Capítulo XX
Te escribo desde la India
Tamboriellaba los dedos sobre la mesita de té que siempre había compartido con White, y desde luego era un gesto de ansiedad evidente. En los últimos días, y pese a la llegada del nuevo año, la pobre Elisa no había tenido un solo instante de paz, devaneándose los sesos tratando de encontrar una respuesta para todas las encrucijadas que empezaron a tejerse con la llegada de un telegrama anunciando la muerte de su tío.
Miraba por el ventanal que daba a la entrada principal, y parecía esperar a su hermano que había ido a cabalgar. Cuando lo de verdad esperaba era una respuesta, una noticia, algo que le permitiera saber que Candice estaba verdaderamente bien. Lo que sabía, lo sabía de la boca de George, y en él ya no confiaba más.
La fiesta de Año Nuevo, en la Mansión Andley, había sido un completo desastre. Neal había llevado junto con él a la que pronto se convertiría en su esposa, una española apasionada, que no era para nada conveniente con las tradiciones de la alta sociedad norteamericana, y Patty y Annie estuvieron totalmente escandalizadas durante toda la velada. Claro, sin contar con que Archie y Neal discutieron toda la noche, por nimiedades absurdas como a quien se le debía servir primero por ser el señor de la casa o por asuntos más importantes como cual iba a ser el papel de los Legan en la nueva situación de la familia Andley. De todos Elisa era la que había salido más afectada, porque Archie ya con algunos tragos en la cabeza y ejerciendo esa impulsividad que lo arrastraba a decir siempre lo que pensaba sin antes meditarlo, acusó a la señorita Legan de actuar el rol de buena amiga con Candice solo por hacerse un campo en los haberes de la familia, y que ahora que no estaba la Señora Andley, aprovechaba para usurpar su lugar (todo porque había sido ella quién había dispuesto lo necesario para la celebración). Archie hablaba por años de rencor sembrados en el pasado y que por su carácter terco nunca había podido superar. Annie trató, sin muchos resultados de acallarlo y calmarlo, pero todo lo que consiguió fue una mirada de furia. Neal lo miraba sardónico con una sonrisa casi resplandeciente en el rostro, en el fondo estaba tranquilo, porque sabía que esta vez Archivald Cornwell no tenía una sola prueba de esas acusaciones.
Todo lo que Elisa hizo fue levantarse de la mesa, sin probar bocado y encerrarse en su alcoba. Estaba muy triste, pero una rara satisfacción la entretenía: Era la primera vez que se le acusaba de manipular a alguien y era mentira. Empezó 1932, sola con una botella de whiskey en la mano, mirando siempre a la ventana y preguntándose interminablemente lo mismo…¿Cuál era la verdad tras todo esta intriga y adonde iba a parar todo este asunto?
Después llegó Neal, con su española alborozada, cantando canciones de viejos amigos, más ebrios que sobrios y verdaderamente felices por el año nuevo. Neal le dio un abrazo de hermanos a su querida Elisa y trato de tranquilizarla:
- No le prestes atención. Nuestro primito nunca ha sabido lo que dice… habla por hablar… porque tiene miedo, y porque en realidad es él, el que de veras esta interesado en la fortuna de la familia.
- No nos digamos mentiras Neal. Con la muerte del Tío William, y con la partida de White, nuestra situación en esta familia es cada vez más inestable…
- Elisa, hermanita… Nadie nos puede quitar lo que es nuestro por derecho, nosotros también somos unos Andley, y unos de verdad, no como tu querida Candy- terminó por decir con algo de ponzoña, porque aunque adoraba a su hermana y estaba sinceramente agradecido por todo lo que su tío había hecho por ellos tras la muerte de sus padres y sus propios desmanes, nunca olvidaría su resentimiento hacía Candice, ni la afrenta que le había hecho, rechazándolo cuando eran solo unos chiquillos y la pretendía en matrimonio. Él mismo estaba muy sorprendido de la amistad de Candy con su hermana, e incluso al comienzo pensó igual que Archie, que se trataba simplemente de una treta más para asegurarse la vida de riquezas a la que estaba acostumbrada, pero con el tiempo pudo darse cuenta de que dentro de su hermana algo había virado hacía el otro extremo, veía que en muchas cosas seguía siendo la misma, pero también podía reconocer que la malicia de sus ojos, que él creyó innata, había desaparecido, y sabía que todo ello era efecto de su cercanía con White, y es que después de todo esta rubia le había salvado la vida.
