Notas iniciales:

Para empezar, sólo quería aprovechar este pequeño espacio para darle un agradecimiento a mi amiga Yana por su apoyo. Muchas gracias amiga. :)

Me doy cuenta que los comentarios de los invitados se demoran bastante en aparecer en la bandeja. Vengo a leer el comentario recién cuando fue escrito el 15 de este mes. XD


CAPÍTULO XVIII

NOCHE FRÍA

¡FALTA DE RESGUARDO!

Ella observaba la fogata totalmente sumida. Las piernas flexionadas y los brazos encogidos; era una noche fría. Sus pensamientos se sumergieron por un momento en el lapso de la tarde, la tarde bajo el ginkgo y la fugaz visión que tuvo de un rostro.

Atribuyó el hecho a una mala jugada del subconsciente, a una tontera de la mente, por lo que no le concedió mayor importancia. Pese a aquello, una especie de pesimismo comenzó a amortajar su corazón sin razón aparente, por lo que no lograba entender por qué se sentía tan apagada y de cierta forma, triste.

¡Pero qué sentimiento extraño y tan poco concreto! ¿Una tristeza abstracta? Aun así, había algo que sabía muy bien, no entendía el motivo o el porqué, pero de lo que si estaba segura, era de que en este momento anhelaba un abrazo. ¿De quién? ¡Daba lo mismo! Sólo quería un abrazo, sentir calor, sentir cobijo. ¡Realmente la noche era muy fría!

Sesshomaru observaba a Melisa de vez en cuando y de soslayo, había notado ese cambio de humor repentino, el estado anímico con el cual había regresado después de perderse por un lapso en el bosque. Se preguntó el motivo y se sintió tentado en una oportunidad dada, a averiguarlo, pero la poca imaginación con la que contaba su particular carácter no lo ayudó a encontrar la forma, luego se descubrió a sí mismo no muy dispuesto a romper, aunque sea con una frase, el extraño retraimiento de la muchacha; una parte de él decía que no era su problema.

Por otro lado, los gemelos Ah-Un estaban bastante inquietos, percibían la presencia cercana de extraños seres salvajes. Sesshomaru también los podía sentir, pero no le prestaba la menor importancia, ya que para él, no eran más que insignificancias, nada letal. Sin embargo, el parecer de los siameses era distinto, y en una instancia se levantaron y se fueron hacia el lugar donde se encontraba Sesshomaru, se recostaron cerca de él, eso obligó a Melisa a moverse. A pesar de que el dragón no era una criatura muy tibia ni abrigadora, hasta incluso su cuerpo duro y escamoso podía llegar a ser bastante incomodo, era grande, y eso ayudaba a resguardarse de la brisa nocturna, además ya se le había vuelto una costumbre dormir junto a él.

Cuando se acercó, Sesshomaru la miró, habían estado todo este tiempo siendo los actantes activos de una conflictiva relación, que se le hacía extraño que ella estuviera dispuesta a acercarse aunque sea un milímetro a él, aunque a esa distancia no había nada que objetar, era una distancia prudente, donde cada uno ocupaba el metro cuadrado que le correspondía, sin violar los límites del otro. Por su parte, Melisa también le echó una mirada por unos segundos, pero su conducta no se expresó arisca ni benevolente; sólo se había sentado ahí, tranquila, sin pronunciar palabras, a la altura del vientre de los gemelos, con los ojos fijos en las llamas. No tenía ánimos para nada, para lo único que le alcanzaba su apagada disposición, era para acurrucarse junto al dragón en su intento de cobijarse con algo de calor.

Y el tiempo avanzaba, pero el frío no le permitía descansar como correspondía. De vez en cuando la somnolencia la envolvía, pero el hielo de la noche la volvía a reclamar a la vigilia, entonces echaba más ramas para alimentar las llamas, aquella pequeña fogata que Jaken había dejado de atender al dormirse. Se acercaba al fuego, se frotaba los brazos, trataba de calentar sus manos con él y con su aliento, y luego nuevamente se quedaba suspendida en el mundo de los pensamientos, con los ojos fijos en el baile de aquella cálida luz.

Sesshomaru la observaba. ¿En qué estaba pensando? ¿Dónde estaba su cabeza? ¿¡Qué le pasaba!? Estas eran las cosas que se preguntaba. Y luego se dijo a sí mismo:

—¡Pero qué mujer más voluble…! ¿¡Qué diablos pasa con ella!?

