N/A: Lamento la tardanza :S


La mirada de Santana estaba completamente enfocada en la pantalla de su computadora portátil, ya que se encontraba revisando los últimos reportes que Hanna le había enviado un par de días atrás; se llevó a los labios su taza de café mientras sus irritados ojos seguían leyendo línea por línea los logros de las modelos que ya eran parte de su agencia, la cual parecía estar ganando renombre con cada evento que se suscitaba. Esa era la razón principal por la que no se había levantado de su silla giratoria de cuero negro desde hacía horas y no lo haría hasta terminar el último documento.

La tranquilidad de su oficina se vio interrumpida por el timbre de su móvil, sobresaltando un poco a la atractiva mujer. Con la mano izquierda tomó el artefacto, notando que quien le llamaba era su hermano mayor.

"Hey," fue la única palabra que pronunció Santana mientras abría el siguiente archivo recibido.

"Qué ánimos," dijo de manera sarcástica Carlos desde el otro lado de la línea, "supongo que estás ocupada."

"Supones bien," la latina se recargó en el respaldo de su silla al darse cuenta de que estaba teniendo una actitud cortante y, por lo tanto, grosera con su hermano, "pero como se trata de ti puedo suspender por un momento mis actividades."

El doctor dejó escapar una masculina risa gutural, "wow, ahora sé que soy importante en tu vida."

La modelo esbozó una sonrisa al mismo tiempo que se quitaba los lentes de armazón de pasta negra, "sí, un poco y… ¿a qué debo tu llamada?"

"¿Acaso no puedo llamar a mi hermana pequeña para saber cómo está?" Dijo Carlos con una voz que claramente expresaba fingida inocencia.

Santana comenzó a mover las piernas levemente de un lado a otro, haciendo que la silla girara un poco hacia la misma dirección que sus movimientos. "Claro, pero siempre te cercioras de que esté en casa, cuando sabes que no estoy trabajando así que intuyo que te urgía hablar conmigo."

"No es tan urgente, sólo…" Carlos dejó escapar un ligero suspiro de frustración, "creo que cometimos un error al involucrar a nuestro padre en…tú sabes."

"¿Cometimos?" La latina enarcó una ceja, expresando una ironía que su hermano no podía ver pero que podía escuchar, "si mal no recuerdo, fue tu idea hacerlo parte de todo este proceso científico del que, por cierto, no he tenido noticias."

"Pues adivina qué, aquí están tus noticias," el médico guardó silencio por un par de segundos, con el propósito de crear un poco de anticipación, "no tenemos ni la menor idea de cómo fue que embarazaste a tu ex novia."

Santana giró los ojos con fastidio al escuchar esas últimas palabras, "para empezar, Brittany no es mi ex novia, ¿si te queda claro? En segundo lugar, ¿me interrumpiste para decirme eso o sólo para quejarte de que mi papá ya te tiene harto?"

Al otro lado de la línea se logró escuchar un segundo suspiro, "no, nada de eso, pero es algo vergonzoso ¿ok?"

"Te escucho," la voz de la modelo era seria, por el tono que su hermano estaba usando era claro que se sentía bastante incómodo con lo que estaba a punto de decir.

"Bueno, antes que nada debo decirte que lo único que hemos descubierto es que, en el hipotético caso de que volvieras a embarazar a Brittany, uhm… ustedes dos nunca serían capaces de concebir varones."

Santana abrió los ojos de par en par, se sintió paranoica al escuchar que había posibilidades de embarazar a su mejor amiga una vez más, porque para poder concebir se necesitaba tener intimidad y eso era algo en lo que la morena no dejaba de pensar o… fantasear. "¿Qué te hace pensar que yo embarazaría a Brittany otra vez? Estoy casada y quiero a mi esposa y…"

"Dije en el hipotético caso, Tana. Enfócate, ¿quieres?" Dijo su Carlos al escuchar como su hermana comenzaba a balbucear incoherencias, "el punto es que como las dos son mujeres y ninguna de las dos posee cromosomas masculinos, por eso si llegaran a tener otro bebé, y no estoy diciendo que lo vayan a tener, pues sería otra niña," el médico esperó a que su hermana comprendiera esa poca información, "es lo único que sabemos por ahora."

"Ok," dijo con detenimiento la latina, "¿eso era lo vergonzoso?"

"No, lo vergonzoso es que nuestro padre me pidió que te preguntara lo que pasó esa noche."

Santana miró hacia ningún lugar en particular, su mirada se había perdido y esperaba que su hermano mayor le dijera que esa petición era una broma, "¿disculpa?"

"Con detalles," añadió Carlos, logrando que la modelo se levantara de su silla como si algo la hubiera empujado.

"¡¿Para qué quieren saber eso?!" Prácticamente gritó la atractiva mujer, sintiendo como sus mejillas se ruborizaban.

Yo no quiero saber y nuestro padre tampoco!" Exclamó defensivamente el hombre, "pero según él es importante saber cómo sucedió eso, quizás ahí está la clave."

Santana miró hacia su escritorio, justo en donde se encontraba la fotografía enmarcada de su hija, la cual había sido tomada justo después de su último viaje a París como modelo profesional. La apariencia de Samantha había mejorado considerablemente, su aspecto de debilidad había sido sustituido por la vitalidad que todo niño debía poseer pero la verdadera razón por la que realmente adoraba esa fotografía en específico era porque esa era la imagen en la que los rasgos de Brittany y los suyos propios eran más que evidentes y se fusionaban a la perfección, era fácil decir – con tan sólo ver esa fotografía – que Samantha era hija de ambas.

"Uhm… no puedo," murmuró la morena.

"Sé que es incómodo y créeme que no te estoy pidiendo esto sólo para molestarte…" Carlos guardó silencio por unos segundos al percatarse que no sabía cómo proseguir, "no te estoy pidiendo que me des cada detalle, sé que eso es imposible, pero… ugh, ni yo mismo sé que es lo que mi papá quiere que te pregunte."

"No puedo hacerlo," repitió Santana sin darle mucha importancia al soliloquio que el médico le acababa de dar, "debo preguntarle a Brittany primero… tú sabes…" la mujer tragó saliva con dificultad, "esa noche fue entre ella y yo y ella debe estar presente para hablar de eso."

"Está bien, habla con ella y cuando estén listas pues me llaman, ¿de acuerdo?"

"Sí," susurró la latina antes de despedirse de su hermano y terminar con esa incómoda llamada.

Santana colocó el móvil sobre su escritorio para luego caminar hacia la ventana; sus ojos se perdieron en la vista que le proporcionaba el edificio más alto de Lima, desde donde podía ver cada lugar que conocía de memoria pero su atención estaba en otro lugar, perdida en un recuerdo que trató de reprimir por años.

Las palabras de su hermano hacían eco en su mente, 'no te estoy pidiendo que me des cada detalle… sé que es imposible', Santana desvió la mirada con culpabilidad pues recordaba esa noche, recordaba hasta el más pequeño detalle y cómo no, si esa había sido su última noche junto con la que creía era el amor de su vida. Recordaba la pasión, recordaba todo el amor y dolor que su cuerpo y su alma experimentaron; la morena cerró los ojos, pues aún podía recordar el perfume que las envolvió, aún podía escuchar la errática música que su respiraciones hicieron cuando… cuando Samantha se concibió.

Santana se humedeció los labios inconscientemente pues ese íntimo recuerdo hacía que su corazón palpitara tan rápidamente y se sintiera incómoda y acalorada. Sabía que no podría hablar de esa noche con nadie, había tratado de olvidar y por muchos años lo había logrado, pero ahora debía hacerlo si quería descubrir cómo su hija había logrado existir, sentía curiosidad pero tenía miedo de que sus deseos fueran más fuertes que su razón.

Brittany estaba despertando un hambre que no saciaría ni con sus más íntimas fantasías, ni con su propia esposa, ni con ninguna mujer sobre la faz de la tierra. Esos deseos se estaban volviendo un peligroso capricho, quería a su amiga de una manera inimaginable, ya era absurdo seguir negándolo. Sin embargo, no quería arruinar su vida, no quería volver a ser la Santana de hacía una década, la que obtenía todo lo que quería sin importarle los sentimientos de otros porque lo que menos quería era lastimar a la mujer que amaba, a la que le había prometido fidelidad incondicional, la que le había dado una ciega confianza.