- ¿Y crees que ese apellido nos sirve ahora de algo? ¿No te das cuenta de quién quedo ahora encargado de los negocios? Solo nos queda esperar la lectura de ese testamento y cruzar los dedos para que el Tío William haya sido benevolente con nosotros, sino, olvídate de esa vida de derroche que siempre has llevado. No te confíes de mi amistad con White… no sé que vaya a pasar con ella… En realidad… ni siquiera sé que va a pasar con la seguridad de esta familia
- ¿Sigues con esa historia tuya de que algo muy raro esta ocurriendo?- le demandó con un tono de burlilla, como si de una loca se tratara.
- ¡No es una historia!… Es verdad…¡Y lo verás, te acordarás de mi! Porque cuando logre descifrar todo este embrollo te darás cuenta de que no me equivocaba…
- Pero Elisa por dios! Ni siquiera sabes de que hablas… ¿Un complot de George y la hindi esa para matar a Candice? ¿El ataúd del tío William vacío? ¿Es que no oyes lo absurdo que suena todo eso?-
- ¡No es absurdo! Lo he pensado muy bien y fíjate… Ese par pudieron secuestrar a Albert… y convencerlo de que si no les legaba la fortuna asesinarían a Candy. Entonces le proponen el plan de hacerse pasar por muerto… el sigue vivo y ella a salvo… pero toda la fortuna queda en sus manos.- Neal la miró atónito, y Elisa confundió su gesto con una mirada de aprobación, creyó que la sorpresa de su hermano era porque entendía lo que ella acababa de explicarle, pero entonces le oyó decir:
- Todo lo que sé… es que te hace mucha falta estar en sociedad… para que puedas maquinar chismes simples de la gente de siempre y no andes equivocándote de manera tan gruesa, con historias tan traídas de los cabellos como la que acabas de contarme…
- ¡No Neal! ¡Piénsalo! Quizá después de que le garantizaron a Albert la salud de su esposa, y después de que se aseguraron de que el testamento estuviera ya escrito, a su nombre por supuesto, planearon entonces asesinar a Candice… ¡y por eso se la llevaron así!- El rostro de Elisa estaba desfigurado por el horror que descargaban sus palabras, estaba además su desesperación por hacerse entender de su hermano, que aunque también tenía cierta audacia para urdir patrañas, no podía ir tan lejos como la señorita Legan.
- Elisa… escúchame: Nadie se llevo a Candice, ella quiso irse por su propia voluntad. Tu misma me lo contaste: Agarró sus maletas y se fue tras la hindú ¿o no fue así?
- Pues quizá nadie la obligó… pero la fueron enredando en su maraña de mentiras, hasta que consiguieron lo que querían, sacarla de Lakewood.
- Esta bien Elisa… yo sé que George siempre nos pareció un personaje muy siniestro. Desde la primera vez que lo vimos, cuando éramos niños, le tuvimos miedo… ¡Pero por favor! Hoy después de tanto tiempo… ¿De veras lo crees capaz de hacer tantas cosas macabras? Yo, la verdad, desconfiaría más de Archie… pero no de George. De él jamás.
- Es cierto, no me resulta fácil… pero te conté la conversación que escuche de ellos dos ¿o no? ¿Dime si ese no es un indicio muy contundente de que algo ocultan?
- Si tal vez… pero no algo tan oscuro como lo que imaginas. Es que no se si te das cuenta… pero lo que tu supones es que Albert no está muerto.
