Capítulo 20¿Traición?
(T.D.)

Torom estaba sentado sobre la hierba, un poco amarillenta y seca, a unos diez metros de la roca donde Tyra descansaba. Era temprano, apenas comenzaba a dibujarse una línea blanca luminosa en el horizonte, rompiendo la oscuridad de la fría noche que los había acogido. Torom sólo observaba a las estrellas del cielo sucumbir ante la fiereza del sol matutino.

Miró hacia atrás a todas y cada una de las figuras que descansaban más allá. Zul, Lidda, Sikoth, Koru, Jason, Elia, Tyra...

"Qué grupo tan peculiar... sin duda..."

Ocho personas que se propusieron recorrer Mimir en busca de respuestas, aparentemente con motivos distintos... y ahora todos comenzaban a entrelazarse.

Zul iba tras Omino, quien al parecer se dirigía a Keel, sitio a donde le urgía llegar a "Pies de Fuego". Lidda estaba ligada a los hermanos por "Ardilla silenciosa", y eran los propios hermanos quienes querían ayudar a los otros a hallar a Omino y a Calik. Tyra iba detrás de Calik, aunque también estaba unida a Elia por su pasado.

Torom aún no encontraba la fuente de aquél poder oscuro que le había llamado a andar por Mimir. La sacudida que le había dado a su corazón aquella fuerza aún podía sentirse dentro de él. De algún modo misterioso y muy alarmante, la balanza de la luz y la oscuridad se había inclinado hacia ésta última...

También era muy... "curiosa" la forma en que esa serie de personajes se iban entrelazando por distintas razones. Quizás si se pegaba con ellos un rato...

La hierba comenzó a crujir detrás de él.

- Buenos días, Tyra – Llamó al ver a la pelirroja, de espaldas a él, ponerse de pie.

Tyra se volvió a mirar a Torom, haciendo que las miradas de ambos se cruzaran. Por un momento, él no la reconoció: lucía completamente distinta sin su segundo rostro plateado. Con él, lucía aterradora, escalofriante, perturbadora... sin él, seguía siendo perturbadora, inquietante y aterradora, aunque no de la misma manera.

- Buenos días – Respondió ella indudablemente confundida. Se notaba que no estaba acostumbrada a las conversaciones tan abiertas. Aún no confiaba plenamente en ninguno de ellos.

Se quedaron mirándose por cinco largos y embarazosos segundos.

- Entonces... um... ¿ibas a alguna parte? – Preguntó Torom para romper el incómodo silencio. La pregunta había caído sobre una Tyra aún confundida, aunque al final respondió con un dejo de duda en la voz:
- No... sólo acabo de despertar.

Fueron distraídos al notar que alguien más estaba despierto: Zul, que se desternillaba de risa (sin razón aparente) a veinte metros de ellos.

- Creo que iré a ver qué le pasa a ese – Indicó Torom haciendo una leve inclinación de cabeza para despedirse.
- Está bien – Contestó Tyra impasible.
- ¿Y qué te pasa a ti? – Le dijo el mercenario al chico lobo cuando se separó de Tyra.
- ¡Pusiste esa cara de idiota otra vez cuando estabas con ella! – Contestó Zul conteniendo apenas la risa.
- Cierra la boca ya, Zul, vas a despertar a todos – Le reprimió Torom.
- Sí, eres todo un chiquillo escandaloso – Dijo una voz detrás y abajo del chico lobo. Lidda estaba despierta y algo molesta.
- ¿Ya ves?
- Si no hubieras puesto esa cara de idiota...
- ¿Qué demonios hacen¡Es muy temprano! – Sikoth se integró a la conversación con cara de enojado, seguido por su hermano Koru, con un estado de ánimo casi igual.
- ¿Ves lo que haces chiquillo? Tus aullidos despertaron a medio Mimir – Le reclamó la halfling.

A Zul le hirvió la sangre, pero le pasó por la cabeza algo más:

"Otra vez hace referencia a... ¿aullidos¿Sabrá que soy un...?"

