21. Cuando el Sol y la Luna eclipsan.
La mañana estaba singularmente fría para el mes de Julio. Así también opinó su padre cuando juntos compartieron el desayuno, sin la presencia de Touya. Su hermano había abandonado la casa dos horas antes para ir a su trabajo en un laboratorio; allí aceptaron incorporarlo a una de sus plantas al norte de la ciudad, por lo que se trasladaba en el tren muy temprano para cumplir las jornadas. Se le veía bastante contento, y era de esperar, estaba tan acostumbrado desde la secundaria a trabajar que no podía estarse tranquilo sin saberse con responsabilidades. Para Sakura también había sido positivo; andaba de mejor humor y llegaba lo suficientemente cansado a la casa como para detenerse a molestarla con sus bromas de hermano mayor.
Fujitaka por su parte regresó a su trabajo de profesor a la Universidad, pues aseguraba estar completamente recuperado. No quería pasar un segundo más lejos del ambiente de las aulas que tanto extrañaba. Había contado a Sakura de un gran recibimiento donde homenajearon su labor al desarrollo de exitosas e importantes investigaciones que dotaban de prestigio al campus. Y ella escuchó feliz de saber que su trabajo seguía brindándole tantas satisfacciones.
Su familia poco a poco volvía a ser lo que en un comienzo. Parecía que esa ausencia de años en el caso de Touya, y de tantos meses de su padre, era parte de una pesadilla que cada vez se volvía más difusa.
Cuando el reloj marcó las nueve el profesor se levantó de la mesa y trasladó los platos hacia el lavavajillas, con la clara intención de terminar de lavarlos antes de irse a sus clases. Sakura debió levantarse y hacerlo desistir. Ella tenía tiempo de sobra para terminar después que Shiefa, al pasar a dejarla el sábado por la noche, le diera domingo y lunes como descanso en compensación por su compañía a la playa.
Por el mismo motivo programó esa misma tarde una visita pendiente…
—¡Qué bueno que viniste!-Tomoyo saltó a abrazarla inmediatamente después de abrir la puerta, como si no la hubiera visto en años. También lo sintió así cuando la recibió con una sonrisa. Ya casi no se veían desde que las vacaciones habían comenzado, y ese día lunes era el momento perfecto para pasarla como en los viejos tiempos. —Estoy haciendo un pastel de fresas especialmente para ti. Pensaba llevártelo a tu casa…
En su espalda, la mochila comenzó a agitarse como si cobrara vida propia. Tomoyo miró con los ojos enormes el singular fenómeno, hasta que el bolsillo se abrió y una bolita amarilla salió disparada hacia cielo, girando teatralmente para luego preguntar:
—¡¿Pastel?! ¿Alguien dijo pastel?
—¡Kero, dijiste que ibas a portarte bien si te traía conmigo!-protestó Sakura, que recién en ese momento percibió el aroma del biscocho y no podía creer el increíble olfato del muñequito incluso desde dentro de la mochila.
—¡Es el guardián de Li!-lo reconoció Tomoyo sonriente, muy lejos de molestarse por lo que su amiga consideraba mal educado.
—Pasé a ser guardián de Sakura desde hace un tiempo, por órdenes de mi antiguo amo-recalcó él solemnemente, dejando admirada a la chica. —Él aceptó que dejara de protegerlo para dedicar mi tiempo completo a cuidar a mi nueva dueña.
Mientras ambos hablaban del gran significado que este hecho tenía, Sakura optó por dejarlos atrás, avergonzada. Cada vez que pensaba en lo que había hecho Shaoran por ella al renunciar a Kero, su cabeza, y en especial su corazón tendían a malinterpretar las cosas y hacerla sentir demasiado especial. Él lo había decidido por el bien de todos, probablemente porque así se aseguraba de que no se iba a buscar tantos problemas, o porque ya que tenía tantos no iba a responsabilizarse de que algún día tuviera un incidente fatal. Habían tantos motivos-objetivos- por los que pudiera haber tomado esa decisión, que no quería darle más vueltas al asunto, y prefería rehusar hablar del tema.
Al entrar a la que había sido su casa por tanto tiempo, no pudo evitar un sentimiento de nostalgia sacudirle como a una hoja en medio de un vendaval. Los libros de Naoko estaban como siempre en la mesita del centro, unas flores frescas en el florero grande de la esquina que Tomoyo se encargaba de renovar, y el exquisito olor de un biscocho horneándose desde la cocina; nada cambiaba con sus amigas. De pronto le vinieron varios de recuerdos de tardes soleadas tendida sobre la alfombra leyendo alguna revista, o de inviernos donde las tres arrebujadas en una frazada veían una película a medianoche, de secretos compartidos con una taza de leche caliente y sonrisas confortantes luego de un día difícil. Por mucho tiempo conformaron una pequeña familia.
Sonrió con un suspiro de quien experimenta el padecimiento agradable de felicidad luego de escarbar en el pasado, escuchando a lo lejos a Tomoyo diciendo: "¡Debe ser muy arduo tener un trabajo como guardián!", a lo que Kero intentaba con mal fingida modestia responder: "Ah, hago lo que puedo".
Se asomó en la cocina, topándose con una figura alta que le daba la espalda, inclinada sobre el mesón.
—Hola Eriol-saludó al inglés. Al voltear a mirarla, vio que estaba cortando en mitades las rojas fresas, lo que dejó a un lado para preguntarle cómo estaba—Bien, gracias-sabía que además de ser una educada pauta de conversación, Eriol estaba preocupado por lo ocurrido ese fin de semana en la playa. La llave, de la cual seguía desconociendo su verdadera naturaleza, colgaba en su cuello desde ese entonces recordándoselo a cada minuto.
Con Kerberos habían repasado lo acontecido minuciosamente –tal como lo hizo en su oportunidad relatándoles la historia a Shaoran, Eriol y Spinnel-, desde que ella afirmó haber visto a su madre, el tiempo volviera atrás, apareciera un espíritu desde la pileta y posteriormente la llave surgiera mágicamente, colgando en su cuello, con las simples palabras de "ése es el poder de la estrella que llevas dentro" como información.
Y nunca llegaban a nada nuevo.
Los pasos de Tomoyo llegaron a la cocina, y se detuvo en el umbral sonriéndoles. Eriol volvió a lo suyo, mientras Sakura no lograba poner en su semblante la misma sonrisa que le dedicaba; su rostro parecía más bien transmitir una intranquilidad que incluso Kero- pendiente de la ubicación del pastel en la cocina- notó.
—Eriol me contó sobre lo de Li-optó por decir Tomoyo, creyendo que su preocupación iba por esos lados—Me alegra tanto que ya haya capturado todo esos espíritus y ya no estés en peligro, Sakura.
La muchacha lo intentó otra vez, pero la leve sonrisa que logró se disipó en segundos.
—No quise decirle todo-murmuró el de ojos azules, dejando nuevamente el cuchillo sobre la tabla donde trozaba las fresas—Creo que es algo que te corresponde a ti.
Tomoyo paseó la mirada de uno a otro, y el temor de que algo importante se le estaba ocultando comenzó a acrecentarse. ¿Qué más había? El saber que la misión de Li estaba completa la había dejado tan aliviada, que prometía el próximo encuentro con Sakura sería una verdadera fiesta para celebrar el término de ese mal sueño.
—¿Pasó algo malo…?
—No-interrumpió Sakura, negando con la cabeza antes de alarmarla. Pidió que fueran hasta el salón, y ahí se acomodó en el sillón, sin saber muy bien por dónde comenzar. Fiel a sus movimientos, Kerberos se ubicó en los apoyabrazos, guardando la compostura, pues el pastel tendría que esperar; a él también le preocupaba saber qué molestaba a su ama, si bien intuía lo que podría ser—Bueno, es… es extraño.
La llave quedó en el centro de la mesita, justo arriba de un libro de médiums que Naoko estaba comenzando a leer. Los cuatro la miraron recibir de lleno un rayo de sol que se filtraba por la ventana, mientras Tomoyo encadenaba uno a uno los sucesos que Sakura le relataba.
Pese a que la situación le recordaba mucho a aquella vez que le confesaron toda la verdad dentro de un salón de la preparatoria, la jovencita de ojos verdes lo sentía tanto o más, quizás por ser ella misma ahora la principal involucrada.
El silencio de su amiga se hacía cada vez más pesado.
—T-Tomoyo-la llamó dubitativa, pues comenzaba a temer que la noticia había sido demasiado abrupta y ella muy descuidada al decidir que era el momento preciso y que su amiga estaba preparada.
—Sakura tiene magia…-musitó ensimismada la joven Daidouji, tras el largo silencio.
—Todavía no sabemos si es tan así-dijo la aludida rápidamente, moviendo las manos incómoda. No podía hacerse a la idea, o seguía abrigando la posibilidad de que todo se tratara de una casualidad, algo pasajero, sólo por si tenía que desengañarse no le afectara demasiado.
—¡Sí la tienes!-exclamó Kero, sin poder creer que siguiera dudándolo. Él, Shaoran y hasta el mismo Eriol habían sido testigos de ello.
—Creo que ya no podemos ponerlo en duda-añadió Eriol, atendiendo a la mirada ansiosa de Kerberos para que comprobara lo que decía. Luego contempló a Tomoyo con cierta preocupación. No todos los días uno se entera que tu mejor amigo, con el que has compartido normalmente por tanto tiempo, es capaz de hacer magia. Para algunos puede ser algo realmente fascinante, pero para otros puede representar un asunto bastante oscuro y peligroso.
Teniendo en cuenta los enemigos de los que se rodeaban, la segunda opción parecía ser la más acertada, se lamentó el inglés para sus adentros. Y pese a que confiaba que Tomoyo lo tomaría de la mejor forma, el tiempo que se prolongaba su silencio también le estaban pasando la cuenta a su calma.
—Sakura tiene magia…-siguió repitiendo la muchacha de cabello negro, su mirada bajando lentamente a su regazo.
De seguro ahora huía de ella por considerarla un fenómeno, pensó la de ojos verdes, suspirando. Ya no sólo sucedía que estaba involucrada en ese mundo de hechiceros y espíritus que causan problemas, sino que resultaba tener alguna clase de poder, bueno, o quizás malo. Lo mejor era irse y dejarla sola hasta que pudiera aceptar, o bien optar por no verla jamás y romper su amistad.
—Yo..…-el rostro de Tomoyo, cubierto casi por completo por su flequillo, emergió de la nada cuando levantó la cabeza con una expresión radiante, exclamando triunfal: —¡Lo sabía!
Sakura pegó un salto, mientras Eriol dejó que su espalda se deslizara del sofá con alivio.
—¡Lo sabía! ¡Lo sabía!-cantó alegremente, incorporándose y tomando las manos de su amiga para que la acompañara en una ronda—¡Siempre he sabido que hay algo muy especial en ti! No podía ser otra cosa que magia. ¡Eres una brujita!
—¿Bru…?
—¡Aww, si hasta se parece mucho a la historia de la cazadora de cartas que inventé inspirándome en ti!-se asombró Tomoyo deteniéndose, abriendo mucho los ojos—La valiente Sakura lucha con sus poderes mágicos para dar paz al mundo. Y esta llave, tal vez sea como el báculo, ¡es casi como lo imaginé! ¿Puedes hacer algún conjuro? ¡Tal vez hasta puedas invocar los poderes de la carta árbol, o la carta tierra, o la carta hielo! ¿Ya lo intentaste?
—Vaya imaginación de esta niña-murmuró Kero para sí, meneando la cabecita de un lado a otro. A ningún mago se le hubiera ocurrido semejante locura.
La castaña miró la llavecita que Tomoyo dejó en sus manos, a la espera que algo mágico ocurriera.
—No sé muy bien qué hace-confesó, apenada de desilusionarla.
—Intentamos descubrirlo día y noche, pero nada-agregó Kerberos.
Tomoyo asintió compresivamente.
—Estoy segura que tarde o temprano lograrán saberlo-los animó a ambos con una sonrisa.
Con todas sus fuerzas, Sakura deseaba lo mismo. Porque si no lograba invocar magia otra vez temía no poder ayudarle a Li nunca más.
—Debemos averiguar sobre la naturaleza de la llave para saber qué clase de poderes tienes. Quizás así podamos comprender cómo funciona-dijo Eriol, intentando confortarla también. Kero lo apoyó con un asentimiento.
—Podrían preguntarle a Mizuki.
Los lentes de Eriol resbalaron por su nariz, pillado de sorpresa. Miró hacia Tomoyo, algo incrédulo de que la sugerencia hubiera venido de su parte. Él lo había considerado en su momento, claro, pero no estaba seguro si fuera lo mejor proponerlo frente a ella considerando lo que hacía un tiempo había pasado, con temor de que surgiera un malentendido.
—¿Quién es Mizuki?-preguntó Sakura, sintiendo el nombre ligeramente familiar, y ajena al largo contacto visual que mantenían sus amigos.
—La maestra de Eriol. Es una sacerdotisa que tenía muchas ganas de conocerte aquella vez que perdiste el conocimiento y te trajimos al departamento-explicó Tomoyo—Ella puede brindarles ayuda, ¿no?-volvió a mirar hacia el joven de lentes, quien asintió finalmente con una sonrisa, comprendiendo que la chica no guardaba ningún rencor hacia su antigua maestra.
Kerberos también estuvo de acuerdo, si bien no confiaba demasiado que aquella mujer pudiera saber más que él. Es más, estaba seguro que él solo podía encontrar la respuesta al origen de esa llave si le dieran un poco más de tiempo para pensarlo.
—Deberían ir ahora mismo. O no, aguarda-recordó Tomoyo, interrumpiéndose rápidamente. —Primero terminaré el pastel para que le lleven.
—Esa es una gran idea-la apoyó Kero.
Sakura parpadeó, confusa. No terminaba de comprender de qué hablaban cuando Tomoyo se fue corriendo a la cocina, mientras Eriol se sonreía con un extraño brillo en los ojos.
—¿Quieres que vayamos a consultárselo en un rato más?-preguntó el chico, volviéndose de pronto hacia ella.
—Por mí no hay problema-aceptó, levantando los hombros.
—Ay, ya no queda crema-se lamentó Tomoyo, asomando la cabeza.—¿Eriol, puedes ir a comprar a la tienda por favor?
—Claro.
—Ve con cuidado.
Sakura los vio sonreírse el uno al otro, y quizás aquello no le hubiera parecido raro si no hubieran permanecido así por más de diez segundos, hasta que Tomoyo rompiera de súbito el contacto, algo aturdida, despidiéndole con la mano.
Se sintió fuera de lugar en aquella escena tan íntima.
Vio a su amiga caminar ligeramente con sus pantuflas blancas hacia ella, como si estuviera pisando nubes, y ubicarse en el sofá con una mirada soñadora, las mejillas de un tenue rosa, peinándose el cabello con los dedos a un costado. No sabía muy bien el porqué, pero Tomoyo, aún luciendo ese vestido violeta que Sakura ya le había visto otras veces y no tuviera ningún cambio aparente en su peinado o algún atisbo de maquillaje, le pareció distinta. Siempre tenía la curiosa sensación de que su amiga sabía más cosas de las que ella podía saber, pero esta vez esa impresión estaba más latente que nunca cuando sus ojos lavanda se clavaron fijos y radiantes en los suyos, con una sonrisa amplia.
Creyó comprenderlo entonces... Es por Eriol. Es porque están enamorados.
—¿Qué tal están tu padre y tu hermano?
Sakura sacudió la cabeza para borrar la última conclusión que hacía ecos en su cabeza y quería hacerle pensar en él. Se esforzó por expresarse animada cuando le contó sobre su familia, sus trabajos y el cómo la casa marchaba como antaño. Tomoyo dijo sentirse muy feliz por ella, tras oírla atentamente con un semblante melancólico, que repuso en cuanto se percató que su amiga perdía su sonrisa al notar algo raro.
—No te he ofrecido jugo-dijo de la nada, levantándose—Traeré de inmediato.
Cuando volvió y luego servirle un vaso, Sakura le preguntó con algo de cautela sobre su madre. Después de que Eriol le había contado de los problemas que ella ponía a su relación, no esperaba que fuese un tema muy ameno.
—No debe estar muy contenta luego de que decidiera regresar aquí con Naoko y Eriol-lo dijo casi en un suspiro. —No podía seguir en ese lugar donde me obligaba a compartir con Isamu. Quería que volviéramos a ponernos de novios, porque él es un hombre muy exitoso ahora y... no lo sé, supongo que sabía que si estaba con él lograría mantenerme cerca y bajo control.
Sakura se entristeció. Siempre le había parecido-a ella y de seguro a muchos más- que la vida de Tomoyo era sencilla; teniendo variados talentos en los cuales destacarse, esa belleza elegante, una buena situación económica, una madre triunfadora en el mundo de los negocios, la posibilidad de viajar a cualquier parte del mundo cuando quisiera, y la admiración de toda la escuela por su amable naturaleza, nadie imaginaría que algo pudiera andar mal, sobretodo en algo tan importante como lo era su felicidad con la persona que quería.
Sin embargo, Sakura tenía que reconocer que la señora Sonomi no era una mala madre. Al menos, no la peor de todas. Estaba lejos la mayoría del tiempo, pero no por esa razón se despreocupaba de Tomoyo y la llamaba seguidamente para saber cómo estaba; incluso parecía sufrir cada vez que anunciaba un viaje de negocios al extranjero que se prolongaría por semanas.
—Estoy segura que tu mamá entenderá que a quien amas es a Eriol, y va a apoyarte.
—Está tomándole mucho trabajo el hacerse a la idea-comentó ella, con cierto humor. Había decidido tomarse el asunto con calma, si bien sabía que para su madre estaba siendo una verdadera tortura el tener que aceptar a Eriol, y no podía asegurar de que lo lograra—Pero abrigo la misma esperanza que tú.
—Que aún sigas aquí es un gran paso-añadió la castaña, con una risita.
—Es verdad. Las guardaespaldas ya deberían haber llegado por mí en caso contrario.
Ambas se sonrieron, quedándose en silencio por un minuto.
—Bueno, al menos tú ahora tienes la tranquilidad de que esos espíritus no andan sueltos haciendo travesuras.
—No lo sé, Tomoyo. Al parecer no es suficiente.
—¿Aún hay más?
—Es por el clan Thang. Ellos persiguen el tablero desde hace muchos años, y deben estar esperando el momento para arrebatárselo a Li-Sakura sintió una opresión en el pecho, la misma de siempre que pensaba en el peligro que él corría—Temo que intenten lastimarlo para lograr su objetivo.
Tomoyo le dio una sonrisa alentadora.
—Li estará bien. Eriol dice que es un chico fuerte, por eso he confiado que sigas en su casa.
Sakura sonrió. Para ella era el más fuerte de todos, pensó sintiéndose orgullosa.
—Sí, lo es.
—Y se preocupa mucho por los demás.
—Sí, aunque no le guste demostrarlo-rió ligeramente, pensando en todas las cosas que hacía por el resto sin ánimos de llenarse de agradecimientos o recibir algo a cambio.
—Una razón más para que Sakura se enamore de él, ¿verdad?
—Sí-murmuró instintivamente, bebiendo un largo sorbo de jugo. El rostro de Tomoyo adquirió una expresión de completa satisfacción que la hizo tensarse en el sillón al repasar lo dicho, atragantándose con la bebida. Escuchó entonces una risita mientras dejaba el vaso en la mesa del frente y tosía para recuperarse.
—¿Por qué no me cuentas que ha pasado entre ustedes?-casi chillaba la chica, con los ojos centelleantes de puro gusto.
—¿En… en-tre n…?-farfulló, sintiendo la cara arder de vergüenza. No recordaba haberle dicho a Tomoyo acerca de sus sentimientos hacia Shaoran. —¿E-Eriol te dijo algo?
—No es necesario que otra persona me diga que es lo que le pasa a una de mis amigas. Te conozco bien, Sakura y sé que Li te gusta desde hace mucho tiempo…-explicó con naturalidad la joven, cruzándose de brazos, con un astuto brillo en los ojos—Probablemente, lo sé desde mucho antes de que tú misma te dieras cuenta.
¿Desde hace mucho tiempo?, se repitió la niñera, sintiendo que su corazón corría como loco. Entonces, ¿además de no darse cuenta que él le gustaba sino hasta ahora, sucedía que esos sentimientos se venían dando desde hace muchísimo tiempo atrás?.
—Yo…-Sakura miró hacia la cocina, donde Kero estaba entretenido terminando de cortar las fresas, misión que Tomoyo le había encomendado junto a unas galletitas para entretenerlo. El volumen de la pequeña radio que sus amigas solían sintonizar cuando preparaban la cena estaba a bastante alto. Todo parecía haber sido previamente considerado por Tomoyo para que no alcanzara a oír lo que hablaban en la salita, y en vista de ello logró decir:—Ya…. Ya le dije lo que sentía por él.
