Disclaimer: Nada ni nadie de la serie o de los comics me pertenece, si lo hiciera, otro gallo cantaría. No saco mayor beneficio que el entretenimiento puro.
Sumario: AU sin zombies. Beth se ha independizado, tiene un trabajo y cierta costumbre de realizar compras on-line. (Bethyl)
Perdonar las erratas y zarpas que pueda haber, si los personajes están algo fuera de su hábitat/personalidad habitual…
Undécima parte de: El Mundo a Tiempo
Su madre solía decir que no tardaría en imitar esa faceta suya también con el tiempo. Al principio se había reído, negando con su cabeza rubia incapaz de imaginar eso. Pero efectivamente, como si la mujer tuviera una bola de cristal, sus palabras se habían cumplido. Con el paso de los años, en días en los que el insomnio provocado por la cercanía de un examen, los nervios de un gran cambio o por razones que no alcanzaba a comprender; se levantaba de madrugada y comenzaba a sacar ingredientes de los armarios.
Su especialidad eran las magdalenas caseras, aunque las galletas o tartas tampoco se le daban mal. Era su forma de pensar y no pensar en nada a la vez. Era el momento en que su cansado cuerpo actuaba con el piloto automático encendido y le mantenía ocupada por unas horas.
Se había convertido en una rutina y hacía semanas que no le pasaba; pero había recaído. Por esa cortina.
Descalza sobre la pequeña alfombra junto al horno, Beth se frotó la mejilla con la mano derecha apartándose un mechón de pelo que le cosquilleaba pero pintándosela de harina sin ser consciente de ello. Otro pegote de harina y huevo había terminado en su frente sobre su ceja derecha.
Terminó de mezclar todos los ingredientes en el bol de cristal cuando escuchó el timbre del horno sonar anunciándole que ya estaba caliente.
- Vamos, vamos.- Se animó a sí misma separando los recipientes para contener las magdalenas sobre la bandeja del horno.- Con cuidado…- Se repetía a sí misma con el pulso ligeramente inestable por la falta de sueño.
La punta de su lengua asomó entre sus dientes a la par que volcaba el contenido hasta la última gota.
Con una sonrisa triunfal abrió la puerta del horno apartándose para no chamuscarse las pestañas con el aire caliente. Cogió la bandeja y la metió al horno cerrando la puerta. En 20 minutos estarían listas para sacarlas y dejar que se templaran antes de hincarles el diente.
Beth inspiró hondo y miró el desastre en el que había convertido la cocina esa mañana. Generalmente era más cuidadosa pero era evidente que cocinar en su estado le había pasado factura. La varilla, el bol y cucharas que había usado junto al exprimidor terminaron en el fregadero. Con la bayeta limpió los restos de harina, huevo y azúcar que se habían escapado del bol donde debían haber aterrizado.
Para cuando terminó de fregarlo todo, y guardarlo en las alacenas, los 20 minutos ya habían tocado a su fin. Con cuidado de no quemarse con su mano derecha protegida con una manopla, Beth sacó la bandeja de las magdalenas depositándola sobre los fogones. La joven inspiró hondo llenando sus pulmones del delicioso olor de los dulces recién hechos.
Sonriente, Beth espolvoreó un poco de azúcar glas sobre las magdalenas y pequeños fideos de chocolate viéndolos derretirse por efecto del calor.
El olor no tardó en llegar a su estómago que rugió levemente.
- Hora de desayunar…- Pensó en voz alta sirviéndose un vaso de leche fría.
Haciendo malabarismos para no quemarse las yemas de los dedos, Beth logró quitarle el papel a uno de las magdalenas. Tras un fuerte soplido le dio un bocado a la magdalena exhalando un suspiro de placer, estaban deliciosas aunque cualquiera pudiera pensar que pecaba de orgullosa. No, era la verdad simple y llanamente.
Un nuevo bocado de la magdalena acompañó a los tragos de leche que bebió hasta vaciar el vaso por la mitad.
