Después de la pequeña conversación que tuvieron Alice, Lily y Dylan; el viaje en el tren hacia Hogwarts pasó lento pero lleno de risas. Lily y Dylan no volvieron a tocar el tema de la familia de Alice, pero ninguno de ellos dejo de pensar en lo mal que se había visto su amiga en esos minutos de revelaciones; ambos, madre e hijo (aunque eso no lo supieran) sentían que tenían un extraño deber por ayudar a todo el mundo sin importar lo que eso les causase a sí mismos, y debido a ello, ambos chicos de ojos verdes esmeralda se prometieron ayudar a Alice en todo lo que pudieran durante ese ciclo escolar.

Poco tiempo después, la señora del carrito de dulces llego a tocarles la puerta y no pasaron más de cinco minutos antes de que los tres amigos se hubiesen atragantado con todos los dulces que habían comprado. Alice y Dylan le enseñaron a Lily algunos dulces que ella todavía no conocía que todo niño mágico amaba y comía. Jugaron un poco a ver quién tenía más suerte en elegir lo ricos sabores de la cajita de pepas de todos los sabores que Alice había comprado, y tiempo después Alice y Dylan se entretuvieron intercambiando los cromos que venían en las cajas de las ranas de chocolate mientras Lily absorbía como una esponja todos los datos que venían en ellas.

Pocas horas antes de su llegada a Hogsmeade, la puerta del compartimento de los tres amigos fue nuevamente abierta por un pequeño grupo de cuatro chicos. Y cuando James dejo a los pies de Dylan su baúl lleno de pertenencias, el chico pudo respirar a gusto nuevamente, al menos no tendría que pedirle a su mamá que le enviara por lechuza todas sus cosas.
Ni siquiera le dio tiempo a Dylan para agradecerle a su hermano antes de que Lily agarrara su varita y empezará a golpear a James con ella, en tanta furia que (para la suerte de James) se le había olvidado que ya podía usar magia sin que le llegase una carta del Ministerio; y así, usando como bate de beisbol su varita le grito al hermano de su mejor amigo que saliese de su compartimiento hasta que eso fue exactamente lo que el chico hizo, sin duda alguna con un moretón formándosele en la cabeza. Basta comentar con que la "pequeña" broma que le había hecho James a Lily el día antes del banquete de fin de curso no había ayudado mucho en la relación de odio-odio que había entre ambos chicos de doce.

"«»No veo cómo rayos quedaron juntos«»"
"«»Silencio, Ron«»"
El chico de las dos conciencias no les hizo caso a ninguno de sus amigos-conciencias mientras oía el largo discurso de Lily sobre cómo las bromas eran malas y no les ayudarían para nada en la vida, por fin estaba empezando a acostumbrarse a los extraños comentarios de Ron y las palabras cortantes de Hermione que lanzaban entre ellos en los momentos más inoportunos. Al menos así ya no le dolía la cabeza.

El sol empezaba a bajar por el horizonte y el cielo comenzaba a cambiar a colores más oscuros cuando la voz del conductor resonó por todo el tren anunciando su llegada dentro de diez minutos. Los tres chicos de doce dejaron todas sus pertenencias antes de abandonar su compartimiento y unirse a la masa de personas en el corredor. En ese momento, perdiendo de vista a sus dos amigas, Dylan se alegró de haber enviado el día anterior a su lechuza, Hedwig, hacia Hogwarts. No podía imaginarse a su emplumada amiga en una jaula chillando como loca atrapada en medio de todo ese barullo.

Al salir por fin del tren, Dylan se dejó llevar por la multitud, esperando a que lo llevasen al lugar correcto donde deberían partir de la estación de Hogsmeade hacia Hogwarts.
El chico sabía que el medio de transporte que usaban los de segundo en adelante, era uno más rápido que el que usaban los de primer año para que les diesen el tiempo suficiente para prepararse y acomodarse antes de que la ceremonia de selección comenzará. Lamentablemente, al igual que muchas otras cosas, sus padres no le habían dicho cuál era ese modo de trasporte diciendo que debía de ser una sorpresa, así que solo esperaba no perderse y quedarse en medio del bosque prohibido, oyendo ruidos extraño, solo, cansado, hambriento...
Dylan se estremeció ante tales pensamientos.

No pasó mucho tiempo antes de que el chico se diese cuenta que la masa empezaba a disminuir rápidamente y que pronto solo él quedaba en la estación, todavía con la duda de a donde rayos se suponía que tenía que ir.

