Hola, nuevamente. Y gracias a todos los que leen, ponen en favoritos, o comentan. Por ustedes es que continuo escribiendo esto. Ahora, solo sabe decir que esta vez no pondré mi linea onduladita [~], dado que no se en que momento poner las canciones. Solo hubo dos canciones que fueron de verdadero apoyo para escribir, y fue por igual en todo el texto. A lo que, les diré cuales son y le ponen 'play' cuando quieran xd. Y ya saben, si hay ideas, o sugerencias, son bienvenidas :3

LOURDESITA100

Lyzz Cullen

Nas Wolf.

cameeRCCS

26Fairy06

engel17white Si, algo así. Me siento maquiavélica al hacerlos sufrir, pero ya le bajare un poco a mi maldad xd. Y no creo, el chavo ya no la ha de recordar. Y no seria capaz de hacer pasar por mal de amores a el.

Moni Morgesnten Vulturi Por nada, en verdad fue una buena idea. Y es genial, escribir si alguien como tu lee, Moni.

Team Ethan. Exacto. No puede dar por sentado las cosas, pero en algún momento le va a ir bien c: Es mejor que romeo*-* Igual quiero uno. Solo que no se donde se consiguen-.- Solo en mi imaginación los hay, por el momento.

lhaiornelithaxx Gracias por tu opinión, linda.


~Kiss me- Ed Sheeran.~

~This love doesn't run- Kerrie Roberts~


De nuevo gracias, saludos :3 Y espero les guste.


POV Renesmee/May.

Instantes después de que él desapareció en el bosque tras aquel aullido desgarrador, cerré la puerta y arrastre mis pies hasta las escaleras, dejándome caer en el primer escalón, tome mis rodillas con mis brazos, mientras lágrimas seguían resbalando por mis mejillas, aunque ningún sollozo salía de mis labios, no podía permitirme una muestra de debilidad de tal grado. Llorar, podía pasar de vez en cuando, pero un drama completo, eso no.

Sí. Si me sentía culpable por ser quien le causara ese sufrimiento a Jacob, pero simplemente no podía corresponderle y por consecuencia tampoco podía hacerlo feliz. Y no estaba dispuesta a destinarlo a una eternidad con alguien que no lo amaba, solo por miedo a romper su corazón. Eso solo sería peor. Prefería que me odiara en estos momentos por serle sincera, que por fingir sentimientos que jamás aparecerían. El para mí solo era un amigo con el que podía contar, solo eso y nada más. Ya que, por más iluso que pareciera, yo solo podía pensar en estar con alguien. A pesar de que eso significara un peligro total para él. Era lo suficientemente egoísta para fantasear con la posibilidad. Y también lo suficiente, como para llevarlo a cabo, pero al mismo tiempo, deseaba protegerlo, y eso era el único razonamiento que pensaba seguir.


El sonido de pasos aproximándose con rapidez me hizo salir de mis pensamientos, y alce mi vista hacia la puerta para encontrarme con Santiago, Edward, Emmet, Bella y Alice de pie frente a esta, que se encontraba entre abierta. Cada uno tenía una expresión diferente. Aunque la que no me gustaba era la de Bella. Tenía una mirada de asesina serial, que iba dirigida hacia mí sin tapujos, y sabia el porqué de esa mirada. Con este poco tiempo cerca de ella, conocía como funcionaba su mente. No era nada complejo, e incluso, hasta mediocre. Su mente trabajaba bajo ciertos aspectos muy simples, dejándome conocer de antemano sus reacciones.

-Que rápido corren los rumores- masculle de mala gana rompiendo el silencio, luego de limpiar el rastro de las lágrimas de mi rostro con mi antebrazo.

-Sus pensamientos siempre han sido fuertes- comento Edward acompañado de un encogimiento de hombros.

Asentí más por inercia que por alguna otra razón.

-¿Por qué demonios hiciste eso?- chillo Bella, y yo emboce una media sonrisa. Ella era en verdad predecible. Estaba más que claro que ella había venido hasta aquí solo para abogar por Jacob. –Él es una gran persona, ha estado ahí para ti siempre, aun a costa de su propia vida. Siempre piensa en ti antes que en él, y tú no puedes dejar de ser egoísta por unos segundos para pensar en él, en su felicidad–coloco sus manos sobre sus caderas mientras daba unos pasos hacia donde me encontraba, con aspecto amenazante. Cuando estuvo frente a mí, me puse de pie, desafiándola sin premeditarlo.- Ustedes están destinados a estar juntos, desde el momento en que te vio en brazos de Rosalie. ¡Le perteneces! –con cada palabra que pronuncio hizo que mi culpa se convirtiera en enojo, no dejando rastro alguno de la tristeza que me había invadido. Ella hablaba de mí como si fuera una cosa y peor aún, una que tenía dueño.

-Nada de lo que digas hará que cambie de parecer- le gruñí en respuesta a su sermón.

-¡Él te ama!- insistió de manera arrogante mientras me tomaba por los hombros, zarandeándome un par de veces.

-Yo a él no- la empuje para que quitara sus manos de encima mío, haciendo que tropezara y tuviera que hacer uso de sus reflejos para no caer, al sujetarse del sillón detrás suyo.

-¡Renesmee Carlie Cullen Swan! ¡Debes de estar con él! Es tu destino- dio un golpe al piso con su zapato al finalizar.

