Los personajes de esta historia no me pertenecen.

No obtengo beneficio alguno por escribir esto salvo mi propio entretenimiento.

AVISO: Este fanfic es YAOI, si este género no te interesa o te resulta desagradable no lo leas y punto, comprendo perfectamente esa postura.

Capítulo 21. La guardia alta.

I am a stone, unaffected

Rain hell down onto me

Flesh and bone, unaffected

Your fool I will not be

Eric aceptó la jarra con un breve titubeo, el Amo del Calabozo tenía un aspecto más terrenal de lo habitual, su aura de poder era menor, disminuida. Nadie en la posada parecía alarmado por la presencia del hombrecillo, pese a que el poder que ostentaba era conocido por doquier, y sus ropas rojas y amuleto, el Manto de Poder, eran fácilmente reconocibles.

- Un embuste.- Explicó el anciano con un guiño.- Apenas un truco de ilusionista de salón, a sus ojos parezco un simple viajero sin interés.

- Yo le veo igual.

- Ah, pero tu llevaste una vez estos ropajes, ¿recuerdas?

Y que días habían sido aquellos, usando los poderes del Amo del Calabozo, ejerciendo de mago, con fallos al principio pero finalmente con maestría instintiva. Casi había llevado a sus amigos de vuelta a casa, había combatido contra Venger, magia contra magia, una aventura que no olvidaría. El poder había sido embriagador, pero también agotador, un peso notable.

Una vez has sido tocado por el poder, no vuelves a ser el mismo; le había advertido el Amo del Calabozo después de devolverle, por petición propia, el manto del caballero.

- Sospecho que el Destino desvió su mirada hacia tí en ese momento.- El Amo tenía su propia jarra.- Supuse que era algo que te haría mucho bien.

- El Destino no es mi tema de conversación favorito últimamente.

- No, supongo que no.

Bebieron en silencio aquellas jarras y les rellenaron diligentemente la cerveza tras un gesto. Eric pidió algo para picar, unos torreznos, si bebía con el estómago vacío no acabaría bien, ya lo había comprobado en una taberna anterior, un día que se había sentido bastante miserable.

- Ha pasado un buen rato sin adivinanzas, Amo del Calabozo, ¿es una ocasión especial?

- Es vuestro cumpleaños, caballero.

Eric tuvo que hacer un gran esfuerzo para no escupir la cerveza ni se le saliera por la nariz. Su cumpleaños. Ni siquiera sabía en que día vivía, no había podido saberlo. Entonces ahora tenía... era su vigésimo cumpleaños. Veinte años.

- Feliz cumpleaños a mí.

- Feliz cumpleaños a tí.

Brindaron chocando las jarras.

- ¿Y mi regalo?

- Por ahí viene.

Se giró justo a tiempo de ver la puerta de la taberna abrirse, dejando entrar el nocturno viento helado del exterior, y por ella entraron cinco figuras seguidas de una especie de cabrito. Eric no pudo evitar sonreír ampliamente.

- ¡ERIC! ¡Al fin!.- Bobby salió corriendo hacia él tan pronto le vio.

El Amo del Calabozo había desaparecido, dejando tras de sí una silla vacia.

Era un pueblo grande, y la taberna estaba lo suficientemente bien provista como para que pudiesen pedir una opípara cena. Eric insistió en que invitaba él, juntaron dos mesas y se acomodaron todos juntos, apretados hombro con hombro. Podía haberlo esquivado, pero permitió que Diana le diera un doloroso capón en la coronilla.

- ¡Eso es por marcharte sin decir nada! Sin despedirte siquiera después de la preocupación que nos hiciste pasar.

- Lo siento, mi reina.

Solo por el título, Diana le dio además un puntapié, que ciertamente se merecía. Rió de buena gana, aceptando el golpe. Comieron y bebieron entre risas, dejando a un lado cualquier tema que pudiera agriar el feliz reencuentro. Contando chistes y anécdotas, en alegre cháchara. Con el paso de las horas ya solo quedaban ellos despiertos en la taberna, Uni dormía como un gato frente a una chimenea que solo tenía ascuas, el silencio era cómodo, familiar, eran los amigos de siempre. Realmente siempre serían amigos, y había sido un idiota al pensar que ellos pensarían lo contrario de él. Aquel era un buen regalo de cumpleaños.