—¿Y?-su rostro debió haber sido bastante elocuente, porque Tomoyo puso una mano sobre una de las suyas, demostrándole su apoyo.
—Yo sé que él no siente lo mismo, pero le dije que no importaba que estuviese comprometido con Nan; yo iba a poner todo de mi parte por conquistarlo-dijo, sin dejar de sentir un ligero dolor en el pecho al recordar que no obtuvo una verdadera respuesta.
—¡Eso es!-celebró Daidouji.
—Pero…-Sakura sintió que se hacía cada vez más pequeñita en ese sillón, y la cara se le encendía de rubor—N-no sé cómo.
—¿No sabes qué?
Quizás para muchas chicas ya en sus diecisiete años el tema de la conquista fuera bastante común. Muchas contaban con estrategias recopiladas de afanosas lecturas de revistas de romance, mangas, observando por televisión actuaciones de sus ídolos juveniles o intercambiando entre sí información al respecto. De todas ellas, una gran cantidad había puesto en práctica todas aquellas tácticas. Varias pudieron haber obtenido el resultado que esperaban, o bien aparecía después otro objetivo y esas estrategias cambiaban, se perfeccionaban y adquirían experiencia.
Había otras- en las que se incluía Sakura- que nunca habían progresado en ese ámbito amoroso. El primer chico que recordaba le gustaba, era un compañero de la primaria, a sus seis años; en ese entonces lo perseguía para jugar con él y le dibujaba corazoncitos cuando podía sacar sus cuadernos. Después apareció otro en secundaria, pero siempre fue demasiado tímida e insegura para acercársele. Esperó todos esos años para el día que milagrosamente él diera el primer el paso y se diera por enterado de su existencia. Cuando se dio cuenta que tenía novia, no le quedó más que renunciar a esa esperanza y conformarse. Aunque si lo pensaba bien, ninguna de las dos habían sido grandes desilusiones amorosas como se veía y podría ser esta.
—Nunca he intentado conquistar a alguien…-susurró avergonzada. Era la primera vez que lo admitía directamente, si bien tenía la sensación de que Tomoyo lo intuía por su actitud tan infantil y todos los años que habían compartido—Yo… No sé muy bien qué debo hacer.
Sakura mantuvo su rostro colorado en dirección al vaso de jugo que seguía sosteniendo con ambas manos. Hablar del tema no le era muy fácil, pero sabía que podía confiar en Tomoyo. Después de todo, eran amigas, había demostrado que la conocía tanto-o incluso más-que ella misma como dijo, y además parecía contar con experticia en eso de los temas del corazón, puesto que había tenido un noviazgo en la secundaria y su relación con Eriol marchaba a la perfección.
—Creo que la mejor manera es mostrándote tal como eres ante él-dijo Tomoyo, que contrario a lo que pensaba Sakura, no se consideraba una experta. Cierto era que más de alguna vez ensayó una sonrisa que mezclara un poco de femineidad, un poco de inocencia, y había resultado al utilizarla con algún chico a la hora de pedir un favor, provocándoles fuertes sonrojos y el cumplimiento de sus peticiones. Más de alguna vez tuvo la suerte de embelesar a quien se propusiera.
Pero esos días habían quedado atrás. Con Eriol todo era improvisado. Auténtico.
—Es que no sabes cómo es Nan-masculló Sakura, presionando los puños con enojo. El sólo pronunciar su nombre le dejaba un gusto amargo en la boca—Siempre está atosigándole y mostrándose y…
—No te le compares-la serenó interrumpiéndola—No tienes porqué ser como ella para conquistarlo. Tienes tanta dulzura y alegría que solo debes ser sincera ante él y te aseguro que vas a cautivarlo.
Asintió, no muy convencida de ello. ¿Para que le iba a servir ser dulce y alegre cuando Nan siempre tenía un plan para aparecerse con sus movimientos exagerados de caderas y esa actitud de víctima cuando Shaoran no le prestaba atención?
—¿Cómo lograste que Eriol se enamorara de ti?-preguntó, prefiriendo oír su caso.
Tomoyo miró hacia el techo, vacilante.
—¿Eh? Pues… no lo sé-dijo, y por alguna razón recordó la tarde que fue a reunirse con Isamu y el haber pensado por un momento en el que ello podría sacarle celos. Pero claro, no iba a sugerirle a su amiga que intentara usar a otro chico para provocar en Li alguna reacción, como pareció finalmente suceder con el inglés. Lo meditó un poco más hasta volver a hablar:—Sólo fui yo misma. Me mostré ante él de la misma forma que con ustedes, mis amigas; le confío mis pensamientos, lo que siento, mis sueños; lo hago reír, lo apoyo en sus ideas aunque parezcan alocadas, lo cuido más que a mí misma, me preocupo porque se sienta feliz cada día, lo miro intentando transmitirle tantas cosas que no pueden alcanzar las palabras y…
La amatista pestañó repetidas veces, saliendo de su ensoñación. Había perdido la noción del tiempo, y le tomó unos segundos fijar su atención en su amiga Sakura, que la miraba admirada y levemente enrojecida al frente, por el sentimiento de sus palabras.
—A-aunque sé qué podría ayudarte… -Tomoyo se levantó sofocada del sillón, corrió y volvió con un pequeño papel que entregó en sus manos.
Sakura lo miró mejor y vio que eran dos y no un solo trozo de papel.
—Son entradas para el Planetario-explicó, su cara volviendo a la tonalidad normal—Esta semana han programado visitas al público para mostrarles las constelaciones. También te permiten ver Luna por el telescopio, algunos planetas, nebulosas. ¡Ha de ser tan bonito y romántico!.
—Pero de seguro tú ibas a invitar a Eriol…-protestó Sakura, que no había alcanzado a procesar eso de "bonito y romántico" como para cohibirse.
—Puedo conseguir otras luego. Lo que importa es que tú logres conquistar a Li pronto. La joven Wu no te hará las cosas fáciles, así que es el momento en el que debes actuar.
Sakura le agradeció, aunque la sola idea de imaginarse frente a él haciéndole una invitación le producía un nudo en el estomago y el corazón comenzaba a latirle sin control, sintiéndose incapaz. Se ensimismó tanto en sus pensamientos que no sintió a Eriol llegar con la crema, hasta que Tomoyo le dijo que irían a terminar el pastel.
Un par de horas después, Kero fue el primero en terminar su parte una vez lo dividieron, y aprobar el talento culinario de la joven Daidouji.
—¿No van a decirle al joven Shaoran que vamos a ver a esa mujer?-preguntó el guardián de ojitos negros, tras limpiarse el hocico embetunado en crema—Estoy seguro que también le interesaría ir. ¡Eh, Sakura no botes pastel!
—Lo-lo siento-balbuceó ella, recogiendo el trozo que por accidente había resbalado de su tenedor a su falda.
—Kerberos tiene razón-dijo Eriol.
—Claro, el pastel no puede desperdiciarse así-murmuró el guardián estrictamente.
—No, me refería a lo de Li ¿Qué opinas Sakura? ¿Quieres llamarlo?
Antes de que pudiera esgrimir alguna excusa, como que tenía que ir urgente al baño a quitar la mancha de crema o preparar la cena en su casa aunque fueran las dos de la tarde, se encontró con el teléfono móvil de Eriol en las manos, y el sonido que dejaba en claro que ya estaba comunicándose con la casa de Shiefa Asai. Sus manos comenzaron a temblarle y tuvo que poner ambas en el objeto para no soltarlo.
—Casa de los Li, habla Nan Wu…
Hizo una mueca de desagrado. ¿Por qué de todas las personas que vivían en esa casa tenía que responder Wu?
Eriol tomó el teléfono para salvarla. El momento preciso antes de que tuviera la intención de cortar.
—Buenas tardes, habla Eriol Hiraguizawa. Quisiera hablar con Li.
Del otro lado Nan hizo algo parecido a un bufido. Seguía sin caerle bien el inglés, sobretodo tras saber que era la reencarnación del mago Clow y sus poderes parecían superar con los de Shaoran.
—¿Para qué?-escupió la pregunta. El chico a duras penas contuvo una risa.
—Es algo que me gustaría discutir con él.
—¿Quién es?-se escuchó a Li preguntar. Nan le respondió un indiferente "Hiraguizawa", entregándole el auricular.
Eriol sonrió entonces. Sakura no se esperaba que el teléfono volviera a ser puesto en sus manos a tal velocidad que sospechó todo era parte de alguna magia.
—Habla Li. ¿Qué quieres?
Abrió los ojos desconcertada. La voz de él hablándole en pleno oído le provocaba un estremecimiento, y no pudo precisar si él siempre sonaba de esa manera. Era un timbre tan recóndito y varonil que le ponía la piel de gallina.
—¿Hiraguizawa?
Miró a su alrededor en busca de ayuda, pero Eriol y Tomoyo no estaban. Habían ido hasta la cocina a lavar los platos o algo parecido, porque Sakura escuchaba sus voces desde allá, junto con la de Kero comentando acerca de los pudines de su padre. No parecían preocupados de lo que estaba pasando con ella al teléfono; a su juicio seguramente era un simple llamada, pero para ella esa llamada estaba por costarle una arritmia.
—Oye-insistía Shaoran del otro, con tono cansino—Hiraguizawa, no tengo tiempo para estar malgastándolo contigo. Voy a cortar...
—¡No!-exclamó ella inconscientemente, la voz saliéndole milagrosamente de la garganta.
Y el silencio. El violento silencio.
—S-soy Sa-Sakura-era realmente tonto tartamudear su propio nombre, pero Shaoran no hizo comentario al respecto—Sa-Sakura Kinomoto-repuso, por si seguía sin reconocerla—Eh… Yo… Eriol me dijo que te llamara porque iremos a visitar a la señorita Mizuki al templo…
Hubo más de ese incómodo silencio, apenas interrumpido por la respiración de él directamente en su oído. Sakura cerró los ojos por unos segundos, para oírlo con más claridad, y sonríe sin pensarlo, imaginando que lo tiene muy cerca de ella.
—¿Estás con Hiraguizawa?
—Sí.
—Supongo que Kerberos está con ustedes.
—Sí-contestó algo decepcionada—¿Quieres hablar con él?-pregunta, esperando que sea una respuesta negativa, porque ella está disfrutando escucharle.
—No. Sólo… -Shaoran titubeó un poco antes de decir—Sólo preguntaba. En quince minutos estaré en el templo.
—De acuerdo-era una despedida más rápida de lo que hubiese esperado, pero no podía pedir más. No había otra cosa que decir—N-Nos vemos.
—Sí.
Sakura presionó el botón para cortar la comunicación y lanzó un quebradizo suspiro, deslizándose por la pared que la sostenía con una sonrisa.
Lo vería en tan sólo quince minutos.
—Su voz… -musitó distraída—…su voz es tan profunda…-tuvo que morderse la lengua para no dejar escapar un grito, todavía nerviosa y a la vez inmensamente feliz. —Hoe, qué cosas estoy pensando.
—¿Ya lo llamaste?-preguntó Eriol, quien con Tomoyo la miraban atentamente desde el umbral de la cocina.
En otra ocasión, habría deseado no tener que mostrarse con el rostro tan rojo y una expresión tan novelera en el rostro a sus amigos. Pero en esos momentos, Sakura no podía pensar en otra cosa que no fuera la voz de él, y afirmó con la cabeza a ambos, levantándose y sintiéndose tan ligera que no le hubiera sorprendido salir flotando por la ventana.
Le entregó el teléfono móvil a Eriol, caminando luego hacia el baño para comprobar si tenía bien acomodado el cabello antes de salir.
Tomoyo rió encantada, y volvió a entrar a la cocina para envolver un trozo de pastel para Mizuki.
—No ha cortado la comunicación-dijo Eriol, al mirar la pantalla. Puso el aparato en su oreja, e intentó escuchar—¿Li?
Hubo un sonido extraño del otro lado, y luego el conocido timbre de colgado. Sakura no había apretado el botón correcto, concluyó sonriente, y Li seguía oyendo por alguna extraña razón…
—Recuerden de llevar esta porción a Mizuki-dijo Tomoyo, estirándole a Sakura el pastel que había guardado en una bonita servilleta naranja en cuanto regresó.
—¿No quieres venir con nosotros?
—¿Yo?
—Claro, no hay problema-dijo Eriol con una sonrisa. —A ella también le gustara verte.
Sakura fingió mirar hacia otro lado cuando el prolongado contacto visual entre ellos se volvió a repetir. Parecían decirse mil y un cosas con sólo mirarse.
—¿El joven Shaoran irá con nosotros?-preguntó Kerberos, escondiéndose en la mochila.
Su protegida hizo un ruidito afirmativo, mientras miraba las entradas en sus manos, y luego a Tomoyo sonriéndole cálidamente a Eriol al salir por la puerta.
.: - :. .: - :. .: - :. .: - :.
Shaoran se metió las manos a los bolsillos al sentir los dedos helados. Estaba más fresco que otros días, y una persona susceptible al frío como lo era él, notaba esos cambios aun si fueran los más ligeros. Tampoco ayudaba mucho quedarse de pie observando la entrada del templo, desde la acera del frente, por lo que decidió cruzar con grandes zancadas.
Pasaron diez minutos, unos cuatro bostezos, dos veces que Spinnel bajó para anunciarle que no se veía nada desde donde él levitaba, y tres chicas que no le despegaron los ojos de encima mientras caminaban calle abajo riendo tontamente, y Eriol y Sakura aún no aparecían. Quizás él se había apresurado demasiado a llegar.
Frunció el ceño al sentir que en su estómago tenía un extraño nudo de anticipación que se esforzó en ignorar, inspeccionando a su alrededor. Estaba absolutamente vacío. Sólo el ruido de las hojas de decenas de árboles se escuchaban removidas por las leves corrientes de aire.
Le recordaba a la paz que se sentía en los amplios jardines de la mansión en Hong Kong, y de paso a su madre paseándose por ellos diariamente, muy temprano por la mañana. Le costaba imaginarla siguiendo con ese ritual, dadas las circunstancias que atravesaba el Clan en esos momentos. El día de ayer había llamado a su casa para informarle todo lo ocurrido, y sintió una eternidad esos minutos en los que fue sólo él quien habló; llegó a imaginar que no había nadie del otro lado, hasta que escuchó un largo suspiro, y la voz de su madre más gastada que de costumbre:
—Se escapó de mis manos-declaró. —Debí haberlo pensado mejor.
Shaoran había tragado con dificultad. No había escuchado jamás a su madre hablar de esa manera.
—Usted no sabía que ellos volverían.
—Como Jefa de este Clan, debí saberlo. Debí haberlo evitado-vino una nueva exhalación, y un murmullo consternado—No sé cómo enfrentaremos esto…
Se sentía perdido ante esa afirmación. En algún momento pensó que sólo su madre podría darle luces de lo que seguía a continuación; ella siempre tenía algo que indicar para todo, ella siempre pensaba en soluciones y entonces él obedecía ciegamente a sus mandatos.
Pero no estaba preparado para escucharla decir que no sabía de qué manera enfrentar la amenaza del Clan Thang.
Se esforzó por mantener la cabeza fría y decir lo más seguro que podía:
—Yo lo haré. Yo venceré a Ho Thang.
Aunque como ella, no sabía cómo.
—Xiaolang, regresa-pidió entonces Ieran Li. Y en su tono se escondía la inmensa preocupación de esa distancia y el peligro que significaba. Shaoran no estaba acostumbrado a recibir abrazos, besos y palabras bonitas de su parte, pero siempre tenía la oportunidad de escucharla y adivinar en los leves matices de su voz cuando estaba preocupada. Y era tan gratificante como un abrazo—Encontraré la forma, reuniré a cuanta gente sea necesaria para que puedan enfrentarlo, pero no te arriesgues.
El hijo sonrió tenuemente.
—No puedo moverme de este lugar-replicó serenamente—Si me voy dejaría sola a Shiefa y los niños.
—Enviaré gente para que cuide de ellos y los mantenga a salvo. Has dicho que intentan hacernos daño a ambos, por eso debemos estar juntos. No pongas en riesgo la vida de tu hermana y de los niños. Y ya no hagas que me preocupe por ti, Xiaolang. Has logrado cumplir con lo que te pedí, y ya fue suficiente. No te expongas.
—Madre no… no puedo.
—¿Estás desobedeciéndome?-había cuestionado, enfureciéndose—¿Es la reencarnación de Clow quien te ha metido cosas en la cabeza junto a Mizuki? No creas en tonterías, Xiaolang. Todavía no hemos comprobado que ese chico es quien dice ser. El lugar más seguro es aquí. En tu hogar.
A él le agradaría volver a casa. Al llegar a Tomoeda, lo que más añoraba era concluir pronto su labor para regresar a Hong Kong; el cambio de país le resultaba horrible, extrañaba el espacio tranquilo que le brindaba su cuarto, a su mayordomo Wei, a su escandalosa prima que los visitaba seguido, y el ver a su madre paseando por los jardines apenas se asomaba a la ventana por las mañanas.
No obstante, las cosas habían cambiado. Si se iba, y en caso de que pudieran proteger a su hermana otros miembros del Clan, ¿qué pasaría con Sakura? No podía permitirse alejarse de su lado, sobre todo ahora que habían descubierto que tenía poderes mágicos.
Sobre todo ahora que…
…te amo demasiado Shaoran…
—¿Qué pasará con ella?-preguntó con voz ronca tras sacudir la cabeza, apretando con más fuerza el auricular.
—¿Quién?
—Kinomoto…
—¿Hablas de la chica que tienen como empleada?-Ieran lanzó un tercer suspiro que reflejaba que le cansaba hablar del tema, aún si ni siquiera hubiera pronunciado palabra alguna—Supongo que Mizuki y su aprendiz pueden encargarse de averiguar cómo es que pudo hacer un conjuro. No es algo que nos competa a nosotros, mucho menos teniendo asuntos vitales que debemos resolver como Clan.
Shaoran no había podido hablar más. Su madre dio algunas instrucciones finales, al parecer debía hacer el viaje dentro de unos días, ella enviaría alguien de confianza a buscarlo; encontrarían la forma de volver a sellar todos los poderes de ese tablero de tal manera que nadie pudiera apoderarse de su magia, y así Ho Thang desistiría de sus intentos, lo que no aseguraba que abandonara la idea de su venganza.
—Madre-alcanzó a decir, antes de que ella colgara tras despedirse. —Tenga mucho cuidado con quienes la rodean.
—Xiaolang-musitó ella, comprensivamente—Ellos te mintieron. No hay nadie aquí que esté conspirando en mi contra, sólo buscan angustiarte. No pienses en eso.
Pero sí estaba pensando en ello desde que lo escuchó en el escondite que Ho tenía con sus hombres, y ahora otra vez lo oía de tres de estos que le aseguraban que los supuestos testigos del asesinato de su padre era gente que trabajaba para ellos, que estaban de su lado y eran la mano derecha de su madre. Se lo había dicho a ella también, pero Ieran Li no parecía alarmada.
Si sólo pudiera protegerlos a todos; a su madre, a su hermana, a los niños, a Kinomoto, sin tener que marcharse…
—Hola Li-escuchó a Eriol decir. Volteó hacia él, encontrándose para variar con su rostro sonriente, como si siempre existiera para él algún motivo de regocijo. —¿Te hicimos esperar mucho?
Shaoran negó con la cabeza. Sus ojos pasearon rápidamente hacia las otras dos siluetas que estaban un poco más atrás de Hiraguizawa. Además de Sakura, a quien intentó mirar lo suficiente para verle el cabello recogido, una camiseta de algodón azul y una falda blanca, estaba su amiga Daidouji, quien lo saludó cortésmente con una reverencia. Él le respondió con una leve cabezadita. Kerberos comenzó a parlotear con Spinnel, hasta entonces oculto en uno de los bolsillos de su chaqueta.
—¿Caminamos?-propuso Eriol, comenzando a avanzar con Tomoyo a su lado. Los guardianes flotaban más arriba, estrategia que utilizaban para pasar desapercibidos en caso de que alguien los sorprendiera. Para cuando Sakura se dio cuenta que se estaban alejando de prisa, se le ocurrió atisbar por el rabillo del ojo a su derecha, encontrándose a Li con una expresión desencajada al contemplar la pareja y la complicidad con que iban hablándose.
—¿Desde cuándo ellos…?-no supo cómo terminar la pregunta. Al fin y al cabo, Sakura ya estaba afirmando con la cabeza para aclarar sus teorías. —Vaya. No sabía que ella le gustaba tanto-comentó, rascándose despreocupado la barbilla—Siempre soy el último en enterarme de este tipos de cosas.
Incómoda, Sakura intentó controlar el poderoso sonrojo que acudió a sus mejillas.
