Esta historia no es mía pero yo la traduje con el permiso de la autora original, Galimatias, quien amablemente me permitió hacer esto, todos los créditos corresponden a ella, yo solamente traduje.

Notas de la traductora MikoAucarod:Mil gracias a todos por sus comentarios y alertas, hacen que este esfuerzo valga mucho x'3 ya mero nos acercamos a la autora, ha sido un largo trayecto hasta este momento y la verdad estoy muy emocionada, en cuanto lleguemos a la par de ella, estaré publicando las traducciones lo más pronto posible a partir de que ella publique un capítulo nuevo x3 será genial! Mil gracias a todos!

Notas originales de la autora:

¡Lo. Siento. Mucho!

Lo que comenzó como un descanso de un mes, ¡se transformó en dos! ¡¿Qué pasó?!

Les diré lo que pasó.

¡UNIVERSIDAD!

¡Así es! ¡En apenas dos meses su pequeña autora estará empacando y se dirigirá a la universidad! ¡Y estoy aterrorizada!

Espero que este episodio y otra actualización al final de la semana sean lo suficiente para pedir perdón ¡PERDÓNENMEEEE!

Gracias a:

Naimena

Hopefullygoodgram

markstn41

Magiccatprincess

Cayran

JJ100051

¡Por mandarme mensajes privados y hacer que publicara esto el día de hoy! ¡Todos son sorpreeeeendentes!

Y un llamado rápido a Night-Fury1 por ser igual que Jack y derrotar a la gente que se lo merece (¡eres muy genial!), the1hobbit, cuyo review me hizo sonrojarme, y MikoAucarod, cuya risa maniática hizo que mi estómago me doliera por días.

Todos quienes dejan mensajes son sorprendentes, todos son súper y en este capítulo intentaré responder a cada uno de ustedes. ¡Su apoyo vale mucho más que eso! ¡Muchísimo más!

Y una disculpa más…

Este no es el episodio de Jack como niño. Ese será el siguiente. Este es algo más, y les explicaré exactamente qué es y por qué.

¡COMO SEA! ¡A LA VERDADERA NOTA!

Estaba escribiendo el resto de la historia de Jack Niño, cuando de repente decidí revisar mi computadora.

Y encontré… esto.

No creo que haya leído una historia, aún, que tenga mi opinión sobre este personaje, así que me imaginé que era tiempo de publicarlo. Lo había escrito hace mucho, antes de que Proteger fuera siquiera una historia. Así que ¿supongo que esto es algo así como un bebé que salió por error…? Esa cosa no planeada que solo se sorprende cuando abres tus documentos. No es el más largo que he hecho a la fecha. Aunque tengo otras historias largas que vendrán, confíen en mí. Pero este es el que contiene al menos la menor cantidad de diálogo, la mayor parte es contada como una observación. Si hay gente que se aburre fácilmente con eso, entonces ¡este no es un capítulo para ustedes! ¡HUYAN MIENTRAS AÚN PUEDEN!

Como sea, esto fue más bien como una práctica para asegurarme de que después de un DESCANSO DE DOS MESES ¡aún tenga algo de habilidad creativa en mí! ¡Ustedes decidan! Y oigan, ¡quizá incluso haga que algunos de ustedes se pasen a mi lado del odio contra El Hombre de la Luna!

¡A LA HISTORIA!


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"Si quieres olvidar algo o a alguien, nunca lo odies, ni a él ni a ella. Todo y todos a quienes odias quedan grabados en tu corazón; si quieres dejar ir algo, si quieres olvidar, no puedes odiar. "

~ C. JoyBell C.

o0o


El Hombre de la Luna no era una mala persona.

Cuidaba a los niños del mundo, los protegía y los guiaba. Eligió guerreros para brindarles lo que más necesitaban, llenos a su vez de lo que daban.

Maravilla.

Esperanza.

Memorias.

Buenos sueños e imaginación.

Los había creado para brindarles todo esto a los niños cuando el tiempo no les permitía tener nada. Esparcían lo que ya existía pero que era difícil de encontrar. Hizo esto y más por los niños del mundo. Ellos eran sus niños, después de todo. Cada uno de ellos lo era, y él no deseaba que ningún mal cayera sobre ellos.