-A mí no me hables así –vocifere en un tono bastante amenazante, a lo ella que dio un respingo. Bien, había logrado asustarla.- En primera mi nombre ya no es ese. En segunda, no le pertenezco a nadie dado que no soy un objeto, y mucho menos voy a pasar mi eternidad al lado de alguien a quien no amo solo porque una estúpida leyenda de metamorfos.

-No lo entiendes. No es solo por la imprimación –musito bajando la mirada.

Di un paso hacia ella, con los brazos cruzados a la altura del pecho.

-¿Qué es, entonces?-.

-Su felicidad. El merece un final feliz, alguien que lo ame y...-

-Que le de lo que tú no le diste, ¿No es así?- refute en un tono inexpresivo, y el rostro de Bella se crispo al instante.

-¿Qué?- exclamo con el ceño fruncido

-Escuchaste bien. Y de una vez te lo digo, no te ayudare a desaparecer tus remordimientos.

Ella mantuvo aquella expresión contrariada, mientras que Alice se acercaba a mí y me lanzo una mirada cautelosa, antes de detenerse frente mío. Los demás solo observaban la escena sin atreverse a interponerse.

-Ella solo pensó que la imprimación actuaba en ti como como en todas las demás personas. Que te enamorarías de él con el paso del tiempo, como es normal- explico con las manos alzadas en dirección mía, como si tratara de tranquilizarme y a la vez me temiera. Pero ella no tenía por qué preocuparse, ella no era quien me estaba tratando como un objeto para darle paz a su consciencia. No le pondría jamás una mano encima a Alice. Al menos, no para lastimarla.

-Yo creo que Isabella debería de recordar que May no es humana. A lo que, sea lo que sea que hace, que la imprimación funcione, no funciona igual que con quienes sí lo son- comento Santiago sin moverse de su sitio, pero lanzando miradas inquisitivas a Bella y Alice. Las comisuras de mis labios se elevaron un poco, al tener como siempre el apoyo de Santiago.

-Opino lo mismo- soltó Emmett al mismo tiempo que asentía paulatinamente.

-¿Edward?- inquirió Bella, buscando algo de apoyo en el asunto, en un intento de desesperación de llevar a cabo su prometido: Unirme a Jacob.

-Lo lamento- musito Edward dedicándole una mirada de disculpa a Bella. Eso basto para saber que estaba de mi lado, y no apoyaba la absurda idea de emparejarme con alguien hacia quien no tenía sentimientos amorosos.

-Comenzaba a tener una opinión diferente de ti, Renesmee. Pero me doy cuenta que me equivoque. Y que la primera impresión que tuve de ti al descubrir quien eras, es la única verdadera- escupió con desagrado antes de abandonar la casa en un parpadeo.

-Ese no es mi problema- le refunfuñe a la nada, dado que Bella ya no estaba para escucharme.

Pase una mano por mis rizos, en el tiempo en que Santiago decidió avanzar hacia mí. Al estar a mi lado paso un brazo por mis hombros y yo me relaje al instante, dejando la postura defensiva que había mantenido durante un corto tiempo. Alice se dirigió con sus pasos de bailarina a uno de los sillones y con toda la elegancia posible de ella, tomo asiento. Emmett la siguió al segundo, imitando su acción solo que con menos gracia. Y Edward se mantenía estático en su lugar, con la mirada perdida. Sabía que estaba pensando en ella, y en lo molesta que habría de estar con él por no haberla apoyado en su locura.

-Se le pasara, lo sé- comento Alice haciendo obvia referencia a su hermana.

-Sí, también lo sé- añadió Edward tras un parpadeo innecesario. Luego, se unió a sus hermanos.- Me disculpo por lo que ella dijo- susurro Edward y yo negué con la cabeza.

-Sabía que haría eso, es demasiado predecible. Y tú no tienes que cargar con la culpa de sus acciones. Es lo suficientemente mayor como para hacerse cargo de las consecuencias de lo que dice y hace- le asegure adaptando un tono más amable, a comparación del que había utilizado con su esposa.

-Todo bien, entonces- añadió Emmett estirando sus brazos, uno a cada lado, y apoyándolos en el respaldo del sillón.

No respondí, como tampoco nadie más en la habitación. Alice, poco después comenzó a entablar una conversación con Santiago, haciendo que este se dirigiera a un sillón para conversar con más comodidad, llevando a mí de la mano para que me sentara a su lado. Yo me deje guiar por él, e incluso participe un poco en la conversación, haciendo notar que el mal rato que Bella me había hecho pasar, se desvanecía con rapidez. Cosa que obviamente alegro a todos, en especial a Edward. Quien ya no se mostraba avergonzada con la actitud de su mujer, sino que se había unido a nuestra conversación, tal como Emmett.


Todo marchaba bien. Los cinco conversábamos con normalidad, entre unas cuantas bromas –todas, cortesía de Emmett, sobraba decir eso-, cuando repentinamente Edward decidió poner sobre la mesa un tema bastante delicado. Y del cual solo él estaba al tanto además de mí, al menos, así era hasta que hablo.

-¿Has seguido yendo a verlo por las noches?- había dicho, haciendo que todos fijaran su vista en mí, claramente sorprendidos, aunque no por no saber de quien hablaba, eso lo tenían claro, sino, por el que yo hiciera eso.

Y ahora, habiendo pasado poco más de un minuto en silencio tras la pregunta, sin saber que decir, y a sabiendas de que si fuera más humana, estaría totalmente sonrojada, no pude hacer más que dar una respuesta concreta, un monosílabo que me no hacía más que delatarme, pero no había otra escapatoria, no podía mentir.

-Si- respondí en un tono neutro.