- El Amo del Calabozo nos ha dado una misión.

Eric miró a Hank, el explorador lucía esperanzado, sonriente bajo la ahora bien recortada barba rubia.

- Ilumina mis días, ¿de qué se trata?

- Vamos a por el Devorador.- Presto se ajustó las gafas.- El Amo del Calabozo nos ha brindado la oportunidad, es ahora o nunca.

- "Buscad donde todo cambió, allí aguarda quien todo desea y nada conserva, el mal se destruye a sí mismo cuando su deseo supera su prudencia"

- Buena imitación.- Aplaudió Eric a Bobby, quien hizo una burlona reverencia.

Fueron retirándose a los dormitorios hasta que solo Sheila y Eric quedaron, recogiendo las jarras y dejándolas sobre la barra. Eric iba a retirarse también pero Sheila volvía a sentarse y le hacía gestos para que la imitara.

- Hank no se ha atrevido a preguntarlo directamente, ¿vendrás con nosotros?

Eric tamborileó los dedos en la mesa, se sentía pletórico después del feliz reencuentro, pero no estaba realmente seguro de poder volver. Si, quería, pero no sería para siempre y lo sabía. Era demasiado diferente, mejor separarse como amigos que reunirse por largo tiempo y separarse en malas circunstancias.

- El Devorador debe ser destruido.- Se limitó a contestar, esperando que ella entendiera lo que él tampoco se atrevía a decir.

- Lo entiendo. ¿Has tenido noticias de Venger?

- No, aparte de las noticias de los pregoneros, ¿debería?.- La amargura subió por su garganta como un mal sabor que se repetía.

- Él me entregó esto, para ti.

Sheila se guardó la media-mentira sin arrepentimiento, si Venger era demasiado orgulloso, otros a su alrededor deberían tirar de los hilos.

Eric tomó la bolsa y la vació sobre la mesa. Tres trozos de piedra negra y pulida, el cuerpo del rey de negras y su cabeza separada, y el intacto caballo negro. Se quedó mirándolos largamente, después los arrojó al suelo con un violento barrido del brazo. ¿Por qué? ¿Qué pretendía? ¿Qué significaba? Había guardado las piezas en lugar de tirar el set incompleto y arruinado. ¿Quería echárselo en cara? ¿Hacerle sentir culpable de algo? Porque no tenía ningún motivo, allí había un único culpable y era el tirano pálido.

- Ese cerdo inmundo... intentaría manipular a las piedras por deporte.

- El Devorador es un enemigo terrible, y Venger juró ayudarte en tu empresa.

Sheila podía decir las cosas más ridículas y que sonaran sensatas. Eric la miró con las cejas tan alzadas que podían haberse unido con el nacimiento del pelo.

- Dime que bromeas.

- Técnicamente discutimos el pedirte que intercedieras ante Venger para que nos ayudase a derrotar al Devorador, y la votación salió en contra.- Sonrió Sheila con aire malicioso.

- Sheilaaaa... actuando a espaldas de una votación.- Eric chasqueó la lengua.- Has tenido malas influencias en Torad.

La pícara rió, pero luego se puso seria, al igual que Eric, era perfectamente consciente de la severidad de su petición, de lo que le pedía hacer al caballero.

- No tienes que decidirlo ahora, aún nos queda camino y sabes a donde vamos.

Eric asintió, Sheila se levantó y marchó escaleras arriba, a los dormitorios de la posada superior. El caballero se quedó mirando un rato la nada, cuando finalmente el sueño pudo con su necesidad de introspección se levantó, y se encontró recogiendo del suelo las piezas de ajedrez, guardándolas en la bolsa y colgándoselas del cinturón. Era un estúpido. Sabía perfectamente lo que iba a hacer.

Se había marchado de la posada antes del amanecer, dejando solo un recado al tabernero para que informara a los aventureros de que no temieran por él, que se reuniría con ellos para enfrentar al Devorador. El tabernero había palidecido notablemente al oír semejante recado, y después se había negado a aceptar su dinero por la habitación, deseándole toda la suerte y que el Destino le sonriera.

Eric cabalgó al galope, no se molestó en aclarar al hombre que el Destino no sonreía con amabilidad, si no con malicia.