—¿Lo dices por… por lo que yo no pude decirte hasta… e-esa noche?
El recuerdo también traía reacciones similares en él. Primero en el intenso golpeteo dentro de su pecho, luego en el color de sus pómulos. El comentario no había sido intencional, pero claramente involucraba lo ocurrido con Sakura.
—¡No se queden atrás!-los llamó Kerberos, haciéndoles señas desde las alturas.
—¡Ya vamos!-respondió él, y la jovencita lo siguió, sin un atisbo de idea de lo que pudiera estar pensando.
Cuando terminó la conversación con su madre, Shaoran se encerró en su habitación con una sensación a medio camino entre la decepción y la angustia.
No lograba hacerse a la idea de dejar Tomoeda tan pronto. Ni siquiera le había dado un poco de tiempo para pensar… sobre eso o algo. Era un cambio brusco. Quizá por eso se sentía tan extraño y desistió de jugar con Lei.
El teléfono sonó otra vez y algo le hizo pensar que era Ieran, que pudo haber reconsiderado sus palabras. Pero antes de alcanzar el auricular, este dejó de sonar. Bajó las escaleras para comprobar que Nan había contestado y al preguntarle de quién se trataba, su respuesta había sido desganada al enunciar el nombre de Eriol Hiraguizawa.
A decir verdad, a él tampoco le daban ganas de hablar con ese sujeto. Después de insistirle ante varios segundos de silencio-él no emitía palabra- y decidir cortar la comunicación, escuchó un ¡No!, y el ruido de su propio corazón dar un giro brusco adentro por la sorpresa. Sólo la sorpresa.
—S-soy Sa-Sakura… -dijo una vocecita tímida—Sa-Sakura Kinomoto-agregó después, como si conociera a otra chica que llevara el mismo nombre.
Las comisuras de sus labios se curvaron en una sonrisa, sin pensarlo. Es que esa niña resultaba bastante divertida, aún más cuando sonaba nerviosa. No obstante, cuando escuchó el motivo de su llamada y el que la idea había sido de Eriol, la sonrisa se le esfumó de un soplo, y a cambio sintió una certera patada en pleno estómago que lo hizo fruncirse gravemente.
—¿Estás con Hiraguizawa?-pregunta, después de que la imagen de ella y Eriol a solas, ha pasado como un rayo por su cabeza.
Cuando ella responde que sí, Shaoran aprieta los dientes.
¿Qué hacen juntos? ¿Dónde demonios están? ¿Por qué tienen que estar hablando cosas entre ellos sin que él lo sepa?
—¿Kerberos está con ustedes?-jura que si el guardián no está con ellos, él mismo se encargara de zarandearlo hasta el cansancio.
Pero Sakura ha dicho que sí, y el alivio es tan enorme que logra respirar de nuevo.
—…en quince minutos estaré en el templo-dice, dando un vistazo a su reloj.
—D-de acuerdo-responde ella, mientras él agradece que no pueda verle la cara, porque siente que está algo rojo, ¡y no es para menos! Esa chica le ha dicho hace poco que está enamorado de él, y él… bueno, él no ha tenido oportunidad de decirle nada, ni tampoco tiene mucho que decirle—Nos vemos.
—Sí.
Todo es tan extraño ahora, que se siente raro hasta hablarle por teléfono.
—Shaoran…
Creía que lo había imaginando, pero la voz había salido del auricular. Sakura seguía ahí; al parecer tiene algo más que decirle, por lo que acerca el tubo a su oreja sin hacer ruido.
—…su voz… -musitó ella, muy bajito, como si hablara sólo para sí misma, como si se hubiera olvidado de cortar—…su voz es tan profunda…
Después de sonrojarse hasta la punta de los dedos, Shaoran apartó el objeto de su oído para mirarlo como si no pudiera creérselo.
¿Qué demonios…?
—Hoe, qué cosas estoy pensando-se le escucha decir otra vez, sonando sofocada.
Exactamente. ¿Qué cosas está pensando? ¿Y por qué debe decirlas? ¿Y por qué él debe oírlas y sentir que su cara estaba a punto de explotar con toda esa sangre acumulada?
Jamás había escuchado que a alguien le gustara cómo hablaba. Y es realmente incómodo que haya tenido que escucharlo, precisamente, de boca de esa chica.
Ahora que lo ha recordado, carraspea innecesariamente, sintiéndose perturbado. Sakura lo mira con disimulo cuando se pasa una mano por el pelo, intentando alisar los remolinos castaños que se le forman en la nuca. Sonríe, porque es un esfuerzo en vano; Shaoran siempre tendrá el cabello hecho un alboroto si solo intenta peinarlo con los dedos, pero está bien así. Aunque no se atreve a decírselo.
Eriol y Tomoyo, que iban adelante, se detuvieron de pronto. Al alzar un poco el cuello para mirar, Sakura pudo dar con una hermosa mujer de cabello rojo que barría la entrada a un santuario. Otra de más de edad, a su lado, la persuadía para que la dejara terminara con el aseo y volviera a recostarse.
—Estoy bien, señora Kaede. Terminare por empeorar si sigo estando en ese futón todo el día-replicaba Mizuki con amabilidad. De pronto dio con ellos al levantar la mirada del suelo—Usted gana por ahora. Recibiré a esta agradable visita-dijo sonriente, entregándole la escoba y bajando los escalones para acercárseles. Al llegar frente a ellos, hizo una marcada reverencia.
—Es un placer tenerlos en este templo-dijo con suavidad.
—Muchísimas gracias, maestra…
—Eriol, ya no soy tu tutora-lo sermoneó ella—Puedes llamarme Kaho. También ustedes-Sakura se dio cuenta de que la estaba mirando demasiado fijamente, lo que como era de esperarse, alertó a la mujer y la hizo fijar su atención en ella. Apartó la mirada con las orejas rojas.
—Es la señorita Kinomoto-parecía más una afirmación que una pregunta, pero aun así Sakura asintió. —Estaba esperando hace mucho conocerla. Es mucho mas bonita a como la veía en mis visiones.
Tomoyo rió suavemente dándole la razón, mientras la castaña sentía el rostro cada vez más rojo pensando que Mizuki era mucho más hermosa que ella; parecía de esas mujeres que pintaban los antiguos artistas. Una belleza soberbia y elegante.
—Pasemos adentro. Veo por sus caras que vienen a decirme algo muy importante.
Todos subieron los escalones mirando con interés los alrededores. Sakura vio a Tomoyo entregarle el trozo de pastel que llevaba en la entrada, a lo que Kaho sonrió con agradecimiento. Para lástima de Kero, dijo que le encantaban los dulces y que lo disfrutaría muchísimo.
Sin embargo, no todos entraron a la salita. Justo antes de cruzar por la puerta, Shaoran se detuvo al percibir una presencia a unos cuantos metros. Desanduvo los escalones que había subido, cruzó por la hilera de árboles en flor que rodeaban el camino, hasta dar con un estanque de agua tan clarísima que podían vislumbrarse perfectamente los peces de color naranja de variados tamaños. A la orilla de la laguna, una muchacha dejaba caer un puñado de diminutos granos en el agua, lo que hacía a los animalitos agolparse y abrir sus bocas ávidamente.
—Hay muchos de ellos-comentó, rodeando la laguna y caminando hacia ella. No se veía sorprendida de su repentina presencia, y el que no haya retrocedido dio una buena señal al hechicero—¿Ya no te molesta que me acerque?
—He aprendido a defenderme bastante bien el tiempo que he estado en este lugar.
—Mizuki es una gran maestra-debió aceptarle el mérito.
Yi Ze dejó caer otro puñado de alimento.
—Me ha contado acerca del entrenamiento que realizó contigo-Shaoran rodó los ojos, a sabiendas que de seguro no había dicho nada bueno; todo indicaba que había sido su alumno más terco—Tal como pensé, eras tan arrogante como ahora. Pero muy persistente.
—He capturado a todos los espíritus del tablero-dijo él de pronto, sin ánimos de escuchar lo que Mizuki opinara de él.
Ella le miró a los ojos. El color miel de su iris se oscureció, sus pupilas se dilataron, pero sus facciones lucharon por mantenerse inexpresivas.
—Debes estar orgulloso de ti-comentó con monotonía.
—Es lo que he pensado, pero no logro sentirlo de esa manera. No sabiendo que Ho Thang intentará apoderarse de él como antes.
Yi Ze le miró de reojo, con una expresión incrédula y burlona.
—¿Li, acaso tienes miedo?
—Sí-confesó, pero no se detuvo a explicarle cuales eran realmente sus temores-su muerte no ocupaba hasta ahora ningún lugar-, sino que se acercó un par de pasos más, mirando hacia la laguna—¿Acaso tu no lo tienes?
No le contestó. No era necesario de todas formas. Shaoran sabía lo que había ocurrido con el padre de la chica, y el tener que enfrentarse a esos sujetos debía remover varias emociones en su interior, incluidas las del miedo, tal como a él.
—Estoy entrenando para volverme más fuerte y vencerlo.
—Lo he notado-dijo él, y es que su presencia no era la misma como la había conocido—¿Tu madre lo sabe…?-preguntó. El cuerpo de ella se tensó, apresó sus puños con fuerza y los huesos de la mandíbula de le remarcaron en el rostro—¿..que has decidido volver a utilizar magia?
La chica volteó furiosa a enfrentarlo, botando la bolsita con alimento que sostenía en la mano y desparramándola por todo el césped.
—¿Por qué tenias que mencionarla?
—Porque es tu madre-respondió él tranquilo.
—¡Dejo de serlo hace mucho tiempo! Desde que papá murió, desde que dejó de preocuparse de mí, desde que te envió a ti a intentar convencerme de regresar…
—¿Qué dices?-Shaoran la tomó por los hombros con cierta hosquedad, inmovilizándola en un tronco de árbol, para obligarla a escucharlo.—Mi misión fue venir aquí por ti para que me dijeras todo lo que sabias del tablero, ¿y sabes cuál fue la reacción de ella?
—No sé, supongo que le dio igual-rebatió, intentando zafarse.
—Ella no quería que te buscara…-Yi Ze alzo una ceja, con una expresión de "¿lo ves?" —…porque estaba preocupada por ti. No toleraba la idea de que te involucraras en problemas. Quería que te dejaran vivir tu vida normal. Sabía que no dirías nada, y aun así nunca te juzgó. Lo único que quería era que te buscara para saber que estabas a salvo, que habías crecido bien, que eras una buena chica. Lástima que seas tan estúpida y egoísta.
Yi Ze apartó la mirada, con la cara rabiosa teñida de un notorio sonrojo. ¿Quién se creía él para tratarla de estúpida y egoísta? Apenas se conocían. A pesar de ello, no fue capaz de replicarle, y optó por escabullirse rápidamente en dirección a los árboles que rodeaban el estero, con el corazón latiéndole dolorosamente.
Detestaba recordar esa persona y ese pasado.
"Ella no se preocupa por mí. Es una mentira. Lo dijo para convencerte y hacer que regreses…", la muchacha detuvo su carrera, volteando al sentir un aura a unos tres árboles de distancia. Creyó haber visto una silueta, pero no se detuvo a averiguar, y siguió corriendo sin dirección fija, intentando dejar atrás los recuerdos de una mujer cantándole a media voz mientras acariciaba su cabello en las noches de tormenta para tranquilizarla.
Bajo un florecido duraznero, Sakura salió de su escondite y siguió el camino de Qian, doblando luego hacia donde estaban los demás. Diría que no había encontrado a Li para evitar explicar la escena que permanecía fija en su retina. Es que él la tenía muy cerca, atrapada entre un tronco y su cuerpo, y aunque no había visto nada más que la hiciera pensar otra cosa por el hecho de que Shaoran le daba la espalda, Sakura no podía quitarse la imagen de la cabeza y sentir esa horrible sensación de que le faltaba el aire. Recordaba perfectamente que la llegada de él a Japón había sido por Yi Ze. Shaoran la buscaba incansablemente, e incluso llegó a secuestrarla por un par de horas en su habitación. En ese entonces le había producido curiosidad el porqué de su interés, pero sólo ahora nacía ese intenso malestar, el mismo que experimentaba cuando lo veía junto Nan.
—¿Por qué estás afuera?-se sobresaltó al oírlo. No supo en qué minuto había aparecido a su lado.
—Salí a tomar aire-replicó rápidamente, evitando su mirada.
Shaoran se quedó inspeccionándola con el ceño fruncido.
—¿Te pasa algo?-preguntó después. Cuando se habían encontrado, minutos antes, parecía bastante contenta como era común en ella. Sin embargo, ahora lucía como si algo le molestara y quisiera ocultárselo a toda costa.
—Nada. Voy a entrar-dijo con sequedad, girándose hacia las escaleras. La mirada de él parece clavarse en su espalda mientras sube, y Sakura se pregunta si habrá sido muy dura. Después de todo, no puede controlar el que se acerque a otras chicas, si entre ellos no hay ninguna relación. Lo único que consigue con esa actitud es alejarlo, cuando su anhelo es todo lo contrario…
Pero no puede evitar morirse de celos por ver lo cercano que parece a Yi Ze, y las muchas cosas que parecen tener en común.
Se ha sumido tanto en sus pensamientos, que cuando recuerda que está subiendo por las escaleras pisa con el pie incorrecto, rompiendo la automaticidad, cayendo hacia delante.
—Algo te pasa-concluyó Shaoran suspirando, sosteniéndola fácilmente de la cintura con un brazo, en el momento exacto antes de que se golpeara contra los escalones de cemento—Si no te sientes bien deberías irte a casa.
—¡Estoy bien!-exclamó la chica, sonrojada por su cercanía. Alzó la cabeza para mirarlo, encontrándose con su semblante preocupado. Sí, Shaoran parecía preocupado por ella; tal vez creía que tenía algún malestar físico, y de cierta forma era verdad porque esos desagradables celos le tenían el estómago y el corazón apretados. Aún así, el arrepentimiento le sobrevino como un golpe y decidió ser sincera. Llevó sus manos al brazo de él que cerraba su cintura, comenzando a murmurar con voz oprimida—Es… Es sólo… que yo…
—¡Ahí están!-los señaló Kero, después de aparecer repentinamente frente a sus ojos. Sakura soltó un gemido. Ya iban dos interrupciones.—Los estamos esperando. Entren ya-cuando se percató del agarre que su antiguo amo hacía a su actual protegida, el guardián parpadeó confuso—¿Por qué se están abrazando?
—¡N-no es eso!-chilló Sakura sofocada, apartando el brazo del chino, y subiendo de prisa los escalones que faltaban. —Vamos-dijo a Kero, entrando con rapidez por la puerta. Shaoran los siguió con calma, aún con la duda pululando en su cabeza.
—Apareció-dijo Eriol apenas vio a Li, dándole a entender que lo estaban esperando para que comprobara lo que había relatado a Mizuki.
—¿Es verdad entonces?-preguntó la mujer de cabello anaranjado—¿Los espíritus del tablero han sido capturados?
Shaoran sacó el objeto de entre sus ropas, entregándoselo en las manos. Eriol lo miro con un dejo de admiración, puesto que años atrás de seguro y se habría negado a que Mizuki siquiera lo mirara de lejos.
—Has hecho un gran trabajo-lo felicitó con una sonrisa sincera.
—No tengo todo el crédito-dijo él, dando una mirada a Eriol y los guardianes. Cuando sus ojos fueron a dar con Sakura, quien mantenía la vista gacha, murmuró para sí: —He recibido bastante ayuda.
Mizuki amplió su gesto, encantada de descubrir tantas nuevas sorpresas en el joven hechicero. En el pasado había pensado que Li no cambiaría jamás su estilo autosuficiente y orgulloso con el que se dirigía a todo el que considerara inferior a su persona, pero parecía haber matizado sus cualidades con humildad y sencillez que tanto había oído hablar eran características de su padre.
—Supongo que comprenderás que esto es sólo un comienzo. El Clan Thang no desistirá sólo porque los espíritus hayan sido capturados, o el tablero vuelva a tener su sello; ellos te buscarán a ti. Cualquier daño que logren hacer a tu familia, será para ellos como el premio mayor… y creo que dado el asombroso poder que has cultivado, tú eres el premio mayor.
—Ya lo sé.
—Pero cuentas con mucho apoyo, como ya dices-miró a los presentes con una sonrisa—Y no está demás que te recuerde que Yi Ze y yo estaremos ahí también, para lo que necesites.
—¿Yi Ze Qian?-cuestionó Tomoyo.
—Sí. Ha estado entrenando conmigo, y en corto tiempo ha incrementado muchísimo sus habilidades.
Sakura apretó la tela de la falda con sus puños.
—¿Por qué ha decidido entrenar?-preguntó Spinnel, al ver que su amo no parecía tener intenciones de hacer la pregunta.
—Lo mismo iba a preguntar yo, cara de gato-gruñó Kero.
—Las razones sólo ella las sabe. Por mi parte, sólo cumplo con entregarle mis conocimientos. Yi Ze ha puesto mucho empeño, pese a que no estaba acostumbrada a sus propias habilidades desde hacía tantos años. Es muy admirable.
—Es una chica fuerte, como todos en su Clan-apoyó Eriol, que conocía la historia de los Qian, y consideraba que eran el clan más poderoso, después de los Li.
Pese a que no habló, Shaoran afirmaba con la cabeza, con los ojos cerrados y los brazos cruzados sobre el pecho a cada palabra. También debía tenerle admiración a lo que estaba haciendo Yi Ze, pensó Sakura, con un nudo en la garganta.
—¡Yo también quiero entrenar!-declaró súbitamente, con la voz tan fuerte que hasta se asustó a sí misma. Los demás la contemplaron, mientras estiraba la llave hacia Kaho, con la determinación marcada en su semblante—Si es verdad que tengo algún poder mágico, ¡quiero poder usarlo!. Enséñeme cómo, por favor.
Tal parecía que no se le quitaría la idea tan fácilmente de la cabeza, se dijo Shaoran mirando al cielo. Sólo esperaba que Mizuki fuera lo suficientemente sensata y eliminara de una vez por toda esa ilusión de querer usar magia para combatir, porque él nunca se lo permitiría. Había una gran diferencia entre Sakura y Yi Ze, y es que la primera no descendía de una familia de hechiceros, por lo que nada respaldaba sus supuestos poderes y sólo la expondría a peligros.
Como si a lo largo de esos meses ya no hubiera estado a merced de varios…
La sacerdotisa alcanzó el colgante que Sakura le estiraba, sosteniéndolo con cuidado en su palma.
—¿Cómo llegó esto a ti?-preguntó con extrañeza, después de observarlo minuciosamente.
Sakura procedió a narrar por segunda vez en el día el mismo suceso.
—¿Sabes algo?-preguntó Shaoran con seriedad, después de que pasaran unos minutos en silencio.
—No. Nunca había visto algo así-declaró la mujer, devolviéndoselo a su dueña.
—Pero si se parece a la de este chiquillo-señaló Kerberos a Eriol, quien asintió, mirando fijamente a su antigua maestra, porque aquél hecho era innegable.
—Bueno, sí-reconoció ella, con cierta duda—pero no sé qué puede ser.
Con un pesaroso suspiro, Sakura lo colgó de regreso a cuello. Se había ilusionado con que Mizuki podría tener una respuesta y de paso pudiera instruirle en las mismas cosas que enseñaba a Yi Ze para fortalecer su magia.
—Intentaré averiguar en mis libros si sale algo al respecto-la animó Kaho—En cuanto sepa algo nuevo, ten por seguro que se los diré.
—Gracias-murmuró la de ojos verdes, intentando sonreír.
La ancianita entró a servirles el té, y la charla volvió a centrarse en el tablero y los últimos espíritus capturados.
—Lamento decirlo, pero tengo que atender un compromiso-dijo Mizuki, media hora después.
—Entendemos-respondió Eriol, en nombre de todos—Muchas gracias por recibirnos.
—Al contrario, gracias a ustedes por visitarme, y a usted señorita Daidouji por el pastel.
—No es nada. Para la próxima me aseguraré de guardar otra porción para Yi Ze.
Fueron saliendo uno a uno por la puerta. Guiados por la anciana Kaede, que los esperaba en las escaleras, caminaron hacia la salida. Ambas amigas iban adelante, seguidas de Li y los guardianes. Al no sentir pasos a su espalda, el castaño se volteó para ver dónde estaba Eriol, encontrándose con que intercambiaba las últimas palabras con Mizuki.
—Gracias por su hospitalidad, maestra…-al notar que los ojos mieles de la mujer se sonreían y se torcían al cielo, Eriol se corrigió—quise decir, Kaho.
—Siempre serán bienvenidos aquí.
Él hizo una reverencia de agradecimiento, bajando luego un escalón, pero se detuvo de inmediato para dirigirse otra vez a ella.
