ni se inmutó por lo que pudiera pasar, ella se sentía intocable. El abuelo Emmanuel hablaba conmigo casi a diario, no asistía a la escuela y perdí el semestre cosa que no me importo, cada noche empecé a salir, teniendo dinero y "poder" podía entrar a cualquier lado y me vendían alcohol y drogas. No había día que no estuviera en ese estado tan deplorable, todos me veían con lástima.
Charlie más de una vez fue por mí a esos lugares gracias a sus amistades que le avisaban que no podía ni con mi alma. Muchas veces desperté a lado de extraños que hicieron de mi lo que quisieron, pero yo estaba tan mal tan desubicada que no le daba importancia, lo único que quería era morir.
Ahora más consiente de todo me doy cuenta cuánto me repudiaba a mi misma por todo lo que había vivido en ese momento. Sólo pensaba en mí y nadie más, sin importarme si en verdad quería seguir con ese ritmo de vida. En la casa la servidumbre me atendía y no se metía conmigo, era tan inestable que un día los trataba bien y al siguiente fácil podría matarlos, aprendieron muy rápido a no meterse conmigo y a no decirle a Reneé todo lo que hacía en su ausencia. Busqué por cielo, mar y tierra a James y a Victoria pero ellos jamás aparecieron.
Un día de tantos decidí salir, aún con el peligro de que pudiera encontrarme con Lucila, aquella mujer que nos causó más de una vez problemas con Reneé. Como hacía meses no lo hacía, decidí tomar un café en el centro comercial. Cuando entré al pequeño local varios me reconocieron, incluso había compañeros de mi clase, varios me sonrieron pero yo sólo los veía tan felices tan tranquilos que sólo correspondía a su saludo con una sonrisa fingida y seguía mi camino.
Me fui a sentar a una de las mesas más retiradas y pedí mi orden. Saqué el libro favorito de Ethan y me dispuse a leerlo, tenía tantas anotaciones…Ha él le encantaba leer y siempre que un libro caía en sus manos lo rayaba como desquiciado y hacía anotaciones en las frases que le gustaban.
—¿Isabella?—Me tensé al escuchar esa voz, Lucila…
—¿Cuánto tiempo? ¿Cómo estás?—En realidad no quería hablar con ella así que decidí sólo contestarle por cortesía lo más cortante que pudiera para poder salir de ese lugar ilesa.
—Hola Lucila—Contesté fastidiada—Si ha pasado mucho tiempo, estoy bien, en fin tengo que irme—Dije justo cuando llegó el mesero con mi expreso. Que había pedido me lo pusiera para llevar por si tenía que emprender una huida como la que estaba por emprender.
—No sabes cómo siento lo que ocurrió—Una alarma se prendió en mi interior y me paré de mi lugar, causando un gran alboroto.
—En verdad tengo que irme—Murmuré lo más rápido que pude.
—Entiendo querida, pero espera un momento—Me observó con cinismo, ella jamás nos quiso y siempre que tenía oportunidad nos hería con sus comentarios—Es momento de que dejes ir a Ethan…—Dijo destilando su veneno, ¿Ella qué sabía de mi dolor?—Y también dejes de joderte la vida como lo estás haciendo—Entonces exploté. Bastó que nombrara a mi hermano para que reaccionara. Y me diera cuenta que mi hermano estaba muerto como me negaba a creerlo pensando que el volvería y seriamos felices.
Salí de ahí como alma que lleva el diablo, no podía más, el dolor era infinito, no podía siquiera respirar entonces me dio la primera crisis. Mí querida Susi estaba ahí y le di un susto de muerte, esa muchachita apenas dos años mayor que yo me ayudó ese día, lloré con ella lo que no había podido llorar en meses, se lo agradecí en el alma.
Al día siguiente que Charlie se enteró empezó a buscar clínicas donde pudieran ayudarme a superar todo eso. Seis meses habían pasado desde la muerte de Ethan y era momento de dejarlo ir…Como me había dicho Lucila, sólo me estaba autodestruyendo y sabía que eso no lo querría mi hermanito…
Era tiempo de Empezar de nuevo…
¡Hola!
¿Les gusto? No saben cómo sufrí al escribir este capítulo… Ya saben que ocurrió con Ethan y todo lo que provoco su muerte, y que fue lo que la provoco…
Muchas Gracias a todas por comentar, agregarme a sus favoritos, alertas y a las que solo leen (ojala puedan comentar).
Jj Vulturi: ¡Gracias! Espero te haya gustado, y bueno en cuanto a tus preguntas solo te puedo decir que descubrirás poco a poco que ocurrirá con tanto lió, y que pasara con la relación B/E.
Gracias cariño por la Beteada tqm… Alice, como siempre esto no sería lo mismo sin ti... Meme besos...
Roxeta! Ya vez lo prometido es deuda jaja espero te haya gustado…
Espero sus riviews, besitos…
Cambio y fuera…
Chapis Cullen…