Y Melisa ahondada en sí misma, de pronto sintió como si de este mundo mágico y maravilloso la precipitaran bruscamente al mundo real. ¿Que era todo esto? ¿Por qué estaba aquí?

—¿Qué estoy haciendo? —ahora se lo preguntaba, estaba en un mundo extraño y peligroso, en "un mundo fantástico e increíble", pero muy lejos de su hogar, ¿haciendo qué?, ¿persiguiendo qué? ¡Ahora que se lo cuestionaba! Todo resultaba extraño y sin sentido. Estaba aquí persiguiendo a un hombre, prácticamente un desconocido para ella. ¡Sí! ¡Un desconocido! ¡En hechos lo era! Y sin embargo… cuando Sesshomaru se lo preguntó no había dudado en declararse enamorada de ese hombre. ¿Enamorada? ¡Esas eran las palabras que habían salido de sus labios! "Porque lo amo". ¿Realmente era cierto eso?

Melisa se llevó una mano al rostro:

—¡Realmente esto no tiene sentido! ¡Qué estúpida soy! ¿¡Qué diablos hago aquí!?

Y esta vez la pregunta se la hizo ella misma:

—"¿¡Por qué hago todo esto!?"

¿Qué se supone que estoy buscando?

¿Los enigmas de mi vida? ¿Qué enigmas?

¿Y acaso es necesario hacerlo? ¿¡Por qué hago todo esto!?

¿Él…?

Es un desconocido…

Pero… ¿Por qué lo anhelo? …¿Por qué estoy aquí?

No importa cuánto lo piense, o la cantidad de vueltas que le dé, siempre es lo mismo. No tiene sentido…

Siento que estoy jugando con algo que supera mi entendimiento.

No comprendo nada. Ni siquiera lo que está dentro de mí.

Pero… de cierta forma… siento que todo ya está hecho, de alguna forma, establecido. No importa cuánto me resista, y cuanto busqué y desordene… o corra de un lugar a otro.

No puedo luchar contra algo que desconozco…

¡Todo está tan oscuro! Es como si una cortina de oscuridad bordeara el halo de mi vida. Estoy en tinieblas…

No puedo ver…

No tengo el poder para comprenderlo.

¡Esto es realmente ridículo! ¿¡Qué es todo esto!?

¿¡Quién es realmente él!?

¿¡Qué estoy haciendo!?

Y luego repentinamente se volvió al lado de los siameses buscando un poco de resguardo; hundió su rostro en el duro cuerpo del yökai.

Sesshomaru seguía observándola en silencio, con ella moviéndose a cada rato era imposible conciliar el sueño. La escrutó con detenimiento. ¿Qué le pasaba? ¿Estaba llorando? Y por un instante sintió las irresistibles ganas de preguntárselo con brusquedad, ¡de acabar con el jueguito de una maldita vez! Se estaba fastidiando con esa tonta actitud. ¡Realmente era incomodo tener que estar al lado de una humana llorona y sentimental! Para él aquello no era más que sinónimo de una molesta debilidad. Además… ¿¡qué diablos pudo haber sido lo que le ocurrió en el bosque!?, si tan sólo se perdió por un momento.

La muchacha volteó, acomodó la espalda en el cuerpo de Ah-Un. No estaba llorando. Él dio un suspiro silencioso de falta de paciencia y enfado. ¡Vaya, había sido una falsa alarma! ¡Era el colmo! ¿¡Qué diablos le pasaba!? Porque a pesar de que no estaba llorando ese estado deprimido y apagado era más que evidente. Sesshomaru de cierta forma, sentía que aquel ánimo había impregnado el ambiente. Esa era la razón que lo obligaba a no mantenerse del todo ajeno, a pesar de que en su fuero interno aún se decía que no era su problema; ¡qué importaba lo que pasaba con la molesta humana!

Ella todavía tenía frío, siguió observando por un tiempo el color del fuego y refregándose los brazos, pero el cansancio pudo más, así que finalmente se durmió.