- Si no les molesta, yo partiré de inmediato, me urge llegar a Keel... – Intervino Jason tallándose los ojos y estirándose.
- Aún no, hay unas cosas que he pensado, quería discutirlas con todos ustedes – Dijo Torom mirando a todos uno por uno, incluida Elia que acababa de llegar. Por un momento reinó un incómodo silencio, pues nadie la conocía a ella, además de que su llegada había sido un tanto inusual.
- Buenos días – Dijo Koru al fin.
- ¿Qué tal? – Respondió la hechicera con toda la cortesía que pudo.
- Zul, trae a Tyra por favor – Pidió Torom.
- ¿Seguro que no quieres ir tú por...¡Ack! – Torom le dio un golpe en el estómago tan duro que le sacó todo el aire, haciendo que la respuesta de Zul apenas fuera audible: - ... hijo de puta...

Llegó Tyra completamente lista para partir. Llevaba la máscara de plata puesta encima, dándole de vuelta su aspecto fiero.

- Dime – Dijo con sequedad.

Torom comentó con ellos lo que había pensado acerca de la relación que tenía uno con el otro, y les dijo que creía conveniente que se mantuvieran juntos un tiempo (al menos hasta llegar a Keel). Quizás la respuesta para uno llevaría a la respuesta para otro...

Y Jason recordó algo que le había dicho Medea recientemente: "Veo que te encontrarás con unas personas... y su destino está relacionado con el tuyo."

- Por lo menos yo tengo que ir a Keel, si es que el tal Omino sigue allá... – Declaró el chico lobo -. Además, aquí el señor podría necesitar ayuda – Agregó refiriéndose a Pies de Fuego.
- La ayuda estaría bien recibida – Contestó el aspirante a caballero.

Torom entonces pensó que si Omino había ido al Lugar Maldito, sabría algo sobre lo ocurrido allá... pero entonces recordó que Omino estaba tan furioso que podía envenenarle la comida al ojiverde sin que éste se diera cuenta.

"Aunque puedo sonsacarle información a la fuerza, de cualquier modo Zul quiere desollarlo vivo..."

- ¿Lidda?
- Yo iré con ustedes, y no diré motivos.
- ¡Uy, tranquila! – Dijo Zul por lo bajo.
- ¿Koru y Sikoth?
- Adonde vaya Sikoth voy yo. Y él ya ha decidido ir a Keel.

Torom ya sabía la respuesta siguiente:

- ¿Elia?
- Pues estar con ustedes ha sido lo más cerca que he estado de averiguar algo sobre mi padre...

"Sé que adonde vaya Tyra irás tú"

- ¿Tyra?

La muchacha comenzó a maquinar sobre la situación: los hermanos habían estado buscando información sobre Calik, cosa que era privada. Si averiguaban más de lo conveniente quería estar cerca de ellos. Además, no podía diferir de la opinión de Torom, de una u otra forma, todos estaban conectados... quizás una respuesta guiaría a la siguiente.

- A Keel – Respondió con firmeza y sequedad.
- ¿Y él? – Preguntó Torom señalando con la mirada a un lobo grande que se paseaba cerca de un árbol. Había llegado con Elia y no se le había prestado atención por la conmoción de la noche anterior.
- Tendré que llevarlo supongo... vino siguiéndome– Respondió Elia indispuesta a profundizar más en el tema.

Todos miraron al animal, quien devolvió la mirada. Entonces Torom miró a los ojos del lobo y tuvo una sensación extraña que ni él supo describir. Sólo supo que después sentía recelo hacia el animal por una razón que no pudo explicar...

Marcharon en silencio hacia Keel. O no tenían tema de conversación los que ya se conocían, o sentían desconfianza hacia los otros... o en el caso de Jason, preocupación.

Jason dirigía la marcha con una lúgubre expresión en el rostro. No soltaba la empuñadura de su espada oxidada. Lidda iba alejada de él, aunque también iba adelante. Hasta el otro extremo, aunque también adelante, Tyra, con los ojos felinos fijos hacia el frente. Los hermanos, el chico lobo y el mercenario comenzaban a llevarse bien, así que iban juntos, aunque también algo callados. Y más atrás iba Elia, apretando el báculo de la Ciencia con una fuerza provocada por la desconfianza. Y aún más atrás la seguía el lobo, Anark, tranquilo cual perro siguiendo al amo.

