Disclaimer: Shingeki no Kyojin no me pertenece, el autor es Hajime Isayama. Igualmente, "Yo soy Betty, la fea" es obra de Fernando Gaitán y RCN Televisión. Yo solo hago uso de los personajes y la trama para esta historia. Declaro también que la canción incluida no es de mi autoría.

N.A: Lo subí antes porque... porque es importante, y quería que lo lean de una vez :'D además, hoy mi fic cumple dos meses n_n Ya casi llegamos a los noventa reviews, en cierta forma me siento orgullosa porque tiene una cantidad considerable a pesar de no tener lemmon (aún).

Más notas al final.

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CAPÍTULO VIGÉSIMO PRIMERO.

"UN MUNDO RARO"

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"La chance abandonne celui qui ne sait que laisser les coeurs blessés

Tu n'auras personne pour te consoler tu ne l'auras pas vol'e"

(La suerte abandona a aquel que solo sabe romper corazones

No tendrás a nadie que te consuele, tú te lo has buscado)

April March.(*)


"– ¿De qué murió?

– Se ahogó con todas las cosas que nunca dijo".


Ansiosa. Ninguna otra palabra podría definir cómo se sentía Petra en esos momentos. Daba vueltas alrededor de su oficina con una copa de cognac en la mano a la espera de la llegada de su secretaria, Hitch. La noche anterior esta le había dicho por teléfono que por fin había descubierto quién era la amante de su novio y, teniendo su nombre, al fin podría actuar. Por su mente cruzaban mil y un formas de vengarse de la mujer que se atrevió a entrometerse n su relación. Porque, a su juicio, era ella la causante de todo y Levi solo había cedido a lo que esta le proponía.

Por fin, sobresaltándola un poco al oír cómo se abría la puerta, apareció Hitch.

– Al fin llegas, maldita sea. Dime, qué me tienes.

– Preferiría que se siente, la noticia es demasiado impactante...

La mujer, algo fastidiada porque su secretaria no le decía lo que quería oír, aceptó su sugerencia. Cruzó sus piernas y agitó su pie en señal de impaciencia. Hitch se quedó de pie frente a ella.

– Señorita Petra, ¿recuerda que aquel día que vi a su novio en el cine le dije que la acompañante del señor Levi tenía el cabello castaño, hasta los hombros, y era más alta que él y usted?

– Sí, lo recuerdo.

– A veces nuestros enemigos están más cerca de lo que pensamos.

– Sé clara –abandonó la copa sobre su mesa y su mano viajó de su sien a su muslo, dándole un pequeño palmazo–, estoy perdiendo la paciencia...

– Dentro de esta empresa, ¿quién tiene esas características?

Petra estuvo a punto de decir un nombre, pero se calló de inmediato, quedando con la boca abierta. A su mente llegó la imagen de una persona, y tanto horror le causó que se tapó la boca con una mano.

– No estarás hablando en serio...

– Sé que es increíble, ni yo misma me lo creí cuando comencé a sospechar... Pero en realidad todo cuadra. Desde hace ya un tiempo me di cuenta de que salen juntos a menudo, siempre daban la excusa de que se trataban de asuntos de trabajo, pero estos días... La otra vez lo vi correr casi detrás de ella y ese día del cine, si atamos cabos... Definitivamente es ella, su asistente.

Petra estaba furiosa. De inmediato recordó ese día que los descubrió agitados cuando abrió de golpe la puerta de la oficina. También recordó todas las veces que la defendió, cómo aceptaba todo lo que le sugería...

– Yo acabo con esa perra... La acabo... –se puso de pie en un brinco y tomó la copa que tenía a su alcance para arrojarla al suelo, quebrándola en mil pedazos– Cambiarme a mí, por ella... Y yo de idiota le pedí que me diga con quién me estaba engañando...

– Señorita, cálmese... No sirve de nada ir a encararla ahora, piense en un mejor golpe.

– ¿Qué sugieres? –sus ojos chispeaban furia y, dispuesta a oír a su secretaria, se serenó un poco.

– La verdad a mí siempre se me hizo muy sospechoso que, para su edad, no tenga ninguna experiencia laboral, sobre todo me preocupa que es extranjera –su cabeza estaba trabajando y acompañaba esta con su cuerpo al viajar de un lado al otro de la habitación– ¿No se le pasó por la mente que nos está engañando?

– ¿Engañando cómo?

– Se me ocurre que si pudiera revisar su currículum podríamos averiguar más cosas sobre ella... Dicen que es de una gran universidad alemana, pero ¿qué tan cierto será eso? Es muy capaz, pero tiene un aire sospechoso.

– ¿Quieres que revisemos su historial para ver qué le podemos sacar de malo?

– Si lo conseguimos podría... ¡Podría desenmascararla en la junta de hoy!

– Entonces yo traigo eso ya mismo... Voy a acabar con esa maldita. Hoy mismo sale de esta empresa.

Con gran ímpetu, Petra salió de su oficina tirando la puerta, dejando a Hitch en esta. Rápidamente se dirigió a la oficina de Connie Springer para conseguir el currículum de la amante de su prometido.

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Pesadamente se iba levantando Levi. Estaba echado sobre su cama y tenía una pequeña bolsa de hielo tirada a un lado, se había quedado dormido y no tuvo fuerzas para apartarla. Si no se hubiera movido durante su sueño tendría la cara entumecida por el frío de la bolsita.

Estaba más que arrepentido por lo que había hecho la noche anterior, pero la misma Serena lo había llevado a comportarse de esa forma. No pensó que esa "mujer" tuviera tanta fuerza y habilidad para golpearlo tan duro.

Le dolía mucho la quijada, pero tenía un compromiso con la empresa. Al haber estado fuera de su departamento hasta muy tarde no tenía forma de saber si sus padres volvieron. Su madre no le había dejado ningún mensaje, así que asumió que aún no habían regresado de su viaje. Seguramente llegarían para la junta de la tarde.

Había decidido tomarse un mes para dejar todo en orden y luego abandonar la empresa junto a su mocosa, pero con lo que había hecho dudaba que vaya a perdonarlo. Tendría que hacer algo trascendental, sobre todo porque tenía que decirle su verdad.

Pensando en todo lo que le esperaba ese día, se puso de pie de golpe y abandonó la cama. Tenía que estar listo cuanto antes. Lucharía por su mocosa.

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– ¿Estás listo, Eren?

– Más que listo. Deséame suerte, Armin. Había pensado que quizá te necesitaría, pero Farlan y Hanji van a estar conmigo. Así me siento fuerte.

– Me preocupa eso que me dijiste anoche... No hagas ninguna locura.

– Locura sería no hacer lo que haré. Nos vemos en la tarde, Armin...

Eren ni siquiera estaba arreglado. Apenas se había puesto la peluca y los lentes pero había obviado el maquillaje. Cargaba en sus hombros ya no su clásica carterita sino un maletín algo grande. Abandonó su casa, dejando a Armin con muchas cosas por decir.

Ya poco importaba, había tomado una decisión.

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– Listo, aquí lo tengo.

– Bien, señorita. Ahora leamos los datos más resaltantes.

Luego de obtener el currículum, Petra y Hitch se encerraron para poder leerlo con detenimiento. Ambas se sentaron, juntando sus sillas para compartir la lectura..

– Serena Aufrichtig... –con su vista y su dedo Hitch iba recorriendo el documento– Veintisiete años... Egresada de Flügel der Freiheit... ¿Será cierto eso?

– ¿Cómo lo comprobamos?

– No sé... Podríamos llamar allá... Supongo que si preguntamos nos dirán si en verdad egresó.

– La universidad tiene su propio número de teléfono, pero es alemana ¿Cómo preguntamos?

– Supongo que tendremos que hablar en inglés para que nos entiendan.

Petra cogió el teléfono y digitó los números. Ambas mujeres estaban comiéndose las uñas. Al fin contestaron.

– Buenos días –saludaba Petra–, me gustaría corroborar si una aspirante a un cargo de la empresa en que trabajo ha estudiado en su universidad... ¿Su nombre? Serena Aufrichtig... Sí, descuide, yo espero... –tras un breve momento, la expresión de Petra varió de la sorpresa a la satisfacción. Un pensamiento malsano inundaba su mente– Muchas gracias, que pase buen día.

– ¿Qué le dijeron?

– Esa cosa horrenda no ha estudiado allá ¡Estos papeles son definitivamente falsos, miente!

– ¿Qué piensa hacer entonces, señorita?

– Esperar a que llegue la junta de la tarde. Me las va a pagar.

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Eren llegó rápido a la empresa, si quería poner en marcha su plan debía actuar rápido. Se fue directo a su "cueva". Al entrar la nostalgia le dio de golpe. Sería su último día ahí.

