Todo lo que reconozcáis (y más) pertenece a J.K. Rowling. El resto ya es cosa de mi imaginación.
21. Las dos torres
El partido fue fácil, incluso diría que demasiado fácil. Dos de los tres cazadores, la buscadora y un bateador de los Bats se estrenaban como profesionales ese día, y su nerviosismo y falta de experiencia eran tan obvios que casi se podían tocar con las manos.
Fue Bruce quien tuvo el honor de inaugurar el marcador del partido, con un gran gol desde el borde del área. Tal vez fue un poco egoísta en esa acción, porque mientras él era perseguido por los tres cazadores contrarios, Brian venía solo por su derecha. Pero Rachel Brooks estaba tan mal colocada que no se había podido resistir a lanzar…
—¡…y gol de Bruce Vaisey! ¡Señoras y señores, magos y brujas, ya tenemos el primer gol de la temporada! ¡Minuto dieciocho de partido, diez a cero a favor de los Minotaurs, y ha marcado Bruce…!
La multitud coreó un sonoro "¡Vaisey!" y aplaudió con estruendo, y él sonrió levantando el brazo. Brian voló hasta su lado para chocarle la mano, y el partido continuó.
Para compensar un poco su egoísmo en el primer gol (de lo que por cierto, no se arrepentía, pues quería demostrar con todas sus fuerzas que él podía ser titular en aquel equipo), apenas unos minutos más tarde dio el pase que dejó sola a Gina para que marcara a placer el segundo del día. Y aunque no participó en el tercero, regateó a dos cazadores y una bludger antes de pasarle la quaffle a Brian para que marcara el cuarto.
Los goles fueron cayendo, como una lluvia constante e implacable, sobre los pobres jugadores de los Bats. En un momento, Bruce incluso llegó a sentir algo de lástima por ellos: habían tenido verdaderamente muy mala suerte cuando les tocó jugar ese primer partido contra ellos. Los cazadores novatos apenas olían la quaffle, y los bateadores solo tenían posibilidad de llegar a una bludger muy de vez en cuando, ya ni hablar de tener las dos a la vez. Rachel Brooks había mejorado algo como guardiana, pero cuando el resto del equipo no ayudaba, poco podía hacer ella. Y además, el público enfervorecido gritaba cada vez más alto con cada gol.
A las dos horas y cuarto de partido, el marcador reflejaba un apabullante doscientos cincuenta a cero cuando Elizabeth salió disparada hacia un lateral del campo. La buscadora de los Bats nada pudo hacer para evitar la captura de la snitch, y el marcador final fue de cuatrocientos a cero. Bruce se reunió en el centro del campo con sus compañeros para celebrar entre gritos y risas la victoria, mientras el público saltaba y chillaba de alegría.
La celebración continuó en el vestuario, entre más risas, chorros de agua mágicamente controlados, unas cuantas cervezas de mantequilla que Robert había colado sin que los demás supieran cómo, y unos cánticos que sonaban muy parecidos a algo como "Somos los primeros". De hecho, eso era técnicamente cierto. Al ser de momento los únicos que habían jugado un partido, iban los primeros en la clasificación, y como era poco probable que hubiera otra victoria tan abultada en la primera jornada, puesto que el resto de enfrentamientos no estaban tan descompensados, lo más seguro era que acabaran ese primer fin de semana en el primer puesto de la tabla clasificatoria. No sabían cuánto podrían durar allí, pero era un buen paso para empezar.
—¡Chicos! Preparaos para hablar con los periodistas—Smith entró en el vestuario de repente, interrumpiéndoles la fiesta que se estaban montando—. Sobre todo tú, Donald. Querrán hablar con el capitán.
Ellos ya estaban acabando de vestirse y la emoción había ido decreciendo poco a poco, pero les extrañó igualmente que fuera a haber periodistas.
—¿Hablar con los periodistas? ¿Por qué?—Donald se hizo eco de sus pensamientos.
—Oh, bueno. La temporada que viene será la ciento cincuenta de la Liga de Quidditch, ¿os acordáis? Y todo el mundo en la organización quiere que sea la mejor edición hasta el momento. Y para eso, ya están empezando los preparativos. Se ha negociado con el Oracle y los demás periódicos para que le dediquen el doble de espacio al quidditch, se han potenciado las retransmisiones por radio y televisión, y se ha preparado más publicidad. Y para llenar todo ese espacio que se ha conseguido, se necesitan más noticias, no solo resúmenes de partidos. Así que preparaos, porque ahora los periodistas van a querer saber vuestras impresiones al final de cada partido. Adelante, y no hagáis quedar mal al equipo, ¿de acuerdo?
Ellos asintieron, más o menos convencidos.
Por la experiencia que tenía Bruce con la prensa, no le hacía especial ilusión tener que enfrentarlos a partir de ese momento después de cada partido. Le rogó a Merlín mientras acababa de vestirse que fueran profesionales y le preguntaran solo por cosas relacionadas con el quidditch, y se olvidaran de su vida privada.
—Bueno, pues adelante—suspiró Jason a su lado—. ¿Cuánto te apuestas a que todos los periodistas que haya nos harán exactamente las mismas preguntas? Seguro que para al menos la mitad, es el primer partido de quidditch que cubren en su vida. No tendrán mucha variedad.
Bruce no se esperaba que hubiera muchos periodistas, dada la novedad de todo el asunto. Sin embargo, le sorprendió encontrarse a al menos una decena de personas en el espacio que habían habilitado para que les hicieran preguntas. Era un simple pasillo por el que los jugadores tenían que pasar siempre obligatoriamente para salir del estadio, y lo habían dividido en dos con una barrera: a un lado esperaban los periodistas, y por el otro pasaban los jugadores. Jeannette, Fiona y Amanda ya estaban allí cuando llegaron los chicos, y supuso que los jugadores de los Bats acababan de pasar, ya que Rachel Brooks estaba hablando con la última mujer de la fila, y el que tenía aspecto de ser su director deportivo estaba de pie a su lado esperando a que acabara, con cara de estar deseando desaparecer de allí lo más rápido posible.
Cuando ellos llegaron, los periodistas empezaron a llamarles por sus nombres, pidiéndoles que se acercaran. Donald, en calidad de capitán, se avanzó el primero, y los demás le fueron siguiendo. Brian casi corrió para ir a hablar con una joven periodista bastante guapa, y Jason le dedicó una sonrisa de ánimo al pasar por su lado. Bruce acabó plantándose frente a un hombre bajo y delgado que le hacía señas, con gafas y cabello castaño que comenzaba a volverse gris, armado con un bloc de notas y un lápiz flotante que parecía listo para ponerse a escribir.
