LOS PERSONAJES DE INUYASHA NO ME PERTENECEN, SON PROPIEDAD DE LA GRAN MANGAKA RUMIKO TAKAHASHI. LA HISTORIA EN CAMBIO ES MÍA.


Capítulo dedicado a Miko Kaoru-sama porque te aprecio un montón y a Faby por su cumpleaños.


-20-

INSATISFACCIÓN

—¿A-amantes?— le cuestionó al llevar sus manos a su pecho, al sentirlo pegarse a ella. Agradecía la poca luminosidad, pues su rostro ardía de imaginar lo que eso significaba. Sonrió tontamente —. De-debes estar bromeando— mencionó sin saber cómo reaccionar.

Bankotsu cerró los ojos y suspiró frustrado "No pierdas el control", se recordó… si Kagome era un capricho, debía tener cuidado de no aterrarla. Bajó su cabeza hasta apoyarla contra la de la pelinegra y se forzó a calmarse.

—Kagome…— mencionó roncamente sin despegarse de ella.

Ella alzó su vista a él y los zafiros que el joven tenía por ojos, brillaron ante la poca luz lunar que lograba llegar a ellos.

—E-el trato era que…— logró pronunciar controlando el estremecimiento que le recorrió el cuerpo.

—¿Quieres hablar de eso ahora?— su voz ronca la hizo callar y ser consciente del lugar donde estaban, a poco menos de diez metros sus amigos se divertían, y a cualquiera se le podría ocurrir salir a buscarla al haber abandonado la pista de baile.

Tragó débilmente y negó del mismo modo —. No, solo…

—Vendrás conmigo, no pienso dejarte con ese imbécil— le aclaró seriamente y la tomó con cuidado de la mano para llevarla con él.

Kagome no avanzó y él volteó a verla —. No voy a irme. Es mi cumpleaños y son mis amigos— le dejó claro al sostenerle la mirada, Kagome se sentía sofocada por la cercanía que él había impuesto y por la atrevida declaración que le había hecho, pero necesitaba mantenerse firme ante él; reconoció que Bankotsu era una persona complicada y que ella había venido cayendo constantemente ante él y sus perversiones, pero ya no más. Necesitaba un poco de control para ella misma.

Bankotsu frunció el ceño por un segundo para disponerse a replicar molesto.

—¿Por qué no te quedas?— intervino rápidamente ella.

—¿Qué?

Kagome sacudió su cabeza espantando toda tensión en ella, necesitaba parecer natural cuando llegase con sus amigos —. Ya estás aquí, después de todo.

Bankotsu no tuvo tiempo a protestar cuando ella se lo llevó de la mano, la cual nunca soltó. Suspiró derrotado "Bien, si esto es necesario" pensó molesto.

—¡Vaya! Pero miren quién ha decidido escapar del país de la amargura— se burló Miroku al ver a Bankotsu llegar tras Kagome, no se percataron que solo segundos antes habían soltado sus manos.

—No sé qué te sorprende, te dije que vendría.— soltó fastidiado tomando asiento en un extremo de la mesa.

—¿Y Kouga?— cuestionó Kagome extrañada, permanecía aun de pie.

Sango frunció el ceño —pero si estabas con él.

—Ah, cierto…— sonrió y se rascó nerviosa el cuello —. Voy a buscarlo, seguro no me encuentra.

La castaña se encogió de hombros y la charla continuó, Inuyasha veía receloso como Bankotsu siguió con sus ojos el camino que Kagome tomó, pero no se percató de la molestia del mismo.

… . …

—¡Ey!— el peculiar llamado la hizo voltear —. Espero no haberte metido en problemas con Bankotsu— mencionó el ojiceleste al acercarse a ella y ofreciéndole una de las dos bebidas que traía. La había visto pasar y supuso que vendría a ofrecerle una explicación. Sonrió al verla avergonzada… Kagome le parecía muy dulce para Bankotsu.

—Kouga…— lo nombró y alzó sus avergonzados ojos a él.

—Siguen saliendo, ¿cierto?

Kagome negó rápidamente pero desvió la vista mientras jugueteaba con la bebida en sus manos —. No… nosotros no somos novios— titubeó, pero no mintió.

Kouga sonrió y volteó de medio lado a ver las casi asesinas miradas que de vez en vez, su ex compañero de equipo les dedicaba —. Pero no te ha dejado en paz— dedujo al instante —. ¿Quieres que hable con él?— ofreció al creer que la estaba presionando.

—No— Kagome habló de prisa.

—¿Sientes algo por él?— preguntó de pronto sorprendido por su comportamiento.

Kagome abrió la boca y se paralizó un segundo —. Bueno…—mencionó y se rascó incómoda la mejilla.

—Lo siento— volvió a interrumpir el joven—. No quería incomodarte.

—No es eso— mencionó y sonrió tontamente. Suspiró derrotada y se dispuso a contarle un par de mentiras que justificara su todavía cercanía con Bankotsu, cuidando en todo momento ese secreto que, era únicamente de ellos dos.

Pasada la media noche y estando ya todos nuevamente reunidos, siguieron llegando varias rondas más de cerveza, que fueron acompañadas por las inagotables charlas de la adolescencia que compartían la quinteta de chicos presentes, que generalmente terminaba en estallidos de risas por parte de los mismos, y unas sonrisas divertidas por parte de Ayame que también llegaron a compartir Kouga e incluso Bankotsu, quienes también eran nuevos entre el grupo ya formado.

Las fotografías también formaron parte en esa extraña reunión de, aparentemente, nuevo grupo de amigos.

Kagome se talló la cara cuando el sueño amenazó con vencerla, había dormido realmente poco la noche anterior a causa de cierto moreno ojiazul —. Creo que es hora de partir— mencionó observando que eran de las pocas personas presentes en el lugar.

Sango suspiró cansadamente y recargó sin ganas su cuerpo en la silla —. Supongo que tienes razón— mencionó sin mucho ánimo —. ¿Quién era el conductor designado?

—¿Eh?— mencionó Miroku y detuvo el movimiento de su mano que llevaba la última cerveza a sus labios.

Inuyasha rodó los ojos —. Iremos en mi auto— indicó al ponerse de pie y dirigirse a la barra a pedir la cuenta.

