CAPITULO 21 HAY TIEMPO PARA TODO.

Un segundo después de que el Sectumsempra impactara en la espalda de Harry, Rebeca le lanzó una mirada acusadora a Brian con sus fríos y oscuros ojos negros porque eso no formaba parte del plan. Brian no se sintió para nada intimidado por aquella mirada aún sabiendo que eso iba a ameritar un gran discurso por parte de Rebeca cuando estuvieran a solas. El mago decidió restarle importancia y continuó con lo suyo atacando a quien fuera que se le pusiera enfrente cuando Rebeca estalló en sonoras carcajadas captando la atención de todo mundo, incluyendo a los miembros de la Orden del Fénix que rodeaban a Harry y Vanessa para impedir que alguien más los agrediera.

De la varita de Rebeca salió una luz morada que se partió en dos. Uno de los destellos se dirigió hasta Brian con un mensaje bastante corto: "Gracias, mi niño". El segundo haz de luz llegó hasta donde se encontraba Valeria; la luz morada se enredó en su mano tirando de ella en dirección a Rebeca y cuando formo la palabra "Quita a la Orden de en medio", la joven bruja no entendió lo que quería decir Rebeca hasta que notó como la mujer se apresuraba a donde Harry continuaba desangrándose. La pequeña Valeria abandonó su duelo para acudir a la llamada de la rubia. Se concentró lo más que pudo y lanzó un hechizo escudo en contra de los otros magos para que despejaran el lugar. Obviamente funcionó dejando al descubierto a Vanessa que mantenía abrazado a Harry.

La mujer rubia ladeó la cabeza a donde estaba Valeria, luego a sus espaldas y la chica captó la indirecta: Cuidar de ella mientras hiciera lo que debía hacer. Rebeca se hincó frente a Vanessa a una distancia considerable antes de que la muchacha se reincorporara y empezó a susurrar:

—Vulnera Sanentur… Vulnera Sanentur…

Vanessa sorprendida abrió la boca viendo como las heridas de Harry comenzaban a cerrarse, pero al encontrarse con los ojos oscuros de Rebeca se enfureció, y rechinó los dientes al ver la sonrisa de la mujer al pronunciar el hechizo.

—¡Bruja maldita! ¡Largo! —rugió Vanessa atrayendo hacia su cuerpo a Harry semi—inconsciente.

Rebeca sonrió aún más.

—Le estoy salvando la vida. ¿Acaso quieres que se muera? —Vanessa palideció, pero fue incapaz de discutir. Ella entendía perfectamente lo que Rebeca estaba haciendo y también entendía lo que eso podía significar en el futuro. Las deudas de vida en el mundo mágico eran bastante importantes, y Vanessa no quería deberle nada a ella. . —Si eso deseas, podríamos ahorrarle la agonía a tu adorado Harry Potter… ¡Avada…!

—¡Nooo! —chilló Vanessa. —¡Sectumsempra! —exclamó en un intento de devolverle el daño que Harry había sufrido por uno de los suyos.

Fue un hechizo que alcanzó a esquivar por muy poco y al hacerlo, la capucha se le cayó mostrando su larga cabellera platinada, así que con prisa se la volvió a poner. Rebeca de manera nerviosa se empezó a reír, pero la joven de ojos azules jamás supo si se debió a que se encontraba ilesa o a que más de uno la había visto.

—¿Cómo saben el hechizo de mi padre? —preguntó Vanessa.

—La pregunta correcta es… ¿Por qué es que tú no sabes la relación que llegué a tener con él… Severus Snape siempre siendo tan descortés. ¿Nunca te preguntaste por qué tu madre te abandonó? —esa declaración dejó a Vanessa anonadada y en ese momento, un destello rojizo llegó hasta Rebeca para luego desvanecerse como humo sobre la palma de su mano. La bruja se levantó, le dio la espalda y corrió hasta donde se encontraban más de sus amigos encapuchados.

La mano de Harry se cerró sobre el brazo de su amada reclamando atención; ella de inmediato volvió a repetir las palabras que le había oído decir a Rebeca sintiéndose un poco culpable porque muy en el fondo, sabía que sin su ayuda jamás hubiera recordado el nombre del contra hechizo.