—Sobre el colgante de Kinomoto… -comenzó vacilante. Podía estar equivocándose, pero no se quedaría tranquilo si no salía de la duda, aún si desconfiar de la palabra de ella fuera irrespetuoso—Usted sabe algo, ¿no es así?
Mizuki esbozó una débil sonrisa, dirigiéndole una profunda mirada.
—No quería mentirle a la señorita Sakura, pero si es lo que yo sospecho, es ella quien puede convertirse en el premio mayor para Ho Thang.
Las predicciones de su maestra siempre le asombraban, y a un mismo tiempo, le estremecían, como en estos casos. Pensar que alguien tan indefensa como Sakura Kinomoto sería el próximo blanco de los ataques de Thang, le confirmaba lo injusto que era el destino con muchas personas.
—¿Qué es esa llave?-preguntó.
—No puedo decírtelo hasta estar segura. De todos modos, deben estar alertas.
Mizuki se dirigió de regreso a su hogar, mientras Eriol bajaba corriendo las escaleras, alcanzando a Li. Observó el perfil del chino en silencio, alternando la mirada de éste a Sakura, más adelante. No tenía el derecho de alarmarlo-ni a él ni mucho menos a Sakura- hasta que todo estuviera confirmado.
—Me alegra que hayas podido acompañarnos-dijo, tras un minuto. Ya se veía la salida y un par de visitantes ingresar—Sakura deseaba obtener pistas sobre la llave, y se nos ocurrió que Kaho podía dárnoslas. Lástima que no hayamos obtenido nada nuevo…
—Escucha, Hiraguizawa, ya no quiero más secretos-le advirtió el chino, con el semblante severo fijo al frente—Si descubro que tú y tu antigua maestra ocultan algo, te las verás conmigo.
Eriol alzó las cejas, con la expresión desconcertada.
—¿Por qué me dices eso?
—Sólo para que lo sepas-murmuró él, apresurando el paso. El inglés lo siguió preocupado, esperando con todas las fuerzas que la predicción fuera incorrecta.
—Sakura, arriba el ánimo-dijo Tomoyo, al ver que su amiga caminaba con aspecto derrotado a su lado. —Mizuki dijo que haría todo lo posible para buscar algo sobre la llave. No te aflijas.
—Quiero que ella me entrene para ser fuerte, así como entrena a Qian. No entiendo porqué ella puede ayudar a Li y yo no. No es justo, ¿verdad?. Si me dieran la oportunidad también me esforzaría muchísimo y sería una gran hechicera.
—Ya lo creo-asintió Tomoyo, con una gran sonrisa. Luego llevó un dedo a su mentón, contemplándola reflexiva unos segundos, hasta susurrar:—Entonces, eso era…
—¿El qué?-cuestionó desanimada.
—¡Estás celosa de Qian!-la acusó divertida, a lo que Sakura agitó sus brazos escandalizada, con las mejillas rojísimas. ¿¡Cómo demonios Tomoyo tenía que adivinarlo todo?!
—¡N-no! ¡No lo digas tan fuerte que te puede oír!
—¿Sí lo estás?-quiso comprobarlo de la propia boca de su amiga, obteniendo un escueto y tímido:
—Uhn.
—Pero Qian no tendrá la oportunidad de ir con él a una romántica noche en el Planetario, viendo las estrellas, la luna y los planetas-dijo la pelinegra con emoción—Lo que me recuerda que ahora es tu oportunidad de invitarlo…
—¡¿Ahora?!-gritó Sakura sin pensar.
—¡Eriol!-Tomoyo se volteó, agitando su mano para llamar al inglés—Recordé que tengo que pasar a comprar unos hilos, ¿me acompañas?
—De acuerdo. Nos vemos luego-se despidió de Li y Sakura. Tomoyo hizo lo mismo, arrastrando al chico prontamente a la salida.
Los ha dejado solos. Bueno, al menos Kerberos y Spinnel están cerca, aunque Sakura no pueda encontrarlos cuando mira ansiosamente al cielo, con la esperanza de una interrupción.
—¿Qué buscas?-preguntó Shaoran al alcanzarla. Cada minuto que pasaba se convencía más de que algo extraño estaba ocurriéndole a la chica.
—A Kerberos-contestó rápido, sin quitar los ojos del cielo azulado y prácticamente despejado de ese día—Debemos irnos.
—Quizá esta con Spinnel. Si quieres puedo ayudarte a encontrarlos.
Ella afirmó con la cabeza, y caminaron de regreso, internándose al templo donde ambos guardianes debieron distraerse.
—Mizuki fue mi maestra cuando tenía trece años-comenzó a hablar Shaoran de la nada, y Sakura lo miró sorprendida, porque no estaba acostumbrada a que iniciara las conversaciones. Comúnmente era ella la que transmitía sin parar acerca de algo, y ni siquiera sabía si él recibía algo de toda esa información—Sus entrenamientos no eran sencillos-continuó Li, sin percatarse del hito que estaba marcando—Es más, creo que es tan despiadada como Hiraguizawa para sus enseñanzas-masculló haciendo una mueca, recordando las ocasiones que había creído estar al borde de la muerte. —Lo que quiero decir es que si te entrenas con ella puede ser difícil. Aún más si consideramos que no estás familiarizada con todo esto.
Sus pasos se detuvieron, mientras la voz de Shaoran quedaba suspendida en el vacío.
—¿Crees que no podría?-preguntó taciturna, aún con la vista en el camino.
El chico lanzó un suspiro. Debió haber previsto que ella no tomaría bien su comentario.
—No, es decir-titubeó—Eres…
—…una niña de preparatoria-completó Sakura con un resoplo.
Perfecto. Ahora estaba enfadada con él, pensó, haciendo un esfuerzo por calmar los ánimos.
—No quería decir eso.
—A mí me parece que eso es lo que quieres decir.
—Primero deberías estar segura de la verdadera naturaleza de tu colgante y...
—Pensé que te habías convencido de que había algo de magia en mí-intervino ella con amargura, apretando los puños. Shaoran sintió una desagradable sensación al pensar que todo era su culpa; Sakura lo miraba duramente, pero más que tristeza existía una gran desilusión en sus ojos—Tú mismo lo dijiste, y Kerberos y Spinnel, y Eriol también piensan de ese modo. ¿Por qué no puedo tener la posibilidad de entrenar como entrena Qian?
—No lo entiendes-suspiró él, pasándose una mano por el pelo luego de pensar por un segundo en tocar la cara de ella—No hay comparación entre ustedes.
Sakura torció una sonrisa irónica.
—¿Por qué? ¿Ella es mucho más fuerte?
—Qian es hija de el que era uno de los hechiceros más grandes de todo el continente-agregó Shaoran—Es evidente que tiene más ventajas-dijo sensatamente, porque estaba seguro que a Mizuki no se le ocurriría mejor idea que enfrentarlas a ambas; así era su estilo, y por ningún motivo dejaría que eso pasara si podía persuadirla.
Sakura se volteó, dándole la espalda. Esperaba un poco más de fe de su parte. Está bien que ella no descendiera de algún poderoso mago, o que recién a sus diecisiete años hubiese descubierto ese mundo tan misterioso que sólo creía posible en fantasías, pero no por eso tenía que ser tan duro y convencerla de que no valía la pena siquiera intentarlo.
Porque si algo deseaba Sakura desde hacía tiempo, era poder ayudarlo…
Distinguió a lo lejos una persona acercándose rápidamente a ellos. A medida que avanzaba, pudo reparar en el color castaño de su cabello, en sus holgadas ropas y su ceño fruncido.
—Qian-murmuró, cuando la muchacha se detuvo a unos cinco metros, haciendo una seña con la mano para que, al parecer, Shaoran se acercara.
Y digo al parecer, porque también podía ser que la estaba llamando a ella, o a ambos.
—Aguarda-dijo el chico, dejándole en claro que era sólo a él a quien buscaba.
A medida que se alejaba, sintió un peso hundirle el corazón. Hubiera deseado pedirle que no fuera, que se quedara ahí y terminaran de buscar a Kero y Spi, o que la invitara a ir con él porque nada de lo que hablaba con Qian era un secreto; eran asuntos de magia que Sakura también podía oír. Que también le incumbían.
—Quiero que hagas llegar esto a Fang Yin-dijo Yi Ze antes de que él preguntara nada, sacando de su manga izquierda un sobre.
—A tu madre-aclaró Shaoran, recibiéndolo. Ella frunció más el ceño—Es probable que pueda entregársela personalmente.
La jovencita abrió los ojos con sorpresa, y algo de expectación.
—¿Por qué?-cuestionó, luchando por sonar desinteresada—¿Acaso ella viene a Japón?
—No- respondió Li.
Bien. Tampoco es que deseara verla de todos modos, se dijo ella, con un extraño malestar.
—¿Entonces cómo…?
—Le diré que en el fondo eres una buena chica-la ignoró él, mientras se guardaba el sobre en el bolsillo—Muy en el fondo.
—No te burles de mí, idiota-masculló Yi Ze, mientras le golpeaba el hombro, avergonzada e irritada de ese tono insufrible que Li utilizaba cuando quería fastidiar.
—Vaya, si la ruda de Qian también se sonroja-él no pudo evitar lanzar una carcajada ante su cómica expresión. Le recordaba un poco a él mismo, claro que era mucho mejor verlo en otra persona para encontrarle más gracia.
—He dicho que no te burles-reiteró con los dientes apretados—¿Enviarás la carta?
—Sí, me aseguraré que llegará a sus manos. De seguro tu madre se pondrá contenta de recibir noticias tuyas.
Shaoran no era muy perceptivo ante esas cosas, pero si Qian le recordaba mucho a cómo se comportaba él, ese ceño fruncido y la mirada torcida hacia otro lado eran una defensa contra esos sentimientos a su madre que no la habían abandonado pese al paso del tiempo y los rencores; ese cariño que se negaba tajantemente a aceptar por el miedo a parecer débil o sensible.
—Vete ya-dijo ella exasperada, dándose la vuelta para regresar a sus labores dentro del templo.
—Sí, en cuanto encontremos a…-Shaoran volteó, pero Sakura ya no estaba donde la había dejado. En cambio, en el mismo lugar estaban los hasta ahora extraviados Kerberos y Spinnel, mirándole con la misma curiosidad.
—¿Dónde está Kinomoto?-preguntó.
—Lo mismo quiero saber yo-dijo Kero, mientras se observaban.
—Estaba aquí hace un minuto-se paró el chino en el punto exacto donde le había pedido que lo esperara.
Mierda. Debió haberlo imaginado; ella seguía enfadada por todo el asunto del entrenamiento con Mizuki. Soltó un suspiro, y corrió hacia la salida. Si tenía suerte podía alcanzarla y aclarar las cosas. Si no le permitía someterse a ese tipo de entrenamientos es porque le preocupaba. ¿Cómo iba a sentirse tranquilo sabiendo que Mizuki y Qian la preparaban con riesgosas pruebas?
Se detuvo al ver que contra sus pronósticos, Sakura estaba apoyada en el muro, esperando.
—Tú… no te habías marchado…-jadeó.
—Qian y tú parecen llevarse bien-habló ella, con buen humor —¿Se conocían desde antes?
—No-respondió—Sólo había oído hablar de ella y su madre.
—Ya veo. Cualquiera pensaría que son muy buenos amigos.
Él enarcó una ceja con incredulidad. Con esa niña no podían ser amigos. Ella apenas y soportaba verle la cara. Sin embargo, no le replicó nada acerca de ello; había algo más importante que esclarecer.
—Sobre lo del entrenamiento….-inició vacilante.
—Lo entendí: no debo insistir en eso-interrumpió Sakura, alzando los hombros—No hasta que esté segura de si realmente es magia lo que está en el colgante. Ni tampoco compararme con Yi Ze.
Shaoran la miró extrañado ante su rápido cambio de opinión, pero a la vez satisfecho; eso quería decir que ya no estaba enfadada con él…
Pero por alguna razón seguía en la misma posición, la cabeza gacha en dirección a sus pies, sin mirarle ni por un segundo a la cara.
Jamás pensó que una situación así le incomodaría tanto. Ahora que sabe lo que esa chica siente por él, no puede evitar tratar de dilucidar qué está pensando en ese momento; si lo considera aburrido, si preferiría volver con algún otro chico del que se ha enamorado, o si espera alguna respuesta a su confesión, la cual no tiene.
—Kerberos y Spinnel están arriba-señaló Shaoran a los dos guardianes, que volaban altísimo sobre sus cabezas, esperando que comenzaran a avanzar.
—Bueno-murmuró Sakura bajito.
¿Qué es lo que espera de él?, le carcome la pregunta en la cabeza. Desde un principio debió haber previsto que no cumpliría con sus expectativas; no es el mejor tipo en el que pudo fijarse.
—Ahora que ya los encontramos, deberíamos irnos-razonó, cada vez más confundido e inquieto. Sakura no se movió cuando él dio los primeros pasos, y su desasosiego llegó a su límite—Oye, ¿estás segura que está todo bien?-preguntó, deteniéndose frente a ella.
—¡T-Ten!-gritó ella de improviso, alzando la cabeza. Shaoran se sorprendió de lo rojísimo de su rostro y sus ojos palpitantes, como si estuviera enferma.
—¿Qué es esto?-preguntó, al coger el papel.
—E…Es un-una entrada al Planetario.
—Ah-la miró, sin comprender porqué se había comportado tan extraño por una simple entrada—Se la daré a los niños.
Sakura agitó con fuerza la cabeza de un lado a otro.
—N-no. No es para los niños-farfulló, y Shaoran vio su rostro enrojecer aún más, si es que eso era humanamente posible. ¿Tendría fiebre?—Yo… Yo sólo tengo dos… y esa es para ti para… P-para que vayamos juntos…
Él parpadeó, examinando la entrada y luego sus grandes ojos verdes.
¿Significaba eso…?
—¿Solos?
—Uhn-pronunció ella, asintiendo.
Shaoran sabe que está muy nerviosa, y que debido a eso no deja de morderse el labio. Pero desearía que dejara de hacerlo, haber si con eso él puede pensar fríamente en una respuesta y no sentir que su lengua se ha vuelto un músculo inútil.
—"Ella te está invitando a salir"-dijo una vocecita graciosa en algún rincón de sus turbulentos pensamientos. No es la primera vez que sucede; varias chicas desde la secundaria lo intentaron. Sí es la primera vez que siente esa sensación extraña en el estómago cuando ella lo contempla con tristeza y pregunta:
—¿No puedes?
"No me interesa". Difícil precisar la cantidad de veces que había pronunciado esas tres mágicas palabras. Mágicas porque dejaban a las chicas con los ojos lagrimosos y sus esperanzas echas añicos; lo libraban del acoso hasta que aparecían otras a insistir, y volvían a funcionar.
Sin embargo, Shaoran no tenía el coraje para pronunciar sus eficaces tres palabras hacia ella. Si hubiera sabido que en algún momento la molesta niñera de sus sobrinos le simpatizaría tanto como para no poder decirle que "no", habría tatuado en su cuerpo el alejarse lo más posible de ella para no olvidarlo.
Ahora es demasiado tarde. Ya está a merced de esos ilusionados ojos verdes.
—Creo que…-soltó una exhalación. ¿A quién quería engañar? Ni siquiera tenía cabeza para inventar una excusa—…sí.
—¡Qué bueno!-exclamó contenta, y su sonrisa se extendió hasta sus ojos—Entonces nos vemos ahí a las 8.
Hay una gran diferencia entre Sakura y esas otras chicas que escucharon las tres palabras. O quizás no es una diferencia, sino miles que no sabe por dónde empezar. Aunque si tuviera que comenzar con algo, diría que es en la sonrisa. Algo hay en la sonrisa de Kinomoto que es singular…
—Ya es tercera vez que pierdes, tío-se quejó Xue, con los hombros caídos. —¿Estás dejándome ganar?
Shaoran miró el tablero de ajedrez como si recién lograra percatarse que estaba frente a sus ojos.
—¿Perdí?-cuestionó, intentando encontrar su último movimiento. Xue lo ayudó señalando la posición de una de las piezas. Un error bastante torpe, como los otros dos pasados.
—Hijo, ¿por qué mejor no vas a ayudar a tu padre a limpiar el coche?-propuso Shiefa, sentada en el otro extremo de la mesa junto a Lei, quien moldeaba figuras con plasticina.
El chico aceptó de inmediato. Cualquier otra cosa era mejor panorama que jugar con su tío tan distraído; ganarle sin esfuerzo no era para nada divertido.
Mientras Shaoran movía uno de los peones repasando sus jugadas, Shiefa aprovechó para sentarse a su lado.
—Hey, hermano…-lo llamó suavemente. Él despegó la mirada del tablero al cuarto llamado, y Shiefa no pudo resistir la risa ante su expresión tan ida—¿Por qué tan desconcentrado? ¿Hay algo… o alguien que te tiene tan pensativo?
Imposible que no la dejaran regocijarse con esto. Se trataba de su malhumorado hermanito menor y la niñera caída del cielo que había llegado a formar parte de su familia. Era como un sueño hecho realidad. Durante esa noche que casi no había dormido, pensó en las posibilidades de que una relación entre ellos funcionara; pensó en lo común que sería verlos tomados de las manos, el día que ayudaría a preparar a su hermano cuando fuera a pedir su mano, y en el vestido de novia de Sakura. Hasta se dio tiempo de imaginar cómo serían sus vidas en la mansión, junto con otros nuevos integrantes de la familia…
Todo era tan bonito en esos sueños, que se despertó de muy buen humor.
Shaoran se levantó del asiento, musitando una respuesta a su pregunta:
—No. No es nada.
Iba directo hacia las escaleras y luego a su pieza, donde Shiefa apostaba se encerraría por horas. Quizá por eso, y porque le apetecía ser un poco malvada, es que dejó escapar con naturalidad:
—Mientras no estabas el joven Wen ha llamado por teléfono-la joven madre espió por el rabillo del ojo. Shaoran se había detenido, apretando los puños—Quería contactarse con Sakura. De verdad parece que está muy enamorado de ella… Es tan perseverante que no me extrañaría que uno de estos días Sakura corresponderá sus sentimientos. Hacen bonita pareja, ¿no crees?
El perfil de su hermano no podía demostrar más hostilidad, y supo que había dado en el clavo.
—No la merece-gruñó.
—¿Cómo has dicho?-aparentó no haber oído.
—Que Wen es un idiota, y no la merece.
Shiefa esbozó una sonrisa. Si eso no era el comentario de un hombre celoso, entonces ella comía la plastilina de Lei.
—Uhm, quizás tengas razón-dijo, viéndolo alejarse con las manos en los bolsillos y todavía la tensión producida por la mención de Wen en los hombros. "Ella está peleando muy duro por ti, Xiao", pensó con cariño. De pronto sus ojos se enfocaron en un pequeño papelito con colores en medio del suelo—Hermano, creo que se te ha caído algo-levantó el dichoso papel, y alcanzó a leer unas pocas palabras antes de que él se lo arrebatara de las manos. —¿El Planetario? ¿Irás tú solo?
Él desvió la mirada abochornado, guardándoselo de regreso en los bolsillos.
—Eso creo.
—Lástima-suspiró su hermana, moviendo la cabeza negativamente—Es el tipo de espectáculo que podrías compartir con una persona especial.
Alguien especial…
¿Es por eso que ella lo escogió a él para que fueran juntos?
—Tío-escuchó decir a Lei—Hice esto para ti-le entregó una de sus figuritas de plasticina, una que parecía un círculo, o una serpiente amarilla enrollada, si quería forzar un poco más la imaginación.
—Ah, gracias.
—Es como el que tiene mamá-dijo el niño, mostrando la mano derecha de ella, donde brillaba el anillo de bodas. Shaoran miró la figurita con más atención, sin comprender porqué no se lo había dado a Shiefa, si eran las mujeres las que usaban anillos—Si el tío y la señorita Sakura están casados, deben tener de estos. Como mamá y papá.
Shiefa pagaría por ver otra vez la expresión del chico cuando le pidió a Lei que le aclarara porqué decía tal cosa.
—Nosotros los vimos darse besos en la playa.
Sus esfuerzos por hilar otra frase habían sido tan graciosos, que Shiefa llegó a golpear la mesa producto de las incontenibles carcajadas. Su hermano, con el rostro parecido a un tomate, dio la media vuelta y se retiró con largos pasos hasta su cuarto.
—¿El tío se enojará conmigo?-preguntó Lei.
—No, Lei. El tío sólo se enojará con él mismo si no se decide pronto-lo tranquilizó su madre, acariciando su mejilla con afecto. Él sonrió y volvió a su pasatiempo. Dijo que ahora haría "otro de esos para la señorita Sakura".
La madre lo miraba y escuchaba sin perder detalle, mientras tocaba su propio vientre con delicadeza.
