Gracias a todos mis amados lectores por seguirme todo este tiempo y esperar a que me ponga las pilas para actualizar, se que pasó mucho tiempo
pero aqui les tengo la continuación.
GRACIAS TAMBIEN A TODOS MIS RW!
Con cariño
GC MOON
ABRIL 27, 2018
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CAPITULO 20
-Mujer, Miko, Yokai-
El atardecer estaba tiñendo el paisaje de colores rojos, amarillos, dorados y ocres, pero poco a poco se mezclaban con el gris cromo y negro que invadían como intrusos el cielo haciendo contraste distinguiéndose en ese pequeño poblado que algo malo había ocurrido.
El ataque del ave había pasado tan rápido que no les dio la oportunidad de luchar de mejor manera, Shippo y Kirara se habían debilitado a tal punto de desmayarse sin poder intervenir, Inuyasha parecía que se había puesto peor, tantas preguntas que se venían a la mente del joven de túnica morada mientras observaba a los pequeños yokais tumbados en el piso inconscientes, los tomó acomodándolos en un futón de tal manera que estuvieran más cómodos; mientras Sango atendía las heridas del hanyo salió a verificar los daños de la aldea.
Todos ayudaban a apagar el fuego y a levantar los restos de lo que había quedado después de que los atacaran, tenían sus corazones afligidos por la pérdida de Kaede, después de tantos años estar bajo la protección sagrada de ella y no pudieron ayudar en su último aliento de vida, todo había sido tan rápido y estaban vulnerables ante cualquier ataque, solo quedaba la exterminadora y el monje, ellos solo los visitaban algunos días y después continuaban su viaje, por eso se sentían inseguros de lo que pudiera suceder.
Miroku levantaba las cenizas que habían quedado en el suelo con lágrimas atoradas en sus opacos ojos azules, tenía mucho tiempo que su corazón no se sentía tan miserable e impotente, con la ausencia de la sacerdotisa su mente estaba tratando de entender lo que debían hacer ahora, los sacrificios que se requerían en esta guerra los tenía claros, solo que, por un momento, al estar con Sango había pensado que tal vez había la posibilidad de un futuro para ellos era posible, y ahora, con lo que había sucedido parecía que sus ilusiones y esperanzas estaban hechas cenizas junto al cansado cuerpo de Kaede como un recordatorio de la situación tan lamentable en la que se encontraban.
Sango caminaba despacio con su corazón comprimido mirando la imagen de aquel hombre que amaba levantando los restos de una amiga que desaparecía sin tener oportunidad de salvarla, llegó hasta él y le ayudó a juntarlas mirándose en silencio en una conversación que solo ellos podían entender.
Escucharon unos débiles pasos acercándose y giraron su rostro encontrándose con lo peor de las guerras, lo más desolador, lo más cruel que pueden hacer por ambición, una hermosa niña cubierta de manchas, ojos brillantes con lágrimas amenazando por salir, el cabello alborotado lleno de tierra y algunos golpes seguramente ocasionados por correr y tratar de esconderse.
—Esto es herencia de mis padres — Ofrecía un pequeño jarrón de oro— por favor acéptelo, ellos amaron en gran manera a la sacerdotisa Kaede y estoy segura que así hubieran deseado—Después de decir eso se derramaron gotitas salinas sobre su inocente rostro.
La imagen que representaba esa niña les quebrantó aún más el corazón ¿Cuándo se detendría esto?, deseaban la paz y mejorar la vida de los inocentes.
—Gracias pequeña, será un honor—le respondió limpiando la humedad de sus mejillas regalándole un abrazo lleno de cariño, le recordaba a su hermano Kohaku, la impotencia era un arma cortante para su alma.
Después de esto hicieron una pequeña ceremonia y los habitantes fueron retirándose poco a poco hasta que el monje y la exterminadora quedaron solos completamente, Miroku se acercó a la mujer rodeándola con sus brazos cariñosamente mientras ella se dejó llevar imitando el gesto escondiendo su rostro sobre el pecho del mayor y se permitió llorar, ¿Cuándo llegará el momento que termine la destrucción, dolor, desolación, angustia, e incertidumbre? Debían volverse más fuertes y eliminar el peligro, debían unir fuerzas y ahora, estaban decididos a hacer cualquier sacrificio que fuera necesario.