Miroku se levantó e intentó replicar pero la mirada de advertencia de Sango lo abstuvo de hacerlo.

El grupo salió entre charlas del bar entrada la madrugada todavía con los últimos ánimos encendidos, y se dirigieron al estacionamiento del camellón donde se localizaban los autos.

Inuyasha llegó a su coche y desactivó los seguros, en un segundo Miroku, Sango e incluso Kouga, que viajaba con el ojiazul se vieron dentro de su auto.

—Yo puedo llevar el auto de Miroku— ofreció Kagome al ser consciente que no entrarían todos en ese coche.

—Ah, claro— mencionó el chico y comenzó a buscar sus llaves entre sus prendas, aplastando tanto a su novia como a su compañero de equipo que tampoco estaba en condiciones de manejar.

—Yo traigo mi auto— interrumpió secamente el ojiazul señalando con el rostro su preciado Chevelle SS.

—Puedes llevar a Yura y a Ayame— mencionó agriamente el ambarino.

—Ah, si no te importa, muero de sueño— interrumpió la pelirroja y subió al asiento del copiloto que el peliplata había reservado para Kagome.

Bankotsu sonrió ligeramente al verlo molesto guardar silencio.

—Entonces supongo que ellas vendrán conmigo— se encogió de hombros y comenzó a caminar con Yura pegada de su brazo, Kagome tuvo que seguirlos a ver a Miroku seguir discutiendo con sus dos amigos y olvidarse de sus llaves.

Suspiró cansadamente al llegar al auto y mordió su labio al ver a Yura sonreírle con coquetería, sintió un cosquilleó en el pecho y no supo ponerle un nombre a esa sensación. Observó la caballerosidad de Bankotsu al abrirle la puerta e invitarla a pasar, ella permanecía de pie a un par de metros de ellos. Cuando él cerró la puerta y la observó, su cuerpo la traicionó al hacerla respingar.

—Ven— le dijo al tomarla de la mano y abrir la puerta del copiloto, el suave calor que le transmitía su mano la puso nerviosa y más al notar como Yura veía extrañada el lugar que le ofrecía—. Necesitamos hablar— le dijo antes de abrirle la puerta.

Kagome asintió nerviosa para ingresar al auto.

—¿Sabes? me siento como el perro que llevan atrás— mencionó resignada la pelicorta al apoyar sus brazos en el asiento junto a Kagome, y hacer un infantil y molesto puchero.

Kagome a pesar de su nerviosismo no contuvo su risa.

—¿Segura que no te gusta?— insistió la suspicaz chica.

La pelinegra se sorprendió y su mirada se posó en el joven que cruzaba frente al auto para llegar al otro lado, su mente viajó a la noche anterior y al placer que el cuerpo de Bankotsu sobre ella le había hecho experimentar. No dijo nada.

—Eres una tonta Kagome— mencionó cansadamente Yura y se recostó en la piel del largo asiento trasero.

Ella volteó a ver a la chica al momento en que Bankotsu entraba y arrancaba el auto, negó en silencio al verla acurrucarse y pretender dormir. El moreno hizo sonar una de las estaciones locales y así la música los acompañó en los veinte minutos que duró el trayecto, ninguno habló o mencionaba nada de lo que rondaba en su cabeza aunque la pelicorta parecía ya dormir tranquila.

O.O.O.O.O.O.O.O.O.O.O.O.O.O.O.O.O.O.O.

Ese lunes sería el último día de descanso y decidieron aprovecharlo desde temprano, sin importar las horas de sueño que seguían haciéndoles falta. El desayuno fue ameno aunque no todos lo compartieron en el comedor, Bankotsu estuvo ausente, había salido a la ciudad; y Kikyo se saltó dicha comida.

—Es que no entiendo por qué tu apatía. Tu decidiste acompañarnos— mencionó el peliplata cuando el grupo de jóvenes se vieron ya en la playa. Ellos permanecían de pie frente al mar mientras los otros, comenzaban a jugar o descansaban, ya sea bajo el sol del mediodía o en la sombra de la palapa.

Kikyo frunció el ceño molesta —todo esto lo hice por ti— reprochó más molesta de lo que debería, según consideró el peliplata—. Y tú no haces más que querer complacer a esa…— mencionaba molesta, pero evitó insultarla por estrategia.

El ojidorado resopló frustrado —. No tienes nada de qué preocuparte— mencionó secamente. Estaba siendo injusto con Kikyo, nunca consideró estarla usando y dañando en su propósito de disfrutar más su vida.

La lacia y pálida pelinegra se giró sin pretender ver al joven frente a ella. Estaba molesta y se sentía humillada, ahora también por Inuyasha.

—Pasemos lo que resta del día aquí bien ¿quieres?— le preguntó y la abrazó rodeando su delgada y desnuda cintura, a consecuencia del pequeño bañador que usaba.

Ella se forzó por recuperar su autocontrol y dominio de la situación.

… . …

—Parecer que están peleando— comentó sin mucho interés Yura al acercarse a Kagome que permanecía en el interior de la palapa observando, hasta ese momento sola, a la juvenil pareja.

—Eso parecía— mencionó en voz baja al verlos abrazarse. Dio un suave respingo y se obligó a girarse cuando vio la suspicaz mirada de Kikyo fijarse en ella a pesar de la distancia.

—Bah, a quién le importa— mencionó hastiada la pelicorta. Estaba cansada por la noche anterior pero al igual que todos pretendía aprovechar ese último día—. Ven, vayamos con Kouga y los chicos a jugar voleibol— añadió y la jaló, los pies desnudos de las chicas encontrarían refrescante la suave arena de la playa segundos después.

Ella se forzó a sonreír y a ignorar a la pareja que ahora se separaba, al parecer Kikyo regresaría al interior de la casa e Inuyasha se quedaba de pie frente a la playa. Guardó un par de pulseras en la bolsa trasera de ese blanco y pequeño short que usaba, acompañado únicamente del sostén de un bañador negro.

"No es tiempo de pensar en eso, primero tengo cosas que aclarar con Bankotsu… ahora algo con Inuyasha solo me metería en problemas"… reconoció mientras se ataba el largo cabello en una coleta alta para unirse al juego. Postergaría sus problemas al menos por ese día.

