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OBSCURIDAD

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Yo sé que mentí, yo sé que fallé

Que te traicioné y que me alejé de ti

Vagando en el denso mar de la falsedad

De espalda al infinito…

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- ¿Tan temprano y bebiendo? - Me reprocha Leonard, al encontrarme de pie frente al mini bar.

Yo me encojo de hombros y sigo con el cometido de llenar mi vaso de Whisky.

- Desde que te separaste de Candy, te has vuelto un miserable alcohólico.

- ¿Ya vas a empezar con lo mismo? – Respondo con fastidio.

Él deja escapar un largo suspiro y se acerca a mí, poniendo su mano sobre mi hombro - Tal vez todavía puedas enmendar tu error y volver con tu esposa.

- No lo creo, no después de la forma en que la traté la última vez que nos vimos.

- No había necesidad de que fueras tan duro con ella…

- Sí, sí era necesario, de otra forma ella jamás se hubiera dado por vencida.

- Debiste decirle la verdad.

- No, no quiero su maldita lástima.

- Tu esposa no te tiene lástima…

- ¿Qué no lo entiendes? No quiero que Candy vea como mi estado de salud empeora con el paso de los días, no quiero que me vea morir… Ya no deseo hacerla sufrir más.

- Terry, ella está sufriendo igual o más que tú.

- Eso ya no importa. Lo hecho, hecho está - Murmuro con melancolía - ¿Sabes? Creo que jamás debí acercarme a ella, jamás debí pedirle que fuera mi esposa… El imbécil de su hermano tenía razón, yo solo le causé dolor – Dominado por la frustración, aviento el vaso que sostengo en mi mano, el cual termina estrellándose contra la pared, provocando que varios de fragmentos de cristal caigan al suelo.

- Eso debiste pensarlo antes de acosarla como lo hiciste. La envolviste de tal forma que ella no tuvo oportunidad de escapar de ti. Todos te lo advertimos, pero tú no quisiste escucharnos.

Ni siquiera me molesto en llevarle la contraria a mi viejo amigo, pues sé que tiene razón, así que en lugar de seguir discutiendo, me encamino hacia el mostrador donde tomo otro vaso y lo vuelvo a llenar de Whisky.

- No creo que debas seguir bebiendo, no es bueno para tu salud – Insiste Leonard.

- ¿Qué más da? Ya pronto acabará todo...

Yo le doy un sorbo a mi bebida antes de seguir hablando

- Prácticamente estoy viviendo horas extra - Expreso con cinismo.

- No por eso tienes que beberte todo el contenido del bar.

- No estoy de humor para tus sermones, así que si no tienes nada mejor que decir, te ruego que me dejes solo - Le respondo, señalando la salida.

Mi amigo me observa por unos segundos sin decir palabra alguna y luego se da la vuelta para salir de la habitación. En el momento en que escucho que la puerta se ha cerrado, me dirijo hacia el ventanal para observar el jardín y mi mente empieza a recapitular todo lo que ha acontecido en estas últimas semanas.

Rápidamente viene a mi cabeza aquel viaje que realice a Nueva York, con la esperanza de obtener ese nuevo tratamiento que, sí tenía éxito, cambiaría mi vida por completo. Mi madre, quién no había dejado de buscar opciones desde su última visita a Chicago, se comunicó conmigo esa misma mañana para darme todos los detalles del novedoso procedimiento y me dijo que tenía que partir lo antes posible hacia Manhattan para realizarme los estudios pertinentes. Yo no dudé ni un solo instante en aceptar su propuesta, ya que la sola idea de prolongar aunque sea un par de meses mi tiempo de vida, me llenó de alegría.

Lo cierto es que mi estado de salud se había degenerado drásticamente y había días en que hasta el simple hecho de respirar representaba un gran esfuerzo para mí, eso sin mencionar el maldito cansancio que me aquejaba diariamente y que llegaba a ser realmente insoportable. A pesar de que trataba de ocultarle todos mis malestares a Candy, estaba seguro de que ella se daba cuenta de que algo no andaba bien conmigo, pues en más de una ocasión la descubrí examinando mi rostro minuciosamente, aunque nunca se atrevió a hacer algún comentario al respecto, probablemente para evitar que tuviéramos otra discusión como las que habíamos tenido anteriormente.

Esa misma tarde, cuando mi esposa regresó a casa, me di a la tarea de comunicarle sobre mis planes. Tuve que mentirle diciendo que viajaría a Londres y también le mentí al asegurarle que Leonard me acompañaría durante el viaje, porque estaba seguro de que no le iba a agradar la idea de que me trasladara solo a Manhattan. También opté por no decirle nada acerca del tratamiento al que me sometería, ya que no tenía ninguna certeza de que fuera a funcionar y no quería ilusionarla en vano.

Mientras discutíamos el tema del viaje, pude percibir que Candy se comportaba de forma muy extraña, como si su mente estuviera en otro lugar, pero cuando la cuestioné al respecto, me dijo que se encontraba bien, como siempre; aunque en el fondo yo sabía que me estaba ocultando algo. Al final preferí no darle demasiada importancia al asunto, después de todo, su estado de ánimo había sido demasiado inestable en los últimos meses.

