Disclaimer: La historia pertenece a thatwritr. Yo sólo traduzco. Los personajes son propiedad de Stephenie Meyer.

En un parpadeo

Capítulo veintiuno

—Ve— le dice Alice. —Bella te necesita.

—¿Qué pasó? —le pregunta a través de su teléfono móvil. —No se habrá lastimado…

—No. Está leyendo las cartas, Edward. Te va a necesitar.

Su corazón muerto brinca hasta su garganta. —Las cartas…— No pueden ser esas cartas, no. ¿No había dicho Alice que ella y Jasper habían decidido venir a Dawesonville precisamente para prevenir que Bella tratara de abrir esa carpeta? Pensaba que ya no tenía que preocuparse por eso.

Pero no. —Tus cartas para Mark, claro—dice Alice ahora, confirmando sus temores. —Ahora deja de hablar conmigo y ve a ayudar a Bella, Edward—. Alice cuelga, pero él ya está a la mitad de las escaleras, camino a la puerta.

Maneja a Dawesonville como un murciélago saliendo del infierno… un símil irónico, considerando la situación. El sol se está poniendo para cuando Edward se estaciona frente al edificio de Bella. No había planeado el venir hoy, sintiéndose culpable por haberla monopolizado el día anterior, sin importar lo mucho que había disfrutado el escucharla. Pero si Bella lo necesita, no hay duda de que estará ahí tan rápido como se lo permitan cuatro ruedas.

Hay gente alrededor, así que tiene que caminar a paso humano hasta su puerta, luego toca, gritando:

—¡Bella! ¡Soy Edward!

No hay respuesta inmediata, y está a punto de hablarle a Alice para preguntarle si está en casa o en la universidad cuando escucha un leve sonido del otro lado de la puerta. Los oídos humanos no lo hubieran captado, pero él escucha el sorbido constipado. Hay latidos de corazón también, pero corazones humanos laten por todas partes y no está seguro de cuál es el de ella. Pero el sorbido… —¿Bella? — Considera brevemente el forzar la puerta.

Su voz lo detiene; se escucha tan cruda que se rompe. —Pasa. No tiene seguro.

No pierde tiempo en irritarse por el hecho de que su puerta no está asegurada, sólo entra de golpe, tomando rápidamente un inventario de su estado.

Está recostada en el sillón, dándole la espalda a la puerta, su silla abandonada en frente del sillón. Su respiración es pesada y su cabello corto está hecho un desastre. Está a su lado en un instante, arrodillándose para levantarla un poco, revisando que no esté herida… es Bella, después de todo… pero no encuentra nada. Su rostro está lleno de lágrimas y sus ojos tan hinchados que se ven hundidos y sus labios están partidos. Piensa que está sólo un poco deshidratada, y si ha estado llorando tanto como parece que lo ha estado, lo más probable es que ese sea el caso.

—Déjame traerte un poco de agua—dice suavemente, sin esperar a que ella dé señas de que sabe que está ahí.

Para cuando Bella termina de voltear, Edward ya está de regreso con una botella de agua fría del refrigerador* y una toalla mojada. Le limpia la cara un poco y puede sentir la sal seca en sus dedos. Luego la levanta (se ve demasiado débil para moverse) y sostiene la botella mientras ella bebe.

—Gracias—susurra con la voz más fuerte.

—Cuando quieras—le dice.

Su corazón se rompe por ella, pero también está aliviado. No le está gritando que se vaya. Pero claro, está en tan mal estado que probablemente no pueda levantar la voz. Sin pedir permiso (es más fácil pedir perdón que permiso), la mueve para poder sentarse donde estaba su cabeza, y la jala un poco para que esté sobre su regazo, suavemente, dejando la cabeza de Bella descansar sobre su hombro. Ella no se opone, sólo respira por un rato, sus manos contra su pecho. Tiene el CD plateado. Él teme preguntar qué es lo que tiene. No hablan por mucho tiempo. Sólo la arrulla, tarareando bajito en ocasiones.