—¡Ey, no sean abusivos!— gritó divertida y fingiendo molestia la pelinegra, al ver caer en Ayame, lo que ella consideraba un ataque estratégico al eslabón más débil de su equipo.

—¿Qué? En la guerra y en el amor todo se vale— se defendió la castaña que había apartado para ella a su novio y a Kouga, dejando sola a Kagome con Yura y Ayame.

—Pero esto no es la guerra— reprochó molesta la pelicorta mientras ayudaba a su compañera pelirroja a ponerse de pie.

—Creo que tienen razón— concilió el ojiceleste—. Me pasaré a su equipo.

—¡No!— se negó la castaña que por primera vez desde que llegaron, estaba en el equipo ganador.

—No será necesario. Aunque te lo agradezco guapo— mencionó con coquetería la pelicorta y le guiñó un ojo al joven haciéndolo sonreír tontamente—. Iremos por Bankotsu— completó logrando paralizar a la pelinegra que creía que incluiría en su equipo, al solitario ojidorado que descansaba en la palapa con una botella en mano.

—Perfecto. Entonces nosotros traeremos a Inuyasha— mencionó victoriosa Sango y retó con la mirada a Yura.

—¡Bien!— aceptó lo que consideró un reto y tomó la mano de Kagome—. Ven, vayamos por él.

Ella solo pudo asentir mientras era apurada a correr por parte de la pelicorta. Subieron los largos escalones del risco en menos de dos minutos.

—No se ve, supongo que debe estar arriba— mencionó Kagome al haber visto su auto junto a los otros afuera de la casa.

—Bueno, sube por él que yo muero por ir al baño— le pidió Yura mientras salía disparada a su habitación.

—Pero…

—Date prisa, que seguro se arrepienten y terminan el juego antes de volver.

Kagome suspiró hondamente para aplacar el revoloteó extraño que se posó en su estómago —bien, solo tengo que pedirle que juegue con nosotros— se dijo para ignorar el patético nerviosismo que la invadía cada que de Bankotsu se trataba. Si dirigió a las escaleras de madera y comenzó a subirlas.

Apenas puso un pie en el segundo nivel de esa casa, frunció el ceño al parecerle escuchar ligeras voces molestas.

—Qué raro, no sabía que estuviera con alguien— se dijo y sintiéndose inoportuna se dispuso a girarse.

—¡No es más que tu maldita estupidez!— la fría y molesta voz de Kikyo sonó fuerte y claro cuando ésta salió de la habitación dando un portazo.

Kagome respingó al verla furiosa, la conocía poco pero no recordaba haberla visto nunca así, cuando la pálida mujer la vio y siguió avanzando, ella retrocedió dándole espacio.

Kikyo sonrió con burla al verla ahí de pie —. No sabía que te gustara escuchar conversaciones privadas.

—No sabía que estabas aquí— le respondió secamente y frunció el ceño ¿qué tendría que hacer la novia de Inuyasha saliendo de la habitación de Bankotsu?¿y por qué parecían discutir?

—Mph. No sabes muchas cosas— le dijo al comenzar a bajar.

Kagome se quedó sin habla ¿a qué se refería? Sintió un hueco en el estómago, Kikyo la intimidaba, la veía tan atractiva con todo su porte y altivez… le quedaba claro por qué razón Inuyasha la tenía como novia… aunque la duda del qué hacía ahí con Bankotsu seguía presente en ella. Giró su rostro de prisa al escuchar la puerta que anteriormente fue cerrada con fuerza, volver a abrirse.

—¿Qué haces aquí?— le cuestionó el ojiazul al verla parada y extrañada "¿escucharía algo de lo que…?" se preguntó y permaneció de pie fuera de su habitación.

—Ah— Kagome abrió los labios y no pudo decir nada, la mirada de Bankotsu era extraña, lo veía confundido y verla fijamente a los ojos—. Yo… yo venía a…— logró pronunciar al llevar una de sus manos a su pecho, como dándose valor —¿qué hacía ella aquí?— preguntó por fin. Su tono logró salir más firme.

Bankotsu apretó los puños y Kagome no lo notó —. Solo quería tener la visión de la playa desde lo alto— mintió.

Ella frunció el ceño —. Parecían discutir.

—No sabía que te interesara tanto— mencionó y sonrió. Kagome no había escuchado nada… eso pareció tranquilizarlo ¿por qué?

—No es que me importes— le dejó claro ofendida por la sonrisa burlona que se instaló en su rostro.

—Claro— dijo y se acercó a ella hasta acorralarla contra la pared.

—Creo que esto es sospechoso. Ella es la novia de Inu y…— mencionó pegando sus manos a sus endurecidos abdominales para apartarlo, los antebrazos de Bankotsu descansaban en la pared, manteniéndola prisionera.

—Inuyasha— la corrigió molesto al nombrarlo—. Y lo sé, no me importa en lo absoluto— dijo seguro—, ella quería que le cumpliera sus caprichos al mostrarle el lugar, y yo no quise hacerlo. Por eso la discusión.— mintió viéndola a los ojos—. Seguro está molesta y solo vino a pretender desquitarse con alguien. Si la conocieras, sabrías que Kikyo es así— finalizó convenciéndola, pues Kagome también sabía por parte de sus amigas, lo voluntariosa que era la novia de Inuyasha.

—Ah, bueno…— dijo nerviosa al verlo sonreír y acercarse a sus labios.

—¿A qué venias?— volvió a cuestionar y no contuvo su impulso por tocarla, bajó sus manos y las deslizó por su pequeña cintura, hasta bajarlas a sus redondeados glúteos. Anoche la había extrañado, había tenido mala noche al contenerse de ir a buscarla, si planeaba seguir con ella tenía que ser más cuidadoso a partir de ahora.

—A-a invitarte a… jugar— mencionó y sintió sus mejillas arder cuando él ladeó su rostro y lamió despacio su cuello. Su piel completa se erizó.

Bankotsu sonrió —. Perfecto. ¿Y jugamos en tu cuarto o en el mío?— le cuestionó al apretar su glúteos y atraerla hacia él. La obligó a sentir su hombría comenzar a endurecerse.