La fortaleza Perdición lucía ominosa, más poderoso que nunca, Venger había extendido su magia por roca, tierra y cielo, el terreno se había retorcido y quebrado, casi irreconocible desde el día que había cruzado aquellas mismas montañas para tomar el baluarte. El castillo tenía nuevos torreones, más altos y picudos, y una perpetua nube negra y rojiza cubría su cielo. Patrullas de orcos recorrían las montañas y siluetas de dracos se recortaban contra el cubierto cielo. El siniestro estandarte se alzaba en cada atalaya.

Apenas había divisado el primer puesto fronterizo cuando Tenebris surgió de las sombras de las rocas y voló hacia él como una exhalación.

- ¡Eric! Cuan grata visión, habéis vuelto.

- Tenebris.- Le saludó, aquello facilitaría las cosas para entrar en el corazón del territorio del tirano. Eric recibió su buena remesa de miradas de sorpresa, algunas de admiración y otras de suspicacia según se cruzaban con centinelas y patrullas, no importaba, lo único importante era que nadie osó detenerle en su camino, acompañado del demonio sombra, y entró en el bastión.

Al otro lado de las puertas, Warduke se volvió con evidente sorpresa.

- ¡Por los nueve infiernos! ¡Ya era hora, maldito seas!

- No tenía pensado volver.- Gruñó Eric, desmontando y entregando las riendas del caballo.

- Estaba a punto de ir a buscarte yo mismo al agujero en que estuvieses.- Replicó Warduke.- Estoy harto de todo esto, y de Venger, el tirano es aun más insoportable que el archimago, he tratado con sagas menopausicas menos irritantes y emocionales.

El caballero no pudo por menos que mirar a su alrededor con cierto temor, no creía que el tirano fuese a permitir que el mercenario hablara de ese modo de él. Tenebris por su parte ya se había desvanecido.

- No creo que sea para tanto.- Desde luego no encajaba con el calculador bastardo que recordaba.

- Es peor.- Replicó Warduke, y le acompañó por el patio de armas.- No creo que sea mucho pedir que Venger se centre en la dominación de su reino y menos en vuestra ridícula riña.

- No es una ridícula ri...

- Es lamentable, no me importa cual es vuestro rollo, arregladlo.

Eric puso una mano en el hombro del mercenario, y le detuvo con firmeza.

- Gracias por todo, Warduke.- Y le dio un rodillazo en la entrepierna, doblando al hombretón por la mitad.- Y ahora cállate de una vez.

- Ngggh... buen... chico... por fin... te bajaron las pelotas...- Gimoteó desde el suelo, tratando de calmar el dolor en las suyas.

Cerró el portón a sus espaldas y atravesó los pasillos y espacios, los guardias de las puertas le reconocieron y se hicieron a un lado prestamente, su gesto de enojo debía ser bastante impresionante puesto que ni siquiera abrieron la boca para cuestionarle. Abrió las puertas del despacho y dejó que se cerraran a su espalda por el impulso.

- Especifiqué que no quería ser molestado... oh...

El nuevo despacho era inmenso, con un enorme ventanal, mesas, sillones y butacas, una gran mesa de estudio y mapas decorando las paredes. Delante de uno de ellos estaba Venger, mirándole con absoluta sorpresa, paralizado. Eric dejó el escudo a un lado y también la espada, aún estaba muy enfadado y si llegaban a las manos no quería tener cerca nada peligroso, el geas le castigaría severamente si intentaba decapitar al tirano.

Tirano que aun estaba comicamente paralizado, mirándole como si tratara de descreer una ilusión.

Habían pasado meses, semanas enteras desde que Eric había marchado al galope. Abandonar la ciudad de Torad había sido necesario, y sin embargo se había resistido ilogicamente a a ello, pensando que Eric volvería al palacio, donde estaban sus amigos. Había estado tan furioso. Eric no había vuelto, y por si fuera poco no habían recibido noticia alguna de su paradero. El caballero se había desvanecido, marchando para no volver. Solo la persistente presencia mágica del geas le mantenía convencido de que Eric aún vivía, pero no era suficiente, podía estar en peligro, podía haber sido capturado, podía haber pasado cualquier cosa.