—Lo amaba—dice ella después de un rato.

—Lo sé—dice él. —Él te amaba también.

Solloza un poco. El cuerpo de Bella tiembla en los brazos de Edward y él acaricia su cabello.

—No te amo a ti. Lo siento, Edward. Lo amaba a él.

Sus palabras son la estaca atravesando su corazón. Quisiera que pudieran matarlo. —Claro que lo amabas— logra decir. —Era tu esposo.

Siente el puño de Bella apretarse en la tela de su suéter. —Pero te quiero—le dice suavemente. —Te quiero mucho. Has sido un buen amigo.

Él besa la parte superior de su cabeza. Si su corazón pudiera latir, estaría saltando fuertemente.

—Gracias— susurra. No está orgulloso de aceptar lo poco que puede ofrecerle, y si eso lo hace patético, entonces será patético.

Después de un rato, se da cuenta de que está dormida. Debió haber llorado tanto que cayó exhausta, y considera cargarla a su cama, pero no lo hace. Esto, el poder abrazarla de nuevo, es algo que ha pasado años añorando. No está listo para soltarla, y la acomoda en sus brazos para que sea más cómodo para ella. Él es piedra, no una almohada cómoda. Pero cuando trata de quitarle el CD, lo aprieta más fuerte contra ella y balbucea algo en sus sueños. Suspirando, lo deja ir y recarga su cabeza en la parte superior del sillón, cerrando sus ojos. Respira el aroma floral y dulce de ella, y escucha a su corazón golpear. Le recuerda a diez años antes, cuando la veía dormir en su cama. Pero era tan joven e inocente en ese entonces, y físicamente completa. Eso le hace preguntarse cuándo habrá vaciado su vejiga por última vez. No es un pensamiento romántico, pero es un doctor y sabe que debe mantener su horario para evitar el estirar o romperla. La deja dormir otra media hora, luego la despierta suavemente.

—¿Bella?

Toma un poco de esfuerzo. Está modorra. —¿Qué?

—¿Cuándo fue la última vez que fuiste al baño?

—¿Cuándo fue… mande? Oh. — Se sienta un poco. —Hace bastante—. Él puede oler su aliento; está fétido del dormir y llorar.

—Te pondré en tu silla.

—Gracias.

La levanta fácilmente y la acomoda, luego le da la botella de agua. —Toma un poco más antes. Estoy seguro que tu garganta está seca, y necesitas rehidratarte.

—Sí, Dr. Masen.

Hace lo que le pide sin oponerse, sin embargo, y le regresa la botella después de un trago grande. La observa mientras rueda su silla lentamente por el pasillo hacia el baño. De pié afuera de la puerta, escucha sus movimientos para asegurarse que no se caiga. Aún está débil y medio dormida, pero ha estado haciendo esto por años. Se relaja un poco cuando escucha la orina cayendo en el agua del escusado. Bella no es tan torpe como solía serlo, pero sospecha que mucha de su torpeza en el pasado se debía a que no ponía mucha atención a sus alrededores. Había estado en las nubles y nunca ponía atención a lo que su cuerpo estaba haciendo. No hay nada malo en su cerebelo para que arruine su balance, por lo menos en lo que ha visto, y después de vivir en la silla por diez años, se ha tenido que forzar a hacer las cosas más despacio y a poner más atención. Si aún no es la persona más coordinada el mundo, por lo menos ya no es tan dada a tener accidentes… un hecho que Emmett había lamentado en las vacaciones. Personalmente, Edward se siente aliviado.

Sale después de cinco minutos, y es obvio que se ha cepillado el pelo y se ha lavado los dientes. Lo mira parado ahí y él se hace un lado para dejarla pasar a la sala. Yendo a la mesa de centro donde está la botella de agua, la abre y se toma una tercera parte de lo que quedaba. Aún no suelta el CD. Edward espera la explosión.