La latina se dirigió hacia su cómoda silla con el propósito de seguir trabajando en los pendientes que aún debía resolver. Trató de despejar su mente y de no pensar más en los ojos azules que tanto la hipnotizaban o en esa cálida sonrisa que transmitía genuina felicidad, enmarcada por los labios más encantadores y atractivos, aún cuando éstos esbozaran ese puchero que invitaba a besarlos. Santana desvió la mirada, fastidiada consigo misma al notar que no sería posible seguir trabajando, no cuando lo único en lo que podía pensar era en la otra madre de su hija, en todas las cosas que hicieron esa última noche y en la posibilidad de poder tener otro bebé con esa misma mujer que no era su esposa.


El frío de principio de año iba disminuyendo conforme el invierno llegaba a su fin. Las calles aún estaban cubiertas por una delgada capa de nieve que se derretía poco a poco y los abrigos que usaban los habitantes ya no era tan gruesos como los de las semanas anteriores y entre toda esa pequeña multitud que caminaba sobre las aceras, Quinn se permitía disfrutar del clima mientras saboreaba un cappuccino con vainilla, soplando levemente al vaso antes de dar un sorbo a la bebida.

Era agradable ver esa tranquilidad provinciana, en donde el tráfico no era pesado y estresante y las personas aún se saludaban cortésmente sólo porque prácticamente todos eran vecinos. No obstante, la joven editora extrañaba Nueva York pues era difícil desprenderse de esa mágica ciudad, en donde siempre había algo qué hacer o un lugar nuevo qué visitar.

Una pequeña sonrisa se dibujó en su rostro al notar que ya no recordaba Nueva York con amargura, comenzaba a deshacerse de esa terrible costumbre de relacionar todo con su ex novia; ese fue un gran logro: pensar en Rachel Berry sin sentir la necesidad de gritar, romper algo o simplemente llorar por la cicatriz que esa actriz le había impreso en su corazón.

El progreso que había logrado en ese pueblo era gratificante, su vida comenzaba a reconstruirse poco a poco y de una manera positiva, en donde los resentimientos ya no tenían lugar y estaba segura de que podría comenzar a rehacer su vida sentimental – sin tener que fijarse en castañas con grandes ojos color café y piel ligeramente bronceada.

Quinn estaba tan ensimismada en sus propios pensamientos que no se fijó en la persona que caminaba hacia ella de manera igualmente distraída hasta que ambos colisionaron, haciendo que la rubia diera un par de pasos hacia atrás mientras recuperaba el equilibrio.

"¿Quinn?"

Aquella varonil y familiar voz se escuchaba sorprendida, incluso nerviosa. La editora subió lentamente la mirada, observando en ese pequeño lapso de tiempo unas botas negras estilo militar bastante viejas, jeans desgastados y finalmente una chaqueta negra que no coordinaba en absoluto con el resto del atuendo. Sus ojos enfrentaron un rostro que nunca se esforzó por recordar…

"Puck…" dijo la rubia sin muchos ánimos.

Noah Puckerman estaba ahí, de pie frente a ella, sin su estúpido peinado estilo mohicano, sosteniendo una charolilla de cartón con dos bebidas y una bolsa de papel estraza con el logo de McDonald's.

Entre ambos surgió un incómodo silencio; en realidad aquellos dos adultos nunca tuvieron una gran relación, ni siquiera cuando compartieron el mismo techo en aquel entonces cuando Quinn estuvo embarazada, no existió una amistad o algo que realmente los uniera, al menos no después de dar en adopción a cierta bebé que ahora tendría casi la misma edad que Samantha.

"Artie me dijo que estabas en la ciudad, pero creí que tu visita sólo sería por las vacaciones de invierno," dijo Noah, intentando crear una cortés conversación. Sin embargo, sus ojos no estaban totalmente enfocados en su ex compañera de preparatoria, pues frecuentemente se desviaban hacia alguna de las tiendas que decoraban la calle principal de Lima.

"Digamos que mis vacaciones se extendieron indefinidamente," Quinn se sintió un poco curiosa al empezar a notar lo raro que se comportaba el hombre que estaba frete a ella; no se sentía ofendida pues entre más rápido terminara este encuentro, mejor. "¿Trabajas por aquí?"

Los ojos avellanados de Noah miraron a la joven editora, quien no pudo descifrar esa mirada, "uhm… algo así," con el rostro intentó apuntar hacia una de las tiendas, "esa es mi tienda."

Quinn miró hacia la dirección que su ex compañero le había señalado, era una tienda musical, bastante grande; el ventanal era decorado con guitarras y bajos de diferentes formas y colores, y se podía ver que dentro de la tienda había un gran número de clientes, inmersos en las imágenes de las portadas de álbumes musicales.

La rubia enarcó ambas cejas, sorprendida por el éxito que Puckerman tenía. "Estoy impresionada… siempre pensé que después de la graduación te dedicarías a seguir con tu negocio de limpieza de piscinas."

Noah dejó escapar una falsa risotada, "muchas personas creían lo mismo que tú, que sería un inútil sin futuro."

La amargura en esa respuesta era evidente; Quinn se arrepintió de haber dicho aquel comentario, nunca se esperó que Puck fuera tan sensible. "De verdad no quise ofenderte… a veces digo cosas que realmente no debería."

El dueño de la tienda de música tensó la mandíbula al mismo tiempo que miraba hacia ningún lugar en particular. "Te cambiaste el look…" puntualizó el hombre para luego enfrentar la mirada de la rubia y agregar: "pero veo que tu actitud no lo hizo."

Quinn sonrió con ironía mientras se acomodaba uno de sus mechones tras de su oreja izquierda, "me parece que no puedes opinar acerca de eso porque no me conoces en absoluto, Puckerman."

"Oh, vamos Q, gente como tú o Britt… o como Santana jamás cambiarán." La voz de Puck albergaba tanta seguridad que por un segundo la rubia quiso creer esas palabras, porque de seguir siendo la Quinn que gobernó los pasillos de la preparatoria McKinley, su vida sería totalmente diferente, no se habría permitido a sí misma entregarse al amor a cambio de nada.

La atractiva mujer entrecerró un poco los ojos al notar un detalle en las palabras del que fue el padre de su bebé. "¿Por qué te tomas la libertad de hablar de nosotras como si lo supieras todo?" La pregunta tomó desprevenido a Noah, "¿nos conoces tan bien como para asegurar que somos las mismas que tú conociste hace diez años?"

"No hace falta, sé cómo son…"

"¿Por qué?" Interrumpió la rubia con irritación, "¿porque Artie te lo dice?"

"Es mi amigo y me preocupa que tus amigas estén destruyendo su familia, su vida y estén haciendo añicos su orgullo," Puck dejó salir un exasperado suspiro porque de verdad se preocupaba por el hombre que se había convertido en su único y mejor amigo, en la única persona que le había alentado para ser una mejor persona, "¿acaso no te das cuenta de las verdaderas intenciones de Santana aún cuando vives en la misma casa que ella?"

"Wow," Quinn exageró su fingida sorpresa, "pero qué bien estás enterado de mi vida y déjame decirte que tú y tu amigo son un par de idiotas… siguen siendo un par de idiotas," puntualizó la mujer al mismo tiempo que trataba de mantenerse paciente.

Noah decidió no darle importancia a esas últimas palabras por lo que continuó con su pequeño discurso, "tú, como su amiga, deberías impedir que Santana siga haciéndole daño a las personas."

El rostro de la editora carecía de una expresión emocional, se limitaba a escuchar a ese hombre que se tomaba la libertad de hacer deducciones de una persona que ya no conocía, de una situación que sólo le había sido planteada desde un punto de vista que estaba más que cegado por los celos irracionales… aunque ella, por su parte, también tomaría partido a favor de su mejor amiga, aún cuando ésta cometiera errores.

"No te metas, Puck, porque en esa situación no hay buenos ni malos," Quinn bebió nuevamente de su vaso, dándose cuenta que el café ya estaba bastante frío, "y realmente no sabes cómo es la relación de ellos."

"Pues Brittany y Artie estaban perfectamente bien antes de que Santana apareciera," dijo entre dientes el dueño de la tienda de música.