Venger había tratado de distraer sus preocupaciones con una nueva ocupación, nunca más sería solo un archimago en su torre, sería un rey, el tirano oscuro, tendría tierras, súbditos y un ejército permanente. Las semanas habían seguido pasando mientras su poder crecía y su estandarte ondeaba en todos los alrededores. Trataba a sus legiones con mano de hierro, e imponía su ley allá donde reclamaba dominio. Cada vez que veía a un soldado con la banda de Aquila le hervía la sangre. Pero no había hecho nada por prohibir el símbolo. Y había ascendido a Zarak sin motivo alguno, entregándole a él y sus semiorcos su propia atalaya en las fronteras.

No había noticias de Eric. Tenebris perjuraba haber buscado por todas partes. Y hubiese jurado que Warduke se reía de él a sus espaldas cuando preguntaba a las patrullas por noticias del caballero. Estaba rodeado de imbéciles.

Y ahora Eric estaba allí. Entrando en su despacho sin llamar ni anunciarse, como si fuera suyo. Venger se quedó mirando hasta asumir que era real, Eric estaba allí, frente a él, estaba entero, estaba bien. El caballero dejó su equipo y tomó aire.

- Sé donde está el Devorador. He estado...

Venger se acercó a Eric con largas zancadas y le tomó entre sus brazos con fuerza, apretándole contra su pecho, aferrando el pelo negro en su mano y hundiendo el rostro en su hombro. Aspiró fuerte el característico olor de su caballero y un gran peso se levantó de su pecho, estaba a salvo, en el lugar donde debía estar.

- ¡Venger!.- Eric le puso las manos en el pecho y trató de separarse, Venger le aferró la cintura con fuerza, no permitiendo que se alejara.

- ¡¿Dónde has estado?! ¡No sabía nada de tí! ¿¡Tienes la menor idea de... de... ?!

Le soltó, avergonzado de sí mismo, sintió que le ardían las mejillas, ¡se estaba ruborizando! Iba a retroceder pero Eric le sujetó y le atrajo de vuelta, uniéndoles en un agresivo beso, mordiéndole los labios con ferocidad, invadiendo con la lengua. Venger volvió a enredar una mano en el corto pelo negro del caballero y uso la otra mano para desatar los pantalones y calzones, tomando el pene en su mano y acariciándolo con rudeza hasta que Eric estuvo completamente erecto.

- Estoy...- Eric gruñó y trajó saliva, tratando de hablar.- Aún estoy muy enfadado contigo.

- Lo sé.- Venger continuó masturbándole, pasando el pulgar con la punta y volviendo a la base, era rudo, sin lubricación, apretó, soltó y volvió a apretar, haciendo jadear a Eric, que no protestó el maltrato.

El caballero movía las caderas contra la mano que le apretaba y acariciaba cada vez más rápido, Venger empezó a retroceder, llevando a Eric con él, hasta que cayó sobre una suntuosa butaca, giró a Eric y tiró de él, de espaldas sobre su regazo, deliciosamente ofrecido, la cabeza contra el hueco de su cuello, las piernas abiertas a ambos lados de los poderosos muslos del tirano. El caballero notó la hombría de Venger, liberada entre la túnica negra.

- Dioses...- Eric abrió la boca en un gemido silencioso cuando las dos manos de Venger volvieron a su verga, ahora con más comodidad, y haciendo uso de una crema que había sacado del escritorio, explorando, soltando más lazadas, bajando más los pantalones y sacando fuera de los calzones sus testículos, recogiéndolos en su mano.- ¡Venger!

Eric ya jadeaba y sacudía la cintura al ritmo de las implacables manos, Venger hizo un bucle con ambas manos, levantando la hombría del caballero de abajo a arriba sin respiro, alternando con cada mano. Su propio falo se frotaba entre las nalgas del otro.

- Un mes y medio.- Le gruñó al oído.- Mes y medio sin noticias, me moría de preocupación.

Eric empujaba sobre su regazo, frotando su trasero contra el enhiesto y caliente pene de Venger, el tirano aceleró el ritmo, emitiendo algunos gruñidos de placer propios.

Eric gimió descontroladamente y se sacudió en tanto se derramaba, eyaculando sobre las blancas manos que le envolvían. El caballero se quedó tendido sobre Venger, el tirano se frotó con entusiasmo contra él hasta encontrar su propio placer, vertiéndose entre las nalgas y contra su escroto. Después le acarició y les limpió a ambos con un paño que tenía sobre la mesa, le recogió en los pantalones y le acarició los muslos como si mimara a un gato, se quedaron así, en cómodo silencio.