No viene. —Encontré las cartas. Entre tú y Mark.

Sus ojos caen del rostro de ella al disco plateado. —Lo sé. Alice me advirtió.

Ella asiente. —No estaba segura. Parecías saber algo. Pero por otro lado, te apareciste ayer sólo para hacerme de cenar—. Hace una pausa, luego continúa. —Me da gusto que se hayan conocido. Me da gusto que te haya tenido como amigo. Pero me hubiera gustado que me dijeran.

—Le prometí…

—Sé lo que le prometiste. Pero estoy molesta contigo. Y con él también, pero él... él no está aquí…—se desvía un poco, su rostro torciéndose un poco y Edward se mueve hacia ella pero ella lo detiene levantando la mano. Después de un momento, recupera el control. —No está aquí—termina. —¿Me hubieran dicho algún día?

—No lo sé—responde honestamente. —Tal vez. Probablemente, de hecho. Hubiera sido difícil de ocultar porque yo iba a asistir en su cirugía. Bueno, él quería que lo hiciera. Yo no estaba seguro de que fuera una buena idea… considerando. No hay nada como volverse loco y vaciar de sangre a todos los involucrados en la cirugía en medio de la operación.

Sus ojos se agrandan y su rostro se vuelve duro. —¿Entonces iba a tener una cirugía?

—No lo había decidido aún, pero creo que probablemente hubiera sido la única manera de controlar los ataques.

—¿Fuiste a su cita con él?

—Sí.

—No leí todas las cartas—dice. —Sólo hasta… sólo hasta esa carta. Cuando te pide que lo acompañes a su cita. El 20 de septiembre. ¿Cuándo fue la cita?

—La semana siguiente.

—¿Por qué no me dijo? ¿No debí haber ido yo? ¡Soy su esposa! Era su esposa.

—Estaba asustado, Bella… más de lo que quería admitirse a sí mismo. A Mark no le gustaba sentirse asustado.

—¡Lo sé! Pero aún…

—No te molestes con él. Sé que estaba planeando decirte en cuando le regresaran las pruebas. Tenía que hacerse una IRM**.

—¿Por qué no supe de esto después? ¿Los resultados? ¿Algo?

—La cita para la imagen era la semana… ah, después. Llamé para cancelarla.

—¿Cuándo ibas a decirme todo esto, Edward? ¿No tenía el derecho a saber? —Y ahora la ira que temía está viniendo a la superficie.

Se encoge de hombros en un gesto de impotencia. —Sí, creo que lo tenías. Pero Mark no estaba listo para decírtelo, y después… ¿cuál era el punto?

—¿Para que supiera? ¡Pensé que había sido sólo un accidente el que lo mató!

—Lo fue. No fue el ataque, Bella. Vi el reporte de su autopsia. Fue la caída. Se golpeó en la frente; de verdad fue un accidente. Estaba asustado por la cirugía, pero creo que hubiera salido perfectamente bien. Estaba en buena salud, aparte de la epilepsia.

—¡Pero no hubiera tenido ese ataque si las cosas no hubieran estado empeorando!

—Tal vez no, pero tal vez sí. Los ataques de Mark nunca fueron totalmente regulados por la medicina. Lo sabes.

Solloza una vez, fuertemente, y una mano sube a su boca. —No estaba lista. No estaba… no estaba preparada. Para nada. Si… si hubiera sabido que los ataques estaban empeorando, lo hubiera estado. Bueno, no preparada para que muriera, pero no me hubiera sorprendido tanto.

—Le dije que te dijera—Edward dice en voz baja. —Me decía que lo haría. No quería preocuparte hasta que fuera completamente necesario. Era humano, Bella. Cometió sus errores. No te enojes.