A la mañana siguiente salí en el primer vuelo disponible hacia Nueva York y llegué a mi destino cerca del mediodía. En el instante en que mis pies pisaron el suelo del aeropuerto, me sentí lleno de optimismo, pues tenía la certeza de que al regreso de ese viaje, mi vida cambiaría drásticamente. Lo primero que hice fue transportarme al hospital, donde un grupo de médicos ya me estaba esperando para iniciar con las pruebas, las cuales duraron varias horas.

La rutina se repitió por un par de días más y justo cuando me dirigía a mi última cita, me topé con la última persona que hubiera esperado encontrarme en ese lugar.

- ¡Terry! - Exclamó detrás de mí y aunque inmediatamente reconocí su voz, elegí ignorarla - Espera Terry, necesito hablar contigo, solo te quitaré un poco de tu tiempo.

Haciendo gala de mi educación, me detuve y me di la vuelta - ¿Y bien? ¿Qué es lo que quieres hablar conmigo? - Le pregunté, mostrándome impaciente.

- Me da tanto gusto volver a verte… No cabe duda que el mundo es pequeño ¿No crees? Yo vine a revisión con mi ginecóloga y…

- Karen, tengo prisa – La interrumpí – Así que ve al grano.

- Sé que probablemente no te importe, pero quería decirte que después de la última vez que nos vimos, decidí buscar ayuda psicológica...

- Pensé que ya tenías un psicólogo de cabecera… - Fue mi insolente respuesta, pero ella fingió no escuchar mis palabras y continuó hablando.

- Me recomendaron a una terapeuta muy calificada y ella me hizo entender que yo también fui responsable de nuestro fracaso como pareja…

- Bueno, creo que ya es un poco tarde para eso.

Karen movió su cabeza en señal de negación - Yo quiero empezar una nueva vida… Y para eso necesito hacer las paces con mi pasado.

- Me da mucho gusto por ti... - Ni bien terminé de formular esa frase, dirigí mi vista al "Rolex" que ostentaba en mi muñeca, con toda la intención de zafarme de esa conversación - No es que sea descortés, pero me están esperando.

- ¿Podría verte más tarde? Me gustaría seguir platicando contigo.

- No lo creo, al salir de aquí me iré a casa de mi madre y...

- Por favor, acepta mi invitación a cenar.

- Karen, de verdad no puedo...

- Esto es importante para mí, yo necesito cerrar este círculo para poder continuar con mi vida en completa paz… ¿Sabes? Desde hace tiempo he tenido la intención de hablarte, pero temí causarte problemas con tu prometida.

- Candy ya es mi esposa – Le aclaré, haciendo énfasis en la palabra esposa.

- ¡Oh!... – Exclamó estupefacta - Como sea, estoy consciente de que no soy santo de su devoción – Prosiguió, tratando de ocultar su turbación.

- Al menos eres sensata – Le respondí, esbozando una media sonrisa.

- Solo será una cena de amigos, prometo no incomodarte con cosas del pasado... Créeme, ya entendí que lo nuestro se terminó.

Después de meditarlo por varios segundos, decidí aceptar su invitación.

- Está bien, te veo en el restaurante del hotel "Conrad", a las 8 de la noche.

- Gracias Terry. De verdad aprecio mucho que hagas esto.

Yo me encogí de hombros y me despedí de ella haciendo un gesto con la mano; luego retomé mi marcha hacia el área de cardiología.

El resto de la tarde la pasé dentro de ese hospital, en dónde terminaron de hacerme los últimos chequeos médicos para ver si mi corazón era apto para el procedimiento. Antes de irme, me programaron una cita para cinco días más tarde, en la cual me entregarían los resultados. Cuando por fin salí de ese maldito lugar, tomé un taxi y me dirigí al departamento de mi madre, quien ya me estaba esperando para saber cómo me había ido.

Mientras ella preparaba un poco de té, yo le conté sobre mi encuentro fugaz con Karen y de su invitación a cenar, a la cual no pensaba asistir.

- Se rumora que está embarazada – Me dijo, entregándome una de las tazas que había servido.

- ¿De verdad? Qué raro, yo no noté nada.

- Dicen las malas lenguas que el padre del bebé es el psicólogo ese con quien te engañó y que por ese motivo usa una faja para ocultarlo… No sé si eso sea cierto, pero si es verdad, no creo que pueda esconder su embarazo por mucho tiempo – Respondió, para luego tomar asiento en el sillón de enfrente.

Al escuchar esas palabras, la curiosidad hizo mella en mí y mis ojos se enfocaron rápidamente en el reloj, el cual marcaba las 7:05 de la noche.

- Creo que después de todo sí iré a esa cena. Tal vez pueda descubrir si lo que dicen de Karen es verdad – Le dije a mi madre, mostrándole una sonrisa cínica.

- No creo que sea prudente, piensa que a tu esposa no le agradaría mucho que lo hicieras.

- No pienso hacer nada malo, eso te lo puedo asegurar. Además, Candy no tiene por qué enterarse.

Mi mamá lanzó un gruñido de inconformidad – Como quieras, ya estás lo suficientemente grandecito para saber qué es lo que haces. Solo te advierto que si ella me pregunta, le voy a decir toda la verdad.

