21. Confianza
-Mira, ésa chica, ¿adivinas quién es? –oí preguntar a Rose. -¿Crees que es tu hermana? –otro silencio. –No es tu hermana, pero la puedes considerar así, si así lo deseas. Estoy segura que a ella no le importará. –silencio. –Sí, sí que es guapa, ¿eh?
Un gemido débil se escapó de mi garganta cuando quise abrir los ojos. Conseguí abrirlos totalmente después de unos cuantos intentos. Me encontré en el sofá, ya limpio, tumbada como si me acabara de despertar de la siesta. Levanté medio cuerpo hasta quedarme sentada.
-Mira, pequeña, Alba ya se ha despertado. ¿Quieres saludarla?
Me giré hacia la voz de Rose y la vi allí, de pie, con un bebé en brazos. Ella me miró con unos ojos llenos de súplica, arrepentimiento y dolor.
-Estás perdonada, Rose. No fue culpa tuya.
-Lo siento, de verdad.
-Te repito que no pasó nada, no fue tu culpa.
-Si me hubiera sabido…
-¿Me presentas al bebé? –le pregunté antes de que pudiera lamentarse más.
-Claro. –dijo, adoptando una sonrisa maternal y mirando al bebé. –Renesmee, ésta es Alba. –la niña asintió. –Alba, ésta es Renesmee. –me la presentó, tendiéndomela para que la cogiera.
Yo sujeté a la niña por debajo de los hombros y la sostuve en alto.
-Hola Renesmee. –la saludé.
Ella rió. La bajé y la sujeté sentada en un brazo, con mi otra mano en su pecho.
-Eres muy guapa. –le dije.
Entonces, ella me puso una manita en mi mejilla, y luego frunció el ceño, como si estuviera extrañada.
-¿Qué dice? –preguntó Rose.
-Nada. Sólo está… ¿confundida?
-¿No ves nada? –preguntó Rose, igual de confundida que la niña.
-No. ¿Debería verlo?
-Hombre, pues… Es que transmite lo que piensa en imágenes. Cuando nos toca la cara, vemos lo que está pensando.
-Y yo… no… veo nada. –confirmé, desanimada.
La niña volvió a tocarme la mejilla, pero sin ninguna intención específica esta vez. Lo sentí. Después me dio un beso en la otra mejilla. Me sorprendí, pero después le devolví el beso. Ella me sonrió.
-¿Te ocupas de ella un momento? Voy a hablar con los demás.
-Vale. No te preocupes.
Miré a la niña y empecé a decirle cucadas. Nunca me había imaginado con un bebé en brazos, que no fueran mis hermanos, claro.
-¿Te han dado de comer, preciosa?
Ella asintió.
-Ven. Vamos a levantarnos. –dije, levantándome del sofá.
¿Y Bella? ¿Estaría bien?
Con la niña en brazos no podía pensar en otra cosa, ya que un bebé necesitaba la atención máxima.
La volví a coger por debajo de los hombros y la levanté, dando vueltas. Cuando paré, la bajé hasta quedar rostro con rostro. Tenía los mismos ojos que Bella.
En ese momento, había tres corazones latiendo rápidos, pero dos de ellos estaban coordinados.
Me giré hacia la izquierda y le vi. Los dos corazones acompasados se volvieron a acelerar. Jacob vino hacia mí sin apartar sus ojos de los míos. Cuando estuvo lo bastante cerca, me rodeó la cintura con su ardiente brazo y los dos miramos a la niña. Él levantó una mano y acarició la mejilla de la niña, quien sonrió y tocó la mejilla de Jake. Cuando la retiró, él me miró.
-¿Qué dice? –le pregunté.
-Dice que los… los tres juntos, así, parecemos una… familia, y que hacemos… bu-buena… pareja.
Bajé la mirada, sintiéndome estúpida y avergonzada, pero volví a mirar a Renesmee, quien pasó el pelo por mi mejilla para apoyar la cabeza en ella, quedándose así dormida.
Entonces, algo irrumpió en nuestra escena. Un sonido, un latido alocado, diferente a los nuestros, que se habían tranquilizado.
Un corazón a lo alto de las escaleras, en pleno cambio.
La pantalla plana estaba encendida, emitiendo un partido de béisbol. Emmett tenía a la niña en brazos, y Rosalie no le quitaba los ojos de encima. Esme sonreía ante este hecho, Jasper miraba el partido al igual que Jake y yo, aunque yo no le prestara mucha atención. Estaba inmersa en mis pensamientos, que se centraban en Bella y en la escena que habíamos tenido Jacob y yo con la niña.