-¿No se ha dado cuenta de que estas ahí?- inquirió de nueva cuenta, ganándose una mirada fulminante de mi parte ante su insistencia.

-No- mentí, mientras los recuerdos de hace unas horas, en que me vio durante una milésima de segundo, aunque se convenció de que solo alucinaba conmigo y que no estaba realmente en su habitación, embargaban mi mente, y yo tuve que cerrar los ojos, mientras los reprimía.

-No lo mataras- sentencio Emmett, y yo abrí los ojos de golpe, para mirarlo pidiéndole una explicación. El soltó un sonoro suspiro antes de proseguir. – Si simplemente el olor de su sangre te pareciera irresistible, y nada más que eso, el ya no estaría vivo. Pero sé que no es solo su sangre, porque actúas como Edward lo hizo años atrás, sientes por el algo más que deseo.

Solté un bufido a la vez que me hundía más en mi asiento.

Por más que quisiera refutarle aquello a Emmett, me era imposible. Porque sabía que tenía razón. Si solo deseara su sangre, nada me hubiera costado beber de ella. El día que lo conocí miles de ideas pasaron por mi mente, cada una de ellas era efectiva y discreta, sin embargo no hice nada. Eso debió ser la primera alerta de que no era solo la sangre. Después, cuando no pude dejar que el chico de la cancha de fútbol lo siguiera golpeando, eso, claramente era una segunda alerta. Desde esos momentos todo estaba claro. Y, en el fondo lo sabía. Por algo procuraba mantenerme alejada de él, pensando en su seguridad, pero a la vez quería estar cerca de él. Emmett estaba en lo cierto.

-Pero no le piensas decírselo, ¿No? Que estas enamorada de el- di un respingo cuando Alice pronuncio la palabra "enamorada". Palabra que, aunque claramente me definía, no dejaba de sorprenderme. Ya que jamás pensé volverme a enamorar luego de Alec… Un suspiro nostálgico se escapó de mi boca. Pero me enfoque en alejar mis pensamientos de él, los cuales a pesar del tiempo, seguían llenos de sentimientos. Menos nítidos que antes, pero seguían ahí. –Renesmee. May – llamo la de cabellos en punta, captando de nuevo mi atención. Y negué con la cabeza, respondiendo a su pregunta anteriormente formulada.

-No puedo ponerle en peligro- susurre, casi inaudible, aun para un vampiro.

-Pues, será difícil mantenerte alejada de él, considerando el que tampoco él quiere estar lejos de ti. También siente algo por ti- comento Santiago, enarcando una ceja.

-Ya me olvidara- musite, con la imagen de aquel boceto mío que tenía en sus manos en su habitación. No estaba segura de lo que había dicho, pero eso era lo mejor, aunque imaginaba le costaría mucho tiempo olvidarme, pero de seguro, no tanto como a mí.

- ¿Por qué no….- la pregunta de Edward quedo inconclusa en el aire, a causa de un aullido y el sonido de unas pisadas firmes, cuatro para ser exacta, que se acercaban a la casa a toda prisa.

Los cuatro nos pusimos de pie, dedicándonos miradas llenas de duda, el olor indicaba que se trataba de un metamorfo, pero no era Jacob. El rostro de Edward se contrajo durante un segundo, y entonces se abalanzo hacia la salida a velocidad vampírica y los demás fuimos tras de él. Una presión repentina en el pecho me indicaba que algo andaba mal. Así que apresure el paso llegando antes que todos al lado de Edward, quien a unos cincuenta metros de la casa se había detenido. Delante de él, un lobo color arena enfocaba sus ojos oscuros en él, con intensidad. Su respiración era agitada, y a pesar de las facciones lobunas, podía distinguir un deje de desesperación. Ni siquiera me importo que el lobo me pareciera conocido, al igual que su aroma ahora que me encontraba más cerca de él, lo que quería saber era que había sucedido. Y con urgencia.

-¿Qué pasa?- cuestione llevando mi mirada de uno al otro. Pero ninguno me respondió, y la presión en mi pecho aumento, haciéndome colocar una mano donde mi corazón se encontraba.- ¡Edward!- chille, comenzando a sentirme al borde de la histeria. Aunque sin saber realmente el motivo.

-Seth dice que Jacob olfateo a unos neófitos vagando por el pueblo- respondió Edward, con los dientes apretados. Aunque él me había respondió, sabía que había algo más. Porque eso no podía ser suficiente motivo para justificar lo que sentía. Neófitos vagaban por el mundo todos los días, y no me sentía así siempre; era algo más.

-¿Qué más?- le exigí prácticamente a gritos, dando un paso hacia él.

-Los estas siguiendo, trato de ver a donde se dirigen a través de los pensamientos conectados de la manada- mascullo, comenzó a irritarse también. Supongo que a causa mía. Pero eso no me importaba, quería saber todo.

Así que active nuevamente mi don, para poder leer la mente del lobo color arena. Y fue cuando capte varios hilos de pensamientos. Eran tres los que estaban en fase. Uno era de una chica, otro suponía de él, porque sus pensamientos eran imágenes de nosotros de frente, y había otro más que reconocí rápidamente, los de Jacob. Mostraba partes del bosque entre las que el corría. Iba algo por detrás de los vampiros, dado que como ellos no conocían su olor, podía espiarlos, y eso hacía, guardando una distancia adecuada. Segundos después, los pensamientos de Jacob se enfocaron en mí, con una pizca de confusión. De principio no entendí a que se debía aquello, pero luego, al captar la imagen de la parte trasera de una pequeña casa de dos pisos, lo comprendí. Estaba en el bosque por detrás de la casa de Ethan. Y había captado mi olor.