—Bruce Vaisey—le saludó el hombre—. Soy Clark Hawthorne, de la sección de Deportes del America's Oracle. Has dado siete asistencias y has marcado ocho goles hoy, entre ellos el tanto inaugural de esta edición de la Liga. ¿Qué te parece este honor?
Genial, la cosa empezaba bien. ¿Qué se suponía que debía responder? ¿"Bueno, pues alguien tenía que marcar el primero y había seis opciones sobre el campo"?
—Cada gol tiene algo especial, y ha estado bien poder marcar el primero de la temporada—acabó diciendo.
—Claro. ¿Y si tuvieras que elegir el mejor gol de los que has hecho hoy, con cuál te quedarías?
¡Bien! Pregunta fácil.
—Con el tercero. La jugada con Gina ha salido perfecta, y después he tenido la suerte de acertar.
Para continuar con la costumbre del año anterior, había intentado una finta de Porskov con Gina, que había salido perfecta. La chica le había devuelto la quaffle después de esquivar a un cazador de los Bats demasiado asombrado como para reaccionar, y aunque él estaba lejos del área de los postes, había decidido lanzar al ver a Rachel Brooks tan distraída: y así había caído el tercer gol de su cuenta particular, y el décimo de la tarde.
Clark Hawthorne asintió, al parecer mostrándose de acuerdo.
—Y una última pregunta, Bruce: el año pasado fuiste suplente, y aún así, jugaste buenos partidos y conseguiste hacerte con uno de los premios a jugador revelación de la Liga. ¿Cuáles son tus aspiraciones para este año?
Esa era más complicada, pero después de pensárselo por unos interminables segundos, consiguió decir:
—Mi objetivo es seguir mejorando, pase lo que pase, y espero que eso acabe llevándome a ser titular en este equipo. Pero eso es decisión del entrenador, no mía.
—Gracias, eso ha sido todo. Buen partido y buena suerte, Vaisey.
Bruce le agradeció asintiendo con la cabeza, y echó un vistazo a su alrededor. Donald, Brian y Jason seguían hablando con los demás periodistas, pero las chicas que no habían jugado ya se habían ido, y Robert se estaba marchando ya rápidamente. Además, también habían llegado Elizabeth y Gina, ocupando a los primeros reporteros de la fila. Dio unos pasos atrás y estaba decidido a seguir el camino de Robert, pero entonces la mujer que estaba al final de la fila le llamó enérgicamente la atención, y no tuvo más remedio que dirigirse hacia ella.
—¡Bruce Vaisey en persona! Felicidades por el partido, querido. Has estado impresionante hoy. ¿Cómo te sientes después de haber marcado tantos goles?
Ya antes de que hablara, la mujer no le había dado buena espina: no tenía pinta de saber nada de quidditch ni de interesarse mucho por ello, y cuando habló sin presentarse y con aquella voz demasiado dulce y melosa, Bruce la metió de cabeza en la lista de personas que no le caían demasiado bien.
—Contento por haber ganado y por haber podido contribuir a la victoria—respondió brevemente.
La mujer asintió con la cabeza y le dedicó una sonrisita afectada antes de añadir:
—Oh, y he podido observar lo bien que te compenetras con Gina Smith sobre el campo, Bruce. ¿Puedo tomar eso como la confirmación definitiva de que estáis en una relación?
—No…—empezó a protestar Bruce, pero la bruja continuó:
—¿No estás con ella? Entonces, ¿es una tapadera para disimular lo tuyo con Amanda Rivera, y su relación con Craig Osborne es falsa? ¿O es todo esto un hábil montaje tuyo para esconder una relación a distancia con la chica misteriosa que te acompañó a la boda de los Blackwell? ¿O puede que lo que suceda sea que no quieres perder tu estatus de…?
—Suficiente—la cortó Bruce con brusquedad; aquello ya había sobrepasado con mucho el límite que iba a permitir—. No pienso decir una sola palabra de mi vida privada.
Se alejó a paso rápido de la zona de periodistas, dejando a la mujer con la palabra en la boca. Aún y así, la oyó gritar a sus espaldas:
—¡Pero Bruce…! ¡Tus fans quieren saber…!
Bruce bufó. Los fans más interesados en su vida romántica que en sus actuaciones sobre el campo no le importaban en absoluto.
—Así que tu primer día enfrentándote a los periodistas y ya la has liado con Melissa Cooper…—le comentó con una sonrisita Amanda horas más tarde, tomando asiento junto a él.
Estaban todos los del equipo celebrando la victoria en un abarrotado pub muggle, con la música a todo volumen y las carcajadas de toda la gente inundando el ambiente. Estaban sentados alrededor de una larga mesa: chicas en un extremo y chicos en el otro, y Bruce se había quedado arrinconado en una esquina, entre las imitaciones de Robert de los cazadores de los Bats y las estruendosas risas de Brian. Sin embargo, después de las dos primeras cervezas, Amanda se había levantado de su propia esquina para ir a hacerle compañía y, por lo visto, burlarse un poco de él.
—No me digas que encima esa era Melissa Cooper…—se lamentó él.
—Pues sí—Amanda rio—. Tus primeras palabras y has ido a ser borde con el buque insignia de Hechizadas. Felicidades, Bruce, creo que debe ser un récord. Y seguro que sale en la revista de mañana, ya lo estoy viendo… Míralo por el lado positivo, algo más que podrás añadir a tu currículum.
Bruce la miró alzando una ceja y Amanda soltó una carcajada.
—Pero si tú ni siquiera estabas ahí ya…
—Ya, pero Elizabeth sí. Y por lo que ha contado, has dado bastante la nota.
—Genial. Mi primer día de entrevistas con periodistas y llamo la atención por mandar a la mierda a una cotilla, no por el partido. Simplemente genial.
Amanda le sonrió con compasión.
—Melissa Cooper es idiota, Bruce. Ni siquiera sabe algo de quidditch y solo la deben haber dejado pasar porque es una de las VIPs del periodismo, y no se le puede decir que no. Espero que David pueda hacer algo al respecto.
—Espero que sí, porque no me veo capaz de aguantar cada semana preguntas sobre mis supuestos líos amorosos contigo, Gina y Lily.
—Ya… A Craig tampoco le hace mucha gracia.
Se quedó paralizado de golpe, porque acababa de caer en la cuenta de eso. A él le molestaba que se metieran en su vida privada porque no soportaba esas absurdas invenciones, pero Amanda tenía un novio de verdad. Un tipo al que no debía parecerle muy divertido que su novia saliera cada dos por tres relacionada con los supuestos escándalos amorosos de su compañero de equipo.
—¿Cómo se lo toma él?