- Ahhh… ya no sé qué pensar… por momentos te hallo la razón, y también yo misma siento que me estoy volviendo loca. Lo único que me tranquiliza es que todo se sabrá en la lectura del testamento, que supuestamente se hará cuando regrese White… Lo que me preocupa es que ella no regrese y George termine haciendo esa lectura sin ella…
- Porque según tu… el ya la habría matado ¿no?- le dijo Neal, otra vez en burla.
- ¡Neal ya basta! Creo que no entiendes que en últimas de este asunto depende nuestra vida.
- Oh si, si, querida... Lo que tú digas. Neal se tumbó en la cama de Elisa, junto a su españoleta que ya estaba en medianoche.
Los ligeros golpecitos que daba a la pequeña mesa se siguieron repitiendo mientras repasaba en su memoria cuanto había dicho a su hermano. No se lo había contado por contárselo. Sino para que estuviera advertido. Porque ellos serían los primeros en ser acusados si a White le pasara algo. Y a pesar de que su hermano había hecho todo lo posible para convencerla de que todo hacía parte de su universo de tramas tenebrosas, cada día que pasaba sin tener una noticia auténtica de su amiga, le confirmaba sus sospechas.
No era la única preocupada. Annie y Patty, y desde luego Archie se quedaron absortos cuando supieron la noticia. Annie se sintió más lejana que nunca a la que siempre fue como su hermana, Patty por su parte, se sintió culpable por no haber estado lo suficientemente cerca de su amiga, sabiendo cuanto la necesitaba. Y Archie, aunque le costara confesarlo, estaba molesto, porque esto representaba un retraso en la lectura del famoso testamento, y por ahí mismo un retraso en su nombramiento como gerente de todas las empresas Andley, pero también porque sentía que su adorada Candy se salía del redil de la familia, como siempre ella había querido hacerlo, y como siempre el había tratado de evitarlo.
En cambio, la Señorita Pony y la Hermana María sintieron un alivio cuando escucharon la noticia. Ambas se miraron y se sonrieron, para ellas el viaje fue un claro augurio de que su pequeña estaba de regreso, como buenas madres la conocían muy bien y sabían que este viaje ya no era de duelo o luto, era un signo evidente de los ímpetus de aventura que siempre habían arrastrado a Candy. Así que trataron de tranquilizar a Annie y a Patty, pero estas que nunca tuvieron pulsiones de este tipo, no pudieron entender de qué hablaban las dos mujeres mayores. Solo pensaban en la Candy que habían conocido casada, solo pensaban en la Señora Andley, como si se les hubiera olvidado la que tantas veces las rescato del abismo. La imaginaban triste y dejada a las venturas de un viaje sin sentido y por eso su preocupación era tal. A veces Annie comentaba que si Candy se lo hubiera anunciado con tiempo ella misma la hubiera acompañado. No se daba cuenta de que su compañía hubiera sido completamente inútil, porque muy diferente de lo que ellas pensaban, no necesitaba más compañía, ni más compasión. Solo a ella misma, ahí muy cerca, verdaderamente a su lado. Por eso Parvati era la acompañante perfecta, silenciosa y reposada, una sombra que cobraba vida solo en los instantes en los que era definitivamente necesaria, y con todo el respeto que puede merecerse damas de su alcurnia, ni Patty ni Annie, tenían estos dones maravillosos.
Sin embargo, Britter y O'Brien estuvieron en constante contacto con George que les contaba en donde debía ir, si ya había llegado a India, si se encontraba bien, que si el calor o la lluvia… pero nunca la fecha de llegada. Porque claro, ni la misma Candice no lo sabía.
Nunca hablaron con Elisa al respecto, y después de la noche de Año Nuevo, sus relaciones se hicieron más ásperas. Patty trato alguna vez de mediar, pero Elisa con su talante altanero, la espanto inmediato. Nunca las había querido, siempre le había parecido que el camino a la muerte de su querida White había estado labrado por estas dos mujeres. Y ahora, con el carácter de mil demonios que solía llevar desde que Candy había agarrado maletas tras Parvati, precisamente se las encontraba a cada rato, andaban cuchicheando siempre en cualquier rincón de la mansión. Ya que Archie había decidido que mientras Candy no regresara, él estaría encargado de Lakewood, porque nunca se sabía que cosa atroz podía terminar haciendo la bruja de Elisa. Y claro, junto con Archie llegaron Annie y los dos chiquillos, cada vez que Patty tenía un instante libre en el Hogar de Pony, llegaba también para visitar a su amiga y para saber si habían noticias de Candy.