- Me has echado de menos.- Murmuró Eric somnoliento, acomodándose, sin moverse de su regazo.

- Si.- Venger le besó la sien.- Diablos, si.

No tenia intención de quedarse dormido sobre Venger como si todo estuviese arreglado únicamente por la lujuria satisfecha, de modo que se obligó a levantarse.

- "Buscad donde todo cambió, allí aguarda quien todo desea y nada conserva, el mal se destruye a sí mismo cuando su deseo supera su prudencia"

- Debí matar al anciano cuando tuve la oportunidad.- Gruñó Venger.

- Si lo hubieses hecho no tendríamos el acertijo.

- Para lo que sirve, es una estupidez.

Eric ladeó la cabeza y esperó a que el tirano elaborara la crítica. Venger se encaminó al gran mapa que decoraba la pared y se ayudó de él para explicarse.

- Las ruinas de Tel Abresia, la ciudad élfica en ruinas, el lugar en que el Devorador se liberó de su prisión. Fue el primer lugar al que envié a mis espías cuando regresé aquí y comprobé que la Plaga ya no existía.

- ¿Y no hay nada?

- Nada en absoluto.- Hizo un gesto de desesperación.- He barrido la zona, no queda nada, el Devorador no está allí.

Sus compañeros iban hacia allí, y no iban a encontrar al enemigo. Pero no tenía sentido, parecía la respuesta adecuada, allí había empezado todo.

- ¿Y no hay más pistas? ¿Qué has estado haciendo?.- Gruñó Eric contrariado. Venger se volvió hecho una furia.

- Alguien desapareció de la faz de la tierra, tenía ciertas distracciones.

- Alguien perdió cualquier derecho a saber de mis idas y venidas al traicionarme.

- No seas absurdo, el geas me impide traicionarte.

- ¡Traicionaste mi confianza, imbécil!

- ¡¿Crees que consentiré que me insultes?!

- ¡¿Y qué harás para evitarlo?!

- ¿Cenará el caballero Eric con nosotros?.- Interrumpió Tenebris desde la puerta.

Eric y Venger inspiraron y exhalaron profundamente, calmando los ánimos, aunque fuera en el exterior. El ambiente se había llenado de magia, una tensión arcana preparándose para actuar si los ánimos hubiesen llegado a enfrentarles físicamente.

- Cenaré.- Eric se frotó el puente de la nariz.- Tengo que averiguar dónde está el Devorador, mis amigos están yendo a Tel Abresia en vano.

Venger bufó y se marchó con un vuelo de túnica, la viva imagen de la indignación. Todo maravilloso.

Eric siguió a Tenebris a una habitación de invitados. Una invitación de invitados que sospechosamente estaba preparada, tenía todo lo necesario para un invitado humano varón y tenia un par de maniquíes con armaduras que parecían hechas a medida, una de ellas con evidentes motivos aguileños y el símbolo de su escudo grabado en el peto. Eric enarcó una ceja inquisitiva y Tenebris se encogió de hombros.

- El amo Venger manifestó su preocupación por la... ejem... desastrosa armadura.

El escudo mágico suplía cualquier problema con la armadura, pero Eric no protestó. Venger daba un enfoque muy práctico a sus preocupaciones... era muy halagador.


Cenaron a ambos extremos de una larguísima mesa de comedor. Comprobó que la cocina seguía siendo excelente, la mesa se llenó de manjares, y Tenebris se ocupaba de que las copas no se quedasen vacías. Eric no hizo ascos a los lujos, por mucho que pasara el tiempo siempre agradecía disfrutar de los placeres de la clase alta. Pues mucho se temía que la fortuna familiar no pasaría a sus manos, al menos de momento, era algo que le podría atormentar en otra ocasión.

- Cazarrecompensas.- Murmuró Venger.

- Es un buen trabajo.

- Buena idea, mantenerse en movimiento.

Siempre conseguía descolocarle, allí donde la fuerza de la costumbre le hacía esperar una crítica, un inciso de menosprecio a sus elecciones, por parte de sus padres o por parte de sus amigos. Se comió otra codorniz y trató de centrarse en lo importante.