- No creo que lo hagas… Y para serte sincero, tampoco creo que mi esposa te lo pregunte.

Yo me levanté del sillón y coloqué la taza vacía sobre la mesita de centro, luego me acerque a mi madre para depositar un beso en su frente.

- Nos vemos al rato, prometo regresar temprano - Dicho esto, tomé mi gabardina y salí de ese departamento para dirigirme al restaurante donde me había quedado de ver con Karen.

Cuando entré a aquel lugar, ella todavía no había llegado, así que esperé un par de minutos a que me asignaran una mesa y aguarde paciente por su arribo.

- Lo siento, había mucho tráfico – Se disculpó mi acompañante al tomar asiento.

- Recuerda que mi tiempo es limitado, no planeo permanecer más de una hora en este sitio…

Ella se encogió de hombros y tomó el menú que estaba sobre la mesa.

- ¿Es verdad que estás embarazada? – Le pregunté, sin preámbulos.

- Vaya, los chismes vuelan en esta ciudad – Me respondió, riendo nerviosamente.

- Entonces es cierto.

- Sí, lo estoy – Contestó, mirándome fijamente a los ojos.

- Pensé que no deseabas tener hijos…

- Estoy por cumplir 34 años, tal vez esta sea mi última oportunidad de ser madre.

- ¿Es de él?

- Sí.

- Pues muchas felicidades… Espero que formen una familia muy feliz – Expresé con sarcasmo.

- Déjate de ironías, Terry… Él me abandonó después de que le di la noticia – Al momento de terminar la última frase, sus ojos se llenaron de lágrimas.

- Lo siento…

- No importa, supongo que es lo mejor.

- ¿Te puedo hacer otra pregunta?

- La harás, aunque te diga que no.

- ¿Por qué nunca quisiste tener hijos conmigo?

La expresión de su rostro me confirmó que mi pregunta la había tomado completamente desprevenida.

- Creo que tuve miedo…

- ¿Miedo? ¿Miedo a qué?

- A que termináramos igual que tus padres, a que nuestro hijo tuviera tu misma forma de ser.

- ¿Tan mala persona soy?

- Eres encantador Terry, pero lamentablemente te gusta tener el control y no sabes ceder.

- Eso no es cierto, Karen.

- ¡Claro que sí! Durante todo el tiempo que estuvimos juntos, tú me cambiaste, me doblegaste poco a poco a tu voluntad. Dejé de ser yo para convertirme en lo que tú querías que fuera. Y tristemente descubrí que en lo único que yo tenía completo control, era en mi cuerpo. Tal vez por eso me negué a darte un hijo… No quería que también tuvieras el control sobre eso.

- ¡Qué estupidez!…

- Sí, lo sé, fue estúpido, pero fue la única forma que encontré de revelarme ante ti.

- ¿Por eso me engañaste?

- Yo nunca pensé en engañarte, lo único que quería era hablar con alguien porque sentía que me estaba volviendo loca. Jamás pensé que las cosas se me saldrían de las manos. Ahora comprendo que ese fue un horrible error, dejé "todo" por "nada"; dejé de ser "la señora" por ser "la amante" y no sabes cómo me arrepiento.

El rumbo que había tomado nuestra conversación me hizo sentir sumamente incómodo y por un instante estuve tentado a levantarme de la mesa y salir huyendo de ahí, pero gracias a Dios el camarero hizo su aparición y comenzó a tomarnos la orden, interrumpiendo ese momento tan bochornoso.

Una vez que el mesero se retiró, tomé el toro por los cuernos.

- Sé sincera, ¿cuál es el verdadero motivo de esta invitación? – La cuestioné, dudando por un segundo de sus buenas intenciones.

- Yo quería pedirte perdón por todo lo que te hice. Sé que piensas que ya no importa, pero para mí si es importante… Quiero que sepas que yo en verdad te amé y que lamento mucho haberte lastimado de la manera en que lo hice… Me dejé deslumbrar; jugué con fuego y me quemé.

Mientras Karen hablaba, sus ojos me miraban implorando misericordia y fue entonces cuando comprendí que ella me estaba diciendo la verdad.

- Hace tiempo que te perdoné… - Le dije de forma sincera, pero un gesto suyo me hizo saber que ella no creía en la veracidad de mis palabras - Te lo juro, yo no tengo ninguna clase de resentimiento hacia ti. Ahora soy feliz, verdaderamente feliz y espero que algún día tú también puedas serlo.

- Gracias. Me alegra saber que al menos tú eres feliz.

El silencio nos acompañó por el resto de la velada, a excepción de una que otra interrupción para hablar de temas banales. Al terminar de comer, pedí rápidamente la cuenta con la intención de no prolongar más ese suplicio y justo cuando me disponía a despedirme, ella colocó su mano sobre mi brazo.

- Si me permites darte un consejo, no cometas los mismos errores que cometiste conmigo; deja que tu esposa sea libre, no la obligues a hacer tu voluntad, si no, terminarás por asfixiarla…

- Te agradezco el consejo, yo… lo tomaré en cuenta. Adiós.