Solo las malas personas deseaban dañar. Él no lo hacía. Por lo tanto, no era una mala persona.

El Hombre de la Luna no era una mala persona.

Sanderson Mansnoozie había sido el primero.

Creado por los sueños de inocencia a su alrededor, había sido colocado en la Tierra para esparcir precisamente eso. Mantener con vida los sueños de los niños parecía ser el elemento más importante de cualquier vida. Aún si esos sueños eran imposibles, cuando se está dormido un niño podía hacer lo que fuera. Y repentinamente, cuando la oscuridad cayó, había una luz tras ella para abrir la puerta del presagio y mostrarles a los niños que no había nada acechando en las sombras.

El Hombre de la Luna quería mantener sus sueños perfectos y completos.

Porque, obviamente, él era una buena persona.

Cuando creó a Norte, quien después tomaría muchas formas y nombres, todas siendo traducidas a una misma imagen, lo había hecho para mantener con vida la maravilla en los ojos de los niños. Era algo por lo que esforzarse y saborear, y los niños pequeños, a diferencia de los adultos, apenas y podían saborear la vida como una copa de vino fino. Ellos necesitaban un evento que hiciera algo especial. Las luces parpadeantes en los árboles, la nieve cayendo a través del aire como azúcar congelada, familia, hogar, amigos y regalos envueltos con sumo cuidado.

Trajo a Norte para permitir que el delicioso sabor de la Maravilla se deslizara a través de los techos de las ciudades. E hizo todo eso porque él era una buena persona.

Después de todo, El Hombre de la Luna ciertamente no era una mala persona.

Toothiana sería la siguiente. Ella recolectaba lo que podía desde donde podía, dejando lo mismo tras de sí. Lo que ella recibía era mucho más precioso. Las memorias, habían descubierto, eran muy semejantes al oro. Se empañaban, eran enterradas, olvidadas y muchas veces eran buscadas con gran cantidad de esfuerzo. El oro, sin embargo, podía sacar lo peor de los hombres, filtrando de sus almas las mismas ideas de humanidad, existencia y significado. Toothiana solo dejaba una moneda dorada. Pero al final, ella devolvía las memorias, las cuales brindaban lo que los elementos brillantes y resplandecientes no podían.

El Hombre de la Luna no quería nada más que preservar. Porque eso era lo que hacía la gente de gran valor. Y él era una persona de gran valor.

No era, para nada, como una mala persona.

E. Aster Bunnymund fue el último. Se mantuvo con vida cuando su especie fue asesinada, el Pooka representaba la esperanza en el mundo que algunos nunca tenían. Él daba la fuerza para continuar, para seguir adelante, olvidar y recordar. La vida eterna y la primavera aún y cuando la inmortalidad misma era un concepto muy lejano incluso para él. Él era un guerrero, un protector, un luchador incansable y un aliado persistente. De las cenizas siempre encontraba lo mejor, aún y si su propio comportamiento a veces era sucio. Y, al igual que Norte, permitía que su elemento fuera saboreado a través de dulces y regalos, aún y cuando el resto de eso era distribuido en silencio por los otros 355 días.

El Hombre de la Luna quería que la esperanza fuera esparcida. La esperanza era esparcida por las buenas personas.

Él, El Hombre de la Luna, era una buena persona.

Liderando su pequeña armada de cuatro, los hizo derrotar a la oscuridad. Una y otra y otra vez, lanzándola de vuelta a las esquinas y bajo las camas. Ellos destruían los miedos y las dudas, reemplazándolas con luz, esperanza, maravilla y recuerdos. Ellos estaban ahí para mantenerlo todo y nunca dejarlo morir. Y ellos, juntos, se deshicieron del malhechor que había, por tanto tiempo, plagado a los niños con miedos más allá de los sueños y esperanzas sin retorno. Ellos habían derrotado a la mala persona.

Pitch era la mala persona.

El Hombre de la Luna era una buena persona.