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-En el bosque-
Caída la noche, la espesa niebla estaba invadiendo el lugar y los árboles altos estaban cubiertos casi por completo, a pesar de adquirir una visión más aguda se le complicaba ver claramente; sus otros sentidos estaban más desarrollados y su cuerpo había tomado una forma más femenina, curvas acentuadas peligrosamente, era una fémina bastante atrayente, pero; también era poderosa, a pesar de que aún no se daba cuenta de todo el que tenía.
Precisamente, debido a sus nuevas habilidades había percibido a Sesshomaru, tardó en darse cuenta o bien, no tenía mucho que la estaba siguiendo, bueno, se trataba de una esclava simplemente, siempre tendría que regresar a él, ese era el trato; estaba molesta con todo pero creía que esto valía la pena, todo por brindarles un futuro libre de Naraku a su familia, aun si eso quería decir que no regresaría con ellos nunca más.
Llegó a un pequeño lago donde las estrellas y la gran luna brillaban regalando una vista hermosa del lugar, ahí la niebla era casi nula y eso la hizo desear meterse y despejar su mente, ignorando completamente al poderoso Daiyokai intuyendo que no se atrevería a hacerle algo, y en dado caso de que sucediera lo contrario, no era débil y podía defenderse, así que, hizo lo que le bien le parecía; comenzó a desvestirse por completo, la ropa la puso sobre una roca cerca de la orilla y se metió cubriendo hasta su cadera, increíblemente no sentía frío, su piel suave disfrutaba el roce del aire y el agua como una dulce caricia.
Sumergiéndose toda alejó todos los pensamientos tratando de relajarse, nadó un por un tiempo, hasta que se levantó de golpe, sentía algo extraño que provenía de su marca, llevó instintivamente su mano a ese lugar y lo acarició delicadamente con el ceño fruncido; sintió que su cuerpo se estremecía violentamente en placer, deseaba a Sesshomaru intensamente y sus ojos adquirían un tenue color rojizo "¿Estaba perdiendo el control?".
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La gran INU Azabache estaba despierta con un deseo apoderándose de su ser por completo, sus ojos brillaban en expectativa y movía insistentemente la cola.
*Hey, ve tras tu macho, Llámalo, está cerca*
Su ser racional estaba de pie con los ojos abiertos asombrada, ¿Qué demonios había pasado?, ¿Por qué se sentía de esa manera? ¿Por qué su vínculo ardía? ¿Por qué tanto deseo y anhelo por Sesshomaru?
—¿Qué dices?, Kimiko, no iré detrás de ese … —hizo una breve pausa intentado controlar lo que iba a decir— de Sesshomaru—Refutó furiosa la hembra.
*Shh… solo sigue tu instinto y deja que yo me haga cargo, las dos sabemos que lo necesitamos*
La perra intercedía por sus propios deseos y de pronto una nueva oleada de deseo le llegó.
*Grrr*
La enorme bestia se revolvió en su cojín y gruñó hacia su ser racional haciendo que su atención se enfocara en ella, parecía que iba a ser atacada por la bestia; definitivamente deseaba el control. ¿Sería capaz de detenerla?
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-En el castillo-
El malvado híbrido estaba en su despacho observando atentamente esa preciada joya que brillaba en oscuridad, el placer del dolor era vida para su ser, todo era tan perfecto ya que esos sentimientos invadían la perla, pero no era suficiente, necesitaba más, y por eso lo había hecho. Escuchó un ligero toque en la puerta y supo de quién se trataba.
—Adelante Kanna.
La pequeña apareció en silencio ante el llamado del mayor con un rostro inexpresivo mientras esperaba atentamente las instrucciones que se le darían.
—Su visitante está esperando en el lugar que indicó— dijo la pequeña mientras le mostraba algo en el espejo.
—Bien, asegúrate que Kagura despierte y ayúdale con lo que te pida.