Bella iba a ser vampira, de eso ya me había hecho a la idea. Pero seguía dándole vueltas al asunto de Jake.
Y la pregunta era siempre la misma. ¿Por qué laten juntos nuestros corazones? No tenía sentido. Cuando él sonreía, a mí se me escapaba la sonrisa; cuando yo me sentía desanimada, Jake estaba igual. Y todos los presentes sabían algo que yo no sabía.
De eso estaba completamente segura. Cuando estábamos juntos o hablábamos de cualquier cosa, todos se giraban hacia nosotros y nos miraban como si esperaran algo, un acontecimiento digno de recordar. Pero por mucho que me esforzaba, no conseguía saber qué situación esperaban.
Jacob pedía que le dejasen la niña cuando todos la habían tenido un rato. Qué bonito es el amor. Renesmee y Jacob, Jake y Nessie. Sonreí en mi fuero interno. Ahora que me daba cuenta, era Jake quien sostenía a Nessie.
-Es mi turno. –dijo en ese momento Rose.
Otra vez.
-Oye, tú. –advirtió Emmett.
-Ya vale. Dejadle tenerla un poco más, no os hace mal a nadie. –les reñí, sin apartar la vista del partido.
Entonces sentí a Jacob reírse.
-Oye, tú. –repetí la frase de Emmett, pero con mi tono personalizado de voz.
Era ése tono el que no podían replicar, no se atrevían. Así es como conseguí que Jake se callara.
Los demás soltaron una risita. Yo miré a Jasper y sonreí también. Luego, Carlisle y Alice subieron al piso de arriba como si los hubiesen llamado. Yo no había oído nada.
-¿Bella? –pregunté.
-Edward ha llamado a Carlisle. Sí, supongo que por Bella. –me explicó Emmett.
Miré hacia atrás, a las escaleras.
-No la podrás ver enseguida. –me dijo Rose.
Suspiré.
-Lo sé, pero me puedo preocupar por ella, ¿no? –repliqué, mirando a Rosalie.
Ella se limitó a ignorarme. Yo volví a mirar el partido, sin verlo en realidad.
Alice bajó las escaleras en ése momento.
-¡Chicos! ¡Bella pronto se despertará! ¡Vamos todos! –anunció.
-Oh. –se quejó Rosalie. –Alba, ¿te quedas con la niña?
-Claro.
-Chucho, por si no te has dado cuenta, he dicho Alba.
-Anda, dame Jake. –dije yo, tendiéndole los brazos para coger a la niña de los de él.
-¿Ya? –le dije, con una sonrisa, cuando tuve a Nessie en mis brazos.
-Sí. Me voy. –dijo, ya contenta.
-Estúpida Barbie. –murmuró Jacob.
Yo le pegué en el brazo con la mano que no sujetaba a Nessie.
-Sabes que no me duele. –me avisó él.
-Sí, pero no tengo ningún tronco cerca, a no ser que te dé con la cabeza de la niña.
Él se rió y yo sonreí.
Nessie se abalanzó sobre Jacob para tocarle la cara. Me sentía fatal sin tener acceso a los pensamientos de la hija de Bella cuando quería mostrármelos. Entonces, la niña percibía mi pena y me daba un beso en la mejilla, y esta vez no fue una excepción.
-¿Qué te ha dicho?
Él suspiró.
-Dice que quiere jugar a "veo veo".
Le gustaba jugar a ése juego con nosotros porque decíamos cosas muy pequeñas y poco visibles a una primera vista, o cosas abstractas, y a Renesmee le gustaba romperse el coco buscando cosas así.
-Vale, Nessie. –empezó Jake, empezando a buscar con la mirada. –Veo veo una cosita que empieza por la letra… T.
La niña empezó a mover la cabeza como una loca.
-Va, Nessie, guíame. –le dije, levantándome del sofá.
Ella señaló la entrada y fui para allá. Alargó su dedito hacia la ventana. Adiviné lo que quería decir.
-¿Tiempo? –le pregunté a Jacob.
Él negó con la cabeza. Yo fruncí los labios.
-¿Hacia dónde, Nessie?
La niña pensó y me señaló la cocina. Desde allí se veía el plato y los cubiertos que me había olvidado de lavar.
-Oh… Qué lista, cariño. –Renesmee sonrió. -¿A que es Tenedor?
Jacob chasqueó los dedos y, con la boca, profirió otro chasquido.
-Sí. –dijo, simulando una decepción.
