Disclaimer: Como ya sabrán, los personajes son de Stephenie Meyer, a ella las gracias, yo sólo peleo con el ocio.


Outtake epílogo: Parte II

«Eres todo lo que siempre necesité.»

.

El cumpleaños de Eileen es hoy, le dije a Edward que íbamos a tener una mañana de madre e hija en el centro comercial para que Alice, que era la encargada de todo, organizara y decorara la casa, él estuvo de acuerdo no sin antes darme esa mirada de «¿en serio?», porque ya todos saben, odio ir de comprar y esas cosas.

Íbamos llegando al estacionamiento del centro comercial —no el subterráneo, intentaba evitarlo—, y Eileen comenzó a hablar.

—Mami, ¿por qué tía Nessie no tiene un bebé? ¿Tío Jake no la quiere? —la miré por el retrovisor, iba en su silla despreocupada, como si aquella pregunta le hubiera venido de repente.

Como psicóloga infantil sabía que a esa edad —dos, tres años— las preguntas, embarazosas o no, debían responderse sinceramente, pero con tacto, Eileen tenía que confiar en sus padres. Todo niño debía confiar en sus padres.

—Claro que la quiere, pero ellos no quieren bebés todavía, tía Nessie está muy ocupada con su trabajo —le respondí viendo su reacción, ella asintió y siguió mirando hacia fuera de la ventana—. ¿Por qué preguntas?

—Papá me quiere —afirmó y yo asentí mientras me estacionaba— y tú a él… —asentí nuevamente observando su sonrisa—. ¡Quiero una hermanita!

Su emoción hizo que comenzara a dar saltitos en su asiento, mirándome esperanzada y con ansias de escuchar rápidamente un «sí» por respuesta. Bien, acabo de quedar sin palabras. Ahora qué le digo.

—Lo tendré en cuenta y serás la primera en enterarte, ¿de acuerdo?

Movió su cabeza entusiasmada desabrochando el cinturón de seguridad y bajándose de su asiento. Esperó a que le abriera la puerta ayudándola a llegar a tierra firme. De la mano, seguimos nuestro camino hacia unas tiendas específicas, ella sabía que si quería algo, la última palabra la tendría yo y la amaba por eso, no nos hacía berrinches y aunque no lo admitiera, a Edward le mataba no darle todo lo que ella pedía.

Nos compramos un helado mientras nos sentábamos a descansar, estuvimos en los juegos, en la tienda de princesas, se probó ropa que sí le compré, Alice me mataría si supiera que no le compré nada, y por último fuimos a esa tienda.

—¿Por qué estamos aquí, mami? —preguntó viendo con sorpresa todas las cosas preciosas que adornaban los alrededores.

—Eres la primera, mi amor —y ella sonrió hermosamente—. Feliz cumpleaños.

—¿Puedo elegir algo? Y después se lo damos a papá para que sea una sorpresa —dijo entusiasmada recorriendo la tienda, se detuvo un momento y me preguntó seriamente—. ¿Qué color tiene que ser?

Estuvimos unos minutos eligiendo el regalo adecuado, antes de ir a pagar a la caja mi celular sonó con un mensaje.

«Están todos aquí, ya puedes mover tu trasero donde tu esposo.»

No fue Edward el del mensaje, Alice desde anoche ha estado molestándome porque, sí, hay más de mí en mí.

Llevé a Eileen arriba a cambiarse, todos estaban afuera esperando a que saliéramos, así que después de peinarla y recordarle que la sorpresa era un secreto para papá, bajamos a «buscar» a los demás al patio, más bien hectáreas de patio.

Dio un paso al abrir las ventanas corredizas y:

—¡SORPRESA!

Dio un paso atrás asustada, la tomé de sus hombros y me agaché.

—Hey, ¿quieres ir a saludar? —pregunté dándole unos segundos para que reaccionara.

—¡Sí!

Corrió hacia su papá, Edward la abrazó y besó hasta que pasó de brazos en brazos por todos los adultos que estaban. Nessie y Jacob estaban aquí también, comprometidos, planeando una boda, molestándose cada cinco minutos, no se aburrían nunca. Había gente que no era de la familia, pero eran los padres de algunos amiguitos de Eileen en el colegio, la verdad, eran padres que ya tenían hijos de doce o quince años, por lo que estaban hablando animadamente con Esme o Renée, que reían no sé por qué.

—Tú, mujer de casi tres décadas, ¿no vas a saludar a tu hermana preferida?

—Por qué será que mi hija te nombra y tú apareces.

Se acercó a abrazarme y de paso tirarme el cabello, se lo devolví. Renesmee se seguía pareciendo a mí, pero era loca, traviesa y aún más sarcástica que yo en mis momentos. Jake venía detrás de ella, moreno y alto, a su lado eran tan opuestos.

—Feliz cumpleaños atrasado, lamentamos no haber venido antes, Renesmee enfermó de verdad, de esos días en que agradeces tener más baños en casa —sonrió y la abrazó.

—¿Qué tenías? ¿Fuiste al médico? —pregunté viéndola mirar sus zapatillas.

—Sí fui, le dije a Charlie y a Renée que no era necesario que se perdieran tu fiesta llevándome de urgencias y conduciendo como locos por la ciudad hasta un hospital, pero como que se preocuparon demasiado —hizo una mueca.

—No era innecesario, papá me dijo que realmente estabas mal y no habías dicho nada.

—No lo sé, jamás había estado embarazada antes, Bells. Serás tía —informó encogiéndose de hombros no muy segura de mi reacción.

—¡Oh, Dios, felicidades!

Los abracé a ambos, aún nadie sabía, así que prometí que no diría nada. Sería tía por parte de mi familia paterna, eso era demasiada sorpresa. Edward venía hacia mí, y ambos nos quedamos viendo hasta que estuvimos a centímetros de distancia.

—Bueno, llegó el momento de irnos, no creo que se den cuenta siquiera. Siempre lo mismo con ustedes, tontos enamorados —decía Nessie mientras se iba con Jacob.

Reí cuando lo abracé.

—¿Siempre hacemos lo mismo?

—Supongo, no son los únicos que nos dicen eso, así que… —se encogió de hombros dándome una sonrisa—. ¿Lo pasaron bien en el centro comercial?

—Muy bien, tu hija te tiene un regalo muy especial que ella misma eligió, tienes prohibido preguntar cualquier cosa sobre eso, no diré nada… ni siquiera con besos.