- ¿Qué puede significar la pista? El lugar "donde todo cambió".

- La pista es bastante general, todo cambió, ¿qué cambio? ? ¿Y para quién?.- Venger abandonó la comida, dejando un postre a medias, y se paró de forma dramática frente a la gran chimenea del comedor.

- Eso no reduce mucho el margen.

- Tiene que haber algo más, dónde os lo dijo, cuando... todo influye, dame detalles.

- No me lo dijo a mi directamente, se reunió conmigo en la taberna, tomamos unas cervezas. No tenía ni idea pero era mi cumpleaños y...

- No lo sabía.- Venger le miró de soslayo, su figura un contraste de luces y sombras.- Feliz cumpleaños.

- Oh... gracias.- Eric agradeció otra copa de manos de Tenebris.- Mis compañeros llegaron después y me dijeron cual era el enigma.

- Mmmh...

- Fue un buen cumpleaños.

Venger se tensó, cuadrando los hombros, Eric frunció el ceño, algo iba mal, dejó la mesa y se acercó al tirano, poniendo una mano en su antebrazo.

- ¿Qué ocurre?

- Los laberintos de la Perdición, la región volcánica en que mataste por primera vez.- Susurró el otro.- Allí cambió todo, Eric.

El caballero se quedó blanco, hacía tanto tiempo de aquello.

- No puede ser que se refiera a eso, no es...

- Fue allí, dudo mucho que me equivoque, ese fue... tiene que ser allí.

Había algo que el otro no le decía, Eric aguardó, Venger le miró y pareció que iba a decir qué era lo que realmente le hacía pensar aquello, pero después reculó.

- Partiremos mañana, al alba, prepárate. No hay tiempo que perder.

Y se marchó. Eric entrecerró los ojos, sospechando, pero no salió tras él. No saldría detrás de nadie, ya no. El día de mañana vería qué le ocultaba el tirano, ¿qué podía Venger temer decirle?


El tirano en cuestión se dedicaba a redecorar su dormitorio arrojando vasos, sillas y percheros contra las paredes y el suelo. Bramando en varias lenguas muertas y lanzando maldiciones al aire, arrancó las cortinas y arrojó uno de sus muchos tocados al fuego.

- Amo Venger...- Tenebris rescató del fuego la prenda y aguardó pacientemente a que su señor se calmase.

- ¡Viejo y miserable malnacido! ¡Anciano con demencia senil! ¡No estoy aquí para arreglar tus lamentables errores!

- Amo...- Tenebris observó como Venger arremetía con los puños contra la cama, al menos no se lesionaría.

- ¡Me la ha jugado! Él provoca el desastre y yo tengo que... que... decírselo. Pues no lo haré, no se percató de ello y no tiene porqué saberlo.

- Pero debe decírselo, puede ser mucho peor mantenerlo en la ignorancia.

- ¡Me odiará!.- Venger hundió el rostro en las mantas.- Me odiará por decírselo, jamás volverá a dejar que le toque... no quiero tener que decírselo, no cuando ha regresado.

- Y sin embargo ha consentido después de la rabia que sentía contra usted por el ritual, ¿quién dice que esto le hará odiarle tanto?

- No quiero decírselo.

- ¿Por qué?

Venger miró su mesilla, allí, junto a una jarra de agua y unos libros antiguos, estaba la pieza negra del caballo, la que había sido decapitada por Eric, arreglada por él mismo. Tragó saliva y finalmente confesó, a sí mismo.

- No quiero hacerle más daño.


Nota de la Autora: Pues si, Eric ha tenido su momento de ir solo por el mundo, creo que todo el mundo debería enfrentarse en solitario a la vida en algún momento para poder conocerse a sí mismo, forma parte del crecer y madurar, que es un tema central en mi historia, convertirse en un adulto. Aunque los adultos seguimos haciendo idioteces y pifiándola igual, como Venger, que para muchas cosas tiene el orgullo como una losa sobre la cabeza.

Solo queda un capítulo, y quizá un epílogo.

Muchas gracias por esos maravillosos reviews que tanto me ayudan a ver que os va pareciendo y sobre todo que pensáis que va a ir pasando. Muchas gracias de corazón.