Después sonrió. Nessie me puso la mano en la mejilla, como si quisiera decirme algo. La miré a los ojos y comprendí lo que quería.
-¿Qué pasa? –preguntó Jake.
-Quiere saber dónde está Bells.
-Oh.
Me acerqué al sofá y me senté al lado de él.
-Nessie, mamá está bien. Se ha despertado y ahora está comiendo, porque tenía mucha hambre. Pero cuando acabe con la comida, te vendrá a ver. –le explicó Jake.
Por complacerla, él le daba la explicación de todo lo que le preguntaba. Si la niña le hubiera preguntado qué se hace en las lunas de miel, él se lo hubiera explicado sin mentirle. No soportaba hacerlo, a su imprimación no le podía mentir.
Suspiré.
Por Dios… ¿cuándo tendría uno para mí? Todos tenían pareja… Menos Embry. Pero él era mi mejor amigo. No sentía nada más intenso, sólo amor familiar. Él era como un hermano para mí. El hermano mayor que siempre había deseado tener. El que me cuidaba y se preocupaba por mí. Sí, era como un hermano.
-¿Puedo? –preguntó Jacob, señalando a Nessie.
-Claro. –le dije, tendiéndole a la niña.
¿Cómo le iba a negar al amor de su vida? Me pregunto cuándo me lo contará, que Nessie es su imprimación. Todo el mundo lo sabía, y a mí no me dijo nadie nada. ¿Por qué? ¿Acaso merecía no saberlo, o algo por el estilo?
Puede… puede que pensaran que me gusta Jacob, y que si me lo dicen me hará daño… Espera, ¿cómo he llegado a esta conclusión? No, no lo has pensado. No pienses en lo que acabas de pensar, no, no… ¿Jake me gusta? Oh… mierda, Alba.
-¡Oh, Dios mío! –exclamé, sin darme cuenta, en voz alta.
Me tapé la boca al darme cuenta que todos lo habían oído. Sí: en ése momento todos los Cullen bajaron las escaleras. Jake me miró con el ceño fruncido, preguntándose por qué había dicho eso en voz alta.
-Perdón. –me disculpé, retirándome las manos de la boca. –Hum… tengo que ir al baño. Ahora vuelvo.
Salí escopeteada del comedor para entrar en el baño, cerrando la puerta con pestillo.
Ay, madre… ¿Jake me gustaba? ¿Por eso mi corazón seguía al suyo? O simplemente era que estar junto a él me aceleraba el ritmo de mi corazón… Pero, ¿qué sentí aquella vez? Cuando nuestros rostros estuvieron tan cerca… ¿qué sentí en ése momento? ¿Rabia? ¿Dolor? ¿Amor? ¿Aprecio? Y cuando me rodeaba con su brazo… ¿me sentía a gusto? ¿O le daría una hostia al momento?
Espera… ¿y qué, si me gustaba? Ya tenía a su imprimación. No tiene ojos para nadie más, y menos para mí, una humana cualquiera.
Suspiré, sin llegar a una conclusión, y salí del baño.
-¿Qué… te ha pasado? –preguntó el protagonista de mis pensamientos.
-Oh, nada. –como si fuera a importarle.
-¿Estás de bajón?
-No. Estoy bien, de verdad. –le dije, sentándome a su lado.
-¿Quieres cogerla tú? –me ofreció él, dándome a Nessie.
Ella alargó los brazos hacia mí para que la cogiera.
-Parece que ella sí que quiere. –comentó, sonriendo.
Yo sonreí ligeramente y la cogí por debajo de los hombros. Ella enseguida me puso sus dos manitas en mis mejillas, y se apoyó en mi hombro. Yo recosté mi cabeza en la suya, sintiendo el roce de su pelo rizado en mi mejilla.
Ahora era la única alegría que tenía. Nessie no podía hacerme daño. Los demás me lo estaban haciendo, cada minuto que pasaba, más daño me hacían. No confiaban en mí como para contarme que Renesmee era la imprimación de Jacob, y tampoco me contaban cómo estaba Bella. Y Jake a su vez: tampoco se fiaba de mí tanto como para contarme la verdad sobre su imprimación, ni me confesaba dónde ni cómo estaba Bella. Se lo decía a la niña, no a mí.
Sentía que Nessie era la que confiaba más en mí en ésa habitación. Era quien me estaba consolando ahora.
De repente, un brazo caliente pasó por detrás de mí, rodeándome así el cuello. Jacob se apoyó ligeramente en mi cabeza, y el brazo que le quedaba libre lo rodeó por mi cadera, quedándonos así en una esfera Nessie, Jacob y yo.