—Razonablemente bien—suspiró Amanda, bebiendo de su cerveza—. Sabe perfectamente que solo somos buenos amigos, y también sabe que al menos el noventa por ciento de lo que se dice en Hechizadas son elucubraciones sin sentido. Pero claro, no le gusta estar relacionado con tonterías así. Al fin y al cabo, somos Púrpuras: dignidad es una de nuestras palabras. No nos gusta que nos ofendan, aún menos con falsedades.
—Lo siento.
Amanda hizo un gesto quitándole importancia.
—No pasa nada. Seguro que dentro de poco se olvidan de mí, y empiezan a inventarse un terrible triángulo amoroso entre tú, Gina y Fiona…
—Por Merlín, espero que no.
Ambos rieron, y pronto pasaron a hablar de temas más alegres. Amanda reprendió a Robert por una imitación muy cruel de uno de los cazadores novatos de los Bats, y Bruce se burló de cómo Brian había fallado dos goles cantados durante el partido.
Fue una noche larga y entretenida, y le costó tomar la decisión de abandonar las charlas y risas por un breve rato para ir al baño. Sin embargo, las prisas le urgieron, y no tuvo más remedio que dejar el grupo por unos minutos.
Al salir del lavabo, ciertamente lo que menos se esperaba era encontrarse a Gina apoyada contra la pared del estrecho pasillo, mirándole fijamente con una leve sonrisa.
—¿Te lo estás pasando bien?—le preguntó ella con ese tono ácido que la caracterizaba.
Estaban cerca en ese pasillo con demasiado poco espacio, y aún más cerca cuando una chica les empujó ligeramente para pasar con mayor comodidad.
—Pues sí, la verdad—respondió él.
Había bebido, pero con moderación. Se creía capaz de controlarse. Sin embargo… cada vez le costaba más resistirse a Gina. Por encima de esa sonrisa de suficiencia y de esa voz orgullosa, su intensa mirada dejaba clarísimo qué era lo que Gina quería.
Ella se le acercó lo suficiente como para susurrarle claramente al oído, incluso por encima del estruendo que llenaba todos los rincones del pub:
—Podríamos pasarlo todavía mejor tú y yo… Si te apetece, en diez minutos nos vemos fuera.
Ella se apartó bruscamente y entró en el baño, dejándole a solas con sus pensamientos en el pasillo.
Volvió a sentarse en la mesa, pero apenas pudo volver a prestar atención a las conversaciones a su alrededor. En su mente se estaba librando una intensa batalla. Por un lado, Gina era prepotente y orgullosa, y no le caía bien; por otro, eso no tenía nada que ver con lo bien que se lo pasaban en la cama (o en la ducha).
Gina no volvió. Probablemente, se habría despedido de los demás cuando él no estaba.
Apuró hasta el último instante su decisión, y en cuanto su reloj le indicó que habían pasado los diez minutos, suspiró. Se puso en pie y dijo que se marchaba, que estaba cansado. "Demasiado tiempo sin beber" añadió con burla, y tuvo que aguantar las risas de los chicos y las despedidas de las chicas.
Fuera, Gina estaba apoyada contra una farola, hurgando en su bolso. Cuando oyó los pasos que se dirigían hacia ella, levantó la mirada. Le escrutó durante unos instantes con esos indescifrables ojos azules y el rostro serio, hasta que al fin esbozó una sonrisa burlona y dijo:
—¿Sabes? No creía que fueras a venir.
—Tal vez es que no sabes tan bien cómo funciona mi mente—repuso él, acercándose.
—Es posible—concedió ella, por una vez.
Bruce se lanzó y la besó, y Gina correspondió con intensidad.
No era amor, y Bruce lo sabía. No eran compatibles. No sentía el cosquilleo que debería sentir, ni una felicidad exultante, ni que todo estaría bien. Sin embargo, había pasión, fuerza y deseo que le embargaban. Había lo suficiente como para hacer eso.
Gina se separó por un segundo y le cogió de las manos:
—Vamos a aparecernos.
Tan rápido como lo dijo, la calle vacía se desvaneció a su alrededor, y reaparecieron rodeados de las estrechas paredes de un armario mal iluminado.
Salieron al recibidor de un edificio que no reconoció. Gina le besó allí, y durante el largo trayecto que fue la subida en ascensor. Él intentó colar las manos por debajo de su vestido negro, más amplio que de costumbre, y Gina se dejó hacer. Le arrastró fuera del ascensor cuando este al fin se detuvo, y solo le dio la espalda los eternos segundos que tardó en abrir la puerta del piso. Bruce solo tuvo tiempo de vislumbrar una amplia cristalera y el iluminado cielo de Nueva York antes de llegar con Gina al sofá y empezar a deshacerse de las ropas que solo les estorbaban.
Pronto solo fueron dos cuerpos cálidos besándose, estremeciéndose y explorando todos los rincones del otro a su alcance. Bajo la tenue luz que llegaba de las calles de Nueva York, muchos pisos más abajo, eran libres de hacer lo que quisieran; libres para disfrutar de la compañía de otro cuerpo y de gritar de placer cuando las manos se aventuraban en lugares delicados.
"A la mierda el amor", pensó Bruce. Se había despedido de él al dejar Londres, y había ido a Nueva York a disfrutar al máximo del resto de su vida.
Y sin duda, había decidido que eso era lo que pensaba hacer.
Despertó cuando los rayos de sol alcanzaron el sofá en el que se había quedado dormido horas atrás. Abrió lentamente los ojos, adaptándolos a la claridad del día y tratando de enfocar qué había a su alrededor.
Un salón amplio, dos sofás grandes y elegantes, una alfombra de pelo largo que cubría casi todo el suelo, un televisor moderno, y una gran cristalera que ocupaba toda una pared, dejando ver el cielo cubierto de ligeras nubes blancas, techos de rascacielos más bajos y un manto verde que solo podía pertenecer a Central Park. Sobre la mesilla baja, no muy lejos de él, había una nota blanca que destacaba encima de un montón de revistas de colores.
"He salido. Vístete y vete."
¿Así que Gina le había dejado solo en su casa? En fin, tampoco pensaba hacer nada, y no le apetecía indagar en la vida de Gina. Su ropa era la única que quedaba, desperdigada cerca del sofá, y no tardó mucho en vestirse y salir de ahí.
Tardó casi media hora en llegar a casa, porque prefirió andar un rato y despejarse a desaparecerse directamente. No le costó llegar a Central Park cuando salió del edificio, y paseó por entre los árboles sin rumbo fijo antes de llegar a una zona resguardada desde la que pudo desaparecerse lejos de miradas indiscretas.
Cruzó la puerta de entrada de su piso pocos minutos más tarde, y no le sorprendió encontrarse a Jason tirado en el sofá, con el televisor encendido y leyendo el periódico. Su compañero le saludó con una sonrisa.
—¿Así que estabas cansado anoche, eh?—preguntó con tono irónico.