Afectado por sus últimas palabras, salí del restaurante lo más rápido posible, intentando no pensar en la posibilidad de que mi historia con Karen pudiera repetirse con Candy. De la nada, el recuerdo de la última pelea que tuve con mi esposa, por culpa de su amigo el doctor, me vino a la mente, y en ese instante me prometí a mí mismo que llegando a Chicago, le pediría que olvidara ese estúpido ultimátum que le hice acerca de su trabajo.

Los siguientes días fueron un ir y venir del departamento de mi madre hacia el hospital, primero para repetir algunas pruebas que no salieron como se suponía y después esperando los jodidos resultados que tardaron más de lo pensado en llegar.

Durante todo ese tiempo, me hice el propósito de comunicarme diariamente con Candy, con el fin de hacerle saber lo mucho que la amaba y lo mucho que me hacía falta, y claro, también para estar al tanto de cómo se encontraba. A pesar de que mi esposa siempre me respondía que estaba bien, yo podía percibir ese toque de melancolía en su voz, que ella excusaba con el pretexto de que me extrañaba mucho y que deseaba que volviera pronto.

Cuando por fin llegaron los resultados de los análisis, el doctor me mandó llamar para discutirlos conmigo. A la mañana siguiente llegué a su consultorio lleno de alegría, esperando que en esa reunión, él me diera la fecha en que iniciaríamos con el tratamiento. Pero eso no sucedió.

- Lo siento Sr. Grandchester, usted no es un buen candidato para este procedimiento – Expresó sin rodeos.

- Pero, ¿por qué no? – Pregunté, incrédulo.

- Su corazón está muy debilitado y no creo que pueda soportar por mucho tiempo más.

- ¿Me está diciendo que me voy a morir pronto?

El doctor bajó la vista hacia su escritorio, fingiendo analizar los documentos que tenía dispersos en la superficie del mismo - Si quiere que le sea sincero, yo no le auguro más de un mes de vida.

- Comprendo – Le dije, pero lo cierto es que no comprendía nada.

- La única alternativa que usted tiene en este momento, es la de un trasplante, pero debido a su tipo de sangre…

- Sí, lo sé, es difícil que encuentre un donador.

Él asintió.

- En ese caso, creo que no tengo nada más que hacer aquí, ¿verdad? – En el instante en que intenté incorporarme de mi asiento, una maldita lágrima traicionera salió de uno de mis ojos, evidenciando la impotencia que estaba sintiendo en mi interior.

- De verdad lo siento, Sr. Grandchester.

- No se preocupe, ya estoy acostumbrado. He pasado por esta situación muchas veces - Le respondí, extendiéndole mi mano para despedirme – Con su permiso.

Justo cuando me disponía a abrir la puerta del consultorio, el doctor volvió a hablar.

- Sr. Grandchester, no pierda la fe. Los milagros existen.

- Gracias, lo tendré en cuenta en mis últimos momentos de vida.

Salí de ese lugar completamente destruido y si bien no mentía al decir que ya había pasado por esa situación muchas veces, en ninguna de esas ocasiones me habían dado una sentencia tan próxima. ¡Un mes! ¡Un mes! Era tan poco tiempo y mientras más lo pensaba, más me convencía de que ese veredicto era demasiado cruel para poder asimilarlo.

Mientras caminaba por el pasillo, infinidad de preguntas comenzaron a llegar a mi cabeza: ¿Cómo le diría a Candy que mi tiempo con ella se había acabado? ¿Sería capaz de hacerla pasar por todo ese calvario? ¿Sería tan egoísta para obligarla a acompañarme hasta el día de mi muerte?

Para cuando llegué al departamento de mi madre, lo único que quería era tomar el primer avión hacia Chicago, con el fin de refugiarme para siempre en los brazos de mi esposa. Y así lo hice. Traté de mantener mi mente en blanco durante todo el trayecto, pues no deseaba seguir torturándome con lo mismo, ya después buscaría la forma de comunicarle a mi pecosa las malas noticias, claro, si es que lo hacía.

Debido a que cambié la hora de mi vuelo, llegué antes de lo previsto a nuestra casa, la cual, para mi sorpresa, lucía bastante ordenada; supuse que Candy estaría todavía en el trabajo, así que me senté en el sillón a ver televisión en lo que llegaba. En algún momento de la tarde me quedé dormido, pero el sonido de un motor me despertó y rápidamente me asomé a la ventana para ver si se trataba de ella.

Grande fue mi sorpresa al verla con ese maldito infeliz.

Mi cabeza rápidamente comenzó a sacar sus propias deducciones, ¿acaso Candy se había cansado de mí y había decidido engañarme al igual que lo hizo Karen? Tal vez por eso había estado tan rara las últimas semanas, tal vez tenía pensado dejarme, pero la lástima que sentía por mí no se lo había permitido.

- No, no es posible – Me dije a mí mismo y justo cuando intentaba convencerme de que mi esposa sería incapaz de traicionarme de esa forma, ellos dos se despidieron con un efusivo abrazo, provocando que el mundo entero se derrumbara ante mis ojos.

No pude evitar sentirme enojado, traicionado, celoso y tuve ganas de salir a confrontarlos, de decirles que estaba enterado de su sucio juego y que no iba a permitir que siguieran viéndome la cara de idiota, pero una voz dentro de mi cabeza me lo impidió, recordándome que yo me estaba muriendo y haciéndome entender que ella tenía todo el derecho de ser feliz, aunque no fuera conmigo.