Después de esa indicación salió hacia los pasillos dando varias vueltas hasta que llegó a la habitación más apartada, miró la puerta, se dibujó una pequeña sonrisa y la abrió atravesando el lugar con su rostro perverso y sus ojos reflejando diversión.
—Un placer verte de nuevo— las palabras salían como una pequeña amenaza.
—No puedo decir lo mismo.
La risa de Naraku salió gruesa y delicada al escuchar la respuesta, disfrutaba la situación; había mucho por hacer y planear para lograr sus objetivos y sabía que la ayuda siempre era recibida.
—Bueno, cuéntame ¿qué noticias me tienes? —Hizo una seña para que su acompañante se sentara y él hizo lo mismo.
—El ave ha buscado a la sacerdotisa en el lugar que me dijiste, pero no era la que buscaba, en su lugar salió una anciana y la mató.
El híbrido de tentáculos escuchaba el reporte de la situación en silencio con las manos recargadas en el escritorio posando su barbilla sobre ellas.
—¿Y? —Cuestionó al ver que no continuaba.
—Le llamé al darme cuenta que no era la que buscábamos, ¿por qué no me lo dijiste? —Preguntó manteniéndose calmada.
Naraku sacó su tentáculo y lo enrolló rápidamente en el cuello ajeno.
—¿Estás dudando de mis métodos? — Negó con la cabeza intentando respirar aun con la presión que se hacía sobre su garganta hasta que el viscoso tentáculo se alejó permitiéndole calmar su corazón.
—Respóndeme algo— La mirada acusadora de Naraku se encontraba fija en los ojos contrarios—¿Piensas que no sé quién eres? ¿Crees que soy tan estúpido como para no estar enterado de tus habilidades? Todos mis… —hizo una breve pausa y sonrió perversamente después continuó—… aliados tienen un propósito y me aseguro de conocerlos antes de que lleguen a este lugar, por lo tanto, estoy seguro que sabías que ella no se encontraba en ese lugar, conoces perfectamente quién esta con ella, a pesar de eso no me lo comunicaste. —Se acomodó mejor en el asiento sin apartar la mirada de la hermosa figura frente a él —Entonces dime, ¿intentas engañarme?
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-En las montañas-
Las montañas estaban cubiertas por la niebla que había esos días y para él no tenía tanta importancia, su cuerpo bien formado estaba condicionado para esas temperaturas, tanto que le parecían agradables. Amaba correr mientras el aire acariciaba su piel, esa sensación tan placentera la disfrutaba lo más que se le permitiera; no pretendía abandonar su manada solo deseaba estirar las piernas y ver si encontraba alguna pista, por eso, había decidido salir de la cueva y dejar en manos de otros la guardia. Su sensible olfato reconoció un aroma que lo hizo acelerar el paso y acercarse hacia ese lugar, incitante y peligroso.
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-En el castillo-
Los pasillos y el extenso lugar le parecían fríos y vacíos, observaba cada detalle en silencio, pensó que Naraku no la llevaría hasta su escondite, pero ahí se encontraba, eso quería decir que le tenía confianza y esto le parecía de lo más oportuno, al fin estaba en el lugar que quería.
Exploraba los rincones con su vista, lo más tranquila posible para no ocasionar ruido y alertar a los demás, si bien, para ella la noche era como el día, ese era el tiempo en el que sus queridas serpientes buscaban su fuente de vida; cuando llegó al final del pasillo había una puerta por la cual se colaba un poco de luz, cautelosamente se acercó más y el sonido que escuchó era de una voz femenina que le parecía extraña, debía ser muy cuidadosa y evitar a toda costa que se dieran cuenta que estaba escuchando.
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-Cerca del lago-
Había seguido su aroma desde que desapareció de su vista, no necesitaba decirle que la acompañaría, pues estaba implícito ahora que estaba bajo su cuidado, aun si no le parecía agradable. Ese incitante olor le llegaba a marear y le perturbaba, por eso, le molestaba su presencia, le irritaba estar cerca de ella, nunca se encontró en una situación como esa, nunca se había sentido tan atraído a algo, nunca había necesitado nada.