Así es como fue, y como sería, por siempre. Las estrellas lo entonaban, así como lo hacía el universo. Él fue colocado ahí tal y como él los había colocado a ellos en sus posiciones. Para defender, crear y proteger. E hizo todo eso y más porque él era una buena persona.

No una mala persona.

Y entonces llegó Jack Frost.

Hundiéndose en el fondo de un lago congelado, así lo había encontrado El Hombre de la Luna. Él era valiente y fuerte y su corazón, aunque estaba congelado bajo capas de lenta sangre y fría piel, podía latir más de lo que cualquier humano podía esperar. Él había salvado a su hermana, tal y como El Hombre de la Luna había observado sin poder ayudar, y había entregado su vida.

La vida no era nada para El Hombre de la Luna, que era inmortal, pero solo podía suponer que para los humanos significaba más que regalos en Navidad. Y el muchacho la había entregado tan fácilmente como si hubiera dado un pedazo de carbón.

Él podría haber sido un guardián decente. Quizá no uno perfecto. Pero sí uno decente. Pitch regresaría. La oscuridad ahogaría la luz. Necesitaban otra persona que les ayudara a detenerlo otra vez. ¿Por qué no Jack Frost?

Así que había traído a Jack de vuelta. Porque eso es lo que los trabajadores de milagros y los magos hacían. Y ellos eran buenas personas.

Y El hombre de la Luna, así como los trabajadores de milagros y los magos, era una buena persona.

Le dio la vida de vuelta, le dio un nombre al muchacho y entonces se había marchado. Algunas veces las personas necesitaban descubrir las cosas por sí mismas para poder crecer. Y El Hombre de la Luna ciertamente quería que él creciera. Así que guardó silencio y se retiró de vuelta al cielo. Y después de eso, siguió observando.

Los primeros cien años pasaron y El Hombre de la Luna comenzó a cuestionar su decisión. El muchacho no era exactamente tan perfecto como él había predicho que sería. Con ese valor y un corazón así de fuerte, debía haber sido mejor. No había recuerdos, pero eso apenas importaba. Cuando los recuerdos se desvanecían, la personalidad seguía siendo la misma. Él debió crear nuevos recuerdos para sí mismo. En su lugar, el muchacho había creado a una nueva persona.

El segundo siglo pasó y él estaba casi seguro de que había tomado una decisión que no había sido sabia. El muchacho era una molestia. Hacía su trabajo correctamente, esparciendo el invierno cuando las estaciones se lo mandaban. Pero eso era todo lo que hacía. No había amor para los niños, o un anhelo de proteger. Se enfocaba mucho en sí mismo, era un niño egoísta, pidiendo ser visto, notado, alabado e incluso a veces pedía ser regañado. Se metió en peleas con los elementos, de los cuales todos habían existido mucho antes que él.

Y para hacer peor las cosas, se metía en el camino de sus guerreros originales.

Sanderson era paciente, para la alegría y confusión de El Hombre de la Luna. ¿Cómo es que alguien podía soportar a esa molestia? Era un misterio. Pero el hombre lo hizo. No era como si El Hombre de la Luna no hubiera estado molesto él mismo y había intentado, en ocasiones, hacer entrar en razón al pequeño hombre dorado sobre la posibilidad de concentrarse más en su trabajo que en el pequeño y pálido niño. Sanderson finalmente había aceptado con un leve asentimiento y había visto mucho menos al muchacho luego de eso.

El Hombre de la Luna difícilmente se impresionó cuando el Duende había intentado meterse a la fábrica de Norte.

Se perturbó cuando el joven muchacho hacía que las pequeñas trabajadoras de Toothiana se distrajeran mientras le observaban en lugar de hacer su trabajo.

Y siquiera discutir sobre lo que el pobre E. Aster Bunnymund había tenido que soportar… El Conejo constantemente era acosado, molestado, perturbado y burlado por el Espíritu del Invierno. Ambos chocaban mucho más de lo que cualquiera habría podido esperarlo, pero eso no quería decir que El Hombre de la Luna estuviera sorprendido. Él había visto la forma en que el muchacho se comportaba. Le había observado por doscientos años. La esperanza no necesitaba flaquear solo porque un pequeño niño y un cayado mágico robaban los preciosos huevos.