—En parte.
—Ya, seguro que Gina no tardó mucho en quitarte el cansancio.
—¿Tan obvio fue?
—Nos lo imaginamos todos.
Bruce chasqueó la lengua.
—Bien, ya podéis vender la exclusiva a Hechizadas.
Jason se rio a carcajadas.
—¿En serio, Bruce? Nos interesa tan poco como a ti lo que se diga en esa revista… Y por cierto, hablando del tema, sales en el periódico de hoy.
Bruce le miró con mala cara, pero Jason sonrió tendiéndole el periódico. No le apetecía leer nada de su desafortunado encuentro con Melissa Cooper, pero Jason no le dio otra opción.
—¿Brian todavía duerme?—preguntó mientras pasaba páginas del periódico.
—¡Qué va! Se fue con una chica a su casa. Rubia, muy guapa. Todavía no ha vuelto.
Llegó a la sección de deportes del Oracle, y tuvo que pasar varias páginas dedicadas a analizar profundamente todos los sucesos del mundo del quodpot hasta llegar a la parte de quidditch.
David Smith tenía razón: las noticias sobre quidditch habían pasado de ocupar una página en el periódico a dos. A cualquier otro no le parecería un cambio muy grande, pero lo cierto era que fue impresionante ver la doble página dedicada casi en exclusiva a su partido del día anterior, cuando lo máximo conseguido anteriormente había sido media página, los días posteriores a los encuentros contra All-Stars y Finches. Sin embargo, en esa ocasión las dos páginas estaban llenas de fotografías de él y sus compañeros de equipo, marcando goles, celebrándolos, golpeando bludgers y finalmente, de Elizabeth atrapando la snitch. Había un extenso resumen del partido, y a los lados se reproducían las entrevistas a los jugadores. Entre esas estaba la suya, y se le hizo muy extraño leer como Clark Hawthorne ponía por escrito sus palabras y añadía que "Bruce Vaisey responde con cautela y seriedad. Sin vanagloriarse y mostrando respeto por aquellos que llevan más tiempo que él en su club, es capaz de mostrar con las palabras el mismo sentido común que está empezando a demostrar sobre el campo".
—Vaya, Clark Hawthorne ha hablado bien sobre mí—comentó Bruce.
—¿Aún no has llegado al artículo de opinión? ¿A qué esperas?—dijo Jason.
Le hizo caso y empezó a leer el apartado titulado "Mi análisis", de un tal I. Vance. Ocupaba toda la parte inferior de la doble hoja, y comenzaba hablando de las diferentes características de un equipo y otro y la diferencia de experiencia profesional, y de cómo eso se había notado enormemente durante el partido. Reseñaba algunos buenos detalles de los más novatos de los Bats y elogiaba algunos goles de los Minotaurs (entre ellos, el suyo con la finta de Porskov previa), antes de decir que el resultado final había sido predecible, y acababa comentando el cambio que había supuesto para todos la introducción de las entrevistas al final del partido, con vistas a ir preparando una temporada número ciento cincuenta épica:
"…Todos los jugadores tuvieron que pasar por esta nueva prueba al final de los partidos, con el objetivo de comprobar si son tan lúcidos con las palabras como con las escobas. Se pudo ver de todo, desde el tartamudeo de la pobre Miranda Russell, a la que por lo visto nadie avisó, hasta las declaraciones claras y seguras del capitán Donald Blackwell. Pero sin embargo, sin duda alguna el jugador que más llamó la atención en la zona de entrevistas fue Bruce Vaisey. Y aunque pueda parecer mentira, no fue por alguna afirmación estúpida (como ya estamos acostumbrados a oír en las entrevistas a jugadores de quodpot), sino por su negativa firme a hablar sobre su vida privada, a pesar de las llamativas peticiones de la reportera de Hechizadas que le rogaba contestación. Su desplante, dejando a la reportera hablando sola, sorprendió a toda la congregación de periodistas… Aunque lo cierto es que su reacción alivió los corazones de los ahí presentes aficionados a los Minotaurs. Si bien este es solo el inicio del segundo año de Vaisey en Estados Unidos y en los Minotaurs, el año pasado empezó a ser reconocido a nivel nacional más por sus apariciones en revistas del corazón que por sus (si bien breves) buenas actuaciones en partidos de Liga, que llevaron a pensar a los críticos que estaba más interesado en el entorno mediático de la profesión que en el quidditch en sí. Pero su acción de ayer despejó las dudas, desmarcándose de la prensa rosa y animando a los seguidores de los Minotaurs. Pues si este chico mantiene la cabeza sobre los hombros y la escoba en el aire, seguro que le veremos hacer grandes cosas."
Acabó de leer y alzó la vista con sorpresa. Jason le observó con una sonrisa.
—También habla bien de mí…
—Es increíble la suerte que tienes, Bruce—Jason soltó una carcajada—. Solo tú podías largarte sin responder a una sola pregunta de Melissa Cooper y convertirte en el héroe de los periodistas deportivos. Y con este artículo, seguro que de todos los seguidores de los Minotaurs también.
Bruce sonrió, ya con más confianza. Al principio, temía haber metido la pata hasta el fondo, a pesar de que sabía que no habría respondido de otra manera a Melissa Cooper. Sin embargo, leyendo el periódico empezó a ver que la jugada no le había salido tan mal. La gente apreciaba que se centrara en el quidditch y no hablara de su vida privada.
Eso ya le gustaba más.
En ese mismo momento, Brian entró por la puerta del piso, despeinado y con cara de sueño. A pesar de eso, les vio con el periódico en las manos y no pudo evitar soltar una carcajada.
—¿Qué tal ha ido el hundimiento del británico?
—Ven a verlo tú mismo—le propuso Jason, haciéndole un hueco en el sofá.
Brian no se lo pensó dos veces y fue a sentarse entre ellos, tomando el periódico inmediatamente.
A aquello le siguió más de una hora de risas, lanzamientos de almohadas, gritos, imitaciones de Melissa Cooper, y varios "¡Maldita sea, británico! ¡No puedes tener tanta suerte!", que les amenizaron lo que restaba de la mañana.
La interpretación de los periodistas de lo sucedido en la zona de entrevistas fue el tema estrella de las conversaciones del entrenamiento del lunes. Elizabeth, Donald, Gina y Jeannette se mantuvieron más al margen, riéndose de vez en cuando, pero los demás se lo pasaron en grande escenificando los sucesos del viernes y dramatizando los artículos del periódico. Incluso Fiona participó, explicando junto a Amanda cómo habían explicado la noticia en Hechizadas. Según las dos chicas, la revista había preferido esconder la verdad y habían dicho que había "rehusado amablemente" confirmar o negar cualquier relación.