Pero desde que la embarcación en la que Candy viajaba, arribó, ya no se tuvieron más noticias de ella. Antes era porque el Capitán Rodrigo Almeida le enviaba pequeños mensajes a amigo George Johnson, pero sin tener idea exacta de los lugares que visitaría junto con Parvati, o de su itinerario, sin tener idea alguna de que era en realidad lo que la Señora Andley pensaba hacer en India, era muy difícil seguirles la pista. Así que en definitiva, Patty terminó yendo solo a visitar a Annie y a jugar con los pequeños.
De esta forma se paso Enero, en un abrir y cerrar de ojos, sin muchas sorpresas y sin muchas novedades, excepto los diarios encontrones entre el señor Cornwell y la señorita o señora Legan. Febrero ya a mediados, transcurría de la misma forma, ansioso y sin respuestas.
El sonoro golpeteo de sus yemas contra la madera se detuvo por un ruido más contundente. Alguien golpeaba la puerta.
-¿Quién?
- Soy yo Elisa, Patty. Traigo algo para ti.
- Pasa…
- Acabo de llegar y al parecer solo te escribió a ti, así que nos gustaría mucho que la leyeras y nos contaras cómo está y si dice cuándo regresa. George dice, que debe ser que en el correo se refundieron las otras cartas para el resto de la familia… así debió ser… pero por ahora tenemos la tuya, que al menos para mi es suficiente.- Elisa la escuchó con cuidado y pudo darse cuenta que su tono era sincero, no había en el los melindres de una falsa resignación por no haber recibido una carta, al contrario se notaba que estaba feliz y ansiosa por saber el contenido de la que le llegaba a ella. Tomo la carta entre sus manos, la palpó muy bien, y se dio cuenta de que era una misiva que había viajado mucho para llegar hasta Lakewood. Dio un suspiro de tranquilidad, porque sintió que una larga agonía se le terminaba por fin.
- Gracias Patty, eres muy gentil. Te aseguro que cuando la termine de leer te contaré lo que dice, pero por favor ahora retírate, quisiera estar sola mientras la leo.
- Por supuesto Elisa, no faltaba más.
- Estaremos con Annie en el salón de costura… esperando tus noticias.
- Allí estaré tan pronto acabe de leer.
A Patty, Elisa le sonó de una dulzura increíble, y noto enseguida, que eran los efectos de la carta que llegaba desde India. Para nuestra gafufa, era claro que Elisa, no era ya una mala persona, y creía de veras en el cariño que esta le tenía a Candice, no lo dudaba como Archie o Annie. Pero no dejaba de tenerle algo de pavor a una mujer del temple de Elisa. Se retiro del salón de Te, más tranquila, porque estaba segura que con la carta de Candy venían vientos de paz para esta mansión que últimamente había estado al borde del desquicio.
Calcuta, 31 de Enero de 1932
Mi muy querida Elisa,
Antes que nada, estoy viva. Viva de verdad.
Parvati no ha resultado para nada una mujer peligrosa, a menos que tengas como peligro la paz que a su lado se siente. Entiendo muy bien a Albert, si uno esta a punto de morir, debe sin duda tener a alguien como Parvati a su lado.
Te escribo desde la India.
Hace un sol de infierno que no creo que nunca, ni en los veranos más candentes de Lakewood hayamos tenido, todos dicen que es porque anoche llovió, y bueno, la lluvia es otra historia… No son pequeñas gotitas de agua cayéndote sino cántaros, si así es, el cielo se desborda cuando aquí llueve.
