Kagami y Luka se encontraban paseando por las calles de París en pleno anochecer.
Ambos eran amantes de las caminatas nocturnas, porque el aire era más fresco, era una sensación agradable. Además, la ciudad iluminada por las luces era hermosa. Y en ocasiones, si mirabas bien podías ver a los héroes de París corriendo de tejado en tejado, realizando patrullas.
Caminar por el parque era una de las cosas que ambos amaban, les gustaba observar el parque, la naturaleza, a las demás personas.
Iban tomados de la mano.
—Me encanta ver tantos perros —comentó Kagami observando encantada a un poddle toy —. Siempre quise tener un perro, pero nunca he tenido el permiso —le explicó a Luka.
—Es lamentable que los padres no dejen tener mascotas.
—Lo sé.
La conversación resultó interrumpida cuando de pronto se escucharon tambores, flautas y distintos instrumentos. Tocaban melodías alegres, era algo bastante agradable.
—¿Escuchas eso? —preguntó una emocionada Kagami.
—Música —respondió Luka de modo obvio. Kagami solo rió de modo bastante tierno y sujetó de modo más fuerte la mano de su novio.
Ambos corrieron siendo guiados por la música. Era la sensación más reconfortante del mundo para ambos.
Llegaron a una zona del parque donde había arena pero también lugares que tenían pasto. Frente a los columpios había muchas personas reunidas, formaban una especie de círculo. Frente a todo el círculo había músicos callejeros.
Luka vio el brillo presente en los ojos de su chica y sonrió lleno de admiración. Kagami era una chica deslumbrante, única y hermosa. Era muy especial, se maravillaba con las cosas simples.
La luna, la atmósfera, todo estaba a su favor.
—¿Me concedes este baile, Kagami?
Luka extendió su mano mientras hacia una reverencia. Kagami lo observó maravillada, asintió y tomó su mano.
Luka guiaba el baile, movimientos suaves, lentos. Perfecta sincronía.
Los iluminaba la luna, al mismo tiempo que se convertían en uno solo, sus corazones también se sentían dichosos. Todo era más que perfecto.
—¿Sabes una cosa? Este es mi primer baile —confesó la chica.
Luka no se detuvo, ambos continuaron con su vaivén.
—¿Tú primer baile? ¿nunca tuviste un baile escolar o algo similar? —preguntó el chico extrañado.
—Antes de venir a París, viajaba bastante, por eso durante un buen tiempo solo podía estudiar en casa —explicó —. Hay muchas cosas de la vida que me perdí.
A pesar de lo triste que podían sonar esas declaraciones, ella no demostraba tristeza en su tono de voz, hablaba tan tranquila como siempre.
—Pero ahora que te conocí, toda la espera ha valido la pena —Luka sintió una gran dicha apoderarse de su corazón. Solo que esa dicha aumentó en el momento que Kagami unió sus labios en un dulce beso, coronando así ese momento como el momento perfecto.