.: - :. .: - :. .: - :. .: - :.
El timbre sonó a las cuatro en punto. Una de las sirvientas dejó de sacudir uno de los antiguos muebles del recibidor para abrir. No obstante, antes de que llegara Wei ya estaba instalado a un costado, brindándole una sonrisa. Como era común en él, se llevó solemne una mano en el pecho para comunicarle que él se encargaría.
—El fiel Wei-dijo la voz de un hombre con tono guasón, al ingresar por la amplia puerta, entregándole al mayordomo su abrigo—Los años no pasan por ti.
—Le agradezco el cumplido, señor.
El sujeto se sonrió con ironía.
—No pretendía ser ningún cumplido-replicó con extrema seriedad. Mientras se observaban silenciosamente, los pasos de una tercera persona ingresando a la sala los hicieron voltear—Buenas tardes, Ieran. He venido tal como me lo ha pedido.
La cabecilla del Clan Li se notaba agitada por la rapidez con que había salido de su habitación.
—Te lo agradezco-dijo, indicándole que tomara asiento en el sofá mientras ella hacía lo propio—Tenemos asuntos importantes que tratar sobre…
—Disculpa, Ieran-la interrumpió, alzando una palma para voltear hacia el hombre de cabello gris—¿No te retiras, Wei?
—Con su permiso-dijo el mayordomo, haciendo una reverencia.
El hombre se le quedó mirando de reojo hasta que desapareció.
—¿Por qué no cuidas mejor los lugares donde tratas este tipo de temas? Si es algo tan importante no me parece que tu sala sea lo apropiado; hay sirvientas y sobretodo tu mayordomo dando vueltas.
Ieran dio un suspiro cansino. No había tiempo para que se pusiera a discutir con Hongsheng respecto al más antiguo de sus empleados.
—Confío en Wei.
—Nunca me ha parecido totalmente digno de fiar-murmuró su cuñado entre dientes, mientras se arreglaba su fino reloj de pulsera.
—Te pareces a mi hijo-se sonrió por un segundo, desviando la mirada nostálgica a una de las fotografías familiares, donde Xiao Lang apenas tenía tres años y estaba en brazos de su padre—Últimamente, tiene la convicción de que alguien cercano intenta dañarme.
Hongsheng alzó una ceja, dejando de mirar su reloj para dirigir sus ojos a ella.
—¿De dónde ha sacado eso?
—Los cómplices de Ho Thang se lo han dicho-contestó la mujer, y la reacción en su oyente fue instantánea.
—¡Santo cielo!-vociferó con énfasis—Entonces de verdad estás en peligro, y ni te inmutas.
—¿Crees también en esa tontería?-bufó Ieran, levantándose molesta de su lugar.
Hongsheng la imitó, gesticulando exageradamente al hablar.
—Bueno, tu hijo no tiene porqué estar mintiéndote. Esto nos comprueba que también estás en la mira de ese hombre, y que no puedes abandonar el país-se llevó una mano a la nuca, lanzando un gruñido al no ver reacción de su parte—Demonios, Ieran. Esto es muy peligroso.
—Xiao Lang debe regresar-se limitó a responder ella.
—¿Regresar? ¿Entonces de nuevo está pensando en ir por él?
—No. Estoy pensando que tú vayas por mí.
El hombre volvió a sentarse, más relajado.
—Me alegra que hayas reconsiderado la idea, cuñada. Lo que menos necesita el Clan es que te ausentes y pongas en riesgo tu vida.
La mujer asintió, sin escucharle del todo.
—Es necesario que esto se lleve con la mayor reserva posible-murmuró, pensando en todos los detalles que debía cuidar para eso.
—Pierde cuidado. Sabes que puedes confiar en mí.
Ieran volvió a sumirse en sus pensamientos cuando Hongsheng abandonó la mansión. Ya era inútil seguir escondiéndolo. Estaban en peligro. Más importante aún: su querido hijo estaba corriendo un riesgo inmenso que no era más que por su irresponsabilidad al decidir enviarlo tan lejos.
.: - :. .: - :. .: - :. .: - :.
¿En qué momento había pasado un huracán que él no se había dado por enterado? Kero contempló los montones de ropa esparcidos en el piso y la cama, otras cuantas colgando en una de las puertas del armario y los cajones. Todo debió haber transcurrido mientras terminaba con su videojuego; y eso no había tomado más de una hora, cabe añadir, porque ahora era todo un experto.
—¿Sakura, qué haces?-preguntó a su dueña, que entraba a la habitación corriendo para revolver aún más la ropa sobre su cama. Llevaba amarrada una toalla alrededor de su cuerpo y otra en el cabello.
—¡Hoee, no sabía que esto era tan difícil!-gimió tras descartar un par de vestidos. ¿Por qué llevaba toda la tarde sin decidirse por ninguno? Ya faltaba media hora para que dieran las 8, y ella aún estaba medio neurótica y medio desnuda dando vueltas por la casa.
Si tenía que buscar un responsable, esa debía ser Tomoyo. Había llamado minutos después que le diera a Shaoran el ticket para el Planetario, recalcándole la importancia de su apariencia esa noche.
«Es la primera cita. Debes lucir despampanante para que sea el mejor recuerdo». Luego de eso había colgado porque acompañaría a Naoko a comprar al centro comercial, prometiendo que llamaría después de la cita para saber cómo había resultado todo.
Sakura no sabía qué tenía que hacer para lucir despampanante. Cualquiera de los vestidos que tenía a mano la hacían ver como la Sakura común y corriente. Quizá se estaba complicando demasiado por un simple detalle. A Shaoran no le importaría si no luciera tan guapa, ¿verdad? Para él no tenía mucho sentido ésa… cita, como decía Tomoyo.
—Sólo recordará lo guapa que es Nan y se arrepentirá de haber aceptado acompañarme-murmuró apesadumbrada, dejándose caer sobre la cama. Que él negara tener alguna relación con Yi Ze, no quitaba el hecho de que Nan Wu era su novia, y le debía gustar muchísimo para serlo—Necesitaría un milagro…
—Creo que estás delirando-observó Kero, contemplándola seriamente hablar sola.
La joven se sobresaltó cuando sintió el timbre. Aún no era hora para que su hermano o su padre llegaran a casa. Se cubrió con la bata para bajar, y su rostro reflejó una enorme sorpresa cuando vio quién estaba tras la puerta.
—¡Hola!-saludaron Tomoyo y Naoko, con luminosas sonrisas.
—Chicas… ¿q-qué hacen aquí?
—¡Oh por Dios! ¿¡Aún no estás preparada?!-se asombró Tomoyo al ver su aspecto. Sakura también se inspeccionó, con timidez. —Esto es más grave de lo que pensé-la tomó de la mano, para subir corriendo por las escaleras. Naoko iba tras ellas, cargando con unas bolsas.
—¿Tomoyo, qué…?-cuando su amiga abrió la puerta, Sakura sintió la mejillas teñírseles de rojo al ver que su ropa interior también estaba a diestra y siniestra en el piso. —Lo-lo siento, está un poco desordenado.
—Sakura, ¿por qué no nos llamaste si necesitabas ayuda?-la reprendió Tomoyo, mientras recogía unas cuantas prendas para lanzarlas a la cama.
Naoko dejó las bolsas sobre su escritorio, mientras recuperaba el aliento tras la carrera y lograba decir:
—No hay tiempo, Tomoyo. Tu cita es a las 8, ¿no es verdad Sakura?
La aludida parpadeó. Aún no entendía por qué sus amigas habían llegado hasta su casa, subido a su cuarto tan de prisa y ahora hablaban de que tenía una cita (sobretodo Naoko, a quien Tomoyo debió haberle contado con esas palabras) cuando ella no se acostumbraba aún a llamarle por ese nombre; de sólo pensarlo se le subía la sangre a la cabeza, y no quería que Shaoran la viera llegar tan roja como una manzana a las...
—¡¿Qué hora es?!-se alarmó, buscando su reloj. Cuando vio la hora, casi se muere de un susto. Pero aquello no se comparó a cuando Naoko caminó hasta donde estaba su reloj despertador, no precisamente para verlo de cerca, sino para tocar al muñequito amarillo sentado a un costado.
—Qué lindo peluche-dijo Naoko, acariciando su cabeza—¿De qué material está hecho? Este pelo es muy real-dijo, jalando su cola tan fuerte que el rostro de Kero formó una aterrada mueca de dolor.
—¡Naoko, tienes razón!-gritó Tomoyo, también nerviosa—Ya no tenemos tiempo ¿Por qué no me ayudas?
Sakura sintió que su corazón volvía a latir normalmente. Eso había estado cerca…
Sus amigas comenzaron a moverse alrededor de ella, desempacando lo que sea trajeran en sus bolsas. No quería ser dura con ellas, pero no tenía tiempo para ver lo que habían adquirido en su día de compras. ¡Tenía una ci-…! ¡Tenía que juntarse con Li a las 8 en punto en el Planetario!
—Espero no haberme equivocado de talla-dijo Tomoyo, mientras sacaba un vestido verde, estirándolo frente a sí.
—Es muy bonito-susurró Sakura, admirándolo sin aliento. De seguro se le vería precioso, porque tiene ese aspecto tan fino como Tomoyo.
—Sí. Y es tuyo.
—¿Eh?
—Es un regalo de nuestra parte-agregó Naoko sonriente, acercándole la prenda.
Sakura la tomó, aún aturdida.
—¿P-pero… por qué?
—Sakura, ya no hay tiempo para darte nuestros motivos. ¡Sólo póntelo y ya!-exclamó la de melena y anteojos.
Las chicas se voltearon para darle más privacidad, y siguieron sacando cosas de sus bolsas.
Sakura sonrió, con los ojos nublados de la emoción. Aunque no las hubiera llamado, ellas estaban ahí para ayudarle; tan preocupadas como cuando comenzaron a entablar amistad, Naoko y Tomoyo hacían todo lo posible por ayudarla...
—Ya estoy lista-dijo luego de un momento.
El par de amigas volteó, soltando un chillido que la asustó.
—¡Aww, te ves divina!-saltaba Tomoyo.
—¡Te sienta perfecto! Li no podrá quitarte los ojos de encima.
Mientras se miraba en el espejo-con la cara roja, demás está decir- y descubría lo distinta que se veía envuelta en la delicada tela verde esmeralda, intentaba ponerse en el lugar de él cuando se vieran. ¿Sería como Naoko decía? ¿No le quitaría los ojos de encima, tal como le pasaba a ella cada vez que estaba cerca?
De pronto sintió que alguien más la miraba, además de Tomoyo y Naoko que ahora se acercaban para arreglar su cabello. La mirada en cuestión provenía desde otro lado, y era un tanto intimidante, porque le dejaba la sensación de que un hielo se deslizara a lo largo de toda su espalda.
—Li se morirá de la impresión-comentó otra vez Naoko, con una risa.
Sakura no pudo sonreír. Seguía molestándola esa sensación que parecía provenir de…
—¡Kero!-exclamó para sí al ver por el reflejo al muñequito de pie, los ojos abiertos al máximo y su pecho acumulando aire para vociferar una explicación. Y claro que la merecía, ¡se había enterado que se estaba arreglando para salir con Shaoran, su adorado antiguo dueño!
—¿Pueden salir por un momento?-pidió a las chicas, arrastrándolas precipitadamente a la puerta con una sonrisa forzada—N-no tardo.
Apenas cerró la puerta, Kero se abalanzó sobre ella con los ojos desorbitados.
—Tú… el joven Shaoran…. ustedes…. –balbuceaba entre dificultosos respiros. Parecía a punto de sufrir un síncope.
—Ssh, Kero-intentó hacerlo bajar la voz—p-puedo explicártelo.
Empezó a preocuparse cuando vio algo parecido un tic que lo hacía cerrar continuamente el ojo derecho. No tenía muchas esperanzas de sobrevivir si él se transformaba en una bestia y la atacaba.
—¿Cuándo pensabas decírmelo?
—Lo siento. No sabía cómo…
—¿Ustedes están saliendo?-exigió saber—¿¡Son nov-¡?
—N-no, Kero. Es sólo… yo le he dicho mis sentimientos y… él fue muy amable en aceptar mi invitación hoy.
El guardián se dio unos minutos para ordenar sus pensamientos. Después de hacer las asociaciones correspondientes en su diminuta cabeza, pudo preguntar:
—¿Él no te ha respondido?
—No, tampoco espero que lo haga. Para mí las cosas están bien así-sonrió ella, no sin algo de tristeza—¿Estás molesto?
—No lo sé.
—Kero…-murmuró afligida. No podría soportar que Kero la odiara...
—Es extraño-confesó el guardián, cruzando los bracitos sobre el pecho—No pensé que llegara a gustarte, aunque no te culpo, el amo es muy atractivo y generoso. Es el mejor amo que cualquier pudiera tener… Aunque tú tampoco lo haces mal.
—¿Uh?-ella ladeó la cabeza.
—Sí, sí, yo… -Kero miró hacia la pared, sintiendo de pronto mucha incomodidad mirándola a la cara para confesarle lo que llevaba pensando esos últimos días de convivencia—He aprendido a llevarme bien contigo. Supongo que no me molesta que estés enamorada de él, después de todo… eres una buena chica.
Ella le miró con los ojos abiertos, brillantes y su boca formó una O, hasta que susurró bajito:
—Kero-él alzó una ceja confuso, porque no se le veía contenta, sino como si estuviera a punto de llorar y… lanzársele encima—¡Eres muy lindo!
Tal como pensaba, sus más de cincuenta kilos se le arrimaron con entusiasmo. No era que le desagradara sentir cariño, pero no estaba acostumbrado a recibir muestras de afecto, sino a darlas, y ser ignorado y hasta reprendido por su antiguo amo cuando se ponía afectuoso.
—Ya, cuidado, me ahogas-dijo, al hacérsele difícil el respirar.
—¡Muchas gracias!.
—Ya, ya, ya. Mejor dejas entrar a tus amigas para que terminen de arreglarte. Vas a necesitar esforzarte mucho para ganarte el corazón del joven Shaoran.
—Mh Hmm-asintió la muchacha, con entusiasmo.
Quedaban sólo diez minutos, y más valía correr para no llegar tarde. Lamentó su impuntualidad, pero no era a propósito, siempre algo le impedía de llegar a la hora. Las chicas habían llamado un taxi para que lograra arribar puntual, pero había un tráfico horrible en la avenida, y decidió que corriendo habían más posibilidades. Era una cuestión karmica, y en eso no había mucho que hacer. Y aunque estaba llena de esperanzas de alcanzar a la entrada cuando quedaba apenas un minuto, nuevamente el destino se burlaba de sus buenas intenciones y ponía una piedra-bastante grande- en el camino.
—¡Vaya, pero qué gusto!-exclamó el obstáculo entre la entrada del Planetario- y posiblemente el mismo Shaoran esperando en algún lado- y ella. —Ha pasado tiempo sin vernos, Kinomoto. ¿Cómo has estado?
No quería que arruinara esa noche. Por eso puso su mejor sonrisa para responder "estoy muy bien, gracias", rogando porque fuera suficiente.
—¿Y esta quién es?-escuchó a Kero mascullar oculto en su mochila. No porque esto fuera una cita iba a dejar de lado sus responsabilidades como guardián, le había dicho con rigor. Y Sakura no pudo negarse, pese a que le daba mucha pena que pudiera estar al tanto de cómo se comportaba ahora que sabía lo que sentía hacia Li.
—No parece que estés tan bien-observó Yukiko, acomodándose sus anteojos para hacerse la reflexiva. —Te ves un poco triste
—No. No lo estoy-le respondió, tras palparse inconscientemente la cara.
No podía caer en esas mentiras. Aún si tuviera un semblante entristecido y ella lo notara, no se preocuparía sinceramente.
—¿Y por qué estás tan sola? ¿No hay algún chico que te acompañe?-cuestionó Yukiko, rodeándola con el regocijo de un depredador que sabe pronto verá destruida con sus garras su presa—¿Vas a decirme que no has conocido a nadie durante las vacaciones? Porque si es así no te preocupes, aún estás a tiempo. Puedo invitarte a venir, hoy tenemos fiesta y habrán chicos que pueden interesarse en…
—No gracias-la interrumpió Sakura diplomáticamente—Voy al Planetario.
—Ah. Ya veo, qué interesante. Muy… educativo-Yukiko rió estrepitosamente al encontrar la palabra, y volteó a mirar a su espalda. Sakura guió sus ojos al mismo lugar, encontrándose con Masashi a unos metros, y otro par de chicos que no había visto en su vida. —¡Eh, Kiwamura!... Esto lo hago porque me caes bien, Kinomoto-dijo, dirigiéndose de nuevo a ella y esbozando una sonrisa que no le dio bueno espina.
El tiempo le había enseñado a no fiarse de Yukiko Mitsu.
—Este es un amigo mío: Hayakari-señaló a un chiquillo alto y delgado, de ropaje negro y cabello amarrado en una coleta desaliñada. El sujeto le sonrió. Tenía un asomo de barba y los dientes amarillos por el tabaco—Hayakari, esta es Sakura Kinomoto, una chica que va conmigo a Seijo.
—Hola.
Ella dio una cabezadita afable. No era tan grosera para negarle el saludo a alguien, por muy poca confianza que le inspirara su apariencia y esa bolsa con latas de cerveza que cargaba en la mano.
Miró a Masashi más allá, que fingía no interesarse por lo que su novia hacía, y abría una de las latas-porque también cargaba su propia ración- para beber un sorbo.
Había cambiado tanto que ya no reconocía a su amigo y compañero de atletismo.
—Kinomoto está pronta a entrar al Planetario sola, y creo que es una lástima, porque es un viernes ¡y la noche promete tanto!-decía Yukiko con teatralidad—La invité con nosotros para que nos acompañara a la fiesta, pero está tan entusiasmada con esta… actividad educativa. Quizás puedas quedarte a convencerla, ¿no crees?
El chico se sonrió con complacencia, mirando a la muchacha de arriba abajo.
—No hay problema.
—No es necesario-dijo la aludida, sintiendo un escalofrío ante la insistente mirada del extraño.—Luego me iré a casa.
—Pero Hayakari puede acompañarte. No es bueno que camines a solas por la noche.
—Yo te encaminaré-se ofreció el muchacho, engrosando la voz para decir después:—O si quieres podemos ir a mi casa después. Hoy estoy solo.
Sakura vio por el rabillo del ojo a Yukiko sonreírse divertida, mientras Hayakari pasaba un brazo por sus hombros. El hedor a cigarrillo le revolvió el estómago y trató de apartarse.
—E-estoy esperando a alguien-debió confesar, con la ilusa confianza de que eso lo aislaría al instante.
—¿Ah sí? Pues yo no veo a nadie. Quizás te dejaron plantada, Kinomoto.
Las venenosas palabras de Yukiko hicieron mella, aunque no quisiera, en su corazón, sembrándolo de incertidumbre.
¿Y si él se arrepintió?...
—¿Quién era ese chico con el que te reunirías?... ¿Li?-Yukiko se rió de su ocurrencia. —Uy, de seguro Li moriría por venir a ver las estrellas contigo. ¿Por qué no te rindes, y ya? El chico tiene una novia y es bastante más guapa que tú, aunque te esmeres en arreglarte.
—Yukiko, no seas tan pesada-la calló Hayakari, alzando la cara de la muchacha para ver con detenimiento sus ojos—Yo creo que es muy bonita.
Ella desvió la mirada, aborreciendo el brillo extraño con el que la exploraba.
—El que te dejó plantada es un imbécil-dijo el amigo de Mitsu, con una mueca—No sabe valorarte.
¡Basta! Shaoran no la había dejado plantada. Algo debió haberle pasado. Algo lo estaba retrasando, porque él había aceptado la entrada y sabía que en unos minutos estaría ahí.
—Quizás encontró que sería más divertido revolcarse con su novia-dijo Yukiko, abriendo viejas heridas y recuerdos en la chica.
"Confío en el amor de Xiao Lang, ¿sabes por qué? Bueno, me lo demuestra cada noche, cuando tú y los demás duermen; es el momento perfecto para que dos personas comprometidas como nosotros, manifiesten toda esa pasión que sienten".
Desearía tanto poder eliminar el recuerdo de ese fastidioso rostro petulante y sus palabras…
—No tienes como pelear contra eso, Kinomoto. Si ella le ofreció una buena noche de sexo, tus estrellitas no pueden hacer mucho.
—¿Por qué tan tímida?-sonrió Hayakari, cuando la apretó más contra sí y la sintió tensarse. —Si no te gusta el público podemos ir a mi casa ahora mismo, y hacer algo parecido…-él acercó a su cara; sus labios se dirigían a tocar su mejilla, y Sakura (y Kero que estaba en su límite oculto en su cartera) juró que antes de que lograra hacerlo le daría una bofetada o una patada en su entrepierna olvidando la amabilidad, cuando ocurrió lo inesperado…
—Siento la demora.