La rubia desvió la mirada con fastidio ante la necedad de Noah, "¿llamas estar bien a una pareja que se casó sin amor mutuo?"

"Artie ama a Brittany."

"¿Y crees justo que Artie ame a Brittany cuando Brittany nunca dejó de amar a Santana?" Quinn colocó su mano derecha en su cintura, esa era su clásica postura desafiante y presuntuosa, la cual no cambió a pesar de los años, "y es probable que tu amigo esté confundiendo amor con, no sé…" la mujer se encogió en hombros, "quizás costumbre o capricho."

"Jamás nos pondremos de acuerdo en esto."

"¿Para qué tratas de discutir algo en lo que tú ni yo tenemos lugar?" Respondió de inmediato la editora al mismo tiempo que enarcaba una de sus perfectas cejas.

El calor de la discusión había hecho que ambos perdieran el sentido del tiempo, Puck había perdido ese nerviosismo que al principio lo poseía y Quinn perdió interés en su pequeño paseo por el pueblo. Ninguno de los dos se esperaba lo que estaba por ocurrir, una sorpresa que Noah no quería compartir porque no estaba preparado y que Quinn jamás se esperó encontrar.

"¡Papá!" Una infantil e irritada voz hizo que los ex compañeros desviaran la mirada hacia cierta pequeña de cabellera rubia que estaba de pie en la entrada de la tienda de música de Puck con los brazos cruzados sobre su pecho, "tengo hambre."

"Vuelve a la tienda, ahora voy." La voz de Noah parecía suplicarle a la niña, quien lo miraba con dureza.

"Mamá vendrá a buscarme en media hora y todavía no como," dijo la pequeña rubia mientras se acercaba a su padre sólo para arrebatarle de las manos la bolsa de papel que contenía un par de hamburguesas y papás a la francesa, "¿te aseguraste de pedir la mía con suficiente tocino?"

"Eres judía, sabes que no puedes comer tocino," puntualizó el hombre con el ceño fruncido.

"No, tú eres judío yo no," la niña cerró la bolsa para luego tomar las sodas, "como sea… iré a comer antes de que esto se enfríe y sepa a basura," y sin más, la pequeña se alejó.

Los ojos avellanados de Noah miraron con nerviosismo hacia Quinn, quien parecía estar hipnotizada por la esbelta espalda de esa pequeña personita.

"Y-yo puedo explicarte…"

"Beth te llama papá," interrumpió la editora sin mirar al hombre frente a ella, sus palabras eran una fuerte afirmación que parecía taladrar su alma, abriendo una herida que nunca pensó que volvería a sentir.

"Desde que te fuiste han pasado cosas que necesito explicarte."

"No me interesa," susurró Quinn aún sorprendida por lo que acababa de suceder, "no me interesa nada de lo que tengas que decir…" suspiró profunda y entrecortadamente, notando en seguida que un fuerte llanto se avecinaba, "siempre quisiste ser su padre y lo lograste. Muchas felicidades, Noah," dijo con sarcasmo y amargura la rubia para luego darse la media vuelta y emprender su caminata; sin embargo, una fuerte mano rodeó su muñeca, obligándola a detenerse.

"Yo quería decirte de esto pero nunca encontré el valor. No quería arriesgarme a que me dijeras que no."

Los ojos de Quinn comenzaban a inundarse en lágrimas, no podía creer que Noah, el chico irresponsable que nunca tuvo una meta en la vida, un perdedor en toda la extensión de la palabra, estuviera disfrutando el privilegio de ser el padre de Beth, dejándola a ella como un insensible monstruo que deseó deshacerse de su propia hija, o al menos Beth pensaría eso cuando tuviera edad para saber quién era su madre biológica.

"Sólo te voy a pedir que no la decepciones como lo hizo tu padre contigo," dijo la rubia con una voz que parecía quebrarse poco a poco y logrando que la mano que rodeaba su muñeca la soltara.

Había sido un golpe bajo para Puck y Quinn lo sabía, pero debía deshacerse un poco del odio que comenzaba a sentir por el hombre que parecía que nunca sufría las consecuencias de sus actos, es más, parecía ser premiado por ellos.

La atractiva editora se alejó con paso veloz y con un solo pensamiento en la mente: abandonar Lima lo antes posible.


El sonido de los cubiertos en la cerámica de la vajilla era lo único que podía ser escuchado en el comedor de la familia Abrams; los tres integrantes estaban absortos en cómo su merienda iba desapareciendo de sus platos pero ninguno pronunciaba frase alguna, era como si cada uno estuviera perdido en sus propios pensamientos.

Brittany alzó la mirada sin ánimos, sus ojos se fijaron en su esposo, en lo estoico que se notaba y no pudo evitar darse cuenta de que su matrimonio, a pesar de que nunca fue perfecto, ahora ya ni siquiera parecía uno. Eran dos extraños conviviendo en la misma casa y, debía admitirlo, gran parte de la culpa era suya, porque desde que restableció contacto con Santana, ya no podía concentrase en su esposo, no cuando sus sentimientos y deseos la hacían suspirar por esa atractiva y sensible mujer.

Estaba segura que de seguir así, no tendría más remedio que pedir un divorcio, después de todo ya no intimaba con su marido y eso era como una clase de anomalía en la mujer porque ella siempre estaba dispuesta a tener sexo, le gustaba, disfrutaba de todas las sensaciones que venían con esa práctica, pero su cuerpo ya no producía ese apetito carnal, a menos que la persona que la tocara fuera su amiga y era claro que ese deseo sólo se quedaría así, como un simple deseo que jamás podría hacerse realidad.

No es como si estuviera a favor de la infidelidad, pero Brittany siempre estaría dispuesta a practicarla con Santana y muy dentro de sí sabía que la latina tenía exactamente el mismo pensamiento, sólo que esa atractiva mujer, por alguna razón, prefería luchar en contra de sus sentimientos y deseos… una sutil sonrisa se dibujó en los labios de la rubia, porque una década atrás, Santana no habría dudado en compartir su cama, sus sábanas y su misma desnudez.

De verdad que extrañaba sentir la piel morena de su mejor amiga en contra de la suya, entre ellas nunca hubo incomodidad y siempre existió ese algo que la hacía sentirse tan bien, como si su lugar en el Universo estuviera entre los brazos de Santana López.

Esta situación se estaba saliendo de control, Brittany sabía que era así por el simple hecho de que se encontraba cenando en compañía de su esposo y su hija mientras que su mente se encontraba fantaseando de manera muy explícita con una antigua amante. Pero, ¿qué podía hacer? Pensar en Santana se estaba volviendo una cotidianidad, pues no podía hacer algo sin tener que recordar algún evento vivido que su antigua mejor amiga…

Sus pensamientos se vieron eclipsados cuando sus ojos celestes miraron a su hija, quien estaba extrañamente callada y jugando de manera ausente con su puré de patatas. Su ceño estaba ligeramente fruncido y ello era una clara señal de que algo la estaba perturbando.

"¿Sam?"

"¿Hmm?" Fue el único sonido que emanó de Samantha quien miró a su madre como si acabara de salir de un extraño sueño, sus ojos verdes se notaban cansados y perdidos, pero aún así, la bailarina pudo apreciar que en su mirada había un halo de tristeza y decepción.

Brittany tomó la servilleta de tela de su regazo y la colocó junto a su plato, antes de cuestionar a su hija acerca de su poco común estado de ánimo, miró a su esposo, esperando a que él dijera algo, pero Artie se limitó a observar la situación como si fuera sólo un testigo invisible.

"¿Qué te molesta, cariño?" La voz de la rubia adquirió una dulzura maternal que siempre hacía que Samantha se sintiera más en confianza.

"Nada," respondió la niña con indiferencia al mismo tiempo que desviaba la mirada hacia su padrastro con un poco de desconfianza y ese detalle no pasó desapercibido por ninguno de los dos adultos.

Brittany frunció el ceño pues no le agradaba el comportamiento que su hija adquiría en presencia de Artie; llegó a pensar que, una vez que Santana fuera parte de su vida, Samantha cambiaría su actitud hacia su padrastro, pero fue todo lo contrario y no entendía por qué, si el hombre había estado presente desde que ella nació. Se negaba a creer que el desagrado fuera hereditario.