- Eh, Koru – Llamó Torom.
- ¿Dime?
- Nos metiste en un lío con eso de la piedra¿sabes? – Comentó el mercenario.
- ¡Oh, Zul tenía razón¡Eres tan gruñón que pareces una anciana! – Se lamentó Koru. Torom miró a Zul de tal forma que a éste último se le erizaron los cabellos de la nuca (aunque él no dijo nada).
- ¡Nah, nada de eso! Es que quería saber qué tiene de especial una piedra como para robarla.
- ¡Oh, ya veo! Es la piedra Kiom, dicen que tiene una magia que permite ver el pasado de uno.

Torom sintió su estómago encogerse hasta alcanzar el tamaño de una canica. Siempre había tenido dudas sobre su pasado...

- Tendré que ver después si el robo valió la pena – Agregó Koru sacando una pequeña piedra de su bolsillo. A Torom se le iluminaron los ojos al verla.
- ¿Qué, nos la vas a robar tú a nosotros? – Dijo Sikoth con cierto recelo, mirando a Torom despectivamente.
- No... para nada...
- Está bien – Respondió Sikoth con seriedad, aunque sostuvo sus mirada por unos segundos más.

"Te condeno a muerte por encubrir a una asesina a sueldo."

- Pero eso es imposible... Medea jamás... – Jason aún no podía creer aquellas palabras de la persona encapuchada con la que se topó en las calles de Keel. Debía ser un loco, un simple mentiroso manipulador.

"Pero venía con soldados de Keel."

- ¡Pero vamos, por favor¡Es ciega! – Bramó con enojo, llamando la atención del resto del grupo. Al darse cuenta de su enojo, Jason se calmó y los demás regresaron a lo suyo: caminar y charlar, o caminar y pensar.

"¿Y quien era él... o ella?"

- ¿Y tú, qué piensas de ella, Sikoth? – Koru señaló con la mirada a Elia, quien caminaba sola detrás de ellos.
- Está bien – Respondió Sikoth con sequedad.
- ¡Vamos, está guapísima la muchacha!
- Lo sé.
- ¿O es qué te atrae más esa chica, Tyra?

Sikoth sólo gruñó en un intento de terminar con la conversación.

- ¿Y qué tal este chico, Torom? – Murmuró Koru para que no lo escuchara el mercenario, quien caminaba unos metros más adelante.
- Debo reconocer que es hábil... pero no termina de agradarme – Respondió el muchacho con cierta frialdad.
- Hm. Ya veo lo que ocurre aquí – Murmuró Koru, pero ésta vez sólo el mismo se escuchó.

Descansaron un tiempo tras varias horas de caminar, Keel aún quedaba lejos. Cortaron algo de bayas de arbustos cercanos y fue lo único que comieron. No tenían dinero, aunque no había en donde gastarlo de cualquier modo. Al ver a Jason tan desesperado, los hermanos decidieron que lo mejor era ayudarlo a calmarse. Blandieron sus armas y probaron las habilidades de Pies de Fuego... aunque no lograron más que desesperarlo más.

- ¡Y así quiero ir a buscar a Medea! – Exclamó desanimado.
- Mira, seremos sinceros contigo: jamás has sido entrenado, tus técnicas se formaron de tu imaginación y de lo que has observado de los soldados – Dijo Sikoth.
- Pero, PERO – Recalcó Koru -, tienes demasiado potencial, si desarrollas tus habilidades serás una máquina de matar.
- Y necesitas una espada nueva – Agregó Sikoth.
- Ésta me gusta, pero gracias – Respondió Jason. Le tenía bastante cariño a su oxidada y vieja espada.
- Con esa basura te van a matar de un momento a otro – Intervino Lidda.
- La quiero de cualquier modo, gracias.