Ah mi querida Elisa, todo es nuevo y diferente para mi aquí, creo que en todos mis años jamás me había sentido tan extraña y tan ajena a algún lugar, y es porque no he venido a India como la turista extranjera, tampoco como la colonizadora inglesa, no, yo he venido a India para vivirla. A esa conclusión he llegado estos días, porque pensándolo bien, no he tenido aquí ninguno de los privilegios que normalmente tienen los extranjeros europeos o norteamericanos… No, no ha sido así, para todos soy una desconocida que ha llegado con Parvati, que no tiene origen o procedencia, que no tiene ningún nombre, ningún título, y entiendo muy bien Elisa que esa es la verdadera libertad, no tienes que corresponder con nada, nadie espera nada de ti y tus gestos no están sujetos a las interpretaciones del prejuicio. Soy solo una mujer que camina y ya esta.
En realidad, y ahora lo veo claramente, al lado de Parvati tengo más privilegios que cualquier turista, ya que, verás querida, siento que percibo a la India desde dentro, y puedo jurar y juraría siempre que contando todas sus miserias, sus guerras de independencia, sus guerras por la religión, sus extrañas castas y todo lo demás, India es el país más tranquilo que he conocido, y no porque en las calles no se escuche bullicio, no, no se trata de eso. Es más bien que todos aquí tienen mucha paz en su interior, una luz profunda que viene de ellos mismos los guía en su andar.
He comido con las manos.
Me he ungido de aceite el cuerpo entero.
He pasado días sin bañarme.
Ando envuelta entre telas todo el tiempo.
Y aunque todo esto pudo antes parecerme, sucio y desagradable, he de decir que aquí lo he disfrutado montones.
Pienso, Elisa querida, que para volver a ser yo misma, tenía que jugar a ser otra que nunca he sido, y ver de lejos a la Candice que añoro, entenderla y darle tempo para que regrese. Desde aquí la veo muy bien, y ¿sabes? He vuelto a quererla, sí, a esa niña pecosa que corría colina abajo, trepaba árboles, se revolcaba en el barro, retozaba en un establo hablando con los caballos. Y ¿sabes qué? Quiero volver a ser como ella. Estoy harta de jugar a la señorita… o peor a la Señora Andley. Lo cierto es que me he dado cuenta que lo tendré que hacer por otro largo período… pero al final seré libre… ya, cuando este en America, te explicaré a que me refiero.
¿Qué cuándo regreso? No lo sé. Pero deja que te diga que no será pronto, quizá cuando empiece la primavera, pero aún no lo sé. Antes debo ayudar a Parvati, porque ni aunque yo me lo creo, es ella quien necesita mi apoyo ahora.
Resulta querida Elisa, que cuando llegamos para visitar a la familia de Parvati y ver si ellos podían volverla a recibir - que era esencialmente a lo que Parvati regresaba a la India- ellos no la recibieron, la arrojaron como si se tratara de la peor escoria. Es la tradición… si, es el peso de la tradición aquí. Fueron momentos muy tristes para Parvati, y sé que aun hoy aunque sonríe, sigue triste. Entonces caminamos mucho, fue una caminata esplendida, de atardeceres rojos y mañanas naranja. Los días mas felices que le quedan a esta Señora que casi se muere del dolor… eso ha sido esta caminata. Llegamos a la casa de la señora Madhuri y te diré la verdad para que no interpretes nada más: es una casa de cortesanas, donde los hombres pudientes se sirven de la belleza de sus mujeres para encontrarle inspiración a la vida. Esta señora, nos recibió como reinas, aquí quieren mucho a Parvati todos. La llaman La Iluminada, y debes verla bailar para que entiendas a que se refieren. Es la belleza completa. Eso es.
La señora Madhuri y Parvati, enseñan a las otras mujeres las artes del amor, que son tantas y tan diversas que ya se me acabaría el papel de contártelas. ¡Ahhh! ¡Es tan poco lo que sabemos nosotros del amor! Y más poco aún lo que sabemos las mujeres de nuestro cuerpo, diseñado no más sino para amar… que equivocados estamos todos aquellos que siempre creímos que el amor, solo estaba entre las sábanas. Aquí mi dulce Elisa, el amor esta en cada acto, en cada gesto, en cada paso. La seducción de estas mujeres lo atrapa todo y soy feliz de estar con ellas, aprendiendo de mi, descubriendo mis secretos… y tantas cosas que nunca sospeche.