El personaje en cuestión bajó de una bicicleta azul, esa que le regalara su hermana hacía un poco más de un mes, dejándola afirmada en el muro que rodeaba el recinto del planetario, caminando hacia los tres con la seriedad acostumbrada.
—¿Li?-balbuceó Yukiko atónita, atusándose el cabello apenas se recuperó de la impresión.—¿C-cómo estás? ¿Qué estás haciendo aquí?
Él pareció no escucharla, porque no la miró, dirigiéndose en cambio a Sakura mientras se sacudía sin necesidad la manga de su chaqueta marrón.
—Espero que aún no hayan comenzado.
Y la niñera no le respondió, pese a que su boca estaba abierta.
—¿Este chico es al que esperabas?-preguntó Hayakari, que la había soltado y ahora miraba curioso al recién llegado que le superaba unos centímetros en altura.
—Disculpa, se nos hace tarde-dijo Li precipitadamente, tomando la mano de la jovencita y obligándola a avanzar abriéndose paso entre Yukiko y su amigo. Lo último que Hayakari vio fue sus ojos ámbar brillando peligrosos cuando lo miró de reojo.
Había alrededor de una treintena de personas haciendo la fila para entrar, desde niños a abuelos. El Planetario ocupaba un gran espacio, por lo que el joven chino se sorprendió de no haberse dado por enterado de su existencia cuando transitaba por esas calles. Estaba rodeado de una gran cantidad de vegetación, y alrededor había bancos para que las personas pudieran ir y disfrutar también el exterior, con una bonita vista.
Sakura había tenido la oportunidad de ir un par de veces a compartir una tarde de picnic con sus amigas en la secundaria. Y si bien todo estaba remodelado desde ese entonces, no se percató de ello. No, porque sus ojos estaban prendidos a la amplia espalda de la persona que avanzaba delante de ella, la que de un momento a otro soltó su mano, escondiéndola junto a la otra en los bolsillos, y siguiendo apaciblemente el camino sin muestras de la prisa con que se había despedido de los dos personajes a la entrada.
Recién en ese momento su cabeza terminó de hacer todas las conexiones, desde que apareciera bajando de la bicicleta hasta que dejó de sentir el calorcito en su palma, y las abrumadoras sensaciones que le impedían decir algo le dieron una tregua.
—Pensé que… no querías venir-murmuró, tocándose instintivamente la mano que él había tomado.
Shaoran la miró, enarcando una ceja en una expresión que Sakura le había visto muchas veces cuando algo le parecía raro, y que tantas veces encontró adorable, también.
—¿Por qué no?
—Por… no sé… Tal vez tenías… -Sakura miró al suelo, mientras tragaba con dificultad al cruzársele la nefasta imagen de él y Nan juntos—otras cosas más interesantes que hacer.
—Bueno, sí… -aceptó el chino, y Sakura sintió que un pedacito de corazón se le congelaba—Xue quería que le ayudara a hacer mágicamente su tarea de verano y Lei quería que fuese su dragón. Fuera de eso, no había nada.
Sakura agrandó los ojos boquiabierta, y luego rió abiertamente. Shaoran se tomó el tiempo para contemplarla con más detenimiento, encontrándose con que su cabello parecía más largo y lacio, y que el vestido verde que llevaba resaltaba el color melocotón de su piel. No era así como recordaba haberla despedido en el templo…
Repentinamente, ese descubrimiento lo hizo sentir demasiado importante y halagado. Era la primera vez que podía asegurar con certeza absoluta que Sakura Kinomoto se había vestido y peinado así para él, sólo para él.
Sonrió ligeramente. Valía la pena entonces haber montado una bicicleta y pedaleado como energúmeno para llegar a tiempo y no dejarla plantada. Lo había dudado todas esas horas, porque no pretendía darle alguna clase de esperanza. Mucho menos ahora que debía abandonar Tomoeda en cuestión de días.
No obstante, imaginársela sola en ese lugar no le hubiera dejado conciliar el sueño, y agradeció haber resuelto acompañarla antes que buitres como el que habían dejado atrás comenzaran a acecharla (buitre idiota con suerte, porque de no ser porque la función estaba por comenzar se hubiera quedado a partirle los huesos).
Esos eran sus únicos motivos. ¿No tenían por qué haber más, no?
—Parece interesante-opinó tras un silencio, mirando hacia el planetario para continuar lo poco que quedaba de camino. Desde pequeño le agradaba aprender nuevas cosas, y además de la arqueología, la astronomía también fue una de sus grandes pasiones desde niño. Ahí tenían otra razón, ¿contentos?.
Sakura parpadeó al ver que se alejaba, siguiéndolo aliviada y contenta.
—Tomoyo dice que hablarán sobre las constelaciones, nebulosas y planetas, y que también se puede ver la luna por un telescopio. Con mi hermano le regalamos a papá un telescopio para uno de sus cumpleaños, pero este telescopio debe ser muchísimo más grande, así que ha de verse increíblemente enorme y bonita…
El entusiasmo que despedía la muchacha era contagioso. Shaoran la vio sonreír desde antes de entrar, y cuando ya tomaron ubicaciones en los puestos, era indudable lo emocionada que se encontraba; continuaba hablándole y hablándole sobre lo que había logrado ver en el cielo, desde estrellas cayendo, hasta Venus. Guardó silencio sólo cuando las luces del lugar comenzaron a apagarse.
—¡Va a comenzar!-fue lo último que le escuchó decir bajito, mientras daba algo parecido a un salto y se inclinaba hacia adelante expectante.
Resguardado por la completa oscuridad, él formó otra sonrisa. Estaba seguro que de haber sido Xue o Lei quienes estuvieran sentados a su lado habrían tenido el mismo comportamiento. Y quizá también hubieran despertado en él algo así como ternura.
El presentador les dio la bienvenida, y de pronto al comienzo de una música se encendieron miles brillantes puntos celestes sobre sus cabezas y bajo sus pies. La sensación de que estaban girando alrededor de ellos le hizo sostenerse mejor de su asiento y contemplar pasmado el espectáculo.
Aparecieron de pronto los nueve planetas y el Sol al centro, mientras el expositor relataba su ubicación, sus características, llegando finalmente a la Tierra y sus orígenes.
Como Sakura esperaba-o eso pudo entender cuando la miró de soslayo y la vio sonreír aún más-mostraron la Luna, sus cráteres y sus fases. Sin duda la más admirable era la Luna llena. Shaoran debía admitir que tenía uso de razón había pasado incontables noches mirando al cielo y buscando su ubicación, prendido por horas cuando ésta era una inmensa esfera, la cual estaba seguro de poder tocar si subía a la parte más alta del techo de su casa, cosa que claramente no intentó por miedo a ganarse un castigo de su madre.
El escenario cambió y los planetas desaparecieron, volviendo otra vez la oscuridad de la galaxia y las infinitas estrellas. Cuando estas comenzaron a caer, el público pronunció un sonido de admiración; era una lluvia de meteoros, explicó la voz, y Shaoran se encontró alzando la mano al mismo tiempo que su acompañante, con la ilusión de tocar una que se dirigía hacia ellos. Y el estremecimiento que le sobrevino con el simple roce, fue similar al que sintió al darse cuenta que la tenía sostenida de la mano cuando avanzaban a la entrada; una mano bastante más pequeña en comparación a la suya, de un tono más claro y de apariencia frágil.
—¿También querías tomarla?-escuchó a la niñera decir, en medio de una risa. A fin de cuentas, sus ojos no tenían nada que envidiarle a todas esas luces que la rodeaban, porque ella, como las estrellas, tenía luz propia.
¿Qué es esto? ¿Ahora te dedicas a hacer poesía?, lo puso en ridículo la misma vocecita interior de la tarde, y tras percatarse de pronto de lo embarazoso de la situación, bajó su mano, escondiéndolas en los bolsillos de su chaqueta.
Siguieron las constelaciones más famosas y fáciles de distinguir. De pronto en algún rincón del techo se trazaba una línea que unía tres o más puntos, los que el presentador nombraba como Osiris o Tauro. Él estaba seguro que no podría recordar ninguno de esos nombres, porque de un momento a otro comenzó a ser demasiado consciente de la presencia de la chica a su derecha, lo que lo hacía removerse inquieto en su asiento.
Kinomoto le había asegurado que no se rendiría e iba a conquistarlo, cuestión que lo hacía preguntarse si esto que estaba pasando ahora formaba parte de esa promesa. No es que se sintiera intimidado y con el temor de que pronto le saltaría encima, o utilizara descaradamente una técnica para seducirlo (ya había vivenciado en el pasado una chica arremangándose la falda exageradamente al cruzarse de piernas, o a otra apoyando la cabeza en su hombro rozando tentadoramente su brazo, o a otra despejarse el cabello continuamente para darle una vista de su cuello y su escote), pero pese a lo inofensivo del momento, de lo poco que podría significar un accidental roce de manos, sentía que algo lo perturbaba por esa cercanía, por esa oscuridad, por ese vestido, por esa confesión de hacía unos días y el beso que él mismo le había robado. Está mal, condenadamente mal, porque no siente lo mismo y terminará haciéndola sufrir, principalmente ahora que se marchará...
Y en cuanto a eso… ¿Cómo iba a decírselo?
—¡Estuvo increíble!-exclamó ella cuando salieron—Y hasta nos regalaron un llavero-celebró, contemplando el objeto con forma de Sol que le hicieron entrega en la puerta. —¿Qué te dieron a ti?
Shaoran le mostró su llavero de Luna llena, a lo que ella acercó su rostro para mirarlo con detenimiento.
Y está muy mal que él tenga que aprovechar a dar un vistazo a sus labios brillantes, los cuales forman de pronto una cálida sonrisa.
—El sol y la luna-murmuró ella absorta, entrecerrando la mirada—Son muy opuestos, ¿verdad?
Tan opuestos como ellos mismos, quiso agregar él. Sakura tenía en su sonrisa la calidez de un sol, esparcía alegría y todo parecía girar en perfecta armonía con ella. En cambio él siempre tendría el aspecto frío y cambiante de la luna, sin luz propia y con una existencia que no marcaría la vida de muchos, pues las personas viven la mayor parte de sus vidas acompañadas de la luz del sol.
Por un demonio, ¿por qué de nuevo piensas tonterías?, se reprendió hastiado. Todo ese asunto de los Thang, la muerte, el peligro de su madre parecían tenerlo demasiado sensible. O es Shiefa y su sentimentalismo contagioso.
—…y nunca pueden encontrarse-terminó diciendo ella, percatándose de pronto de lo raro que podía haber sonado todo eso y enderezando la espalda, sonrojada—Hoe, lo siento. Re-recordé un cuento que Naoko me leyó una vez.
—¿De qué habla?
—¿De verdad quieres escucharlo?-ella se rascó la cabeza, algo avergonzada. Shaoran asintió, lo que la hizo tomar aire, mientras jugaba con el obsequio entre sus manos—Bueno, el Sol y la Luna eran amantes, pero al crearse el mundo fueron separados y destinados a no verse. El Sol brindaría luz a las personas durante el día, mientras que la Luna acompañaría con su pálido brillo por las noches-relató ella, que mientras caminaban miraba hacia el cielo la luna menguante de esa noche, y la calzaba con el Sol de su llavero—Ambos sufrían por esa separación. Dios había pedido a la Luna ser siempre llena, pero su tristeza no le permitía mostrarse de esa forma, y a veces sólo mostraba una parte de su cara, ocultando la otra para que los demás no adivinaran su pena. Fue así que Dios decidió crear los eclipses. Cuando estos ocurren, las personas ven al Sol o la Luna desaparecer por unos momentos; son esos momentos los que les permiten reencontrarse y volver a amarse como antes.
Shaoran frunció el ceño.
—Es cursi-opinó con franqueza.
—Sabía que lo dirías-se rió ella, para luego cruzarse de brazos, simulando estar ofendida—Pero es una historia romántica, y muy famosa en todo el mundo.
—Como digas.
—Debe ser horrible estar lejos de esa persona.
Shaoran intentó ignorar el nudo que le asfixió de la nada, entre el pecho y la garganta. No le gustaba el rumbo que estaba tomando esa conversación.
Hubiera sido mejor jamás haberse enterado de esos sentimientos de la chica, porque así su abandono del país no le causaría esa culpa que pesaba kilos en el corazón.
—Te llevaré a tu casa-le ofreció al llegar afuera, indicándole que se sentara en la parte posterior de su bicicleta.
Sakura obedeció en silencio, agarrándose un poco de su chaqueta cuando comenzó a pedalear. Quiso sugerirle que podía sostenerse más fuerte rodeándolo por completo con sus brazos, pero se arrepintió de ello considerándolo mala idea. Lo más sano es que tuvieran el menor contacto físico posible.
—Cuando tú te vayas a Hong Kong… -musitó ella, unas cuadras más allá—…¿vas…? ¿vas a volver a visitar Tomoeda algún día?
¿Por qué tenían que hablar de ese tema?
¿No sería mejor que siguiera contándole acerca del telescopio de su padre, o de esas historias melosas que leía su amiga?
No quería recordar la charla con su madre, y menos verse obligado a decirle que era muy improbable el que volviera a pisar tierra nipona por varios años. Le aguardaban asuntos importantes apenas terminaran con el problema de los Thang.
—Ojalá puedas volver-su voz fue un triste suspiro. Shaoran sintió que todos los nervios de su espalda estaban tensos, demasiado sensibles a esas dos pequeñas manos que se apoyaban en ella—Quizás hasta regreses con tus hijos y tu esposa a pasear por vacaciones-ella se esforzó por soltar una leve risa, esperando que los niños no heredaran el carácter mimado de Nan Wu; suficiente tenían con ser esquivos y orgullosos como Shaoran, y si así fueran no sería nada de malo…. Imaginar cómo sería un hijo suyo le despertaba una inmensa ternura—Si lo haces… si regresas deberías avisarme. Así yo podré verte, aunque sea sólo una vez más.
Las manos de ella rodearon su espalda, cerrándose en su estómago, justo donde se le funde la sensación amarga de sus afligidas palabras.
Parece un mundo paralelo, uno que gira y lo pone inestable como esa enorme cúpula en el planetario, donde había estrellas por donde mirase. Sobre esa bicicleta la sensación es igual. Las manos que se cierran en su estómago, ese cuerpo y ese rostro recargados en su espalda lo hacen sentirse desorientado, lo hacen preguntarse si realmente es él, Shaoran Li, el que pedalea en esa noche por una avenida tan lejos de su país, o esto es un sueño que ha durado demasiado tiempo y del que cuando despierte sólo el calorcito en su espalda y su abdomen le dirán que ahí alguien dejó marcada su huella. Alguien que estará esperando pacientemente que regrese a un rincón de Japón llamado Tomoeda.
Perdió el control de la bicicleta en una mala maniobra al intentar esquivar un bache, y notó el abandono de las manos de Sakura cuando chocaron contra las pequeñas rejas que protegían el césped de una pequeña plazoleta, cayendo de costado sobre el pavimento, con la bicicleta encima.
—Demonios-gruñó, cuando al incorporarse sintió el hombro resentido. Aún no cicatrizaba el corte que le habían hecho esos hombres en la playa. Levantó la mirada buscando a Sakura, quien estaba arrodillada en el suelo, mirándose detenidamente las palmas raspadas contra el concreto, con el rostro cubierto por su largo cabello.
Es así como todo vuelve a ser real; el dolor de la caída, las manos heridas de Sakura, el latido fuerte de su corazón, el calor al tomar esas manos entre las suyas y lo mucho que temblaban.
Shaoran siente que está donde debe estar, y la imagen de sí mismo en la oscuridad de su enorme cuarto a kilómetros de distancia, mirando la luna como si aguardara siempre por algo, se le hace ajena.
Porque esta es la realidad.
—Perdóname-dijo ella, la voz estrangulada. Las lagrimas caían copiosamente de sus mejillas y salpicaban en sus rodillas, lo que en un comienzo le hizo pensar que se había lastimado seriamente.—Perdóname, porque cuando pienso que vas a casarte con Nan siento tanto rencor dentro de mí que me asusta-Shaoran abrió los ojos, dejando de respirar ante lo inesperado de sus palabras—Y no sólo es por Nan, también por Yi Ze, porque ella se lleva muy bien contigoy ha entrenado duro y se convertirá en una gran hechicera; Mizuki dice que podrá ocupar el lugar de su madre en un futuro en Hong Kong, mientras que yo no podré verte nunca más, no sabré nada de ti…
Hasta entonces no lo había imaginado con tanta claridad como ahora. La distancia entre ellos sería abismante, y él no tendría la oportunidad de volver a compartir con ella una tarde como aquélla; pese a que existiera el correo o el teléfono, Shaoran no sabía cómo podía remediar el extrañar estrechar esas manos pequeñas y suaves entre las suyas.
—¡Qué tonta!-exclamó ella de improviso, soltándose con una risa forzada y dejándolo con las manos estiradas. —A veces soy tan llorona. No me hagas caso, jajaa-se pasó el dorso de la mano por los ojos, secándose las lagrimas con rapidez, soltando luego un suspiro hondo—Será mejor que nos apresuremos. No sería bueno que llegaras tarde a casa; la señora Shiefa y Nan se preocuparan por ti.
Así que era por eso. Todos sus extraños comportamientos hacia él tenían motivos, y eran celos.
Sakura se levantó, sacudiendo su vestido, esperando que un agujero en la tierra la absorbiera y le evitara el bochornoso momento. ¿Por qué tenía que ser tan impulsiva y decirle lo celosa que era? ¿Por qué tenía encima que llorar? Era difícil manejar esas emociones que se le desbordaban al más mínimo descuido cuando él estaba tan cerca, ¿pero porqué tenían que descontrolarse hoy, justo en su cita?
¡Por Dios! Las cosas no podían salir peor… O quizás sí, si le agregamos el hecho que comenzaron a oírse unas suaves carcajadas que Sakura reconoció eran de Li.
—"Mira lo que lograste. Él se está riendo de ti"-se dijo angustiada, sin valor para darse la vuelta. Tal vez lo mejor era que se fuese sola, que corriese hasta su casa, se encerrara y no volviera a salir de su habitación hasta que él olvidara el horrible papelón que acababa de hacer.
—¿Por qué pensaste que podía haber algo entre Qian y yo?-preguntó entonces el chino, cuando sus propias risas le dieron una tregua.
—Bueno, p-porque cuando llegaste a Japón la buscabas y…
—Ella sabía información del tablero-la cortó Shaoran, invalidando su argumento.
—...ella comenzó a entrenar para ayudarte…-intentó Sakura otra vez.
—Ella entrena porque tiene asuntos pendientes con Ho Thang-volvió a replicar él con serenidad.
Sakura volteó con el rostro sonrojado, ofuscada.
—¡En-entonces, es porque tú la tenías muy cerca cuando ella estaba en el árbol y…!
"¿¡Qué estás diciendo?!", contuvo el aire espantada. Se suponía que él no debía saber que los había espiado. ¡Ahora pensaría que era una psicópata!
—Ah. Nos viste-dijo él sin expresividad.
—Sí.
—¿Y qué se supone que hacíamos?
Sakura calló. No había logrado ver nada desde donde estaba, y ahora estaba considerando la probabilidad de que, en realidad, no había nada más que ver.
Mientras pensaba en lo que iba a responder, sintió que Shaoran se acercaba a ella, lo que la hizo retroceder mecánicamente, con los ojos fijos en sus sandalias. Si trataba atemorizarla lo estaba logrando; iba a pedirle una disculpa por las tonterías que estaba diciendo y prometería no entrometerse más en su vida, si eso lo enojaba tanto.
—¿Hoe?-Sakura sintió sus tobillos chocar con algo sólido. Llevó las manos hacia atrás para tocar la textura de lo que parecía ser el tronco de un árbol.
—¿Y bien?-preguntó él desafiante, apoyando una mano a un costado de su cabeza.
—¿Y bien qué?-devolvió ella la pregunta, sofocada.
Shaoran sonrió y un gracioso hoyuelo se dibujó en su mejilla izquierda por tres segundos. Sakura nunca había tenido la oportunidad de contemplarlo, y la emocionó el que pudiera verlo por primera vez a escasos centímetros.
—Se supone que esto es lo que viste entre Qian y yo. ¿O algo más?
—N-no sé, no me fijé-balbuceó, todavía pensando en el hoyuelo.
—¿Quiere decir que te rindes?-dijo él con la voz ronca tras unos segundos en los que Sakura estaba segura que estaba escuchando su corazón latir a un volumen desenfrenado. De nuevo su voz parecía estremecer cada centímetro de su piel—Creí que ibas a dar tu mejor esfuerzo para conquistarme…
—¡No he dicho que me rendiré!-refutó con seguridad.