Siempre que los dos tenían peleas, El Hombre de la Luna se ponía de parte de Bunnymund. Él estaba de su lado. Después de todo, el Pooka era su niño original. El muchacho que él había traído de vuelta a la vida, una acción de la cual se arrepentía más y más día con día, se merecía cada palabra dura que recibía.

El Hombre de la Luna necesitaba proteger a sus propios niños, después de todo, porque eso era lo que los padres hacían. Y los padres eran buenas personas.

Y El Hombre de la Luna, como un padre, era una buena persona.

No fue sencillo vivir con la decisión de traer de vuelta al muchacho. No había forma de revertir el proceso ni quería hacerlo. Él no era una mala persona, y solo las malas personas cometerían un acto tan horrible. Así que en su lugar, hizo todo lo demás. Había visto a los niños malos recibir carbón de parte de Norte. Esa acción no quería decir que dicho niño fuera menos amado, en su lugar le permitía al niño percatarse de sus errores y redimirse para el futuro.

El Hombre de la Luna decidió darle carbón a Jack Frost.

No había forma de dárselo literalmente, pues no tenía acceso a esa roca. Así que la dio de forma tan figurativa como pudo. El silencio, descubrió, era un gran sustituto de un castigo temporal. Si el muchacho se redimía de sus actos, así como un niño pequeño lo hacía con el carbón en Navidad, entonces le daría lo que pedía.

El muchacho nunca se redimió.

Y conforme los años pasaron, solo continuó empeorando.

"Por favor…" Muy seguido, por las noches, El Hombre de la Luna escuchaba eso. Siempre era el niño Frost desde un techo o un árbol alto, observándole con grandes y suplicantes ojos. "Por favor… ¿no puedes decirme quién soy… por qué estoy aquí?"

El Hombre de la Luna no contestaría. El muchacho había congelado calles y torres.

Las noches continuaron, así como el silencio.

"Quiero hablar con alguien. Nadie puede verme. Por favor… ¿ayúdame?"

El Hombre de la Luna no contestaría. El muchacho había hecho que los niños resbalaran.

Las noches continuaron, así como el castigo.

"… ya no quiero nada más. Solo… un buen sueño… tengo pesadillas. Nadie me quiere y tengo pesadillas."

El Hombre de la Luna no contestaría. El muchacho se había metido en fábricas, madrigueras, castillos y cajas.

Las noches siguieron sumándose, así como las pesadillas y la soledad y los días y los años y los siglos.

Para el año trescientos, El Hombre de la Luna estaba seguro de que había tomado una decisión equivocada y había decidido nunca más hablarle a Jack Frost. Era lo adecuado. Tendría que cosechar las semillas que había sembrado. Nunca había habido ningún tipo de mejora, el muchacho continuó cayendo en una rápida espiral. 1968 había sido un gran año para dar el sello final a su decisión.

Algunas veces, para ser una buena persona, tenías que tomar decisiones difíciles.

Y entonces Pitch Black había regresado.

Saliendo de vuelta de las sombras como un Espectro hacia la niebla, la Oscuridad había emergido otra vez. Ni siquiera su propia luz habría detenido al hombre. Y no había suficiente poder para evitar que las pesadillas fueran ensilladas y tiraran de sus riendas.

Tendría que llamar a Jack Frost.

Nadie había estado particularmente feliz de eso.

Y al final, sus años de silencio y observación constante solo le ayudaron a demostrar qué tanta razón había tenido. El muchacho era egoísta, se colocaba a sí mismo ante los demás. Se había marchado para encontrar sus memorias luego del funeral de esa noche, perdiendo la Pascua y hundiendo al mundo en una oscuridad en potencia. Había habido duda en su mente de que quizá se habría equivocado hace mucho tiempo, en alguna parte de su cerebro y haciendo eco a través de la vía láctea.

La prueba final había sido demasiado tangible como para permitir que la duda siguiera existiendo.

Las buenas personas siempre tenían que saber cuándo era el tiempo de dejar ir las cosas. El había dejado ir a Jack, sabiendo que nunca más sería necesitado.