Me besó de todas maneras, sabía que no le diría nada, pero un beso de él es un beso, yo los aceptaba siempre.

El momento de los regalos pasó entre risas y muchas fotos que tomaba Jasper, nuestro fotógrafo contratado por la paga de un pedazo de pastel de chocolate y un beso de Alice. Recibió desde entradas para Disneylandia, hasta una cadena de «Tiffany», regalo que le dio Charlie y Renée, después hablaré con ellos.

Había juegos inflables en donde todos, absolutamente todos, jugaron, nadie se bañó ni jugó con agua, creo que se habría armado un desorden sabiendo cómo eran los hermanos Cullen en estas cosas. El pastel lo hizo mamá y era hermoso, a Eileen le encanta La Sirenita, específicamente Ariel y su pez y cangrejo, así que el pastel era prácticamente de eso. Las gemelas le regalaron dos dijes, uno era de Sebastian y otro de Flounder para la pulsera que tenía, sí, Carlisle se la regaló en navidad y los dijes que ya tenía eran obsequios de sus primas o tíos. Mujeres, eran muy mimadas en esta familia.

—Mami —murmuró mientras yo probaba el chocolate rojo del cabello de Ariel.

—Qué pasa, ¿quieres más? —le di a comer una cucharada que aceptó gustosa.

—No, pero gracias —sonrió y se acercó a mi oído—. ¿Podemos darle el regalo a papá?

—¿Ahora ya? —susurré y ella asintió—. De acuerdo, vamos a buscarlo.

La tomé de la mano y fuimos a interrumpir la conversación que tenía Edward con Emmett.

—¿Puedes acompañarnos, por favor? —no esperé a que respondiera, lo tomé de la mano y lo llevé dentro de la casa.

No hizo preguntas, sólo nos siguió hasta nuestra habitación y se quedó esperando. Eileen lo hizo sentarse en la cama.

—¿Cuál es el misterio? —preguntó viéndolos.

Le di la cajita de regalo a mi hija cuando la saqué del closet, ella le daría la sorpresa, yo sólo observaría la reacción de Edward.

—Es de mami, pero lo elegí yo, la señora dijo que se podía cambiar, pero decidimos que si no era, lo guardaríamos igual —ella explicó mientras se lo daba, él no entendía nada, su rostro me lo decía—. ¿Lo vas a abrir?

—Claro que sí, estoy muy curioso —la sentó en su pierna—. ¿Me ayudas?

Lo abrieron entre los dos, cuando dio con la pequeña ropita rosada con zapatitos y un gorrito a juego, levantó la cabeza y me miró. Lo estábamos buscando, cuando decidimos tener otro hijo teníamos pensado que esto pasaría, con Eileen quedé embarazada inmediatamente, pero esta vez no le dije a Edward que cada vez que hacíamos el amor podríamos estar creando una nueva vida, así que la sorpresa que mostraba ahora era tan genuina que no sabía si acercarme o esperar a que lo asimilara completamente.

—¿Cuándo? —preguntó acariciando los zapatos rosados—. ¿Tú sabías y no me dijiste? —pinchó la pancita de nuestra hija y ella rió.

—Mami me dijo en la mañana, y justo le había pedido una hermanita —explicó emocionada, él me quedó viendo otra vez, ¿es que no iba a decirme nada?—. ¿Quieres que sea niña?

—No lo sé, mi amor, si es niño o niña lo voy a amar igual —ella sonrió y lo abrazó—. Ven aquí.

Negué en un acto reflejo, pensé que sería buena idea que se enterara de esta manera, con nuestra hija involucrada también, pero me di cuenta que aunque amo inmensamente a Eileen, quería este momento para nosotros dos solos. Sí, esto me hace sentir tan mal, me siento una egoísta total, pero aún así me encanta que ella haya sido parte de esto, que se haya enterado primero que él. Siento mi volubilidad de embarazada venir.

—Ven aquí, Bella —repitió estirando su mano, Eileen levanto su manito también.

Avancé y me sentó en su otra pierna, buscó mi mirada para saber si estaba bien y luego me besó. Sabía que Eileen había cerrado sus ojos escondiéndose en el pecho de él. Me besó lenta, lentamente, eran estos momentos cuando me sentía tan agradecida de mi vida, tener un maravilloso esposo, una maravillosa hija y otra maravilla más en camino.

—Te amo —le dije abrazándolo—. Te amo, te amo, te amo, te amo.

Luego de que nos derribara en la cama y comenzara a hacernos cosquillas y reírnos hasta pedir clemencia, Eileen bajó con Esme que vino a buscarnos para despedir a sus amiguitas, nos quedamos en el cuarto unos minutos más.

—¿Tienes idea de lo feliz que estoy en estos momentos?

Me abrazó por la cintura, aún estábamos en la cama así que me acomodé para abrazarlo también.

—Me hago una idea, ¿qué creías que era el regalo? —murmuré en su pecho.

—No lo sé, cualquier cosa menos esto —tomó el gorrito y lo puso entre nosotros—. ¿Crees que sea niña?

—Eileen quiere que lo sea, en el auto nombró a Nessie y a Jake y aparecieron, luego dijo que quería una hermanita y bueno… yo apostaría por otra niña mimada —sonreí por su cara de sufrimiento—. Si alguien pudiera decirme en cuál de mis embarazos el bebé sería hombre, te juro que me embarazo las veces que sea hasta tenerlo.

—¿Quieres un varón? —preguntó frunciendo el ceño.

—Quiero más de ti, no me importa si es hombre o mujer si está bien y sano… Pero tú quieres uno, y creo que sería algo muy bueno tener una niña y ahora un niño, tendríamos ambas experiencias.

—Sí… pero no es que quiera uno, lo que pasa es que Eileen… Ella es mi niñita, me siento muy protector con ella, si fuera por mí nunca la hubiese mandado al colegio, la quiero donde pueda verla, me asusta que le pueda pasar algo sabiendo cómo es.

—¿Y un niño hace la diferencia?

—Sí, él pelearía y golpearía si fuera necesario, me sentiría igual de protector que con Eileen, pero le enseñaría a pelear antes de que aprenda a caminar, a mi bebé no, ella es una señorita demasiado femenina.