Mi cuerpo se tensó cuando la escuché entrar y al observar su rostro, noté como este se iluminaba al verme. Por un instante llegué a creer que tal vez no todo estaba perdido, que tal vez todo era producto de mi imaginación; pero a pesar de que deseaba omitir lo que acababa de presenciar, mi maldita inseguridad fue más fuerte que yo y me obligó a interrogarla. Al darme cuenta de que Candy me estaba mintiendo, volví a sentirme furioso con ella por engañarme, furioso conmigo mismo por no poder retenerla.

No hubo necesidad de preguntarle si había tenido intimidad con él, su negativa a hacer el amor conmigo acrecentó mis sospechas y en un impulso de rabia, la agredí.

Cuando comprendí la magnitud de lo que había hecho, me sentí el peor de los hombres, pues había lastimado a la persona más importante en mi vida. Una lucha feroz comenzó a desarrollarse en mi interior, ya que una parte de mí deseaba pedirle perdón, abrazarla, besarla y la otra parte la detestaba por su traición; una parte de mí deseaba seguir viviendo en esa agridulce mentira y la otra deseaba largarse de ahí para siempre.

En el momento en que la vi alejarse de mi lado, tuve mucho miedo, miedo de que decidiera abandonarme justo cuando más la necesitaba y fue así que, haciendo a un lado mi orgullo, elegí permanecer a su lado hasta el final, porque yo la necesitaba como se necesita al aire para poder vivir; porque sin ella, yo ya estaba muerto.

Despacio y en silencio, caminé hacia mi esposa buscando su indulgencia, pero al acercarme lo suficiente, percibí en su rostro un gran sufrimiento. Entonces comprendí que, aunque me doliera en el alma, tenía que dejarla ir, porque si continuaba a su lado, terminaría por marchitar a ese hermoso girasol que tiempo atrás me había cautivado.

Antes de irme, hice el amor con ella por última vez, pues quería conservar en mi mente el recuerdo de sus besos y sus caricias para cuando ya no estuviera conmigo. Cuando ella se quedó dormida, me levanté de la cama sigilosamente y comencé a hacer mis maletas tratando de producir el menor ruido posible.

Mientras guardaba mis pertenencias, varias lágrimas empezaron a brotar de mis ojos sin poder contenerlas y tuve que refugiarme en el baño para no despertar a Candy con mis sollozos. Ignoro cuánto tiempo estuve ahí, hundiéndome en mi propia miseria, pero al salir de esa habitación, encontré a mi esposa recostada en el piso, con los ojos hinchados de tanto llorar. Yo la cargué con sumo cuidado para llevarla de regreso a la cama y después terminé de hacer mi equipaje, convencido de que eso era lo mejor para los dos.

Cuando todo estuvo empacado, me acerqué a mi pequeña pecosa para depositar un beso en sus labios y me quedé por un par de minutos al pie de la cama, contemplándola por última vez. No me atreví a despedirme de ella, pues la conocía lo suficiente para saber que no me dejaría partir, no porque quisiera quedarse a mi lado, sino porque su culpabilidad y su lastima no se lo permitirían. Antes de salir de la casa, tomé una hoja de papel donde escribí la primera excusa que se me vino a la mente, para luego dejarla sobre la mesa.

Una vez que crucé el umbral de la puerta, le dije adiós, para siempre, al amor de mi vida.

Algunos días más tarde contacté a mi abogado para que hiciera todos los trámites pertinentes para dejar a Candy protegida ante mi inminente partida y dispuse todo para que al morir, mi herencia pasara por completo a sus manos. Además, hice los arreglos necesarios para que ella no padeciera ningún tipo de carencia económica, en lo que eso sucedía.

Poco a poco fui revolcándome en mi propia mierda, de la cual, ya ni siquiera me importaba salir. Pasaba las horas encerrado, observando como cada día se convertía en un maldito calvario, mucho peor que el anterior. Lo único que me consolaba en mis noches de soledad, era la certeza de que pronto llegaría la muerte, arrancando de raíz todo mi sufrimiento.

Justo cuando pensé que no me podía hundir más, Candy apareció ante mí, doblegándose, suplicando por mi regreso, demostrándome lo mucho que en realidad le importaba; y yo, en lugar de tratarla como ella se merecía, la humillé con el fin de alejarla para siempre de mi lado, con la creencia de que lejos estábamos mejor.

En el momento en que sus labios pronunciaron la palabra "divorcio" y sus piernas empezaron a alejarse de mí, el remordimiento se apoderó por completo de mi cabeza y comencé a perseguirla por toda la estancia, en un intento desesperado por detenerla. Para mi mala suerte, mi perdí el equilibrio debido a la cantidad de alcohol que había ingerido a lo largo del día y yo terminé tirado en medio de la sala, sin fuerzas para poder levantarme y con un esguince en el pie debido a la caída.