Sesshomaru por un momento pudo reposar, y ya dormitaba cuando de repente, percibió un leve apretón en una parte de su cuerpo. Se reincorporó al instante de un salto. La muchacha se había arrimado a su estola y levemente la aprisionaba con sus brazos. Puso mala cara, y con un poco de rabia tomó la estola con la mano y de un tirón la arrancó. La muchacha levantó la cabeza aún dormida y tanteó el suelo con sus manos buscando, se arrimó un poco más al inugami; su cuerpo instintivamente seguía buscando el calor. Él entornó los ojos con enfado, estaba penetrando en su metro cuadrado. Y de repente reclamó con mal carácter:

—¡Oye! —pero ella no reaccionó, realmente estaba dormida.

Una criatura viscosa y repulsiva se arrastró en la oscuridad, subió sigilosamente a la copa de un árbol, y observó de forma aguda al grupo desde lo alto. Su ávida y penetrante mirada se posó en la muchacha. Estaba hambrienta y débil, y después de tanto viaje por fin encontraba una presa humana con la cual abastecerse, y salvaguardarse de la inanición.

Sesshomaru sintió la presencia, miró tranquilamente a la cosa sin moverse de su lugar. Era una criatura débil e insignificante, ni siquiera con el decente poder como para enfrentarse a él, pero estaba hambrienta, y los seres hambrientos son capaces de realizar hasta las más extrañas acciones con tal de calmar su desesperación. ¡Ah…! ¡Qué aburrido! La verdad es que no tenía ánimos para estas cosas, ni siquiera le provocaba las ganas de moverse del lugar. ¡Y esa cosa!, no era digna ni para por lo menos ponerse de pie. Así que con el poder del aura que le proporcionaba su condición sobrenatural, amenazó al monstruo.

La criatura sintió la energía sobrenatural emanar de él, vio como los cabellos plateados comenzaban suavemente a flotar, la estola sigilosamente envolvió a la presa humana y los ojos rojos se demarcaron en el rostro suave del inuyökai. Eso le dio a entender que la humana era su presa. ¡Y habría estado dispuesta a pelearla para hacerse con ella!, pero la energía que emanaba de él le dio a conocer que no era cualquier clase de yökai, si no uno poderoso. Su famélica condición no le daría la potestad de ganarla, no tenía la fuerza. Así que con la inteligencia que proporciona el instinto en aquellas situaciones extremas, se retiró; guardaría sus últimas fuerzas para buscar y cazar otra presa.

Sesshomaru observó como la criatura se arrastraba asquerosa como un gusano para perderse en la penumbra del bosque, observó hasta que la perdió de vista.

—¡Jm! ¡Patético!

No cualquier clase de monstruo es capaz de hacerle frente a un ser con la poderío de Sesshomaru. Sin embargo, no había reparado que la mujer humana que tenía al lado podía sorpresivamente ponerlo en las situaciones más incomodas. ¡Y esa clase de combates, sí que son difíciles de sobrellevar!

De pronto, Melisa puso una mano en su pierna y arrugó la tela del kimono con ella, mientras se apegó con mayor ímpetu al costado de él. Se sobresaltó y no pudo evitar ponerse tenso. La perdida de paciencia se volvió a demarcar en él, y nuevamente reclamó:

—¡Oye! —pero la muchacha estaba ahondada en el mundo de los sueños, ¡y quien sabe con qué cosas soñaba!, ¡porque se aferraba de una forma al costado de él! Sesshomaru estaba más que fastidiado, realmente aquella situación se le hacía demasiado extraña. ¡Y esta humana!, tenía una forma de penetrar y violentar su círculo que más valía tener precaución, porque primero había sido aquel beso, y ahora… ¡Realmente esto era muy extraño para él!

Y no supo qué hacer. Muy fácil hubiese sido sacársela de encima con una mala mirada, pero esta vez el enemigo estaba muy lejos, sumergido en el profundo mundo de los sueños como para recibir la amenaza.

En un momento dado, realizó un movimiento brusco con su pierna, como para intentar quitar aquella mano de encima, pero los dedos de Melisa estaban aferrados a su pantalón. No pudo hacerlo. Y de pronto, Jaken despertó. No entendió muy bien el porqué, pero aquello le produjo un sobresalto mayor, e instintivamente su estola apretujó mucho más a la muchacha al costado de su pierna, y el pelaje se erizó proporcionándole mayor volumen. Era como si de cierta forma, quisiera ocultar a la chica.

Jaken somnoliento miró hacia todos lados buscando a Melisa.

—¡¿Y ahora esa mujer a donde se metió!? ¡Bah!, ¡que me importa, no es mi problema! —y se volvió a dormir.