A una distancia considerable miraba la silueta que se detenía muy cerca del lago, observó que lentamente comenzó a despojarse de sus prendas deslizándose por su hermoso cuerpo dejando al descubierto la asombrosa figura femenina. "Grrr" Rugía Yako y oportunamente la hembra se adentró en el agua desapareciendo de su vista.
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El gran perro blanco estaba babeando mientras su cola bailaba de un lugar a otro, se encontraba excitado por el aroma y la vista que podía apreciar, pero no era suficiente.
—¡Hey! —comenzó a gritar desesperada la bestia. —Esta es una buena oportunidad ¡Tómala!
El ser racional se encontraba leyendo en el amplio sillón ignorando lo que decía.
—Grrr, te estoy hablando ¡vamos!, sé que te mueres por tomarla, ¿sientes eso? —bufaba la bestia.
—Hn— Contestó simplemente pasando de hoja, alejando todos los pensamientos y deseos, pues su vínculo comenzaba a arder incitándole a acercarse a la hembra.
—¡Ja! —Comenzó a reír escandalosamente —Vamos, no te hagas el desinteresado.
El ser racional le dedicó una mirada fuerte y letal dándole una orden que su bestia no pensaba seguir.
Cuando el ardor de su vínculo le parecía insoportable llevó instintivamente la mano hacia ese lugar y lo rozó sintiendo temblar sus piernas y el deseo se multiplicó al doble sorprendiéndole, la quitó rápidamente cerrándola en puño con fuerza, ejerciendo tanta presión que las uñas rasgaron su piel deslizando gotas desde la palma de su mano hasta el suelo.
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-En la aldea-
Entrando a la humilde choza se soltaron de las manos, Sango revisó a Inuyasha y cambió los trapos ya calientes del rostro, brazos y abdomen sumergiendo en agua helada otros para ponerlos nuevamente en el cuerpo del hanyo; Miroku le ayudó con la parte de la cintura hacia abajo, el silencio se apoderaba del ambiente mientras observaban las heridas.
—Excelencia, esto no puede continuar así— posó sus ojos sobre los azules que le miraban con dolor y resignación.
—Lo sé Sango —Tomó delicadamente la mano derecha de la exterminadora llevándola hacia sus labios depositando un delicado beso sobre ella —Por eso, mañana comenzaré la búsqueda de la señorita Kagome, estoy seguro que ella nos podrá ayudar.
—Pero excelencia, Sesshomaru estará en contra de que ayude a Inuyasha— Interrumpió preocupada, Miroku le sonrió cariñosamente intentando calmarla.
—Sesshomaru es duro, pero sabemos que no desea la muerte de su hermano, ha tenido la oportunidad de matarlo el mismo y no lo ha hecho —le acomodó un mechón rebelde detrás de la oreja y acarició la mejilla femenina provocándole un sonrojo.
—Está bien— respondió abrumada por la cercanía del monje —Pero, no deseo que vaya solo, déjeme acompañarlo.
—No Sango — determinó continuando con las caricias en el rostro de la mujer. —Ahora los aldeanos necesitan apoyo, no podemos dejarlos desamparados.
—Pero...
Fue callada por los dedos de Miroku sobre sus labios que le acariciaban despacio hasta sellarlos con los propios con un tierno beso, uno que no duró mucho tiempo, pero el sentimiento profundo que transmitió fue suficiente, se separó de ella y observó los brillantes ojos castaños unos instantes más, Sango sabía que era cierto, no podía alegar nada en esa ocasión y asintió resignada.
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-En el lago-
Después de sentir el estremecimiento y la profunda necesidad de Sesshomaru se controló lo mejor que pudo y salió rápidamente del lago colocándose la ropa sin secarse mientras intentaba regularizar su respiración, opacando los espasmos que sentía en su interior acallando la voz de su bestia que rugía escandalosamente —*Llámalo*— exigía, estaba haciendo un gran esfuerzo para controlarse hasta que lo miró frente a ella, el platinado estaba con los ojos brillosos y la respiración agitada observándola intensamente, ahí, en ese momento sus piernas temblaron fallándole, sin embargo, jamás tocó el suelo, unos fuertes brazos la sostenían.