—¿Que no me enoje? ¡Edward! —puede escuchar su irritación escalando. —Tú y mi esposo tuvieron una amistad de… ¿qué? ¿Seis años? Y ninguno de ustedes me dijeron. Siento… siento tantas cosas. Me ocultaste tanto. Nunca me dijiste que te hiciste cargo de Victoria. Nunca me dijiste que seguías aquí en las orillas de mi vida años después de que te fuiste. Nunca me dijiste que fuiste amigo de Mark. Y Mark sabía todo eso… ¡Jacob sabía también! ¿Y ninguno de ustedes me dijo? ¿Qué demonios creen que soy? ¿Una niña de seis años?

Edward hace una mueca de dolor porque aquí viene de nueva… la ira de la que Alice le advirtió que no estaba completamente asentada.

—Se hizo… complicado.

—¡Esa no es una excusa!

—No— concordó. —Es… una razón, supongo. El por qué no te lo dijimos. Al principio, Mark tenía miedo… como te dije antes. No quería admitirlo, mucho menos a mí, pero tenía miedo de perderte si yo regresaba a tu vida—. Ella abre la boca para reaccionar ante eso, con relámpagos en la cara, pero él continúa antes de que pueda decir algo. —Después, no tanto. Para nada, de hecho. Sabía que lo amabas, Bella. Lo sabía. Pero para entonces, bueno, ya llevábamos mucho tiempo en contacto y era complicado. Cómo vas con tu esposa y le dices "Oh, por cierto, soy amigo de tu ex–novio vampiro que te dejó porque era un tonto y te puso tan triste que apenas pudiste funcionar por meses y luego brincaste de un acantilado. Sí, somos amigos ahora, ¿quién lo hubiera pensado?

Para la sorpresa de Edward, Bella de hecho se ríe un poco de eso. —Bueno—dice. —Sí, era extraño, pero aún así debieron haberme dicho.

—Sí, probablemente—dice, viendo la punta de sus zapatos.

—No "probablemente"… debieron hacerlo. Cuando hablamos por primera vez después de que Alice y Jasper regresaron, me dijiste que no había nada más que no habías confesado. ¿Cómo puedo confiar en ti ahora?

—No lo había—insiste Edward, sintiéndose alarmado. Reconstruir su confianza es importante para él. —O nada grande.

—¡Esto es grande, Edward! ¡Eras amigo de mi esposo! ¡Los dos se escribían entre ustedes hasta una o dos veces por semana!

—Te dije que lo conocía, Bella. No escondí eso.

—¡Pero no me dijiste que eran buenos amigos!

Frunce el ceño. —No lo éramos, en verdad. Amigos, pero no buenos amigos. No creo que él nos hubiera llamado buenos amigos, y te dije que le preguntaba por ti a veces. No mentí.

—¡No me dijiste la verdad completa tampoco! Y ahora te andas con rodeos, Edward. Ya. que no me dijiste todo.

—No estabas lista para escuchar todo esa noche. ¿Y alguna vez se te ocurrió a ti— … su culpa se convierte en un poco de ira…— que invadiste nuestra privacidad? Leíste nuestro correo sin nuestro permiso. A veces la gente necesita hablar con alguien más, Bella. No creo que Mark quería que leyeras algunas de esas cosas. A lo mejor yo lo merezco por poder leer las mentes de otras personas sin su permiso, pero Mark no. Una de las cosas que él me enseñó a mí, era lo indiscreto que era el leer mentes. No sólo es molesto para mí, es… está mal… y es por él que he empezado a trabajar en bloquear más las cosas, más de lo que lo hacía antes.

Y por la primera vez, Bella deja de verse enojada, y parece avergonzada.

—Yo no… digo, necesitaba saber…

—No, no necesitabas. Algunas cosas no necesitabas saberlas—. Edward está sorprendido de lo enojado que se está sintiendo esta vez. Al principio, sólo temía que ella estaría furiosa y lo sacaría de nuevo de su vida, pero el sentirse traicionado lo toma de sorpresa. Esto no es sólo una manera de voltearle la jugada a Bella. Está genuinamente lastimado. —Algunas cosas son bastante embarazosas.