Durante los siguientes días le envié docenas de mensajes a su celular, pero ninguno de ellos fue respondido; le marqué cientos de veces, pero nunca se dignó a contestarme. Mandé a Leonard a hablar con ella, pero nunca la encontró en la casa y cuando fue a buscarla al hospital, le dijeron que ya no trabajaba ahí. Mi último recurso fue preguntarles a sus padres y a su mejor amiga, pero ellos se negaron a darme cualquier información sobre su paradero. Entonces comprendí que por fin había logrado mi objetivo. Yo la había perdido para siempre.

El timbre de mi celular me saca de mis dolorosos pensamientos y al observar la pantalla, descubro que es una llamada de la secretaria del doctor Anderson. Después de meditarlo por algunos segundos, decido contestar.

- Bueno…

- Hola, buenos días Sr. Grandchester, hablo de parte del doctor Anderson para confirmar su cita de del día de hoy.

No voy a mentir, lo que menos deseo en este momento es verle la cara a ese estúpido, pero algo dentro de mí me dice que debo asistir a esa cita, tal vez porque tengo el presentimiento de él sabe muy bien donde se encuentra Candy.

- Sí, claro. Disculpe, ¿a qué hora es?

- A las 11:30.

- Muy bien, ahí estaré.

Yo observo mi reloj y me doy cuenta que solo falta media hora para mi cita, así que me doy una ducha rápida y salgo hacia el hospital. Al entrar a su consultorio, el doctor me recibe con una enorme sonrisa.

- Buenos días, Sr. Grandchester, por un momento pensé que no iba a venir - Me dice, extendiéndome su mano.

- ¿Por qué no habría de hacerlo? - Le respondo, tratando de sacarle información.

- Pues después de aquel penoso incidente en el que Candy se vio involucrada, yo pensé que…

- ¿Penoso incidente? No entiendo de qué me está hablando.

El doctor Anderson me observa sorprendido.

- Del incidente por el cual despidieron a su esposa…

- ¿Despidieron a Candy? ¿Por qué?

Él titubea por un segundo antes de comenzar a hablar - Por acosar a la mamá de uno de los pacientes… Candy quiso convencerla para que firmara la autorización para donar sus órganos, ya que su hijo tenía el mismo tipo de sangre que usted.

Yo me llevo las manos al rostro, mientras muevo la cabeza de un lado a otro.

- ¿No lo sabía? – Él traga saliva y su rostro palidece de inmediato.

- Ella y yo… nos separamos – Me excuso, tratando de no quedar como un reverendo idiota – Pero supongo que eso usted ya lo sabe.

- Pues no, no lo sabía. Lo siento.

- No tiene por qué fingir conmigo, estoy muy bien enterado de lo que hay entre mi esposa y usted.

El muy imbécil me encara, mirándome a los ojos y sus labios esbozan una pequeña sonrisa que él se encarga de ocultar rápidamente.

- Y según usted, ¿qué es lo que hay entre su nosotros? – Me cuestiona, colocando una de sus manos debajo el mentón.

- Sé que ustedes son amantes. Los vi abrazarse afuera de mi casa, y no, no es necesario que me lo niegue… - Yo dejo escapar un largo suspiro antes de continuar - No estoy aquí para reclamarle nada, lo único que le pido es que al menos la haga feliz.

Él se queda en silencio, analizando mis palabras y de la nada, una estrepitosa carcajada brota de su garganta.

Yo aprieto los puños, intentando controlar el impulso de estrellar uno de ellos en su odioso rostro.

- ¿Qué es lo que le parece tan gracioso? – Le pregunto, furioso.

- Sr. Grandchester, yo soy homosexual – Expresa, con toda la seriedad del mundo.

Su respuesta me cae como un balde de agua fría.

- ¿Perdón?

- Soy homosexual, gay, me gustan los hombres… Y por esa sencilla razón no tengo, ni tendré nunca, nada que ver con su esposa; Candy es solo una amiga… una muy querida, por cierto.

- Ella… ¿Ella lo sabe?

- ¡Claro que lo sabe! Era una de las pocas personas en este hospital que estaba enterada de mis preferencias sexuales y no porque me avergüence de ellas, sino porque en este mundo hay gente tan prejuiciosa, que de haberlo sabido, jamás me habrían permitido llegar a ser el jefe del área de cardiología.

- Lo siento, yo… malinterpreté las cosas.

- Créame, yo lo siento más y no por usted, si no por su esposa. Es una verdadera lástima que en todo el tiempo que estuvieron juntos, no se haya dado cuenta de que ella solo tenía ojos para usted. Aunque estoy seguro que el que más sufrirá con su separación, será su hijo.

Mi corazón se detiene al escuchar esas últimas palabras.

- ¡¿Mi hijo?!

- ¡Maldita sea! – Murmura, girando su rostro, en un intento por esconder el enrojecimiento que lo invade - ¿No me diga que tampoco estaba enterado de eso?

- No.

- Pues lamento mucho que se haya enterado de esta manera, pero ahora ya lo sabe, muy pronto va a ser papá.

Esa verdad me toma completamente desprevenido, golpeándome con fuerza y sin pensar en nada más, salgo del consultorio, decidido a ir a buscar a mi esposa hasta el fin del mundo, si es posible. Mientras avanzo por el corredor, escucho que tanto el doctor, como su secretaria, pronuncian mi nombre, pero no me detengo, ni me detendré.

