Era viernes, lo que indicaba que los pequeños cazadores eran libres de ir a casa.
John Winchester se encontraba de caza, lo cual no era de extrañar ya que el trabajo era la vida del hombre. Por su parte Bobby Singer no le había acompañado esta vez, había decidido que era más importante quedarse en casa a cuidar de su chico, el cual no veía desde aquella incómoda y sentimental conversación que habían tenido en la escuela el día en que se había enterado de algo que un padre nunca hubiese deseado saber.
Lo bueno de todo esto era que Dean y Bobby se las habían arreglado para convencer a John de que dejase que Sam se quedara con ellos durante el fin de semana. Al principio el mayor de los Winchester se había negado, debido a lo acontecido el último fin de semana que los chicos habían pasado juntos. Simplemente ahora no confiaba lo suficiente en Dean para dejar a su hijo en su compañía. John tenía planeado llevar a Sam con sigo al trabajo, pero Bobby insistió en que el chico tenía tarea que hacer, además necesitaba un poco de descanso por lo que se comprometió a cuidar de él. Al final el hombre no tuvo más opción que acceder, tal vez no confiaba lo suficiente en que Dean los mantendría fuera de problemas pero confiaba ciegamente en Bobby.
Ese mismo día casi en la noche, Bobby les había recogido en un viejo coche, habían ido por una pizza para la cena y luego Bobby condujo a casa con Sam y Dean en el asiento trasero.
Durante el camino Sam no dejo de tamborilear con los dedos sobre sus muslos, emocionado y ansioso por llegar a aquella casa que tantos recuerdos de su infancia le traía; el lugar que más se había acercado a un hogar, incluso más que su propia casa. Dean durmió durante todo el viaje, por lo que fueron unos 40 minutos de puro silencio, hasta que el familiar techo marrón se asomó entre las copas de los árboles.
- Dean, hijo, despierta. Ya llegamos – dijo Bobby deteniéndose en frente de la casa.
Dean abrió los ojos de golpe y bajó del coche tan emocionado como Sam, pues había pasado un buen tiempo desde que había estado en casa y había llegado a extrañarla demasiado.
Sam sonrió al ver el jardín, aún con unas pocas flores, cuyo aroma familiar le traía miles de agradables recuerdos. Dean se apresuró a abrir la puerta mientras que Bobby llevaba el auto al garaje y Sam le siguió al interior observando cada detalle, comparándolo con sus recuerdos.
Sonrió al ver los mismos muebles, un poco viejos y descoloridos; el mismo azul pálido de las paredes; el mismo olor a tierra y gasolina y las mismas fotografías colgadas en la pared a lo largo de las escaleras, donde podía ver claramente a Bobby un poco más joven abrazado a una adorable mujer (su esposa muerta y la segunda madre de Dean). Y allí estaba también un pequeño Dean de unos ocho años, con la mirada perdida, sosteniendo un osito de peluche.
- Eras tan adorable – No pudo evitar decir con una tenue sonrisa.
- Sí, tan adorable como los zombis pueden ser.
Sam estaba a punto de protestar cuando Bobby entró en la casa.
- Dean, muéstrale a Sam a su habitación y luego traigan su culo de vuelta para cenar.
Sam rió ante el uso del lenguaje de Bobby y siguió a Dean escaleras arriba. La puerta del cuarto de invitados se abrió con un agudo quejido, revelando la cama cubierta con sábanas infantiles y la mesita de noche con una foto del pequeño Sammy, sonriendo a la cámara.
- Nadie ha dormido aquí además de ti, así que puedes considerar esta tu habitación.
El chico más alto sonrió. Definitivamente esta habitación era mucho más acogedora que la suya.
- Hacía mucho que no me sentía como en casa.
- Esta siempre será tu casa, Sammy.
Sam amplió su sonrisa, haciendo que los hoyuelos se marcaran en sus mejillas, dejó su mochila sobre la cama y bajó de nuevo tras Dean.
Comieron la cena sentados en el viejo sofá en frente de la televisión mientras veían algún aburrido canal de deportes.
- ¿Cómo va la escuela, muchachos? – comenzó Bobby, intentando buscar un tema de conversación – espero que no se hayan metido en más problemas… ustedes par de idiotas son como un imán de problemas. En especial tú, Dean.