—¡No me hizo pensar menos de ti! —le dice. —De ninguno de los dos ¡Tenía que saber!

Sólo se encoje de brazos, y entiende repentinamente mucho mejor los sentimientos encontrados que ella tiene del asunto. —Como dije—murmura finalmente. —Complicado.

—Sí—. Hace una pausa, luego dice: —Perdón por leer tu correo.

—Y perdón por no decirte. Pero como viste, no estábamos… no estábamos ocultando nada… malo… de ti. La mayor parte del tiempo, ni siquiera estábamos hablando de ti… o tratándote con condescendencia. Te preocupas mucho por eso. El querer cuidar de alguien no significa que lo estés tratando con condescendencia.

—Lo sé—dice suavemente. —Lo vi en las cartas. Suspira y pasa una mano sobre su cara. Su expresión está en blanco y lista para el dolor. —Supongo que fue duro para ti también, entonces… su muerte. Perdiste un amigo.

—Sí.

—No sabía eso antes. Lo siento. Debí haberte invitado al funeral.

—Está bien. Visité su tumba.

—¿Lo hiciste? —se ve sorprendida.

—Sí. Unas cuantas semanas después del entierro viajé allá. Era… algo que necesitaba hacer.

Ella asiente con un movimiento de la cabeza, como si entendiera.

—Bella—dice ahora. —Por favor entiende que sí, éramos amigos, pero Mark tenía otros amigos también, tú principalmente. No era la primera persona a la que Mark llamaba para decirle cosas. Esa eras tú. Luego venía otra docena de personas. Estaba bastante debajo en esa lista.

—Te dijo de los ataques—dice bruscamente.

—¡Porque soy un neurólogo, por el amor de Dios! Digo, si te dijeran que tienes cáncer y sucede que conoces un oncólogo, ¿no lo llevarías contigo a tus citas? Eso era todo lo que fue; podía interpretar el lenguaje médico por él.

—Dijo que te quería en la cirugía.

—Lo quería, si optaba por eso. Le preguntó a su doctor si yo podía asistir. Para ser honesto, al hombre no le agradaba la idea… ni a mí tampoco, por razones obvias. Las heridas en la cabeza sangran, Bella, inclusive en situaciones controladas como en cirugías. No que necesariamente tenga que ver el volumen de sangre. Una pequeña gota puede ser suficiente para volverme loco.

—Me sacaste el veneno de la muñeca… mi sangre… y no me mataste.

—Claro que no. Te amaba.

Lo estudia por un momento, luego pregunta:

—¿Tenías miedo de que… si era él… podrías odiarlo de la misma manera que lo querías, y no podrías detenerte?

La pregunta lo toma por sorpresa; frunce el ceño. —Yo… No sé. Quisiera creer que no. De todos modos—sacude una mano— eso no importa. Mi punto es que no confió en mí porque fuéramos grandes amigos, sino por lo que yo sabía.

—Te pidió que me cuidaras si algo le pasaba—dice ella.

—Sí. Sabía que yo te amaba. Sabía que haría cualquier cosa por ti. Estaba preocupado, así que se aprovechó de eso—. Una parte de él lo resiente; otra parte de él está agradecida. No le dice esto a Bella.

Tal vez lo sabe, porque lo observa de una manera extraña. De todos modos, también parece que se ha calmado, ya no se ve ni furiosa ni en el borde de la histeria. La tensión entre ellos se ha disipado y por el momento se siente emocionalmente apaleado.

—¿Estás bien? —pregunta él.

—¿Bien?

—Digo… Dios, eso sonó estúpido. Me refiero a que si necesitas algo. ¿Más agua? ¿Comida? ¿Dormir, tal vez? Estabas exhausta cuando llegué.