Al tenerlo así de cerca, su piel vibró como si una corriente eléctrica le tocara, el contacto de los labios ajenos sobre su cuello le estremeció, el aroma placentero que le daba su cercanía le abrumó tanto que se separó bruscamente intentado recuperar su dignidad, "maldito" pensó recordando lo que había sucedido anteriormente.
—Te dije que no me tocaras— Bufó molesta apartando la mirada con un tono rosado sobre sus mejillas.
El platinado sin decir algo al respecto la siguió observando, su imperturbable presencia parecía que no era afectada por el contacto con la azabache, a pesar de eso, en su interior estaba odiando los deseos que le envolvían, los cuales, reprimía a toda costa manteniendo sometida a su desesperada bestia.
—Pero gracias por… — suspiró resignada y continuó al fin viéndolo a los ojos —no dejar que me cayera.
Sesshomaru no dejaba de inquietarse con los cambios de humor en ella, como era su costumbre, evitó hablar más de lo necesario y asintió en silencio.
—Debemos regresar. —Habló con voz demandante el platinado.
—Sé que ya es tarde, pero no quiero regresar — Sesshomaru alzó una ceja incrédulo ¿Le estaba llevando la contra? —El olor de la "cabaña" ahora me parece asqueroso —comentó con desdén la azabache.
—El aroma ya no está, vámonos— dio la vuelta y el viento sopló acariciando su sensible olfato percibiendo un olor que no le agradó y frunció el ceño girándose nuevamente hacia ella cuando la escuchó hablar.
—No, quiero terminar de bañarme y agradecería que no me espiaras— chilló cruzándose de brazos y entornaba los ojos acusándolo de lo obvio.
—Allá puedes hacerlo con mayor privacidad— su voz había cambiado un poco, parecía estar molesto.
—Estoy aquí y estoy mojada, solo déjame hacerlo y si tanto te preocupa que sea tarde, vete, yo iré después, no te pedí que me siguieras, además, puedo cuidarme perfectamente.
La hembra era terca y testaruda, ¿acaso no se había dado cuenta del cambio en el viento y el olor que traía? Con calma intentó conversar de nuevo.
—Mujer, regresemos.
—¡No! — gritó desesperada ¿Ya no tenía nada de privacidad y libertad?
El ambiente se invadió de un nuevo aroma que Kagome al fin pudo percibirlo y se puso a la defensiva por instinto, colocándose en posición de ataque y con un pequeño rugido proviniendo de lo profundo de su garganta, Sesshomaru se sorprendió de la reacción limitándose a observar lo que pasaría, se colocó a su lado con una pequeña distancia de por medio.
La ráfaga de viento que provocó el torbellino el cual, se detenía frente a ellos, se fue aclarando hasta que se distinguió la silueta del joven lobo que tenía una expresión confusa en su rostro, miraba a Kagome y no podía creer que estuviera tan cambiada en todos los sentidos, incluso su aroma se mezclaba con el del poderoso platinado, estaba tan impregnado en el cuerpo de la azabache y le molestó, aun sabiendo que se trataba del lord del oeste.
—Jo, Joven Koga— Dijo confusa y emocionada de ver alguien de su confianza, relajando su postura.
—Señorita— se acercó a ella sin importarle la penetrante mirada de los letales ojos dorados y le tomó las manos.
En ese momento Sesshomaru rugió amenazadoramente, Koga sabía que estaba recordándole que era su hembra y que estaba marcada, por lo tanto, ningún macho podía acercarse a ella sin pedir el permiso del macho alfa, era una lección que se aprendía desde cachorros; esto era más peligroso cuando de la raza Inuyokai se trataba, eran los más posesivos y recelosos con sus parejas enlazadas.
La azabache sonrió amablemente y se soltó delicadamente de su agarre, ignorando los estados de ánimo que podía apreciar en ambos machos, el aumento de tensión y testosterona en el aire le estaba picando la nariz, una batalla letal de poder se llevaba a cabo frente a ella sin siquiera tocarse entre los oponentes; la sonrisa burlona de Koga y la mortífera mirada amenazante de Sesshomaru era algo que le estaba poniendo nerviosa.