Reí y lo abracé, no le debatí nada porque sabía que él se daba cuenta que otra niña sólo significaba que cuando empezaran a crecer, le iba a ser más difícil separarse de ellas, porque así son algunos padres con hijas mujeres, piensan que serán niñas toda la vida y que serán sólo de ellos.

—Tengo cita con Lina mañana, la pedí en la mañana porque tienes turno en la tarde —le informé tocando su barba incipiente.

¿Le he dicho que se ve muy, muy sexy así?

—Bien, mientras más pronto, mejor. ¿Estás teniendo pensamientos perversos, Isabella? —sonrió y se puso encima de mí, reí y lo negué todo—. No te creo.

Pasó un mes, el bebé estaba previsto para abril y tenía un pequeño bulto de tres meses en mi interior que ya se notaba. Eileen, tan preocupada y hermosa, me preguntaba todos los días si me encontraba bien con su pequeño hermanito dentro, le decía que todo iba bien, porque así era, me sentía realmente excelente, ánimo que todos notaban.

En vísperas de navidad ya tenía cinco meses, ropa nueva y una panza redonda que Edward y Eileen acariciaban cada noche antes de dormir. Una noche nuestro pequeño nos dio una señal.

—Mamá, si le pregunto al bebé si es niña o niño, ¿crees que me dirá moviéndose?

Estábamos en su cama preparándonos para dormir, ella era la hermana mayor, así que ahora no nos pedía que nos quedáramos hasta que se durmiera, pero igualmente lo hacíamos, por si acaso.

—No lo sé, cariño, por qué no lo intentas —la animé.

Se hincó en su cama para estar a la altura de mi panza, puso sus manitos encima y preguntó seriamente:

—Bebé, ¿eres niña?

Nada, esperamos unos minutos y Eileen se dio por vencida.

—Ahora pregúntale si es niño, puede que se haya molestado porque no preguntaste primero.

—Cierto —volvió a poner sus manitos—. ¿Eres niño, bebé?

Había estado sintiendo pequeños movimientos dentro de mí, no patadas, pero sí lo sentía. Lo que me dio mi hijo o hija fue una patada haciéndose notar, Eileen me miró sorprendida y yo a ella también, gritó emocionada y comenzó a saltar en su cama.

—Hey, hey, ten cuidado —le dije viéndola sonreír y diciendo que iba a tener un hermanito.

—¿Qué pasa?

Me di vuelta y Edward estaba en la puerta mirando a su hija saltar, ella bajó y corrió hacia él.

—¡Tendré un hermanito! —él la cargó en sus brazos y le dio un beso en su mejilla.

—Claro que sí, mi amor, hace meses lo supiste.

—Noooo, papi, que es niño, me lo acaba de decir él mismo —le explicó como si fuera algo obvio.

Pasamos Año Nuevo toda la familia junta como todos los años, Renesmee también vino junto a Jacob y su preciosa pancita de mamá. Charlie no sabía qué hacer, ya tenía una nieta y la tenía muy consentida, ahora iba a tener dos más casi al mismo tiempo, dijo que esperaba que al menos uno fuera varón o iba a volverse demasiado blando.

Era febrero y mis siete meses de embarazada no me tenían tan cansada, ese día terminaríamos el cuarto de nuestro hijo, porque íbamos a tener un hijo, la patada a la pregunta de Eileen no fue sólo casualidad, él le respondió a su hermana.

—¿Cuándo yo nací también hicieron esto? —preguntó mirando desde la puerta.

—Claro que sí, tío Jasper también vino a pintar para ti —respondió Edward alzándola en brazos—. Y tus tías trajeron mucha ropa, igual que ahora. Y con mamá pasábamos mucho tiempo ordenando todo para cuando llegaras.

Se quedó en silencio mirando a su alrededor, queríamos que participara en todo el proceso para que no sintiera que la dejábamos a un lado con su hermanito en camino, e iba bastante bien hasta ahora.

—¿Puedo dormir con ustedes hoy? —se mordía su labio fuertemente, eso quería decir que estaba a punto de llorar.

—Bebé… —me acerqué a ellos y le acaricié su bracito, Edward besaba su cabello—, si te sientes mal y quieres llorar, debes hacerlo —ella respiró profundo para tragarse todo—. Eso te hace daño, Eileen.

La tomé en brazos acomodándola sobre el costado de mi barriga. Me abrazó rodeando mi cuello fuertemente, primero fueron respiraciones rápidas y luego vino el llanto. Sabía que esto iba a pasar, sólo estaba esperando el momento. Como hija única no podía decir que supiera cómo se sentía esto de ser hermana mayor y esperar el nacimiento de algún hermano, pero era mi hija, hasta yo me sentía abrumada ciertos días. Eileen era una niña que ya no tendría toda nuestra atención las 24 horas del día, tendría que compartir a sus padres con un pequeño bebé, la sola idea de que se sintiera excluida o menos amada me dolía en el alma.

—Te amo —le susurré en su oído al momento de sentir los brazos de mi esposo rodearnos—. Eres mi hermosa bebita grande.

¿Abril? Sí, y ya no podía esperar a tener a mi bebé en mis brazos, verle su rostro, su cabello, sus ojitos, quería de una vez saber si sería un mini Edward de pies a cabeza.

—¿Ya va a nacer? —me preguntó desde el sofá de la sala, me veía con el ceño fruncido—. Te tocas mucho la pancita.

Sonreí tranquilizándola.

—Ya no tiene espacio, cariño, sólo se está acomodando mejor.

Tenía a Edward, Eileen, Renée, Esme, Alice, Rosalie y Charlie encima de mí todos los días. Renesmee ya había tenido una hermosa niña a fines de febrero, así que mis padres tenían una preocupación menos, pero ahora cayeron sobre mí como si estuviera enferma de gravedad. Me estaban exasperando.

—Papá dijo que debía llamarlo si te pasaba algo —dijo solemnemente caminando hacia mí—. ¿Cuándo voy a saber su nombre?

La quería tomar en mis brazos y abrazarla fuertemente dándole besos hasta que me dijera que la soltara, pero una barrera se interponía en mi deseo, así que la hice sentarse a mi lado.

—¿Quieres elegir algunos para después votar junto a papá? —ella asintió y le mostré el iPad—. ¿Cuál tienes en mente?

—Me gusta el nombre Anthony, como papá —comentó tratando de abrazarme—. El bebé es muy grande —regañó cruzándose de brazos.