—Imagínate que escriben ellos mismos que has sido bordes con ellos por pesados. Perderían toda la credibilidad que les queda—le explicó Amanda.
—¿Ah, que les queda alguna?—preguntó con ironía.
—A nivel internacional, sí—puntualizó Fiona.
El entrenador Johnson ignoró los comentarios al respecto, y se limitó a felicitarles escuetamente por el partido hecho, a reprenderles por todo lo que podían mejorar y a dirigir el entrenamiento con mano dura.
—Vamos, por favor, ven conmigo…—suplicó por enésima vez Amanda aquella tarde.
Como respuesta, Bruce bufó una vez más.
—Amanda, es miércoles. Mañana tenemos entrenamiento a las nueve. No pienso salir un miércoles.
—¡Pero si ni siquiera es salir! Acabará antes de las diez, te lo aseguro. Tómatelo esta vez como un favor.
—¿Esta vez? ¿Es que se supone que se va a repetir?
—Cada miércoles…
—No, Amanda. No es buena idea.
Amanda le miró con ojos de cordero degollado, y él apartó la mirada.
Era miércoles por la tarde, y horas antes, Amanda había accedido a hacer el primer entrenamiento vespertino de la semana. Habían pasado un par de horas persiguiéndose por el campo y lanzando y deteniendo quaffles, hasta que la chica le había pedido que le acompañara después de cenar a un concierto que daría su hermano en un bar de la Avenida Cero.
Sabía poco del hermano de Amanda, lo que ella le había contado a lo largo del año anterior: que se llamaba Will, que había sido un Púrpura como ella, que era cuatro años mayor, que había intentado jugar como buscador pero que era terriblemente malo, y que trabajaba como dependiente en una tienda de la zona mágica en Albuquerque mientras trataba de hacer despegar al grupo de música en el que era batería. Y lo nuevo que había descubierto, esa misma tarde, era que iba a empezar a tocar los miércoles en un pub en Nueva York, y que le había hecho prometer a su hermana que iba a ir a verle.
Y Bruce no le apetecía en absoluto unirse al plan. Había llovido por la mañana y había sido un entrenamiento duro, estaba cansado, no se fiaba mucho del gusto musical de un grupo que llevaba cinco años sin conseguir nada, y además no quería pasar la noche por ahí teniendo entrenamiento a la mañana siguiente. Pero Amanda seguía insistiendo en que se lo había prometido a su hermano, y que no podía ir sola a algo así.
—¿Por qué no le dices a Osborne que te acompañe? Cruzas casi cada día al menos medio país para ir a verle, no le costaría mucho venir él a Nueva York una vez.
—Se lo he dicho, pero no hay conexión por la red Flu tan tarde, y tiene entrenamiento pronto por la mañana…
—No me apetece.
—Por favor… ¿Y si se lo decimos a los demás? ¿Si consigo que Jason y Brian digan que sí, vendrías?
—Amanda…
—Venga ya, tú estás en mejor forma que ellos. Así seguro que Johnson no te dirá nada si estás un poquito más cansado, porque ellos estarán peor.
Bufó con hastío. Amanda no se rendía nunca.
—Si convences a Jason y Brian, de acuerdo. Me apunto.
Amanda soltó un grito de alegría, y se separó de él para ir a ducharse en su vestuario. Se reunieron un rato más tarde para tomar el traslador juntos, y luego se desaparecieron ambos hasta el edificio de Bruce.
Una vez en el piso, Amanda no tardó ni un minuto en convencer a Brian, quien se mostró entusiasmado con el plan. Según él, necesitaba nuevas "inspiraciones musicales". En cambio, a Jason le costaba ceder, como Bruce ya había imaginado. Estaban los cuatro en el salón, y mientras Amanda y Brian intentaban convencer a Jason, y este esgrimía diferentes argumentos en contra, Bruce desconectó. Esperaba que Jason le salvara de aquello. Paseó la mirada por el salón, se detuvo unos segundos en el televisor encendido al que nadie le hacía caso, y se acabó fijando en el pequeño montón de cartas al pie de la chimenea. Se levantó para ir a buscarlas, y volvió a su asiento leyendo los remitentes de los sobres. Una era para él, de Theodore. Otra era de publicidad de productos de limpieza especialistas en evitar la aparición de bundimuns. La tercera también era para él, de Tracey. Y la cuarta era de Lily… pero él no era el destinatario.
—¿Jason?—le llamó en voz alta, mostrándole el sobre.
Nunca había visto a su amigo ponerse tan rojo de golpe. Sin embargo, Jason conservó la calma y le pidió amablemente que le pasara la carta.
—¿Qué tienes tú que hablar con Lily?—preguntó levantando una ceja pero dándole el sobre.
—Mi tío Roger, que trabaja en Cooperación Internacional…—respondió vagamente Jason—Lily quería saber algo más… ¿Sabes qué? Creo que me apunto a esa salida. Me parece que nos vendrá bien relajarnos.
Amanda y Brian chocaron las manos con entusiasmo, y la chica le dirigió una mirada victoriosa a la que Bruce replicó con fastidio.
Al final incluso se unieron Robert y Fiona. Tras decidir que irían los cuatro, fueron llamando al resto de compañeros de equipo, y aunque los casados prefirieron quedarse en casa y Gina declaró escuetamente que no le apetecía, los otros dos se apuntaron al plan.
Así que allí estaban los seis, en una mesa lateral del Goblin's Music Pub, un bar bastante nuevo en la Avenida Cero, situado no muy lejos del famoso restaurante flotante. El interior estaba decorado con tonos verdes, negros y blancos, las mesas eran de una robusta madera oscura y la iluminación que colgaba del techo bajo y abovedado era tenue. Al fondo había un escenario, todavía vacío, por el que según les contó Amanda, pasaban a lo largo de la semana diferentes cantantes o músicos.
—Mi hermano llevaba actuando medio año cada fin de semana en el pub más famoso de Albuquerque, y ya les estaba empezando a ir bien. Iba un montón de gente—les explicó Amanda, mientras esperaban alrededor de unas cervezas de mantequilla a que dieran las ocho—. Así que decidieron que era hora de dar un paso más y salir de Nuevo México. Por esto están probando aquí a ver si se van haciendo más conocidos. Tienen contrato para todos los miércoles en los próximos dos meses, y si va bien, tienen en mente intentar llegar a Miami y Los Ángeles.
—Eso parece muy optimista—comentó Fiona.
—Están con confianza—se encogió de hombros Amanda—. Han avanzado mucho en el último año y quieren aprovechar la racha.
—¿Y cómo han conseguido avanzar tanto en un año después de cuatro sin hacer nada?—quiso saber Bruce.
