Como siempre les recuerdo que nada me pertenece, los personajes son de Stephanie Meyer y la hermosa historia es de ericastwilight, yo solo traduzco.

No podia fallar mi fiel compañera y Beta, Erica Castelo que siempre me ayuda para dejar mis traducciones más lindas :D ¡Gracias por los jalones de orejas!


Epílogo

Tal y como Garrett había dicho, la mitad de la familia de Bella estaba a su puerta en menos de una hora. No se necesitaba ser un genio para saber lo que habían estado haciendo. Tenían el cabello húmedo y apenas traían ropa puesta cuando empezaron a llegar.

Aunque nadie dijo una mierda, porque Bella le lanzó a cada miembro de la familia una mirada fulminante que claramente decía que no mencionaran el asunto. No lo hicieron. Sin embargo, ella lloriqueó cuando Rosalie, Alice y Leah prácticamente la cargaron a su recámara. No había duda que querían detalles.

Solo, con la mayoría de los hombres en la familia de ella, Edward se excusó y se dirigió a su departamento para cambiarse en un traje para trabajar. Se negaba a sentirse avergonzado de la conexión que compartía con Bella, y no iba a permitir que la denigraran.

Veinte minutos más tarde, él regresó a la casa de Bella para despedirse de ella por el día. Sin embargo, encontró toda una conmoción en su casa.

Edward encontró a Bella sentada en el suelo en medio de la sala. Con papel para regalo destrozado a su alrededor, con otra caja en sus manos. "¿Qué pasa aquí?" Preguntó, mirando a Rosalie por una explicación. "¿Encontraron más abrigos?"

Ella sacudió su cabeza, sonriendo con lágrimas en sus ojos. "No, pero su reputación como señorita Navidad y su historia sobre los abrigos se ha difundido. Cuatro abrigos más fueron entregados justo ahora por personas que ella ha ayudado a través de los años."

"Esto es increíble," dijo Bella y lo miró. "Mi hermanita del programa Hermana Mayor me envió un abrigo. Y tres de mis estudiantes de la clase de arte que dicté en la universidad durante un año también lo hicieron."

Su labio inferior tembló y Edward vio lo difícil que era para ella evitar que las lágrimas cayeran. Estaba feliz y parecía vibrar por ello. Él deseaba desesperadamente abrazarla, compartir esto con ella. Se sentía bien verla así.

Otro golpe en la puerta impidió que respondiera. Parecía haberse quedado sin palabras, ya que nunca había esperado conseguir más abrigos a tiempo para Navidad. Alice regresó con Garrett que había firmado abajo para otra entrega.

"Parece una fiesta," dijo él, entregándole a Bella otro par de regalos.

"¿Qué es eso?" Preguntó Edward.

"Los abrigos rojos siguen llegando," dijo su compañero, riéndose entre dientes. "Kate viene subiendo con otros más que aparecieron esta mañana en su oficina."

"Ella probablemente va a tener más que veintisiete," dijo Alice, sus ojos en Bella mientras abría otra caja. "Si esto sigue así vas a usarlos durante todo el invierno."

"Me encantan," dijo Bella al aferrarse a una de las cajas nuevas. "Necesitamos mi cámara, un lapicero y papel. Tengo que enviar notas de agradecimiento. Oh, tal vez pueda enviarles a todos galletas."

"Algunos de ellos son anónimos, cielo," dijo Kate, entrando a la sala con otras dos cajas.

"Oh," susurró Bella, viéndose de alguna forma confundida. "¿Cómo se supone que les agradezca?"

Edward le sonrió, poniéndola de pie. "Solo sigue haciendo lo que haces para ayudar a otros."

Ella le dio una sonrisa radiante. "Eres muy inteligente."

"Y ya vamos tarde para el trabajo," dijo Garrett, haciendo una mueca. "Lo siento, Ben llamó. Hay una pista que quiere que revisemos."

Edward asintió y alejó a Bella de los otros. "¿Estás bien?" Le preguntó al mismo tiempo que tomaba su dulce rostro entre sus manos.

Con lágrimas todavía en sus ojos, ella sonrió. "Más que bien," le respondió en voz baja. "¿Te veré más tarde?"

"Va a ser muy tarde."

"No me importa. Aun si lo único que podemos hacer es dormir, te quiero conmigo."

"Suena bien para mí," dijo, presionando brevemente sus labios en la boca de ella. "Voy a usar mi llave para entrar de nuevo."