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Desde el otro extremo del edificio John se percató de que ingresaban más magos por las chimeneas y el tiempo para hacer travesuras literalmente se les había terminado. Era momento de emprender la retirada si es que querían que todos volvieran a casa. Le dejó su duelo a Brian y se dispuso a enviarle el aviso a los responsables de cada grupo: Rebeca, Will y Cassie para poder organizar su partida.

Cassie fue la que se movilizó más rápido pues sabía que era su responsabilidad desaparecer y escapar. Rebeca después de alejarse de Vanessa elevó su varita al cielo de la cual salieron chispas de colores más parecidas a los juegos artificiales, pero esa era una señal generalizada. Cada uno de los miembros de la familia Bessat se tenían que reunir con su grupo de inicio para comenzar con la desaparición, aunque había algunos como Chris, Will y Brian que no tenían ganas de marcharse.

A pesar de todo, no les quedó más que obedecer órdenes y cerrar sus grupos aunque claro, sin dejar de atacar al enemigo. Los primeros en desaparecer dejaron muy sorprendidos a Ron y a Hermione que eran los más cercanos a ellos, pero no podían permitir que todos se les escaparan. Se dieron la vuelta y comenzaron a atacar a los demás acorralándolos, pero gracias al hechizo protector de Valeria estaban bastante a salvo, al menos, hasta que la niña comenzó a cansarse y se tuvieron que valer de los hechizos ofensivos de los demás.

—¡Llévalo a San Mungo! ¿Por qué sigues aquí? —Le urgió señor Weasley a Vanessa que continuaba en el suelo susurrando el hechizo sobre las principales heridas de Harry.

Ella asintió e hizo aparecer una camilla para acostar a Harry y llevarlo hasta la chimenea más cercana; cogió polvos flu y desapareció.

Cassie reapareció y al intentar irse con más de los Bessat, uno de los aurores le lanzó un hechizo que le lastimó la pierna provocando que tropezara y gritara de dolor antes de llegar a su objetivo. Tanto los aurores como los miembros de la Orden del Fénix estaban enfurecidos con todos ellos y lo último que querían era dejarlos ir sin que tuvieran rasguños.

Una brujita precoz de repente fue capturada y arrastrada lejos de su grupo a pesar de intentar aferrarse al brazo de un amigo con uñas y dientes.

—¡Ayuda! —suplicó la niña quedando completamente al descubierto.

El auror sorprendido de ver que no sólo se trataba de una persona de baja estatura sino de una pequeña de apariencia inocente, la dejó caer, pero antes de que ella pudiera volver con los suyos, Lupin la tomó por la cintura y miró al auror con ojos asesinos.

—¿Por qué la sueltas? Entre más capturemos, mejor.

La pequeña soltó un grito de terror y absolutamente todos la voltearon a ver para saber lo que ocurría, pero un rayo de luz verde proveniente de uno de los encapuchados los dejó cegados por unos segundos; sobre todo a Lupin que apretó fuertemente los ojos al ver la maldición imperdonable directo a su pecho y fue lo último que vio, mientras que la niña salió huyendo con los suyos.

—¡Nunca caeremos en sus manos —exclamó Will con voz potente y bastante molesto. Después, todos desaparecieron en un abrir y cerrar de ojos dejando desastre y frustración tras de sí.

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Rebeca en cuanto llegaron a su cuartel, caminó escaleras arriba sin ponerle mucha atención a sus pequeños retoños que estaban ansiosos por obtener aunque fuera una palabra suya.

—Oye, Rebeca…. —intentó hablar Milly, pero la mujer levantó la mano pidiendo silencio. A los demás no les quedó más que seguirla hasta el gran salón. A su paso todos los que se habían quedado en el cuartel se unieron al gran grupo y se armó un bullicio de curiosos que querían todos los detalles.