Y entonces algo…

… la palabra no era la más sencilla de encontrar. Apenas y era gratificante, no era algo maravilloso, ligeramente inimaginable.

Algo sorprendente ocurrió. Algo que él y apenas habría podido predecir.

Jack estaba consiguiendo lo que quería.

Repentinamente era visto. Y luego alabado. Y luego, por sobre todas las cosas, le habían permitido unirse a los guardianes. Apenas y había permitido eso, aunque no podía exigir nada. A quién y a quién no le daban el juramento no era su jurisdicción- había entregado ese derecho tan pronto como había creado a los individuos. Pero eso no debió haber ocurrido.

Jack era avaricioso, no era de confiar y no merecía nada. Y repentinamente le estaban dando todo.

Y entonces, como si fuera un cruel giro del destino, los Guardianes, uno por uno, dejaron de hablarle.

Sanderson había sido el primero, dándole la espalda a su propio hermano Lunar.

Toothiana, burlándose hacia el cielo nocturno mientras volaba hacia Londres una noche, no le había hablado desde entonces y había dejado colgando su relación en una extraña amenaza plateada.

Norte había gritado hacia el cielo nocturno, palabras enojadas que no tenían sentido para nada. Él no podía hacer mucho por el niño Frost ni quería hacerlo. Pero él nunca había lastimado al muchacho. Y aún así el Corsario le acusaba de haber hecho eso. Y entonces nunca le volvió a hablar.

Bunnymund había sido el último. Esa había sido la más extraña de las separaciones. El Pooka representaba la esperanza y con un chasquido de sus dedos se la había arrebatado a El Hombre de la Luna. Él había observado hacia el cielo con sus ojos verdes, sus orejas rectas y sus puños cerrados. Parecía estar listo para decir algo, pero eso se había disipado y se había derrumbado en la punta de su lengua. Y entonces-

"No lo merecemos, ¿sabes eso?"

El Hombre de la Luna escuchó.

"Pero la verdad es que tampoco tu." Aster había pausado, con sus ojos moviéndose a través de los cráteres, reflejando la luz de la luna. "Pero eso está bien. La verdad es que nunca lo hiciste."

El Hombre de la Luna permaneció en silencio.

"Solamente queremos que sepas que él es nuestro. No tuyo. Nuestro."

Pero yo lo creé.

Las buenas personas siempre sabían cuándo tomar crédito por sus creaciones, sin importar lo que fueran.

Aster negó con su cabeza, como si estuviera disgustado por la voz. "Sí, lo hiciste. Y queremos agradecerte por eso." Se removió. "Todo es nuestra culpa. Pero fue tuya en primer lugar. Él simplemente no quiere culpar a nadie, y no queremos culparte. Pero está bien." Le dirigió otra mirada enojada y sus orejas temblaron. "Pero gracias de cualquier manera."

Y entonces, después de eso, nunca más había regresado para hablar con su creador.

Y El Hombre de la Luna estaba confundido.

No se suponía que ellos reaccionaran de la forma en que lo hicieron. El muchacho se merecía lo que había recibido. Y se había disculpado con el chico dos veces por los crímenes que apenas y merecían un gesto. Aunque el muchacho tampoco lo había apreciado. Pero él había sido exiliado. Sus propias creaciones lo habían hecho a un lado tan fácilmente, haciendo que aquel al que había revivido ingresara en sus vidas. Y por cualquier razón, ellos parecían protegerlo… de El Hombre de la Luna.

Ningún niño necesitaba ser protegido de El Hombre de la Luna. Él era una buena persona. Las buenas personas no eran alguien de quien otros se tuvieran que proteger.

Y aún así…

Meme se aseguraba de que el muchacho recibiera los mejores sueños que podía crear- desperdiciando arena valiosa.

Norte se aseguraba de que el muchacho recibiera toda la atención que clamaba que requería- aunque El Hombre de la Lunasabía que necesitaba mucha menos. Era un desperdicio del valioso tiempo del juguetero.

Toothiana se aseguraba de que siempre que las necesitara, sus memorias estuvieran accesibles- un desperdicio de la creación de El Hombre de la Luna, quien fue hecha sin recuerdos para convertirse en el espécimen perfecto dictado por la valentía, diversión y compasión.