"Edward," dijo ella bajito, bajando la vista a sus pies con timidez. "A mí también, no solo me gustas."

Él descansó su frente encima de la cabeza de ella. "Por supuesto que escuchaste."

"Escucho todo," dijo ella con una voz escalofriante. Él la besó para evitar que la usara otra vez. Eso y porque sus labios eran jodidamente besables. Continuaron besándose y hablando bajito por otro minuto antes de que Garrett se aclarara la garganta y tuviera que llevárselo arrastrando.

"¡Espera!" Ella le dio a Garrett su versión de la ceja de perra, ganándose tres nueves de las otras mujeres en la habitación. Tiró de Edward después de un veloz guiño y una reverencia a las chicas. "Me encantaría que me acompañaras a la cena de Nochebuena y al desayuno la mañana de Navidad."

Edward exhaló bruscamente. Había tenido la esperanza de que ella se lo pidiera, sin querer darlo por sentado. No le parecía correcto asistir a menos que ella lo quisiera ahí.

"Por supuesto, te veré más tarde, ángel."

"Despiértame si tienes que hacerlo," dijo ella, sonriendo.

La comisura de la boca de él se movió convirtiéndose en una sonrisa torcida. "Tendré que pensar en una forma ingeniosa de hacer eso." La imagen de lo que haría apareció en su cabeza y se lamió los labios en anticipación.

Ella gimió bajito y le guiñó un ojo. "Haces eso y tendré que agradecerte."

Con una sonrisa todavía en su rostro y deseo en sus ojos, Edward la dejó encarar a su familia. Todos los ojos estaban sobre ella.

"¿Qué?"

"Ya lo amas," la acusó Seth. "Lo conoces hace unas cuantas semanas, hace como un día lo hicieron oficial."

Bella colocó una mano sobre su cadera. "¿Y cuánto tiempo pasó para que te dieras cuenta que Beth era la indicada?"

Él se vio afligido por un segundo, antes de suspirar. "Sí, te entiendo."

"Joder, pues yo no," dijo Jacob. "Has tenido dos novios en toda tu vida y seguro que no compartieron una cama contigo tan rápido."

"Hola," dijo Leah, dándole la ceja de perra que Bella todavía trataba de perfeccionar. Tenía que añadirlo a su arsenal si iba a darse un mano a mano con Edward de vez en cuando. No tenía duda que tendría que hacerlo, pero al menos la reconciliación sería asombrosa. "Me pediste que me casara contigo tres días después de conocernos."

"¡Pero eso es diferente!" dijo Jacob, arrojando sus manos al aire.

"¿Cómo?"

"¿Fuimos amigos primero?" Jacob intentó con eso.

"Sí, por tres días," Rosalie replicó y le dio un manotazo en el hombro. "Te dije que Leah sería perfecta para ti." La pareja se sonrió el uno al otro, sin ser capaces de quedarse enojados con el otro por mucho tiempo.

"Muy bien," dijo Bella, aplaudiendo una vez con sus manos. "¡Tenemos trabajo que hacer! Este departamento no va a ser lo bastante grande para la fiesta con toda la gente nueva que va a venir, así que vamos a hacerlo en el estudio. Y la quiero perfecta."

Bella comenzó a entregar copias de su lista, hablando a cientos de kilómetros por minuto sobre sus planes.

Alice se volvió hacia Rosalie. "¿Cómo crees que sea cuando se case?"

Rosalie gimió. "Vamos a tener que asegurarnos de que se escape."

"Puedo escucharlas, perras," canturreó Bella, pellizcando sus traseros al pasar hacia la cocina. "Vamos a poner esto en marcha."

Cuando la música rock llenó su departamento para que los chicos empezaran sus tareas asignadas, Edward le estaba ayudando a Garrett a elegir un anillo de bodas para Kate. Una pequeña parte de él se preguntó cuánto tiempo pasaría antes de que él pidiera el mismo tipo de ayuda.


Edward solo había visto a Bella por cortos periodos de tiempo en los últimos cuatro días. Desesperado por atrapar a los pendejos que habían estado asaltando todas las joyerías locales, habían estado trabajando sin parar. Para cuando llegaba a casa del trabajo, muy tarde por la noche, ella estaba profundamente dormida.

