Ianto apenas abultaba en los brazos de Jack, el capitán lo miró mientras caminaba por el pasillo de la base. Pocas veces había estado tan asustado, pero lo cierto era que jamás había temido tanto por la vida un ser tan querido. Ianto era su compañero, el amor de su vida, como no lo había sentido jamás.

Su mirada no se había apartado de Ianto, que apoyaba su cabeza débilmente sobre el hombro del capitán. Tenía un pequeño reguero de sangre que manaba de su cabeza y un gran hematoma en su mejilla derecha. Jack tan sólo esperaba que no tuviera nada más, que no fuera más que algo superficial y que después de todo, su compañero estuviera bien.

Sin darse cuenta, estaba llorando cuando atravesó la puerta de la enfermería. Allí le estaban esperando Owen y el Doctor.

"Jack." Dijo el Doctor al verlo aparecer y se acercó hasta su amigo. "¿Qué ha pasado?"

"Necesito que le hagas un escáner, se ha dado un buen golpe y necesito saber si tiene algo roto." Dijo Jack a Owen, sin escuchar las palabras del Doctor. "Además está la herida de la cabeza, no se… no le he visto cuando ha caído al suelo, tal vez se haya golpeado, tal vez…"

"Jack."

Tanto Owen como el Doctor, se acercaron al capitán y le ayudaron a dejar a Ianto sobre la camilla. Jack estaba temblando, ninguno de los dos le había visto jamás así. El Doctor le hizo alejarse.

"Deja que Owen haga su trabajo, es médico, cuidará de él."

"No voy a dejarle solo." Jack forcejeó ligeramente con el Doctor, mientras su amigo intentaba sacarle de la habitación. "No voy a dejarle."

"Jack, mírame."

"Doctor, no. No vas a convencerme para que salga de aquí y deje a Ianto solo, si le ocurre algo, quiero estar con él, necesito estar con él."

"Jack."

Tardó unos segundos en hacerlo, pero finalmente, el capitán se dio la vuelta y miró al Doctor. Le destrozó el corazón verle así, los ojos enrojecidos, las manos que no dejaban de temblar, todo él parecía a punto de derrumbarse. Por eso, le abrazó. Jack no se lo esperaba, pero le abrazó. Jack se quedó quieto, quería abrazarle, quería compartir con él su dolor, pero no pudo hacerlo. Ianto había tratado de avisarle de que estaba ocurriendo, lo que esa criatura quería de él, pero no le había escuchado. Estaba tan convencido que esa cosa quería a sus hijas, que no le había prestado atención. Se había equivocado y ahora Ianto lo estaba pagando.

En completo silencio, el Doctor consiguió llevarlo al pasillo, Jack se apoyó en la pared y cerró los ojos. Su existencia había cambiado sobremanera desde que Ianto había entrado a formar parte de su vida; no solo era uno de los mejores agentes que había tenido jamás a su mando. Desde el principio había sido mucho más.

"Creo que no se dio cuenta; me miró aquella noche que nos conocimos de una forma… entonces supe que… entonces yo era un descreído Doctor, tan sólo pensaba en acostarme con él. Ianto no era más que un crío asustado, había estado en Canary Warf, durante el ataque de los Cibermen y yo intenté aprovecharme de él."

"No seas tan duro contigo mismo."

"No lo soy Doctor, es la pura verdad. Cuando le conocí creí que sería un buen polvo, nada más. No me di cuenta, ni cuando me enamoré de él, ni siquiera me enteré que él se había enamorado de mi."

Las imágenes que empezaron a aparecer en su mente, parecían ser de un pasado muy remoto, un tiempo en el que el amor no existía para Jack, tan sólo sexo por sexo nada más. Pero Ianto apareció y poco a poco empezó a ver las cosas de otra manera gracias al muchacho, el amor, la vida, todo era distinto cuando estaba con Ianto, incluso el sexo se convirtió en hacer el amor.

"Un día paso." El Doctor le observó en silencio mientras hablaba. "Me desperté en la cama, con Ianto a mi lado, acurrucado contra mi, durmiendo tranquilamente. Me dijo que tenía pesadillas por lo que había ocurrido en Londres, pero estando conmigo se relajaba, se sentía bien, relajado. Le miré mientras dormía, recuerdo que le acaricié la mejilla y ronroneó." Jack se echó a reír, se sentía completamente estúpido hablando así con el Doctor, pero no sabía mentirle a su amigo. "Sonreí y me di cuenta que no quería moverme de allí, no quería marcharme, como tantas otras veces hacía después de acostarme con alguien."

"Te quedaste allí."

"Me he quedado hasta ahora. Ianto es más de lo que me hubiera gustado reconocer nunca, no es sólo un amigo, no es un compañero, no es parte de este equipo. Ianto es mi vida y ahora siento que le he fallado, siento que su muere…"

"Ianto no va a morir, le he visto, es un chico fuerte y saldrá adelante. Ha tenido dos niños Jack y es un padre excelente. No te decepcionará ahora."