—¡Eres un sucio!— moderó su voz indignada y forcejeó con él hasta recuperar su espacio.

Bankotsu sonrió divertido por su nerviosismo y timidez, observó la piel expuesta de su cuerpo y las curvas del mismo, su miembro dio un tirón bajo su pantalón... su vista se detuvo en sus senos redondos y ella los cubrió al verlo. Sí, Kagome era tal vez un capricho o reto personal… lo divertía y excitaba sobremanera.

—¿Entonces?— le cuestionó roncamente al contenerse de encerrarla con él en su habitación y hacerle todo eso que anoche había imaginado.

—Yu-Yura quiere que juegues en nuestro equipo— mencionó luchando por sonar firme y clara en su idea—. Voleibol.

Bankotsu suspiró frustrado—. Bien.

—¿En serio?

—Sí, me cambio y bajo— le dijo y sonrió al verla sorprendida y con un indicio de sonrisa asomarse por sus rosados labios.

—Bien, entonces te esperamos abajo— dijo todavía incrédula y se apresuró a desaparecer de ahí.

—Kagome— la detuvo al sujetarla del brazo—. Tenemos una conversación pendiente.

Ella asintió y terminó mordiendo ligeramente su labio, por la promesa de problemas que esa conversación le representaba.

Bankotsu notó su labio ser torturado por ella y la jaló para besarla. Se complació al escucharla gemir, tal vez nerviosa, y sentir sus redondos senos pegados a su camisa. Soltó su brazo y la envolvió en un abrazo, con su mano libre la tomó de la nuca y la obligó a dejarlo profundizar el beso al introducir su lengua en ella.

Kagome apretó sus ojos y sintió ese estremecimiento extraño que las caricias y el cuerpo de Bankotsu le provocaban. Su propio cuerpo la estaba traicionando nuevamente al sentir su corazón acelerarse y su cuerpo incrementar su sensibilidad… podía sentir el miembro de Bankotsu ya erecto contra su vientre. Perdió lo que le quedaba de aliento cuando él dejó sus labios para besar su cuello.

—Perdámonos un rato— suplicó el excitado ojiazul al morder el lóbulo de su oreja.

Kagome negó débilmente, no podían. "Cuando él se pone así… yo difícilmente…" reconoció su culposa debilidad.

—¡Kagome!¿Sigues aquí?— escucharon la voz impaciente de Yura.

La pelinegra lo jaló y se ocultó con él tras la pared, pues se besaban frente a las escaleras y expuestos a todos.

—¿Lo reconsideraste?— preguntó divertido el moreno.

Kagome lo vio molesta mientras luchaba por calmar su cuerpo —. Nos vemos abajo— le dijo y suspiró profundamente para bajar y disimular con su amiga.

Bankotsu suspiró frustrado "¿Qué demonios te pasa con esa niña? El trato terminó" pensó mientras se giraba a su habitación para después alcanzarla en la playa.

Al cabo de treinta minutos el juego se desarrollaba de forma fluida y difícilmente lograban ambos equipos que el balón no tocase la arena, aunque ellos no corrieran con la misma suerte.

El golpe de Miroku fue fuerte y al suelo, Bankotsu se había arrojado a los pies de Ayame para rescatar el balón que la inmóvil chica dejaba perder, Yura estabilizó la bola y Kagome saltó alto para, por apenas centímetros arriba de la red, pasar el balón justo entre Kouga y Sango que terminaron chocando entre ellos, pero rescatando el mismo de tocar el suelo… Inuyasha cayó rodillas a la arena y alzó la bola, pero Miroku ya no hizo un contacto firme y la misma se estrelló contra la red de su lado.

—¡Si!— gritaron emocionadas ambas pelinegras para abrazar a una confundida pelirroja.

Bankotsu sonrió y negó en silencio al verlas.

—¿Y qué? De cualquier forma perdieron— dijo molesta la castaña.

—Sí. Pero dijimos que este era el punto decisivo— aclaró con burla Kagome al sacarle la lengua de modo infantil, haciéndola rodar los ojos.

—Fue un buen juego— aceptó Miroku palmeando el hombro de su también agotado primo, al retirarse hacia la palapa.

—Un digno juego para estar en desventaja— añadió Yura imitando a Miroku al tocar a Bankotsu.

—¡Y dale con la misma!— se quejó Sango al también seguirlos.

El moreno y Kagome fueron los últimos en acercarse —. Nunca cambiarán— le dijo ella sonriendo tontamente. El haber compartido esa actividad lejos de una cama abrió una nueva brecha entre ambos, aunque no terminaran de verlo.

Bankotsu solo se encogió de hombros —. Son tan infantiles.

—Oh, disculpe usted hombre maduro— se mofó Kagome al adelantarlo.

Bankotsu negó en silencio y en vez de seguirla, subió a la casa dispuesto a darse un baño, en unas horas partirían. Dejó abajo a la totalidad de sus compañeros preparando algo para comer.

Una vez en la cima del risco y cuando se disponía a dirigirse a la segunda planta, el teléfono de la casa sonó. Bankotsu frunció el ceño, había pretendido ignorarlo, pero ante la insistencia del mismo optó por contestar…no tenía idea quién podría llamar, eran escasas las personas que conocían el número y dudaba que a alguien le interesase comunicarse ahora.

—Diga— respondió secamente al alzar el teléfono.

Oh disculpe… ¿Es ahí que puedo encontrar a Inuyasha?— escuchó una delgada voz de mujer.

—¿Inuyasha?— respondió con extrañes.

Sí. Disculpa mi mala educación. Mi nombre es Izayoi Taisho, madre de Inuyasha. Hablé a casa de Miroku y ahí me pasaron este número…

—Ya veo— la interrumpió —. Inuyasha se encuentra abajo en la playa, con su novia— informó esperando que llamara después, pero tuvo que apartarse el aparato del oído al escuchar a la mujer chillar emocionada.

Entonces él y Kag… ¡Qué felicidad!¡Por fin!— habló la mujer para ella misma.

Bankotsu frunció el ceño y recordó haber escuchado de Miroku decir lo que las madres de ambos deseaban ese compromiso.