– Adiós, cuevita. Tú no tienes la culpa de nada... La culpa es mía por ser tan idiota.

Agitó un poco su cabeza para alejar esos pensamientos y fue directo a encender su computadora, dejando en un rincón muy escondido el maletín que había cargado. Buscó entre sus archivos guardados y encontró su carta de renuncia. Tenía que imprimirla y sacarle varias copias, pero primero quería revisar su informe. Ahí estaban: el real y el maquillado.

¿Qué iba a hacer? Solo él lo sabía.

– No.. aún no puedo imprimir nada, primero necesito otras cosas...

Se acercó a su librero y extrajo de este un pequeño fólder acordeón, el cual contenía muchos papeles que variaban de tamaño, algunos eran A5 y otros A4. Con presteza los tomó y los depositó sobre su escritorio.

– Debo darme prisa, tengo que estar listo antes de que llegue ese enano... Debo hablar con Sasha también...

Cogió un fólder muchísimo más grande y depositó sus hojitas en este, después tomó su USB y guardó los archivos que acababa de revisar. Con todo lo que necesitaba ya en sus manos, corrió a las fotocopiadoras para librarse del peso que estuvo cargando durante tantos meses.

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Levi llegó a la empresa y tuvo que aguantarse las miradas indiscretas de las secretarias del piso, especialmente la de Sasha. Las muchachas se preguntaban qué le pudo haber ocurrido para que esté todo morado e hinchado. Procuró ignorarlas y fue a su despacho a trote, quería encontrarse de inmediato con Serena para poder hablarle. Si tardaba un poco más Kenny llegaría y ya no tendría ninguna oportunidad.

Grande fue su frustración al no encontrarla. Sin embargo, supo que estaba ahí al ver que había dejado su computadora suspendida. Solo era cuestión de esperar a que regrese de donde sea que haya ido, así que se fue a sentar a su silla para esperarla y sea inevitable verse.

Era muy de mañana, pero se le hizo bastante extraño que, tras más de una hora, la muchacha no regrese ¿Qué podía estar haciendo que ocupe tanto de su tiempo?

Su temor se hizo realidad. La puerta de su despacho se abrió y apareció Kenny, algo bronceado y con energías renovadas.

– Buenos días, Levi ¿Cómo ha estado todo por aquí? –reparó entonces en su rostro hinchado– ¿Qué te pasó?

– No te incumbe –su frustración solo crecía, cada vez las cosas se le complicaban más y más–, ni siquiera sé a qué has vuelto...

– A ver si eres capaz de manejar esta empresa, por supuesto.

– Sé perfectamente que solo querías un heredero, pero aun así siempre dudaste de mi capacidad para dirigir esto, mi madre te convenció de hacerme presidente. Estate tranquilo, tu empresa estará bien dentro de poco.

– ¿A qué te refieres con eso?

– Quiero hablar contigo en la noche, luego de la junta.

Nuevamente abrieron la puerta y ambos hombres giraron para ver de quién se trataba. Eren, con múltiples papeles y archivadores en las manos que cargaba torpemente, aparecía. Se asustó un poco al verlos a ambos, pero pronto se recuperó, saludó al ex presidente y corrió hacia su "cueva".

– Bien, Levi –retomaba la conversación Kenny–, llegamos hoy muy temprano, tu madre está en nuestra casa y quisiera que vayas a verla. Te ha extrañado bastante, por eso vengo, quiero que me acompañes un rato.

Definitivamente no iban a dejarlo tranquilo. Quería en ese mismo instante hablarle a Serena pero, como supuso, Kenny sería una piedra en el zapato.

– Ve yendo, te alcanzo en un rato –vio que su padre estaba algo escéptico–. Sí voy a ir, solo adelántate y no me jodas...

El hombre salió, pero fue caminando muy despacio, quería ver si era cierto lo que le decía su hijo.

Una vez solo, Levi se incorporó de un tirón y fue directo a ver a su asistente.

– Serena.

– No necesito que me diga nada –había estado organizando sus papeles en siete carpetas, pero al ver que Levi entró ocultó de inmediato sus hojas–, ya bastante tengo con el trabajo de hoy.

– Quiero hablar contigo, pero Kenny está aquí y me es imposible. Espérame a después de la junta, entonces podré decirte muchas cosas.

– Como quiera.

Nuevamente esa indiferencia. Cómo le dolía haber actuado como un salvaje la noche anterior, sobre todo tras ver cuán fría podía ser la persona que amaba.

Abandonó la oficina con un dolor en el corazón. Nuevamente sentía que algo malo iba a suceder.

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La hora corrió y pronto llegó la tarde. Levi se la había pasado en la casa de sus padres visitando a su madre tras su viaje. Quería a su madre aunque le guardaba cierto rencor por haber sido la principal promotora de su nombramiento como presidente, pero podía entenderla. La estimaba, no obstante no se comunicaban. La mujer no tenía ni idea de los sueños de su hijo, ella creía firmemente que este deseaba con toda su alma suceder a su padre. En realidad ese era su propio ideal, que su hijo le siga los pasos.

Estar alejado tanto tiempo de la empresa comenzaba a inquietarle y, argumentando que tenía que ir a preparar todo para la junta, tuvo chance de huir de esa casa. Su madre creía que se estaba volviendo más responsable y por eso regresaba al trabajo.

Subió a su auto y condujo a gran velocidad, necesitaba ver a su asistente de inmediato, su ausencia le iba carcomiendo el alma poco a poco.

Mientras él viajaba a la empresa, Eren estaba en su "cueva" organizando todo. Ya tenía listas sus carpetas y por eso se dio un respiro, revisando alguna noticia en internet. Quería ver atractivos turísticos de Japón y lugares buenos donde comprar diverso merchandising de sus series favoritas.

– Eren, ¿cómo estás?

Farlan había llegado un poco más temprano para poder charlar con su "hermanito".

– ¡Hola, Farlan! Estaba buscando en internet cosas sobre Japón que me pueden servir... Ya quiero estar allá, ¿sabes?

– Me da gusto que tengas ánimos –se quedó en el marco de la puerta y lo observó con cuidado. No parecía triste, pero algo en su aura no le estaba gustando–. No quiero incomodarte, pero me gustaría saber si ya le contaste a tus amigas sobre... ya sabes... que eres un chico.

– En eso estaba pensando –apagó un momento el monitor para prestar total atención a su conversación–. No sé si debo citarlas en algún lugar o directamente mostrarles quién soy.

– Haz como hiciste con Hanji y conmigo, por lo menos con nosotros resultó todo bien. Oye, ya va siendo la hora...

– Lo sé... Al menos los tendré a ustedes conmigo –su amistad con él le hizo imposible no advertirle, aunque sea en parte, lo que iba a hacer–. Farlan, voy a hacer algo, no sé si esté bien o mal, solo voy a hacerlo. No me juzgues y más bien ayúdame cuando llegue el momento. No hará falta decir nada, lo comprenderás todo de inmediato.

El modelo asintió.

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El tráfico impidió que Levi llegue a tiempo para al menos dirigirle algunas palabras a Serena. Se estaba desesperando. Para cuando estaba ingresando a la empresa apenas quedaban unos diez minutos para que dé inicio la junta. Seguramente Kenny también estaba llegando.

Fue directo a su despacho y al entrar se cruzó con Farlan. Se sostuvieron la mirada por un rato, desafiantes ambos. El modelo lo creyó una pérdida de tiempo, así que simplemente continuó con su camino. Por su parte, Levi se acercó a la "cueva" casi con desesperación.

– Mocosa... ¿Está todo listo?

– Más que listo –Levi pudo notar algo extraño en los ojos de su mocosa–. Adelántese, le doy alcance en un momento.

Sintiendo algo extraño, simplemente se fue. Su asistente le estaba tocando los nervios, parecía misteriosa.

– Adiós, oficina –cargó sus archivadores contra su pecho con cierta dificultad y salió de la habitación–. Ojalá nadie nunca más te ocupe –se detuvo un momento a contemplarla desde la puerta para luego echar un vistazo al despacho de presidencia–. Hoy nos jodemos todos, hijo de puta.

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Ya en la sala de juntas se encontraban todos. Hanji le echaba ocasionales miradas cómplices a Farlan y esto no pasó desapercibido por Erwin, molestándose un poco ¿Desde cuándo ellos se tenían tanta confianza? Incluso Isabel parecía algo enfadada.

Sorprendentemente, Kenny también estaba ahí. El tráfico solo había afectado a Levi, quien también ocupaba su lugar en la mesa junto a Petra. Solo estaban esperando a Eren.