"¿Y si le he decepcionado yo?"

"No digas eso Jack."

Owen salió de la enfermería antes de lo que Jack había esperado y se preguntó si eso era algo bueno o malo. Miró a su compañero sin decir nada, apretando las manos hasta hacerse daño, esperando que fuera el propio Owen el que le dijera algo.

"Ianto tiene la cabeza más dura de lo que yo creía." Dijo finalmente con una sonrisa. "Puedes estar tranquilo Jack, se pondrá bien." Jack suspiró de forma casi imperceptible para sus amigos. "Sólo una cosa." El capitán levantó la vista de golpe, ya había supuesto que aquello no podía ser tan bueno. "Es su espalda."

"No me digas…"

"No, es lo que piensas Jack, al menos no es tan grave." Jack dio un paso adelante hacia su amigo. "Se ha dado un buen golpe, tu mismo lo dijiste. Vas tener que conseguir que se esté tranquilo y preferiblemente en la cama durante unos días."

Jack estuvo a punto de gritar, pero se contuvo.

"¿Sólo eso?"

"¿Sólo eso? Jack parece que no conozcas a Ianto, ¿de verdad crees que va a quedarse en la cama mucho tiempo teniendo dos gemelas que le necesitan? Mira, en eso se parece a ti."

Jack lo pensó con frialdad, aunque ese último comentario no le había hecho excesiva gracia, pero era cierto, él mismo lo había dicho, Ianto era una padre excelente, siempre preocupado porque las niñas estuvieran bien; cuando lloraban, era el primero que se levantaba por las noches, sin importarle las horas de sueño que fuera a perder. Dormir de la mala manera en u sofá no era un problema para él y no cenar porque alguna de las niñas estuviera enferma, no le importaba.

"¿Qué es lo que le ocurre en la espalda?" Dijo por fin Jack.

"No es nada grave, siempre y cuando descanse claro. El golpe le ha producido una fuerte inflamación, que de momento, durante un par de días no le va a permitir morverse."

"¿Cómo si hubiera perdido la movilidad de sus piernas?"

Jack palideció de repente, ver a Ianto en una silla de ruedas era algo terrible, sobretodo porque podía imaginarse la reacción de su compañero al comprobar que las piernas no le respondían, aquello podría acabar con él.

"Sólo por unos días, hasta que baje la inflamación."

"¿Volverá a caminar?"

"Con un poco de tiempo para recuperarse y contigo a su lado, no lo dudo."

"¿Puedo verle?"

Owen se hizo a un lado, pero antes de que el capitán, entrara en la enfermería, le detuvo.

"Recuperará la consciencia en unas horas y puede que ahora lo veas con mal aspecto, pero tu sabes mejor que yo, que ha recibido unos cuantos golpes. Déjale descansar y ya verás como se recuperar."

Jack asintió y entró en la habitación por fin. Todo estaba en silencio, no había nadie experto Ianto que descansaba en la cama. Estaba dormido, inconsciente, tal y como le había dicho Owen y también como le había dicho, no tenía buen aspecto. El hematoma del rostro, se notaba más en su rostro pálido y la venda en la cabeza por la brecha que se había hecho, tampoco ayudaban a que Jack no se preocupara.

Se sentó a su lado, quería estar ahí cuando despertara y notara que las piernas no le reaccionaban. No quería que se asustara, quería decirle que todo iba a salir bien, que se lo prometía, que no iba a dejarle en ningún momento.

Pero en lugar de eso, en cuanto se sentó, cogió la mano de su compañero entre las suyas y comenzó a hablarle sobre las niñas, sobre lo rápido que habían crecido en esos pocos meses y en lo que tenía pensado para la familia cuando todo aquello terminara.

"Vamos a ser una familia modelo y cuando las niñas sean mayores y vayan al colegio, todos nos miraran y tendrán envidia de nosotros, de las niñas tan guapas que tenemos, de lo listas que son, me dirán que tengo el marido más guapo del mundo." Se cayó un momento. "¿Has oído lo que he dicho? Ya pienso en ti como mi marido, cuando ni siquiera te he pedido que te cases conmigo. ¿Te casarías conmigo?" Le acarició la mejilla. "No me contestes ahora, deja que te haga la pregunta como debe ser, al fin y al cabo soy un romántico, lo sabes bien, tu ahora descansa."

Le doy un tierno beso en los labios y se quedó en silencio. Se acomodó en la silla, no se iba a mover de allí, hasta que estuviera convencido que Ianto estaba bien, aunque las niñas… tenía que cuidar de su familia, de Ianto y de sus hijas, no podía permitir que les ocurriera nada más por su culpa.