Sesshomaru frunció el ceño y se llevó una mano al rostro. ¿¡Qué diablos pasaba con él!? ¿Desde cuándo se perturbaba por estupideces como estas? ¿Y desde cuando malgastaba sus energías en preocupaciones ridículas? ¿¡Por qué diablos su instinto había reaccionado de esta forma, si no tenía nada que ocultar!? Bueno… esta pequeña escenita tampoco congeniaba para nada con su imagen de "intocable".

Un suspiro de Melisa lo sacó de sus dilemas mentales, la observó, una lágrima se dejó entrever sutilmente entre sus pestañas. ¡Vaya, ahora en sueños estaba llorando! Gruñó con disgusto, y luego dejó caer de forma resignada su cabeza, apoyándola en el árbol. ¡Realmente no hallaba que hacer!, y era demasiado extraña esta sensación que sentía. Este hecho de tenerla apegada a su costado lo tenía nervioso. ¡Sí! ¡Así era! ¡El gran Sesshomaru estaba nervioso, tenso e incomodo!, y era complicado admitirlo, pero una impresión de vulnerabilidad sigilosamente lo comenzó a cercar. ¡Ni en las batallas más terribles que casi le había costado la vida había experimentado algo como esto!

¡No! ¡No tenía sentido! ¿¡Qué diablos pasaba con él!? ¿Por qué esta sensación de sentirse… desarmado?

¡Qué situación!

Aunque el orgullo de Sesshomaru aún era demasiado grande como para comprenderlo, esta crisis sólo logra experimentarla una persona cuando observa que los esquemas de su propia personalidad comienzan a caer. Hay un gran dicho que dice que uno jamás termina de conocerse, y en las situaciones más inesperadas aéreas ocultas que jamás habríamos imaginado tener, se expresan en nuestra forma de ser. ¡Pero quién sabe…! ¡Quién sabe si este era realmente el caso de Sesshomaru!

De pronto, la fuerza de su carácter se volvió a demarcar, y se dispuso de cualquier forma a quitársela de encima. Bruscamente tomó la mano de la muchacha para despegarla de su pantalón, pero cuando lo hizo sintió como su arrebato cedió en tal sólo un segundo, se quedó con la mano encima de la de ella.

—Está helada… —musitó para él. ¡Claro! Todo este tiempo estuvo moviéndose de un lugar a otro para calentar su cuerpo, y la verdad, es que esta noche había resultado un poco más fresca de lo común. Él no lo podía sentir, porque su cuerpo emanaba un calor particular muy propio de su condición sobrenatural. Él nunca sentía frío. Pero ella… era una simple humana, ¡mujer además! Y esa ligera prenda que usaba obviamente no la protegía de este frío.

La mano de Sesshomaru avanzó hacia el antebrazo. Sí, estaba helada. En ese momento, se dejó llevar por ese espontaneo estimulo y sus dilemas mentales dejaron de estorbar. Siguió avanzando, se detuvo en el brazo y frotó suavemente: una caricia. Luego se dirigió con delicadeza y cautela hacia el rostro de la muchacha, lo rozó con sutileza. Se devolvió por el mismo recorrido para finalmente llegar de nuevo a la mano de la chica, acomodó la suya, la apretó con suavidad mientras su dedo pulgar acariciaba el dorso.

Curiosamente para él, la sensación de esta caricia le proporcionó… placer.

Despertaron con los primeros alumbramientos del sol; Sesshomaru percibió de forma apacible la luz de los rayos en su rostro, aun así, apenas abrió los ojos, todavía se sentía somnoliento. Por otra parte, Melisa despertó con alegría, se estiró escandalosa y cantando, sin abrir los ojos, pero como todavía se sentía con pereza, se dio la vuelta hacia un costado y apretó con ganas la estola, como si fuera una almohada. Dando un gran salto, Sesshomaru abrió los ojos, y apretó los dientes de enojo. ¡Ya bastante había sufrido en la noche, como para tener que tolerar esto! Melisa se sentó volviendo a estirar sus brazos mientras seguía tarareando estupideces, pero luego se echó hacia atrás dejándose caer con todo el peso sobre la estola. Comenzó a jugar con las piernas estirándolas y pateando hacia arriba. Quizás no sobra decir, que la muy tonta aún no estaba muy consciente de lo que hacía. Y él se sintió más que perturbado ante el espectáculo de las piernas bailarinas. ¡No lo podía creer!, era una mezcla entre nerviosismo, asombro y a la vez enojo. ¡Esto estaba sobrepasando el límite! ¡Jamás en su vida, en ninguna clase de familia, casta social o incluso raza, había visto a una "señorita" que se expusiera de tal forma! ¡Qué falta de pudor! ¡Era exasperante!