Y Aster…

Ambos habían chocado antes. Los había observado. Apenas y compartían un momento sin que se desatara una pequeña guerra. Y sin embargo, repentinamente, el Pooka parecía unido al lado del muchacho. Repartía protección, guía, calidez y refugio. Era todo por la culpa. Eso era todo lo que podía ser, razonó El Hombre de la Luna, y era un desperdicio de esperanza.

Todo era un desperdicio.

Cuidaba a los niños del mundo, los protegía y los guiaba. Eligió guerreros para brindarles lo que más necesitaban, llenos a su vez de lo que daban.

Maravilla.

Esperanza.

Memorias.

Buenos sueños e imaginación.

Los había creado para brindarles todo esto a los niños cuando el tiempo no les permitía tener nada. Esparcían lo que ya existía pero que era difícil de encontrar. Hizo esto y más por los niños del mundo. Ellos eran sus niños, después de todo. Cada uno de ellos lo era, y él no deseaba que ningún mal cayera sobre ellos.

Solo las malas personas deseaban dañar. Él no lo hacía. Por lo tanto, no era una mala persona.

Él era una buena persona. Él era una buena persona. Él había creado esperanza, maravilla, sueños, luz y memorias. Él había derrotado a la oscuridad. Él había acabado con las pesadillas.

Incluso le había dado a Jack Frost una segunda oportunidad en la luz.

El Hombre de la Luna no era una mala persona. Él no podía ser una mala persona.

Él simplemente no podía serlo…

… ¿verdad?


"Oye, ¿Bunny?"

El Pooka levantó la mirada del huevo que estaba pintando para observar al muchacho frente a él, sentado cruzado de piernas sobre una silla de madera y observando hacia la ventana. Era tarde y el Duende debería estar ya en la cama. Pero la tormenta que había habido ese día por el propio diseño de la naturaleza, lo había dejado con energía de sobra. La reunión de ese día los había dejado a todos exhaustos y somnolientos, el viaje hacia ahí había sido duro por su propia cuenta, y aún así un sencillo muchacho de cabello blanco parecía rehusarse a rendirse al llamado del mismo Sandman. Aster simplemente les había dicho a los demás que no se preocuparan por eso, y que todos podían irse a la cama. Él se quedaría despierto con Jack hasta que el pequeño 'niño travieso' finalmente cayera presa del sueño, sin importar cuánto tiempo tomara.

Aster, aunque nunca lo diría, se rehusaba a dejar al muchacho solo por mucho tiempo. No quería que se sintiera solo.

"¿Mmm…?"

Los ojos azules apenas y se movieron, observando a través de los paneles de cristal hacia la roca lunar que flotaba baja en el cielo. "¿Por qué ya no invitan a Manny a ninguna de las juntas?"

"¿Qué tanto balbuceas ahora, Frostbite?"

Jack se encogió de hombros. "Norte solía hablarle más en las juntas cuando yo llegué aquí. Ahora no lo hace. Solo lo ignora. Y Meme ya no hace el símbolo de 'luna'." Se encogió de hombros otra vez, haciendo que la gorra de su sudadera brincara un poco cuando se movió.

Aster guardó silencio por un momento. Luego tomó de nuevo el huevo. "No lo se."

"Él aún no me habla." Jack no se percató cuando el Pooka se estremeció. "Intento hablar con él, pero no responde."

"¿Qué dices?" La pregunta fue seca, la conversación se dirigía a caminos en los que Bunny prefería no aventurarse. La Luna no era su tema de conversación favorito en estos días.

"Algunas veces digo gracias, supongo. Aún tengo preguntas para él."

"¿Cómo cuales?" Pintó la misma línea por tercera vez, había olvidado su patrón.

"¿Por qué es que yo…? Solo… Solo muchas preguntas de 'por qué'" La Esperanza reprimió otra muestra de dolor. El pasado aún era un tema sensible para el nuevo guardián. Y aunque Aster había estado minando poco a poco el escudo que era más duro que los clavos, había hecho una abolladura en donde cientos de años sustrajeron lo que ya podría haberse quebrado.