Algo llamó la atención de Sikoth a mitad de la plática: Tyra sangraba de un brazo... y Torom estaba con ella. Así que se dirigió hacia allá mientras su hermano y la halfling debatían sobre las necesidades de Jason.

- ¿Cómo te hiciste eso? – Inquirió Torom al ver la herida.
- No es nada, ya déjalo – Respondió la muchacha algo incómoda.
- ¡Guau, eso está grande! – Exclamó Sikoth al llegar.
- Dije que no es nada, déjenme en paz.
- ¿Podrías dejar que te atendiéramos por una vez? – Preguntó Sikoth.
- Puedo hacerlo sola. Digo, he sufrido heridas más graves y todas se han curado solas.
- ¿Ni como pago de toda la ayuda que nos has dado? – Intervino Torom -. Nos diste comida sin pedir nada a cambio, no cualquiera hace eso con una bola de desconocidos.
- En serio, traté de curarme anoche, pero ya sanará por si sola...
- Si intentaste curarte y no tuvo efecto, no puede ser normal – Dijo Sikoth.

Mientras dos tríos de personas discutían, Elia estaba por un lado con Anark, y Zul observaba todo alejado de ella. Aunque el chico comenzó a llamar la atención del lobo Anark, por obvias razones, lo que le incomodaba, así que trataba de alejarse del animal cuanto podía.

- Nos vamos en un rato – Anunció Koru mientras su hermano y Jason intentaban entrenar de nuevo.
- ¿No sientes algo? – Le preguntó Zul al mercenario, quien notó que el chico lobo tenía la carne de gallina.
- ¿Te sientes bien? No siento nada.
- Tengo una idea: recogemos todo y nos largamos de aquí ya – Dijo con impaciencia.
- ¿Qué te ocurre, Zul?
- ¿Ves¡Anark concuerda conmigo! – Declaró al ver que el lobo alzaba el hocico y olfateaba, para después comenzar a gruñir molesto.
- Una criatura poderosa se acerca – Tyra salió de la nada -. Antigua y poderosa, alguien ha convocado a ésta bestia.
- Pues entonces la derribamos – Dijo Sikoth. Había escuchado la conversación y se acercó a sus compañeros para escuchar, junto con Jason.
- No podemos combatirla, ésta es una bestia poderosa, muy poderosa. No cualquiera puede convocarla.
- ¿Podemos irnos ya? – Pidió Zul con inquietud.
- ¡Ay, el chiquillo tiene miedo! – se burló Lidda.
- ¿Pero qué es que Tyra puede sentir y yo no? – Preguntó Torom.
- Sí, yo tampoco puedo sentir nada – Declaró Elia.
- Extraño... – Musitó Tyra con los ojos cerrados -. La bestia se dirige hacia... Keel. El que la invocó está en Keel.
- ¡Estamos justo en medio del camino!
- Vámonos ya, antes de que pase algo grave – Dijo Koru.

Recogieron lo que quedó de bayas, sus armas y siguieron su camino, trotando ésta vez. Anark encabezaba la marcha por su velocidad.

"Tyra pudo sentirlo, y los híbridos y animales también... quizás yo no pude sentirlo porque no hubo movimientos entre la luz y la oscuridad... podría ser eso. Pero ¿Elia?"

- ¡Más rápido, carajo! – Exclamó Zul.
- ¡Cálmate ya, no nos alcanzará!
- ¿Y por qué tú puedes sentirlo? – Preguntó Lidda.
- No sé¿por qué Tyra puede sentirlo? – Respondió Zul como defensa.
- ¿Y cómo no sentiste que viene detrás de nosotros? – Inquirió Tyra.

Todos miraron atrás al decir Tyra esas palabras. Una nube de polvo se dirigía hacia ellos como una estampida, aunque iba en contra del viento.

- ¡Rápido, rápido! – Los apremió Tyra -. ¡No pierdan tiempo con las espadas, no podemos combatir esto!
- ¿Pero qué es? – Bramó Sikoth para sobreponer su voz al rugido del aire.
- No sé con exactitud, pero es poderoso – Respondió la muchacha.