Finalmente Melisa se dejó de tanta tontería y abrió los ojos, cuando lo hizo se encontró con la mirada asesina del inugami, y no pudo evitar llevarse un gran susto. Se levantó a gritos y a tropezones en una especie de huida, en ello pisó a Jaken que todavía, ¡el muy flojo!, se encontraba en el quinto sueño. ¡Para que narrar la tendalada de insultos y reclamos que vociferó este!

Melisa se quedó observando a la distancia al inugami, temblando y con el corazón palpitante. ¡Que susto! Se preguntó por qué había despertado tan cerca de él. Sesshomaru, por su lado, siguió mirándola con dureza, pero luego desvió su rostro hacia el otro lado. Ella agachó la mirada y salió corriendo.

—¡Voy al arroyo! —anunció.

—¡Y qué me importa! ¡Ojalá no vuelvas! —gritó el pequeño kappa con mal carácter.

Se refrescó el rostro con abundante agua, mojó su cabello, y para poder asearse mejor se quitó la parte de arriba de su vestido, aunque esto lo hizo con algo de recelo y precaución. Mientras tanto pensaba:

—¡Ay, qué bien dormí! Con el frío que hacía anoche pensé que no lo conseguiría, además ni siquiera me resfrié. Aunque… no fue nada bonito despertar con el peso de aquella terrible mirada. ¡Qué miedo! —Melisa se estremeció—. Pero… ¿¡Por qué diablos desperté tan cerca de él!? ¡Bueno, que importa! por lo menos no pase frío. ¡Tengo que cuidarme, no quiero enfermarme! —Melisa miró su vestido, a pesar de que había tenido precaución para no mojarlo, no lo consiguió, su cabello escurría, su rostro y las demás partes de su cuerpo que había lavado, también. Dio un suspiro.

Entre tanto "Sesshomaru y comitiva" aparecieron. Jaken por otro lado, guiaba a los siameses Ah-Un como un zombie. El inugami se posó frente a la muchacha y la miró con detenimiento, de pies a cabeza; observó su cabello oscurecido y algo alisado por la humedad, su rostro pálido, quizás estaba helado, aunque sus labios estaban más rojos de lo normal. Se fijó en detalles mínimos, como el brillo de sus pestañas y la forma en que estaban unidas entre sí a causa de la humedad. Miró las partes mojadas y traslucidas de su vestido, la piel erizada… y observó como su pecho se inflaba suavemente por cada respiración, dejando escapar un leve vapor por sus labios entreabiertos.

—Tienes frío —dijo sin mucha expresión, dejando sin determinar si lo pronunciado se trataba de una pregunta o una afirmación. ¡Realmente el rostro de Sesshomaru tenía el don de la inmutabilidad!, esa cualidad de mantenerse impasible, serio, frío, y sólo mostrar expresión cuando estaba enfadado. Quizás esa era la razón que lo hacía parecer más austero, intratable y altivo de lo que verdaderamente era. Aun así ella pudo sentir "eso" distinto en su mirada, aunque era difícil determinarlo, ya que era algo leve, poco concreto para ella. Sin embargo… ¡esto ya lo había sentido antes!

—Me mira… diferente. ¿Qué es esa mirada? —pensó.

—¡Vamos! —ordenó él, y siguió su camino. Melisa se quedó observándolo por un momento, pero nuevamente las sospechas e impresiones quedaron flotando en el aire, en su mundo mental, y entonces sólo lo siguió.

No caminaron un gran trecho, cuando un particular aroma a gato llegó hasta el fino olfato del inuyökai, un olor a gato ya conocido por él de antemano.

La muchacha escuchó las palabras de Azabache dentro de su cabeza:

—Melisa, tengo hambre —lo único que el grupo alcanzó a oír, fue la voz diluida de la chica que gritaba con emoción:

—¡Has venido a buscarme! —y cuando se devolvieron para mirarla ella ya no estaba.

Sesshomaru entornó los ojos mientras entre dientes masculló las palabras con malhumor:

—¡Esa mujer!