"Ah…" pintó otra línea. "Estoy seguro de que algún día recibirás la respuesta, Frostbite. Pregúntale a Norte… él podría saber."

"¿Crees que él responderá algún día?"

No, quería decir Aster. Pero se mordió la lengua y negó con la cabeza. "No soy quién para decirlo. Aunque él no habla mucho, así que no le apostaría a eso."

"Tú ya no le hablas nunca." Los ojos de Jack finalmente se movieron mientras giraba su cabeza hacia el conejo antropomórfico. La luz de la luna ensombrecía la mitad de su rostro, dejando la otra mitad en un color semejante a la leche. Su cabeza estaba ladeada, como era su costumbre y el cabello blanco como la nieve seguía el movimiento, hundiendo sus pequeños mechones como pasto.

Bunny negó con la cabeza, levantando su mirada, y sintió sus orejas moverse. "No. No lo hago."

"¿Lo harás?"

Sus ojos verdes se dirigieron a la luna por un breve segundo y luego se apartaron de vuelta. "No."

"¿Por qué?"

"¿No deberías ir a la cama o algo así?"

"¿Por qué no le hablas?"

Aster se detuvo una vez más y luego se rió entre dientes. "Recuérdame nunca dejarte estar despierto tan tarde, otra vez. Eres tan terco como una serpiente de cascabel a esta hora."

El muchacho levantó la mejilla hacia el aire. "Yo siempre soy terco."

"Sí, créeme, lo sé." Se recostó en la silla, cruzando sus brazos, habiendo olvidado completamente. "Yo solo… no lo hago." Suspiró profundamente, dirigió otra mirada larga hacia la luna. Alguna parte de él deseaba que la luna estuviera escuchando. "Es solo… Algunas cosas cambian con el tiempo, supongo. Nada es permanente en realidad. Y yo pensé que algo era una cosa… pero no lo es."

Jack frunció el ceño. "Eso es estúpido… ¡¿qué se supone que significa eso?!"

"Significa que es hora de ir a la cama."

"¿Qué-? ¡¿Cómo es que eso significa eso?!"

"Solo es así. Marcha."

"No puedes decirme qué-"

"¡Marcha!"

Hubo unos gruñidos por lo bajo, pero Frost eventualmente se movió de la silla, moviéndose hacia la puerta de la cocina de Norte con pesadas pisadas, Aster se estiró en su lugar tras él. La manija hizo un ruido bajo los dedos helados.

"Oye, Frostbite."

Jack se detuvo en su lugar, dirigiendo su mirada hacia su mayor. El conejo se puso de pie, con sus brazos aún cruzados y su cuerpo bloqueando la luna de la vista. La luz le rodeaba creando una borrosa silueta.

"¿Sí?"

"Sabes que nosotros estamos aquí, ¿verdad? Puedes hacernos preguntas siempre que tú quieras."

Hubo silencio por un momento. Y entonces. "Sí. Lo sé."

"Bien." Asintió. "Y… ¿quieres saber por qué ya no le hablo a la luna?" Hubo más silencio, era atronador. En alguna parte del taller, Norte roncó. El zumbido de las halas de las hadas estaba presente, mientras los dientes eran depositados en un ciclo sin fin. Él avanzó, con sus pies cayendo pesadamente contra el suelo. "Es porque soy feliz. Eso es todo."

Aparecieron arrugas sobre la pálida frente, su boca estaba girada hacia abajo. "¿Cómo-?"

"No más preguntas." Señaló. "Cama." Jack murmuró otra vez, algo sobre respuestas tontas, y salió por la puerta, sus pies casi silenciosos moviéndose a través de la alfombra y fuera del rango de oído de los incluso sensibles oídos del Pooka.

Aster esperó hasta que escuchó el sonido de la puerta cerrándose y entonces regresó a reunir sus regalos. Con un pincel y pinturas en una mano y un huevo a medio terminar en la otra, Aster se acercó a la ventana.