Con los carrillos llenos de su segunda magdalena el timbre de la entrada le sorprendió. Beth se atragantó levemente con la magdalena y se golpeó con el puño cerrado en mitad del pecho queriendo recuperar el aliento mientras se acercaba a la puerta. Cuando logró que la magdalena siguiera su curso, tomó aire y abrió la puerta limpiándose los labios con el dorso de la mano.
Allí estaba Daryl una vez más frente a su puerta, y sin la camisa. Beth no pudo evitar sentir una punzada de decepción al ver que el mensajero lucía de nuevo una de esas camisetas sin mangas.
La joven le ofreció una sonrisa tensa pero serena y aceptó el paquete que Daryl le tendió en silencio. Firmó la casilla del destinatario aceptando el largo paquete donde estaba bajo recaudo su nueva cortina.
- Gracias.- Dijo ella mirándole de nuevo a tiempo de verle a él desviar su mirada hacia algún punto del interior de su estudio por encima de su hombro izquierdo.- Que tengas un buen día.
No sabía por qué, después de la larga espera desde que había hecho el pedido en el bar, después de haber estado saboreando días después ese trozo de tarta de manzana; sólo quería cerrar aquella puerta y prepararse para ir al trabajo.
Quería regresar al interior de su estudio, comerse otra magdalena, o tal vez dos, y pensar en darse una ducha antes de escoger lo primero que encontrara en el armario.
Beth le dio la espalda, la puerta entornándose a su espalda.
- El uniforme es obligatorio.- Le escuchó decir. Sorprendida porque le hubiera hablado Beth miró por encima de su hombro viéndole aún allí de pie visiblemente incómodo con la situación, mordiéndose el interior de la mejilla.- Es una mierda pero, nos obligan a llevar estas…- Pellizcó la tela que asomaba bajo el fino chaleco sobre la camiseta.
Beth le miró confusa hasta que comprendió qué era lo que quería decir exactamente con aquella afirmación. Poco a poco, una suave sonrisa curvó sus labios y sus hombros adoptaron una postura más relajada. La joven ladeó el rostro sin dejar de sonreír creyendo intuir la aparición de un leve tono rojizo en su mejilla.
- Puedes… ¿Puedes esperar un segundo?- Le pidió Beth alzando un dedo desapareciendo en el interior del estudio sin darle pie a negarse a ello. Rauda, cogió un trozo de papel de cocina y envolvió dos de las magdalenas con ella. Regresó a la puerta con rapidez y se las tendió.- Para media mañana.- Le invitó acercándose otro paso más.- Las acabo de hacer.- Sonrió de nuevo con la mirada expectante. Daryl alternó sus ojos entre las magdalenas en su mano y la mirada divertida de ella.- Yo me he comido ya como unas tres…- Confesó queriendo golpearse la cabeza contra el marco de la puerta nada más haberlo dicho. Daryl arqueó una ceja sorprendido.- Tenía hambre…- Añadió agitando las magdalenas, el olor de los dulces inundando todo el pasillo.
- De acuerdo.- Murmuró en voz baja el hombre cogiéndolas de su mano, rozando sus dedos entre sí.- Gracias.
Con la misma rapidez con la que Beth había desaparecido en el interior del estudio para hacerse con las magdalenas, Daryl se alejó por el pasillo en dirección a las escaleras.
Beth esperó hasta que su silueta desapareciera por completo y cerró la puerta sin poder evitar seguir sonriendo. Dejó la caja de la cortina sobre la mesa de la cocina y peló el papel de una nueva magdalena hincándole el diente. Miró hacia el reloj y pegó un grito yendo en busca de una muda antes de zambullirse en la ducha lo más pronto posible.
Hacía una hora que había llegado a casa y se encontraba subida descalza sobre el colchón de su cama descolgando la vieja cortina que había estado protegiéndole de los rayos del sol.