—Creo que me está entendiendo mal— su voz sonó molesta sin evitarlo y con eso atrajo la atención de la mujer del otro lado de la línea — Inuyasha está en la playa con su novia, y Kagome acaba de entrar— le aclaró al ver a las dos pelinegras entrar y dirigirse a la cocina.

¿Qué?— mencionó la mujer y Bankotsu sonrió al aparentemente, descubrir la relación de Inuyasha ante ella —. Eso quiere decir que Kagome… ¡Dios!¡pobre Kag!— razonó la mujer—. Bueno, podrías comunicarme con ella… yo hablaba para felicitarla por su cumpleaños pero su móvil…

El moreno apretó el aparato en su mano —. Kagome— la nombró secamente y en voz alta, sin interesarle escuchar a la mujer del otro lado.

—¿Si?— respondió la pelinegra desde la cocina y extrañada de que hablara de esa manera.

—Teléfono— le dijo y dejó el mismo en el buró, paradirigirse a su habitación.

Kagome lo vio avanzar molesto y dejó de darle importancia al atender al llamado. La charla entre la joven y la madre del peliplata que tanto aprecio le tenía no fue muy larga, pero sí duró lo necesario para que Yura se fuera sin esperarla, y para que se le formara un nudo en el pecho cuando la mujer le preguntó si era verdad que Inuyasha tenía novia, y que Kagome no era esa compañera. La mujer tuvo la prudencia de omitir su fuente de información, pero se le aseguró a la inestable pelinegra que su hijo debía darle una explicación por su escondida relación.

Supongo que ahora no importa mucho, que te diga que nadie me parece mejor para mi hijo que tú ¿cierto?

Kagome se forzó a sonreír y apretó el teléfono con un poco más de fuerza y trató de concentrarse en lo que la venía manteniendo serena —. Tranquila Izayoi, supongo que es el camino que cada uno tenía que tomar… tal vez más adelante, cuando sepamos qué es lo que de verdad…

Eres tan madura, Kagome— la interrumpió la mujer—. Y eso solo me habla de la gran chica que eres.— aseguró y a Kagome se le revolvió el estómago. Izayoi conocía a la Kagome de antes, no a esa Kagome en la que se estaba convirtiendo por culpa de Bankotsu… no, ella misma había aceptado ser esta nueva Kagome.

Ante el mutismo de la chica, la mujer siguió hablando—. Espero que a pesar de todo la hayas pasado muy bien, ya cuando tus padres regresen, te festejaremos como es debido, cariño.

—Eso no será necesario, yo estoy…

Ni lo digas, no te mereces otra cosa— volvió a interrumpirla—. Ahora te dejo que sigas disfrutando, lamento no haber logrado comunicarme contigo, pero aunque sea hoy necesitaba felicitarte y decirte lo mucho que te queremos. Inu no y Sesshomaru también envían saludos.

Kagome sonrió, estaba segura que Izayoi nombraba a Sesshomaru por cortesía, aunque se hablaban bien, sabía que Sesshomaru era de ese tipo de personas que difícilmente manda felicitaciones—.Dales mis agradecimientos sinceros.

Con un par de frases más por parte de cada una, la conversación terminó. Kagome suspiró derrotada. Estaba hecho, estaba un paso más alejada de Inuyasha… aceptar ante la madre de éste la relación de él y Kikyo había sido un golpe sensible en ella, pero no tanto como lo imaginó en un principio. Volteó su rostro buscando a Yura y ya no la encontró, su vista se fijó en las escaleras e inevitablemente pensó en Bankotsu y en que él había sido un distractor, bastante peculiar, al dolor que sintió al desquebrajarse su rosado sueño adolescente.

Bajó apresurada a reunirse con el resto, antes de pensar más de lo que debía en ese arrogante ojiazul que quería seguir teniéndola en sus manos. Sus amigos ya la esperaban y no tardó mucho en estar riendo entre el alboroto causado por Yura, Kouga e incluso Miroku y Sango.

Asomado desde el gran ventanal, Bankotsu veía con sus fríos ojos azules al escandaloso grupo de jóvenes al que acompañaba. Había salido de bañarse y terminaba recién de trenzar su largo cabello. Vio desinteresado y a lo lejos al motivo de su molestia correr al ser perseguida por Sango e introducirse sin pensar en el agua. Negó en silencio, ¿cómo podían seguir comportándose como un par de niñas? Deslizó su vista un poco más y metió sus manos a los bolsillos de su pantalón al ver a Kikyo sentada en la palapa y mientras descansaba, clavar su vista en él. Rodó los ojos y se giró para adentrarse a su habitación.

Kikyo había sido muy imprudente al subir hasta ahí a reclamarle por haberla dejado sola el día anterior. Sonrió irónicamente al ver logrado parte de su cometido, pues la orgullosa y altiva chica se encontraba humillada y herida en su ego, motivo por el cuál intentó abofetearlo "Seguro a eso se refería Kagome cuando dijo que nos escuchó discutir" pensó al sentarse en un sofá y prender el televisor sin prestarle importancia a la programación. Todavía recordaba la mirada sorprendida de Kikyo cuando le detuvo la mano antes de tocarlo.

—No creí que fuese ingenua— mencionó despectivamente. Ninguna mujer lo había golpeado y ella no iba a ser la primera —. Pero estuvo a punto de echarlo a perder todo— reflexionó y negó en silencio. Todavía no quería dejar ir a Kagome.

Se levantó ignorando el televisor y se dejó caer en la suave cama. Al sonido del televisor parecían sobrepasarlos los gritos de las mujeres abajo, casi podía escuchar la risa divertida de Kagome, nunca la había escuchado reír así.

—Ella me gusta— reconoció una vez más. Cerró los ojos y revivió esa primera y única noche que estuvo con ella. Su hombría dio un tirón bajo sus pantalones. "No fue suficiente" reconoció internamente, no le había bastado solo esa noche, Kagome, como digno capricho que era, le resultó insatisfactorio hacérselo por una sola vez.

—Solo es eso… No le des más vueltas— se convenció y se obligó a dejar de pensar en ello al llevar sus brazos a su frente revolviendo su flequillo, y cerrando sus profundos y azules ojos.

O.O.O.O.O.O.O.O.O.O.O.O.O.O.O.O.O.O.O.