Elia se quedó atrás con el Báculo de la ciencia en la mano. Por alguna razón, Anark regresó hacia ella y se plantó detrás de la muchacha. La hechicera levantó el báculo, su punta brilló con una luz verde, y una ráfaga de viento chocó con la nube de polvo.

- ¡Tengo el viento a mi favor, pero no podré con esto! – Exclamó la muchacha enfrentando viento contra viento.

Tyra regresó también.

- ¡No me ayudes, tú! – Bramó Elia.

Haciendo caso omiso, la shinobi levantó su mano y murmuró unas palabras que quedaron completamente ahogadas. Aunque esto no detuvo al hechizo de surtir efecto, y la fuerza del viento que usaba Tyra duplicó su fuerza. Aunque aún así era fuerte para ambas, los ojos de preocupación de Tyra dijeron todo.

- ¡Sólo corran! – Gritó Zul, aunque ni siquiera él oyó lo que decía -. ¡Y tú regresa, animal, te van a matar! – Gimió desesperado al ver a Torom regresar para brindar ayuda.

"Espero que esto funcione. No quería hacerlo, es peligroso, pero veo que no queda opción...", pensó Torom.

- ¡Aléjense de mi! – Bramó Torom, y él apenas se hizo oír. Tyra y Elia se negaron al principio, pero fueron alejándose paulatinamente sin dejar de empujar.
- ¿Qué harás? – Preguntó Elia.
- ¡Ya verán, pero necesito que se alejen bastante!

La nube de polvo seguía embistiendo con fiereza. Si Tyra y Elia dejaban de contrarrestarla, se iría encima de Torom y quien sabe qué podría ocurrirle.

- La más oscura de las sombras, la que consume y devora todo... – Murmuró Torom y su mano izquierda fue envuelta por un guante negro, ni sólido, ni líquido ni gaseoso -. ¡Váyanse ya!

Elia bajó su báculo y Tyra sus manos. La nube se abalanzó sobre Torom con un rugido, aunque él alcanzó a gritar:

- ¡Umbra de oblivio!

Sus ojos se pusieron totalmente negros. Levantó su mano y un agujero negro se abrió frente a él, devorando a la bestia con rapidez. Al instante Torom comenzó a sudar y las piernas le temblaban, pero se mantuvo en pie hasta que la criatura invocada soltó un último rugido y fue succionada por el agujero negro, que se cerró cuando todo acabó.

El mercenario se desplomó sobre la hierba, sudoroso y jadeando. Zul, Tyra y Elia llegaron a su lado primero, seguidos por Jason, Sikoth, Koru y Lidda, quien se mantuvo más alejada.

- ¿Qué hiciste¿Qué pasó con esa cosa? – Zul comenzó a preguntar como loco hincado a un lado del ojiverde.
- Es un potente hechizo de magia de sombras – Respondió Torom entre jadeos -. Se supone que desvanece todo lo que se traga... pero ésta cosa no... sigue viva.
- Dije que era inútil combatirla – Señaló Tyra.
- Al menos estamos a salvo por ahora - dijo Elia.
- Nos dará tiempo suficiente para llegar a Keel – agregó Torom.
- ¿No es hacia allá hacia donde se dirigía la bestia, según Tyra? – Preguntó Koru.
- Yo voy a Keel de cualquier modo – Declaró Jason.
- No confíen del todo en lo que digo, aunque fue lo que sentí – Se defendió Tyra.

Pasaron varios segundos de silencio para que se recuperaran de la conmoción.

- Vámonos ya, antes de que regrese – Pidió Zul.
- Esperen... – Musitó Torom -. Quedé demasiado débil, no es un hechizo que deba hacer a menos que la situación sea muy extrema... ¿alguien me podría ayudar?

Zul le tendió la mano para levantarlo, aunque todo el esfuerzo recayó en él. Cuando Torom estuvo de pie, cayó al suelo estrepitosamente en menos de tres segundos.

- Está bien, yo te cargaré en mi espalda... – Declaró Zul con pereza.

- Nos están siguiendo – Declaró Tyra.