—Es un gusto verte de nuevo, ¿pasó algo con la manada?, —Preguntó preocupada mientras intentaba ver si seguían a su líder— ¿tienen alguna pista de Naraku? —Preguntó intentando disipar la tensión de aquella guerra; Koga sonrió aún más al escucharla hablar.
—La manada está muy bien, siguen esperando el regreso de mi mujer— soltó la última palabra recalcándola, observó a Kagome tensarse y sonrojarse —pero al parecer, ya no podrá volver — Finalizó con una sonrisa dolida.
Sesshomaru se limitaba a observar con su rostro indiferente, posando los ojos en la hembra estudiando sus movimientos y reacciones sin inmutarse esperando la respuesta que daría, su elegante postura e imponente presencia se hacía notar aun sin interactuar con alguno, su aura de poder oprimía a cualquier criatura sobre la faz de la tierra.
La azabache trató de disipar el rumbo de la conversación, distrayendo a ambos e intentó regresarle un poco al platinado de lo que había sucedido hace unas cuantas horas.
—No, lo lamento —Se disculpó regalándole una tierna sonrisa —Pero, no será posible…— sus mejillas se pintaron de un tono carmesí, gesto que no pasó desapercibido por ninguno de los machos.
—Espero que Sesshomaru cuide mejor de ti que ese perro sarnoso— comentó Koga burlonamente.
El platinado analizaba la interacción y camarería entre ellos, ¿acaso no existía algo de respeto en ese lobo?; sin embargo, se limitaba a observar en silencio haciendo que su bestia se quedara quieta, dominando su instinto primitivo por reclamar a su hembra frente a otro macho.
—Bueno joven Koga, recientemente… —hizo una pausa intentando que su situación tan obvia fuera suficiente para que no preguntara lago incómodo —he adquirido nuevos poderes y habilidades, aun no soy capaz de utilizarlas adecuadamente y tampoco sé que tan fuerte soy — cerró sus ojos y sonrió admitiendo sinceramente su incapacidad de manejarlas.
—¡Ja! Claro Kagome, tu poder es asombroso y puedo percibirlo, incluso si no lo estás usando — se acercó más a ella, sonrió triunfante y orgulloso de la azabache, continuó hablando —eso quiere decir que posees una gran fuerza y un poder inimaginable, me atrevo a decir que incluso serás la indicada para acabar con Naraku —Tomó la mano de kagome y deposito un suave beso. —Quiero admitir que eso me hizo venir a este lugar— Finalizó apartándose.
Cuando el Daiyokai miró la cercanía que tenían Kagome y Koga sintió que su sangre hervía en furia, eso ya era demasiado, su instinto le reclamaba para que marcara su posición de alfa y reclamara a su hembra —Mátalo— Insistía su bestia con ira, nadie debía estar cerca de ella, nadie podía hablarle sin su consentimiento, se estaba irritando por la situación, cuando el yokai besó la mano de la azabache estuvo a punto de arrancársela al impertinente lobo.
La morena sabía que no debía permitir ese contacto, de hecho, su cuerpo parecía rechazar a otro macho que no fuera su alfa, pero Koga era tan lindo y su amigo, así que hizo un gran esfuerzo por aceptar su cercanía. Su bestia rugía enardecida por el aroma del yokai lobo.
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-En el castillo-
Sigilosamente espiaba lo que ocurría detrás de esa puerta, aunque sin éxito alguno, solo podía percibir voces bajas las cuales no eran tan audibles, suspiró resignada y se alejó poco a poco por el mismo camino, dobló en la primera desviación y esperó hasta que la puerta se abrió y salieron de aquel lugar dos figuras, una era muy conocida para ella, la otra estaba cubierta por una gran capucha negra que le impedía fijarse bien de quien se trataba, incluso parecía esconder su esencia y su poder si es que tenía alguno, debía ser así, de lo contrario Naraku no perdería su tiempo con alguien tan insignificante.