—¡Ahh! ¿si digo que no quiero volver, me veo mal?— preguntó una cansada pelicorta al dejarse caer sobre uno de los sofás de la sala.

—Creo que es algo natural después de lo bien que la pasamos— respondió Ayame dejando sus maletas en el suelo y recargándose en el respaldo del sofá donde su compañera de cuarto descansaba.

Yura suspiró derrotada.

—Creo que esto es todo— mencionó la pelinegra al pasar por un lado de ellas y dirigirse a la salida con su maleta en mano.

Sango estaba afuera con el resto de los chicos, salvo Inuyasha y Kikyo que todavía se encontraban en la playa.

—Ni hablar, se supone que teníamos que salir a medio día y ya casi está por anochecer así que, sí nos extendimos— se animó Yura y tomando sus maletas animó a Ayame a hacer lo mismo… la casa poco a poco se vaciaba.

Afuera las tonalidades naranjas del atardecer se extendían en el impresionante horizonte del despejado cielo, comenzaba a ventear un aire extrañamente cálido en esos días finales de otoño, mientras los jóvenes se dedicaban a asegurar equipajes en los respectivos autos en los cuales llegaron.

—¿Qué tanto hace Inuyasha?— preguntó Sango que ya quería partir, ella tenía clases el martes temprano e irresponsablemente no había cargado con los pocos deberes que tenía a ese viaje, y ahora eso la mantenía impaciente.

Kagome se asomó curiosa y los observó subir por las largas escaleras, todavía se veían molestos e Inuyasha caminaba detrás de la presurosa joven.

—Ya vienen llegando— les comentó y se retiró de la pequeña y gruesa pared que se alzaba como protección de ese precipicio. Intentó no darle importancia a la incomodidad que seguía sintiendo, atrás de ella cierto moreno ojiazul prestaba atención a su comportamiento mientras se encontraba recargado en el cofre de su auto con aparente despreocupación.

—¡Agh!— el grito agudo de Kikyo los hizo voltear, y asomarse a los más curiosos.

—Kikyo ¿estás bien?— un preocupado peliplata se apresuró a llegar a ella.

—Solo esto me faltaba— se molestó la chica al pisar mal y haber caído en la dura piedra que formaba esa larga escalera —. Todo este maldito viaje fue una estupidez— maldijo al tener a Inuyasha a su lado. Seguía molesta y muy frustrada, lo peor de todo era que no podía mover sin tener dolor en su pierna, y ella era porrista. Maldijo internamente a todo el mundo presente.

—Déjame ayudarte— suplicó el ojidorado que se sentía culpable. Ellos habían discutido una vez más y él consideró seriamente la posibilidad de dejarla minutos antes… ahora y a consecuencia de ese accidente que pudo ser peor, sufrido por su delgada novia, la culpabilidad le cayó en los hombros.

—Ni se te ocurra Inuyasha. Ya bastante has hecho por mí— reprochó molesta y logrando lo que pretendía, acrecentar su culpabilidad. También Inuyasha le caía mal, porque si tal vez, ella y Bankotsu no se hubiesen conocido, de verdad se pudo enamorar de él, y él, seguía interesado en Kagome y eso era obvio para ella… lo que no sabía era por qué estaba con ella cuando le importaba tanto la estúpida de Kagome.

—Déjate de tonterías, esto ha sido mi culpa— habló con su voz gruesa en molestia y la cargó en brazos para llevarla a su auto —. Debes ver a un médico.

Kikyo ladeó su rostro, sus celos eran reales aunque el sentimiento que profesaba a Inuyasha no fuera del todo sincero.

Kagome quien también se había asomado a ver lo ocurrido, tuvo que hacerse a un lado para dejar pasar a Inuyasha con Kikyo en brazos. Su respiración se hizo lenta y su mirada se entristeció en ese instante… él pasó y no la volteó a ver.

—Me adelantaré con ella— le informó a todos—. Necesita ver a un médico— su tono fue amargo y Kagome supuso que por que se sentía mal por el accidente ocurrido a su querida novia.

Se abrazó a sí misma y apretó la delgada tela del vestido a dos piezas que usaba, según Yura el tono rosa pastel de la parte superior del mismo contrastaba con la falda negra y de flores, haciéndola ver excelente con esas zapatillas rosas a combinación… pero en ese momento pareció ser invisible para su primer y único amor. Tragó pesadamente.

—Bueno, supongo que no es un viaje completo si no hay un accidentado— se burló Kouga al ver que no había sido nada grave.

—Eso supongo— mencionó Sango encogiéndose de hombros y apresuró a Miroku a partir ya que seguía con prisa. Kagome vio con cierta envidia lo bonita que se veía Sango con su fresco vestido y de la mano de su novio… ella sí tenía suerte y se alegraba sinceramente, pero no podía evitar preguntarse si ella llegaría a conocer esa felicidad.

—¡Ah! ¡es mamá!— se alarmó Ayame cuando su celular comenzó a vibrar de la nada. Corrió metros adelante para contestar sin ser interrumpida o delatada.

Yura se llevó la mano al rostro y negó cansadamente—. Nada más esto me faltaba— se dijo desanimada y la siguió, ella había convencido a su compañera de asistir sin decirle nada a su madre y al parecer, ya se había dado cuenta.

Kagome se quedó parada viendo a Yura llegar donde la pelirroja, y no pudo evitar sonreír a pesar de todo al ver su rostro descompuesto. Su amiga no cambiaba, era por eso que personas como Inuyasha la consideraban una mala influencia para cualquiera.

—Supongo que las esperas. Kagome y yo nos vamos— habló Kouga al dirigirse al joven de larga trenza, estaba seguro que así serían las cosas ya que Kagome llegó con él.

La pelinegra al escuchar su nombre respingó y asintió enseguida, para seguir al ojiceleste que la llevaría. Pero un firme agarre le impidió moverse al sujetarla del brazo.

—Kagome se viene conmigo— con voz fríamente molesta le dejó claro a su ex compañero.

—Ella venía conmigo— volvió a mencionar el joven de coleta viendo a la extrañada pelinegra, que veía a Bankotsu sin entenderlo.

—Eso a nadie le importa— replicó el moreno al mismo tiempo que se giraba y tomaba a Kagome por la cintura para obligarla a avanzar.