- Y ésta vez no son simples bandidos – Agregó Torom.

- Ponte esto, anda – Uno de los hermanos le tendió su capa a la shinobi.

Estaban ya a las puertas de Keel, una muralla de rocas rota por un portón de madera. Para prevenir, habían decidido que lo mejor para Tyra era ocultar su rostro. También pensaron que quitarle la mascarilla sería prudente, pues era fácilmente reconocible. Aunque ella no aceptó, ni pensó remotamente en hacerlo.

- ¿No tienen otra capa? – Inquirió Jason -. Zul, tu capucha podría serme útil.
- Um... pero hace un poco de frío aquí¿no? – Dijo el chico lobo.
- Estás sudando – Señaló Lidda.
- Es por cargar al chaval este... vaya que pesa, no sé cómo puede con su espada.

Torom ya podía sostenerse sobre sus propias piernas, aunque aún temblaba de repente.

El otro de los hermanos se quitó su capa y se la tendió a Jason, les había explicado éste que lo estaban buscando en Keel, si quería entrar debía disfrazarse.

Los dos soldados que cuidaban la entrada no pusieron reparo en abrirles paso, cosa que extrañó a Jason desde el primer momento. Sabrían los pájaros lo que había pasado en Keel después de que él se fue... ¿Se habrían calmado las cosas? Era imposible saber, viendo que ni siquiera sabía la identidad se su atacante.

Tan pronto se cerró el portón detrás de ellos, Jason echó a correr como un demente.

- ¿Adónde vas, Jason? – Llamó Elia. No obtuvo más respuesta que la voz de un Zul maravillado:
- ¿Con que Pies de Fuego, ah?
- Vamos – Dijo Koru.

Lo siguieron a través de callejones vacíos y luego por calles abarrotadas por civiles y soldados. Finalmente todo a su alrededor se tornó vacíos, frío y viejo, y ante ellos se erigió un templo en ruinas. Estaba más destrozado de lo que Jason recordaba.

Se quitó la capa y la arrojó al suelo cual trapo viejo. Observó el templo de arriba abajo con desesperación en los ojos, y entonces caminó por las escalinatas de roca fría con lentitud.

- ¿Medea? – Gritó. Le respondió su eco desesperado.
- ¿Quién es...? – Comenzó a decir Zul, pero Lidda lo detuvo.
- No hagas preguntas, déjalo ser.
- ¿Hay alguien¿Medea?

Todos caminaban detrás de él, deteniéndose en donde Jason se detenía. No había ni un alma, ni siquiera una rata o una araña. Aunque aún había manchas de sangre en el suelo.

- Los niños... ¡¿Cómo pueden hacerle esto a un niño?! – Bramó furioso tratando de contener las lágrimas que empezaban a formarse en sus ojos. No permitiría que le vieran llorar, aunque los recuerdos de aquella noche hacían de ello una difícil labor. Recordaba los alaridos de los niños como si los escuchara en aquel momento. ¿Quién podía matar a un niño que pedía la vida con las lágrimas de sus ojos?

Avanzaron más y Jason pudo ver a una figura encapuchada dentro del templo. Aún con la capucha encima se veían cabellos claros ondeando con el aire.

- ¡Medea! – Exclamó Jason precipitándose hacia la persona.
- ¡Cuidado Jason, puede ser una trampa! – Gritó Sikoth en vano.
- ¡Medea, Medea!

Pero hacía muchos años que aquella persona había dejado de ser una chica rubia de quince años. Era un hombre muy, muy anciano, tan arrugado que era difícil distinguir la comisura de los labios del resto de las arrugas. Sus ojos habían sido cafés en algún tiempo, pero las cataratas los habían vuelto grises.

- ¿Dónde está Tyra? – Preguntó el anciano con calma al ver a Jason.
- ¿Cómo sabe...? – Jason, aunque bastante desilusionado, se dio cuenta de que había metido la pata: habían caído en una trampa.
- Espera – Intervino Tyra antes de que Lidda terminara de decirle a Jason de que se iba a morir. - ¿Gesher?