Por fin apareció, y Farlan estuvo a punto de ponerse de pie para ayudarlo con las carpetas, pero el muchacho lo frenó amablemente. Vio el rostro de cada uno y descubrió que Petra lo miraba divertida. Poco le importaba, ya no tendría que bancarse a esa mujer en unas pocas horas. Rodeó la mesa despacio y a medida que avanzaba dejaba una carpeta delante de cada accionista. Dejó para el final a Levi, y se puso de pie a su lado.

Hanji y Farlan de inmediato advirtieron el peligro al ver el rostro de Eren.

Todos abrieron sus carpetas, descubriendo en estas distintas facturas y contratos, además de un balance y al final del grupo de hojas una carta de renuncia.

Levi sintió que un frío terrible le recorría toda la columna. Su estómago se revolvió.

Serena había presentado todos los contratos arreglados con los proveedores y el balance real.

Se hundía, su cuerpo se sentía pesado.

No podía moverse. Simplemente estaba ahí, con las manos sujetando fuertemente las hojas.

– ¿Qué significa esto? ¿Por qué los insumos están tan caros? –decía Isabel, algo confundida por no estar muy empapada de esos temas de números y cifras– ¿Qué son estas... facturas? ¿Contratos?

De inmediato Levi le arrebató las hojas con desesperación, pero no solo a ella sino también a Petra y a Kenny, rompiendo algunas hojas. Los vio y descubrió que todos eran iguales a los suyos. Creyó, por un momento, que Serena solo quiso amedrentarlo al poner el balance real en su carpeta, que solo quería asustarlo.

– ¡ESTE NO ES EL BALANCE Y ESTOS PAPELES NO DEBERÍAN ESTAR AQUÍ! –giró el rostro y se encontró con una Serena completamente apagada– ¿Qué hiciste?...

– Como podrán ver, en estas carpetas están consignados los contratos con los proveedores y, si ven atentamente, descubrirán que el señor Levi Ackerman ha estado sobrefacturando para embolsillarse todo lo que pudo –parecía una grabadora, no había la más mínima emoción en su voz–. Además, encontrarán que al final está mi carta de renuncia.

Kenny estaba fuera de sí. Sus ojos estaban desorbitados y su mirada viajaba de Levi a los papeles que le estaban mostrando y a Serena.

– ¿Por qué renuncia? ¡Necesito una explicación a esto! ¡LEVI!

– La razón de mi renuncia la conoce mejor que nadie su hijo –miraba a la nada, ni se inmutó porque le estaban alzando la voz–, puede preguntárselo a él. Yo lo ayudé a sobrefacturar, le maquillé los informes para que todo sea más fácil. Por eso, solo hasta ahora nos descubrieron. Pero de esto también estaba enterado el señor Erwin Smith –lo señaló con el dedo, acusándolo con absoluta frialdad –. Les dejo a su presidente para que les explique todo. Les sugiero que hagan una auditoría para saber bien qué tanto daño se hizo. Les ruego me perdonen por el daño que provoqué. Acepten mi renuncia, yo no volveré a poner un pie aquí.

– ¡Alto ahí! –dijo Petra al ver sus intenciones de salir de la sala de juntas. Tenía pensado sorprender a todos con lo que iba a revelar, pero más sorprendida resultó ella. Sin embargo, no perdería la oportunidad de acabar con la "amante" de su prometido

– Ya no hace falta que digas nada, Petra –reía con amargura, pero una sonrisa victoriosa se dibujó en su rostro–. Hoy te libras de mí, déjame en paz.

La mujer se ofendió muchísimo al ver que no se refirió a ella como señorita sino que la tuteó. Quería frenarlo y tomarlo por un brazo, pero Eren fue más rápido y abandonó la reunión.

Levi no sabía qué hacer. Estaba destruido.

Y si estaba destruido, ¿qué importaba ya la junta? ¿Qué podía importarle ya la empresa? Al menos quería saber por qué su mocosa lo había traicionado de forma tan cruel ¿Estaba relacionado con lo que había hecho esa noche? ¿Tan rencorosa era? Tenía que ir a disculparse, tenía que recuperarla... Tenía que saber qué le había pasado.

Sin importar los reclamos, salió corriendo detrás de Serena. Petra quiso imitarlo, pero Kenny se lo impidió, necesitaba desahogarse con alguien por lo confundido que estaba. Todos estaban en total shock, incluso Farlan y Hanji. Habían pensado que algo malo iba a pasar, pero jamás creyeron que el rencor de un muchacho tan dulce fuera tan terrible al punto de arruinar completamente al hombre que le había hecho daño. Se lo merecía, eso era innegable, pero era su amigo y de todos modos sentían algo de pena.

– Mi hijo... me ha estado robando... no lo puedo creer... ¿Tú sabías de esto, Petra?

– En qué has convertido a Eren, Levi... –murmuraba Farlan.

El castaño corrió hasta llegar a su "cueva", cerrando de inmediato. Levi llegó al momento y casi se da de cara con la puerta.

– ¡Ábreme! ¡Quiero hablar contigo! –golpeaba la puerta frenético– ¡Explícame qué ha sido eso! ¡Mocosa! ¡Serena!...

Esa palabra le había colmado la paciencia.

¿Con qué derecho le pedía explicaciones? Si alguien se las merecía era él mismo, por fin podría reclamarle por sus mentiras.

– ¿Explicaciones? –hablaba con la puerta separándolos, estaba planeando algo. Levi supo que esa no era la voz de su mocosa– ¿Quiere explicaciones? Su cinismo no tiene límites.

– ¿A qué te refieres? ¡Si jamás esperé que me hagas eso!

– ¿Acaso no se lo merece?

Levi iba a replicar en el acto, pero sintió un terrible presentimiento. Con algo de temor preguntó.

– ¿Lo dices por lo que hice anoche? –alcanzó a oír movimiento dentro de la "cueva", preocupándole esto un poco ¿Qué podía estar haciendo?

– ¡NO! ¡NO ES POR LO DE ANOCHE, HIJO DE PUTA!

Levi había recargado un poco su cuerpo sobre la puerta, pero al sentir que esta cedía se retiró, algo sorprendido por cómo le estaban hablando.

Su piel, blanca por naturaleza, ahora parecía papel.

Frente a él tenía a un muchacho, universitario a su juicio por cómo vestía, con un maletín al hombro, más alto que él, de piel bronceada, cabellos castaños y ojos de un tono verde azulado.

Esos ojos. Verlos lo hizo estremecerse.

– ¿Q-Quién eres?

Temblaba.

– ¿No me reconoces? –la ira era evidente en Eren. Había abierto la puerta por completo y tenía ambas manos a los lados, haciendo fuertes puños con estas– ¿No ves quién soy?

Estaba estático. Su cuerpo se negaba a reaccionar.

– No... No lo sé... –lo sospechaba, pero se negaba a aceptarlo. Bajo cualquier lógica lo que pensaba era imposible.

– Dudé... Dudé tanto sobre hacer esto o no... No tienes ni idea de cuánto estuve pensándolo... –tenía la mirada gacha y su cuerpo también le temblaba, pero no por nerviosismo sino por toda la rabia contenida que tenía por tantos meses aguantando el impulso de arremeter contra él y encararlo– Quería simplemente largarme y abandonarte a tu suerte, pero eso sería muy fácil... Tú te mereces todo lo que te está pasando, por ser tan hijo de puta... mentiroso... infeliz... Te mereces que te joda, que toda la junta sepa la clase de mierda que eres...

Levi ya no entendía absolutamente nada. Simplemente se quedó ahí, esperando a que el muchacho continúe.

– ¡No te quedes callado, maldición! ¡Dime algo! ¡Dime!... –sus ojos ya estaban vidriosos y se clavaron en los de Levi, descubriendo lo confundido que estaba. Solo lo enfureció más– Dime por qué tuviste que mentirme... Todo el tiempo me engañaste... ¿Te creíste mucho engañando a tu horrible asistente? ¿Fue muy difícil tener que besarla, abrazarla, pasar tiempo con ella? ¿Fue una tortura? ¿O FUE DIVERTIDO? ¡¿TE REÍSTE MUCHO JUGANDO CONMIGO?!

– ¿Qué? ¿Ella lo sabía?... ¡¿Desde hace cuánto lo sabe?!

– ¡Lo sé hace muchísimo!... –ya rodaban por sus mejillas gruesas lágrimas. Esto asustó a Levi– Esperé... Esperé tantas veces que digas algo... lo que sea... la verdad... Pues entérate, pobre imbécil, que el único timado aquí has sido tú. Siempre fuiste tú ¿Qué se siente saber que todo el tiempo estuviste besando a un hombre? ¿Asco? Asco siento yo de solo recordarlo... No tienes ni tendrás nunca idea de por qué lo hice... Quédate con esa duda por el resto de tu vida.