Reí por su pequeño berrinche de dos segundos, mi hija no estaba celosa ni nada por el estilo, pero ella era una niña muy de piel, le gustaba que la abrazáramos y darnos abrazos, y yo no podía a no ser que estuviera acostada de lado y en posición fetal.

—¿Qué opinas de Alexander? ¿Te gusta?

—¿Qué significan? —afirmó su rostro en mi panza esperando.

—Anthony significa: El que se destaca y es de origen griego. Está dispuesto a dar mucho de sí a los demás. Está dotado de una gran inteligencia que le hace sobresalir en cualquiera de las áreas profesionales o sociales donde desarrolle sus actividades. Es fiel y comprensivo.

—Papi es inteligente —le sonreí—. Me gusta Anthony. ¿Y Alexander?

—Alexander dice… El que es protector y también es de origen griego. Es sociable y comunicativo. Es muy dinámico y práctico y se juega por sus ideales, se ocupa de varias actividades al mismo tiempo. Es feliz junto a una persona con espíritu de aventura y de buen corazón.

—¿Protector? ¿Quiere decir que se va a preocupar como papá se preocupa por nosotras? Me gusta cuando te mira y junta las cejas —ella frunce sus cejas imitándolo—, y después te dice que tienes que cuidarte más. Es divertido.

Reí fuertemente porque era verdad, y Eileen imitando a Edward era la cosa más divertida que había visto. Solté otra carcajada y ella sonreía diciéndome que respirara.

—¡Estás llorando!

—No… ya está pasando, estoy calmada —di unas respiraciones profundas y volvía a centrarme en los nombres—. Entonces… ¿Anthony Alexander suena bien?

Asintió seriamente.

—Sí.

Edward estaba haciendo doble turno para poder tener un mes de sus vacaciones antes, le dije que no me agradaba la idea de que no descansara nada por mi culpa, pero como siempre él pone mi bienestar por sobre el suyo. Lo veíamos unos minutos, estaba tan cansado que sólo dormía y despertaba para comer con nosotras y luego irse. El bebé estaba programado para el 24 de abril, y era algo bueno saber que él ya estaría en casa permanentemente desde el veinte, o sea hoy, hasta mayo.

Eileen ya estaba durmiendo y me preparaba para acostarme cuando llegó. Subió inmediatamente y pasó a ver a nuestra hija a su cuarto, tardó unos pocos minutos y abrió la puerta de nuestra habitación. Con el embarazo dormía al lado derecho de la cama porque estaba el baño cerca, así que él rápidamente se quitó su ropa y se unió a mí.

—Hola —se acomodó para poder abrazarme y me besó—. ¿Todo bien?

—Muy bien —respondí tratando de juntarme más a su cuerpo. Imposible—. Quiero dormir así, pero estás muy lejos.

No era de hacer berrinches, pero realmente estos últimos días lo único que he querido era estar con él. Será que no ha estado mucho en casa, o será la idea de que ya en unos días nacerá nuestro pequeño, como sea, me siento un poco abandonada, aunque sé que no debería sentirlo, él lo está haciendo por mí, ¿no?

Malditas hormonas.

—Oye, en menos de una semana te podré abrazar sin esa barrera protectora que tienes ahí —bromeó acariciando mi barriga, su toque me tranquilizaba como siempre lo hacía.

—Te extraño.

—Estoy aquí —susurró pasando su mano por mi cabello—. Y ahora me tendrás todo el día pegado a ti.

—Me gusta eso —murmuré sobre su pecho—. Estuvimos viendo nombres con Eileen, la verdad es que no vimos ninguno, pero tenemos una propuesta.

—¿Cuál? —él seguía acariciando mi cabello y cuero cabelludo, me estaba relajando—. Espero que Edward haya sido descartado.

—Algo así, le pregunté cuál le gustaba y dijo Anthony —abrí mis ojos para ver su sonrisa—. Y a mí se me ocurrió Alexander, creo que suenan bien, y son lindos.

—Me gustan, Anthony Alexander Cullen, Alexander Anthony Cullen… ¿cuál prefieres?

—El primero, Eileen eligió ese, quiere que sea inteligente como tú —pasé mi mano por su cuello hasta su cabello—. ¿Podemos quedarnos en cama mañana? Quiero ser una vaga literalmente.

—Lo que quieras, mi amor.

Me llevó desayuno a la cama, bueno, almuerzayuno, era mediodía. Eileen estaba en el colegio, Emmett la traería como lo ha estado haciendo las últimas semanas, Alice la pasaba a buscar en las mañanas. Gracias, cuñados, son los mejores. Edward vestía sus bóxers y me daba de comer, cuando estaba embarazada de Leen mantuvimos relaciones hasta el octavo mes, después lo único que deseaba era tener a mi hija fuera de mí. Con el bebé de ahora llegamos hasta el octavo mes también, pero no por mí, sino por el trabajo de Edward. Me preguntaba si él todavía me encontraba…

—¿Qué pasa? —preguntó frunciendo el ceño—. ¿Te sientes mal?

Negué con la cabeza mirándolo fijamente. Tenía una barba que lo hacía ver muy maduro y sexy, su cabello cobrizo rebelde estaba desordenado y húmedo, y sus ojos verdes más oscuros de lo normal. Estoy embarazada y a días de dar a luz, pero mi esposo me hace sentir…

—¿Aún me deseas?

Bien, lo dije, y en voz alta. Abrió los ojos sorprendido y luego me dio esa sonrisa torcida que tanto amaba. ¿Es que acaso me estaba provocando?

—¿Crees que me di una ducha porque estaba sucio?

—¿No? —pregunté insegura.

—No.

Sonreí y me acomodé contra su cuerpo.

—Entonces está bien.

Esa noche después de darme un baño junto a Eileen y estar todos en la cama, fui cinco veces en menos de diez minutos al baño. Edward le leía un libro y mantenía un ojo sobre mí, en una de mis idas y venidas supe que eso de programar y decir una fecha para el nacimiento de un bebé no funcionaba con mis hijos. Ellos se mandaban solos.

—¿Debo esperar a que comiencen las contracciones para irnos? —dije yendo hacia la cama.

—¿Qué…? ¿Ahora? —preguntó Edward levantándose y parándose frente a mí—. ¿Sientes alguna molestia o dolor?

—Nada, pero creo que deberíamos avisarle a Lina por si acaso.