Bella estaba a menudo tan exhausta trabajando en un proyecto que tenía que entregar en una ceremonia de corte de listón dos días después de Navidad, que apenas si se removía cuando él llegaba. Junto con eso estaba la preparación de la cena y trabajar de voluntaria en una campaña local para abrigo y comida dejándole poco tiempo para descansar.

Solo tenían unos treinta minutos en la mañana antes de que tuvieran que irse por caminos separados. Edward estaba ansiando tener libres Nochebuena y Navidad. Era la primera vez en años. Él nunca pidió vacaciones antes de que Bella llegara a su vida.

"Maldición, me alegra que hayamos atrapado a esos pendejos," dijo Garrett al conducir hacia el edificio de departamentos de Edward. "Ahora podemos disfrutar nuestro tiempo libre."

Edward tenía intenciones de pasar sus vacaciones con Bella. "¿Vas a proponerle matrimonio a Kate esta noche?"

"Sí," dijo Garrett y mostró el primer indicio de nervios. Tiró de su cabello. "Joder, ¿es demasiado pronto? No hemos estado saliendo por mucho tiempo."

"Si lo sabes, lo sabes."

"Ella va a decir que sí, ¿verdad?"

Edward se encogió de hombros con indiferencia. "No sé. No parece que le agrades mucho."

Los ojos de Garrett se abrieron casi del tamaño de una caricatura. "Oh mierda. Es demasiado pronto."

"Estoy jodiendo contigo, pendejo," dijo Edward y se rio entre dientes cuando Garrett maldijo. "Te ama y probablemente es la única dispuesta a aguantar tu mierda."

Garrett estacionó en fila doble. "Eres un cabrón."

"No voy a negar eso." Edward bajó del coche, desesperado por ver a Bella. De olerla, abrazarla, y joder, simplemente escucharla hablar. Amaba su voz y ver sus labios moverse era como el juego previo para él.

"Te veré esta noche," dijo Garrett, agitando su mano pero Edward ya se había ido.

Edward subió las escaleras de dos en dos, acelerando el paso. Moviendo cajas que estaban apiladas en el pasillo, el único otro inquilino en el piso se iba a mudar a finales de mes. Edward lo saludó agitando su mano, respirando profundamente.

El aroma que llenaba el pasillo era familiar para él, algo que su madre había preparado en su juventud. Bella lo había escuchado cuando él lo mencionó en las raras ocasiones que hablaban de su familia. Ella le había preparado un poco.

"Mierda, crumble de manzana." Edward gimió, frotando su estómago con su mano. Tendría que añadir otra hora o dos a sus ejercicios semanales si Bella continuaba alimentándolo. Por otro lado, una vez que sus horarios fueran menos agitados, tendrían tiempo para un poco más de ejercicio en la recámara.

Entró al departamento de ella, esperando verla antes de que todos llegaran en unas cuantas horas para la cena de Nochebuena. Siguiendo los tentadores aromas que llenaban el lugar, la encontró en la cocina. Estaba inclinada mientras retiraba algo del horno. Una imagen muy agradable al volver a casa, pero él aprendió su lección después de su último desastre en la cocina y se quedó callado hasta que ella puso el postre sobre la encimera de forma segura.

"Hola," dijo, agarrando una zanahoria de una bandeja de vegetales cercana.

Ella gritó de todos modos. Si esa era siempre su reacción, necesitaba cerrar su puerta con llave.

"¡Tú, pendejo!" Le dio dos manotazos en su brazo. Él le sonrió de forma engreída, sabiendo que lo perdonaría. Ella envolvió sus brazos alrededor de su cuello en menos de tres segundos. "Llegaste temprano."

"Tenía que verte," le dijo al colocar sus manos en sus caderas.

"Oh, ¿en serio?" Dijo ella, dejando un pequeño beso en su mandíbula oscurecida. Él murmuró y gimió cuando ella entrelazó sus dedos en su cabello y tiró ligeramente. "Te eché de menos."

Él rozó sus labios sobre su frente, su mejilla y finalmente la comisura de su boca. "¿Ya casi terminas?"

Ella sacudió su cabeza, haciendo un puchero. "Ni siquiera me acerco."

Sabía que eran pocas las posibilidades. "Voy a meterme en la ducha y volveré a darte una mano."

"Oh, eso no es justo. Voy a imaginarte desnudo y mojado."

Edward la besó, pegando su cuerpo al suyo. "Siempre puedes acompañarme, ángel." Ella gimió a medida que sus labios se movían hacia el pequeño punto en su hombro que él sabía la volvía loca si lamía y mordisqueaba ahí.