– ¿Q-Qué quieres decir con eso?

– Por lo visto solo eres inteligente cuando te conviene... Te estoy diciendo que Serena soy yo –se dio un momento para contemplar la reacción del que fuera su jefe y vio que este abría los ojos de forma casi dolorosa– ¿Ahora entiendes por qué nunca dejé que pasáramos de besos? Ja –rió con amargura, llevando una de sus manos a su frente para luego dejarla caer–, estuviste a punto de llevarte a la cama a un hombre. Qué lamentable debe ser estar en tu lugar, tan acostumbrado a mujeres hermosas, tener que besar a este monstruo que soy yo... Qué asco... Tú me das asco... –lo había estado enfrentando, pero decir la verdad empezaba a lastimarlo. Bajó los ojos y contempló el suelo, sus lágrimas los acompañaron– Yo mismo me doy asco...

Esperó un momento. Nada. Levi no decía nada. Solo estaba ahí, como un muro que se interponía entre él y su libertad.

– Yo lo sabía... Sabía que no me responderías nada... ¿Qué puedes decir, si lo que digo es cierto? –de forma muy tosca llevó su antebrazo a su rostro para secarse las lágrimas. Tan fuerte lo hizo que sus pómulos quedaron algo rojos– Ya dije lo que tenía que decir. No te preocupes, no voy a echar a perder tu ansiada boda, no pienso decirle nada a Petra –gimoteó un poco y se sorbió la nariz–. Adiós, Levi. Descuida, no vas a saber nunca más de mí.

Se precipitó a la puerta, empujando a Levi a su paso.

Todo estaba saliendo de acuerdo a lo que había planeado, nada podía detenerlo.

Excepto la réplica de Levi.

– ¿Tú me dices a mí mentiroso? ¡¿Qué eres tú entonces?!

Eren se quedó sosteniendo la manija de la puerta. Podía huir, si salía corriendo en ese mismo momento ya no habría marcha atrás. Pero su orgullo se lo impedía.

– ¡Yo tuve motivos legítimos para hacer lo que hice, no como tú que solo buscas tu propio beneficio! –estaba fuera de sí, había girado su cuerpo y ahora tenía las manos sobre el cuello de la camisa de Levi, dejando caer su maletín. Lo tomó con tanta fuerza que lo estrelló contra la pared más cercana– ¡Tú me usaste solo para robarle a tu padre!

– ¡¿Por qué me mentiste tú entonces?! –tomó las manos del muchacho para liberarse un poco. Reconoció con su tacto esa piel. Los recuerdos lo abrumaron– ¿Todo el tiempo me engañaste haciéndome creer que te habías enamorado de mí?

– Cómo... Cómo puedes ser tan descarado... –su ira iba en ascenso al igual que sus manos, elevando un poco del suelo a Levi– ¡Si quien me hizo creer que estaba enamorado fuiste tú!

– ¡CONTESTA! ¡¿POR QUÉ ME MENTISTE?!

– No... Eso nunca lo sabrás... –recuperó un poco el juicio y lo soltó, dejándolo contra la pared. De inmediato recogió su maletín y se acercó a la puerta. Ya no iba a frenarlo nada. Tenía que salir de ahí antes de que los demás lo descubran– Como dije, quédate con la duda el resto de tu vida. No mereces saber la verdad... –le dedicó una última mirada a su primer amor. El pecho se le estrujó– Adiós, Levi.

No había marcha atrás. Salir de esa oficina representaba su liberación.

Salió de inmediato conteniendo las lágrimas. Fue directo a buscar a Sasha y le habló para pedirle su cheque.

– Hola, Sasha Braus. Tengo entendido que Serena te dejó encargado un cheque y me pidió que lo recoja, ¿lo tienes listo? Debo irme ahora mismo.

La muchacha estaba atónita. Frente a ella tenía a un jovencito muy lindo, capturando su atención de inmediato sus ojos algo llorosos.

– S-Sí –reaccionó por fin–, me había comentado que alguien vendría por su sueldo... ¿Eres amigo de Farlan? –dijo, creyéndolo algún compañero de profesión, mientras iba sacando de entre sus archivos un pequeño cheque.

– Ah, sí... Somos amigos... Por cierto, Serena quiere hablar con ustedes, sus amigas. Quiere que se reúnan en la noche en un café que hay aquí cerca, el lugar se llama "Coeur". No falten, por favor, es muy importante para ella.

Recibió lo que quería y con gran urgencia corrió hacia el ascensor. Tenía pensado decirle a todos que en realidad era un hombre, pero pensándolo bien eso sería muy arriesgado. Si todos se ponían de acuerdo podían mandarlo a la cárcel por sus papeles falsos. Especialmente los Ackerman.

– Serena tiene mucha suerte –decía Sasha, hablando sola–, tiene de amigos a Farlan y a ese chico...

Abandonado en el despacho de presidencia, Levi aún no terminaba de asimilar lo que acababan de decirle. A su mente llegaba la imagen de Serena sonriéndole, demostrándole su amor.

¿Alguna vez lo amó? ¿De quién se había enamorado? ¿De una persona que no existía?

Pensó en ese muchacho. Como mujer Serena no era precisamente bonita, pero como hombre era innegable que poseía un gran atractivo. Era como un niño bonito. Su rostro quedó grabado en su memoria.

– No te vayas... –decía, pensando que, aunque todo fue una mentira, lo que más le hería era descubrir que había perdido lo que más deseaba retener. El amor de una persona.

Mientras tanto, en la sala de juntas todo era confusión.

– ¡¿Dónde está Levi?! ¡Lo necesito aquí para que explique qué es todo esto!

Como si hubiera sido invocado, ingresó este. Fue directamente a sentarse a su lugar al lado de Petra y tuvo que soportar las miradas inquisitivas de todos.

– Tengo que irme, lo siento –decía Farlan–. Tengo un asunto muy urgente que atender, debo ver a alguien.

– Tú lo sabías... –concluyó Levi. Parecía un demente, tenía los ojos muy abiertos, las pupilas dilatadas y el cabello alborotado– Por eso ayer estabas en su casa... ¡Tú lo hiciste a propósito para que deje la presidencia! –se abalanzó sobre la mesa buscando alcanzarlo para asestarle algún golpe– ¡Hijo de puta! ¡¿Hiciste todo para quitarme la presidencia?!

– ¡¿Qué te pasa?! –se puso de pie y esquivó los manotazos desesperados de Levi– ¡¿De qué estás hablando?!

– ¡Tú te pusiste de acuerdo con ese chiquillo para joderme! –Erwin se acercó a su amigo para frenarlo por los brazos antes de que cometa una estupidez.

– Levi... estás mal de la cabeza –estaba incrédulo– ¿Hasta qué punto llega tu desconfianza? ¡Aquí el único que debería dar explicaciones eres tú!

– Se me callan los dos –luego de un prolongado silencio y meditar bien las cosas, Kenny intervino para calmar a ese par. Su voz era realmente imponente–. Farlan, si tienes que irte voy a entender, ahora todos estamos muy alterados y creo que lo más conveniente será reunirnos mañana.

– Gracias. Con permiso.

Prácticamente corrió, no sin antes dirigirle una mirada a Hanji para que entienda qué se proponía. Ella simplemente asintió y en su mente no había espacio más que para una idea. Tenían que viajar cuanto antes. Eren estaba en peligro.

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– ¡Eren! Soy Farlan, ábreme.

La noche iba cayendo, el cielo era púrpura y Farlan estaba parado al frente de la casa de Armin. Sentía que su hermanito había cometido una imprudencia movido por el rencor y ahora estaba en grave riesgo. Una vez descubran que los tenía engañados actuarían en su contra y de inmediato lo buscarían en su casa para sacarle la verdad. Tenía que rescatarlo.

Golpeó la puerta un par de veces más y al fin apareció el castaño. Este tenía una clara expresión de abatimiento total.

– Eren, no hay tiempo para explicaciones –ingresó a la casa sin siquiera pedir permiso–, alista tus cosas y vámonos de aquí ya mismo.

– ¿Qué? –la intromisión del modelo lo había sorprendido, pero sus palabras lo habían hecho aun más– ¿A dónde vamos?

– A mi casa, ahí estarás seguro por un tiempo hasta que viajes con Hanji. Eren, fue demasiado imprudente que digas la verdad. Van a acusarte de ser su cómplice y cuando descubran que usaste papeles falsos van a buscarte. Toma tus cosas... –el muchacho no reaccionaba– ¡Muévete ya, maldición! ¡Si te atrapan no podrás salvar a tus padres!