Al salir del hospital, camino unas cuantas cuadras hasta llegar a la casa que compartía con Candy y busco detrás de una de las macetas la copia de la llave de la entrada. Al ingresar, comienzo a recorrer habitación por habitación, buscando alguna pista que me lleve hasta donde ella se encuentra y es así como, después de esculcar en todos los rincones, encuentro el ultrasonido que confirma su embarazo.

Las pequeñas imágenes que se revelan ante mí, me hacen comprender el porqué de su actitud, de su cansancio, de su mal humor y no pasa mucho tiempo antes de que las lágrimas empiecen a salir de mis ojos.

Decidido a no seguir perdiendo más el tiempo, tomo mi celular y le marco a Leonard.

- Por favor, contacta al investigador privado, voy para allá.

Al colgar el teléfono, tomo la carpeta en donde se encuentra el ultrasonido, así como el celular de Candy que encontré momentos antes en la mesita de centro, pero justo cuando estoy por salir de ese lugar, siento un fuerte dolor en el pecho que me obliga a caer de rodillas.

Intento marcar una vez más el número de mi amigo, pero tal parece que mis dedos han perdido su fuerza y mi celular termina tirado en el suelo, al igual que yo. Mi cabeza comienza a dar de vueltas y la sensación de estar cayendo dentro de un agujero negro me invade por completo, borrando cualquier pensamiento de mi mente.

Siento como mi cuerpo comienza a flotar.

La historia de mi vida se muestra ante mis ojos, presagiando el final.

Ya no existe alegría, tristeza, miedo o preocupación.

Ya no existe nada, solo obscuridad.


Hola de nuevo, chicas lindas :)

Sí, ya sé... pobrecito Terry, se nos va :(

Les pido una disculpa por no haber terminado de contestar los comentarios, pero ahora sí, ahí es voy

* Venezolana lopez: Tal vez no estés muy equivocada con respecto a Terry, aunque concuerdo contigo en que no era la manera. Espero ya no demorar tanto con mis actualizaciones, reconozco que ahora sí me tarde demasiado, pero no fue por culpa de mi Beta Reader, jajaja, si no que fue mi culpa por darle prioridad a las otras historias que estaba escribiendo.

* Dulce Graham: Mmmm, bueno, creo que es cuestión de percepciones, tal vez es cierto que fue un poco inconsciente de Candy dejarlo tirado en su condición, pero creo que después de tantas humillaciones recibidas por parte de Terry (cualquiera que fuera la razón) era justo que demostrara un poco de dignidad y amor propio.

* Gladys: Gracias por resolver mi duda, de verdad ignoraba el significado de esa expresión. Claro que Terry se sintió mal cuando se enteró, tanto, que hasta terminó en el suelo... :(

*Candy Nochipa: No lo niego, la actitud de Terry deja mucho que desear y es cierto, debió hablar bien con ella y tratar de encontrar una solución a su problema, juntos.
Es verdad, de amor nadie se muere y supongo que en esos casos los hijos son una fuerte motivación para salir adelante.

* Yessy: Creo que logré mi cometido, mi intención era retratar una Candy con más dignidad que ya no se va a dejar manipular por su esposo y no porque él sea malo, sino porque él tampoco sabe cómo llevar una relación de pareja y todo esto que está pasando en la historia lo ayudará a darse cuenta de todos los errores que ha cometido.

*Phambe: Sí tienes razón en todo lo que dices en tu comentario, excepto en el hecho de que Karen y Terry retomaron su amistad, porque no es así, aunque es cierto que esa plática haya ayudado a que él se diera cuenta de la forma en que estaba asfixiando a Candy con su actitud controladora.
Concuerdo contigo en que la actitud de Terry es egoísta y cobarde, ya que en su afán de "proteger a Candy" terminó lastimándola más. Es cierto, ella lo amaba y había aceptado todos los riesgos que conllevaba la relación con él y si hubiera sido un poco más sincero y sin tener tantos secretos hacia ella.
Te agradezco los comentarios que hiciste en mis otras historias. Te mando un abrazo a la distancia :)

* Kamanance: Es verdad, Terry está sufriendo mucho más que Candy, pero bueno, eso se sabrá hasta el próximo capítulo.

* Ely: No, no había necesidad de que Terry fuera tan cruel, pero fue la única solución que él encontró en ese momento. Al final todo fue un malentendido ocasionado por que ninguno de los dos pudo honesto con el otro; los dos se ocultaron cosas, los dos prefirieron hacerse de la vista gorda en lugar de enfrentarse para saber que era lo que estaba pasando.

* Palasatenea: Jajajaja... Espero que las ganas de garrotearlo ya se te hayan pasado y que ahora puedas comprender un poco su actitud. Saludos!

* Alesita 77: Feliz año a ti también. Sí, reconozco que el capítulo anterior fue sumamente triste (Hasta a mi me hizo llorar) Y este creo que no se queda atrás. Siento no poder actualizar tan rápido como antes, pero como les dije anteriormente, intentaré subir un capítulo por día.