Y cuando pensó que terminaría perdiéndose en el bosque y que una manda de... de... de lo que sea que fuese carnívoro en el bosque prohibido terminaría comiéndolo, una voz familiar lo saco de sus negativos pensamientos.

— Hey, Dylan, ¿qué estas esperando? —Dijo la familiar voz de Sirius detrás de él— ¿Esperando a que una manada de hombres lobo llegue y te coma? —preguntó de forma sarcástica sin darse cuenta que uno de sus mejores amigos detrás de él se estremecía pensando en la posibilidad de comerse a sus seres amados en uno de sus días...
Dylan no pudo evitar que una aliviada sonrisa se diese paso en su atormentada cara.
— ¿Qué hacen aquí? —Preguntó Dylan atropelladamente— Pensé que todos ya se habían ido.

Los tres chicos más altos (James, Sirius y Remus) voltearon a ver al mismo tiempo a la figura más pequeña y regordeta de los cinco, antes de levantar su brazo y señalarle comentando todos al mismo tiempo: "su culpa".
Dylan no pudo evitar pensar que todo eso había parecido muy creepy hasta para sus expectativas.

El quinteto de chicos se quedó en silencio antes de que la situación los golpease fuertemente en la cara haciéndolos darse cuenta por fin del problema que tenían delante.

— Entonces... —comenzó a hablar James interrumpiendo el incómodo silencio que se había formado—. Creo que deberíamos empezar a caminar viendo que ya no queda ningún carruaje...
— Espera, ¿carruaje? —Preguntó desconcertado Dylan— ¿Debíamos de ir por un carruaje? —El chico ya no sabía bien en que pensar. No era la primera vez que se daba cuenta que el mundo mágico estaba muy atrasado a lo que se referia a la vida cotidiana a diferencia de los muggles, pero, ¿en serio? ¿Un carruaje? Túnicas, castillos, calderos, carruajes... lo único que faltaba era que le tocará matar a un monstruo gigante con una espada mágica...
— Si, carruaje —habló nuevamente Sirius sin darse cuenta del revoltijo de pensamientos dentro de la mente de Dylan— mi prima Bellatrix me lo dijo, pero eso no importa ya, si queremos llegar algún día de estos, hay que empezar a caminar...
— ¿Caminar? —Preguntó desconcertado Remus— Se dan cuenta que el castillo está a por lo menos siete kilómetros de distancia (N/A: Ok, ignoren eso, no tengo la menor idea de cuanto es la distancia, pero en esta historia es mucho, así que no me corrijan si estoy mal), ¡ni siquiera sabemos el camino!
— Bueno, entonces quedémonos aquí hasta que alguien se dé cuenta de nuestra ausencia y llegue a rescatarnos.
— ¿Están locos? —preguntó/chilló Peter por primera vez, con un deje de temor evidente en su temblorosa voz— Estamos literalmente a un paso del bosque prohibido, he oído qué hay hombres lobo y otra clase de criaturas que no dudarían en comernos en un instante.
Nuevamente, nadie se dio cuenta del pequeño escalofrío que cruzó por el hombre lobo en cubierto antes de hablar.
— Uno: Hoy no es Luna Llena, así que no hay hombres lobo —habló Remus antes de susurrar por debajo de su aliento algo lo cual Dylan pudo apenas descifrar cómo: "por suerte"— y dos: Peter tiene razón, estamos igual de seguros aquí a un paso fuera del bosque prohibido que en el camino que cruza por su orilla y el cual voy a suponer que tenemos que seguir.

Nadie dijo nada, pero un pequeño acuerdo pasó entre todos aceptando que sería mejor ponerse en marcha.


Tres horas después, los cinco chicos casi se encontraban arrastrándose por el bosque. El camino que los primeros cuarenta minutos había seguido había sido perdido de vista después de que los chicos hubiesen oído extraños ruidos cerca y sin dar la oportunidad para investigar, Peter había salido corriendo haciendo a los otros cuatro seguirlo para no perderlo entre la frondosidad de los árboles.