Nunca antes había visto tan desencajado al modelo, estaba realmente preocupado por su bienestar. Comprendió que no había tiempo ni para agradecérselo, así que fue directo a la habitación de Armin para advertirle de su cambio de domicilio. Luego, fue a su recámara para tomar todas sus cosas de valor y abandonar la casa en el auto de Farlan. Se llevó incluso su regalo, su bola de nieve.

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El departamento de Farlan era bastante amplio. No estaba demasiado decorado, pero al menos en medio de la sala había un cuadro ambientado en la época victoriana, un par de sofás pequeños que más parecían sillas chatas muy largas y acolchadas en tono vino alegrando así las paredes de color caramelo además de contar con varias habitaciones. Ya instalado en una habitación compartida con Armin en la que hasta había un pequeño televisor, Eren se tomó un respiro para prepararse. Se acercaba la hora de hablar con sus amigas.

Abandonó su cuarto y fue a buscar a Farlan, encontrándolo en la lujosa cocina bebiendo un vaso de leche.

– Farlan, debo salir un momento... Voy a decirle la verdad a mis compañeras de trabajo...

– ¿Quieres que te acompañe? –dejó el vaso con la mitad de su contenido sobre la alacena– Aún es arriesgado que andes solo. Por cierto, ¿vas a presentarte así, vestido como hombre?

– Así es más fácil... No quiero usar ese disfraz nunca más... –tenía la mirada clavada en el suelo luchando por no llorar, haciendo puños con gran fuerza– No quiero que te sientas obligado a ayudarme, ya bastante has hecho con traernos aquí... No quiero que te involucren conmigo. Te voy a estar eternamente agradecido.

– No es problema, quiero ayudarte. Vamos, así será más fácil que digas la verdad.

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En la sala de juntas, luego de una extensa explicación sobre los malos manejos de la empresa al mando de Levi, Kenny retomó la palabra.

– Levi es incapaz de asumir una responsabilidad. Ni siquiera pasó un año pero ya nos estabas robando a todos. Espero la presencia de todos mañana aquí.

– Kenny, discúlpame –intervino Hanji–, pero yo no voy a poder estar presente. Tengo que arreglar mis cosas, voy a viajar en unos días. Ya no tengo más trabajo por aquí y aceptaré cualquier decisión que se tome. Si me necesitan llámenme, solo así podré comunicarme con ustedes.

– ¿A dónde vas?

– Prefiero reservármelo, son asuntos de trabajo.

– ¡¿No van a decir nada sobre la tipa esa?! –Petra estaba gritando producto de su indignación. En ningún momento volvieron a mencionar a Serena– ¡Simplemente se esfumó!

– Como ya dije, mañana hablaremos de eso.

– Bien, entonces mañana les diré algo importante.

Harto de todo, Levi salió del lugar sin prestar atención a Petra, quien esperaba una explicación como novia suya que era. Creía que se la merecía, sobre todo al no hallar más a Serena. La muchacha había desaparecido, y pensaba que Levi la había encubierto a pesar de haberlo traicionado. Corrió detrás de su novio para encararlo y reclamarle lo que había hecho, especialmente por convertir a esa tipa tan fea en su amante.

El hombre fue directo a su despacho y se dejó caer pesadamente en la silla, llevando ambas manos a su rostro para recuperar algo de lucidez. Toda se la había robado ese chico de enormes ojos verdes. Con fastidio descubrió que, al abandonar sus manos su rostro, estaba Petra parada frente a él.

– ¿Qué quieres ahora?

– ¿No es obvio? Quiero una explicación.¿Crees que no lo sé? ¡Descubrí que ella era tu amante! ¡¿Dónde la escondiste?!

– No, ahora no Petra... –hundió su cabeza en el escritorio, lo que menos deseaba eran las cantaletas de su novia.

– Pues entérate que tu querida Serena, a la que le confiaste todas tu cosas y casi el manejo de la empresa, la misma que te entregó en esta junta, no es más que una mentirosa. Nos presentó aquí papeles falsos, nunca estudió en esa universidad–

– Ya lo sé, Petra –la cortó Levi–. Toda ella es una mentira, como si no existiera –dejó caer su cabeza hacia atrás para mirar el techo y ver si, al contemplar la superficie tan limpia, aclaraba sus pensamientos–. Déjame solo, Petra. Necesito pensar.

– Después de esto... –las lágrimas llegaban a sus ojos, tenía miedo de lo que podría responder– ¿vamos a casarnos?

– ¡AHORA NO, PETRA! ¡ESTOY HARTO DE ESTO!

¿Qué más podía hacer? Lo único que le interesaba era retener a ese hombre a su lado. Ya se había librado de Serena, no de la forma humillante que esperaba, pero aún podía arreglarlo si envenenaba a Kenny en su contra. Eso haría, ya lo había decidido.

– No esperes que tenga piedad con esa mujer. Va a pagar por meterse contigo.

Luego de lanzar su amenaza abandonó la oficina. En su camino se cruzó con Erwin. Este tenía una expresión un poco contrariada, lucía algo triste.

– Levi, Hanji se va.

– Qué hice para rodearme de esta gente de mierda... –dijo para sí, llevándose una mano a la frente– Luego de todo lo que me ha pasado, ¿crees que estoy para oír tus lamentos? Lárgate, Erwin, no estoy de humor.

– Me gustaría que me cuentes por qué Serena decidió entregarte, eso es todo...

– No hay Serena. No existe.

– No entiendo.

– Ella... Ella lo sabía todo... Y en realidad no es ella, sino "él".

– ¡¿Cómo lo supo?! ¡¿Desde cuándo?! ¿Y cómo es eso de que es "él"?

– No lo sé, Erwin, no me lo dijo. Simplemente me presentó su verdadera cara. Es irónico. Empecé a enamorarla para asegurarme su lealtad, me despreció al principio y por venganza quería disfrutar cuando llegue el momento de abandonarla, pero al final el que terminó enamorado fui yo. Y él me botó a mí... Serena no existe, Erwin. Era un chico disfrazado de mujer. Me mintió siempre, todo lo que dijo sentir era mentira... Hoy la seguí para que me explique el porqué de su traición, y entonces se presentó ante mí como hombre.

– No puedes hablar en serio... ¡¿Cómo esperas que crea que Serena en realidad era un hombre?!

– ¡Yo mismo lo vi, Erwin! –estrelló sus puños contra la mesa– ¡Lo vi con mis propios ojos! A esta oficina entró Serena y salió un muchacho... Un universitario diría... Era ella, mejor dicho, él. Tenía sus ojos.

– Levi, cálmate. Primero piensa qué vas a hacer ahora... ¿Te das cuenta de que todo pasó porque no le dijiste la verdad nunca? Sabe Dios desde cuándo descubrió tus mentiras... Pero si le hubieras dicho, si le hubieras confesado tus sentimientos...

– ¿Qué sentimientos? Yo por ese mocoso no siento nada.

– ¿No decías que estabas enamorado? ¿No estabas dispuesto a irte?

– No siento nada por él. Me enamoré de una mentira, de una persona que ni siquiera existe. Me enamoré de una mujer, no de ese chico.

– ¿Y quién estaba detrás de esa "mujer"? ¿Acaso no es ese muchacho... Cuál es su nombre?

– A veces me pregunto por qué confío tanto en ti si eres tan idiota... Ese chico, del que ni me sé el nombre, me mintió a propósito, me engañó todo el tiempo. Todo fue una actuación suya. Nada de lo que me enamoré existe, todo lo hizo con alevosía. Creo incluso que Farlan está involucrado.

– ¿No te dijo por qué lo hacía? ¿No te dijo sus motivos? ¡Basta de desconfiar de Farlan! ¡Precisamente por tu desconfianza estamos como estamos!

– No me dijo nada, solo me reclamó por haber jugado con él... –no quería pensar en el modelo, su mente estaba únicamente enfocada en el recuerdo de ese muchacho.

– ¡Ahí está! ¡Clarísimo! Piensa, Levi ¿Por qué iba a reclamarte que hayas jugado con él? ¡Pues porque estaba enamorado de ti! Si le hubieras contado la verdad seguramente él también habría sido franco contigo.

– ¿De verdad esperas que te diga que me he enamorado de ese mocoso? No seas absurdo, Erwin. Yo me enamoré de una mujer, una de sentimientos nobles... No de ese sujeto que me mintió todo el tiempo. Hasta sus emociones son falsas, estoy seguro... ¡Mierda! –ambas manos repasaban su cabello desde la frente hasta la nuca varias veces– Me siento como un imbécil... Creí que la estaba engañando y el engañado siempre fui yo... Todo el tiempo estuve... besando a un hombre...