-¿Acaso es…?- nuevamente la pregunta de Edward quedo sin terminar o al menos yo no escuche el resto, porque yo ya me había echado a correr en dirección a la casa de Ethan. No podía permitir que llegaran hasta él. Él estaba en casa a estas horas, lo sabía.

Corrí lo más rápido que había corrido en mi vida, mientras aquella extraña y molesta presión en el pecho golpeteaba mi pecho con cada latido de mi corazón. Y eso sonaba como el tic tac de un reloj, que me recordaba que el tiempo pasaba, y cada segundo que tardaba en llegar, era un segundo más que Ethan estaba en peligro.

Al fin, luego de una carrera que me pareció más que eterna, pude divisar parte trasera de la casa, donde Jacob era atacado por cuatro neófitos, todos ellos hombres. Me acerque a uno que traía un gorro de color rojo puesto, y tomándolo por el dorso lo arroje unos metros hacia la derecha haciendo que se estampara contra un árbol y de paso lo partiera justo donde lo había golpeado. Me disponía a atacarlo de nuevo, cuando un grito de dolor proveniente de adentro de la casa, resonó en mis oídos a la vez que me dolía, como una gran punzada en el corazón. Dedique una mirada hacia mis espaldas, donde Santiago y los demás recién llegaban. Jacob tendría ayuda ahora. Y sin pensarlo dos veces, de un salto entre por la ventana que se encontraba abierta. Cayendo de pie en lo que era una habitación completamente vacía. El sonido de sus gritos provenía del piso inferior, y llegue ahí en lo que dura un parpadeo. Y ahí dentro, otros tres vampiros –dos mujeres y un hombre- tenían a Ethan acorralado en la cocina, mientras que otro hombre, lo sujetaba de sus brazos por la espalda, en una posición que además de incomoda, indicaba que en un movimiento sorpresivo de parte de Ethan, podía despedazarlo.

La ropa de Ethan estaba desgarrada, poco quedaba ya de su camisa, y todo el conjunto estaba manchado de sangre. Y las partes visibles de su piel, mostraban arañazos, mordidas, moratones. Eso logro hacer que mis colmillos sobresalieran un poco, a la vez pude sentir como el borde negro que ocupaba parte de mi pupila cuando me encontraba en verdad enojada, aparecía. Fije mi vista en una de las vampiresas, la de cabello castaño, y sin pensarlo dos veces, la tome por la espalda y arranque su cabeza, todo eso en menos de un segundo. Fue tan rápido, repentino, que no tuvo tiempo de gritar. Sus compañeros se dieron cuenta de lo sucedido, por el chasquido de su cuello partiéndose a la mitad, y enfocaron sus ojos color carmesí intenso en mí. Estaba claro que no se percataron de mi presencia hasta ese momento.

-Déjalo ir- gruñí, arrojando la cabeza de la chica a los pies del refrigerador, sin una pizca de pena o compasión por la misma.

-¡Llegamos primero!- vocifero la chica de cabello oscuro, la única neófita mujer que quedaba. Emboce una sonrisa ladina, y fije mi vista en ella.

Use el don copiado de Jane con ella, y ella se dejó caer a piso de madera con las manos sobre su cabeza, unos chillidos de dolor acompañados de suplicas lastimeras salieron de sus labios. El chico que había estado a su lado, acorralando a Ethan, dio un traspié, tropezando con una alacena, mantenía los ojos abiertos, como si las cuencas se le fueran a salir. Unos segundos más de dolor le di a la chica, antes de concentrarme de nuevo en quien tenía sujeto a Ethan. Mientras tanto la chica se abrazaba a sí misma, tirada en el piso aun gimoteando. Ladee mi cabeza un poco hacia la izquierda sin borrar mi sonrisa.

-Te lo voy a repetir una sola vez, déjalo ir- dije en un tono amenazante, que hizo que el vampiro arrojara a Ethan hacia mí. Lo atrape en mis brazos y lo deposite con cuidado en el piso, volviendo mi vista a los neófitos.- Buen chico –enrolle uno de mis rizos en uno de mis dedos, jugueteando con este, tomando una expresión dulce pero escalofriante, como solía decirlo Demetri.- Saben, me gustaría dejar su cabeza unida a su cuerpo, pero resulta que no soy tan bondadosa- me encogí de hombros, y acto seguido deje caer sobre ellos el don de Alec. A lo que ellos cayeron al piso, y rápidamente separe la cabeza del cuerpo de cada uno de ellos. Todo quedo desparramado en el piso.

Sin importarme más ellos, me puse de rodillas en el piso acercando mi rostro al de Ethan, quien se encontraba más débil que hace unos instantes, y me miraba con los ojos entrecerrados en un notable esfuerzo por no caer en la inconsciencia. Estando solo concentrada en él esta vez, el olor de su sangre inundo mis pulmones, haciendo arder mi garganta, como si el mismo infierno estuviera en ella. Y por si fuera poco aquello, mis ojos se toparon con una hemorragia que provenía de la parte izquierda de su cuello, provocado por la forma poco ortodoxa e inexperta del neófito al usar sus colmillos. El muy idiota había logrado desgarrarle un poco la garganta. No era algo grave, pero si lo suficiente para que la sangre proveniente de ella me tentara.