- Así que Ethan te ha dejado ir por fin. Me alegro, él me ha dicho que eres una joven excepcional. Sea lo que sea que buscas alcanzar, sé que tienes el potencial de alcanzarlo, muchacha.
- Gracias, maestro Gesher – Dijo Tyra en voz amable.

Su refugio era el templo, cosa que Jason encontraba difícil de creer considerando lo ocurrido allí hacía algunas noches. Quizás Gesher no lo sabía.

- Ah... Siento la inquietud en ustedes. Tienen preguntas y han buscado las respuestas por mucho tiempo.

Miro en los ojos a todos, uno por uno.

- ¿Dónde están Calik, Omino, Medea¿Ardilla silenciosa¿Qué ocurrió en el Lugar Maldito?
- Este tipo ya me dio miedo – Musitó Zul al oído de Torom.

El mercenario miraba con inquietud por la ventana. No le gustaba estar allí, le resultaba extraño que el templo estuviera descuidado por el ejército después de las cosas bizarras y crueles que habían ocurrido en Keel.

- Muchas preguntas... lamentablemente no tengo ninguna de las respuestas, ni siquiera la tuya, Tyra – Se sentó en uno de los banquitos de madera junto a una destartalada mesita, donde Lidda había subido sus pies (y de donde no los bajó). A pesar de la matanza, el templo estaba intacto por dentro, las pertenencias de los niños seguían allí.
- ¿Sabe usted Gesher lo que ocurrió aquí hace unos días? – Preguntó Jason con una vaga esperanza sobreviviendo en su corazón.
- Llegué aquí ayer, y aunque he escuchado cosas, no sé qué haya ocurrido realmente.

Jason, al borde de la histeria, pateó el banquito donde estaba sentada Elia... aunque no se había fijado que ésta estaba sentada, así que la derribó, molestando a Anark.

- Quizás sería bueno que uno de nosotros, que no sea Tyra ni Jason, salgan al pueblo a investigar – Dijo Koru -. ¿Qué tal tú, Zul?
- No te ofendas, Zul, pero tu vestimenta harapienta te pone en peligro – Dijo Jason -. Podrían confundirte con uno de los niños sobrevivientes a la matanza.
- Podría ir yo, o Torom – Sugirió Elia ya de nuevo sobre el banquito.
- ¿Dónde está Torom? – Preguntó Tyra. El mercenario se había desvanecido del lado de Zul.

"Te encontré", dijo el mercenario para sí, precipitándose hacia la calle desde el templo. Su mano bailaba sobre la empuñadura de su espada.

Se internó en un callejón vacío y dobló a la derecha en otro. Lo había perdido. Si tan solo se hubiera asomado por la ventana antes...

Ladeó la cabeza justo a tiempo para evitar que una flecha le atravesara los sesos. Torom miró arriba y por fin lo vio.

- ¡Baja acá, Omino, debo hablar contigo!
- ¡Traidor! – Bramó el asesino disparando una vez más, sin acertar. Saltó del techo y aterrizó ayudándose de los tendederos y las cornizas.
- ¡Calma, debo preguntarte unas cosas!
- ¡Yo trato de limpiar este mundo de bestias y tú me escupes la cara! – Desenvainó la espada y asestó un mandoble que Torom bloqueó con su espadón.
- ¡No voy a pelear contigo, puedo matarte!
- ¡Tu corazón noble de mierda te impediría matar hasta a una cucaracha! – Lanzó una estocada.
- ¿Qué haces aquí? – Recibió otro mandoble como respuesta -. ¿Qué sabes del Lugar Maldito¿Qué ocurrió aquí en Keel? – Esquivó la estocada con un salto hacia atrás, pero no la patada a la quijada. - ¿Sabes quién es Calik?
- No sé nada de lo que me preguntas, y si supiera no te diría nada¡hijo de perra!
- ¿Qué te ocurre?
- Desde el día de nuestra pelea decidí que te mataría en donde te viera.

Omino atacó con una lluvia de espadazos, patadas y puñetazos. Torom recibió sólo un corte poco profundo en la pierna izquierda, y como consecuencia recibió todas las patadas que Omino le quiso dar.