Pasaron de largo quedándose sola en el amplio lugar oscuro y lleno de secretos, curiosa siguió avanzando por donde se habían ido, imposible de seguir ese rumbo sin ser descubierta tomó una dirección diferente hasta su habitación, debía ser cuidadosa con todo lo que hacía si quería lograr sus objetivos y quedarse con él.
Al llegar se metió al cuarto cerrando la puerta y se recostó en la amplia cama, suspiró pesadamente recordando a cierto hanyo, sabía que en el amor se hacían sacrificios por obtener lo que deseabas, y eso era algo que tenía claro, no se dejaba llevar por sus sentimientos, estos no debían servir de nada cuando quieres lograr algo; muy dentro de ella deseaba que Inuyasha se encontrara bien.
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-En la aldea-
Estaban preparándose para dormir un poco, Miroku decidió revisar a Inuyasha y cambiar los paños que ya estaban calientes por unos húmedos y frescos, mientras lo hacía escuchó un quejido, se sorprendió, había pasado tiempo que no producía sonidos, miró atentamente las reacciones que tenía el hanyo, esté frunció el ceño seguido de otro quejido, en ese momento, Sango se acercó sorprendida con hierbas medicinales listas para ponerlas sobre las heridas, quizá el dolor era tan insoportable como para poner en ese estado a su amigo, el monje entendió y rápidamente ayudó a la joven colocándole algunas también.
Pasando un poco de tiempo, aún estaban ocupados cambiando vendajes y colocando hierbas, pero les llamó la atención ver que Kirara se levantó tomando su gran tamaño y se inclinó en forma de ataque gruñendo insistentemente, ambos humanos se confundieron por la actitud y se alertaron, ¿los atacarían de nuevo?, por un momento el miedo les invadió, pero aun así se apresuraron a salir acompañados de la yokai.
Una vez fuera de la cabaña encontraron una silueta moviéndose en la oscuridad con elegancia, cuando esta los miró, observaron que sus ojos brillaron en la espesa niebla, parecía que el depredador había encontrado a sus presas; Sango sacó su espada, Miroku intentó protegerla poniéndose delante de ella, la figura avanzaba lentamente hacia ellos; Kirara estaba rugiendo esperando el momento adecuado para atacar.
—¿Amigo o enemigo? — Cuestionó el monje calmado y cauteloso.
No recibió respuesta, dudaba si atacar o esperar el primer golpe ya que no podía percibir la presencia ni el poder que tenía, esto podía ser peligroso o algo insignificante, Kirara gruño fuerte como si exigiera también que contestara, de la nada, el poder se intensificó en esa figura y apareció repentinamente frente a ellos.
La silueta mostró su rostro, era hermosa, enigmática y poderosa, ahora se percibía su gran aura, el cabello resplandecía a la luz de la luna, hermoso como las ondas del mar danzando con el viento, los ojos profundos y grandes penetraban los contrarios y sintió ese poder, era un aura inmensa que lo tranquilizó, relajándolo a tal punto de sentir algo de sueño, pero el monje no se dejó vencer.
—¿Podemos ayudarle en algo? — Volvió a preguntar esperando respuesta.
—Estoy aquí para ofrecerles mi ayuda, sé que tienen un amigo herido— Respondió con voz delicada y dulce, como si fuera un hermoso cántico.
Sango la miraba recelosa desde su lugar aun sin bajar su espada cuestionó a la extraña visitante.
—¿Cuál es tu nombre? ¿y cómo podemos confiar en ti? —Fruncía el ceño dudando que tuviera buenas intenciones en un momento como este, sabiendo que estaban vulnerables.
La fémina posó los ojos sobre la exterminadora y sonrió orgullosa casi con ironía.
—Junsei— al pronunciar de sus delicados labios su nombre dirigió su vista hacia el monje.
Miroku estaba sorprendido de ella, ¿Cómo sabía que Inuyasha estaba herido? ¿Por qué deseaba ayudarles?, ¿Quién era en realidad?, ¿podían confiar en ella? Todas esas preguntas invadían su mente analizando la situación.
