Advertencia: Este nuevo capítulo está un poco fuerte, pero en toda trama de acción siempre hay violencia. Gracias por seguirme, en especial porque ya se habrán dado cuenta que es una historia bastante larga. Nos leemos pronto.


Orgullo, ira y dolor.


El pellirrojo de belleza corrompida por el sentimiento de angustia y traición no se movió del sitio, pensativo e inmóvil, desde que acabo su llamada a la casa de Yusuke y oyó a Hiei hablarle como nunca.

Se hizo docenas de preguntas, intento responderse algunas pero ninguna era precisa tratándose de Hiei. Recordó su vida a su lado y no podía creerlo. No le dirigía miradas o albergaba dañinas intenciones a no ser que estuviera enfadado. Habían sido íntimos, e incluso sabía cosas de Hiei de las que estaba seguro que nadie más sabía. La sospecha de Youko de que Hiei lo había engañado para sucesivamente matarlo con la guardia baja perdía validez cuando memoraba cada momento compartido. Finalmente, recobro la capacidad de pensar con raciocinio antes de que con los sentimientos. Mucho tiempo con Hiei lo habían hecho vulnerable y emocional.

Una presencia a la cercanía le erizo los vellos de los brazos. Se tocó la herida de su pecho en un reflejo, todavía le dolía y no se había cambiado de ropa. Había anochecido con velocidad mientras pensaba en el peso de sus problemas. No obstante, aun en la noche, pudo reconocer el yoki de un demonio en particular. Todavía se sentía extraño y novedoso. La energía demoníaca de Hiei era latente, fuerte y arrasadora. Como su portador.

Sobre el tejado de las casas de clase media, su figura tenía similitud a una aparición fantasmal pero tan oscura que podía pasar como una sombra. A la distancia, pudo ver el Ojo Demoníaco desnudo en la frente de Hiei, como jamás le había visto en siete años.

- No huirás. No vacilaras. Yo te perseguiré y te destrozare.

Una de las mejores amenazas de Hiei hechas a su estilo. Odio que se la dirigiera a él. Podían escucharse y verse perfectamente, tanto como si estuvieran de frente.

- ¿Te importa tanto una pelea perdida?

- ¿Eres idiota? Sabes perfectamente porque.

Trato de no hacer ningún movimiento torpe en cuanto Hiei comenzó a bajar del techo para encontrárselo cara a cara, con una idea muy clara en la mente.

- Eres un apasionado de las peleas, lo sabía, pero no a este límite.

- Me importa un bledo quien seas, Youko o el humano Shuichi. Transfórmate o quédate como estas; no me importa. Mi espada en tu piel te dejara irreconocible.

- Esta bien- acepto, sin emoción. Hizo parecer su látigo de rosa en la mano. Pudo ver el lene asombro de Hiei, quien nunca lo había visto hacer uso de su poder en esa forma- Atácame como Minamino Shuichi.

- Como quieras, zorro engreído.

Tuvieron un breve momento de silencio de observación antes del primer ataque, una ferviente defensa y contraataque por parte de ambos, ya sin necesidad de ser cuidadosos con el otro. Como en la vez anterior, la pelea fue igualada.

- ¡De verdad quieres verme muerto!

- Tú rompiste tus propios juramentos.

Kurama abrió los ojos, confundido. El demonio de fuego se le apareció súbitamente pero al instante que iba a tocarlo su látigo y la espada chocaron entre sí.

- No he hecho nada de eso. Fui sincero.

- Igual que yo, iluso.

Rompió el choque y salto hacia atrás. Con impulso y su entrenamiento previo, logro saltar mucho más alto. Tomo equilibrio sobre el techo, desenvolviendo su látigo calculadoramente. Se llevó una mano al cabello y esparció pequeñas semillas en el aire.

Poderes de Youko.

Hiei no pudo repelerlo y solo tardo un minuto entero en escaparse de la trampa de plantas y volver al ataque contra Kurama.

- ¿Por qué estas con las Fuerzas Especiales?

- ¡Eso no te importa!

- ¿Ellos…?- Sobre los tejados, saltando de vez en cuando, el látigo que rompía hasta el acero se enfrentaba a la espada, y a las feroces acometidas de su dueño- ¿Te pidieron hacer esto? ¿Estuviste conmigo por ellos?

- Calla y pelea.

Se enfureció. Atrapo la hoja de la espada con su látigo y lo destrozo. Hiei gruño al ver su arma romperse en pedazos, de nuevo. Echo lo que quedaba y concentro una parte de yoki en sus manos para lanzárselo al otro.

- Fuego…- musito Kurama. Lo comprendió todo. La caricia de Hiei que se sentía a quemadura, cuando tocaba un objeto o una taza fría, la sensación de calor cuando Hiei estaba cerca. Había sido tan evidente.

- Te quemare con el fuego de tu querido mundo, Kurama.