Tras haberse asegurado de que los enganches eran los mismos y no iba a necesitar hablar con su casero para taladrar la pared o algo semejante; Beth se había puesto manos a la obra con la instalación de su nueva cortina.
Con el peso extra de la cortina en sus manos su equilibrio estaba algo más mermado pero logró colocarla sin caerse al suelo ni hacerse más daño del posible (una de las piezas le había pellizcado el dedo al colocarla en el gancho pero ya no le guardaba ningún tipo de rencor).
Beth se bajó de un salto de la cama y miró con una sonrisa y las manos en las caderas el resultado de su hazaña.
- Sabía que era la adecuada.- Dijo ampliando su sonrisa colocándola a un lado para que la luz pudiera entrar sin impedimento en el pequeño estudio. – Ahora toca…- Cogió su teléfono móvil del escritorio y le sacó una foto a su tarea ya terminada enviándosela a su hermana mayor.
En menos de cinco minutos, el sonido de una llamada irrumpió en el silencio apartamento proveniente del ordenador encendido. Antes de descolgar, Beth se apresuró a coger el portátil en sus manos y asegurarse de encuadrarse con la cortina a su espalda.
- ¡Tadá!- Exclamó con alegría aceptando la llamada viendo el rostro de su hermana y Glenn en la pantalla.- ¿Qué os parece?- Les preguntó apartándose momentáneamente del encuadre para que pudieran verlo.
- Muy amarilla y verde, ahora, al grano.- Dijo Maggie sin ceremonias acercando su rostro a la cámara para darle más énfasis a sus palabras.- ¿Ha ido él a llevártela?- Beth asintió con rapidez.- ¿Te ha ayudado a colocarla?- Beth abrió los ojos de forma desmesurada negando con la cabeza.
- ¡Es el mensajero no el manitas de la comunidad!- Replicó ella viendo a su hermana rodar los ojos exasperada.
- Puede tener varios trabajos…- Comentó Glenn de forma casual mordisqueando un regaliz rojo.
- Glenn tiene razón.- Dijo Maggie con solemnidad asintiendo, sus brazos entrecruzados.
Beth exhaló un suspiro y se acomodó en la cama, la almohada contra la pared para así apoyarse contra ella. Colocó el portátil sobre sus piernas cruzadas y reajustó la altura de la pantalla para que enfocara su cara.
- ¿Qué tal vuestro día?- Les preguntó Beth viéndoles intercambiar una mirada y encogerse de hombros.
- Nuevo día, lo mismo de siempre.- Comentó Glenn en tono casual dándole otro bocado al regaliz.- ¿Y el tuyo?
Beth vio a su hermana esbozar una sonrisa diablesca que le arrancó una suave carcajada.
- Mi día ha ido bien. Me levanté temprano y…
- Te pusiste a cocinar, ¿no?- Dijo su hermana arqueando una ceja a sabiendas de la respuesta que iba a darle.
- Unas magdalenas.- Asintió Beth viendo a su hermana extender su palma izquierda hacia Glenn quien soltó un gruñido y depositó en la mano de su pareja un billete.- ¿Habíais hecho una apuesta?
- Lo guardaré para invitarte a cenar cuando vaya a verte.- Le aseguró Maggie con una sonrisa.- Bueno, continúa. Has hecho magdalenas. ¿Cuántas quedan?
- Dos de… Doce.- Confesó con la voz pequeña mordiéndose el labio inferior. Maggie soltó una carcajada.
- Entonces te levantaste muy temprano, hermanita.- Beth asintió frotándose la frente con las mejillas encendidas.
- Un poco, me desperté y ya no me podía dormir.- Comentó alcanzando la penúltima magdalena que descansaba sobre su mesita de noche. Se la enseñó a su hermana quien dio el aprobado con el pulgar hacia arriba y le dio un mordisco.- Deliciosa.- Dijo para sí saboreándola con los ojos cerrados.