Una parte de mi mente comenzaba a vociferar que no tendría otra oportunidad así para probar su sangre, mientras que otra parte más pequeña, suplicaba que lo llevara con Carlisle. Poco a poco fue ganando la primera parte, y acerque mis manos al cuello de Ethan con delicadeza, ante la mirada más débil del mismo. Podía sentir su sangre en mis manos, cuando una voz me saco del trance. Era su voz. Solo susurraba mi nombre, en un hilillo de voz, pero eso había sido suficiente para detenerme. Parpadee rápidamente reincorporándome, y lo tome en brazos conteniendo la respiración. Comencé a caminar hacia las escaleras, cuando me topé con Alice, y Edward. Ambos miraron a Ethan, y luego a mí.

-Llamare a Carlisle, para decirle que esté preparado- musito Alice, llevándose el móvil al oído mientras subía las escaleras. Edward me miro enarcando una ceja, y yo negué con la cabeza.

-No fui yo- confirme nuevamente, esta vez con palabras, mientras me acercaba a, el.- Llévalo tú, yo me quedo a limpiar este desastre- el asintió una sola vez, y extendió los brazos, a lo que deposite ahí a Ethan con sumo cuidado. Percatándome de que ahora se encontraba con los ojos cerrados. Eso no era buena señal, solté un gruñido y Edward un suspiro, justo después de mí.

Edward desapareció luego de eso, dejándome sola en la casa. Calcule el tiempo que le tomaría alejarse varios metros de la casa, y entonces subí las escaleras como si mies pies pesaran toneladas, y así continúe con el camino hasta la ventana por la que había entrado, sintiendo la misma pesadez que me anclaba al piso. Al estar al pie de esta, observe como Santiago había encendido una fogata con los restos de los vampiros que habían quemado fuera de la casa. Ya solo nos encontrábamos aquí el, Jacob y yo. Jacob estaba en su forma humana, y observaba con los brazos cruzados a la altura del pecho, la fogata de altura mediana, mientras que al mismo tiempo tenia arrugada la nariz. Baje de la ventana con un salto, cayendo con gracia sobre ambos pies. Los dos se giraron hacia mí en cuanto estuve en el suelo. Jacob comenzó a andar hacia mí, y por un momento mi corazón dio un vuelco, pero estaba equivocada. No iba hacia mí, sino hacia la ventana por la que había bajado, y que estaba en dirección a donde me encontraba, aunque unos metros más arriba. No podía esperar algo más, hace unas horas apenas había dejado en claro que no podía corresponderle. Y ahora él había sido de gran ayuda para mantener a Ethan con vida. No tuvo el tiempo suficiente para procesar todo, era justo que decidiera ignorarme.

-Traeré a los otros- dijo Jacob con voz monótona, sin dirigirse a nadie en particular.

-Gracias- comente, sin atreverme a mirarlo. El soltó una risa sin humor, tal vez hasta sarcástica.

-Es una ironía esto, ¿Eh? Lo salvo para que se quede contigo- mascullo con una voz sombría, que me hizo cerrar los ojos debido a una la sensación de que me habían dado una bofetada, aunque no había sido así, solo se trataba de la magnitud de sus palabras, eso al mismo tiempo que reprimía una disculpa. Ya que sabía que no serviría de nada pedirle que me perdonara, no por el momento. Por lo que había optado por dejarlo alejarse.

Y así lo hizo. Trepo ágilmente hasta la ventana, y entro dejándonos a Santiago y a mí a solas. Este se acercó y estiro una mano en dirección mía, la cual pensaba tomar, pero al momento de estirar la mía para entrelazarlas observe que estaba manchada de sangre, alce la otra y se encontraba igual. No hubo necesidad de ponerme a pensar como había sucedido eso, ya lo sabía. Intente desviar la mirada, pero me fue imposible, no podía apartar la vista de mis manos, o mejor dicho, de aquel rastro carmesí que no me pertenecía. Era como si me llamara, y comencé a desear que Ethan estuviera aquí, aunque las razones por las cuales quería eso, hacían que me odiara a mí misma.

-May, todo está bien- dijo Santiago con voz queda mientras me sujetaba por las muñecas. Yo no le respondí, solo me quede en la misma posición, mientras mi cerebro giraba en torno a Ethan, aunque el hilo de mis pensamientos dio un giro, cuando me cuestione por qué los neófitos habían venido a dar con esta casa específicamente.

Estaba a punto de abrir la boca para preguntarle a Santiago si sabía algo al respecto, si habían logrado sacarle algo a los neófitos antes de asesinarlos, cuando recordé como Jacob capto mi esencia en el lugar al perseguir a los neófitos. Si él pudo hacerlo, de la misma manera los neófitos pudieron hacerlo. Ellos no sabían que me pertenecía a mí, pero sabían que no era de un humano, y al creerse poderosos e invencibles en el momento, decidieron averiguar de qué se trataba. Sin duda ese motivo fue suficiente para guiarlos hasta aquí. Todo esto había sido culpa mía, por donde quiera que lo mirara. Con ciertas decisiones pude haber evitado esto.

-Yo cause esto- dije en voz baja, mientras dirigía mi vista a Santiago. Tenía la mínima esperanza de que lo negara, que me dijera que estaba equivocada, pero la expresión de su rostro no hacía más que darme la razón. Ambos pensábamos de manera metódica, y habíamos llegado a la misma conclusión. Una irrefutable. –Sí, yo lo hice.