Dean hizo un puchero y Sam dejó escapar una risita nerviosa. Si tan sólo Bobby supiera de la aparición de Gabriel en su escuela…
- Todo va marchado bien, Bobby – respondió Sam – Dean se está recuperando con bastante rapidez de todos los días que falto a clases. Seguro que va a ser un gran cazador.
- Vamos Sammy, harás que me sonroje.
- Es verdad, Sam, no deberías alimentar su ego – bromeó el hombre mayor aunque su mirada expresaba el alivio de saber que su hijo lo estaba haciendo bien.
Sam sonrió al ver los ojos de Bobby tan llenos de verdadero alivio. Ambos Singer parecían preocuparse mucho el uno por el otro. Bobby había adoptado a Dean a pesar de su condición y lo había amado y cuidado como su propio hijo. Había logrado curarle, traerle de vuelta a la realidad. Mientras Dean, trabajaba fuertemente para convertirse en cazador para así poder cuidar de su padre adoptivo, sin importarle las cosas horribles a las que tendría que enfrentarse.
Toda su vida Sam había querido ver esa mirada en los ojos de su padre; esa mirada que le demostrara cuanto se preocupaba por él; que en realidad le importaba. Pero al hombre sólo le importaba dar con el demonio que había matado a su madre, acabando con todas las cosas malas que encontrara en su camino…. Y acabando con las pocas oportunidades que tendrían de ser felices como una familia; las pocas posibilidades que tendrían de tener una vida normal.
Terminaron la cena entre charlas y risas y luego los adolescentes subieron para prepararse para dormir.
- ¿Qué te pasa, Sammy? – preguntó Dean mientras subían las escaleras – has estado distraído desde que llegamos aquí ¿sucede algo malo?
- No, es sólo que… a veces me das algo de envidia. Quisiera que Bobby fuera mi padre. Ustedes se ven tan cercanos y es tan evidente que el hombre se preocupa por ti.
Dean le miró unos instantes con las cejas levantadas, luego sus labios se curvaron en una leve sonrisa en busca de darle al otro chico algo de consuelo.
- Estoy seguro de que tu padre también se preocupa por ti, es sólo que no sabe expresarlo… ya sabes al ser un tipo rudo seguramente se le hará difícil hablar de sentimientos.
Y ahí iba de nuevo, siempre defendiendo a John a pesar de haber sido testigo de su trato tosco hacia las personas y su obsesión por la caza.
- Él tiene otras prioridades, Dean.
Dean se detuvo en frente de la puerta de la habitación de Sam y le sonrió dulcemente, inclinando su cabeza para mirar a los pequeños ojos avellana del chico más alto.
- No te angusties tanto, Sammy. Sabes que para Bobby y para mí siempre serás parte de la familia. Está también es tu casa.
El de ojos verdes puso sus manos alrededor del cuello de Sam y le atrajo hacia sí para juntar sus labios en un reconfortante beso.
- Dean, Bobby podría vernos – susurró Sam alejando el cuerpo del otro, mientras miraba a todos lados para asegurarse de que Bobby no se encontrara en algún lugar a la vista
- Estoy seguro de que no se molestará. Después de todo no estamos haciendo nada malo, no tienes por qué ponerte así.
Dijo sin poder evitar sonar un poco molesto, Sam siempre tenía miedo de que los demás supieran de su relación y aunque tenía razón en parte al decir que no era conveniente dejarse ver aún por diversas razones, no podía evitar sentirse molesto; pues tenía la esperanza de que esta relación fuese diferente a la anterior, donde tenía que permanecer ocultos de la vista de la gente.
- Dean… - comenzó Sam siendo interrumpido por el otro chico.
- Está bien, Sammy, me estoy comportando como una chica. Tienes razón, tenemos que ser discretos y si no quieres que Bobby lo sepa aún, no se lo diré. Ahora ve a cambiarte, estaré en mi habitación.
El rubio entró a su habitación y se dejó caer sobre el colchón con un suspiro cansado y se preguntó si algún día podría salir con Sam, tomados de la mano como una pareja normal. Pero probablemente le estaba dando más importancia de la que debería, por el momento habían cosas más urgentes que hacer; aún había cosas que solucionar, cosas que deberían estar rondando en su cabeza en lugar de pensar en cosas que no podrían cambiarse…. Al menos a corto plazo.
Mientras se hallaba perdido en sus pensamientos, su teléfono sonó, dejando ver en la pantalla el nombre de Benny Lafitte.
- Hey – saludó con evidente incomodidad.