—Estoy cansada—dice, pasando una mano por su cabello. Está plano y grasoso. —Pero necesito leer. El día de hoy se ha ido al infierno…

—No, no necesitas leer—interrumpe. —Mañana, puedes leer. Esta noche…—sacude la cabeza. —Haz algo para relajarte, ¿está bien? Te llevaré a comer. O podemos ver una película. O… no sé. Algo.

—Tengo todos esos libros que terminar—. Apunta a su escritorio lleno de libros apilados.

—No van a ir a ningún lado. Por esta noche, sólo olvídate de ellos—. No está seguro de por qué está siendo tan insistente, pero él se siente estresado y sólo puede imaginarse la intensidad con la que ella lo ha de sentir. —¿De verdad crees que te puedas concentrar ahorita?

Eso parece convencerla. —No—dice, sus hombros de desploman. —Pero no puedo seguir dejando esto para luego. Tengo que trabajar.

—Y lo harás… en la mañana—. Se acerca a ella y se arrodilla en frente de su silla, tomando sus manos en las suyas. Se sienten frías, y se pregunta qué tan frías se sentirán en invierno. El CD está en su regazo. —Vamos a alguna parte divertida, ¿bien?

—¿Un lugar divertido en Dawesonville? ¿Estás jugando? Además, estoy cansada. No me siento tan bien como para salir. Me veo como algo que metió el gato.

—Te ves bien para mí. Y si te aburre Dawesonville, podemos ir a Helen, o a Atlanta si quieres—revisa su reloj. —Son apenas las 7:30. La noche es joven.

Ella logra sacar una sonrisa. —Para un vampiro—. Él le sonríe también, extrañamente alegre por la manera en la que pueden bromear acerca del asunto. Acercándose a él, rodea sus mejillas con las manos. —No me siento con ganas de ir simplemente, Edward. No tengo la energía. ¿Qué tal pizza y una película aquí? Bueno, la pizza para mí.

—Lo que quieras—. Trata de resistir acariciar la muñeca de Bella con su rostro para oler su sangre. Aún lo afecta.

—Me estás olfateando, Edward—. Pero suena divertida al alejar su brazo. —Bueno, pero importa lo que tú quieras también. Simplemente estoy muy cansada como para ir muy lejos o para vestirme decentemente para ir a cenar, pero podemos ir a una librería si quieres. Hay un Borders en la ciudad con una cafetería.

No puede evitar el reírse de que una librería es la idea de una tarde relajada para Bella. —Podríamos hacer eso. O podríamos ver una película y tú puedes comer pizza. La verdad no me importa. Sólo quiero que te tomes la noche libre.

—Una película entonces—dice ella. —A veces todo el brete de arreglarse para salir simplemente no vale la pena. Tengo una película de Netflix*** aquí que no he visto aún.

—Está bien.

Va por pizza para llevar para ella (pepperoni y extra queso) y ven una película del tiempo medieval. Está llena de inexactitudes y un poco aburrida; ella se queda dormida cerca del final, pero no en su hombro. Si lo dejó abrazarla cuando recién llegó fue porque había estado demasiado rota como para resistirse. Ahora ella mantiene una distancia segura en el sillón. Son amigos, y sólo eso. Le había dicho que no lo amaba… pero lo quiere. Eso es suficiente.

Levantándose, apaga la televisión y limpia la pizza grasosa, coagulada, luego la acomoda para que no se lastime la espalda, cubriéndola con varias cobijas y dejándola dormir mientras él lee sus libros. Ella había ido al baño antes de que la película empezara, así que piensa que es seguro el dejarla dormir sin molestarla. Cuando se sacude y grita al mismo tiempo, está justo ahí para tranquilizarla y pueda volver a dormirse, y en algún momento después de media noche, cuando está seguro de que está profundamente dormida, la carga y la lleva a su cuarto para acomodarla. Luego regresa a leer hasta después de que el sol sale y puede escucharla moverse. Dejando el libro, se levanta a hacerle café y a empezar a prepararle el desayuno.