Me deshice de su agarre con un simple movimiento, y el embozo una mueca, a la vez que fruncía el ceño, estiro ambos manos hacia mí, para tomarme en brazos, pero todo lo que sujeto, fue aire, ya que, de nueva cuenta, me eche a correr rápidamente. Hoy llevaba todo el día corriendo, por no poder mantenerme lejos de Ethan. Estúpida. Egoísta. Monstruo. Esos, y varios insultos y adjetivos aparecieron en mi mente, recriminándome mis acciones, se repetían tal cual disco rayado. En lo que las lágrimas desaparecían en cuanto hacia acto de presencia, sin tener oportunidad de rodar por mis mejillas a causa del viento que azotaba mi rostro debido a la velocidad.


Aunque no necesitaba el aire, este comenzó a faltarme. O eso era lo que sentía, a lo que detuve de golpe mi carrera, y acto seguido me deje caer de rodillas. Ahora las lágrimas podrían resbalar con total libertad. Poco después, sollozos resonaban, sin que yo hiciera el menor esfuerzo por callarlos.

Cuando considere que los sollozos habían sido mucho, y que me estaba mostrando muy débil, decidí alzar mis manos hacia mi rostro y colocarlas sobre mi boca para que estos se ahogaran ahí, pero el olor a sangre, su sangre me llego de golpe. Detuve el movimiento, los sollozos; abriendo los ojos para encontrarme de nuevo con el rastro carmesí. Sin pensarlo bien, fui acercando el dedo índice de mi mano derecha a mis labios. Y aunque cuando estuvo demasiado cerca, pensé que era una mala idea, fue demasiado tarde. Ya me encontraba manchando mis labios con la sangre que mi dedo tenía sobre él. La tentación era grande, la sangre ya estaba sobre mí, mi lengua paso por mis labios sin necesidad de ordenarlo, o tal vez lo había hecho, no podía estar segura, no sabía que estaba haciendo realmente. Y así, con un delicado movimiento, borro la sangre que yo había depositado.

Fue una sensación gloriosa, definitivamente no había sangre más exquisita sobre la faz de la tierra, no había lugar a dudas. Pero, al mismo tiempo, fue sentirme como basura. El saber que me alimentaba de las heridas de Ethan, me hizo sentir más culpable que antes, y rompí a llorar con mayor intensidad. Y pase la palma de mis manos de arriba abajo sobre la nieve que cubría el suelo, tratando de borrar la sangre. Y funcionaba, con la fricción y la nieve, mis manos comenzaban a limpiarse aunque, ahora había manchas de sangre en el suelo. Golpee el suelo frustrada cuando me di cuenta de ello, y en ese momento sentí a Santiago detrás de mí.

-Fui mi culpa. Nunca debí acercarme a Ethan –susurre, cerrando mis manos a manera de puño.

-No olvides que también es por ti, que está vivo- comento al cabo de unos largos minutos, colocando sus manos sobre mis hombros, dejando suaves caricias en ellos, con el afán de tranquilizarme. Pero no estaba funcionando.

-Todo es por Jacob, si él no hubiera detectado a los neófitos, no hubiéramos acudido a su casa-.

-Nada de lo que diga, te hará cambiar de opinión –eso fue una afirmativa, no lo cuestionaba. Me conocía lo suficiente, por lo tanto sabía que no me haría cambiar de pensar.

-Así es- le confirme, aunque fuera innecesario.

-Entonces, mejor vamos a ver qué tal está, el- susurro, y yo gire mi rostro hacia él.

Mi expresión denotaba sorpresa. Aunque no debería de, dado que ya estaba al tanto de que él estaba mal, que Carlisle lo estaría atendiendo en estos momentos. Todo eso, ya lo sabía. Pero aun así, estaba sorprendida. ¿Sería por el hecho de que hasta que él lo menciono, no había pensado en como estaría Ethan realmente? Es decir, si, si pensé en él. Pero solo en los aspectos en los que me afectaba a mí, no en que tal estaría sobrellevando lo sucedido, si las heridas eran graves, aunque Edward había dicho que no, nunca se sabe, y las cosas podrían complicarse. Egoísta, egoísta, y más que eso. Chillo una voz en mi mente, y asentí, dándole la razón. Lentamente me puse de pie, y Santiago retrocedió un pie, dándome espacio.

Estando ya sobre mis pies, fruncí mis labios, inquieta. Quería verlo, pero a la vez, no quería hacerlo. Porque corría el riesgo de llegar cuando todavía lo estaban curando. Tanta sangre suya a la intemperie sería demasiado para soportar. Y lo que menos podía hacer, era mostrarme débil ante los Cullen. Esa no era la imagen que deberían de tener de mí.

-Podemos ir despacio. Y así, llegar a su casa cuando Carlisle haya terminado. Sé que estará bien- dijo Santiago, tal como si me hubiera leído el pensamiento, enterándose de mi dilema.

Intente dedicarle una sonrisa, obteniendo solamente una mueca, a lo que él se encogió de hombros y comenzó a andar a una velocidad más rápida que la de un humano en una carrera, pero tampoco tan rápida como un vampiro usando su potencial. Era algo intermedio, que nos permitiría llegar a la mansión Cullen, pero no en seguida. Tomaría minutos, y minutos, llegar allá. Sin pensarlo más, seguí a Santiago, quedando rezagada por un par de metros.


Disminuí la poca velocidad que llevaba, hasta llegar a un paso humano. Ahora solo faltaban diez metros para estar en las escaleras que daban a la entrada principal. Santiago ya se encontraba a la mitad de estas, esperándome, con imagen ausente. Deje pasar por el momento aquello, ya después averiguaría que pasaba por su mente. Ahora estaba concentrada en poner un pie adelante, y luego otro. Así, hasta cubrir los metros restantes. Luego, solo debía subir un pie, y después el otro. Me detuve al lado de Santiago, y el velozmente recorrió el camino restante hacia la puerta, y la golpeo con sus nudillos dos veces, como si no supieran que estábamos ahí, mientras yo subía los escalones restantes, con una calma que hasta pereza daba.