"Samantha," la voz de la mujer adquirió un tono de autoridad, "no te vas a levantar de esta mesa hasta que nos digas por qué estás molesta."

La pequeña castaña desvió la mirada con fastidio para luego abandonar su cubierto en el plato y recargarse en el respaldo de la silla, "no es nada, sólo una estupidez."

Brittany abrió los ojos de par en par, impactada por la respuesta. "Sabes que esa palabra está prohibida en esta casa."

La niña frunció el ceño nuevamente al mismo tiempo que cruzaba los brazos sobre su pecho, "es sólo una palabra, todos en la escuela la dicen."

"Que la gente haga cosas no significa que tú debas imitar su comportamiento," dijo el hombre en silla de ruedas con calma, después de todo, él estaba acostumbrado a tratar con adolescentes rebeldes la mayor parte de su tiempo. "Además, tú bien sabes que tu madre y Santana odian esa palabra."

Era una decisión inteligente usar la figura de la latina para corregir el comportamiento de la niña; sin embargo, Samantha parecía tener una última respuesta, "pero tú no y estoy segura que a veces la dices."

Artie apoyó sus codos en los brazos de su silla, "¿alguna vez me has escuchado decir esa palabra en la casa?" La castaña negó sutilmente con la cabeza, "entonces no tiene sentido que la digas. Ahora, dinos ¿por qué no quieres decirnos qué te molesta?"

La niña se mordió el labio inferior, clavando su mirada en el castaño, "porque no quiero que te molestes." Las palabras de Samantha eran casi un murmullo que apenas y se pudo escuchar.

Los dos adultos se miraron con preocupación, pues le renuencia de la pequeña comenzaba a formar ideas paranoicas en sus mentes.

"Te prometo que no me enfadaré," dijo firmemente Artie, ignorando el hecho de que quizás se estaba comprometiendo a algo que no podría cumplir. Lo único que le importaba en ese momento era saber que le sucedía a su hijastra sólo para tranquilizar a su esposa.

Samantha suspiró al notar que no podría irse sin dar una explicación; se acomodó un mechón castaño tras de su oreja como si ese pequeño acto le otorgara algo de tiempo…

"El viernes tenemos el día de las vocaciones en la escuela y tenemos que llevar a uno de nuestros padres."

El matrimonio Abrams se miró brevemente, sonriéndose mutuamente por esa preocupación que le parecía tan grande a la niña. Brittany extendió la mano para que Samantha la tomara, "sabes que no hay problema, Sammy. Artie o yo podemos pedir permiso en el trabajo…"

"Quiero que vaya mi mami," interrumpió la castaña con el ceño fruncido, "pero ella me dijo que no era una buena idea," un nuevo puchero se formó en sus labios, "y la maestra me dijo lo mismo… me dijo que algunas personas no lo entenderían."

La rubia abrió y cerró la boca sin saber qué decir. Se sintió algo tonta al no suponer que su hija querría llevar a Santana pero era una decisión obvia; la niña se había encariñado muy rápidamente con su otra madre, quien había vivido una vida que cualquier niña y adolescente soñaba y ahora emprendía un nuevo paso en su carrera, resultando en un éxito que cualquier adulto deseaba, envidiaba.

"¿De verdad quieres que tu mami vaya?" Brittany preguntó con gentileza mientras su dedo pulgar acariciaba el dorso de la mano de su hija, quien sólo asintió sutilmente con la cabeza, respuesta que pareció ser suficiente para la mujer, "entonces yo hablaré con ella, ¿de acuerdo?"

Una pequeña sonrisa se dibujó en el rostro de Samantha, pero así como apareció se esfumó. "Pero, ¿y si dice que no?" En su voz se podía apreciar temor y ansiedad, sus expectativas eran muy altas y si Santana llegara a decir que no, la caída sería dolorosa y decepcionante, sobre todo para una pequeña que aún no podía entender la magnitud que la discriminación podía alcanzar.

"Dirá que sí," reafirmó Brittany con plena seguridad, "yo te lo prometo."

Los ojos verdes de la pequeña observaron con detenimiento los azules de su mamá, como si estuviere buscando alguna clase de mentira. Sin embargo, Samantha sabía que su madre jamás prometía cosas que no pudiera cumplir, era la persona más honesta que conocía por lo que se permitió confiar en ella ciegamente.

"¿Puedo retirarme ahora?"

Brittany le concedió el permiso, notando con agrado como el estado emocional de la castaña se había transformado por completo, pero ese goce no le duró mucho…

"Sí te das cuenta de que es una mala idea, ¿verdad?"

La voz de Artie obligó a su esposa a volver la mirada hacia él. El hombre estaba erguido en su silla de ruedas, apoyando sus codos sobre los brazos de la misma; sus ojos miraban con condescendencia a su mujer, una mirada que molestaba a Brittany porque le hacía sentirse inferior… le hacía sentir estúpida.

"Esa es decisión de Sam, no mía," se justificó la bailarina con un poco de reticencia, pues no podía negarle a su hija el querer presumir a su otra madre.

"Brittany, es una niña," dijo Artie con desesperación, "no puedes dejar que tome decisiones tan a la ligera." El castaño levantó las manos para darle énfasis a sus palabras y así hacer entrar en razón a su esposa.

La rubia bebió el resto de su vaso con agua antes de responderle a Artie; sus ojos se fijaron en el fondo del vaso cuando lo retiró de sus labios, dándose cuenta de que al ver a través de él todo parecía minúsculo, insignificante… "sé que estás celoso de que haya elegido a Santana, debo admitir que yo también me sorprendí pero en esto no podemos interferir aún cuando queramos. Es difícil para Samantha estar en dos hogares y tener dos madres," sus ojos azules miraron con timidez a su esposo, "debemos tenerle consideración cuando se trata de su familia."

"No estoy celoso," aclaró Artie mientras conducía su silla hasta la rubia, la seriedad que emanaba de él era casi palpable, "yo sé que Samantha no me elegiría para un evento como ese porque no me considera su padre, eso me queda claro…" el hombre se detuvo cerca de la bailarina pero no intentó hacer contacto físico con ella, "pero hasta Santana considera este capricho algo irracional. Britt, la gente no va a entender que tu hija tenga dos madres."

"Artie, la gente no entiende muchas cosas," respondió la rubia con gentileza, "y Sam va a tener que enfrentar eso toda su vida, ¿crees que yo no sé por lo que va a tener que pasar? Y por eso no puedo permitir que esta…" la mujer gesticuló con su mano en el aire como si de él pudiera tomar la palabra que buscaba, "¿aceptación? Sí, aceptación, por más inocente que sea, la destruya la gente," Brittany suspiró con pesadez antes de finalizar, "no puedo dejar que Samantha sienta vergüenza o que tenga la necesidad de escondernos a Santana o a mí, ¿entiendes?"

El castaño tensó la mandíbula con molestia, "hablas como si ustedes dos fueran pareja."

Brittany desvió la mirada con exasperación, pues ese comentario no venía al caso porque la conversación no se trataba de la relación de ella con su amiga, sino de la hija que compartían. "Esto no se trata de San y de mi, ¿por qué te cuesta tanto trabajo entender eso? Tú eres mi esposo…"

"Quizás porque últimamente tu mente está con ella, en lugar de que busque una manera de que este matrimonio siga funcionando," interrumpió Artie con un tono de voz un poco más fuerte y desesperado.

"No puedo seguir con esta conversación," la rubia salió del comedor con prisa. Se sentía tan frustrada consigo misma porque sabía que Artie – de una u otra forma tenía razón –, su matrimonio estaba cayendo en un pozo sin fondo desde que Santana regresó a su vida, no podía dejar de pensar en ella y deseaba estar con ella, sin importar qué…

Brittany se mordió el labio inferior con nerviosismo y culpabilidad, había alcanzado un punto en el que ya no le importaba que existieran dos matrimonios de distancia entre ella y la mujer-objeto de sus fantasías y deseos.


"Es tu hija…"

Santana se dejó caer en el sillón, cubriendo sus ojos con su antebrazo. Ella y Brittany llevaban casi una hora en el teléfono, discutiendo acerca de sí debería o no asistir al dichoso día de las vocaciones.