—Pues porque tuvieron una nueva incorporación. No la he conocido en persona, pero se llama Meg. Es cantante y compositora. Y debe estar haciéndolo bien, porque aunque TJ canta bien, sus canciones eran un asco—confesó Amanda—. No he escuchado las canciones nuevas, pero tienen que estar bien. Con lo anterior que tenían no habrían podido salir nunca de casa.
En ese momento, el escenario se iluminó. Se quedaron en silencio, ellos y el resto de la gente que casi llenaba el bar. Subió una mujer al escenario y se acercó al micrófono, que había aparecido junto con el resto de instrumentos cuando se encendieron las luces:
—Bienvenidos todos una noche más al Goblin's—saludó con voz clara la mujer—. Hoy tenemos con nosotros a un nuevo grupo al que queremos darle una oportunidad… Pero lo mejor será que dejemos de hablar para dejar paso a la música. Magos y brujas, con todos vosotros, ¡las Snitches de Alas Dobladas!
Las luces del escenario se apagaron una vez más, y unos segundos después se volvieron a encender: la mujer había desaparecido, reemplazada por un grupo de chicos. Hubo unos cortos aplausos reglamentarios, y justo después, la batería empezó a sonar.
Después se le unió el piano, con una música rápida y alegre. Sonaba bien. Y entonces, el chico y la chica que había al frente avanzaron el único paso que les separaba de los micrófonos, y se unieron el resto de instrumentos. Y la letra empezó.
Her name is Barbara
And she's driving me insane
I can't take out of my head
Her bright blue eyes
And her hips moving that way
La alternación y combinación de las dos voces sonaba realmente bien: la de la chica era relativamente grave, y la del chico era ligeramente rasgada. La música era dinámica y daba ganas de bailar incluso sin conocer la canción. Bruce cruzó una mirada con Jason y este le sonrió con sorpresa poco disimulada.
I can't stop thinking
Everything I could show her
Just if she knew
What wizards really are
Without thinking I'm mad
—Oh, ésta la conozco, pero está cambiada—susurró Amanda, mirando fijamente al escenario—. Era Muggle girl, pero… Buen trabajo, Meg.
'Cause she's a muggle
Muggle muggle girl
But I'm not gonna give up
Until I turn her
Into my muggle girlfriend (1)
El estribillo era fácil de aprender y la melodía era pegadiza. Bruce se sorprendió al descubrir que no estaba nada mal, y que para la tercera vez que el estribillo se repitió, ya podía llevar fácilmente el ritmo. Unas chicas en una mesa cercana empezaron a dar palmadas, y Amanda tarareó entre dientes los últimos versos.
La canción terminó, y una salva de aplausos y silbidos alegres surgió de entre el público. Los chicos que estaban de pie en el escenario hicieron reverencias entre sonrisas, y los que estaban sentados saludaron agachando las cabezas. La chica que había cantado se acercó más al micrófono. Era delgada y guapa, con una larga melena lisa teñida de un rojo intenso hasta más allá de media espalda. Saludó al público antes de empezar a hablar:
—¡Buenas noches a todos, y muchas gracias por este recibimiento! Somos las Snitches de Alas Dobladas, y esto ha sido My muggle girlfriend, que esperamos os haya gustado. Si os apetece conocernos un poco más…—la gente en el bar asintió, y la chica continuó con una sonrisa—Yo soy Meg Beesly. Aquí a mi lado, acompañándome con la letra y haciendo maravillas con la guitarra, el increíble TJ Halpert. Al piano, mi adorable francesa Odette Gravois, y con la batería, el incansable Will Rivera, buscador frustrado y a quien le debemos el nombre del grupo. Con la guitarra eléctrica, nuestro rompecorazones oficial, Mike Stinson, y con el bajo, el encantador Marshall Mosby. Y ahora, os dejamos con la segunda canción de la noche: Don't be afraid of the boggart.
La gente aplaudió, y la música volvió a empezar.
—No me esperaba que tu hermano lo hiciera tan bien—le comentó Bruce a Amanda en un descanso entre canción y canción, mientras el guitarrista, Mike Stinson, cogía el micrófono para contar unas anécdotas para hacer reír al público.
—Ni yo que esa Meg estuviera tan buena—se añadió Brian, sin despegar la vista de la chica—. ¿Crees que tu hermano podría presentármela?
Amanda rio, alegre. Parecía contenta de que a su hermano le estuviera yendo bien.
—Se lo preguntaré luego… Y yo tampoco me lo esperaba, la verdad. Hacía mucho que no les escuchaba y han mejorado un montón. Parece que Meg está haciendo maravillas.
Se interrumpieron porque empezaron con otra canción, Watch out, y el ritmo era tan rápido que no permitía prestar atención a nada más.
A Bruce le gustaron casi todas las canciones. Le recordaba a las Brujas de Macbeth, pero los americanos eran más enérgicos. Era difícil no engancharse a las melodías de ese grupo del que el mismo TJ Halpert, el guitarrista, dijo entre las risas de los integrantes y del público que las revistas ya les describían como "pop rock alternativo e indómito".
—Y para despedirnos definitivamente, vamos con nuestra canción favorita—dijo Meg, entre los "Oooh" de un público al que ya se había ganado—. Dedicada a todos aquellos que persiguen sus sueños… ¡Vamos con Never surrender!
—Esta no me suena de nada—musitó Amanda cuando sonaron los primeros acordes.
La canción tenía tonos épicos, y cuando Meg empezó a cantar, los espectadores no necesitaron mucho más para ponerse a aplaudir inmediatamente. Y cuando TJ se le unió en el estribillo, Bruce comprendió por qué esa canción era la favorita del grupo, y que las Snitches realmente tenían posibilidades de triunfar.
'Cause
Even when life punches you in your face
Even when you're in a hole too deep to climb
Even when it's too dark to see the daylight
Even when it seems there's no escape
You gotta get up of the floor
You gotta turn the page once more
And
Always remember
Never surrender (2)
Para la tercera vez que se repitió el estribillo, Brian y Robert se pusieron en pie y acompañados por gran parte del público, corearon ese "Always remember, never surrender" con el que acabó la canción. A continuación, todos los que aún estaban sentados se levantaron, y una salva de entusiasmados aplausos despidió al grupo, que hicieron una reverencia conjunta antes de que se apagaran las luces y bajaran del escenario.
—Bueno, la verdad es que ha sido mejor de lo que esperaba—tuvo que admitir Bruce.
—Te lo dije—replicó Amanda con una sonrisa enorme—. Voy a intentar hablar con Will, vuelvo en cinco minutos.
Amanda se escabulló con facilidad, mientras los demás aprovecharon para acabarse las últimas cervezas y comentar qué canción les había gustado más.
—Watch out, sin duda—afirmaba Robert.
—En absoluto. Never surrender ha estado por encima de todas—negaba Fiona.