—¿Ya va a nacer Anthony? —quiso saber Eileen parándose sobre la cama emocionada—. ¿Ya, ya, ya, ya?

—Puede que demore un poco, pero… mmm, quizás no tanto —me contradije sintiendo esa pequeña molestia.

—Recuéstate, arreglaré todo —tomó el teléfono y antes de llamar le habló a nuestra hija—. Ve a cambiarte ropa, mi amor, hay que llevar a mamá al hospital.

Todo pasó en un segundo, llamadas a familiares, cambios de ropa, viaje al hospital a las diez de la noche, silla de ruedas, enfermeras muy amables, habitación privada, agujas y al fin Lina.

—Hey, chica, ¿no pudiste mantenerlo más tiempo? —bromeó saludándome.

—Sólo sácalo, él quiere verme lo antes posible —respondí siguiendo la broma.

—Igual que su hermana —fue a saludar a Eileen que estaba pacientemente sentada en el sofá—. ¿Vas a ver cómo nace tu hermanito?

Ella movió su cabeza.

—Habrá sangre, no quiero ver eso.

—Muy inteligente.

Esme ya estaba aquí, al igual que Renée y Charlie. Eileen estaba inquieta por lo que veía, digo, su madre se aferra a la cama del dolor que siente y encima le caen las lágrimas, no es algo lindo de presenciar. Edward estaba a mi lado y acariciaba mi espalda, tenía su mano agarrada y la apreté fuertemente al igual que la almohada cuando sentí una poderosa contracción.

—Mierda —murmuré contra ella.

Benditas almohadas ahogadoras de gritos.

—Mami…

Eran las dos de la madrugada, ella estaba entre despierta y dormida en brazos de Esme esperando a su hermano.

—Sácala —le pedí a Edward respirando profundamente, venía otra—. Se va a asustar.

—Mamá, ¿puedes ir por Renée y Charlie a la cafetería? Bella quiere verlos.

Esme entendió, y antes de que ahogara el grito de dolor, sacó a Eileen en busca de mis padres. Jamás había sentido tanto dolor físico como el que mi amado hijo me estaba haciendo pasar. Mi atento esposo amarró mi largo cabello sobre mi cabeza, pasó una toalla húmeda por mi frente y cara, y suspiré agradecida. ¿Cuánto faltaba?

—Necesito que tu hijo salga ya.

—Te ama demasiado, sólo intenta abrirse camino para verte —dijo suavemente para darme un besito en la mejilla—. Falta poco, cariño.

—Ponte de espaldas, Bella, veremos si ese bebé ya está listo —dijo Lina entrando a la habitación.

—Más le vale —repliqué.

Hizo su trabajo ahí abajo, y luego supe que estaban contando hasta diez mientras reunía las fuerzas que me quedaban para pujar. Renée estaba a un lado y Edward al otro dándome ánimos, papá estaba cerca de la puerta por si Eileen con Esme llegaban. Llevaba casi cinco horas en trabajo de parto, no me quejaba, sabía de casos peores, pero se sentía tan bien poder respirar sin dolor.

—Anthony Cullen, 2:47 AM —dijo una enfermera en algún lado.

Sabía que mi hijo ya no estaba dentro de mí, pude oír su llanto fuertemente. Respiré aliviada e intenté abrir los ojos para verlo, parpadeé dos veces y vi a Edward cortar el cordón umbilical y un bulto lleno de sangre con fuertes pulmones acercarse a mí, pero volví a cerrar mis ojos y no escuché nada más.

Estaba durmiendo, porque intenté abrir mis ojos y pesaban. Se veía luz, como si fuera de día, aún estaba en la habitación del hospital y no sabía qué había pasado después de… Ni siquiera pude verlo.

—Está despertando, Edward.

Se oía como mamá. Sentí que alguien se sentaba a mi lado y se acercaba a mi rostro.

—Mi amor… No, cariño, despierta —acarició mi rostro y me tapó la luz de la ventana, pude abrir mejor los ojos y mirarlo. Se veía un poco mal.

—¿Qué pasa? ¿El bebé está bien? —pregunté con voz ronca asustándome.

¿Por qué lucía como si hubiese llorado, y por qué mamá respiraba aliviada y sacaba su teléfono saliendo del cuarto?

—Él está bien, tranquila —le creí, pero algo estaba mal.

—¿Estuviste llorando? —susurré acariciando sus ojeras, él me sonrió y se encogió de hombros. Sentí las lágrimas venir—. ¿Fue por mí? ¿Me morí o algo?

—No había estado tan asustado en mi vida, Bella. No me hagas pasar por eso de nuevo, amor, tuve tanto miedo —murmuró con voz quebrada, se acercó a besarme—. Te amo —dijo sobre mis labios—. Te amo demasiado.

Lo abracé fuerte, lo abracé para no dejarlo ir nunca. Sentía cómo caían mis lágrimas, recordé cuando tuve el accidente y perdí la memoria, recordé lo que me dijo Alice después que mejoré; cómo lo había pasado Edward, que era la primera vez que lo veía llorar y eso que eran hermanos. Sólo fue un accidente y amnesia, pero esto se veía tan mal, ¿estuve a punto de morir y dejarlos?

—Te amo. Prometo no darte más sustos, no habrá un tercero —susurré sobre su cuello—. ¿Fue muy malo? ¿Puedo verlo ahora?

Se irguió para verme.

—Estuviste inconsciente, tu pulso bajó, una enfermera se encargaba de Alex, otras de ti, Lina intentaba terminar el trabajo y tú sólo te fuiste a negro —explicó tomando mi mano, la sostuve fuertemente—. El rápido pitido de la máquina asustó a todo el mundo, Charlie estaba más blanco que tú —bromeó con una sonrisa.

—¿Lo siento? —dije bajito con una media sonrisa—. Quería mantenerme despierta, sólo alcancé a verte cortando el cordón.

—Lo hice bien —dijo dándome su sonrisa torcida—. Llamaré para que lo traigan.

—¿Dónde está Eileen?

—En una sala cerca de aquí, todos llegaron a verlos, pero sólo han visto a Alex, te hemos mantenida tranquila hasta que despertaras, así que está con los demás esperando a verte.

—¿Puedes traerla también? Los quiero aquí conmigo —le pedí ansiosa. Necesitaba a mis hijos aquí.

Me besó antes de levantarse.

—Iré por ellos, no te muevas.