Finalmente, cuando se situó enfrente de todos y se quitó la capucha, un mago de los que no habían ido al ministerio se le acercó y le susurró:

—Andy no ha vuelto con la niña…

—Ya lo sé —respondió secamente y lo suficientemente fuerte para que todos la oyeran. —¿Y saben por qué? Por ser obstinada y no hacer lo que debía. —algunos se enfadaron por la forma en que les estaba hablando, otros más bien, se asustaron. —Era una tarea sencilla y no pudo cumplirla por su inmadurez. A todos ustedes —continuó señalando a los que seguían con sus capas moradas. —Les di la oportunidad de divertirse y de que hiciéramos algo grande ¡y hacen todo excepto lo que les pido que hagan! Me siento decepcionada.

—Hicimos lo que teníamos que hacer —se defendió Brian. —Si Andy no lo logró no es nuestra culpa.

—No Brian, no lo hicieron. Y tú eres uno de los pocos que puede reclamarme. Atacaste a Vanessa Potter a pesar de que dije "NO".

—Sí, pero… te estaba insultando. —se cruzó de brazos y prosiguió. —Además, no finjas que te molestó. Te ayudé y no me lo agradeces. Yo sé lo que tramabas. ¿Por lo menos funcionó?

—No como esperaba —dijo ella con aire pensativo y cruzándose de brazos. —De todos modos Vanessa sabe que sin mi ayuda su querido Potter estaría muerto.

—¿Pueden dejar de tener ese tipo de conversaciones? Recuerden que muchos no sabemos qué sucedió allá.

—Le lancé un sectumsempra a Harry Potter. —exclamó Brian muy orgulloso de sí mismo.

—¡Y yo maté a una aurora! —dijo Milly mordiéndose la lengua para no decir que era una metamorfomaga. Sabía que eso no le gustaría a la mujer que tenían enfrente.

—¡Basta! —los calló Rebeca. —Eso es lo que no entienden mis queridos niños. No se trata de quien hiere o mata a un mayor número de personas. ¿Acaso creen que eso hará que los aprecie más?

—Rebeca, debes entender que tenía mucho tiempo que no íbamos a una misión así y al final nos sobrepasaron los aurores. —se apresuró a contestar Cassie que estaba en un rincón mientras John y otros le auxiliaban con la herida de la pierna que no era muy grave. —¿Al menos valió la pena? ¿Dónde está la hija de los Potter?

La rubia respiró profundamente antes de volver a hablar.

—Andy murió. Por eso aun no ha llegado, ni llegará. La más pequeña de los Potter, esa que ustedes llamaron "presa fácil" la mató. —gran parte de los presentes se quedaron boquiabiertos, excepto todos los que lo escucharon de los labios de Vanessa. —Sabía que sus poderes eran especiales, pero no tenía idea de cuánto. De todas formas, eso no es excusa; Andy tenía todo lo necesario. El distraer a los Potter debió bastarle. —suspiró. —En fin… Las personas mueren todo el tiempo. Es parte de la vida. Unos llegan, otros se van y fin de la historia. Cada quien a seguir con lo suyo. —concluyó dando la señal de fin de su discurso, pero nadie se movió.

—¿Y ya? —dijo Vale que esperaba mucho mas después de todo lo sucedido en el ministerio.

Rebeca entrecerró los ojos y se quedó meditando sobre algo.

—Sí, no habrá más misiones como la de hoy.

—¡Noo! ¿Por qué? —se quejó Chris.

—Porque yo lo digo. No están todos listos para hacerlo de nuevo. Perdimos un muy buen elemento, Valeria por poco fue capturada y Cassie resultó herida. Eso es inconcebible. ¿Tienen idea de cuándo fue la última vez que pasó algo así?

—Pero Rebeca, puedo armar una buena estrategia, mejor que la de hoy —dijo John. —Debes reconocer que el plan falló porque estuvimos ahí más de lo planeado.

—Lo pensaré. Por hoy no quiero hablar más del tema.