No era que no quisiera hablar con el profesor, era sólo que las cosas habían cambiado desde la última vez que hablaron y ahora no sabía qué decirle.
- Hola Dean, ha sido un buen tiempo desde la última vez que me llamaste ¿está todo bien?
- Sí… ¿qué hay de ti?
- Estoy bien, pero creo que ellos están buscándome. Parecen estar convencidos de que he sido yo. Cualquier cazador habría dejado ya el caso, pero tal parece que estos buscan venganza.
Dean sintió la culpa invadirle de pronto al pensar en cómo él disfrutaba de un tranquilo fin de semana al lado de Sam, mientras que Benny tenía que huir de las garras de los cazadores que buscaban vengarse de algo que no había hecho.
- Escucha Benny, tal vez tenga la posibilidad de resolver todo esto y ayudarte a demostrar tu inocencia, sólo ten paciencia, Sam y yo haremos lo que esté en nuestras manos.
- ¿Qué piensas hacer, Dean?
- Nada de lo que debas preocuparte.
Si le decía algo acerca del fantasma de Gabriel aun merodeando en los pasillos de la escuela, seguramente Benny se volvería histérico o insistiría en regresar para quemar sus pertenencias y no podría permitirse ponerle en peligro.
- Dean – dijo con voz severa – no hagas ninguna locura.
- No te preocupes, Benny. Todo irá bien.
Por un momento sólo se escuchó el silencio del otro lado, el silencio que siempre hacía presencia cuando hablaba con Benny. Pero esta vez temía lo que venía después del silencio. Sabía que tenía que decirle acerca de Sam. Pero no sabía cómo se lo tomaría el hombre después de todo lo que había hecho por Dean y todo lo que había pasado por su culpa.
- Te extraño.
Hubo una larga pausa antes de que Dean respondiera – yo también, hombre.
- ¿pasa algo, Dean? – por supuesto el profesor había notado la inestabilidad en su voz.
- Benny, tienes que saberlo… yo…. Lo siento mucho. Sé que has hecho demasiado por mí y has pasado por muchas cosas por culpa de nuestra relación y siempre te estaré infinitamente agradecido, pero… ahora hay alguien más.
Nuevamente estaba ese silencio en la línea y Dean se encontró odiándolo más que de costumbre.
- Lo sé. Siempre lo ha habido – respondió al fin, con su voz cargada de dolor – tal vez no te habías dado cuenta o no querías aceptarlo, pero yo siempre lo vi.
- Lo siento, Benny, de verdad lo siento. No te mereces esto, después de todo lo que has pasado.
- No tienes que disculparte, Dean. Ya sabía lo que sentías por él y aun así decidí seguir contigo. Fue mi decisión y no me arrepiento… Me alegro mucho por ti… y por Sam; es un buen chico así que cuida de él.
Dean suspiró al pensar cuan obvios habían sido sus sentimientos para todos excepto para él mismo.
- ¿No estás molesto?
- Lo estoy. Pero no es tu culpa.
- ¿Puedo volver a llamarte en otra ocasión?
- No creo que sea lo mejor, considerando que ahora tienes a Sam.
- Tienes razón. Pero aun pienso ayudarte a demostrar tu inocencia, así que te llamaré sea que lo logremos o fallemos… pero puedes estar seguro de que vamos a lograrlo.
- Eso espero. Adiós Dean.
- Adiós Benny, ten cuidado.
Y así finalizó la llamada. El joven Singer suspiró y se recostó de nuevo en la cama. Dándose cuenta demasiado tarde de la figura que le miraba desde la puerta con el ceño fruncido.
ooOoo
Sam salió del baño luego de haber cambiado sus calurosas prendas por un una camiseta de pijama y unos cómodos pantalones de chándal. Pensó en ir a su habitación y meterse bajo las sábanas pero recordó la conversación anterior con Dean y suspiró cansado; a veces la mente caótica del chico sólo le hacía confundirse aún más.
Se dirigió entonces a la habitación de Dean, pensando que lo mejor sería hablar al respecto, pues si de algo estaba seguro era que su relación no funcionaría si continuaban ocultándose cosas. Pero una vez que abrió la puerta se dio cuenta de que el chico tenía una conversación telefónica.
- ¿Puedo volver a llamarte en otra ocasión?
Escuchó a Dean preguntar tímidamente, con un tono de voz que expresaba una gran tristeza. De inmediato supo con quien hablaba y una parte de él se sintió traicionado.