—No iré a ninguna parte —respondí divertida.

—Más te vale —replicó saliendo de la habitación.

Despertar después de, el reloj marcaba las 11:25, ocho horas y saber que mi hijo estaba bien, pero que les di un buen susto a mi familia y sobre todo a Edward, era de película, yo me sentía bien, ahora. Reconocía que anoche estaba muy cansada, sólo creí que era normal, pero las cosas se me salieron de control luego.

La puerta se abrió mientras terminaba de arreglarme el cabello sobre mi cabeza, me costó sentarme pero lo había logrado, entró Eileen y corrió a la cama, me incliné para ayudarla a subir y me tragué la punzada de dolor.

—Usa la silla, cariño —le pedí ansiosa por abrazarla.

Se subió a ella y luego se dio cuenta de algo, porque se detuvo y cuidadosamente se sentó a mi lado. Sonreí y la envolví en mis brazos.

—¿Estás bien? —preguntó apoyando su cabeza en mi pecho y viéndome—. Quería verte y no me dejaron —su ligero puchero me llegó al corazón.

—Lo siento, me quedé dormida porque estaba muy cansada, mi amor.

—Eso me dijeron —murmuró—. Anthony es muy lindo —dijo animada e hincándose frente a mí—. Tiene mi cabello y tu nariz, y la abuela Esme dijo que era igual a papá cuando bebé.

—¿De verdad? —ella asintió y mis ansias y emoción por conocer a Anthony aumentaron infinitamente.

—Creo que sabe que va a conocerte al fin —dijo Edward entrando con mi bebé en sus brazos—. Está despierto.

Estiré mis manos impaciente, él se acercó sonriendo y lo dejó con cuidado en mis brazos, fue un sentimiento tan intenso sentirlo y verlo por primera vez. Lo acuné y lo miré, acaricié su cabello cobrizo, sus cejas, su pequeña nariz diminuta, su boquita abierta buscando algo que chupar, sus manitos, sus dedos, él completo era perfecto. Lo acerqué a mí y besé una de sus mejillas varias veces, respiré en su cuellito y me enamoré de mi hijo.

—Moría por conocerte, bebé —le dije colocándolo en posición vertical frente a mí—. Es perfecto —le dije a Edward que se había sentado a un lado de la cama y abrazaba a Eileen—. Es como tú en miniatura.

Él sonrió y sus ojos verdes brillaron, desvié la vista a nuestro hijo para ver sus ojos, aún no estaban de un color definitivo, había que esperar, pero sabía que serían verdes, era mi Edward con horas de vida.

—Eileen tenía razón —comenté mirándola, ella se acercó a mí hasta sentarse a mi lado—. Es muy, muy lindo este pequeño hombrecito.

—¿Cuándo nos iremos? —preguntó tomando los deditos de Anthony—. ¿Va a dormir en su cuna?

—No lo sé, puede que estos días duerma con nosotros, es muy chiquito —le besé su cabello y ella se recostó en mí—. ¿Ya comiste?

—La abuela Renée me dio de comer —contestó—. No fui a clases.

Sonreí por la preocupación que escuché en su voz, Edward sólo nos observaba y podía imaginar lo aliviado que estaba de poder estar todos juntos, y bien de salud. Una enfermera entró con Lina detrás, supe que una revisión venía. Edward cargó a Anthony y llevó a Eileen al sofá del cuarto, después de que me dijera que estaba recuperándome muy bien y que a la tarde me daba el alta, se fue sin antes decirme que no iba a salir sana y salva si volvía a asustarlos. La enfermera se quedó, antes de decirme cualquier cosa, le dije que quería ir al baño; lavé mis dientes, mi cara, intenté peinarme y luego salí.

—No es primeriza, pero debo preguntar si va a amamantar al bebé, por si acaso —preguntó mientras monitoreaba el suero.

—Lo haré.

Quizás para algunas mujeres era un calvario, pero para mí darle a mis hijos el alimento que producía mi cuerpo era una conexión más entre nosotros. Ella me trajo a Anthony, sabía qué hacer, así que ella sólo espero si él recibía o no la leche, él comenzó a chupar y sonreí cuando su manito quedó sobre mi seno. De acuerdo, era posesivo.

La enfermera se fue y mis dos amores volvieron a mi lado.

—¿Es leche como la que me das en las mañanas? —preguntó Eileen con cara de asco—. Pobre bebé.

Edward rió y le explicó, quité a Anthony un segundo para obtener unas gotas de leche en mi dedo, le di a probar sabiendo que no le gustaría, ella se acercó reacia y sí, hizo una mueca de desagrado.

—Tú igual tomaste esta leche, y tomaste mucha —le dije tratando de no reírme.

—Es mala, mala, mala, mala, mala.

Mi hijo dormía a mi lado mientras mi hija lo observaba y sonreía acariciando su pequeña carita, Edward estaba sentado frente a mí, ambos veíamos a nuestros hermosos hijos, me incliné hacia adelante y puse mi rostro en su cuello, le dejé un beso, y luego otro.

—Te amo —le murmuré.

—Te amo también, mi amor.

Recibí visitas y regalos, mis sobrinas querían cargar a su nuevo primito cada cinco segundos, Eileen no decía nada, ella sabía que lo iba a tener viviendo en su misma casa por muchos, muchos años, pero eso no quitó que le dijera a Selene que Anthony era de ella. En la tarde, cerca de las cinco, pudimos irnos al fin del hospital. Suspiré aliviada, sólo quería mi hogar.

—¿Quieres que te prepare algo de comer? —preguntó él cuando entramos a nuestra casa.

Dejé a Anthony en el sofá con Eileen, ella quería tenerlo en sus brazos, era una imagen hermosa. Le asentí a Edward y saqué la cámara fotográfica de su bolso para inmortalizar a Eileen y Anthony juntos. La mirada de ella y la delicadeza con que tomaba a su hermano me hizo llorar.

—Gracias, por todo —susurró Edward abrazándome por mi espalda—. Cuando nos hicimos novios siempre tuve la imagen de una niña pequeña hermosa como tú, y ahora ese pequeñín podrá ayudarme a mantener a los idiotas que quieran acercarse para corromper a mi bebé.

Me di la vuelta y lo abracé por la cintura, mi barriga había bajado, pero seguía inflada, sin embargo podía obtener ese abrazo que había añorado tanto estos meses. Le sonreí.