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Pensó que su columna vertebral iba a romperse por la brusca caída, pero el corte limpio en su brazo izquierdo era más serio, pues sangraba a cantidad inestimable. Con dificultad, trato de ponerse de pie pero solo logro que sus rodillas tocaran duramente el suelo.

- Tan patético como esa vez.

Cerró su mano derecha sobre la herida abierta. Ardía.

Hiei disminuyo la distancia que los separaba, caminando lento y amenazante hacia él, recogiendo del suelo el mango de su espada arruinada. Cuando llego a Kurama, quien no pudo siquiera moverse, enredo sus dedos entre la cabella rojiza y lo jalo hasta verle la cara. Kurama vio a la luna a su izquierda, brillando sin importancia, junto a las pequeñas estrellas que de repente se multiplicaron al sentir el mango de la katana en su pecho, justamente en su lesión antes cerrada y en tratamiento.

- Ahora, tu eres el juguete- susurro fríamente el menor, inclinándose un poco para que le escuchara.

Kurama gimió y procuro que su grito fuera todo menos vergonzoso, al ver la mano del espadachín deslizarse de su hombro a su brazo herido. Sabía lo que planeaba. Y no tardo en sentir los dedos de Hiei dentro de su carne.

- ¿Tanto…- Contra su visión que se nublaba y el lacerante dolor, mantuvo la firmeza en sus palabras-…odias mi existencia,…tanto odio por esos siete años…?

Los ojos carmines le observaban vacíos; no eran sádicos o estaban complacidos con el castigo que le aplicaba. Se veían fríos, desprovistos de humor o compasión.

- Me avergüenzo de esos siete años. Fui tu títere de colección.

Quito los dedos de la herida nuevamente abierta, que comenzó a sangrar, a menor medida que el brazo.

- No…No entiendo.

- Eres uno de esos demonios que, por naturaleza, gozan de lo pueden, toman lo que quieren, desean como insaciables. Eres Youko, un actor, un libidinoso, una voz de mentiras y mascara atractiva.

- Youko…No soy yo. No lo soy.

- Aunque en tus últimos minutos de vida, no tienes la decencia de morir sin tus mentiras.

- Digo la verdad. No mentí sobre nada más que Youko. Lo escondí y fue mi secreto desde nacer, pero no mentí en nada más.

Contemplo su rostro, sudando frió y con una expresión de dolor físico y emocional. Su cabello rojo no se diferenciaba de su sangre al descubierto y su yoki era más débil. Dejo de ver al enemigo, al Youko que lo humillo, y vio al mortal Shuichi desangrándose frente a él. Hiei dudaba que fueran dos personas distintas. También pensó, por un instante, que le decía la verdad, pero su orgullo herido no consentía creerle. Debía ser mentira. Al fin y al cabo, era un vil manipulador, un bastardo embustero con título de farsante profesional.

- ¿Funciono mi actuación?

- Si- contesto el pelirrojo, luego de unos segundos angustiantes. Sangraba y todo le dolía-…Para mí, eras Jaganshi Hiei, no el Maestro del Jagan.

- Tú eras el inteligente.

- ¿Y tú? ¿Me mentiste solo en tu identidad?

Sabía lo que revelaría su respuesta. En efecto, solo le había mentido en lo respectaba a su verdadera naturaleza, pero no en todas las demás razones del porque estaba, o estuvo, con él.

- Todo lo que hice, lo hice a decisión mía.

No era una respuesta definitiva. Kurama hizo una mueca. Eso no le decía si lo había engañado desde el principio o no. Necesitaba esa respuesta.

- ¿Hiei? ¿Mentías cuando me decías que tu…?

No pudo acabar la pregunta. Kurama cerró los ojos, adormecido.

Hiei se puso de pie apresuradamente, no sin antes dejar con delicadeza al pelirrojo sobre el suelo. Miro hacia unas sombras a su derecha, difusas y en movimiento. Se trataba de los Soldados de la Fuerza Especial del Mundo Espiritual.

- ¿Qué están…?

- Nos lo llevamos- dijo el soldado que iba adelante, con tono autoritario, señalando a Kurama- Ese muchacho es el ladrón que buscamos. Si no fuera porque usted es un detective asignado por el príncipe Koenma lo apresaríamos por obstrucción. Necesitamos al rehén con vida y entero.

Hiei gruño. Vio a los soldados acercarse a Kurama con la intención de alzarlo y llevárselo. Con un gesto de sus dedos, hizo aparecer un círculo de llamas alrededor del cuerpo humano de Youko.

- No lo toquen. Es mío.

Todo había sido a causa de Kurama, ya no le importaba el trato de Koenma, ni siquiera si su reputación se volvía en su contra. No pensó en porqué se oponía a la justicia del Rekai, ya que tanto ellos como el querían a Youko arruinado. Hiei no sabía si se trataba de un extraño sentido de posesión sobre Kurama, un intento de venganza o solo su ansia de acabar con los sentimientos confusos el mismo.