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Vanessa llevaba toda la tarde y noche cuidando de Harry en San Mungo quien debía pasar algunas semanas en el hospital hasta recuperarse por completo. El ojiverde no había sido el único en sufrir heridas que merecieran ir a parar ahí; su mejor amiga Hermione también estaba ahí aunque para su buena suerte sólo debía quedarse un par de días. Los sanadores que se estaban encargando de los magos desmayados por John no lograban entender como había sucedido aquello o si podía ser reversible. Algunas personas lloraban de pensar que sus familiares se quedarían en ese estado durmiente de por vida y los sanadores trataban de dar esperanzas sin mucho éxito.

La joven de los ojos azul zafiro lo que más deseaba en el mundo después de que Harry sanara, era ir a la Madriguera y abrazar a su pequeña Mel, pero no podía llegar con esas fachas, (despeinada y con la ropa llena de sangre), la última vez que su hija los había visto así se había pasado preguntando y con aspecto preocupado. No era necesario asustarla, era mejor esperar unas horas más a que la señora Weasley pudiera llevarle algo de ropa limpia y que hubiera alguien más dispuesto a cuidar de Mel.

Estaba tan agotada que no le importó sentarse en el suelo del pasillo mientras esperaba y se puso a pensar en los viejos recuerdos de San Mungo y el nacimiento de Mel en ese mismo piso tres años atrás. Pocas veces comentaba acerca de eso, ni siquiera Harry había pedido muchos detalles del nacimiento de Mel, pero ella lo recordaba lo suficientemente bien pues eran tiempos difíciles y al mismo tiempo los más felices de su vida:

Había sido una extraña mañana para Vanessa, en ese entonces Miranda, cuando una pareja lloraba con abatimiento la pérdida de su hijo. La mujer era la que más sufría por la pérdida mientras gruesos vendajes le rodeaban la cintura por un ataque casi mortal producido por los mortifagos.

En verdad lo siento mucho señores Deyant, no se pudo salvar al feto. —decía una sanadora a la pareja lo cual acrecentaba más y más su dolor.

Vanessa se había sentido muy mal por ellos y mientras se acercaba para darles ánimos, fue cuando Mel, decidió llegar al mundo.

Gritos, dolor y más gritos era lo único que podía recordar Vanessa de ese momento, hasta muchas horas después cuando pudo ver los preciosos ojos verdes de su bebé. Recordarlo siempre era como pensar en el más bello de los sueños. Donde la sanadora le decía:"Tenga señora, es una hermosa y saludable niña".

Sin embargo, había algo extraño en ese sueño perfecto. Algo que en definitiva no tenía que estar ahí. Una sanadora de aspecto sospechoso que con una radiante sonrisa y unos profundos ojos oscuros le quitaban a la niña de las manos.

¿A dónde la lleva? —preguntaba Vanessa angustiada. —¿A dónde lleva a mi bebé?

¡Ahora es mía! —exclamaba la voz de Rebeca riendo a carcajadas y alejando de Vanessa su tesoro más preciado…

Inesperadamente, Vanessa despertó sobresaltada y con la respiración irregular.

—¿Te siengtes bien? Pegdona si te despegté. —susurró Fleur Delacour apenada. —Pagecia que tenías pesadillas.

—La más horrible de todas. —asintió con las manos en el pecho esperando a que se calmara su respiración.

—La Señoga Weasley me mandó a traegte esto. —dijo sacando una bolsa con ropa y dándole la mano para que Vanessa se pusiera de pie. —Te ves muy mal. ¿Quieges ayuda?

—No, estoy bien. Esteeee… mejor voy a cambiarme.

En el baño, Vanessa derramó lágrimas silenciosas. "fue sólo una pesadilla, una horrible pesadilla", se repitió una y otra vez. Deseaba que en verdad fuera eso porque en su sueño Rebeca Bessat se veía bastante real. Sabía perfectamente que esa mujer la asecharía día y noche hasta quitarle a Melissa. Algo que nunca iba a permitir. Primero muerta antes que su angelito travieso acabara en sus manos. Y si para impedirlo debían desatar una guerra por toda la eternidad, así sería.

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Los días pasaron y Harry se recuperó. Su último día en el hospital lo pasó haciendo bromas con George y con Ron no dejaba de susurrarse cosas que sólo inquietaban a Vanessa.