– ¿Acaso eso es malo? –Levi lo fulminó con la mirada– Oye, ¿Serena era bonita? –el más bajo negó con la cabeza– Entonces, lógicamente, de su apariencia física no te enamoraste. ¡Qué importa cómo sea por fuera, si lo que te gustaba de ella era su forma de quererte!

– Tampoco era horrible... Tenía ojos lindos...

– El chico también debe tenerlos... –torció los labios y desvió la mirada. Si se encontraba con la de Levi seguramente iba a liquidarlo– Piensa lo que acabo de decirte. Y, si ves que tengo razón, búscalo. Les hará bien charlar y decirse la verdad.

Erwin dejó a Levi sumido en sus pensamientos.

Le hubiera gustado ser tan optimista como su amigo, pero su desconfianza se lo impedía. Definitivamente ese muchacho lo había engañado adrede, no había otra explicación.

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Ymir, Historia, Sasha y Annie aguardaban sentadas en una pequeña mesa pegada a la ventana a la llegada de su compañera de trabajo. Sasha les había dicho a la hora de salida que un muchacho de ojos muy bonitos le dejó de recado que se encuentren en esa cafetería porque Serena tenía que platicarles de algo muy importante. Así que ahí estaban, bebiendo y comiendo diferentes cosas entre pasteles, barquillos y café.

Pronto Annie divisó a Eren, leyendo de inmediato en su rostro algo sospechoso. Podía intuir lo que vendría a continuación. Las demás notaron que la rubia centraba su atención en el recién llegado, así que dirigieron su mirada a este. Sasha lo reconoció al instante.

– Hola, chicas... Primero voy a presentarme, mi nombre es Eren Jeager, tengo veintitrés años y soy de Alemania...

– ¡Igual que Serena! –gritó Historia.

– Bueno... ¿Me permiten? –las muchachas agitaron sus cabezas en señal de aprobación, Eren quería al menos sentarse. Ya ubicado continuó– Tengo algo importante que decirles... Es sobre Serena...

– Tú eres Serena, ¿cierto? Sabía que guardaba un secreto. Mis cartas no me mienten. Sabía que el peligro se acercaba y hoy por fin llegó la tragedia.

Tenía planeado decirles la verdad con mucho tacto, pero Annie se lo había impedido, directa como siempre. Sintió las miradas de incertidumbre de sus amigas, por lo que no le quedó otra opción que aceptar las palabras de la rubia y contarles de una vez por todas. Sin embargo, no pudo evitar dar un suspiro de alivio al oír eso de que "la tragedia" ya había pasado.

Farlan se había quedado esperándolo en su auto por sugerencia del mismo Eren, no quería que su presencia distraiga a sus amigas. El modelo ya llevaba sentado alrededor de media hora y la noche ya había caído completamente, volviendo el cielo muy negro. Mientras tanto, Eren culminaba su historia, dejando a sus ex compañeras de trabajo bastante sorprendidas. Jamás imaginaron que estuvieran trabajando con un hombre.

Les había dicho todo sobre el asunto de la deuda y el problema con sus padres, pero prefirió obviar el hecho de que se convirtió en amante de Levi. Quizá a ellas eso podría parecerles repulsivo, no podía saberlo. Lo que sí reconoció fue que ayudó a Levi a sobrefacturar, pero se mostró tan incómodo y renuente a responder sus preguntas que terminaron por desistir.

– Tenía mucho miedo de que me odien por todo el tiempo que las mantuve engañadas...

– No puedo odiar a alguien por ese motivo sabiendo de antemano que tenía secretos.

– Gracias... Annie... –no esperaba que lo conforte, pero tampoco una respuesta de esas.

– Nosotras sabemos que la Serena que nos mostraste eres tú mismo y lo has demostrado al decirnos la verdad, Eren –decía Sasha–. Si te hubieras marchado sin dar mayores explicaciones entonces sí habría creído que eres una mala persona.

– Sobre marcharme... En estos días voy a irme de viaje, por eso renuncié. La verdad no quiero involucrarlas demasiado y por eso prefiero no contarles más, solo quiero que lo sepan. Podrían empezar a hacerles preguntas sobre Serena si descubren que son mis amigas... Bueno, ya debo irme, un amigo mío me está esperando. No quiero que lo comprometan a él tampoco, así que no digan nada... Adiós, chicas, cuando vuelva de mi viaje les avisaré para reencontrarnos. Ahí les contaré de mis nuevos planes.

Ni Ymir ni Annie eran muy expresivas, pero tener que despedirse de una buena persona como Eren llegó a moverles una pequeña fibra del corazón, por lo que no se negaron a darse un abrazo grupal. Todas iban a extrañarlo. Luego, creyeron conveniente apuntar sus números de celular en un pequeño papelito para que, llegado el momento de su retorno, pueda contactarlas con facilidad. El papel rotó de mano en mano y terminó en el bolsillo del castaño.

Finalmente, el muchacho le dio un beso a cada una en la mejilla, como hacía con su madre. Él también iba a extrañarlas.

"Incluso cuando viaje a España voy a recordarlas con cariño. Mis primeras amigas".

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Ya todo el mundo había abandonado las oficinas, no había ni un alma. Excepto Levi.

Este se había encerrado en su despacho y se agenció de quién sabe dónde una botella de whisky, una copa y unos cubos de hielo en una cubetita de metal. Se estaba bebiendo el contenido de su copa, que era básicamente hielo derretido por lo mucho que se tardaba en tomarse todo, y ya estaba un poco mareado. No era muy adepto al alcohol, pero lo ingería cuando la ocasión lo ameritaba y su resistencia era admirable. Sin embargo, ese día se estaba embriagando muy de prisa. Ni él mismo entendía por qué, si incluso estaba bebiendo con calma.

Se sentía algo confundido y para despejarse un poco se puso de pie. Esto empeoró las cosas.

De pronto todo el suelo se movía y sentía que se iba a desplomar en cualquier instante. Alcanzó a sostenerse del muro más cercano, derramando un poco de whisky de la copa y entonces, al levantar la vista, sus ojos se encontraron con la puerta de la "cueva". Serena.

Dejó su bebida en la mesa estirando el brazo y tomó la perilla, girándola en el acto. Al menos aún tenía despiertos sus cinco sentidos.

Ingresó a la habitación y descubrió que sus sentidos sí estaban muy mal. Su mente había creado la ilusión de que Serena estaba ahí, sentada, sonriéndole. Con amor.

Agitó su cabeza con fuerza sin importarle que le duela. Total, ya estaba mareado. Se aproximó a la silla y corroboró que había sido producto de su imaginación. Comenzaba a preocuparse. Quería calmarse y alejar esas ideas absurdas y para reafirmar que todo fue una ilusión creyó conveniente sentarse en esa silla.

Pudo sentir el aroma de esa persona impregnado en cada rincón, no solo la silla. Incluso los mismos archivadores que seguían regados ahí olían a "Serena", ella los había tocado con sus manos. De pronto, sintió deseo de pasar sus propias manos por cada cosa que ella haya tocado: el monitor, el teclado, los bolígrafos, los cajones... Los cajones.

Capturó poderosamente su atención que, al inspeccionar cada uno y no hallar más que balances antiguos de cada departamento además de su vieja agenda –la cual no usaba desde que estaba enamorado– encontró que uno tenía puesto el seguro. La cuestión era ahora ¿Dónde está la llave?

Frenético, empezó a limpiar cada rincón de la oficina en busca de la maldita llave. Revisó los libreros, nuevamente los cajones, entre las carpetas, pero nada. Estaba perdiendo la paciencia. Volvió a revisarlos pero, al no tener resultados, empezó a tirar todo al piso, creando un caos total.

Tenía la corazonada de que debía abrir ese cajón cuanto antes.

Bien podía pedirle a alguien de servicio que lo ayude, pero no quería que lo encuentren algo ebrio y en ese chiquero que él mismo había creado, no era propio de él estar en un lugar en ese estado. Si no encontraba la llave usaría la fuerza.

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– ¿Todo bien? –decía Farlan mientras se estiraba para abrirle la puerta a Eren desde el interior del auto.

– Sí, ellas supieron entender. Incluso me dejaron sus números de teléfono para llamarlas cuando regrese... –subió al coche y se acomodó el cinturón. Tenía una gran sonrisa en el rostro y miraba con cariño el papelito que le habían dado– Por cierto, ¿no sabes cuánto tiempo nos iremos Hanji y yo?

