Clayton protestó; a cada paso que daba lanzaba una maldición. Había sido capaz de burlar a aquel policía, pero lo había alcanzado en la pierna y ahora cojeaba. Lo mataría a él también. La verdad es que su lista comenzaba a ser bastante larga, pero el primero era el conejo. Ahora tenía demasiados competidores, tendría que hacer las cosas rápido...Esperó que los otros no lo hubieran encontrado primero.
– Ah, sí, esto solía ser más llevadero. Solo un momentito y volvías a la carga. No había este...dolor...Ugh...Condenado gabacho...Pagará por essss...
Clayton se detuvo ahí, y deslizó el final de su frase, como "...tooooooo...".
– Díganos cómo eran las cosas antes de la maldición, por favor–le pidió Joey a Hazel.
– ¿Aún no recordáis nada?
– No...Realmente no...Es decir, tuve algunos sueños, pero...¿eran...?
– Sí. Esos eran recuerdos de tu pasado.
– Así que yo era...un cerdo...
– Sí.
– ...¿Un cerdo parlante?
– Exacto.
Joey oyó que Sheldon sofocaba una risilla detrás de él.
– Si no fuera por las cosas que he visto, no me creería nada de esto.
– ¡Ah! ¡Por supuesto! ¡Lógica!–escupió Hazel–. ¡Érais atrevidos, chispeantes! ¡Las cosas que podíais hacer! ¡Y miraos ahora! ¡Solo os preocupa pagar las facturas! ¡Tan racionales, tan débiles, tan aburriiiiiidos! Porky, cielo, si quieres conseguir algo, olvídate del sentido y la lógica. ¡Fuera con todo eso!
Esa rubia...Era bastante atractiva, pero no era solo eso lo que le interesaba. La conocía. Estaba alrededor de Bunny todo el tiempo. Ella lo llevaría a su escondite; estaba seguro de que ella sabría donde estaba.
Solamente había dado un paso cuando sintó algo en su nuca.
– Te dije que te largaras–gruñó Brian–. El conejo y yo tenemos asuntos pendientes.
– Nosotros también. Yo estaba primero.
– ¿Fuiste tú quien le disparó? ¿El pequeñajo? Bueno, de todas formas, no me importa. Es mío.
– Yo creo que no.
Clayton pisó de la forma más dolora posible el pie de Brian usando todo su peso y rápidamente aprovechó la oportunidad para cambiar las tornas. Ahora dos pistolas apuntaban al pecho de Brian.
– Te lo he dicho: el conejo es mío. No intentes detenerme.
Aquellos dos necios terrícolas estaban demasiado distraídos con su riña que era su ocasión. El grupo se detuvo cuando Marvin salió rodando de debajo de un coche y apuntó a Sheldon con su pistola láser.
– ¡Dime dónde se encuentra Bugs Bunny y puede que sea benévolo contigo, Duck Dodgers!
– ¡Whoa!–José dio un salto hacia atrás.
– ¿E-Ese es...?–exclamó José, mirando a Marvin y a Sheldon alternativamente.
– ¡Sep!
– ¡Cuánto me alegra verte, Marv!–Hazel, a pesar de estar también apuntada, aún sonreía–. Oh, no te recordaba tan bajito.
– ¡Silencio! ¡Vosotros sabéis dónde está el conejo y me...!
– ¡Ey!–gritó Brian.
– ¡Serás...!
Clayton cambió bruscamente de objetivo y disparó a Marvin. El marciano esquivó por pocos milímetros y abrió fuego. Hubo un destello de luz que no alcanzó a los dos hombres directamente, pero la onda expansiva los hizo caer.
– ¡Creo que este es un buen momento para correr!–exclamó Sheldon y los demás estuvieron conformes.
– ¡Eh, se escapan!–quienquiera que dijo eso fue ignorado, porque hubo otro disparo y no estaba dirigido a ellos.
– ¿Qué te llamó esa cosa?–preguntó Kath.
– ¡José, no corras tanto!–le rogó Joey a su amigo, el cual estaba dejando atrás al grupo.
– ¡No puedo evitarlo!–respondió José. Por alguna razón, eso hizo reír a Hazel, aunque no la hicieron caso–. Y todos deberíamos correr tan rápido como podamos, ¿crees?