"Ya te dije que es esa la razón por la cual yo no debería presentarme," la morena tragó saliva con dificultad, "conozco a los niños de este pueblo – fui una de ellos – y sé que pueden ser muy crueles con lo que es diferente. ¿Recuerdas como se burlaban de mí porque era prácticamente la única niña latina en todo Lima?" Aún cuando Santana no pudiera ver a su mejor amiga, podía casi escuchar un pequeño asentir y un ligero puchero, "ahora imagínate lo que los niños le harían a mi bebé si sus padres de mente cerrada se llegasen a enterar que Sam tiene dos mamás."

Brittany sonrió ante la vehemencia con la que la modelo hablaba, podía percibir en esa feroz voz el sentimiento maternal más puro que jamás hubiere visto – o, mejor dicho, escuchado. "Sammy se sabe defender y tú no dejarías que algo le pasara a nuestra bebé."

"Primero muerta antes de que le pongan un dedo encima," musitó entre dientes la atractiva mujer sin pensar, "aún así no estoy de acuerdo."

"¡Saaaaan!" Lloriqueó la bailarina al escuchar esas últimas palabras, "debiste haber visto lo molesta que estaba, te quiere ahí con ella."

La latina se incorporó en el sillón para luego peinar sus mechones oscuros con sus delgados dedos, "¿Por qué no la convences de llevarte a ti? Eres bailarina, ese es un trabajo divertido."

"Oh, San, estoy segura que Sam quiere embarrarles a sus compañeros lo exitosa, inteligente y hermosa que eres," dijo con un todo soñador la mujer al otro lado de la línea, "todo lo contrario a mí, una perd…"

"No te atrevas a terminar esa frase," advirtió Santana al darse cuenta de lo que su amiga estaba a punto de decir, "tú…" la modelo sintió que las palabras se le atascaban una tras otra, por lo que se aclaró la garganta, "tú eres admirable en todos los sentidos; eres valiente, sensible, atractiva, divertida y, quizás mi opinión valga muy poco, pero yo no cambiaría nada, absolutamente nada de ti, Britt-Britt."

Santana tragó saliva con dificultad, sintió que un nudo se formaba en su garganta producto de las palabras que acababa de pronunciar, palabras que no fueron procesadas por su mente sino por su corazón, el cual comenzó a latir con fuerza, podía escuchar su flujo sanguíneo en sus tímpanos, sonido que parecía un estruendo gracias al silencio que se había apoderado del momento.

"Te equivocas," la voz de Brittany era un susurro tambaleante, pero en ella no había tristeza, era como si la emoción hubiera devorado su capacidad de respuesta… era como si se hubiera quedado sin aliento, "tu opinión es muy valiosa para mí, San…" 'es la única que me importa' quería añadir la rubia pero se abstuvo ya que no quería ahuyentar a su amiga.

"Aún así pienso que debe llevarte a ti," dijo la latina para romper la extraña familiaridad que había surgido entre ellas y para calmar la emoción que había crecido en su pecho. Había esperado meses para decirle a la bailarina ese pequeño discurso, ya que aún sentía remordimiento por las horribles cosas que le había dicho en el hospital cuando recién se habían reencontrado.

Brittany dejó escapar un suspiro, "por favor, San, haz esto por nuestra hija."

La modelo no podía resistirse ante esa voz que le suplicaba, sabía que la mujer al otro lado de la línea había gesticulado su poderoso puchero, podía prácticamente verlo en su imaginación. "Está bien, iré."

"Sabía que lo harías," la sonrisa de la rubia estaba reflejada en su voz, haciendo que Santana frunciera el ceño, "siempre te ha gustado hacerte la difícil Sanny."

Santana giró los ojos con frustración, se negaba darle la razón a su amiga, pero muy dentro de ella sabía que siempre haría lo que Brittany le pidiera, era como si su existencia estuviera lista para concederle cualquier deseo.

Antes de que la conversación siguiera, la puerta de la entrada se abrió y cerró con agresividad, provocando un sobresalto en la dueña de la casa. "Britt, debo colgar. Quinn llegó y no está de buen humor."

"De acuerdo," respondió la bailarina con un poco de decepción, "te veo el viernes en la mañana."

"Sí, ahí estaré… descansa, Britt-Britt."

"Bye, Sanny."

Tras terminar la llamada, Santana no pudo evitar enganchar sus ojos en el teléfono que tenía entre las manos; una tonta sonrisa se había dibujado en sus labios y en sus ojos se podía ver la más genuina emoción. Se sentía como una adolescente enamorada, expectante a la siguiente ocasión en la que vería al dueño – o dueña – de los suspiros que escapaban de sus labios cada vez que apagada la luz de su lámpara de noche, sólo para desear que en sus sueños estuviera esa especial persona.

El sonido de la cristalería proveniente de la cocina despertó a la latina de su despierto soñar, con un movimiento rápido se levantó del sillón, dirigiéndose hacia la persona que provocaba todo ese innecesario escándalo.

Quinn buscaba en todos los gabinetes de la cocina algo que, al parecer, ni ella sabía qué era. Parecía un león enjaulado, hambriento y furioso. Santana se detuvo en el umbral de la puerta de la espaciosa cocina, no recordaba haber visto a su amiga en esa condición tan eufórica.

"¿Q?" Su voz sonó cautelosa en sus propios oídos.

"¿Dónde están los vasos? Necesito un maldito vaso," la rubia de cabello corto no había levantado la voz en absoluto, pero la agresividad parecía manifestarse en todo lo que hacía y decía. La modelo juraba que de estar más enfadada, de la nariz de la editora estaría emanando humo.

Santana se acercó a una de los estantes más grandes, cerca del fregadero, extrayendo de él dos vasos para whiskey los cuales colocó en la isla, cerca de la botella que Quinn había comprado.

"¿Con hielo o sin hielo?" Preguntó la latina mientras habría la botella con agilidad.

"Como sea, sólo sirve," respondió Quinn un poco más calmada, pero aún tensa.

Cuando Santana extendió la bebida a su compañera de casa, ésta bebió de un sorbo el líquido ámbar; no lo saboreó, no lo disfrutó porque su única intención era perderse en el alcohol. No había querido hacerlo en un bar porque estaba segura que, bajo la influencia etílica, su primera acción habría sido buscar a otra doble de Rachel Berry y, realmente, no quería estropear lo que había logrado hasta ese momento. Además, sería más seguro embriagarse en la seguridad de la casa de su amiga.

Quinn azotó el vaso en la superficie de mármol de la isla, "sirve," ordenó la mujer.

La morena apenas le había dado un sorbo a su propio vaso pero decidió complacer a la editora, quien parecía desesperada. Sabía que el alcohol no era la respuesta para resolver los problemas, pero Santana no tenía suficiente autoridad moral para decirle eso a su amiga.

"¿Quieres hablar de lo que te está molestando?" Preguntó la modelo cuando notó que la mujer frente a ella comenzaba a beber un poco más despacio. La mirada de Quinn estaba absorta en su vaso, sus ojos verdes parecía sombríos, carentes de vida, completamente vacíos, "sabes que puedes confiar en mí, Q."

"Lo sé," susurró la editora con cansancio, "pero ni siquiera yo sé cómo lidiar con todo lo que siento aquí," añadió al mismo tiempo que colocaba su palma en contra de su pecho, "no quiero lidiar con todos estos sentimientos."

"No sé a qué te refieres," la latina frunció el ceño cuando una idea se pasó por su mente, "¿acaso se trata de Berry?"

Quinn respiró sonoramente para luego dejar escapar una risa que contenía pura amargura, "esta vez no," dijo la mujer tratando de sonar orgullosa, pero fallando patéticamente. "Cuando tú te fuiste pensé que jamás volverías a aparecer y fue Rach quien me dijo que la gente siempre volvía a nuestra vidas, tarde o temprano el pasado te alcanza y, algunas veces, nos golpea."

Santana asintió con la cabeza, pues sabía a la perfección a lo que la rubia se refería. Sus ojos oscuros se engancharon con la enigmática mirada de su amiga, quien tragó saliva con dificultad. "Si no quieres hablar ahora, estás en todo tu derecho…"

"No," interrumpió la atractiva editora de cabello corto, "no es que no quiera hablar, es sólo que no sé cómo hacerlo." Quinn sintió el llanto en su garganta, podía sentir como la humedad de sus ojos se volvía una tormenta que impedía su visión. "¿Qué se siente ser mamá?"