Sale un poco más tarde, va al baño, luego se va a la sala y le echa un vistazo en la cocina. Su cabello está desarreglado. —¿Te quedaste toda la noche? ¿Me viste dormir como lo solías hacer?

—No—dice, rompiendo los huevos y vaciándolos en el sartén. —¿Los quieres revueltos o estrellados?

—Es lo mismo. ¿Qué hiciste entonces?

—Leer. En la sala—. Agrega, luego apunta sobre su hombro. —Te hice café.

Ve el café, luego a él y al sartén con los huevos, se encoje de hombros y toma café. Edward la alimenta, luego ella toma un baño. Cuando sale, se ve mucho mejor que en cualquier punto de la noche anterior, y se sienta en el sillón para empezar a leer. Ella lo deja quedarse, mientras él escucha música, o juega en la computadora de Bella. A mediodía, le da de comer (pizza recalentada) y regresa a lo que estaba haciendo cuando ella regresa a sus libros. Para cenar, hace pasta… es difícil el arruinar la pasta, supone. Son más de las nueve de la noche cuando finalmente lo mira sobre su libro para preguntarle:

—¿Planeas quedarte de nuevo esta noche?

—Lo haré si quieres.

Se ríe. —Edward, vete a casa. Estoy empezando a pensar que eres como el gato de la familia. Tengo que sacarte en la noche.

Él levanta una ceja, pero resiste el sentirse ofendido. Después de todo, lo dejó quedarse todo el día, y ha probado que puede estar aquí sin distraerla. En la puerta, dice:

—Te traeré la cena mañana, y mis solicitudes de residencia. Puedes leer mientras yo lleno esas.

Por un momento, se ve como si le gustaría protestar, pero no lo hace, sólo sacude la cabeza. —Nos vemos mañana, Edward.

—Hasta mañana, Bella.

Y la tarde siguiente, está ahí como lo prometió con comida china para llevar, su computadora y sus papeles. Establece un patrón. En el transcurso de las semanas siguientes, Bella termina no sólo aceptando, sino hasta asumiendo su presencia. A Edward le gusta eso.

Notas:

*Frigorífico, nevera, hielera, etc. No sabía por cuál decidirme…

**Imagen por resonancia magnética.

***Netflix es una compañía en Estados Unidos de renta de películas a domicilio. Pagas una vez al mes y puedes pedir películas por correo cuando quieras desde tu casa. Es bastante cómodo, pero tarda un día en llegar la película, y para la gente como yo, que prefiere el cine o comprarlas, no funciona haha. Pero es mucho muy popular en Estados Unidos. No sé si en otros países haya algo parecido. No creo que en Mexico haya algo así…. Pero no sé.

Y otro capítulo. Lo terminé en cuanto pude, pero su respuesta me tiene fascinada! En los primeros dos días recibí veinte reviews. Wow! Mil gracias. En fin. No creo cansarme de agradecerles, sigo aún super contenta por la respuesta. Me encanta responder reviews porque siento que estoy platicando con ustedes, lo que me encanta :D No se me había ocurrido antes, si les interesa, tengo cuenta de Facebook y de Twitter, si quieren saber qué estoy haciendo, o incluso pueden ayudarme cuando tengo dudas de cómo traducir algo. A veces dejo salir mi frustración por esos medios haha. Me pueden echar porras o apurarme XD en fin, las dos cuentas son xliliax -- facebook punto com diagonal xliliax , y twitter punto com diagonal xliliax.

Lo que me recuerda, si tienen Twitter, por favor sigan a peterfacinelli, necesita 500'000 seguidores para ganar una apuesta jaja. Y además que es graciosísimo. Sus Tweets me hacen reir como no tienen idea. Claro, en inglés, pero si quieren apoyarlo, por favor. El Dr. Carlisle sale de vez en cuando jaja.

15 reviews. Review, adelanto.

Lo mismo de siempre.

Saludos y gracias por leer!

Lilia

ETA Por cierto!! diana, me llego el review, pero no el mail. En fin, gracias!