—Papi, ¿vamos a vivid con los Weasley? —preguntó Melissa desde los brazos de Hermione que acababa de adoptarla como su sobrina aunque no fuera de sangre.

—No mi amor, vamos a ir a otra parte.

—¿Qué estás tramando? —dijo Vanessa mirándolo de forma inquisidora.

—Una sorpresa que tenía desde hace tiempo. Planeaba decirlo hasta navidad, pero en vista de que cierta personita quemó la casa y que una bruja loca nos está buscando, pues… tuve que adelantar mis planes. Le pedí a Ron y al señor Weasley que me ayudaran mientras estaba aquí. Por favor, no vayas a armar dramas. Yo sé que nuestro nuevo hogar te encantará. —el muchacho sonrió y la besó en los labios.

—¿Creen que con una fiesta se animen las cosas un poco? —sugirió George sonriendo y su madre le dio un golpe en la cabeza.

—Todos estamos pasando por un momento difícil después de la muerte de Lupin y Tonks, no digas tonterías George Weasley.

—Yo decía por esos dos pares de tortolos, a ver si por fin se casan —comentó señalando a Ron, Hermione, Vanessa y Harry —Sr Potter, debería intentarlo de nuevo. Dicen que la tercera es la vencida.

Todos sonrieron y en el caso de Ron y Hermione se vieron visiblemente nerviosos.

Fuera de la entrada de San Mungo, los esperaba el carro que muchas veces le prestaban al señor Weasley en el ministerio. Y luego de un hechizo de expansión, la familia entera cupo en el automóvil sin problemas. El encargado de conducir fue Ron Weasley y al menos a Vanessa se le hizo una eternidad el viaje. Primero vio pasar a la gran ciudad de Londres para luego ser reemplazada por árboles, prados extensos, árboles y más árboles. Fue tanto el tiempo que cuando el automóvil empezó a aminorar la velocidad, el sol estaba a punto de ponerse.

—¿Ya vamos a llegad? —quiso saber Melissa con el rostro pegado al vidrio viendo como nuevamente empezaban a aparecer casas, aunque muy distanciadas unas de otras.

—¿Dónde estamos? —la curiosidad de Vanessa empezaba a notarse a pesar de en un principio negarse a que la idea le emocionara.

—En un lugar donde no podrán encontrarnos.

—Pues permíteme poner eso en duda —dijo entre dientes.

—Ya no deberán estar encerrados en cuatro paredes para sentirse seguros, pusimos algunos hechizos contra indeseables. La casa tiene un jardín espectacular.

—Les encantará.

Vanessa aun dudaba de lo que le decían, pero en cuanto Harry le señalo el punto donde su nuevo hogar se encontraba, sus ojos brillaron de emoción. Aun más cuando bajaron todos del auto en el patio trasero.

—Vaya, Harry, esto… esto es maravilloso.

—Te dije que te iba a gustar. ¿Y a ti Mel, te gusta?

Ella asintió y se soltó de los brazos de su padre para ir a jugar con las flores del jardín.

—Vengan, vamos adentro. —señaló Hermione con las unas llaves en la mano. —Si ya te sorprendiste por la fachada, no quiero perderme tu expresión cuando veas los interiores.

Ella sonrió y abrazada de Harry siguieron a los Weasley.

—Princesa, vamos adentro.

—Déjala que juegue —pidió Harry y Vanessa endureciendo el rostro se negó. —De verdad Vanessa, aquí no nos pasará nada. Estamos a salvo de esa mujer. —y antes de que pudiera rezongar, le robó un beso y la obligó a entrar junto con él a la casa…

—Vaya, vaya. Debo reconocer que han hecho un trabajo estupendo. —susurró una voz desde unos arbustos al otro lado de la casa. —Cuando quieren conseguir algo no miden límites mis queridos niños.

—Te dijimos que íbamos a averiguar donde se esconderían los Potter y lo hicimos. —susurró Will. —Y no fue fácil. Dale las gracias a Cass y su cercanía con Hermione Granger.