La pregunta tomó por sorpresa a la modelo, provocando que el alcohol que bebía en ese preciso momento viajara por una vía que parecía conducir hacia sus pulmones; tosió unas cuantas veces, antes de poder responder. "Uhm… ¿para qué quieres saber eso?" Cuestionó la mujer con una rasposa voz, los ojos inundados en lágrimas y el rostro ruborizado por el pequeño accidente.

Quinn se encogió en hombros, en su rostro se podía ver un sentimiento de tristeza, en él se podía ver cuán roto estaba su corazón, presionaba sus labios con fuerza y sus ojos expresaban dolor. "Sólo quiero saber qué se siente," susurró la rubia sin parpadear para así contener sus lágrimas.

Santana se humedeció los labios, en ellos aún podía saborear el whisky; desvió su mirada hacia el vaso de cristal, ya que no podía enfrentar la mirada de su amiga, una mirada que le hacía sentirse bastante vulnerable. "Uhm… no lo sé, es difícil de explicar," la morena pensó por un momento la manera de expresar en palabras todos esos sentimientos que tenía hacia su hija. "Sam es todo para mí… es decir," con incomodidad frunció el ceño, se sintió algo culpable de decir esas palabras, de no considerar en ellas a su esposa, "me hace sentir la mujer más afortunada, feliz y orgullosa, pero – al mismo tiempo – nunca me he sentido tan insegura, tengo miedo de que algo pueda lastimarla." Su mirada seguía ausente al recordar algo en específico, "me he perdido los momentos más importantes de su vida, su nacimiento, su primera palabra, sus primeros pasos, su primer día de escuela… no creo poder soportar estar fuera de su vida por segunda ocasión."

Un silencio se apoderó de la situación, pero Santana logró salir de su letargo, todo gracias a un sollozo; sus ojos cafés miraron hacia su mejor amiga, quien para ese momento se encontraba llorando abiertamente, sus lágrimas recorrían su hermoso rostro, haciendo que el delineador se fuera corriendo poco a poco. "Hoy vi a Puck y a…a B-Beth," la voz se le desgarró un poco por la contracción que su garganta había producido por el sofocante llanto, "Beth lo llamó p-papá…" Santana se acercó de inmediato cuando notó que el cuerpo de Quinn producía pequeños espasmos a causa de su estado emocional, "¿e-entiendes lo que digo? Beth llam-llama papá al j-jodido de Puck…"

La latina colocó su mano derecha en la nuca de su amiga y la izquierda en su hombro, obligándola a acercarse hacia su propio cuerpo para poder envolverla en un abrazo consolador, acto que aceptó la otra mujer, pues de inmediato enredó ambos brazos alrededor de la cintura de Santana.

"N-no es ju-justo," la editora comenzó a sollozar sin control, al mismo tiempo que apretaba los párpados; sentía que el rostro le ardía y que sus pulmones reventarían en cualquier momento.

La latina no supo qué decir o cómo consolar a su amiga, por lo que sólo se limitó acariciar su cabello; no podía asegurarle que todo saldría bien o darle consejo alguno, sólo podía brindarle el apoyo incondicional que sólo una amiga puede dar. Por su parte Quinn, se dejó envolver por la seguridad que le brindaban los brazos de Santana, se permitió llorar con fuerza, aferrándose a su esbelto cuerpo como si su vida dependiera de ello.


"¿Tienes todas tus cosas?" Preguntó Santana cuando abrió la puerta trasera de su camioneta para que su hija descendiera y quien asintió con la cabeza. "¿Traes la tarea?"

"Sip," respondió la castaña al mismo tiempo que tomaba la mano de su madre y comenzaban a caminar por el pequeño camino que conducía a la casa de su padrastro y su otra mamá.

El fin de semana transcurrió con rapidez y ese era tiempo suficiente para que Santana se diera la oportunidad de relajarse y olvidarse por un instante de sus preocupaciones. Dos días y medio en compañía de su hija siempre le hacía sonreír y divertirse, le permitía seguir conociendo a esa pequeña y de escuchar un sinfín de anécdotas que no pudieron compartir en su momento; sin embargo, esos cortos fines de semana se tornaban insuficientes, sentía que se seguía perdiendo de ciertos detalles que, aunque pudieren parecer insignificantes, para ella eran importantes.

La morena se permitió observar la casa que tenía frente a ella, su corazón comenzó a palpitar un poco más rápido y esperaba que sus manos no reflejaran su emoción por medio del sudor, pero no podía evitar sentirse de esa manera, pues tenía ciertos asuntos que conversar con su antigua amiga, asuntos que iban desde el tema de Quinn hasta aquella noche antes de que partiera a Nueva York a escondidas.

Al llegar al umbral de la puerta principal, Samantha oprimió el timbre varias veces, era su señal que indicaba que había llegado a casa y, unos segundos más tarde, Brittany abrió la puerta con la emoción que sólo una madre podía expresar luego de estar separada de su hija por casi tres largos días.

"¡Mamá!" La pequeña se abalanzó hacia su madre, aferrándose al cuello de la rubia, quien rodeó la cintura de Samantha, levantándola unos cuantos centímetros del suelo.

"¡Mi vida, no sabes cuánto te extrañé!"

Santana no se había percatado de la sonrisa que se había dibujado en sus labios, observar a Samantha con Brittany siempre era gratificante, no se cansaba de ver su interacción, la forma en cómo la rubia besaba las mejillas de la niña una y otra vez o en cómo la miraba de pies a cabeza como si pudiera ver nuevos detalles.

"¿Te divertiste con tu mami?" Preguntó la bailarina una vez que terminó de bombardear de besos a su pequeña.

Samantha se irguió orgullosa, mientras que sus mejillas se levantaron por la sonrisa que esbozaba, "sí, como siempre."

"Entonces es hora de despedirte, la cena casi está lista."

La niña se volvió hacia la modelo con la intención de abrazarla y despedirse sin ánimo. Santana cerró los ojos con fuerza, las despedidas eran lo más difícil para ella porque no sabía qué decir, no sabía cómo alejarse de su bebé.

"Pórtate bien," la mujer besó la mejillas de su hija con algo de dificultad, "no le des un mal rato a Artie, ¿ok?"

Samantha se alejó de su madre, gesticulando un adorable puchero, "lo intentaré."

"Promételo," añadió la modelo con el meñique alzado, obligando a su hija a comprometerse con seriedad y quien no tuvo otra opción más que aferrar su propio dedo al de su madre. "Ahora ve a saludarlo."

La niña se adentró en la casa sin muchos ánimos y así, otorgando un poco de privacidad a las antiguas mejores amigas.

"¿Quieres quedarte a cenar?" Invitó Brittany con algo de esperanza en la voz, aunque sabía la respuesta que la latina le daría.

"La verdad es que me gustaría hablar contigo," Santana jugó con las llaves de su camioneta de manera nerviosa, "¿crees poder acompañarme a caminar un rato? No te robaré mucho tiempo."

La rubia colocó su mano sobre el antebrazo bronceado de la mujer frente a ella, "sabes que siempre tengo tiempo para ti…" Brittany se sorprendió con sus propias palabras, ese había sido un abierto coqueteo por lo que alejó su mano de inmediato ya que era inadmisible tener ese tipo de comportamiento en la puerta de su casa, con su esposo a unos cuantos metros de distancia, "sólo déjame ir por un sweater, comienza a hacer frío."

Santana se dio la media vuelta cuando Brittany se adentró en su casa, el cantar de las aves era esporádico y se callaba conforme el sol se iba ocultando, pintando el cielo en diversas tonalidades de azul, mientras que las partes inferiores de las nubes se teñían de un vivo anaranjado, no tardaría en anochecer.

La atractiva mujer se sobresaltó cuando sintió una ligera textura sobre sus hombros y su piel se erizó al sentir el aliento de su amiga muy cerca de su oído, "necesitas abrigarte."

Brittany sintió que sus mejillas ardían por el rubor que las invadía; había sido un movimiento arriesgado pero siempre sucumbiría ante la necesidad de cuidar de su ex amante, quien no le había dado mucha importancia a su vestimenta en esa ocasión – sólo unos jeans y una playera blanca de manga larga que parecía ser una segunda piel por lo bien que se ceñía a su cuerpo. Al alejarse, sintió la mirada oscura y enigmática de Santana sobre ella. "¿No vamos?" Preguntó la bailarina al mismo tiempo que comenzaba a descender los tres escalones de su pórtico.