* AL-3X15: Pues no estabas tan equivocada en tus deducciones, concuerdo en que no fue la mejor forma de hacer las cosas, pero fue la única solución que encontró en ese momento. Jajaja y no, no le pasó nada grave, solo se torció el pie por andar de borracho -_-

* Selenityneza: Quise darle un poquito de dignidad a Candy (Sí, después de todo lo que se humilló por Terry, era lo mínimo que merecía) Y al menos no fue por ella que él se enteró del embarazo (Al menos) aunque tal parece que eso ya no importa, verdad? :(

Por cierto, lo del cuñado era sarcasmo puro, jejeje.

* Elydereyes: Pues no sé si lo perdones o no (creo que yo no lo haría... o quien sabe, jajaja :3) pero al menos ya sabes el porqué de su actitud. Nos estamos leyendo ;)

* Nally Graham: Como veo que apenas estás comenzando a leer, no te adelanto nada. Muchas gracias por aceptar la invitación al grupo. Estamos en contacto.

* Sofia Saldaa: Ay Sofi, pues que te puedo decir, yo también he sufrido escribiendo los últimos capítulos. No sé, en un principio había decidido no meterle tanto drama y sufrimiento a la historia, pero eso es algo que no puedo controlar -_-

Creo que en el fondo me gusta plasmar la realidad de la vida misma, que la mayoría de las veces dista mucho de ser color de rosa. Y no es porque quiera dejar mal al personaje, es solo que creo firmemente que no todo es blanco o negro, y que no porque alguien actúe equivocadamente, significa que es una mala persona. Casi siempre hay un porqué y muchas veces nos dejamos llevar por las apariencias...

Perdón, ya me salí del tema, jajaja... Pero bueno, retomándolo, veremos que pasa ahora con Candy, ya que nosotros si sabemos el porqué de la actitud del castaño, pero la protagonista no...

* Yeshua 1583: Espero que ya te caiga un poquito mejor, jajajajaja. Mi intención no fue hacerlas llorar, lo juro... Y si te refieres a la canción de Carla Morrisson, te confieso que en algún momento de mi joven vida, me hizo berrear como no tienes idea.

* Maya AC: Gracias por los buenos deseos, espero que este año que comienza, esté lleno de bendiciones para ti y para los tuyos. Y sobre la historia... Ayyyyyyyyyyyyyyyyyyyyy, pues al menos ya puedes comprender la actitud cruel de Terry (malditos malentendidos)... Aunque dudo mucho que por el momento puedan resolver su situación :(

* jimenezesperanza184: Ay perdón, no sabía que ese había sido tu caso :(

Pero tienes razón, se siente feo cuando te mandan al cuerno de esa forma y te dicen: Ya no te amo...

* July Julissa Pereyra: Muchas gracias a ti por seguir la historia. Te mando mis mejores deseos en este año que comienza, y pues intentaré terminar antes de que termine el mes (ya no las quiero hacer esperar más)

* Anastasia Romanov: Efectivamente, mi intención con este capítulo era enfatizar el amor de hermanos, dejar ver que a pesar de las diferencias que se puedan presentar entre los miembros de nuestra familia, esta siempre va a estar cerca de nosotros, apoyándonos en los peores momentos (bueno, al menos en la mayoría de los casos)

Sí que tienes una familia grande, ¡siete hermanos! mi esposo proviene de una familia igual de numerosa y aunque a veces sale del chongo con ellos, siempre están unidos ante la adversidad.

Y volviendo al tema de Candy, creo que su situación es muy común y durante este proceso, ella entenderá que para querer a alguien más tiene que quererse primero a ella misma, tiene que ayudarse a ella misma.

* Ceshire: Bueno, realmente no es necesario que dejes un review en cada capítulo, jajaja... te agradezco por dejarme tus comentarios...

Sobre Annie, quise quitarle esa caracterización que siempre le ponen, de niña tonta, mimada, pen...osa, etc. Después de todo este es un mundo alterno y se vale :D

Jajajaja... Es cierto, si cualquier otro personaje le hiciera a Candy lo que Terry le hizo, ya lo hubiéramos mandado a la goma, pero como es Terry my love... Ahhhhhhhh... se lo perdonamos (o eso espero, jajajaja)

Vergüenza para su vaca?... Mmmm... no sé por qué eso me recordó a Mulán...

Por cierto, yo también tengo una confesión en mis manos sobre "Unbreak my heart"... Muajajajajajajajajaja.. y la utilizaré en caso de ser necesario (al menos que me hayas vacilado... :3)

Estamos en contacto...

* Guest: No planeo cortar la historia de golpe... Pero igual y agrego uno o dos capítulos más... Aunque no te aseguro nada... Muchas gracias.

BUENO, MUCHAS GRACIAS A TODAS POR SUS COMENTARIOS, POR SUS FOLLOWS Y POR SUS FAVORITES, YA ME EXTENDÍ MÁS DE LA CUENTA, ASÍ QUE ME DESPIDO DESEÁNDOLES UN EXCELENTE DÍA.

GRACIAS A MONSE QUE ME AYUDÓ A ENCONTRAR LA LUZ CON ESTE CAPÍTULO, JAJAJA (SÍ, BATALLÉ MUCHO PARA ESCRIBIRLO)

LES MANDO UN ABRAZO FUERTE Y AFECTUOSO.

NOS LEEMOS PRONTO.