"No estaba mintiendo, ¿sabes?" Le dijo a la luna, que miró hacia abajo solemnemente. "No te hablo ya por eso. Soy feliz. Estoy feliz de que él esté aquí. Solo te hablamos cuando necesitamos ayuda, pero ya no la necesitamos. Él nos pregunta y eso es todo. No te necesitamos más." Se encogió de hombros. "Pero mantente brillando en el cielo, él te quiere, aún si nosotros no." Y con eso, cerró las cortinas y se giró sobre sus talones.


Jack Frost yacía sobre su cama, desparramado y con las cobijas descartadas en el piso. Había ido a dormir más rápido de lo que le hubiera gustado, esperaba mostrarle al conejo estúpido que podía quedarse despierto hasta el amanecer. Apenas y había aguantado diez minutos. Estaba en un sueño tan profundo que no se percató del rayo de luna brillando a través del piso, pulgada por pulgada, hasta que la luna fue capaz de observar a través de las largas y abiertas ventanas, hacia el muchacho que anteriormente fue invisible.

Él era la razón por la que El Hombre de la Luna había sido descartado. Y aún así el muchacho ni se había percatado de que había pasado.

El Hombre de la Luna era una buena persona. Él era un muchacho pequeño con tendencias molestas, naturaleza egoísta y una constante necesidad de atención. El Hombre de la Luna apenas y requería nada, solo pedía de vuelta lo que él había dado. Su naturaleza era humilde y razonable, no como el muchacho que actuaba como si necesitara todo en el mundo, recibiéndolo sin siquiera tener que preguntar.

El muchacho no era una mala persona. Pero no era una buena persona. No era como El Hombre de la Luna.

Entonces ¿por qué las cosas habían resultado así?

Un poco después, el Conejo había asomado su cabeza en la habitación. Ingresando con cuidado para no despertar al niño, presionó su fría nariz contra la sien aún más fría. El muchacho se movió, pero no despertó, solo se movió ligeramente en sus sueños. La Esperanza se mantuvo de pie por un momento más, observando a Jack Frost, la creación de El Hombre de la Luna, con una expresión que solo podría ser definida como afecto. Puro e inquebrantable afecto. Y entonces, con un último golpe suave al cabello blanco, caminó hacia la ventana.

Las patas cayeron sobre las cortinas, como si quisiera cerrarlas también. Hubo un momento de duda. Y entonces la garra cayó, dejando que la tela se moviera por un momento, pero no se cerrara. El Hombre de la Luna aún podía ver al muchacho. Y por alguna razón, él sabía que el Pooka había tenido la intención de que fuera de esa manera.

Y todo lo que El Hombre de la Luna pudo hacer fue observar desde arriba, sin cariño y sin ser necesitado.

Lo cual no tenía sentido. Porque solo las malas personas se encontraban sin cariño y no eran necesitadas.

Y El Hombre de la Lunano era una mala persona.

Para nada.


Notas de la autora original Galimatias: Si para este punto aún no se han dado cuenta de que odio a El Hombre de la Luna… bueno… la mayoría de ustedes debería. Sí… odié con mucha pasión a este sujeto. ¡Espero que esto fuera una buena forma de demostrarlo!

¡Las sugerencias siguen abiertas! He estado recibiendo unas muy buenas. Unas cuantas personas querían ver algo con Jamie o Sophie. Tengo otro capítulo en camino sobre Jack atrapado en el desierto. Y, por supuesto, ¡la SECUELA DE LAS ESTACIONES! ¡POR DEMANDA POPULAR! Quiero decir, ¡Dios! ¡Nunca creí que ese conseguiría una reacción tan apasionada!

¡¿EN SERIO TODOS QUIEREN TANTO ASÍ VER A BUNNY PATEANDO TRASEROS?!

¿O esa es una pregunta que ni debería estar haciendo?

¡Amigos! Actualizaré el domingo, a más tardar. ¡Vienen episodios súper largos! ¡Estoy súper emocionada por regresar a las andanzas!

Notas de la traductora MikoAucarod:Y esto fue, espero lo hayan disfrutado. ¡Mil gracias por los mensajes y alertas que le han dado a la historia! Qué gusto ver que estén disfrutando la traducción.