- Adiós Benny, ten cuidado.
Aquellas palabras confirmaron sus sospechas. No podía creer que Dean aun hablara con Benny y peor aún, tuviera que esconderse para hacerlo.
El rubio suspiró y se dejó caer en la cama dejando el teléfono olvidado en algún lugar del colchón y entonces sus ojos verdes se encontraron con los suyos.
- ¿Sam? ¿Cuánto llevas allí?... ¿Qué sucede? ¿por qué me miras así? – preguntó, incorporándose hasta quedar sentado frente a Sam.
- ¿Podrías decirme a que estás jugando, Dean?
- No estoy jugando a nada, Sam, no es lo que estás pensando.
- Estabas llamando a Benny a mis espaldas… y parecías muy ansioso por volver a llamarle.
- Sam, estás actuando como una novia celosa.
- Y cómo quieres que actué, Dean, si tu mente siempre ha sido un caos. Nunca has sabido lo que quieres… ¡cómo pretendes que no dude!"
El chico permaneció en silencio, mirándole atónito, si saber cómo responder a eso. Al no obtener respuesta el Winchester continuó con un tono un poco más tranquilo pero aún lleno de tristeza.
- Escucha, en verdad me gustas pero no quiero ser tu segunda opción, Dean. Si aún quieres a Benny y me has estado usando para olvidarlo, te pido que por favor seas sincero.
Pero Dean permaneció en silencio, con los ojos muy abiertos y el ceño fruncido y Sam no podía descifrar lo que pasaba por la mente del muchacho; si aquella expresión perpleja se debía al hecho de que se había visto descubierto o porque las palabras que oía no eran ciertas en absoluto. Le vio abrir su boca pero de allí no salió más que aire y un extraño balbuceo que le hizo pensar que la opción correcta era la primera y que Dean, su Dean, no estaba haciendo más que usarle para olvidar un viejo amor.
- Bien, entiendo, no tienes que decir nada – Respondió antes de darse la vuelta y marcharse sin siquiera mirar por última vez aquel rostro, temiendo no hallar ninguna expresión en él.
Cerró la puerta de su habitación, apagó las luces y se metió bajo las pesadas sábanas. La luz de la habitación de Dean aún se colaba por debajo de la puerta, la cual está vez ni siquiera se había preocupado por cubrir con sal. Lo peor era que ningún sonido proveniente de la otra habitación se escuchó. No hubo pasos que le siguieran, ni suaves golpes en la puerta; ni siquiera un "Sammy, escucha." Todo era silencio.
Pasados un par de minutos sus hombros comenzaron a temblar y se permitió a sí mismo llorar después de un buen tiempo. Pequeños sollozos escaparon de sus labios al pensar cuan sinceros parecían los sentimientos de Dean en un principio y cuan ciego había sido por no haberlo considerado hasta ahora.
Había estado más que dispuesto a dejar ir a Jessica, la chica con la que había compartido más de dos años, destruyendo todos los sueños y los planes que habían construido juntos… todo por Dean, porque tenía la esperanza de que el chico algún día correspondiera a ese amor que tanto se había esforzado en ocultar, pero que siempre estuvo allí. Y Dean… se había negado a dejar atrás un amor que sólo duró un par de meses; un amor que sólo le había traído problemas y lo peor de todo era que había usado a Sam como si no fuese nada, como si no le importara en absoluto.
Sam lloró hasta que sintió que sus ojos se quedaban sin lágrimas y que la conciencia se desvanecía lentamente. Pero pronto sintió el colchón hundirse bajo el peso de alguien y un aliento tibio tras su espalda bajo las sábanas. En un principio pensó que se trataba de un sueño, pero pronto se dio cuenta de que alguien en realidad estaba tras su espalda, en especial cuando un par de fríos y delgados brazos cubrieron su cuerpo y unos carnosos labios presionaron contra su espalda.
- Lo siento mucho, Sammy – la voz suave y temblorosa de Dean habló contra su oído – pero escucha… en primer lugar fue Benny quien llamó. Nunca lo he llamado a tus espaldas, por supuesto que pensaba decírtelo.
- Eso es lo que menos importa, Dean… aún lo quieres… y me engañaste – logró tartamudear en voz baja aún sin darse la vuelta, pero tampoco hizo nada para deshacerse de los brazos del otro.
- Eso no es cierto, Sammy.