– ¿Qué es un Duck Dodgers?–murmuró Sheldon.
– ¡Vamos, vamos, ya casi lo tienes!–lo animó Hazel. Viendo su expresión, uno habría dicho que estaba pasando un gran rato.
Duck Dodgers...Lucas...Pato...Pato...Bang...¿Bugs Bunny? Pato...Conejo...Pato...
– ¡Conejo!
– ¿Eh?
– ¡No me lo puedo creer!–Sheldon se detuvo. Sus ojos estaban abiertos hasta el límite y su cara mostraba sorpresa mezclada con una creciente ira–. ¡Estaba ahí todo el tiempo! Y yo...yo...Oh, Señor, este cuerpo se siente tan incómodo y pesado...¡Mis plumas! ¡Mis hermosas plumas! Y yo...Yo te recuerdo a ti, y tú...¡sí, tu eras un cerdo! Sin ofender. Y...¡Ese ratón irritante!–José se detivo y lo miró con una ceja levantada.
– ¿De qué está hablando?–preguntó Joey–. ¿Qué...?
– ¡Ah! ¡Ahora sí! ¡Bienvenido, Lucas!–Hazel literalmente saltaba de alegría, riendo como una niña.
– ¡Y tú eras su novia!–Sheldon apuntó a Kath con un dedo.
– ¿La novia de quién?
– ¡De Bugs! ¡Quiero decir de Ben! ¡Sea cual sea su nombre!
– ¡Eso es absurdo, Sheldon, o Lucas! ¡Yo nunca...!
Pero no llegó a acabar la frase; se detuvo.
– ¿N-N-No podría tener su epifa-epifa-fa-fanía mientras corre? ¡Estamos en medio de un ti-ti-ti-tiroteo!–gritó Joey.
– ¡Ey, amigos! ¡Creo que aquí estaremos a salvo!–exclamó José, pero no tuvo tiempo de apuntar en la dirección de la que hablaba. Un hombre se puso en medio y temió por un segundo que hubiera entrado en escena otro tirador, pero este estaba desarmado.
– ¡Chicos!
– ¡Bugs!–exclamó Kath.
– ¡Roedor despreciable! ¡¿A qué has venido?!–rugió Sheldon, y se acercó a Ben con una actitud que no era para nada de bienvenida.
– ¡Ey!–exclamó Ben, ofendido–. He venido para...
Un disparo lo dejó con la palabra en la boca.
– Si vienes para decirnos algo sobre esos tipos, llegas un poco tarde–roncó Sheldon–. ¡Todos esos han venido aquí a matarte a ti!
– Tú y yo...¡salimos!–Kath se acercó a Ben.
Su expresión hizo que Ben se sintiera realmente perturbado.
– Nosotros...¿eh? No, te equivocas. Nos conocimos aquí y nunca hemos...
– ¡No, sí que lo hicimos! ¡Salimos hace mucho tiempo! En...otra vida, bajo otras identidades...Bugs, ¿aún no recuerdas nada?
– ¿Qué se supone que tengo que recordar?
– ¡Quién eres!
– ¡Bah, así es mejor! ¡Lo prefiero de esta manera!–dijo Sheldon, y no le hicieron caso.
– Uhm, ¿s-soy el único al que le preocupa esa gente armada?–murmuró Joey, a sabiendas de que a él también lo ignoraban.
– En serio, Kath, no tengo ni idea de lo que estás hablando–dijo Ben.
– ¡Para ya! ¡Bugs, inténtalo! ¡Tienes que estar ahí dentro!–chilló Kath.
Clayton no sabía por cuánto tiempo resistiría el coche los disparos, pero al menos le dio tiempo para recargar sus pistolas. Con un movimiento rápido, pasando por alto el dolor en la pierna, se puso en pie y disparó. Una de las balas alcanzó a Marvin en la cara, pero Clayton no pudo celebrar su victoria: todo lo que causó fue que su casco girara de forma cómica y que su cara pareciera ligeramente chamuscada. Todo lo que tuvo que hacer fue sacudir su cabezota y ya volvía a estar como nuevo.
– ¡Necio!–dijo Marvin, triunfante–. ¡Ya te dije que no tenías nada que hacer!