— Perfecto —dijo James después de haberse dado cuenta que se habían separado del camino que habían estado siguiendo— ¿ahora que se supone que hagamos?
— Podemos gritar y pedir ayuda —ofreció débilmente Peter, obviamente intentando ofrecer algo para la conversación.
— Agh, claro —habló Sirius burlonamente— De paso también hay que poner un letrero que diga: "Todas aquellas criaturas que quieran una pequeña merienda nocturna, no duden en agarrar un poco de los cinco chicos sin nada de experiencia en combatir criaturas mágicas y sin ningún de modo de escapatoria, provecho" —dijo sarcásticamente.q
— P...p...pero...pero, los maestros seguramente no pondrían una escuela al lado de un bosque lleno de... de... cosas así ¿cierto? —Preguntó incierto Peter mientras temblaba como si de un terremoto se tratase. Dylan rodó los ojos ante su cobardía, aunque bien que no podía negar que en eso su pequeño amigo tenía razón.
— Oh, ¿no te lo han dicho? —Preguntó James con una sonrisa de superioridad en su rostro— En este bosque hay de todo. Una vez oí a mi papá decir que había arañas del tamaño de seis metros...
— Y centauros listo para disparar unas cuantas flechas hacia tu corazón —siguió diciendo Sirius— he oído que su puntería es la mejor...
— Oh, ¿has oído hablar de los hipogrifos? Sus garras son tan afiladas que pueden perforar hasta el metal más duro...
— ¡Y los trolls! Una maravilla ese palo que tienen si se refiere a una carnicería, ¿no es cierto?
— ¡Claro! Pero si animales carnívoros se refiere, he oído a Hagrid que una vez encontró toda una comunidad de...

Dylan calló las voces de su gemelo y el mejor amigo de este de su cerebro. Desde pequeño bien sabía que James afrontaba todo con humor: estaba en peligro de muerte, hacia un chiste o algo parecido mientras que por dentro podría estar muriéndose de miedo; esa era su forma de ser, así de simple. Y al parecer no era el único que afrontaba sus problemas así; viendo a Sirius bromear con James intentando asustar todavía más al pequeño Peter, Dylan sabía que James y Sirius eran el uno para el otro (N/A:Sin slash). Lo único que arruinaba su sonrisa en la cara, era ver el profundo miedo que se reflejaban en los ojos de ambos chicos al encontrarse en la situación donde se encontraban.

Minutos después, Remus pensó que ya había sido suficiente.

Debido a ello, los cinco chicos se encontraban perdidos en algún lugar en medio del bosque, hambrientos y cansados. Y a pesar de la luz que las estrellas y la luna que habían aparecido en el oscuro cielo unos minutos antes, solo una pequeña porción alcanzaba a cruzar la frondosidad de los árboles del bosque, haciéndolos casi imposibles de ver más allá de un metro en su propia redonda.

Los cinco chicos se encontraban en fila india, enfrente de todos se hallaba Remus guiándolos asegurándoles de vez en cuando que no tardarían mucho tiempo antes de encontrar al camino que habían seguido poco tiempo atrás. Tres de los chicos se preguntaban cómo estaba tan seguro de aquello, pero con temor a que Remus empezará a regañarlos o gritarlos debido a lo mal que se veía, decidieron guardarse sus pensamientos para ellos.
Y, ahora que Dylan pensaba en ello, Remus sí que se veía mal. Su piel estaba pálida y sus ojos rojos, su aspecto gritaba lo cansado que estaba, y a pesar de ello seguía caminando como si nada, tranquilizándolos diciendo que no tardarían mucho en llegar.

Por alguna extraña razón, Dylan pensaba que ya conocía el camino por el que se hallaban caminando, pero eso era imposible. Ni siquiera los locos de James y Sirius se habían atrevido a entrar el bosque prohibido el año pasado, ambos de ellos bien sabían que las criaturas que podrían encontrar en el bosque prohibido no era algo con lo que podían bromear. Así que, después de varias discusiones entre los cinco amigos sobre los "misterios" que podrían encontrar en el bosque prohibido, habían decidido que cuando tuviesen la educación suficiente para explotar algo en una situación de vida o muerte, Remus los dejaría entrar al bosque.

Dylan se encontraba tan perdido en sus propios pensamientos, que no se había dado cuenta cuando se habían detenido en las orillas del bosque, pero rápidamente salió de su pequeño transe al oír los gritos de júbilo de sus amigos.
— Podría besarte ahora mismo, Remus —gritó Sirius mientras se acercaba a abrazar a Remus.
Remus se movió unos pasos para salir del camino diciendo: "Ni lo intentes".

Ahora que habían salido del inminente peligro, las sonrisas tontas de James y Sirius regresaban a su cara y un poco de color regresaba a la pálida piel del pequeño Peter.
— ¡Una carrera hasta el castillo! —gritó James en mitad del silencio antes de salir corriendo seguido por un alegre Sirius y un un tanto inseguro Peter, dejando solos a Remus y a Dylan pensando en que rayos se habían metido con ellos tres como amigos.