—Tu hijo será igual a ti, y pobre de la mujer que lo haga sufrir por ser tan bueno, comprensivo y lleno de amor. Seré la peor suegra si eso llega a pasar, tenlo por seguro.

—No me cabe duda, cariño, eres de temer como un gatito.

—Tonto —me puse de puntillas para besarlo, él mordió mi labio inferior—. No hagas eso, que tener que esperar me exaspera.

—Insaciable —bromeó abriendo sus ojos, asustado.

—Sí, claro.

Anthony era un bebé tranquilo, dormía lo que tenía que dormir, comía en su horario, prácticamente podía dormir toda la noche sin levantarme porque llorara, y ya la rutina estaba establecida. Él tenía ya tres meses y estábamos en verano, Eileen en vacaciones, Edward también y yo, bueno, yo había dejado de trabajar desde el sexto mes de embarazo, pero tenía mi puesto asegurado, aunque me habían llamado para hacerme algunas ofertas, no lo sé, lo estaba pensando.

¿Quién dijo casa de campo donde los Cullen en verano? Pues estábamos todos, y cuando digo todos, es todos. Viajaron los de Italia, Denali, con sus respectivas familias; había caras nuevas. Mis padres, Renesmee, Jacob y Alexa, mis cuñados, mis sobrinas. Era un verano ideal. Habíamos terminado de almorzar y ya todo estaba lavado y limpio, así que estábamos afuera mientras se bañaban y algunos jugaban a la pelota, verlos jugar me recordaba a Edward, Jasper y Emmett en ese último partido sorprendente. Quién podría haberlo adivinado, a mi hija le gustaba el fútbol.

Tenía a Anthony en mis brazos, con su cuerpecito hacia el frente para que pudiera mirar, lo vestí sólo con su pañal y una camiseta que me había regalado Emmett esa mañana, quería sufrir, porque decía «¿Eres tú mi papi?», y bueno, Edward había movido la cabeza divertido para después darle una paliza a su hermano mayor, que Dominique salvó, cabe decir.

—¿Cuándo irán ustedes a Italia? —preguntó Jane sentada a mi lado—. La casa de mis padres es realmente, realmente grande, necesitamos gente, no sé, por unos meses y que sean de California, sientan la indirecta.

—Estamos programando un viaje, pero sabes que hay que revisar cuándo puede uno y el otro y así acomodarnos, hay que organizar los horarios de todos —le dijo Esme con su tono maternal—. A los niños les haría bien conocer más lugares.

—Y a nosotras poder ir de compras —comentó Alice, la quedamos viendo—. Ya sé que en mis viajes compro mucho, pero no es lo mismo ir por ejemplo, con Bella.

—Por qué me metes en tus asuntos, Hale, odio ir de compras, más si es contigo o Rose.

—¿Ven que sería divertido ir con ella? —replicó Alice sonriéndome—. Te quiero, Bellita.

—No me queda de otra que quererte también, enana —ella siguió sonriendo, algo ocultaba—. Alice —dije mirándola fijamente—, ¿estás embarazada y no me habías dicho?

Ella abrió los ojos y todos los demás la quedaron viendo esperando una respuesta. Rose tenía a Dominique y Lillian, yo tenía a Eileen y Anthony, y Alice sólo a Selene, lo que era extraño, mi amiga siempre me había dicho que quería cuatro hijos sin mucha diferencia de edad entre ellos. Selene ya tenía cinco.

—No estoy embarazada, de verdad —contestó evasiva.

—¿Puedes tenerlo un momento? —le pregunté a Jane, ella asintió y le di a Anthony—. Tú, ven conmigo ahora.

La llevé al árbol inmenso que daba mucha, mucha sombra, la hice sentarse frente a mí y esperé a que soltara todo, Alice no era de aguantar demasiado cuando quería gritar lo que estaba pensando.

—No estoy embarazada, hace meses dejé de cuidarme y no ha pasado nada —comenzó a contarme mirando el césped—. No es que esté desesperada por ser madre de nuevo, sólo creí que me embarazaría con la misma rapidez que la primera vez, pero… —se encogió de hombros y un brillo en sus ojos me sorprendió, era entre culpabilidad y emoción—. ¡Es que es tan hermoso y tierno! —exclamó—. Cuando lo vi me enamoré de él, Bella, si pudieras conocerlo me entenderías, y me siento tan mal de sentirme así, aún no sé cómo decirle a Jasper, y pensar en Selene… me siento una mala persona.

De acuerdo, o se explicaba mejor y me decía de quién hablaba, o me iba a poner a llorar ahí mismo, porque no era lo que ella me dio a entender, no lo era. No.

—¿De… qué persona hablas, Alice? —pregunté casi con miedo—. Eres mi mejor amiga, te amo, lo sabes, y jamás pensaría nada malo de ti, así que explícate, por favor.

Sonrió.

—Pareciera que sí, pero no, tonta, no estoy engañando a Jasper ni nada, jamás.

—¿Entonces? ¡Dime!

Se movió emocionada y comenzó a hablarme sobre Matthew, el pequeño de un año que conoció mientras iba a donar la ropa de la familia a distintos sitios, era huérfano, su madre murió trayéndolo al mundo, lo bueno es que la hermana que lo cuidaba en el Hogar, le había dicho que Matthew había sido muy amado y esperado por su madre. Alice tenía mucho amor que dar, era una perdona caritativa y de buen corazón, si fuera por ella, adoptaría a todo niño sin familia para amarlo, pero ese pequeño le robó el corazón, la manera en cómo hablaba de él me lo dijo.

—Y me preocupa que Jasper me diga que sí y Selene no lo tomé bien, sé que Jazz me va a apoyar porque me ama, pero también quiero que esté seguro por él, no por mí. ¿Quieres verlo? Cuando he ido a verlo lo fotografié, y no sé si será por eso, pero se parece a Jasper y… pues lo quiero, quiero tenerlo conmigo y darle mucho, mucho amor.

Me enseñó a un pequeñín rubio, y sí, tenía un parecido a Jazz, podría fácilmente pasar por hijo biológico, era una ternura y sonreía tan feliz mirando a Alice. Sonreí como respuesta a la foto, era un niño encantador.

—Es precioso, Alice —le dije—. Creo que no deberías perder tiempo y hablar con Jasper, si quieres que lo quiera por él, llévalo a verlo y no hables de adoptar ni nada, dile que te pareció lindo y tierno cuando lo viste.