Un par de tiros les recordó que no era un asunto entre ellos dos. Marvin salió ilesio, pero Brian llegó a rozar el brazo de Clayton. Los dos rivales respondieron, casi dándole en la cabeza, de no haberse tirado al suelo a tiempo.
– ¿No podríamos discutir esto en un lugar seguro?–propuso Ben.
– ¡Sí, por favor!–exclamó José.
Ya que los ruidos sonaban cada vez más frecuentes y cercanos, retomaron su huida.
– ¿No puede usar la magia, si es una bruja?–le preguntó Sheldon a Hazel.
– ¡Nop! ¡Estoy completamente desprovista de poderes!–Hazel mantuvo la caja que guardaba la rana cantarina ègada a su pecho mientras corría.
– ¡¿Qué?! ¡Y entonces, ¿qué hace aquí?!
– ¡Oh, estoy pasando un gran rato ahora mismo!
Marvin y Clayton volvieron a dispararse el uno al otro, ya que Brian había abandonado el escenario momentáneamente, y ahora era una cuestión personal. Era un espectáculo que nadie se quería perder: la gente miraba a través de las ventanas y esquinas seguras, sin atreverse a moverse en caso de que los alcanzara una bala perdida, pero muy excitados por ello. Warner Falls jamás les había ofrecido algo tan excitante. Y había una cierta sensación creciendo dentro de todos ellos que iba contra todo sentido común.
– ¡¿Qué os pasa a todos?!–preguntó Ben mientras corría.
– Bugs, sé que es difícil de creer–dijo Kath–, pero tienes que intentarlo, tienes que mirar dentro de...
– ¡No voy a mirar en ninguna parte, y deja de llamarme Bugs! ¡Mi nombre es Benjamin!
– ¡No, no lo es!
– ¿Alguno de vosotros tiene coche? ¡Propongo que nos larguemos de este agujero lleno de maníacos y...!
– ¡Tú no te vas a ninguna parte!
– ¡Wo hoo hoo!–gritó Sheldon y se apartó de en medio de un salto.
Kath trató de golpear a Brian con sus puños, pero él la empujó y apuntó a Ben con su escopeta, sudoroso, jadeante, pero visiblemente excitado por la victoria que ya anticipaba.
– ¡Esta vez no escaparás! Sé lo que eres. Quién eres. Eres Bugs Bunny. Una alimaña. Lo olvidé, pero ahora lo recuerdo todo. ¡Y no voy a dejar que te salgas con la tuya una vez más!
– Mire, yo no le he hecho nada ni a usted ni a ésos. Ustedes han sido los que han empezado esta...esta guerra. Todo lo que quería era vivir en paz, sin problemas.
Por supuesto, Brian no le escuchó. Mierda. Tenía que hacer algo y rápido.
Brian iba a gritar algo. Ben le agarró la cabeza y cerró sus labios con un beso tremendo. Brian se puso tenso, trató de luchar, pero Ben se pegó más a él y pronto toda resistencia desapareció.
– ¡Ew!–exclamó José.
– ¡Eh!–Kath iba a enfrentarse a Ben cuando Sheldon le tomó de la mano.
– ¡Espera, no! ¡Eso es!
Ben y Brian se miraron el uno al otro en silencio. Casi parecía que Brian se iba a desmayar. Una sonrisita apareció en la cara de Ben. Bueno, ¡quizás Lenny no se equivocara, después de todo!
– Duh...–fue todo lo que Brian pudo balbucear.
– ¡AHAHAHAAHAHA!–la voz de Hazel destacó sobre aquel caos–. ¡YA ESTÁ! ¡LO HAS HECHO! ¡MIRAD ESTO! ¡ES LA HORA DEL SHOW!
José no supo lo que la bruja quería decir hasta que alzó los ojos hacia el cielo. Le dio un codazo a Joey para que mirara arriba él también, y Kath y Sheldon los imitaron.
Aquellas eran las nubes más oscuras que habían visto en sus vidas.
Brian por fin salió de su abstracción, se limpió la boca con el dorso de la mano y no perdió más el tiempo. Su dedo apretó el gatillo en el mismo instante en que un trueno resonó, tan estruendoso que el pueblo entero se sumió en el silencio.
Entonces, comenzó a llover.