Santana no respondió, se limitó a seguir el mismo corto camino que su amiga hasta estar hombro con hombro e iniciar su pequeña caminata por el vecindario. El plan era recorrer sólo la cuadra en donde vivía Brittany y conversar por unos cuantos minutos acerca de la petición que su hermano le había comentado y finalmente regresar a casa y quizás ahogar sus deseos en alcohol y en compañía de Quinn.

La morena había olvidado recordar que, cuando se trataba de Brittany S. Pierce, los planes nunca salían como se esperaba.

"¿Cómo está Emily?" Inquirió de pronto Brittany sólo por cortesía y con una voz plana y ausente.

"Bien," fue lo único que logró decir Santana; hablar de su esposa con su amante… corrección, ex amante, provocaba una de las sensaciones más incómodas que la latina podía experimentar, el conflicto interno que surgía de ello siempre resultaba difícil de menguar.

Brittany suspiró con pesadumbre, para luego mirar a la mujer que caminaba junto a ella, "San, no quiero presionarte pero tú querías hablar y hasta ahora no has dicho nada… bueno, dijiste una palabra, pero creo que eso no hace una conversación," la bailarina frunció el ceño al mismo tiempo que sus labios dibujaban su característico puchero, gesticulando una genuina confusión "¿o sí?"

"Lo siento, Britt-Britt, es sólo que tengo muchas cosas en la mente y…" la mujer se encogió en hombros, decidiendo ser honesta con su amiga, "sé que hablar de Emily te incomoda un poco, así como a mí me incomoda hablar de Artie."

Brittany intentó esconder la sonrisa que se comenzaba a formar en sus labios, estaba complacida de que Santana siguiera procurando su estabilidad emocional, de que estuviera dispuesta a hacer a un lado a su esposa sólo para dedicarse a ella, aunque sólo se tratara de una corta conversación.

"Por cierto, no me has dicho cómo estuvo la presentación de Sam en el día de las vocaciones," la bailarina se felicitó mentalmente al encontrar un tema que parecía calmar el nerviosismo de la modelo, quien parecía relajarse poco a poco.

"Mejor de lo que pensé," Santana sonrió levemente al recordar el viernes pasado, "la maestra se Sam fue amigable y la mayoría de los niños parecían genuinamente interesados en lo que hago," la moreno dejó escapar un risa gutural, "bueno, las niñas parecían emocionadas por mi empleo, los niños y ¿Claire?" su ceño se frunció levemente pero la sonrisa en sus labios no desapareció, "creo que comienzan a sentir interés por el sexo femenino."

Brittany comenzó a reír divertida; conocía a la mejor amiga de su hija desde el primer día del jardín de niños y, desde aquel entonces, notó que esa pequeña rubia no se interesaría por los niños. "Creo que tiene una clase de enamoramiento por ti." Santana frunció el ceño de forma juguetona una vez más pero no respondió a esa suposición, "¿qué me dices de los otros padres?"

"La mayoría fueron corteses…" la morena bajó la mirada por un breve instante, "pero hubo un par que cuestionó mi maternidad, la relación que tenemos y, tú sabes…" la mujer se mordió el labio antes de continuar, "era de esperarse que algunos se escandalizaran, creen que vivimos en poligamia o algo así."

"Dales tiempo, estoy segura que terminarán entendiéndolo."

Santana se volvió hacia su amiga, ofreciéndole una suave mirada, "no dejas de ser optimista."

"Uno siempre debe esperar que las cosas mejoren," sus ojos azules se engancharon con los de su amiga, un agradable calor invadió todo su ser, era como si pudiera sentir la adoración que emanaba de la mirada de Santana. "Sólo hay que tener un poco de esperanza," susurró Brittany cuando sus ojos se desviaron hacia sus sensuales labios por un breve instante.

"¿De verdad crees eso?" La voz de la latina se escuchaba escéptica, rompiendo así con la magia que comenzaba a envolverlas a ambas. Era claro que seguía luchando contra sus propios deseos.

"Sí," respondió firmemente la bailarina.

"¿Qué me dices de Quinn? ¿Hay esperanza para ella?" Santana observó como su amiga fruncía el ceño al no comprender la relación que su otra amiga tenía con esa conversación.

"Supongo," dijo un poco titubeante Brittany y sin saber a qué se refería la morena con esas preguntas.

Santana miró hacia el frente, no quería molestar a Brittany con este tema, sabía que no le incumbía, pero también sabía que la otra rubia jamás se decidiría a aclarar lo sucedido con Puck y Beth, su culpabilidad y el enojo que sentía hacia sí misma le impedían buscar a su hija o averiguar cómo fue posible que el idiota de Puckerman hubiera logrado acercarse a ella.

"Entonces, ¿por qué no le dijiste que Puck buscó a Beth y ahora tienen una relación padre e hija?" La pregunta fue un susurro que fue difícil de escuchar con propiedad.

La bailarina abrió y cerró la boca, sin saber qué responder… "¿cómo sabes de…eso?"

"Quinn se encontró con Puckerman y Beth hace algunos días y sabe que Beth le dice papá."

"De verdad lo siento, San," Brittany se notaba preocupada por la situación, presentía que llegaría ese día pero el asunto no le incumbía – o al menos eso fue lo que le dijo su esposo cuando descubrió la verdad. "Yo me enteré hace un año por error, escuché a Noah y Artie hablar de Beth y Shelby." La atención de la rubia se vio interrumpida por un breve instante por un automóvil que transitaba por la calle, descubriendo – gracias a las luces delanteras del vehículo – que ya había oscurecido. "No me dijeron nada por miedo a que yo le dijera a Quinn y me hicieron prometer que no le diría a nadie, que cuando llegara el momento, Puck hablaría con Quinn."

"Es un cobarde, sabía que Quinn estaba en Lima y aún así no le dijo nada," siseó Santana más para sí misma que para Brittany. Estaba enfadada y tenía una necesidad de gritarle al estúpido hombre del que alguna vez se sintió atraída.

"Te ves muy molesta," señaló la rubia con algo de celos, no estaba segura porqué se sentía de esa manera, sobre todo si se trataba de Quinn, sentía que de alguna manera, la editora le robaba la atención de su mejor amiga y, muy dentro de ella, temía que le robara a su Santana…

"Es que tú no viste a Quinn, no viste lo herida que estaba, fue deprimente…" la modelo pateó una pequeña piedra, observando la manera en cómo rebotaba en el pavimento, "debes decirle lo que sabes, Britt."

"San, sabes que nunca he sido buena con las palabras, qué tal si termino lastimándola más," Brittany comenzó a morderse las uñas, una maña que había adquirido en su infancia cuando sus padres o maestros criticaban su mal desempeño académico. Sin embargo, la mano de Santana tomó su muñeca, obligándola a alejar sus uñas de sus dientes ya que su amiga siempre luchó para deshacerse de ese horrible vicio.

"Britt, eres la persona más sensible que conozco, sé que sabrás explicarle a Quinn cómo Puck logró acercarse a Beth."

La bailarina suspiró cansada, "lo haré, sólo porque tú me lo pides."

Ambas mujeres dieron vuelta en la esquina de la calle de la casa de los Abrams, estaban a unos cuantos metros de alcanzar el punto de partida y Brittany sabía que su familia la esperaba para cenar, aunque una parte de ella – una gran parte, quizás toda ella – no estaba lista para dejar a esa mujer que le despertaba un cúmulo de agradables sentimientos y sensaciones.

"Hay algo más que quiero discutir contigo," dijo Santana cuando notó que su caminata estaba llegando a su fin. "La semana pasada Carlos me llamó para decirme que todavía no saben cómo pasó lo de tu… uhm, como es que yo te embaracé," la atractiva mujer se lamió los labios de forma inconsciente, "piensan que, tal vez, la clave para saber cómo ocurrió todo está en la noche que pasamos juntas… quieren saber qué pasó esa noche," finalizó Santana al mismo tiempo que se detenían frente a la casa de Brittany.

La rubia dejó escapar una divertida risa, "San, sabes que no me molesta que hables de esa noche, sino todo lo contrario, que hables de ella sólo la hace aún más real."