- ¿Qué ocurre, muchacho? Estás débil. O te has ablandado, o es que usaste Umbra de Oblivio... ¿será?
- ¿Cómo sabes qué...? Espera... – Parecía imposible de creer que Omino pudiera invocar algo así -. ¿Tú invocaste a esa cosa?
- ¿Yo, un invocador? Ja... Torom, hay cientos de invocadores en Mimir y vienes a preguntarle a un asesino.
- Pero sabes quien fue...

Omino respondió con un ataque curvo de su espada, haciendo un pequeño corte en la ropa de su rival. Torom quedó atrapado entre Omino y la pared, recibió una patada más que lo mando volando hacia la pared, estrellando su cara contra una ventana.

- He conseguido el poder... y voy por más – Musitó Omino. El brillo en sus ojos se tornó rojizo, y Torom notó algo que no había visto antes: el asesino tenía los colmillos y los dedos más alargados, y de repente le temblaba el cuerpo.
- ¿Cómo sabes que alguien invocó a esa bestia? – El muchacho sacó la cabeza de la ventana rota, abrumado por los golpes y lo alaridos de la mujer dentro de la casa.
- Muere ya, Torom Derdim – Murmuró Omino apuntando con la espada al pecho del muchacho.

Antes de que pudiera dar el golpe final, él mismo recibió un golpe en la boca que le sacó mucha sangre. Zul sostenía su bastón en posición de batalla, a lo que Omino respondió con un chillido que distaba mucho de ser humano.

"Zul no tendrá oportunidad, aún no es tan fuerte... debo ayudarlo..."

Entonces llegó Lidda y asestó varios piquetes con el florete al asesino, seguida por una ráfaga de fuego lanzada por Elia, aunque Omino logró esquivarla. Llegaron Tyra, Sikoth, Koru y Jasón atrás, listos para pelear.

- ¡Estás rodeado, Omino! – Bramó Torom blandiendo su espada, como hacían todos sus compañeros con sus respectivas armas.
- Sí, pero yo no pierdo. Miren alrededor – Dijo Omino con voz burlona.

Romper aquella ventana había traído sus consecuencias. El callejón estaba hasta el tope de soldados de Keel, había cientos, o miles, llenando el callejón (y seguramente todas las calles contiguas). ¿Qué tenía eso de bueno para Omino?

- Siento dejarlos, pero tengo que ir a recoger mi recompensa. Verás, ese es mi trabajo, caza-recompensas – Omino echó a caminar hacia atrás sin despegar la mirada burlona de Torom. Se mezcló entre el ejército como si nada ocurriera y desapareció entre un mar de metal gris.
- ¡Está aliado con ellos¡Esperen, él es el criminal, no nosotros! – Bramó desesperado y furioso a la ver el joven mercenario.
- ¡Atrápenlos, los quiero a todos vivos! – Dijo una voz que aparentemente venía de todos lados. Era tan fría y atona que era difícil saber si era un hombre o una mujer...
- ¡¿Dónde estás?! – Gritó Jason al escuchar esa voz.

Todos trataban de abrirse paso entre aquel interminable mar de frío metal, aunque eran demasiados. Aún habiendo derribado a cincuenta soldados en segundos, en grupo sabía que no duraría mucho más así. Estaban golpeados y sangrados, incluso Tyra se las veía negras. Jason había perdido toda esperanza de hallar a Medea, a Zul le aterraba pensar en lo que le harían si lo atrapaban. A Torom le hervía la sangre por haber perdido contra Omino. Elia, los hermanos, y Lidda sobre todo, se arrepentían de haber metido la narizota donde no les importaba. Anark ya se había escapado.

No los dejarían seguir defendiéndose. No supieron de donde vino esa lluvia de luces azules, pero en cuanto les dio, todos cayeron al suelo, paralizados, envueltos en una red de rayos.

Poco a poco fueron perdiendo el conocimiento. Tyra quedó despierta el suficiente tiempo para ver como esposaban a sus compañeros, antes de sucumbir ella también.