"Quiero hacerlo," ella jadeó, sus caderas restregándose contra él. "Pero tengo mucho que hacer."

También sabía eso. "Será mejor que me vaya," dijo él en voz baja, probándola una vez más.

"Te acompañaré a la puerta," dijo ella después de otro minuto. Metida en su costado, ella le contó algo que lo hizo sonreír. "Oficialmente, tengo veintinueve abrigos."

"No puedo creerlo."

"Yo sí," dijo en voz baja. "Porque hay gente allá afuera que tiene el mismo espíritu dadivoso que trato de difundir durante la temporada."

"Tú vas más allá."

"¿Va a ser un problema, Edward?" Le preguntó ella bajito.

"Honestamente, no." Se encogió de hombros y la presionó contra la puerta, deseando borrar la duda en su voz y en sus ojos. "No me veo usando un maldito abrigo rojo durante toda la temporada." Ella sonrió de forma engreída y tiró de la bufanda roja que traía puesta. "Hasta ahí llega mi guardarropa navideño, ángel." Ella se echó a reír. "Tengo que marcar la línea en alguna parte. Tampoco me veo usando feos suéteres navideños."

Ella hizo un puchero. "¡Aunque tengo montones!"

"Lo que estoy tratando de decir es que el que ames la Navidad no me impedirá enamorarme de ti."

Ella sonrió y tiró de su corbata. Sus labios estaban tan jodidamente cerca a los de él que estaba perdiendo la cordura. Su control era mínimo como usualmente lo era cuando ella estaba cerca.

"No espero que ames la Navidad como yo," susurró ella. "No después de lo que le pasó a tu familia, pero Edward, de verdad quiero hacer algo por ti." Ella le había preguntado varias veces si tenía algunas tradiciones de antes que su familia muriera. Él le dijo con sinceridad que prefería hacer nuevas con ella.

"Haces lo suficiente siendo tú."

Bella suspiró contenta. El hombre la hacía desfallecer con todas sus dulces palabras y ella que era la artista y escritora, no parecía encontrar las palabras cuando estaba cerca de él.

"¿Edward?" Él murmuró y rozó con su nariz y sus labios lo largo de su cuello. "Necesito que me sujetes." Él se rio entre dientes cuando sus rodillas se tambalearon. "No es gracioso. Vuelves mi cerebro papilla y mi cuerpo se pone todo suave siempre que haces eso."

"Lo siento," dijo él, sin sonar avergonzado en lo absoluto.

"Edward," dijo ella otra vez, la atención de él en la parte hinchada de sus senos. Murmuró nuevamente. El hombre iba a pagar si no se detenía y no hacía nada con el estado en que la tenía, toda caliente y excitada. La risa de él sobre su piel envió una pequeñísima vibración a cada terminación nerviosa de su cuerpo.

Ella gimió.

"¿Sabes que dices lo que piensas en voz alta cuando estás toda excitada?"

Ella jadeó y empezó a darle de manotazos en el hombro una vez más, haciéndolo reír. Él la calló con otro beso robado. Agarró con más fuerza su hombro, levantando una de sus piernas sobre su cadera para restregarse contra él.

"Joder," siseó, poniendo el seguro detrás de ella y levantando su pierna más alto. "Gracias a Dios por el vestido." Ella asintió y levantó sus brazos en invitación. Él en seguida entendió y le quitó su delantal y su vestido con un solo movimiento. Gimió cuando se dio cuenta que no llevaba puesto sujetador.

"Apúrate," gimió ella cuando él encerró su pezón en su abrasadora boca. "Edward." Sus dedos trabajaron diligentemente en su cinturón, y ella juró que escuchó cada clic de cada diente de su cierre al descender tortuosamente lento. Ella estaba demasiado perdida en el placer de su boca y su lengua para ir más rápido.

"Ángel," gruñó él, haciendo su mano a un lado y terminando el trabajo velozmente. Con una mano en su trasero, él la levantó y en su siguiente aliento compartido, se hundió muy dentro de ella. La cabeza de ella cayó hacia atrás contra la pesada puerta de roble, con un gemido escapándose de su boca. Los labios de él se prendieron de su garganta y saborearon el pequeño hueco. "Mierda, ¿por qué sabes a azúcar?"