La modelo miró con intensidad a su amiga, "uhm… te digo esto para que tú también hables de esa noche, sería bueno que tuvieran las dos versiones."

"¿Las dos… versiones?"

"Sí, tú sabes…" Santana comenzó a gesticular con las manos como si en el acto pudiere expresar lo que su mente y boca no podían, "no es como que yo sepa qué fue lo que experimentaste con exactitud, lo que sentimos fue totalmente diferente y…" la latina se vio interrumpida al notar cómo Brittany se alejaba hacia su casa sin haberle dicho palabra alguna. "Hey, Britt, ¿qué…?"

La rubia trató de abrir la puerta de su hogar pero al tomar el picaporte recordó que había olvidado las llaves. De inmediato, bajó las escaleras, empujando con el hombro a su amiga para abrirse paso y dirigirse hacia la cerca que dividía el patio delantero del trasero. Santana la iba siguiendo, confundida por su repentino comportamiento.

"Brittany, ¡qué rayos te pasa!" Siseó la morena cuando ambas cruzaron la puertecilla de madera y obligando a la bailarina a detenerse.

La espesa oscuridad que cubría la parte lateral de la casa impedía la buena visión, pero aún así Santana podía ver los ojos molestos de su amiga.

"No puedo creer que me hayas dicho eso, Santana," la modelo abrió los ojos de par en par, eran muy pocas las veces que su mejor amiga pronunciaba su nombre entero, regularmente prefería los diminutivos cariñosos – y en ese momento, la misma latina prefería esas muestras de cariño también. "Lo que sentimos no fue distinto o ¿tú como crees que Samantha llegó aquí?" Brittany posó su mano sobre la parte baja de su abdomen, "lo que tú y yo sentimos fue exactamente lo mismo."

La modelo tragó saliva con dificultad, su mirada se clavó en el suelo ya que la mirada de la otra mujer era más de lo que podía soportar. "Tú no puedes estar tan segura de eso," susurró con timidez luego de un par de silenciosos segundos.

"Entonces, dime qué fue lo que sentiste," ordenó Brittany de una sutil manera, se acercó un par de pasos hasta estar a una distancia considerablemente cerca, podía percibir el aroma que emanaba de Santana, podía sentir el calor que irradiaba su cuerpo y el reflejo que poseían sus ojos, "¿acaso no sentiste la manera en cómo latía tu corazón? Como si se hubiera querido salir de aquí…" La yema de los dedos de la rubia apenas y tocaron la parte central del pecho de la otra mujer. "O ¿la manera en cómo parecía latir al mismo tiempo que el mío?" Brittany tomó la barbilla de su amiga, obligándola a subir su mirada, "¿acaso no sentiste cómo te entregué mi alma esa noche?" Su lengua humedeció sus labios cuando se percató que estaban secos por su poco elocuente discurso, "porque estoy segura que tú me entregaste la tuya."

Santana se sentía vulnerable ante esas palabras que describían a la perfección lo que ella había experimentado esa última noche, quería gritarle a Brittany que había sentido eso y muchas cosas más. Era abrumadora la forma en cómo las cosas se estaban dando, era abrumadora la sensación de querer rodear a la bailarina con sus brazos y decirle, reiterarle, que efectivamente, su alma le pertenecía por el resto de la eternidad…

"Britt, yo… yo no puedo hacer esto," susurró la modelo sin apartar sus ojos de los labios de su amiga.

Brittany se acercó aún más, obligando a Santana a retroceder hasta que su espalda colisionó contra la pared lateral de la casa, "¿qué no puedes hacer, Sanny?" Su voz fingía inocencia y desbordaba una peligrosa seducción.

"No podemos hacer esto…"

"De verdad quiero besarte," interrumpió la rubia al mismo tiempo que sus manos se aferraban a la cintura de su amiga, obligándola a acercarse hacia su propio cuerpo; podían sentir la calidez de sus respiraciones, el errático ritmo de sus respiraciones y su acelerado palpitar. Brittany descansó su frente en la de Santana, de forma que la punta de su nariz rozaba la de la latina. "¿Tú…?" La mujer tragó saliva con dificultad, "¿tú quieres besarme?"

La modelo cerró los ojos, tenía la obligación de alejarse, de decirle a Brittany que eso estaba mal, de detener esa locura antes de que todo se tornara aún más complicado pero no pudo. Era inútil seguir resistiéndose, de todas maneras, su cuerpo estaba respondiendo a esa pregunta sin importar lo que su mente dijere, pues sus manos recorrieron toda la longitud de los brazos que le tenían aprisionada, encontrando como destino final, los hombros de su amiga; sus ojos se atrevieron a mirar a la mujer frente a ella; abrió la boca para responder la pregunta pero ¿para qué responder con palabras lo que se podía demostrar con actos?

Su mano izquierda cubrió la parte trasera del cuello de Brittany y, luego de diez años de espera, obligó a su nuevamente amante a acercar su rostro hasta que sus labios se tocaron. En un principio, fue una delicada y tímida caricia, ligeros e inocentes besos.

"Extrañaba esto," susurró la bailarina entre besos, "te extrañé tanto, San."

Santana sintió que una pesada carga desaparecía de sus hombros, era como estar en libertad, como regresar a su propio hogar. Necesitaba más, esos pequeños besos expresaban cariño y añoranza, pero la morena necesitaba saciar un hambre que no sabía que poseía; sus brazos rodearon el cuello de Brittany, logrando que sus cuerpos se adhirieran aún más. Sus labios se entreabrieron lentamente mientras la punta de su lengua acariciaba el labio inferior de su rubia, quien simplemente sonrió complacida para luego permitir que su propia lengua se abriera paso para, al fin, encontrarse con la compañera que siempre supo cómo hacerle sentir intensas sensaciones.

Era un baile que jamás fue olvidado, el beso era perfecto, haciendo que el mundo que rodeaba a esas dos chicas desapareciera, no había nadie más que ellas. Brittany giraba inclinaba su rostros de una lado hacia el otro de vez en cuando, buscando el ángulo perfecto que le permitiere potencializar las sensaciones, mientras que las manos de Santana habían adquirido el valor necesario para perderse en su cabello rubio. Esas caricias sólo la latina sabía cómo ejercerlas…

Alguna de las dos dejó escapar un gemido, no estaban seguras de quien había sido, pero no importaba, lo único que realmente necesitaban era encontrar la manera de cómo fundirse con la otra, encontrar una forma de unir sus existencias… quizás ninguna de las dos podría resistir otra separación, no querían ni pensar en ello.

"¿Brittany, eres tú?"

La magia del beso terminó cuando la voz de Artie Abrams se dejó escuchar entre toda esa oscuridad, ambas se alejaron al mismo tiempo, mirándose con sorpresa pero sin culpabilidad – quizás ese pequeño detalle llegaría más tarde, para atormentarlas antes de ir a dormir. Brittany se dio la libertad de ignorar la voz de su marido, sólo para besar una vez más los labios de Santana y luego abandonar un camino de besos en su mejilla izquierda hasta que sus labios llegaron a si oído.

"Por favor, no vayas a huir," rogó la bailarina.

Santana se alejó, sus ojos recorrieron cada facción del rostro de su amiga, se atrevió a acariciar el contorno de sus labios, rozar su ardiente mejilla, seguir con su pulgar la línea de su ceja derecha y finalmente, hacer a un lado su rubio flequillo, todo ello mientras sus labios sonreían de manera cálida y tierna.

"No lo haré porque, aunque quisiera, no podría.," sus labios colisionaron una vez más en un casto beso, "ahora vete."

Brittany gesticuló un puchero mientras se alejaba de Santana, no miró hacia atrás por miedo a ver arrepentimiento y miedo. No quería pensar en eso, quería enfocarse en la plenitud que toda ella experimentaba, sus labios aún le cosquilleaban por ese apasionado beso, su cuerpo ardía a causa de una fiebre que sólo cierta latina podía mermar.

"¿Por qué no respondías?" Preguntó Artie cuando vio a su esposa aparecer de entre las sombras y quien parecía ausente, casi robótica. "Britt, te hice una pregunta."

"Sí, la cena ya está lista," respondió la mujer sin darse cuenta que su esposo la miraba con extrañeza y un poco de suspicacia.


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