—Me alegra oír eso-murmuró el chico para sí, sin creerse lo que estaba diciendo.
¿Le alegraba…? Sakura no daba crédito a lo que había escuchado. ¿No iba a enfadarse por toda esa bobería de sus celos y…?
Dios, ¿era su imaginación o Shaoran no había dejado de mirarla durante todo ese tiempo? Y eso debía ponerla contenta, pensó, porque el vestido, el cabello, el tenue rubor que puso Tomoyo en sus pómulos y el brillo sabor cereza en su boca tenían ese fin.
—"Mejor di algo"-la urgió una voz en su cabeza, mientras su cara comenzaba a sonrojarse. Tomoyo le había dicho que sólo tenía que ser ella, pero resultaba más arduo de lo que imaginó, mucho más si Shaoran hacía eso de acorralarla como había ocurrido esa noche que le dijo sus sentimientos y la había besado—Yo… T-te quería dar las gracias.
Una brisa vino hacia ellos, mezcla de decenas de aromas estacionales, peinando el cabello de Sakura hacia atrás, alentándola a proseguir.
—Me hace muy feliz el saber que he hecho muchos recuerdos contigo-confesó, suspirando satisfecha, alisando con las manos y sin necesidad el vestido—Aunque algún día te marches, estoy segura que esta noche será uno de mis más preciados momentos. Gracias.
Se siente un completo idiota. Ha sido él quien de la nada ha tenido la valentía de acercársele, le ha preguntado incluso si seguirá conquistándolo; ha buscado ponerla nerviosa, y ahora que lo ha conseguido y ella dice esas palabras tan dulces, el mundo se le ha caído encima. Se siente diminuto, demasiado vulnerable. Las orejas se le han puesto rojas, tanto que llegan a doler.
"No puedo decírselo…", piensa, quitando la mano del árbol y retrocediendo. ¿Cómo contarle su regreso a Hong Kong si ésta noche era uno de los recuerdos más bonitos para ella?
Porque Sakura también es cruel, y Shaoran no entiende cómo es que aún no se da cuenta. ¿De verdad no lo hace a propósito? Cada palabra, cada gesto suyo lo descoloca y lo deja reducido a un montón de sangre hirviendo, el corazón saliéndose de su compás, y una tensión dolorosa en todo el cuerpo que sabe no se calmará hasta que la toque.
—Fui yo quien lo quise así-dijo, al ver su rostro aproblemado. No quería comprometerlo con todo lo que estaba diciendo, sólo sentía que debía ser sincera con sus propios sentimientos, no guardar todo eso que parecía querer asfixiarle el corazón si seguía esforzándose en ocultarlo. Sakura sonrió con ternura—No tienes que sentirte culpable.
Él miraba hacia otro lado, con las mejillas tenuemente sonrojadas.
—Yo estaré bien-susurró.
Shaoran no puede creer que hable del tema con tanta liviandad. Se trata de sus sentimientos, de que él no siente amor por ella y de que no puede aprovecharse de eso para besarla o tocarla a su antojo sólo porque siente que no puede controlarse.
Sakura ya ganó, no hace falta que intente esforzarse más en hacer que se fije en ella, porque este asunto lo está volviendo loco, y aunque segundos atrás disfrutara con ponerla nerviosa al atraparla entre su cuerpo y el tronco de ese cerezo, ahora no sabe cómo controlar su corazón para que no se le escape por la boca cuando es ella quien se aproxima despacio, intoxicándole con su respiración agitada y caliente, que al pasar el nudo en la garganta siente que ha tragado arena y su boca esta seca, mientras contempla los labios llenos de la muchacha acercarse y entreabrirse dejando ver un espacio que le provoca esa sed. Sus narices chocan, se rozan, porque ella parece que no logró dar con el ángulo perfecto. Shaoran refunfuña, porque si fuera un poco más atenta a los números y las relaciones espaciales se daría cuenta que para que sus dos bocas se encuentren se necesita que ella incline su cabeza treinta grados, y él otros treinta al lado contrario, más unos cinco centímetros de acercamiento el problema se resuelve.
De todos modos, no importa. Él puede enseñárselo cuantas veces quiera, hasta que lo aprenda bien, porque le gustan los números, y le gusta también besarla.
—Déjame guardar esta memoria también-susurró Sakura en su boca.
Él no recuerda si le respondió. Sólo fue consciente de que tomó su nuca y la acercó todo lo posible, embistiéndola con la lengua y buscando la suya, atrapándola, enredándola y dejándola ir para seguir el mismo juego, olvidándose un minuto de todo.
Sakura llevó sus manos hasta su rostro, acariciándole las sienes con sus dedos, dibujando con ellos el contorno de su mandíbula algo áspera por un tenue asomo de barba, correspondiendo como podía al ritmo de su caricia. Por un segundo una intensa oleada de calor se le subió al rostro, por poco haciéndole perder el conocimiento, como casi había ocurrido aquélla noche en la playa. Pero se mantuvo firme, intentando inspirar la mayor cantidad de aire por la nariz, dispuesta a dilatar lo más posible ese momento.
En la oscuridad que la sombra del cerezo les daba, Shaoran se preguntó si eso podía contar como un eclipse, y si el destino de pretendía hacerlos coincidir en ellos, como la cursi historia de la amiga de Sakura…
—Shao… ran….-suspiró ella entrecortadamente, sintiendo demasiado calor.
Porque siempre era algo así en plena oscuridad: encuentros ocultos y clandestinos, breves, atropellados. Suspiros de ella, y la reacción en cadena en el cuerpo de él que le hacía querer obtener algo más que un simple beso, que llevaban su mano más debajo de su espalda.
"¡Para, idiota! ¡Ya no tienes quince años!"
No, ya casi iba para sus diecinueve, pero no se juzgaba capaz de soportar por mucho tiempo la humedad de esa boca y el calor que despedía, y le exigía a gritos tocarle la piel. Tenía que apartarla, y pronto.
Una musiquita estridente lo hizo abrir los ojos de la nada, separándose de la chica repentinamente para encontrarse con que ella abría trabajosamente los párpados, como si no quisiera volver a la realidad aún. Sus labios, llenos y blandos estaban entreabiertos cuando lo miró perdida, los ojos más brillantes de lo normal y un exquisito rubor en las mejillas.
—¿Qué es ese ruido?-preguntó él, intentando concentrarse en el sonido fastidioso antes que volver a mirar con tanta atención los detalles de su rostro.
Sakura tardó unos segundos más en reponerse por completo, y comenzar a buscar algo dentro de su mochila. Sacó el pequeño e insistente teléfono móvil, cortesía de su hermano Touya.
—Lo siento-musitó avergonzada.
Shaoran se alejó un poco más, quitando la mirada y aplastándose el cabello, perturbado por la sensación que había quedado en sus labios, un sabor dulce, como cerezas.
No dejaba de ser incómodo que los interrumpieran de ese modo, luego que el mismo beso había sido tan repentino y de que él hubiera comenzado a sentir demasiada estimulación por la cercanía de sus cuerpos. Cómo desearía ahora el mar para sumergirse por unos minutos.
—¿Hola?-contestó la muchacha, en un hilito de voz.
—¿¡Dónde te has metido, Sakura?!
Ese animal que había rugido del otro lado no podía ser menos que su hermano, pensó Shaoran, viéndola encoger los hombros ante el grito.
Es que el verdadero motivo de ese regalo era precisamente mantenerla bajo control. A Touya no podían engañarlo; algo fuera de lugar ocurría con su hermana menor, y tenía serias sospechas que guardaba relación con la gente para la cual trabajaba.
—Papá y yo llegamos a la casa y no te encontramos.
—Perdón, olvidé dejar una nota en la nevera.
—¿Dónde estás?
—En… camino a casa-vaciló en contestar. Cualquier punto de referencia haría que su hermano llegase en cuestión de segundos—No tardo.
—¿Estás sola?
—¡No tardo!-repitió ella sonrojada, cortando rápidamente la comunicación. Se hizo un tenso silencio—T-Tengo que irme…
—Uhm-pronunció él, rascándose la mejilla. Y el silencio se volvió aún más arduo—Puedo llevarte si quieres.
Ella asintió con la cabeza.
—¡Oí la voz de ese mocoso!-gritó la voz de su hermano, todavía al teléfono. Claramente, Sakura no tenía la experticia de manejar bien esos aparatos, porque había ocurrido exactamente lo mismo que cuando había hablado con él, dejando el teléfono abierto—¡A mí no me engañas! ¡Si te apareces con él en casa juro que lo mato y…!
Shaoran tomó su teléfono y se encargó de presionar el botón correcto.
—Perdona a mi hermano-murmuró la de ojos verdes, apenada del bochorno que la hacía pasar con su exagerada sobreprotección. Como si ya no tuviera suficiente con el incómodo momento que estaba viviendo.
—Vamos-dijo el chico, regresándole el aparato. No sería ni el primero ni el último hombre que quería matarlo… Y de todos modos, valía la pena el sacrificio, agregó una parte de sí. —"¡Por un demonio!, piensa con la cabeza fría"-se recriminó, parando la bicicleta del suelo con frustración. Ya era segunda vez en menos de tres días que besaba a Sakura, sólo que estaba vez por poco terminaba haciéndola suya en un espacio público.
Shaoran volvió a manejar la bici, y Sakura volvió a aferrarse a su chaqueta después que él le dijera acalorado que cuando tocaba su abdomen le daba cosquillas, aunque no fuera del todo cierto.
—A mí también-dijo ella, con inocente sorpresa ante la coincidencia. —También en el cuello.
Sakura guardó silencio el resto del viaje al no obtener respuesta. Sólo pretendía esforzarse por seguir el transcurso normal de las cosas, dejando ese beso en la oscuridad del pequeño parque, pero su acompañante se sumió en un mutismo denso que le hizo imaginar era producto de la culpa que se otorgaba injustamente. Él debía sentir todo eso como un grave error.
Pero Sakura no quería que lo concibiera así. Si había que buscar culpables, la única era ella; se había propuesto luchar hasta las últimas consecuencia, aunque en el camino tuviera que lastimar a Nan, y aunque tuviera que lastimarse incluso a sí misma, cuando llegara el día que Shaoran tuviera que marcharse del país para cumplir con todo lo que su familia esperaba de él.
—Creo que será mejor que me dejes aquí-pidió, al llegar a la esquina de la avenida. El chico disminuyó la velocidad hasta detenerse.
Desde allí se veían las luces de su casa encendidas, y pese a que simple vista no se percibía, la niñera estaba segura que en algún lugar estaba su hermano, listo para salir al ataque. Volvió a fruncir el ceño, decepcionada. Si no fuera por el fastidioso de Touya…
—Muchas gracias por traerme-pronunció al bajar, dándose cuenta que él no le devolvía la mirada.
—No es nada-replicó, jugando con los frenos.
Bien. ¿Había algo más de lo que debieran hablar?...
Al parecer no. Se inspeccionaron de soslayo, cada cual con sus propios debates internos.
Finalmente, se escuchó a Shaoran reunir aire, con la clara intención de comenzar a decir algo importante y romper el silencio.
—Yo…
—¡No se lo diré a Nan ni a nadie!-lo interrumpió Sakura, alzando más la voz. Él elevó una ceja, confuso ante las presurosas gesticulaciones de ella—Entiendo que es algo que no debe saberse nunca. No te preocupes. Puedo guardar el secreto, y, de verdad, no debes sentirte culpable, yo fui quien te obligó a hacerlo y… Bueno…. –Sakura soltó un hondo suspiro esbozando una sonrisa, mientras estiraba los brazos sobre la cabeza—Hoe, qué cansada estoy. Ha sido un día agitado, debes querer descansar también. ¡Gracias por todo otra vez!-exclamó, haciendo una profunda reverencia, y girando en sus talones hacia el norte—¡Nos vemos mañana!
Y así es como tras su despido salió corriendo velozmente. Shaoran la vio entrar por la puerta y esperó otros cinco minutos, sin moverse del lugar ni convencerse de que había perdido la gran oportunidad de contarle lo de su regreso a Hong Kong.
"No quiero hacerte daño", pensó con un suspiro. Pero ya se lo estaba haciendo.
—¿Amo? ¿Está usted bien?-Spinnel lo miraba preocupado, flotando ante sus ojos.
—Sí-murmuró—¿Y Kerberos?
—Ya se fue donde la señorita Sakura.
Shaoran asintió, distraído. No sería hasta llegar a la casa y afirmar la cabeza en la almohada cuando pensara avergonzado en la probabilidad de que los guardianes los hubieran visto.
De todos modos era una preocupación mínima en comparación con lo que se avenía…
.: - :. .: - :. .: - :. .: - :.
Touya la había regañado bastante al encontrarse ambos en la cocina, prontos a tomar su rumbo a sus respectivos trabajos. Era el mismo sermón de la noche anterior-sólo se había acabado cuando su padre llegó, lo que por fortuna fue pronto-, y Sakura nuevamente lo escuchó sin oponer resistencia. Muchas cosas eran ciertas, como el que había sido irresponsable salir de casa sin avisar, como que el teléfono celular era para que lo respondiera, como el que salir con "ese chino" terminaría lastimándola…
Lo entendía: Touya quería protegerla, y sí había razones para creer que tarde o temprano podía salir mal parada de esa extraña relación con Shaoran. Pero no iba a renunciar a esa felicidad que había encontrado. No cuando se daba la oportunidad de al menos disfrutar por unos momentos de sus besos; de ser la persona que sus ojos contemplaban; de poder escucharlo; de ver sus gestos y sentir que, en cierta forma, era parte de su vida, aunque fuese un poquito, aunque no supiera exactamente qué sentía él al respecto.
—No dejaré que ese mocoso aprovechador se acerque más a ti-juró, partiendo los palillos en dos.
—Touya, él no me ha hecho nada malo-aclaró, mientras terminaba de levantar su vajilla dejándola con un suspiro bajo el grifo—Soy yo la que se enamoró de él.
Su hermano dejó caer el puño en la mesa, remeciendo su okomiyaki del cual apenas había probado bocado.
—¡Pues entonces olvídalo!-bramó—No lo busques más, Sakura. Ése chico tiene una vida lejos de aquí, y en algún momento desaparecerá.
Volteó taciturna a mirarlo.
—No puedo.
—Él sólo está jugando contigo. Sujetos como él sólo buscan chicas para pasar el rato y despedir su soltería antes de casarse…
—¡No es verdad!-lo interrumpió con un grito, queriendo cubrirse los oídos y no haber escuchado nunca esas palabras. Shaoran no era de esa clase de hombres.
—¡Sabes bien que sí lo es! Si te quisiera de verdad ya te lo habría dicho. ¿Por qué no dejas ese trabajo y ya? Aún estás a tiempo de olvidarlo…
Su respuesta fue un grosero portazo al salir.
Todavía con el doloroso nudo en la garganta, intentaba distraerse de todos esos pensamientos mientras miraba la fachada de la casa de los Asai. Touya no conocía a Shaoran como ella; si él no la rechazaba, es porque sentía algo, aunque fuese un sentimiento muy pequeño, y en eso no había ninguna mala intención.
Se golpeó las mejillas, para hacerse reaccionar. No podía permitir que vieran algo extraño en su actitud ese día; había prometido a Shaoran que nadie se enteraría, y por él seguiría actuando como siempre.
—¡Muy buenos días, Sakura!-la saludó Shiefa, abriéndole la puerta animadamente. Y se esforzó en poner la misma alegría en su expresión—¿Qué tal estás? ¿Descansaste mucho?
—Sí, muchas gracias-respondió ella sonriente, fijándose luego en el colorido globo que la otra tenía en mano—¿Qué estaba haciendo?
Shiefa sonrió juguetona, indicándole que la siguiera hasta el salón. Allí habían muchos más globos sobre los sillones, junto con coloridas guirnaldas colgadas que cruzaban diagonalmente la habitación.
—Oh, olvidé decírtelo. Sabes que siempre tengo la cabeza en las nubes-reconoció la mujer, riéndose de sí—Hoy es el cumpleaños de Xue.
Sakura ensanchó los ojos, sorprendida.
—¿¡De verdad?!-exclamó, pensando a toda prisa del momento en el que pudiera habérselo dicho, pero no encontró nada más que cierto recuerdo de Lei diciéndole que su cumpleaños era el primero de diciembre, mientras que Xue cambiaba bruscamente el tema antes de preguntarle sobre el suyo—Nunca me dijo nada.
—Ya sabes que es muy reservado con sus cosas-dijo Shiefa con ternura. Había sacado el mismo carácter de su abuela Ieran y su tío Xiao Lang—Intento prepararle una sorpresa adornando con estos globos. ¿Quieres ayudarme?
—Claro-afirmó la niñera, pero tras sacarse el bolso del hombro y dejarlo sobre el sillón, se quedó quieta, mirando hacia todos lados—¿Está cocinando algo?
—¿Yo?-se extrañó la esposa de Toshiro—No. ¿Por qué?
—Huele a quemado-dijo Sakura, muy convencida.
—Qué extraño. No sé qué… -Shiefa se llevó las manos a la cara, desfigurando el rostro a uno de espanto—¡Uwaah! ¡Es el pastel!
La joven madre se precipitó a la puerta del horno con sus enormes guantes de cocina, sacando un quemado bizcocho que no había alcanzado a subir.
—Aay, soy un fiasco en esto-lloriqueó, mirando decepcionada su fallida receta estudiada de un video de Internet.
—A mí también me ha sucedido-le sonrió Sakura, amistosamente—Mi amiga Tomoyo siempre dice que la práctica hace al maestro. Puedo ayudarla a hacer uno nuevo.
—¡Eres tan dulce!-gimió Shiefa, saltando a abrazarla—Mi hermano tiene tanta suerte.
—¿Uh?-pronunció la jovencita, convencida de que había escuchado "hermano", pero cabía la posibilidad de que estaba teniendo serios delirios de persecución.
—Dije que mi hijo tiene mucha suerte-repuso la mujer, riendo nerviosa. Pero había que ver cuál de las dos era más distraída, porque Sakura no sospechó nada—Mis dos hijos son tan afortunados de tenerte aquí. Y bien, ¿crees que podamos empezar ahora?
Sakura asintió, arremangándose la camiseta para poner manos a la obra.
—Así que tenemos fiesta…-dijo una voz sarcástica desde la puerta, mientras Sakura sacaba los huevos y la harina para preparar la mezcla.
Shiefa se volteó para sonreírle a Nan y desearle los buenos días.
—Sí, hoy preparamos una sorpresa para Xue, porque es su cumpleaños número diez. ¿Quieres ayudarme a inflar globos?-preguntó, sacando unos cuantos de su bolsillo.
—¿Hacer algo por ese mocoso?-masculló la mujer entre dientes, con una mueca, pero Sakura pudo oírla perfectamente y debió contenerse de no saltar a darle una bofetada por hablar así de Xue—Tengo pulmones débiles-mintió—Siento no poder ayudarte.
—Oh, descuida-dijo sonriente—Iré a decorar la sala mientras. Cualquier cosa que necesites me dices Sakura.
Cuando la alegre presencia de su jefa desapareció de la cocina, Sakura sintió la apremiante necesidad de gritar su nombre de inmediato y clamar por su regreso. Porque desde que sus pasos y sus tarareos se perdieron hacia la sala, un aura densa, cargada de resentimiento empañó la cocina causándole escalofríos en la nuca.
—¿Y con qué nos deleitarás esta mañana Kinomoto?-siseó Nan, cerrando la puerta. —Es que el olor a humo está pasando para el resto de la casa-explicó, pero no se le ocurrió abrir las ventanas para ventilar, cosa que sí hizo Sakura, aprovechando para darle la espalda.
—Aún no lo sé.
Nan se echó a la boca una larga tira de goma de mascar de frutas que compraba Lei, y comenzó a masticarla haciendo los mismos ruidos que Yukiko en la preparatoria. Sakura pensó que si ambas se conocían lograrían encontrar muchas cosas en común, partiendo por el resentimiento que tenían hacia su persona.
—Tienes el cabello bastante largo-dijo Nan, mirando la cabellera castaña que caía por debajo de los hombros. —No me había dado cuenta.
La mandíbula de Sakura se desplomó sorprendida ante el comentario. ¿Desde cuándo Nan Wu se fijaba en si su cabello estaba largo o no?
—Yo he dejado mi cabello crecer por Xiao Lang. Desde que me dijo que le gustan las chicas con cabello largo, me he esforzado por cuidarlo.
¿Ah sí?
Sakura no lo sabía, pero de cierta forma le agradecía el dato; lo dejaría crecer otro poco más.
—¿Qué hiciste ayer por la tarde?
Pillada desprevenida otra vez, tardó un poco en responder:
—Fui… a hacer las compras para la cena junto con mi padre.