Ella medio se rio y gimió, mareada por la arremetida, y respondió. "Mi exfoliante de azúcar hecho en casa," dijo con un fuerte jadeo. "No te detengas."

El gemido de él reverberó en su pecho, su boca en el punto mágico de su hombro. Sus endurecidos pezones raspaban contra él y parecían volverla loca. Con sus labios cerca del oído de él susurró su nombre, alentándolo. "Más rápido, más duro. Justo ahí. Sí," gimió ella sin aliento.

Era una locura. Las palabras, la sensación de su aliento sobre él, el calor de ella rodeándolo, guio sus caderas contra las de ella.

Ella era la más vocal de los dos, pero a él le importaba una mierda. Él amaba cada palabra, gemido y lloriqueo que venía de ella. Quería adueñarse de todos ellos de ese momento en adelante, ser el último hombre que le diera tal placer. Quería hacerla sonreír, reír, y ser el que limpiara cualquier lágrima de tristeza, después de patear el trasero de la persona que las provocó.

Con sus cabezas tocándose, con sus ojos observándose mientras ella lo tomaba en su interior. Él se excitó aún más, cuando los dedos de ella se deslizaron entre ellos.

"¡Mierda!" Gimió él, su cabeza cayendo hacia atrás. En cuestión de segundos, los ojos de él se dispararon de vuelta a su mano entre ellos, viéndola hacer círculos y tentar, presionar y frotar. El nombre de ella era un coro en sus labios al acelerar el paso.

"Mía," fue la última palabra que gimió momentos después que ella gritó su nombre.

La cabeza de ella se enterró en su cuello, sus labios besaron su mejilla, y sus palabras calmaron su corazón. "Soy tuya."


Vestidos en cómoda ropa casual, la familia Swan-Clearwater-Black-Whitlock-Cullen y sus amigos recién comprometidos Garrett y Kate se sentaban en torno a una nueva mesa en el estudio de Bella. Los ventanales del piso al techo que correspondían a la pared sur exhibían el encantador jardín exclusivo de los inquilinos de Bella, complementado con hermosas luces centelleantes.

La comida pasó de persona a persona, con conversación ligera, y grandes elogios para aquellos que ayudaron con la comida.

Edward se relajó casi dos horas después, con una cerveza en su mano, bebiendo ocasionalmente mientras observaba a Bella interactuar con su familia. Con un vestido rojo que caía sobre sus caderas, un moño en su cadera derecha le dio un extravagante toque de dulzura.

Solo ella podía verse angelical con un color rojo brillante.

Sus dedos le hormigueaban por explorar su cuello al descubierto así como algunos de sus rizos sueltos que danzaban por su piel. Hablaba con su hermano Emmett, arrojando su cabeza hacia atrás al escuchar algo que dijo. Ella era su tipo de perfección, incluso si cantaba las palabras incorrectas para More Than Words.

"Conozco esa expresión," el padre de Bella dijo al sentarse en una silla junto al sofá donde estaba Edward. Él no se molestó en preguntar, ya consciente de que era un libro abierto por primera vez en su vida. "¿Puedo ofrecerte algo de consejo?"

Edward asintió, sus ojos siguiendo cada uno de los movimientos de ella.

"Sí."

"Sé que no es fácil, considerando lo que hemos visto en nuestras vidas, las atrocidades, y el horror detrás de actos maliciosos de la humanidad. A pesar de eso, todavía tengo esperanza. Algunas veces puede ser todo lo que tenemos en los peores momentos, y puede sostenerte."

"No he tenido ninguna en mucho tiempo," dijo Edward después de un breve momento.

"En ocasiones la encuentras cuándo y dónde menos lo esperas."

Edward sonrió y asintió, creyendo eso también. "¿Cuál es su consejo?"

"Aférrate a esa esperanza y con el tiempo empezarás a encontrarla en otras partes."

Edward pensó por un momento y respondió. "Nunca hubiese creído que conseguiría todos sus abrigos a tiempo para Navidad." Aunque había tenido la esperanza, por ella.

"De alguna forma, sabía que sucedería. Ella ha llegado a tantas vidas desde su segunda oportunidad como ella la llama. Algunos mantienen el contacto con ella." Algo en la expresión de Charlie indicó que estaba reviviendo un recuerdo. "Para cuando tenía quince años organizó su primera campaña de abrigos."

No le sorprendió a Edward. "Sé que ella dijo que la médula ósea fue donada de forma anónima, ¿pero usted lo conoce a él o ella?"