– La verdad no –giró la llave y arrancó, llevando sus manos al volante–, pero no creo que pase del mes. Si el dinero te preocupa te va a pagar muy bien, ella es muy generosa. Ahora voy a darte una sorpresa. No me hagas preguntas y solo aguarda, ya verás de qué se trata.

Aunque estaba intrigado prefirió esperar. Estaba seguro de que con Farlan no corría ningún riesgo. Era un buen amigo.

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– Cerradura de mierda... ábrete de una vez... ¡Maldición!

Levi no quería destruir el mueble, pero el cajón parecía no querer cooperar. Había conseguido un palito de metal muy delgado y creyó que con eso bastaría para abrir el cerrojo como en las películas. No fue así.

Por más que movía y movía el palillo no obtenía resultados y si de algo carecía ese hombre era de paciencia, más aun estando ebrio y triste por todo lo que le había ocurrido ese día. No había otra solución, tendría que destruirlo.

Se alejó un poco del escritorio y comenzó a patearlo con el talón hasta quebrar el metal y la madera. Para su desdicha este era bastante resistente, así que tuvo que mandarle incontables golpes hasta que al fin cedió. Casi hizo una sonrisa de satisfacción cuando consiguió lo que con tanto empeño buscaba.

Inmediatamente se puso de cuclillas para examinar con cuidado lo que este contenía.

¿Por qué tenía tanta curiosidad? ¿Solo por una corazonada?

Estaba bebido, pero sus recuerdos parecían intactos porque apenas encontró un cuaderno lo reconoció.

Lo había visto antes, Serena escribía algo en este.

Tomó el cuaderno y lo dejó sobre la mesa para seguir revisando. No halló nada más de su interés, contenía lo mismo que los demás, solo que también guardaba la cajita en que venía envuelto el regalo que alguna vez le dio. La bola de nieve con motivos marinos.

Dolía. Dolía recordarla. Dolía recordar la sonrisa que puso cuando se la dio. Dolía porque estaba mintiendo, cada sonrisa fue una farsa.

No tuvo tiempo de sufrir más, sintió que alguien estaba rondando por los alrededores, así que de inmediato se incorporó, tomó el cuaderno y emprendió retorno a su casa en un taxi por precaución, estaba mareado. Estando allá podría leer lo que este tenía escrito.

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– ¿Es en serio?

– Muy en serio. Te había dicho que iba a regalarte un par de trajes antes de tu viaje y así será. No te niegues, vas a necesitarlos.

Eren estaba dentro de una muy exclusiva tienda de ternos y sastres. Se sentía muy incómodo porque Farlan no le había dicho que se dirigían allá y creía que no estaba presentable, apenas llevaba su camiseta y sus jeans, contrastando completamente con el resto de la concurrencia.

– Bueno.. escoge algo y vámonos rápido... No me gusta estar aquí...

– ¿Confiarás en mi gusto?

– Sí, así que date prisa –se fue a sentar a un taburete destinado a probarse el calzado–. Aquí te espero.

Comprendió su molestia y de inmediato buscó algo de la talla de Eren –casi la misma que la suya– y un color que le vaya bien y combine con todo.

Eren estuvo esperando alrededor de quince minutos, lo cual consideró un tiempo prudente. Creyó, ingenuamente, que solo bastaría con escoger todo, pagar y marcharse. Estaba equivocado. Farlan apareció, lo tomó de la muñeca y lo arrastró hasta los probadores estampándole en el pecho un traje con un par de zapatos y empujándolo dentro de uno.

Tuvo que probarse una y otra vez traje tras traje hasta que Farlan quedó satisfecho. Solo entonces pagaron todo y, con todos sus paquetes en mano –que no eran pocos–, regresaron al auto.

Eren estaba inquieto. Sentía que algo estaba olvidando pero no sabía exactamente qué podía ser.

En su trayecto de regreso el muchacho vio una especie de restaurante de comida mexicana. O por lo menos así lucía por la decoración: un sombrerito charro envuelto en una cinta de color verde, rojo y blanco. A lo mejor podía entretenerse un rato ahí, reconocía esa zona por ser del área comercial y no estaba demasiado lejos de su casa, podía volver con un taxi.

– Farlan, para.

– ¿Pasa algo?

– Quiero entrar a ese lugar –vio sus intenciones de hacer un comentario, pero lo detuvo a tiempo–. No, no necesito que me acompañes. No quiero ser grosero contigo, pero la verdad necesito un momento a solas y quiero distraerme un rato... Mañana iré por mis padres y quiero al menos poder sonreírles... Entiéndeme, ¿sí?

– Bueno... –no parecía muy convencido, torcía un poco los labios y miraba al local en lugar de a su amigo– Está bien, pero prométeme que no te meterás en líos. Creo que voy a regalarte un celular, no hay forma de contactarse contigo cuando no estás en casa... (**)

– ¡No quiero que me regales más cosas! –no estaba furioso pero sí resentido, su puchero lo delataba. Se quitó el cinturón y abrió la puerta– ¡Yo me compraré uno cuando tenga dinero!

– Vale, vale. Cuídate, hermanito.

Terminó de bajar y ambos se sonrieron antes de que el coche arranque y Eren quede solo.

No se había dado cuenta, pero Farlan le había metido un par de billetes en el bolsillo.

– ¡FARLAN! –gritó a la dirección en que se había perdido– Rayos, no me gusta parecer necesitado...

Dejó de lado ese asunto, pensándolo bien no estaría mal tener dinero demás en caso se presente necesidad de usarlo. Ingresó al local y se encontró con una algarabía total.

Más que un restaurante parecía un bar, y no porque no sirvieran comida –porque sí lo hacían–, sino porque en su mayoría los visitantes estaban bebiendo muy alegremente y celebrando quién sabe qué, bailando, riendo y algunos llorando. Se acercó a la barra y una mujer le sugirió –al ver en su rostro su juventud– que primero se coma algo como unos nachos para que, en caso se ponga a beber, el alcohol no le dé muy duro. Aceptó la sugerencia y se pidió eso.

Mientras esperaba que llegue su orden notó, recién en ese momento, que en una esquina había un grupo de legítimos mexicanos cantando. He ahí la razón del llanto de muchos: cantaban tan bien y con tal sentimiento que era imposible no conmoverse.

Sus nachos llegaron pronto y un par de hombres muy robustos que compartían una bebida a su lado se rieron un poco de él al verlo sólo comiendo. Eren no estaba dispuesto a dejarse intimidar, así que le pidió a la mujer que le sirva un tequila. Los tipos se le acercaron, chopp en mano, para hablarle en un francés menos tosco que el suyo.

– ¿Qué hace aquí un chiquillo como tú? ¿Quieres sentirte hombre solo con beber?

– No, vine a divertirme un rato... No creo que sea de su incumbencia –con petulancia desvió la mirada hacia el frente, causando la risa de los hombres. Una muy escandalosa–. Váyanse, no me molesten.

– ¡Pero si es un niño atrevido! –reía uno– Oye, no es normal ver a un chicuelo como tú en este lugar. Y no lo digo por la edad, que menores he visto, sino por tus rasgos. Definitivamente no eres latino. Algo muy malo ha debido pasarte para que quieras venir a tomar aquí...

– Uhm... –no los conocía, no podía confiar en ellos, pero si solo los vería por una noche bien podrían servirle para desahogarse– Bueno... La verdad es que...

– ¡Yo lo sé! ¡Yo lo sé! –intervino el otro– ¡Tú estás enamorado! ¡Se te nota en toda la cara! –hablaba muy fuerte y agitaba en su mano su chopp con cerveza, derramando un poco– Anda, cuéntanos.

– La verdad... Sí. Pero no vale la pena... Todo el tiempo jugó conmigo –su mirada fue apagándose y al verlo tan deprimido los hombres se conmovieron. Parecía un cachorrito.

– ¡Entonces estás con las personas correctas! ¡Hoy no hay tristeza! –ambos se unieron y lo tomaron por los brazos, arrastrándolo a una mesa muy próxima al grupo que estaba tocando, depositándolo en una silla. De inmediato llamaron a una camarera y pidieron tres tequilas. Eren no alcanzó a beberse el que había pedido, lo abandonó en la barra.

– Oye, no estés triste, ¡en esta mesa yo no acepto eso! –golpeó la mesa con su chopp, mojándola– Y si no quieres contarnos, pues no nos cuentas y ya... – se arrimó un poco para que la camarera deposite su pedido– Ahora, ¡toma esa copa y dale hasta el fondo, hijo!

Eren vacilaba. No solía tomar alcohol y no quería dar un espectáculo lamentable si terminaba ebrio.

"Por una vez no va a pasar nada..."