—¿Solo porque es la favorita de ellos? Me decepcionas, Hampton. Creía que tenías un poco más de pensamiento propio…—se burló Robert.
—¿Eso crees, Blackwell?—inquirió Fiona, con el ceño fruncido y tono peligroso—Pues vigila (3) con lo que dices, porque podría volverse en tu contra, bateador.
—¿Ah, sí? Y dime, ¿cómo se supone que iba a pasar eso?
Robert y Fiona se habían acercado, discutiendo sobre tonterías de canciones y demás. Jason, Brian y Bruce no intervinieron, pero cruzaron miradas divertidas. Ahí estaba empezando a pasar algo, y seguro que si Elizabeth no lo sabía aún, en cuanto se enterara haría lo imposible por juntar a su cuñado con la más reciente de las incorporaciones de los Minotaurs.
—He vuelto—reapareció Amanda al cabo de unos minutos—. Están todos contentísimos, ellos mismos dicen que lo han hecho mejor que nunca. Oh, y Brian, he preguntado si Meg estaba disponible, pero creo que lo tienes complicado… Will dice que Meg, TJ y Mike están metidos en un triángulo amoroso muy raro que solo ellos tres entienden. Lo siento, Rogers.
Brian masculló algunas maldiciones, y Jason intentó consolarle bromeando. Un rato más tarde, Brian pareció animarse:
—Bueno, aún me queda la francesa. ¿Odette, verdad?
—Verás… Will lleva colado por Odette al menos cinco años, y aún no ha sido capaz de decirle nada, el muy cobarde, aún cuando todo el mundo lo sabe.
—Pues dile a tu hermanito que corra, Rivera. No hay objetivo que se me escape, y como esa chica siga libre mucho más, caerá.
—Completamente borracha y sin saber qué está haciendo, pero sí, caerá—puntualizó Bruce, y todos rieron.
El domingo no fue el mejor día de Bruce. Para ser exactos, el momento en el que se enteró que no iba a jugar el partido fue el peor en mucho tiempo. Había trabajado individualmente todas las tardes de esa semana, y se había hecho la ilusión de jugar ese domingo… Pero cuando Johnson dijo la alineación antes del partido, fueron Gina, Brian y Jeannette los cazadores titulares.
—Va, Bruce, no te enfades—intentó animarle Amanda, al verle huraño y más callado de lo normal en su grada, esperando a que diera inicio el partido—. Solo es la segunda jornada y es contra los sextos del año anterior. Lo hiciste bien, pero Jeannette tiene mucha más experiencia que tú en este tipo de partidos. No te preocupes, llegará tu momento.
—Al menos tú ya has jugado—añadió Fiona, mirándose las uñas aparentando desinterés—. Porque te recuerdo que aquí hay otras personas que aún siguen esperando su debut.
De acuerdo, puede que Amanda y Fiona aún no hubieran jugado ni un minuto esa temporada, pero eso no quitaba que a él no le gustara tener que quedarse en la grada en un partido como ese.
—Y por favor, alegra un poco esa cara cuando venga Johnson—le pidió Amanda—. O si no, seguro que no vuelves a jugar en un tiempo.
Bruce bufó y se hundió más en su asiento. Amanda chasqueó la lengua con frustración y le dio la espalda para continuar hablando con Fiona. Desde el concierto en el bar del miércoles, las dos chicas se habían acercado más, descubriendo que tenían gustos musicales en común. Y a pesar de la timidez de Amanda y al carácter arisco y burlón de Fiona, lo cierto era que las chicas se habían compenetrado asombrosamente bien en apenas unos días.
El entrenador, Paul, Emily y todos los demás llegaron a la tribuna, y Bruce intentó hacer lo que había dicho Amanda y poner mejor cara. El partido estaba a punto de empezar, y ya que no iba a jugarlo, no pensaba perderse ni un solo detalle.
Fue un encuentro disputado: los Rockets conservaban su trío de cazadores titulares de la temporada anterior, y por el otro lado, se notaba que Jeannette aún no acababa de adaptarse al juego de Gina. Era buena por sí sola, y Brian y Gina jugaban estupendamente por su parte, pero no conseguían combinarse los tres de la mejor manera posible. Eso ocasionó demasiadas pérdidas, que los Rockets aprovecharon; además, tenían un nuevo guardián, mejor que el que Bruce recordaba. Los bateadores de ambos equipos parecieron tener un buen día, ya que gracias a ellos el juego tuvo que pararse hasta seis veces en cuatro horas, y se llegó al momento decisivo con un ajustado 40-60 a favor de los Minotaurs. Entonces fue cuando las dos buscadoras se lanzaron a una frenética carrera durante la cual todo el estadio contuvo la respiración, y todos respiraron otra vez cuando, exactamente dieciséis segundos más tarde, Elizabeth levantó triunfalmente el brazo derecho.
—¡Oye, Bruce! ¿Cómo has visto el partido desde la grada?—le preguntó la periodista, una chica muy joven que dijo ser del periódico de California.
—Muy cómodo—respondió él, y ante la cara aturdida de la chica, que no acababa de saber si era un chiste o se estaba burlando de ella, añadió—. Sinceramente, lo he visto muy disputado. Los Rockets tienen un equipo muy bueno y compenetrado, y nosotros hemos tenido algunos fallos de coordinación que se pueden mejorar. Sin embargo, creo que somos justos vencedores.
—A la vista de los fallos que le hemos visto a Jeannette Collins, ¿crees que no debería haber jugado ella hoy?
—Eso no depende de lo que crea yo, sino de lo que decida el entrenador.
—Pero hemos visto a Jeannette haciendo fallos que los demás cazadores de los Minotaurs no hacéis…
—Puede que Jeannette no haya tenido su mejor partido hoy, pero hay que tener en cuenta que no es fácil adaptarse a nuestro juego. Está trabajando duro y seguro que pronto no habrá que hacer estas preguntas.
—Eh, Vaisey—le llamó el reportero de al lado—. ¿Crees que vas a jugar la semana que viene, o volverás a ser suplente?
—Yo estaré preparado para lo que sea que el entrenador decida.
Vio como por un lado llegaban Elizabeth, Gina y Jeannette, y entonces él decidió que ya podía marcharse. No había participado del partido, y seguro que tenían muchas más preguntas para las chicas que para él. Dijo adiós al par de reporteros y se dirigió hacia la salida. La última de la fila era Melissa Cooper, pero esperaba poder esquivarla gracias a que Fiona le ocultaba de su vista.
—¡Bruce, Bruce!—oyó la excesivamente dulce voz de Melissa Cooper llamándole justo cuando pasaba por delante de ella, lo más lejos que había podido. No había sido suficiente, y se detuvo en contra de su voluntad para escuchar la pregunta—Te hemos visto en actitud muy íntima con Amanda Rivera y Fiona Hampton en las gradas. ¿Lo estás haciendo para llamar la atención de Gina Smith, o por el contrario…?