—¿Crees que funcione? De verdad lo necesito, a Matt le falta alguien que lo quiera, es tan de piel, Bells, pone sus bracitos alrededor de tu cuello y su cabeza en tu pecho y ahí se queda —me acerqué a abrazarla. Alice, un alma demasiado buena.

—¿Cuándo has desistido en algo, eh? Ve por él, Mary, eres la mujer perfecta para él.

Nunca había pensado en adoptar un bebé o un niño, y habían muchos que necesitaban afecto, una familia, y padres que necesitaban de ellos. Felizmente yo tenía todo lo que pudiera desear, y sabía que Alice con Jasper serían unos grandes y maravillosos padres para el pequeño Matt, y lo sé porque Jazz cuando lo viera se enamoraría también.

Volvimos con los demás, ahora Edward tenía a nuestro hijo en sus brazos y le hablaba causando que le diera una sonrisa desdentada. Me acerqué a ellos sin antes darle una mirada a Eileen que ahora se bañaba con sus primas.

—Mira quién viene ahí —dijo Edward volteándolo—. Es mamá.

Anthony gorjeaba moviendo sus bracitos y piernas al momento de acercarme, le di besos por todo su rostro hermoso.

—Te amo —le dije apretando sus mejillas, luego de darle un último beso, miré a Edward—. ¿Podemos ir a nuestro lugar secreto?

—Por supuesto que sí.

Llevé a mi hijo donde mi mamá, que estaba sentada en una manta sobre el césped con Nessie y Alexa.

—Hola, cariño —me dijo con su típica sonrisa—. ¿Vienes a tener una conversación con nosotras?

—Sí, pero luego, ¿puedes cuidar a Anthony por unos minutos, por favor? Papá cuidará a Eileen.

—Claro que sí, dámelo —se lo entregué y lo intentó sentar al lado de Alexa—. Dile adiós a mamá, serás mío hasta que termine de hacer lo que sea que vaya a hacer con tu papá.

—¡Mamá!

Renesmee rió y Renée se encogió de hombros como si no hubiese dicho nada malo. Me fui de ahí antes de que intentaran avergonzarme delante de los niños. Fuimos a ese lugar que seguía siendo muy especial, no sin antes escuchar los gritos de Emmett que felizmente no entendí bien.

Llegamos y Edward se lanzó al agua de inmediato.

—Si tu bañador no es azul, te recomiendo que entres sin él —dijo en cuanto salió a la superficie.

Meneé la cabeza escondiendo mi sonrisa, me quité el vestido azul para quedar en mi bañador azul. A ver si se daba cuenta.

—Sostenme.

Me deslicé lentamente mientras él me ayudaba, me abrazó y me llevó a lo hondo, envolví mis piernas en su cintura mientras el agua nos cubría, hacía tanto calor que era muy agradable sentir su frescura a esta hora de la tarde. Besó mi cuello tierna y sensualmente, él podía hacerme sentir de tantas maneras con sólo un gesto o una caricia.

—¿Sigues pensando que no te deseo? —murmuró subiendo sus besos hasta mi boca, cerré los ojos disfrutando—. Contesta —y mordió mi labio inferior.

—No lo sé, podrías ser más demostrativo para que me quede claro —lo provoqué.

—Pues tú pides algo y yo te lo doy, cariño.

Cuando hacemos el amor no es por costumbre o rutina, es la necesidad de estar con el otro, de sentirlo cerca, de tocar, acariciar, oír esos suspiros pesados o la respiración acelerarse, la piel sudorosa en contacto con la otra, verse a los ojos mientras cada uno llega al máximo placer, sentir que la otra persona te ama tanto o igual como tú la amas. Es indescriptible, sólo hay que vivirlo.

—Cásate conmigo.

Levanté la cabeza aún acompasando nuestras respiraciones, fruncí el ceño sin entender. ¿Se quería casar?

—Estoy casada contigo, mi amor —susurré.

—¿Y? Cásate conmigo de nuevo —repitió.

—¿Estás hablando de… tener otra boda? ¿En serio?

—Nos casamos en Las Vegas, sin nadie, sólo nosotros. Casémonos ahora tradicionalmente, elegirás el vestido con Renée y tus damas de honor, Charlie te llevará hasta a mí, bailaremos el vals con toda la familia y amigos viéndonos —murmuró con la idea ya fija en su mente—. Eileen sería la niña de las flores.

—De verdad quieres hacerlo —él me miró como si todo lo dicho anteriormente fuera obvio—. ¿Estás seguro? Vestido, invitaciones, fiesta, pastel, luna de miel.

Sonrió y me besó concienzudamente.

—Muy seguro —respondió al separarse. Su rostro se volvió serio—. ¿Quieres casarte conmigo, de nuevo, Bella?

Este hombre no iba a terminar de sorprenderme jamás. Pasé mis manos por su húmedo cabello y bajé acariciando su rostro hasta sus labios, labios que sonreían.

—Claro que quiero casarme contigo de nuevo —sonreímos, porque era algo tan absurdo, pero a la vez tan importante—. Estás loco, Cullen.

—Bésame ya, Swan.

Todo lo que necesito en mi vida son tres cosas: mi maravilloso esposo, mis dos hermosos hijos, y a esa alocada gran familia a la que estaré unida por siempre. ¿Qué otra cosa se podría querer teniendo ya eso?


¿Saben? Realmente esta historia significa mucho para mí, fue la primera que escribí y que hice pública, le tengo un gran cariño, es como mi bebé, ya saben.

Quiero agradecer de todo corazón a todas las personas que comenzaron conmigo esto y terminaron también conmigo. Gracias por sus comentarios tan lindos, por su infinita paciencia, por todo, quizás para algunos no signifique mucho lo que uno hace, eso de leer una historia y comentarla, y seguirla hasta el final, pero a mí cada uno de sus reviews es muy especial, sepan que he leído cada uno de ellos y los aprecio demasiado.

Ahora sí Bésala llega a su fin, estos dos últimos capítulos fueron porque... sinceramente no podía dejar de pensar en Edward y Bella como una familia criando dos hijos, mi imaginación no me dejaba tranquila, me disculpo por eso.

¡Reciban mi abrazo psicológico! Paz y amor, éxito, lo mejor para ustedes.

Hasta una próxima vez, no aquí, se los aseguro.