- Deja de dar envidia y continua contando, anda.- Le recriminó su hermana concentrando en el regaliz que le robó a Glenn sus ganas de atravesar la pantalla y arrebatarle la magdalena.
- Bien. Hice magdalenas, desayuné, sonó el timbre y…- Maggie alzó la mano interrumpiendo su monólogo frente a la cámara web.- ¿Qué?
- ¿Te miraste en el espejo antes de abrir la puerta?- Beth negó con la cabeza viendo una sonrisa aparecer de nuevo en la cara de su hermana.- ¿Has olvidado cómo te pones cuando cocinas, Bethy?- Beth juraría sobre la Biblia que sintió un cubo de agua fría caer sobre ella al procesar las palabras de su hermana. Al igual que su madre decía que la manía de cocinar en momentos de estrés parecía casi genético, ella siempre le decía que parecía que se hubiera revolcado en los ingredientes cuando cocinaba.- ¿No te dijo nada cuando abriste la puerta?- Beth negó queriendo que la cama le tragara en ese preciso segundo.- Interesante…
- ¿Interesante? ¿Por qué? ¿Qué quieres decir con eso?- Preguntó Beth ahogando un gruñido contra la palma de sus manos, negando con la cabeza intentando recordar su encuentro con Daryl y dar así con una muestra evidente de que él pudiera haberle visto en todo su esplendor. Una vez más.
- Puede no haber dicho nada por dos opciones. Una,- alzó su dedo índice,- es educado.- Beth entrecerró los ojos al escuchar a su hermana.- O dos.- Alzó el dedo corazón.- Por primera vez en tu vida conseguiste no mancharte.
- Eso es imposible.- Dijo ella en un suspiró golpeándose la frente contra el borde de la pantalla del portátil.
- Bueno, ¿no se rio, no?- Beth negó con la cabeza antes de añadir.
- No sé yo si es mucho de reírse tampoco.- Dijo con tono apesadumbrado.- Luego le di dos magdalenas.
- Muy bien hermanita. A los hombres se les conquista empezando por el estómago.- Le aseguró Maggie dándole un codazo a Glenn.
- Por supuesto, eso es algo vital.
- Yo no quiero conquistarle, Maggie.- Le aseguró Beth.- Sólo quería… ¿ser amable?- Beth ignoró la risotada que se le escapó a su hermana.
Los tres quedaron en silencio unos minutos, Beth con la mirada perdida en su cortina entreabierta y la pareja al otro lado hablando en susurros.
- Díselo, vamos.- Le instó Glenn a Maggie. Maggie rodó los ojos.
- Ya lo verá.
Beth devolvió su mirada hacia ellos quienes sonrieron.
- Sé que tramáis algo…
- Hablando de comida, voy a preparar la cena.- Dijo Glenn poniéndose en pie y despidiéndose con un gesto de su mano.- Nos vemos, Beth.
- Yo debería ir a ayudarle.- Comentó Maggie poniéndose también en pie.
- ¡Hey! ¿Qué andáis tramando?
- Te quiero, Bethy.- Le dijo Maggie dándole un beso a la cámara cortando la llamada.
- ¡Maggie!- Exclamó Beth a pesar de que la pantalla se había fundido a negro.
Estoy caminando en el filo de la navaja I know. Ayer doble actualización y hoy un nuevo capítulo más. Pellizcarme porque no me lo creo jajajaja
Bueno… Por fin se han vuelto a ver la dama y el vagabundo magdalenas de por medio. ¿Qué os parecido el encuentro? No he podido evitar meter a Maggie y Glenn modo cotilla, lo siento, fue superior a mí jajaja
¡Mil gracias por seguir leyendo y dejando comentarios, me animáis más de lo que imagináis!
A quien dejó review como guest: ¡Gracias por comentar! Espero que este capítulo también haya sido de tu agrado. Un abrazo.
Os veo… Os veo, no digo más *se abraza a una secuoya*