—¿Ah sí? ¿Dónde?
Sakura quiso reírse, porque una de las cosas más extraordinarias que podían pasar-además de que Nan se fijara en su cabello y le confesara que a Shaoran le gustaban los cabellos largos-era que se preocupara de saber qué tal estuvo su día sin hacer algún comentario desagradable al respecto.
Y quizás sus intenciones iban para allá, por lo que le respondió sin disimular su sarcasmo:
—Al supermercado, claro.
Nan se acercó hasta donde estaba batiendo la mezcla del pastel. Pasó su dedo por la superficie, formando círculos con la harina que Shiefa había esparcido. Sus dedos eran larguísimos y terminaban en unas perfectas uñas pintadas de rosa. Sakura presintió que su ironía en la última respuesta no había pasado desapercibida, y preparaba el contraataque. Por su parte estaba lista. Aunque pensó que para la próxima debía también dejarse crecer más las uñas, sólo por si las cosas se ponían feas... como ahora.
—De por casualidad, ¿el supermercado queda cerca del Planetario?
—¿Eh?-Sakura sintió que su corazón se aceleraba ante la mención de ese lugar, y se esforzó en mantenerse en la misma posición. —No. ¿Por qué…?
—¿Por qué te lo pregunto?-se adelantó Nan, con una sonrisita mordaz—Supe que durante estos días darán muestras ahí. Comenzó ayer, ¿sabías?
La chica negó con la cabeza, midiendo la harina para la mezcla.
—Pienso invitar a Xiao Lang hoy-dijo ella, casualmente.—¿Qué opinas?
Sakura frunció el ceño, un lacerante dolor en el pecho de sólo imaginar que ese momento que ambos habían compartido podría volver a repetirlo, ahora junto a Nan.
"Sujetos como él sólo buscan chicas para pasar el rato y despedir su soltería antes de casarse… "
No, ¡no podía hacer caso a lo que Touya decía!. Él sólo quería lo mismo que Nan, y era alejarla lo más posible de él.
—Me parece bien-le respondió a la china, luchando con los deseos de tirársele encima para dejarla calva.
El globo de goma de Nan reventó antes de tiempo sobre su cara.
—No te hagas la estúpida conmigo-masculló limpiándose—Sé perfectamente que ya lo invitaste.
Sakura la miró sin expresión, volteándose para buscar otro molde en la despensa, ignorándola. Había prometido a Shaoran no decirle a nadie al respecto, por lo que no iba a ceder ante las provocaciones de la pelinegra.
Nan percibió sus intenciones de hacerse la desentendida. Se quitó la goma de mascar de la boca, y la tomó del cabello para obligarla a voltear.
—Odio que se metan en mi camino, Kinomoto. Ya te había advertido que te olvidaras de él.
Pero era imposible callar. No podía quedarse sin decir nada y dejar que esa mujer creyera que la amedrentaba con sus amenazas.
—No lo haré-la sorprendió la castaña, con la voz firme, pese a que le estaba haciendo daño—Shaoran es la persona más importante para mí.
—¡Qué conmovedor!-soltó Nan, con una risa satírica—¿Por qué no te lo metes en tu cabeza?: Xiao Lang jamás te tomará en serio. Eres demasiado simple para su gusto. El es mío. ¡Es mío, ¿entiendes?!-Sakura dejó escapar un quejido de dolor. La china no dejaba de jalarle el cabello y desparramar en él la goma, cada vez con más fuerza, a medida que su tono se volvía más violento— ¡No vuelvas a acercarte a él! Yo soy la única que puede estar a su lado. Yo soy a la que desea, a la que hace el amor todas las noches, y con la que va a compartir toda su vida, ¡porque vamos a casarnos!...
—¡Tú lo has dicho!-la interrumpió Sakura, que ya no quería seguir oyéndola. —Aún no están casados. ¡Y no renunciaré a él hasta que eso ocurra!.
Nan abrió la boca, incrédula.
Jamás en su vida alguien se había atrevido a desafiarla de esa manera, ¡mucho menos una empleada! Con los ojos desorbitados, y llena de ira, alzó la mano para darle el castigo que se merecía desde que se le había ocurrido aparecerse.
—¡Perra!
Y sin embargo, su mano no llegó a destino. Sakura abrió los párpados cerrados instintivamente para mirar, encontrándose con Shaoran sosteniendo firmemente la muñeca de la pelinegra. Su corazón dio un vuelco.
—Xiao Lang, ésta mocosa ha ensuciado mi vestido-explicó ella a trompicones, apartando las manos del pelo de la chica, señalándose unas manchas de harina en los bordes de su vestido negro—¿Por qué no la despiden de una vez? Es una bestia.
Si había algo que reconocer en Nan eran sin duda sus grandes dotes actorales. Sakura no podía creer que las lágrimas que estaba botando fueran reales, porque sí se veían como tal. Se sostuvo de un brazo de Shaoran, gimoteando lastimeramente. ¿Cómo es que podía llorar si segundos atrás su mirada parecía la de un sanguinario? No lo entendía. Tampoco entendía por qué una persona como ella estaba al lado de Shaoran.
—Sakura…-musitó Shiefa al entrar, yendo hacia ella de inmediato al notar lo desordenado de su cabello—¿Estás bien?
—No puedo creer que estés de su lado. ¡Es una desvergonzada!-Nan se soltó de su novio, con un resoplo—¡Acaba de decir que no le importa que Xiao Lang y yo estemos comprometidos porque está enamorada de él! ¿Puedes creerlo? ¡Tu empleada se ha fijado en tu hermano!
Los gritos de Nan resonaron por todas las paredes, hicieron ecos infernales en sus oídos. Sakura agachó la mirada, avergonzada. A los pocos segundos había salido corriendo de la cocina, y si la sensación de Shaoran era correcta, tenía los ojos húmedos.
—Es patética. Intenta hacerse la víctima-rumió Nan. —Siento que hayas tenido que enterarte así de lo que estaba ocurriendo, Shiefa. Debe ser horrible saber que tu empleada miraba a tu hermano con otros ojos, pero imagínate cómo me sentí yo…
Eran contadas las veces que Shaoran había visto una mirada tan fría en los ojos de su hermana, y palabras tan cargadas de aborrecimiento.
—Lo único que siento, es no haberme dado cuenta antes del daño que le estabas haciendo.
Shiefa también abandonó la cocina, dejando a sus espaldas a la pelinegra con la boca abierta.
—¿¡Puedes creerlo?!-chilló, abanicándose la cara para darse aire—¡Tú hermana se ha puesto de su lado!-profirió con estupor, llevándose las manos a la cabeza—¿En qué está pensando? ¡Se ha convencido con un par de lagrimones!
—Nan...
—Xiao Lang, lamento que esto haya pasado así, pero tenía que encararla-lo interrumpió, tomando sus manos y buscando anhelante su mirada—Sé lo mucho que te está fastidiando esa chiquilla, pero ahora ya no va a molestarte más. No volverá a interponerse entre nosotros después de que le dejara las cosas claras.
—Creí que lo habías entendido.
—¿El qué, cariño?-sonrió amorosamente, pero la expresión grave en el rostro de él la hizo palidecer.
—Entre nosotros ya no hay nada, Nan. Yo no quiero ser tu prometido, o lo que sea, ni mucho menos casarme contigo.
Ella soltó una ruidosa risa, mientras acariciaba sus nudillos con afecto.
—Sí, sí. Eso dijiste. Suele suceder en las parejas-le habló comprensivamente—Estamos pasando por una crisis, pero ya verás que se solucionará y saldremos adelante con nuestros planes.
Shaoran se soltó de su agarre exasperado, alejándose mientras se masajeaba la frente con los dedos.
—No hay planes entre nosotros, Nan-intentó decir lo más calmadamente que podía dadas las circunstancias. Comenzaba a dolerle por montones la cabeza.
—Ay, Xiao Lang. Claro que los hay. Lo primero es la fiesta de compromiso-sonreía ella, alzando a cada cosa uno de sus dedos—Luego vendrá el matrimonio, y la mudanza a una casa mucho más grande. Después podemos tener hijos, los que tú quieras. Seré la mejor esposa del mundo y cumpliré con todo lo que me pidas.
Suficiente. Si no lograba callarla, juraba que iba a explotar.
—Quiero que te vayas.
Nan parpadeó repetidamente con sus largas y onduladas pestañas.
—¿Disculpa?
—Quiero que te vayas-reiteró con fuerza—Que regreses a Hong Kong. Que busques a otro con quien hacer tus planes de matrimonio, o tener hijos.
La chica pareció escucharle por fin, porque Shaoran la vio negar violentamente con la cabeza, para después caminar torpemente hacia la ventana abierta, aspirando grandes bocanadas de aire y gritar:
—¡Pero Xiao Lang, tú eres con quien quiero casarme!
—¡Pero yo no!-respondió él, con la misma exaltación. ¿En qué momento había pensado que podía convivir una vida entera con ese tipo de mujer?—Y ya te dije que lo sentía, pero no puedo estar contigo.
—P-Pero el Clan… -balbuceó ella, con las manos temblorosas—Tú… tú madre… ¡ellos se enfadarán mucho!
—Lo sé-respondió. Lo había pensado ya, y no tenía miedo.
Nan caminó hacia él con la mirada perdida, levantando luego un dedo acusador para señalarlo.
—¿Pasó algo entre tú y esa mocosa, verdad?
—Nan…
—¡Lo sabía! ¡Es por ella!-lo interrumpió otra vez, y había sido el colmo. Shaoran le dio la espalda, ignorándola y retirándose cansado. Ni siquiera se podía discutir con esa histérica mujer—¡Ella te ha buscado desde un principio! ¿Crees que no me he dado cuenta? ¡Se te ha ofrecido con tanta facilidad! ¡Es una pu…!
—¡No te atrevas!-gritó él, girándose bruscamente. Su rostro era temible, una expresión de cólera que Nan nunca le había visto en las facciones, como un animal, y que la hizo retroceder aterrada—No te atrevas a insultarla. Y vete de una vez. Hemos tenido suficiente paciencia contigo.
Permaneció estática en medio de la cocina por un tiempo indefinido, con la expresión de incredulidad plasmada en la cara, el maquillaje arruinado luego de todo su llanto teatralizado, y las piernas que amenazaban con hacerle perder la estabilidad y enviarla directo al suelo.
Había perdido su oportunidad.
Xiao Lang la rechazaba por segunda vez, y en sus ojos no existía más que desprecio. Ya no quería verla más, la había corrido de su casa sin misericordia, porque estaba del lado de Kinomoto…
¡Estaba enamorado de esa maldita empleada, aunque no quisiera admitirlo!
—Malditos-sollozó, después de que subió a su cuarto, azotando la puerta. —¡Malditos sean todos! ¡En especial tú, Kinomoto! ¡Maldita perra!
.: - :. .: - :. .: - :. .: - :.
Ya ni sabía qué era lo que le había afectado más, porque sentía la garganta quemarle, amenazándola con romperse a llorar. Tal vez era por todo lo que Nan decía podía ser cierto-comprobando de paso lo que Touya afirmaba- y ella seguía cosechando esas esperanzas inútiles; si era por la frustración de no poder decirle que sí había salido con Shaoran el día de ayer y todo lo que había ocurrido; si era por Shiefa y lo que podía estar pensando sobre ella en esos momentos; si era por lo débil que había sido al escapar sin atreverse a dar explicaciones. Lo más probable es que fuera por todas y cada una de esas cosas.
—Sakura, abre la puerta-tocó la mujer del otro lado, causándole un respingo. Se incorporó del rincón donde se había sentado, mirando hacia todos lados, sin saber muy bien qué hacer—Sakura, abre ya-ordenó su jefa, y sonaba enojada. Tenía el derecho de estarlo, pensó ella, mientras se acercaba a quitar el seguro y abría.
—Perdón-hizo una reverencia profunda, sin atreverse a levantar la mirada de las pantuflas de ella. Sentía tanta vergüenza que no se creía capaz de volver a mirarla a la cara—Voy a irme ahora mismo, sólo me quitaré esto de la cabeza y…
—¿Adónde piensas ir?-la detuvo Shiefa, preguntando rápidamente.
—A mi casa. Yo…. –ella estrujó las manos, abrumada—Muchas gracias por darme la oportunidad de trabajar aquí y cuidar a los niños. Lamento… -las lagrimas se agolparon otra vez en sus ojos, impidiéndole ver bien. Se inclinó más, esperando al menos un poco de su compasión y el que pudieran despedirse de buena manera, pese a todo lo ocurrido—Lamento haber traicionado su confianza y ocultárselo, pero… pero es verdad, yo estoy enamorada de su hermano…
Escuchó un hondo suspiro de la mujer, que se cruzaba de brazos, todavía bloqueando la salida.
—Así que me mentiste cuando me pediste ese consejo para tu amiga, ¿verdad?
Sakura pasó saliva con dificultad. Tenía una bolita de pena en la garganta, y las orejas rojas de la vergüenza.
—Sí-musitó.
—Es gravísimo.
—Lo sé, yo no quería que se enterara de este modo…
—Pensabas quitarle el novio a Nan…
—Eso creo-suspiró desanimada.
—Ni hablar. Aguarda-Shiefa buscó algo en las cajoneras. Sakura esperó en silencio, hasta que la mujer la jaló de un brazo para que se acercara y la volteó. Vio un par de filosas tijeras en sus manos por el espejo, y cuando creyó que se las pondría en el cuello para degollarla, inspiró las últimas moléculas de oxígeno y cerró fuerte los ojos. Shiefa soltó una risa—Hey, sólo quiero intentar arreglar tu cabello. Nan pegó goma de mascar en él… demasiada.
—¿N-no va a castigarme?-preguntó, soltando de golpe el aire acumulado. Miró por el reflejo el rostro de su jefa, sin ver atisbos de odio o sed de venganza.
—¿Por intentar arruinar el matrimonio de Shaoran? No, mi niña. Voy a felicitarte-Sakura abrió la boca, sin poder creerlo—Eres lo mejor que pudo haberle pasado a mi hermano intentando liberarlo de esa víbora malcriada-celebró sonriente—Uf, creí que nunca se la quitaríamos de encima. Ahora, sacaremos esta cosa de tu pelo. Intentaré no cortar demasiado… está demasiado pegado.
Un segundo. Necesitaba repasar eso que había oído.
—¿Usted…? ¿…a ella?
—¿La odio?-completó Shiefa, ayudándola con sus conjeturas—Bueno, no sé si podría llamarse así. Pero sí tuve muchas ganas de que se olvidara de mi hermano y volviera a su casa-confesó la mujer—Es desesperante…. Mi hermano también, pero son distintas formas de… tú me entiendes-se rió, contemplándola con cariño—En los ojos de ella jamás he visto lo que veo en tus ojos cuando estás junto a él. Sé lo mucho que lo amas. Y por eso voy a apoyarte para que logres ganar su corazón.
—Gracias-musitó Sakura, sin saber qué más decir. Nunca pensó que ella llegara a aceptarla. Con todas sus palabras ya no quedaban huellas del mal momento. Ya hasta había olvidado que tenía una gran cantidad de goma de mascar sobre la cabeza.
—A decir verdad, eres mi favorita desde siempre. Desde que llegaste tuve la esperanza de que Xiao y tú se llevaran bien y pudieran enamorarse, y veo que por una parte se cumplió.
Sakura la sintió suspirar hondamente, mientras que sentía las mejillas sonrojándose ante esas revelaciones.
—Nada me daría más gusto que él se diera cuenta del tesoro de chica que tiene en frente.
—No creo que esa chica sea la gran cosa-respondió ella, con cierto desánimo. Ya no sabía de qué manera estar a su altura y poder competir con una rival tan poderosa como lo era Nan.
—¿Qué has dicho, Sakura?-Shiefa la hizo levantar la cabeza, y mirarse en el espejo. Sakura vio la nariz pequeña y las mejillas rellenas, los ojos grandes y el labio inferior más ancho que el superior; vio las pecas casi invisibles en el puente de la nariz, los ojos verdes grandes, y el cabello más largo de lo que nunca tuvo, decorado con una vistosa goma de mascar en la parte superior. Y no vio nada del otro mundo, sino una chica común y corriente, demasiado insegura, demasiado torpe, demasiado niña, demasiado temerosa de arriesgar.—Mírate bien y niégame el que seas adorable; el que eres atenta y dulce con todo el mundo; el que te esfuerzas muchísimo en cada cosa que haces; que Shaoran puede sacarte de quicio, pero terminas perdonándolo siempre porque sabes que en el fondo de su corazón es un buen muchacho, y sabes también que algo te une a él... algo que parece mágico… algo que parece haber estado ahí toda la vida. Y ahora dime, ¿no es razón suficiente para creer que puedes hacerlo feliz?
Algo mágico que parecía estar ahí desde siempre…¡Sí, era exactamente lo que sintió al descubrir ese sentimiento!; es como si en realidad hubiera estado allí desde el principio, como si todas las cosas que transcurrieron desde ese día que encontró a Shiefa comiendo hamburguesas con los niños, fueran sucesos destinados a acercarlos. Inevitables. Mágicos.
—Sí-esbozó una sonrisa dulce, jurándose a sí misma—Sí puedo hacerlo muy feliz.
Mucho más que Nan, y que cualquier otra chica que pudiera quererlo alguna vez.
—Oh, vas hacerme llorar-dijo Shiefa emocionada, con los ojos acuosos. Había visto en ella la misma historia de ella y Toshiro, y se sentía plenamente identificada con la muchacha—Además, con esto del embarazo estoy más sensible que de costumbre…
La chica abrió los ojos, volteando noventa grados a una velocidad brutal
—¡¿Usted qué?!-exclamó incrédula.
—¡Sí, Sakura!. Hoy me hice un test y dio positivo-reveló la madre, con los ojos relucientes de dicha—Tendré otro bebé. ¿Puedes creerlo?
Casi sin aire de la impresión, Sakura la abrazó en medio de conmovidas lágrimas. Lágrimas que también corrían despechadas por las mejillas de Nan al bajar por las escaleras con su enorme maleta, sin recibir ayuda de nadie. Shaoran se había encerrado en su habitación, lo que le comprobaba que no iba a despedirse como pudo haber esperado. Creía que aún quedaba algo de caballerosidad en él, pero tal parecía que no le perdonaría lo ocurrido.
—¿Te vas?
Nan apretó los dientes. Lo único que le faltaba.
—¡Y a ti qué te importa, enano! ¡Espero que pases un horrible cumpleaños!-rugió, usando todas sus fuerzas para terminar de dar los últimos pasos con su gran equipaje y salir de la casa.
Xue debió asomarse por la ventana para asegurarse de que tomaba un taxi y se perdía por las calles, aparentemente para siempre.
Se sentó en el sofá con una sensación de extrañeza. Tantas veces había soñado con ese momento que no sabía muy bien qué hacer primero; saltar, gritar, bailar y cantar estaban dentro de las opciones. O bien quedarse tranquilamente sentado, saboreando el pacífico instante de su vida, contemplando en las paredes los globos y las serpentinas que le hicieron asociar la última frase que esa mujer había pronunciado respecto a un cumpleaños.
Lo había olvidado, pues nunca se esforzaba en recordar que el 12 de Julio de cada año su madre hacía ese tipo de detalles.
Y aunque no le gustara mucho aquélla fecha, Xue pensó que sería bueno remarcarla en su calendario (donde sí estaba destacado el 13), y agradecer a Nan Wu el mejor regalo que podría haberle dado.
.: - :. .: - :. .: - :. .: - :.
Notas: Hola gente linda! Espero que hayan tenido una navidad llena de paz y este nuevo año les depare muchas alegrías y aprendizajes. ¡Y a celebrarr esta noche para empezar bien el 2010! :D
Ahora, ejem, las disculpas como siempre por la graan demora, pero aparte de que ya no tengo mucho tiempo para escribir, siempre que lo hago cambio a última hora las escenas de los capítulos, y eso me retrasa xD
Bueno, y gracias por todos los reviews (nunca llegué a pensar que podía tener 700!), que espero responderles en unos días, pero si no lo logro, aún así sepan que leo cada uno de esos comentarios y les agradezco un montón el tiempo :) Sobre todo a esa gente que me sigue desde los comienzos y me tiene tanta paciencia xD son un sol!
Un abrazo gigante para todas y todos!
El Gabapedia de hoy dice:
Respecto a la historia del Sol y la Luna, existe una leyenda que habla de ello, si buscan por Internet encontraran versiones más bonitas a como la relaté yo :)
La goma de mascar puede quitarse con hielo, así que no se corten el cabello como pretende hacer Shiefa (a propósito!, podrían opinar si le cortamos el pelo a Sakura xD). Creo que se hubieran salvado muchas cabelleras con un uso masivo de Internet en el pasado ¿cierto Ladymaría? :P