"Sí. Ella no y me gustaría que siga así." Edward se enderezó en su asiento, queriendo conocer a la persona que la salvó. "Probablemente lo averiguó eventualmente, pero no ha dicho nada. Hubo un chico en el instituto de nombre Alec, de último año y todo el mundo pensaba que finalmente lo veríamos en las ligas mayores pronto. Así de bueno era."

"Él sabía de los riesgos y lo hizo de todos modos." Por lo que Edward leyó sobre el tipo de cáncer que Bella tenía, el chico no habría podido practicar deportes después de haber donado.

Charlie asintió. "Hablé con él, le pregunté por qué lo hizo. Dijo que desearía que alguien hubiera hecho lo mismo por su primo y que no podía soportar la idea de alguien perdiendo a un ser querido de esa forma. También dijo, que preferiría ingresar a programación informática."

Se rieron y Edward hizo lo que pudo por ocultar el picor de las lágrimas. Podría muy fácilmente haber sido diferente, la vida de ella y ahora la de él. ¿Dónde estaría toda esta gente si ella ya no estuviera en sus vidas?

Dolía el considerarlo.

Como si ella lo supiera, se volvió para mirarlo. Sus ojos en los de él, se enternecieron al admirarlo. Su frente se arrugó ligeramente en confusión, pero poco a poco sonrió. Ella sabía exactamente lo que esa sonrisa "ven aquí" le hacía a él.

"Disculpe, señor," Edward dijo al ponerse de pie.

"Charlie," él le recordó, viendo al hombre que algún día se casaría con su hija gravitar hacia ella.

Fue algo agridulce. Ella era feliz, pero Edward le estaba quitando a su pequeña.

Sonriéndole a Edward, su pequeñita enderezó un botón flojo de su camisa de vestir roja. Los nudillos de él rozaron su mejilla, con su expresión seria. Él le dijo dos palabritas que significaban mucho, y una lágrima se deslizó por la mejilla de ella.

La habitación se había quedado en silencio y quieta, inmóvil. De puntillas, ella se levantó y susurró en su oído, "También te amo."

Charlie se recargó en la silla y pensó que no pasaría mucho tiempo antes de que hubiera un señor Navidad. No mucho en absoluto.

El Fin


Awwwwww, estos dos son una miel. Pues ahora sí colorín colorado…solo falta el futurtake. Para aquellas que especulaban sobre el donante anónimo de Bella, espero que ya haya quedado claro que no fue ningún pariente de Edward. Fue un joven llamado Alec, que a pesar de lo que significó para él hacer ese tipo de donación, para él fue más importante darle la oportunidad de vivir a alguien. Es lindo saber que en realidad hay gente así allá afuera. Espero que hayan disfrutado del epílogo, ¿qué fue lo que más les gustó? ¿Qué les gustaría ver en el futurtake? No saben cómo me alegra saber que hayan disfrutado de esta historia, no voy a negar que fue un poquito pesado para mí, pero valió la pena, y me hace feliz el saber que disfrutar de mi regalo de Navidad para ustedes. Pero bueno, no nos despedimos, nos leemos en el siguiente, y por supuesto, espero ansiosa sus reviews para saber su opinión del epílogo :)

Gracias a quienes dejaron su review en el capítulo anterior: Lady Grigori, somas, Andrea Ojeda, Laliscg, Srher Evans, anytito, Pili, solecitopucheta, Mary de cullen, injoa, MilhLlop2, lagie, kaja0507, Shikara65, eliananayara, Kabum, patymdn, ELIZABETH, ztrella znxez, Vanina Iliana, YessyVL13, alejandra1987, glow0718, freedom2604, Clau-Cayita, myaenriquez02, Josi, JessMel, lizdayanna, Melina, Maribel, PRISOL, DenniChavez, Tata XOXO, fcgonzalez, Leah De Call, rjnavajas, andyG, krisr0405, Mafer, angelabarmtz, Klara Anastacia Cullen, Maria Swan de Cullen, alejacipagauta, Ali-Lu Kuran Hale, Gabriela Cullen, Manligrez, tulgarita, Sky TwiCullen, bbluelilas, Liz Vidal, saraipineda44, nnuma76, rosy canul, Pam Malfoy Black, aliceforever85, Sully YM, villachica, Ericastelo, Techu, Yoliki, y algunos anónimos. Nos leemos en el siguiente ;)