Rosalie fue quien nos abrió la puerta. Ella le lanzo una mirada fría a Santiago, y después una entre molesta y compasiva a mí. Luego, se hizo a un lado dejándonos el camino libre para pasar. Y así lo hicimos. Ambos parecíamos casi mecanizados. Solo que Santiago dejo esa postura, al desparramarse en uno de los sillones al lado de Jasper. Mientras que yo escuchaba la puerta cerrarse detrás mío, y los tacos de Rosalie rodearme hasta tomar asiento en su respectivo lugar, junto a Emmett. Examine el lugar velozmente. Encontrándome con que solo faltaban Esme y Carlisle. Y que además, en una esquina de la casa, de pie y con expresión fastidiada, se encontraban Jacob, Seth, y una chica que mantenía un gran parecido con él. No me preocupe en preguntar por ella, o que hacia la manada de Jacob en la casa, sino que fui directamente a lo que en verdad me importaba.

-¿Dónde está?-.

-En el piso de arriba, Carlisle convirtió su oficina en un consultorio- explico Emmett, indicándome con una mirada donde se encontraban las escaleras.

Agudice el oído, solo para asegurarme de que se encontraba ahí. O tal vez para perder tiempo, y no tener que llegar a donde estaba. No lo sabía. Solo lo hice. Y rápidamente identifique los latidos de su corazón. En momentos eran débiles, estaban bajo el ritmo de un corazón normal, y en otros estos aumentaban, sonando como si fuera un tambor. Sus latidos se normalizaron por cuarta vez, y fueron disminuyendo un poco, y fue ahí cuando alcance a captar unas palabras de Carlisle. Que, aunque fueron un susurro para él, uno muy bajo, lo percibí. "No, ella no es como nosotros. Es, un poco diferente." No era mucho lo que escuche, pero si era lo suficiente para entender de que estaban hablando.

-Él no tendría que estar metido en esto- masculle a nadie en específico, más bien fue para mí misma, pero aun así logre que todos enfocaran su atención en mí.

-No había otra opción-comento Alice, recargando su cabeza en el hombro de su marido.

-El recuerda todo, no podíamos mentirle- la apoyo, Edward.

-Lo está tomando bien- añadió Emmett.

-Claro- refunfuñe, cruzando mis brazos a la altura de mi pecho.

Unos segundos de un tenso e incómodo silencio se hicieron presentes. El ambiente parecía que podía cortarse con una daga. Pero a pesar de ello, nadie se atrevía a romperlo. Lo cual me daba la impresión de que antes de nuestra llegada, instantes atrás, así se encontraban. Y que solo con mi pregunta, se había iniciado una corta conversación. Misma a la cual, yo di fin.

Una puerta crujiendo un poco al ser abierta, luego, esta misma cerrándose. Unos delicados pasos que después, bajaron las escaleras. Rompieron el silencio, e hicieron que mi precipitara hasta el pie de las escaleras. Donde unos escalones arriba, Esme nos miraba a todos, para poco después, continuar bajando, mientras cargaba un recipiente de color plateado, que desprendida olores extraños, y fuertes, a la vez que un toque a sangre. Me sujete de la baranda, sin despegar mi vista de Esme, la cual, al estar solo una cabeza por encima de mí, murmuro:

-Él quiere verte-.

Eso basto para que subiera las escaleras a toda prisa, como si mi vida dependiera de llegar a aquella habitación, donde él se encontraba. Y podía ser que fuera así. Que mi vida dependiera de quien estaba en aquella habitación, tratando seguramente de asimilar todo lo que se le había explicado sobre los vampiros, sobre los Cullen, y sobre mí. Seguí el latido de su corazón, llegando a una habitación con una puerta de madera, en color blanco. Mi mano se posó sobre la perilla, pero no tuve oportunidad de girarla, cuando la puerta ya estaba siendo jalada hacia dentro, haciéndome dar un traspié. El rostro de Carlisle y sus cabellos rubios, aparecieron en el umbral. El, dejo la puerta entreabierta y salió de ahí. Dejo una corta caricia sobre mi mejilla izquierda, y desapareció, con una media sonrisa en sus labios. Lo escuche alejarse, y luego, comenzar a descender.

Tome una profunda bocanada de aire, que no necesitaba, pero de menos, servía para calmar los nervios un poco. Acto seguido, le di un empujón a la puerta, haciendo que se abriera en su plenitud. Entre, con pasos vacilantes, y cerré la puerta detrás de mí, con más fuerza de la debería. Simplemente no conseguía calmarme del todo. Ethan se encontraba recostado en una pequeña camilla, cubierta con una sábana de color blanco. Tenía la vista fija en el techo, y el ceño fruncido. Deseaba saber que era lo que pasaba por su mente. Pero eso, era imposible. Un escudo mucho más fuerte que el de Bella, estaba sobre él, sin que se diera cuenta. Continúe caminando, acercándome a la camilla, y cuando estaba a solo un paso de distancia, él se percató de mi presencia, y giro su cabeza de lleno, hacia mí. Me congele ante la mirada de sus profundos ojos verdes, incapaz de articular palabra, aunque tenía una disculpa en la punta de la lengua.