- Por orden del…

- ¡No me importan sus asquerosas reglas! ¡No lo tocaran!

Vio sus rostros, iban a atacarle. Y Hiei estaba preparado para manchar su historial con la muerte de los soldados.

- ¡Hiei, detente!

Yusuke y Koenma, este en su forma adulta, se aparecieron corriendo. Ambos traían el semblante preocupado. Cuando llegaron vieron a Kurama rodeado por el fuego, que a pesar de las llamas altas pudieron captar el estado físico en el que se encontraba.

- ¡Hiei, ¿Te has vuelto loco?!

Por primera vez en mucho tiempo, sintió un verdadero golpe cargado de rabia. Yusuke se impuso delante de él y estrello su puño duramente en su rostro con tanta fuerza que lo obligo a dar un paso atrás.

- ¡No importa si es el ladrón demonio o un humano! ¡Kurama es tu esposo, idiota! ¿No has hecho una promesa por él, no hiciste un trato con Koenma para vivir con él?

Contra la indignación producida por el golpe inesperado, miro a Yusuke con asombro. Sabía que el detective tenía sus sospechas pero jamás pensó que fueran tan acertadas.

- Ese es mi problema.

- ¡Estúpido!- rugió el moreno, dispuesto a empezar una pelea pero entonces la voz de Koenma los interrumpió.

- Basta los dos. Soldados, llévense al bandido al Castillo.

- ¡Aléjense de el! ¡No lo toquen!

- Hiei, ya es muy tarde- susurro Yusuke, con amargura e impotencia. De nada servía enojarse con él mientras Kurama se ponía a disposición de los soldados, haciendo camino en el círculo flameante de fuego con energía espiritual- Lo lamento, no hay salida.

- ¡Fuiste tú! Tú los trajiste aquí.

- ¡Oye, cálmate! ¡No fui yo! Koenma se apareció en mi casa cuando tú te fuiste- se explicó Yusuke con sincera actitud de ofendido.

Hiei lo miro sin entender.

- Si tú no los trajiste aquí, ¿Quién fue?

Hiei encontró primero a Kurama y seguramente este no se lo había revelado a nadie. No era posible que lo hubieran descubierto más rápido que su Jagan.

- Eso es información clasificada- contesto el príncipe Koenma, al ver la mirada intrigada de ambos detectives sobre él- Hiei, violaste tu parte del trato, no puedes tratar a un demonio que necesitamos de esta forma tan…Brutal.

Por un mínimo instante sintió vergüenza y rencor hacia sí mismo por lo que le había hecho a Kurama, todo producto de la rabia y la repulsión al haberse creído manipulado por el zorro. Dejo que ese sentimiento se ocultase bajo una mirada de indiferencia, pues no quería hacerle saber a Koenma lo que realmente sentía, ni a nadie.

- ¿Sabes, bebe idiota? Ya no me importa nada.

Decía la verdad, sobre a las quejas y miradas de censura que recibió después. Kurama ya estaba en manos de la Defensa del Mundo Espiritual, seria interrogado un tiempo y luego ejecutado. No le importaba.

Yusuke quiso acercarse pero el demonio de fuego desapareció en la oscuridad de la noche antes que pudiera hacer algo.

- ¿Es verdad…Que la parte humana del ladrón legendario y Hiei eran pareja en este mundo?- Se acercó Koenma a preguntarle, no sin cierta incomodidad por el asunto.

- Si- suspiro Yusuke, creyendo que no era el más indicado para hablar de eso- Hiei vivió siete años en este mundo por él, y Kurama resulta ser…

- Es comprensivo. Por el bien de su orgullo y por la integridad física de todos, omitiremos esto y no habrán escándalos- Sentencio el príncipe, conociendo el carácter del demonio que mataría a cualquiera que se atreviera a insinuarle lo que le había pasado- Pero deberemos decir que Hiei lo sabía, quien era Kurama realmente, y mantener la historia hasta aquí.

Yusuke no estaba seguro. Sabía que el orgullo de Hiei era importante para él, pero mentir sobre Kurama le parecía extremista. Pidió a Koenma que pensara en lo que diría en el informe, ya que la estabilidad emocional de Hiei podría depender de eso. Es decir, sus ganas de levantar un puño y lanzar una bola de fuego.

Después de que los soldados se llevaran a Kurama por obra de un portal, acompañados de Koenma, miro el cielo oscuro. Se veía tal y como había pensado que era la relación de ambos demonios que se fingieron humanos durante años.

Hiei era la noche y Kurama las hermosas estrellas que complementaban el cielo y relucían su brillo y belleza. La luna era como la estación cambiante de la pareja, pero siempre constante y persistente.