—Rebeca… —empezó a decir Valeria. —Esa niña se parece mucho a la hija de Anne y Walter acaso…

—Sí, es lo que piensas. Gemelas, de hecho. ¿Por qué creen que me ausenté durante meses hace 3 años? Fue bastante sencillo llevarme a la otra niña de San Mungo, pudieron ser las 2, pero sólo percibí el increíble poder de la otra. Melissa Potter parecía alguien bastante ordinaria, parece que la subestimé.

—Y la niña está ahí, vamos, tómala de una vez.

—No soy tonta. ¿Acaso no sienten ese campo de energía? La casa está realmente bloqueada y créanme que se lo tomaron muy enserio. Me siento como prófuga estrella de Azkaban de la que todos salen despavoridos con sólo escuchar su nombre.

—Rebeca, lo eres. —dijo una Will. —Recuerda que el ministerio está buscando tu cabeza y ofreciendo recompensa a quien les dé alguna información.

—¿Ah, sí? Que divertido. —Rebeca Bessat decidió salir de su escondite y lentamente se dirigió a la casa cuidando cada paso que daba e invocando de su varita un destello morado a pocos centímetros de distancia para saber hasta dónde podía llegar sin que la protección del nuevo hogar de los Potter la atacara. Los tres magos que iban con ella la siguieron con vacilación y preparados para desaparecer si era necesario.

—Creí que no querías que nos acercáramos.

—Sólo un poco, si corremos con suerte será la niña la que venga a nosotros. El día que nos conocimos en el bosque estuvo a punto de terminar en mis brazos. —sonrió y antes de continuar avanzando hizo aparecer un micropuff morado.

—¿De dónde sacaste eso? —preguntó Brian con curiosidad.

Rebeca se encogió de hombros.

—Es lindo ¿verdad? A los niños les gusta este tipo de cosas. —y continuó avanzando.

—Ellos saldrán y estaremos perdidos. Se supone que sólo vendríamos a ver.

—¡Hey, nena! —llamó la mujer rubia agitando la mano para captar la atención de Mel que muy divertida estaba armando un ramo con diferentes tipos de flores.

Y lo logró.

—Mira princesa, ¿te gusta? Puede ser tuyo si lo quieres.

Melissa dio saltitos hacia la entrada volteando varias veces a la puerta por la cual sus padres habían desaparecido y poco antes de llegar a la zona que marcaba los límites de la casa se detuvo.

—¿Qué es eso?

—Es un micropuff, tómalo. Ven por él.

La niña se mordió el labio y dio un paso más hacia el frente. "No hables con extraños" resonó la voz de su madre… Pero el micropuff estaba demasiado bonito.

—¿Pada mí? —preguntó la pequeña con indecisión.

—Aja.

Melissa emocionada dio saltitos de alegría y abrió y cerró sus manitas. Rebeca y sus acompañantes abrieron los ojos de par en par cuando se dieron cuenta que la criatura había desaparecido de su vista y terminado en la mano de Mel quien rio y se puso a juguetear con el micropuff.

¡¿Mel?! Entra a la casa. —llamó Vanessa provocando que la niña se sobresaltara.

—Debo idme.

—¿Segura de que no quieres venir conmigo? Tengo muchos más.

¡Melissa, debes entrar!

—Adiós, señora —respondió la pequeña y dio saltitos regresando a su casa.

—Una verdadera lástima, por suerte tenemos muchas cosas que hacer antes de llevarnos a la hija de los Potter: Encontrar a los Deyant, entrenarlos mejor a ustedes, hacer más grande a esta bella familia. Por ahora sólo me interesa dejarle mi mensaje a Vanessa Potter. Lo demás llegará solo… hay tiempo para todo, siempre lo hay…

Unos segundos después y ya preocupada porque su hija no la obedecía, Vanessa salió justo al tiempo que Melissa llegaba a la puerta con una gran sonrisa en el rostro y un nuevo amiguito en la mano.

—Mira mami, me lo dio la señora que tiene el cabello como Luna.

Una expresión de terror se extendió por el rostro de Vanessa, cargó a su hija y tras recorrer el patio con la mirada, se encerró.