—Sé que parecerá extraño que aparezca de la nada, pero creo que soy la mejor opción que tienen en este momento, sean inteligentes y acepten la ayuda que se les ofrece.
Les recordó con elegante hostilidad, cualidad de una dama fina y poderosa. Sango sintió que su sangre hervía, sabía que estaban en una situación delicada y no por eso podía aceptar ayuda de cualquiera, no podían acceder ante una figura poderosa insinuando que era la única que podía ayudarles, se aferró a la espada y contestó con desdén.
—Sí, reconozco que necesitamos ayuda pero no le venderé mi alma al primer demonio que se aparezca para ofrecerla— Estaba molesta, sabía que era una Yokai poderosa y sabía que corrían peligro pero no se dejaría intimidar.
Junsei sonrió satisfecha por la impertinencia de la joven, definitivamente ese no era su día, primero estuvo con una azabache sin educación y ahora esa insignificante humana intentaba ser hostil con ella.
Miroku tomó la mano de la exterminadora para tranquilizarla y hacerla bajar la espada en rendición.
—Sango, esta dama pudo matarnos incluso antes de que saliéramos y no lo hizo, creo que podemos confiar en sus palabras.
La castaña enmudeció al escuchar lo que el monje acababa de decir, ¿acaso creía que se trataba de alguien digno de confianza en tiempos de guerra?, se soltó del agarre y lo miró fijamente reprochando la actitud.
—También puede hacerlo ahora solo por el placer de que sus víctimas conozcan el rostro de su asesino— alegó, estaba irritable por toda la tensión y la pesada situación, Miroku parecía rendido ante las palabras de la yokai ¿solo porque era mujer?
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-En el lago-
Kagome estaba pensativa, no sabía la forma correcta de pedir lo que quería, miró rápidamente a Sesshomaru y después a Koga; suspiró tomando valor y se decidió a decirlo con simpleza tratando de sonar lo más natural posible.
—Joven Koga, sé que no es un momento adecuado pero, tal vez podemos hacerlo en otra ocasión.
—Tus deseos son órdenes para mí Kagome— alardeó el joven lobo haciendo una reverencia provocando que la azabache se sintiera incómoda.
—Gra, gracias; quiero entrenar para conocer el poder de mi fuerza y mis habilidades— Las mejillas estaban de un color rosa encendido.
El platinado levantó una ceja como un gesto incrédulo de lo que había escuchado, rechazó ayuda de una yokai que era capaz de entrenarla sin reparos y sacar el potencial de todo su poder, ¿por qué quería la ayuda de ese lobo?
—¿Quieres mi ayuda para entrenar? —Cuestionó sorprendido y alegre, pero se confundió, se supone que Sesshomaru estaba con ella y, ¿qué mejor maestro que el hijo del guerrero más poderoso y letal de todos los tiempos?, sabía el legado del general perro; había historias sobre su hijo, seguro que era tan poderoso y mortífero como su difunto padre.
—Sí, bueno; esto solo cuando tengas oportunidad, quiero ser capaz de enfrentarme a Naraku conociendo mis habilidades, utilizarlas a favor y terminar con todo— comentó decidida en sus palabras.
Sesshomaru estaba a punto de intervenir, eso no se estaba dirigiendo a una dirección agradable. No, esto no era "adecuado" para "su mujer", ningún macho podía ponerle una mano encima.
—Mujer— interrumpió con voz profunda y demandante haciendo estremecer a la azabache.
Koga sabía qué tipo de voz era, se trataba de esa que se utilizaba entre la pareja enlazada para demandar su posición, parecía que el Lord del oeste estaba molesto y reclamaba su derecho sobre ella.
Koga sabía que llegaría ese momento y sonrió arrogantemente.
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N/A
¿Que tal?
¿Se quedaron con dudas?
Bueno, si esperaban LEMON, pues aun no hay de eso; tranquilos dejen que esos testarudos se relajen, recuerden que acaban de pasar por un disgusto.
En fin, ya tengo en proceso el siguiente capitulo, espero terminar y así como este, en cuanto lo terminé vine y se los publiqué.
Los adoro.
GC MOON