Alguna tarde, de esas bellas tardes que se tienen en Lakewood, te enseñaré algunas cositas, para que ya ningún amante pueda olvidarte… jamás.
Y no seas malpensada, te daré recetitas de cocina, secretitos de ciertas plantas, de ciertas semillas… jejeje… con esto será suficiente… para comenzar. Después ya vendrán los movimientos de los ojos, de las manos, de las caderas, y las caricias veladas que solo una buena cortesana sabe dar.
Si Elisa, aquí soy muy feliz, y me quedaría junto a Parvati para siempre, sino supiera que debo regresar, y que ese deber va más allá que mi título como cabeza de los Andley, hay muchos asuntos por solucionar y solo yo podré hacerlo. No creas que soy ajena a esa realidad y nunca dudes de mi lealtad.
Espero que estas letras te basten para saber que estoy bien, que he vuelto a ser feliz como hacía mucho tiempo que no lo era. No te olvido y estarás siempre conmigo mi querida Elisa, porque cuando quiero a alguien de corazón ya no lo puedo dejar por el camino.
Tu White.
P.D. Hay cierto asunto que debo contarte cuando regrese, aún no estoy lista, ni siquiera para mencionarlo. Pero juro que te lo contaré… ahora te entiendo tanto.
Fueron las últimas letras las que más la inquietaron. Por lo demás estuvo tranquila desde las primeras líneas, y se sintió muy contenta por lo que leyó, esta era la Candy que tanto tiempo había esperado, viva y feliz de verdad. No negaba que sentía algo de envidia por no haber sido ella la autora del milagro, pero que más daba, la cuestión era que al final de cuentas, la mujer que iba a llegar -algún día- de India, era en realidad Candy White y no solo la Señora Andley.
Sin embargo cuando ya se acercaba al final de la carta, después de haberse sonreído un par de veces y sonrojado otras tantas, se percato de que no había no siquiera una breve nota de saludo a nadie, no Patty, no Annie, ni siquiera alguna recomendación para George o algún mensaje para Archie. Nada. Y si normalmente esto le hubiera agradado, por esta vez se preocupó, porque tendría que echar mano de su poca cortesía para mentir y decir que si, que la carta estaba llena de saludos para todos y de breves notas sobre su estadía en India, notas que de hecho no podría compartir porque a modo de ver de Elisa eran demasiado personales, así que encima, tendría que utilizar los convencionalismos de todo viajero en sus cartas, que si, que el lugar es exótico, que ha comido delicias y que la gente es muy rara pero maravillosa. Y así sería porque Elisa no estaba dispuesta a compartir las confidencias de su querida White con nadie más. Si ella se las hubiera querido contar les habría escrito, pero lo cierto era que ambas sabían que Annie y Patty nunca entenderían podrían hasta juzgarla por la inmoralidad de vivir en una casa de citas india cuando su marido apenas cumplía un mes de muerto.
Se daba cuenta Elisa, que en cambio, Candice prefería referir otro asunto, uno por el cual ella había entendido sus objetivos. ¿Pero que clase de suceso era ese y a cuales objetivos se refería? ¿Era acaso algo referente a sus sospechas? Pero si ya Candy le dejaba claro que en Parvati no solo se podía confiar sino que a parte había que agradecérsele por el milagro de la amiga repuesta, y por este camino, había también que quitar las sospechas negativas de George… ¿Y entonces, cuál era el misterio que este par ocultaban? No iban a hacerle daño a su Señora, pero y entonces… ¿Qué tramaban?
Salió del salón de té, con el alma tranquila, con la conciencia de que tendría que mentir, no como siempre por perturbar o por obtener alguna verdad, sino por mera diplomacia. Pero también salió con las preguntas al borde y sin ninguna respuesta a mano.