—¿Qué?— mencionó apenas Kagome ¿qué a Bankotsu no le preocupaba que Yura descubriera su mentira?

—¡Con un demonio Bankotsu! ¿quieres dejar de comportarte como un imbécil?— gritó Kouga y se abstuvo de seguirlo, hecho que Kagome agradeció al ser el único que mostraba prudencia, y aunque seguía sumamente molesta con Bankotsu evitó demostrarlo frente al ojiceleste.

Una vez que Bankotsu le abrió la puerta solo mencionó un débil "lo siento" al que consideraba un buen amigo, para en el acto entrar al cuidado auto del molesto ojiazul.

—¿Qué demonios pretendes al fingir que entre ustedes todo ha terminado?— preguntó moderando su voz, pero claramente molesto el joven de alta coleta.

Bankotsu frunció el ceño "¿fingir que todo ha terminado?" pensó en un segundo, apretó los puños molesto ante la idea que Kagome le hubiese contado su secreto.

—Eso es algo que no te importa— lo encaró y se paró peligrosamente cerca de su rostro, al verlo a los ojos—. Lo único que te debe quedar claro, es que Kagome es mía. Y eso no lo vas a cambiar.— le aseguró con una fría calma que Kouga casi sintió un estremecimiento—. Ahora quítate, e inventa algo creíble si no quieres meterla en un problema.

Kouga frunció el ceño y dio un paso hacia atrás, dándole la oportunidad al moreno de abrir la puerta.

—No lo hago por ti— mencionó secamente el ojiceleste.

—Mph— Bankotsu sonrió de medio lado—. Tampoco me importa.

Kagome evitó ver a Kouga mientras Bankotsu se alejaba del lugar, apretó la delgada tela del vestido con sus manos al ver de reojo a sus dos amigas pegadas al celular.

—¿Me quieres decir por qué demonios haces este tipo de cosas?— le cuestionó y volteó a verlo molesta.

Bankotsu tensó la mandíbula y apretó el volante entre sus manos. Desde la llamada de Izayoi se había molestado aunque Kagome no tuviese la culpa, después, no pudo evitar volver a hacerlo, al ver lo patética que se veía observando como un perrillo abandonado a Inuyasha mientras cargaba a Kikyo. Kagome lo estaba desesperando… tal vez su orgullo se veía herido al ser nadie para ella.

—¿No piensas contestarme?— volvió a cuestionar. Estaba harta de él, la ponía nerviosa y la hacía sentir cosas extrañas y aprovechaba eso para obligarla a hacer lo que él quería, y eso, aunque la mayoría de las veces lo disfrutaba, la hacía sentir extraña, casi mal. Lo observó con sus ojos azules fijos en el camino al salir ya a la carretera —. Eres de lo peor, Kouga solo quería…— decía y al verse ignorada se detuvo—. No somos nada para que…

—No me importa— la interrumpió secamente y no la volteó a ver.

Kagome respingó y frunció el ceño —. ¿Qué?— cuestionó extrañada.

—Que no me importa lo que otros quieran o lo que tú misma desees. Eres mía— mencionó molestamente celoso al voltearla a ver.

Kagome perdió el aliento y su cuerpo vibró ligeramente. Abrió sus ojos con sorpresa al descubrir otra vez a su cuerpo traicionándola, al latir su corazón con fuerza por su posesiva declaración.

Bankotsu pareció caer en cuenta de sus impulsivas palabras —. Hasta el día que a mí se me dé la gana— se forzó a continuar secamente y desvió su vista sin entender ese arranque de claros celos.

"Tranquilízate" se recordó.

Kagome se recargó en la fina piel del asiento sin poder responder... se llevó una mano al pecho ¿qué había sido eso? por un momento sintió sus palabras verdaderas y luego… Negó en silencio y retiró su mirada de él para volver a colocarla en el camino. Bankotsu era una persona complicada… alguien a quien si le dejaba seguir adentrándose en su vida, podría complicarle la existencia. Volvía con más fuerza la idea, antes casi olvidada, de que era un peligro para su persona… actitudes como esa tontamente la estremecían y eso no estaba bien.

Él la vio de reojo y tras suspirar frustrado pisó el acelerador del auto y localizando el lugar preciso, giró con algo de brusquedad el volante del auto pasando sobre un espeso follaje.

—¡¿Pero qué diablos haces?!— mencionó Kagome mientras se sujetaba del tablero del coche —¡Dios! creí que moriríamos— susurró para ella misma al ver que el camino continuaba en terracería y que no había un precipicio como anteriormente había creído.

—Mph— él no contuvo la sonrisa torcida que adornó sus labios, se recargó en el asiento y con una sola mano sostuvo el volante mientras con la otra ajustaba la palanca de velocidades para recorrer ese camino cerrado hace años, y que él había conocido cuando niño.

—¿A dónde vamos?— preguntó Kagome al ver el camino casi intransitable y una vez pasado ligeramente el susto inicial.

—Al viejo mirador. Quiero estar un momento a solas contigo— dijo ya más tranquilo.

Kagome lo vio con desconfianza y se obligó a pensar en otra cosa que no fuese el cosquilleó en su estómago, por encontrarse otra vez en una situación bastante peculiar con Bankotsu.

Habían recorrido durante diez minutos la terracería por una angosta vereda, llegaban a una planicie. Observó con las luces del auto un gran y viejo árbol que era rodeado por arbustos y pastos altos.

—¿Hay un nuevo mirador?— preguntó y se sintió tonta ante su absurda y desubicada pregunta al recordar las palabras dichas por él. Ahora que se veía ahí, el nerviosismo y expectación por el qué ocurriría y cómo ocurriría, la invadieron.

—Sí, uno kilómetros más adelante, con vista al mar y la ciudad— le dijo mientras volteaba atrás para estacionar el auto bajo el espeso follaje del viejo árbol de roble.

Cuando Bankotsu apagó el auto quedando casi en penumbras el nerviosismo de Kagome se hizo mayor, ya no le funcionaría eso de hablar o pensar en otros temas.

—A-allá van los chicos— mencionó al ver a lo lejos el auto al que reconoció como de Kouga.