Mientras los dos chicos que quedaban atrás caminaban lentamente hacia el castillo a unos cuantos cientos de metros de distancia, Dylan no pudo evitar pensar:
"Bueno, todo salió mejor de lo esperado"
A lo cual sus alegres pensamientos fueron interrumpidos por la alegre voz que siempre tenía Ron:
"«»Ya lo embrujaste...«»"

A Dylan no le dio el tiempo suficiente para preguntarse de que rayos estaba hablando antes de que el grito de una persona familiar cortara el silencio de la noche.


Sirius se hallaba hecho una bolita pegado al tronco del sauce boxeador.
James y Peter intentaban acercarse de cualquier modo posible, pero era imposible. La única diferencia entre un sauce normal y corriente y el sauce boxeador, era la última palabra del nombre del segundo: boxeador.
El maldito árbol regresaba los golpes. Y aunque eso generalmente sonaba cool o cosas por el estilo, en ese momento a Dylan le aterro lo que le podía hacer a su amigo mientras él y Remus llegaban corriendo a la fuente del grito antes mencionado.

Dylan intentó acercarse por detrás pensando que si James y Peter lograban distraer al árbol por delante, él tendría la oportunidad de ayudar a Sirius de algún modo.
Mala idea.
Ni siquiera se le dio la oportunidad de dar un paso antes de una gruesa rama se abalanzara fuertemente hacia él propinándole un restallante y terrible trallazo que lo tiro de sus pies.

El chico no supo cuánto tiempo estuvo así, lo más seguro fuera que no más de cinco minutos, pero con las pequeñas cortadas que se le iban acumulando en los brazos y en la cara, le pareció toda una eternidad.

— ¡Tenemos que pedir ayuda! —grito James. El también sangraba. Las ramas del sauce le habían hecho unos cuantos cortes en los brazos, a pesar de ello se encontraba bien.
— No hay tiempo —le contestó amargamente Remus mientras esquivaba una de las ramas—. Cuando la ayuda venga en camino (sí es que viene) Sirius no sera más que papilla, tenemos que sacarlo de ahí ya.

Dylan volteo a ver a Sirius, un feo corte le cruzaba de la oreja hasta debajo del hombro, manchándole todo el uniforme de sangre.

— No conseguiremos pasar sin ayuda.
Otra rama les lanzó otro latigazo, con las pequeñas ramas en enroscadas como puños.

— Si Sirius logró entrar sin ser vuelto una papilla, nosotros también —jadeó Remus.

Dylan intenta correr y zigzaguear, tratando de encontrar un camino a través de las ramas que daban trallazos al aire, pero era imposible acercarse un centímetro más sin ser golpeados por el árbol.

— ¡Socorro, socorro! —Chilló Peter, como un histérico, dando pequeños saltos sin moverse del sitio—. ¡Por favor...!

Remus dio un salto al frente. Deslizándose por entre las ramas que lanzaban latigazos al aire, logró llegar al tronco antes de apretar con fuerza un nudo escondido del tronco.
El árbol se detuvo paralizado como piedra.

"«» ¿Soy el único que siente esto como déjà vu? «»" Preguntó Hermione, pero Dylan estaba demasiado estupefacto como para prestarle atención.

— ¡Remus! —gritó James dubitativo—. ¿Cómo sabias...? —Pero Remus no le dejó terminar antes de agarrar por el brazo menos lastimado de Sirius y sacarlo del campo de alcance del sauce.
Los otros tres chicos se acercaron corriendo a sus dos amigos; ambos se hallaban pálidos y temblorosos. Dylan no podía culparlos. Era la segunda vez en un mes que se encontraban a punto de morir. No estaba muy seguro, pero sabía que él se veía igual que sus amigos.

Caminaron lentamente por el húmedo pasto. Sirius se encontraba entre Remus y James, ya que al parecer se había torcido el tobillo. Nadie decía nada, pero Dylan no dudaba por nada del mundo que él hubiese sido el único pensando en cómo rayos Remus había detenido el árbol.

Pocos minutos después llegaron a la entrada del castillo. La profesora Mcgonagall y el director Dumbledore se encontraban esperándolos en la puerta. Los profesores le dieron un rápido vistazo a sus brazos y sus caras llenos de cortes, a sus cabellos enredados y llenos de hojas secas, a sus túnicas del colegio desamarradas, y finalmente, al pobre y tembloroso Sirius poniendo casi todo su peso en dos de sus amigos. Dylan juro haber visto un deje de preocupación en su mirada antes de que cambiaran por uno de frustración y sus labios se apretaran tanto reflejo de su enojo.

— Creo que una visita a la enfermería les haría falta —dijo el profesor Dumbledore con el brillo en sus ojos al máximo después de un pequeño minuto de silencio.