–¡Eeeeeso! ¡Así me gusta! –chilló uno, al ver cómo el castaño se bebía de golpe el contenido de la minúscula copita– ¡Tráiganos otra!

– Sabe... –aún le ardía la garganta por el tequila y carraspeaba. No creyó que fuera tan fuerte– También entiendo algo de español...

– ¡Padrísimo! ¿Entonces entiendes lo que dicen nuestras canciones? –dijo, ya hablando en español.

– Si la escucho desde el comienzo y la reconozco podría hasta cantarla –llegaba otra tanda de bebidas y tomó la que le correspondía entre sus dedos– Llegué a ver algunas películas muy antiguas y bonitas porque algunos compañeros de la universidad que eran becados habían nacido en México y me las compartían.

– ¡Estupendo! Oye, Juan –dijo, dirigiéndose a su amigo y dándole unas palmadas algo fuertes en el hombro–, acércate a los muchachos y pídeles una que sea muy corta venas, hay que desahogar al muchacho –golpeó su pecho dos veces con gran fuerza, orgulloso– ¡Yo pago!

– ¡Ya mismo voy! ¡Sé exactamente cuál pedir!

– Oiga, no es necesario...

– ¡Es justo y necesario, hijo! De aquí no sales sin botar toda esa tristeza... –dirigió su mirada al tal Juan y lo descubrió hablando con el líder de la orquesta, y al encontrarse sus ojos el hombre le hizo una señal aprobatoria con la mano para que entienda que ya todo estaba listo– ¡Prepárate, porque quiero oírte cantar!

Eren estaba algo ansioso, no quería defraudar a sus acompañantes por lo bien que se estaban portando con él, pero tampoco confiaba tanto en su memoria para poder recordar la letra de la canción. No quería ofenderlos.

El tal Juan regresaba y tenía una sonrisa de oreja a oreja.

– ¡Pedí una que canta Pedro! ¡Hasta se me salen las lágrimas de recordarla!

– ¿Pedro? –dijo Eren arqueando una ceja– ¿Pedro Infante?(***)

– ¡Ese mismo! –gritó el otro, llevando su copa a los labios y sorbiéndola de un tirón– Aquí todos nos sabemos sus canciones. Pero bebe, nosotros te pedimos otra para cuando comience la canción.

– Bueno... –presionado, volvió a beberse todo de golpe, quedando su garganta resentida.

De pronto, toda la concurrencia quedó en silencio. La banda había empezado a tocar otra canción. Eren la reconoció en el acto.

"No... Por favor, esa no..."

Se quedaron en silencio, pero apenas fue un breve instante. De inmediato empezaron a chillar y volvieron a su típica alegría.

– ¡Ya suena, muchacho! ¡A cantar se ha dicho! Y quiero oírte eh... –el hombre rodeó con su brazo el cuello de Eren y comenzó a mecerse al ritmo de la música.

"Cuando te hablen de amor y de ilusiones

y te ofrezcan un sol y un cielo entero

si te acuerdas de mí no me menciones

porque vas a sentir amor del bueno".

A Eren se le formó un nudo en la garganta de solo pensar cómo continuaba la letra, pero se esforzaba por cantar. Entonces reflexionó un poco sobre lo que esta decía.

"¿Si se acuerda de mí? Como si fuera a hacerlo... ¿Amor del bueno? Eso era lo que sentía por él... En verdad lo amaba"

"Y si quieren saber de tu pasado

es preciso decir una mentira

Di que vienes de allá, de un mundo raro

que no sabes llorar, que no entiendes de amor

Y que nunca has amado".

"Eso ni siquiera es una mentira, Levi no sabe amar".

Cantaba y sus nuevos amigos también lo hacían, pero su voz era acallada por la de ellos. Las lágrimas se agolpaban en sus ojos recordando lo mucho que lo habían lastimado.

"Porque yo a donde voy

hablaré de tu amor

como un sueño dorado

Y olvidando el rencor

no diré que tu adiós

me volvió desgraciado..."

Eso sí era verdad completamente. A pesar de todo el daño que le causó le era imposible odiarlo. Lo seguía amando y si alguien le preguntara en ese mismo momento qué opinión tenía de Levi no se dedicaría a decir pestes de él, muy por el contrario guardaría silencio o diría que, mientras estuvo con él, fue inmensamente feliz.

Pero qué infeliz era en esos momentos.

Las lágrimas ya corrían libres por sus mejillas, pero el ruido de la multitud lo confundía de tal forma que no las sentía.

"Adiós, Levi"

Recordó lo que seguía y, con todo el dolor de su corazón, cantó a todo pulmón, imitando a sus compañeros, meciéndose con estos.

"Y si quieren saber de mi pasado

es preciso decir otra mentira

Les diré que llegué de un mundo raro

que no sé del dolor, que triunfé en el amor

Y que nunca he llorado..."

Al igual que él, muchos tenían el rostro empapado en lágrimas. Hasta sus mismos amigos estaban ahí, pasándose el antebrazo por el rostro. El grupo terminó la canción entre los aplausos de todos los visitantes, inclinándose ante estos en una reverencia, honrados por sus palmas.

– ¡Cómo conmueve! ¿Te sientes mejor, muchacho? –seguía envolviéndolo con el brazo y reparó entonces en el castaño que tenía las manos sujetando la copa, luchando por no llorar más– Oye, la idea es que llores todo lo que quieras... Déjame decirte una cosa: si algo lastima mucho tu corazón no hay nada peor que hacerte el loco y dejarlo ahí. Con el tiempo ese dolor va a acumularse y será peor, te hará daño... Vamos –le sacudió un poco–, déjalo ir.

Eren se había contenido algo, pero ya no podía más. Se abalanzó al hombre y lloró todo lo que pudo, dejando húmeda su camisa. En medio de su desesperación profería alaridos de dolor y se sorbía la nariz con fuerza mientras apretaba más y más el cuerpo de su nuevo amigo.

Lloró tanto como cuando se llevaron a sus padres, solo que aquel día no hizo ningún ruido.

Gritar mientras lloraba se sentía bien y, de a pocos, el dolor menguaba.

Se bebió un par de copas más, pero no le afectaron. Estaba embriagado de Levi, de su recuerdo, y a punta de lágrimas quería liberar su cuerpo de este.

El hombre y el tal Juan solo lo acompañaron y cuando creyeron que ya tenía bastante, llevaron a Eren a tomar un taxi, encargándole mucho al conductor que lo cuide porque tenía una pena de amor.

Ambos se despidieron de él agitando las manos, sin importar si los veía o no desde el vehículo.

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Continuará

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N.A: No creerán que Farlan tuvo importancia desde un principio en vano 7w7

En el capítulo anterior Erwin la cagó xD ahora se está reivindicando (?

(*) He estado poniendo esos pequeños fragmentos en varios capítulos, pero nunca aclaré qué significaban concretamente. Son partes de la canción "Laisse tomber les filles" de April March y creo que es la que mejor define este fic, su letra engloba todo lo que se quiere decir hasta este capítulo. Si quieren oírla están más que invitados a buscarla, a mí me gusta mucho. Por cierto, tiene una versión en inglés llamada "Chick Habit" y suena en la película "Death Proof" de Tarantino, más directa creo, pero como Levi aquí es francés se me hizo apropiado usar la versión original.

(**) No sé si se dieron cuenta, pero nunca dije que Eren tenga celular. Sería un poco ilógico que tenga uno teniendo en cuenta que se la vive ahorrando todo lo que puede.

(***)Tengo que confesar que este capítulo me gusta bastante... No sé, creo que es porque al fin llegué a la escena que tanto deseaba escribir. Sí, desde que imaginé el fic en mi mente estaba usar esta canción tan hermosa de Pedro Infante. El compositor es José Alfredo Jiménez, sé que ya varios la han interpretado, entre ellos Rocío Durcal, Joan Manuel Serrat, etc. pero es que Pedro canta tan bonito, además es más popular o conocido él que el verdadero compositor, ya sea por sus películas o canciones... Si algún(a) mexicano(a) lee este capítulo espero que no se decepcione u.u se me hace gente tan vivaracha que no se me ocurrió otra cosa que darle esa libertad a Eren de llorar u.u

Lo siento si no la conocen, es antigua y sinceramente no me imagino ningún romance sin una canción de esas épocas *le encanta la nueva ola, los boleros y demás* por eso la puse uwu.

Quiero aclarar que sí habrá lemmon, haré mi esfuerzo, pero como podrán ver no es momento aún xD *cofcof, quizá haya lemmon FarlanxArmin cofcof*

Gracias por leer :D ojalá les guste este capítulo tanto como a mí.

Próximo capítulo el jueves, este lo subí pronto porque es demasiado importante (?