Sam sintió como tras una larga pausa el chico se sentaba sobre el colchón y probablemente le estaba mirando fijamente, pero él seguía negándose a darse la vuelta y dejar ver sus pequeños ojos hinchados y enrojecidos por el llanto.
- Escucha… voy a ser sincero contigo… yo… sé que siempre he sido indeciso y hasta hace poco dudé acerca de todo lo que sentía, pero no ahora. Ahora soy consciente de que estuve confundiendo mis sentimientos todo el tiempo.
Sam estuvo a punto de gritarle y decirle que fuera al grano, pues la desesperación y la ansiedad de saber lo que el rubio intentaba decirle iba a terminar por matarlo… aunque una gran parte de él temía escuchar lo que vendría después.
- Mira, lo que sentía por Benny…. no era lo que yo pensaba… quería estar con él porque pensaba que lo amaba, pero durante todo ese tiempo siempre estuviste en mi mente y eso me confundía hasta la mierda – dejó escapar una pequeña risa nerviosa antes de continuar – entonces me di cuenta de que en realidad estaba con Benny porque dependía de él y no por amor. Encontré en él una especie de bote salvavidas y descargue en él todas las preocupaciones que jamás quise que supieras. Lo quería, pero nunca como a ti. Puedes estar seguro de que aunque tuviera la oportunidad de regresar con Benny, nunca te dejaría por él. Quiero estar contigo Sammy.
Una sensación de alivio contrastada con la incredulidad se incrustó en su confundido pecho.
- Eso no es lo que parecía mientras hablaban por teléfono. Sonabas increíblemente triste y… nostálgico.
- 'Culpable' es la palabra, Sammy. Me siento como una mierda. Creo que arruiné la vida del hombre porque no pude aclarar mis sentimientos a tiempo. Siento que jugué con él y que me aproveché del apoyo y la confianza que me dio. Sólo quiero arreglar todo este lio en que lo metí. Por favor tienes que creerme.
Entonces Sam se dio por fin la vuelta, encontrándose con esos ojos verdes por encima de los suyos, apenas iluminados por la luz del pasillo que Dean había olvidado apagar y continuaba colándose por debajo de la puerta y en aquellos orbes encontró la sinceridad que siempre quiso encontrar, acompañados de la genuina culpa que en realidad sentía.
La suave mano del chico se acercó para limpiar los restos de lágrimas que aún quedaban en el rostro del otro, sintiendo alivio al ver que Sam no le detuvo.
- ¿Por qué esperaste tanto para decírmelo? No sabes las cosas que estuve imaginando durante casi una hora.
- Estabas molesto y no me escucharías. Pensé que sería mejor si esperaba a que te calmaras un poco, además necesitaba tiempo pensar. ¿Podrías perdonarme?
El chico más alto tomó la mano de Dean que aún se ocupaba de secar las lágrimas de su rostro y entrelazó los delgados dedos con los suyos.
- Por supuesto… También lo siento, no puedo evitar sentirme celoso de Benny.
- Está bien, Sammy, ahora todo está bien – Dean se quedó mirándole durante largos segundos antes de preguntar tímidamente - ¿Puedo pasar la noche aquí?... aunque si te preocupa que Bobby nos descubra….
- No hay problema – interrumpió con una sonrisa, pensando en lo adorable que se veía el otro chico cuando actuaba con tal timidez.
El rubio volvió a recostarse bajo las sábanas, usando el hombro de Sam como almohada y rodeando su delgada cintura con su brazo derecho.
- Sabes que esto no funcionará si no confiamos el uno en el otro ¿verdad?
- Lo sé. No volveré a desconfiar de ti, Dean, lo prometo.
- Y no sólo eso. No quiero que nos ocultemos nada. Quiero que me lo cuentes todo por más simple que parezca… y yo haré lo mismo.
- ¿Quién eres y qué has hecho con Dean? – bromeó levantando una ceja con incredulidad.
- Es sólo que nos ha traído ya muchos problemas y no quiero que peleemos de nuevo… nunca. Sólo quiero que esto funcione.
- Está bien, Dean, es una promesa.
Sam se inclinó un poco para posar un beso en la frente del chico antes de que los ojos verdes se cerraran y su respiración se tornara lenta y profunda mientras se deslizaba en un sueño tranquilo. Igualmente Sam se permitió cerrar los ojos y quedarse dormido con la cálida sensación que despedía el cuerpo de Dean sobre el suyo.
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