Tenía unas puntadas en el brazo, una venda en el pie izquierdo, que abarcaba desde la planta del pie, hasta unos centímetros arriba de su talón. Vestía una camisa de resaque en color blanco, y unos boxers de color azul marino. Su cuerpo estaba lleno de medias lunas de color pálido; las mordidas de aquellos neófitos. Eran bastantes marcas. No tantas como las que tenía Jasper, pero si más que las de cualquiera de los que estábamos dentro de esta casa, y que muchas otras personas que conocía. El coloco una mano en el borde de la camilla, y otra sobre su estómago, en un intento de sentarse. Cuando aún lo intentaba, yo ya tenía una mano sobre la suya que estaba sobre el colchón, y otra sobre nuca. Él se removió un poco inquieto, tratando de liberarse de mí, y entonces lo solté.

-Lo lamento, no lo volveré a hacer- susurre desviando la mirada de su rostro. Si el ya no soportaba mi toque, no tendría que soportarlo. Ya lo había metido en este embrollo, y respetaría sus condiciones, aunque me dolieran como una puñalada, tal como esto lo era. Era su vida, su decisión.

-No- farfullo, cuando logro estar sentado en el borde de la camilla. –Ni se te ocurra volver a decir eso. Solo quería levantarme solo. Así te darás cuenta de que no soy tan debilucho, como me crees.

Eso me hizo entrecerrar los ojos, pero no levante la cabeza hacia él.

-Eres un humano- musite, con voz cansina.

-Y tu una híbrida Esas dos cosas están bastante claras, como para continuar repitiéndolas, ¿No lo crees?- sonaba bastante irritado, como si tuviera ánimos de iniciar una discusión, en cambio yo, no tenía ánimos para pronunciar palabra. –Tenías razón- hablo esta vez con voz queda. –No eres buena para mí. Eres peligrosa, tienes un pasado persiguiéndote, y ciertamente, no eres un ángel aunque tienes la apariencia de uno.

Cada palabra, era como si me quitaran un poco de aliento. Y cuando termino de hablar, ya sentía un ardor en el pecho, donde están mis pulmones, y un vacío en la boca del estómago. Jamás pensé que sería tan difícil, el momento en que el al fin entendiera que no era lo que parecía, que le haría daño. Incluso, llegue a pensar, que sería como quitarme un peso de encima. Pero no. Era justamente, todo lo contrario. Era como la muerte para un enfermo terminal. Sabes que llegara, y aunque te preparas mentalmente para ese momento, cuando se presenta, nada es como lo pensaste.

-Me marchare hoy mismo, si así lo quieres- hice salir aquellas palabras, prácticamente arrastrando la lengua. Ya que, aunque lo haría si el me lo pedía, no quería hacerlo.

-No me has dejado terminar- zanjo, ignorando por completo lo que le había dicho. –No eres buena para mí. Eres lo opuesto a eso. Pero, no me importa. Y no sé qué sucederá si me quedo a tu lado, pero esto tampoco importa. Todo lo que se, es que no puedo estar lejos de ti. Pensar que te volverás a alejar de mí, solo para mantenerme fuera de este mundo, duele como mil demonios, es mucho peor que cuando me hicieron esto- alzo un poco sus brazos, para luego dejarlos caer a sus costados. – Así que, aunque piensas que así me proteges, no es así. No soy de cristal, no me romperé ante tu toque, ni mucho menos ante lo que se nos presente. Solo, quédate conmigo. ¿Sí?

Sin más nada, rodee su cuello con mis manos, y lo acerque a mí, para unir nuestros labios en un tierno y delicado beso. Movía mis labios, a un suave, compás con miedo de lastimarlo ya que, aun recordaba que no estaba del todo bien. Pero eso le importo poco a él, cuando aumento la intensidad del beso, rodeando mi cintura con sus manos, y dejando suaves caricias en ella, haciendo que me estremeciera un tanto entre sus brazos. Mis dedos viajaron hasta sus cabellos, enredándose ahí, mientras seguía el ritmo de sus labios. Poco después, escuche su respiración agitada, y tuve que separarme de él, dándole la oportunidad de respirar. Y así lo hizo, tomo unas cortas bocanadas de aire, antes de ponerse de pie, sin que ninguno de los dos dejara nuestro agarre, luego en un movimiento bastante ágil, tenía que admitirlo, hizo que yo quedara sentada en la camilla, y el frente a mí, con sus labios rozando los míos. Eso a la vez que era como el cielo, era una tortura. Al no tenerlos acunando los míos.

El embozo una sonrisa ladina, y comenzó a acercar su cuerpo al mío, haciendo que yo comenzara a recostarme en la camilla. Cuando al fin estuve de la cintura hacia arriba sobre la sábana blanca, solté su cuello, para acomodarme mejor sobre la camilla, y acto seguido, lo rodee por el dorso con mis piernas, empujándolo levemente, para que subiera a la camilla. Y cuando lo estuvo, se sostuvo con sus manos, una a cada lado de mi cabeza, mientras que yo depositaba mis piernas sobre la camilla, dando espacio a que sus rodillas se apoyaran con firmeza a los lados de mis caderas. Una de mis manos viajo hasta su rostro, y delineé su perfil, hasta llegar a sus labios, y bordearlos con suavidad. Luego mi mano descendió hasta el lugar donde se encontraba su corazón. Y sonreí al escuchar los frenéticos latidos de su corazón.

-Siempre- dije en un hilo de voz, antes de morder su labio inferior, para acercarlo a mí, y besarlo de nueva cuenta, con la urgencia que ameritaban tantos días que había pasado lejos de él.


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