Bufó. No le apetecía escuchar más. Reanudó el paso, levantó una mano a modo de despedida y abandonó la zona de entrevistas sin pronunciar una palabra más. Lo último que oyó fueron unas breves risas de fondo.
Al ser domingo y tener entrenamiento a la mañana siguiente, la celebración por la victoria fue reducida. Solo fueron Brian, Jason y él brindando en un pequeño pub muggle cerca de casa. Unas pocas risas, un par de cervezas, análisis sobre las mejores y peores jugadas del partido, y la observación de un grupo de chicas que acabó en nada. Como Brian dijo con resignación "Mañana tenemos obligaciones que cumplir".
Y a la mañana siguiente, Bruce fue decidido al entrenamiento a dar todo lo posible de sí. Quería jugar ese fin de semana contra los Chicago Dugbogs, cuartos el año anterior. Y además estaba el partido del TIAQ, en dos semanas, en el que se moría por participar. Tenía que demostrarle a Johnson que estaba más que preparado para jugar.
Por eso, se pasó casi toda la tarde del lunes entrenando solo en el estadio, ya que Amanda estaba en algún lugar indeterminado de Texas con Craig Osborne. Y tenía el mismo plan para el martes y para el resto de la semana, y eso habría hecho si no hubiera pasado algo que le marcó profundamente.
Fue el martes por la mañana. No sabía cuánto tiempo había pasado de entrenamiento, puesto que los minutos transcurrían muy lentamente, entre el cansancio de la tarde anterior y las palizas que les estaba dando Johnson. Pero de golpe, Rosalie entró corriendo en el campo, casi sin respiración, al borde de un ataque de pánico. Les costó entender lo que decía:
—Estaba viendo en la televisión… Y de golpe… Se oyó por todo… Y vi… Por Merlín, no me lo creo… La torre, y el avión… No sé cómo, qué…
Rosalie lloraba y gesticulaba con las manos exageradamente, pero nadie del equipo fue capaz de entender qué quería decir. Solo cuando David Smith también entró corriendo en el campo, con una cara de seriedad mortal, pudo arrojar algo de luz sobre el asunto:
—El entrenamiento ha terminado. Dejadlo todo en los vestuarios, sin ordenar, no os duchéis y cambiaros rápido. Hay que volver a Nueva York enseguida y desalojar el edificio.
—Pero, ¿qué ha pasado, David?—preguntó Elizabeth, con miedo, haciéndose eco de las dudas de todos.
David suspiró antes de responder, pero hizo gestos con los brazos para que se apresuraran a recoger.
—Un avión… Se ha estrellado contra una de las Torres Gemelas.
Apenas unos minutos después, Bruce estaba saliendo del edificio de las oficinas de los Minotaurs en Nueva York, rodeado de sus compañeros y de un montón de gente asustada y que no sabía qué estaba pasando. No estaban muy lejos del lugar del accidente: si giraban en la esquina de la derecha, estaba a solo diez minutos a pie en línea recta. Los del equipo fueron hasta dicha esquina, a ver si podían averiguar algo.
Y entonces, lo vio.
Un segundo avión. Estrellándose contra la segunda torre.
Bruce tragó saliva con dificultad y aferró inconscientemente con fuerza su varita, escondida en el bolsillo. Eso no era un accidente.
Él ya había vivido esa situación. Y no quería volver a pasar por eso.
¡Hola a todos!
Hay muchas cosas que decir de este capítulo, así que iré por partes. Para empezar, tenemos el primer partido de la temporada (y los Minotaurs ganan) y se introducen las entrevistas de los periodistas al acabar los partidos. Y allí ya podemos ver cómo Bruce intenta contestar diplomáticamente... al menos hasta que llega a Melissa Cooper (a quien ya conocemos oficialmente). Segundo: Bruce y Gina. La cosa se repite. Y Bruce está hecho un lío y se siente un idiota, pero Gina le atrae irremediablemente (¡No me odiéis a mí, odiadla a ella!) y al fin y al cabo, es un hombre, tiene veinte años y es difícil resistirse a una proposición así. En fin, que al final a Bruce la discusión con Melissa Cooper no le salió del todo mal... Y llegamos a uno de los momentos que más me gustan del capítulo: la introducción de las Snitches de Alas Dobladas. Es un grupo de música norteamericano canon (se les menciona en Pottermore, como un grupo que está presente en la final del Mundial de Quidditch de 2014) y yo simplemente les he dado nombre a sus integrantes, así como una historia y sus inicios. Serán secundarios frecuentes en los próximos capítulos... y me gustan mucho como personajes, así que no descarto escribir algún spin-off sobre ellos. Y a propósito: la mayoría de los chicos de las Snitches tienen nombres o apellidos por algunas de mis series de televisión favoritas (Beesly, Halpert y Mike vienen de The Office, y Stinson y Marshall Mosby de How I met your mother). Sobre las letras de las canciones... Bueno, es todo mío (y soy una negada con la música, así que acepto los posibles tomatazos) y si alguien ve algún error en el inglés, agradeceré que me lo digáis. Las traducciones, a continuación:
(1) Se llama Barbara / Y me está volviendo loco / No me puedo quitar de la cabeza / Sus brillantes ojos azules / Y sus caderas moviéndose de esa forma. / No puedo dejar de pensar / Todo lo que podría enseñarle / Solo si ella supiera / Lo que los magos realmente son / Sin pensar que estoy loco. / Porque es una muggle / Una chica muggle muggle / Pero no me voy a rendir / Hasta que la convierta / En mi novia muggle.
(2) Porque / Incluso cuando la vida te golpea en la cara / Incluso cuando estás en un agujero demasiado hondo para escalar / Incluso cuando está demasiado oscuro para ver la luz del día / Incluso cuando parece que no hay escape / Tienes que levantarte del suelo / Tienes que pasar página una vez más / Y / Recordar siempre / Nunca te rindas.
(3) Juego de palabras: "Vigila" es "Watch out", la canción que más le gusta a Robert.
Y para acabar... Es 11 de septiembre de 2001. Bruce vive sin prestar demasiada atención al mundo muggle, pero lo que sucede es tan importante que es imposible que le pase desapercibido a los magos. Y en fin, eso es todo por hoy.
Millones de gracias a los que seguís leyendo hasta aquí. Y gracias en especial a mmmartta3, a Muselina Black y a Flor440 por vuestros reviews. Siempre es un placer leer vuestras impresiones, y os animo a todos a dejar comentarios.
Ahora sí, esto es todo por hoy.
¡Hasta la próxima!