—Es imposible que alguien nos vea— le aseguró al voltear a verla, la piel de Kagome parecía como porcelana blanca a la luz de la luna, permaneció un momento viéndola y ella no pudo sostenerle la vista.

—Su-supongo que… de-debemos hablar de…

—El trato no ha terminado— aseguró con voz ronca al momento de echar su cabeza hacia atrás y tratar de entenderse, pero no lo lograba del todo al sentir su masculinidad dar un tirón bajo su pantalón, buscando llamar su atención y que le proporcionara el placer de calmar, lo que ahora era una necesidad primaria.

—No puedes hacerme eso— mencionó Kagome con una extraña calma—. Yo confié en ti.

Bankotsu volteó a verla y le sonrió… se acercó a ella al deslizarse por el largo asiento.

—¿Hacerte qué Kagome?— preguntó roncamente mientras la veía a los ojos, la pelinegra instintivamente retrocedió hasta pegar contra la puerta asegurada del auto. Tembló al ver diversión y un brillo ligeramente conocido por ella en sus zafiros ojos—. Nunca te he obligado a hacer nada que no quieras— le recordó al posar una de sus manos en su cadera y con la otra apoyarse del respaldo del asiento… le había susurrado al oído haciéndola estremecer por la calidez de su aliento.

El momento se le antojó excitante al moreno, que sabía exactamente a qué la había llevado ahí desde el principio. Su masculinidad se hinchó todavía más.

Kagome sin controlarse, ya era víctima de su respiración pesada.

—Bankotsu, yo ya cumplí con…— logró pronunciar apenas calmada mientras él llevaba despacio su mano por el largo de su brazo para llegar a su delgado hombro y finalmente, despacio a su cuello, todo esto ante la atenta mirada del moreno. Tragó nerviosa.

—¿Y si te digo que quiero hacerlo ahora?— soltó de pronto sobre sus labios.

—¿Sa-sabes que esto es un delito?

—¿El qué?

—Hacer… eso que tu… Es una falta a la… moral— dijo nerviosa cuando él comenzó a rosar sus labios y nariz por su cuello y rostro.

Él no contuvo una sonrisa... a veces Kagome era encantadora. Dejando esto de lado, Bankotsu sin soportar mucho, llevó una de sus grandes manos bajo la falda de ese vestido y acarició, una vez más, la suavidad de sus torneadas piernas. Kagome apretó las mismas y sin embargo no luchó contra él.

—Ya te dije que aquí nadie viene. Tranquila, nadie nos descubrirá— le dijo y sonrió un segundo antes de besarla en los labios. Y mientras él se perdía en besarla y Kagome en el beso que nuevamente lograba rendirla, las atrevidas manos del moreno aprovechaban para deslizar las bragas de Kagome.

—Esto ya no está bien— logró pronunciar apenas se retiró de sus labios.

—A mí me parece lo contrario, Kagome— susurró pegado a ella y mientras la miraba a los ojos, terminó por deshacerse de esa pequeña prenda, aun contra el intento que hizo Kagome de impedírselo. Bankotsu sonrió y completamente excitado volvió por sus labios.

"Otra vez no" le suplicó Kagome a su cuerpo, estaba asustada, pero no de Bankotsu, sino de la facilidad con la que ella venía estado cayendo con él… ¿por qué?¿por qué si amaba a Inuyasha había aprendido a disfrutar las caricias atrevidas de Bankotsu?

—Bankotsu— jadeó su nombre cuando él se subió sobre ella al recostarla sobre el asiento, y apretó sobre su ropa uno de sus ya alterados senos. Cerró sus ojos y ladeó su rostro para permitirle besarla y acrecentar con ello, el cosquilleo placentero que recorría ya todo su cuerpo y entumecía su conciencia. Sí, Bankotsu era peligroso. La confundía, con sus palabras y actitudes a veces la intimidaba o avergonzaba, pero con sus caricias y sus besos las hacía estremecer y olvidar lo peligroso y prohibido de su relación. En un acto inconsciente llevó una de sus manos a su negro y suave cabello, permitiéndole continuar… "esto no puede ser… Me gusta"

El moreno se coló entre sus piernas y volvió a su boca, buscó desnudarla pero le era imposible con ese maldito vestido al que rápidamente odio. Mordió su labio al terminar insatisfecho ese beso.

—Ven— le pidió y la tomó de la mano para incorporarla mientras él se sentaba.

—Bankotsu… ¿de verdad…?— logró hablar y su voz sonó entrecortada. Su cabello se había revuelto y sus mejillas se encontraban encendidas.

El ojiazul solo la tomó de la cintura y la obligó a montarse sobre él. Su estado físico también estaba alterado, su miembro se presionó contra la expuesta intimidad de Kagome al sentirla sobre él y con ello, la respiración del moreno se hizo profunda y pausada, buscó moverse suavemente bajo ella, anhelando ya el placer que ese curvilíneo cuerpo podía proporcionarle.

—Agh— gimió roncamente cuando ella se movió al llevar sus manos a su cuello —. No sabes cómo te deseo— confesó y volvió por sus labios. Estaba dispuesto a sangrar los mismos hasta saciarse de ellos de ser necesario. La había extrañado y la había deseado más, la noche posterior a hacerla mujer.

Kagome abrió los labios y la lengua del moreno ingresó a su boca a encontrarse con la tímida de Kagome, y poco a poco logró envolverla en su pasión. Sus labios se separaban para al instante volverse a buscar. La pelinegra lo sintió deslizar el largo cierre del vestido y sus pezones se endurecieron ¿cómo era posible que estuviera comportándose así?

—Eres hermosa Kagome— reconoció el moreno mientras acariciaba la piel desnuda de su espalda al haber logrado también, desabrochar su sostén.

La piel de la joven se erizó ante la tibieza de su tacto y por sus palabras… nunca se había considerado realmente hermosa, pero ahora… en esa posición tan íntima y con Bankotsu tocándola y probándola con ese deseo y cuidado mezclados… realmente le creyó. Cerró los ojos y echó su cabeza hacia atrás cuando él descendió por su cuello sus labios, para probar sobre la tela uno de sus carnosos senos y apretar el pezón del otro. Apretó sus piernas al sentir su intimidad casi palpitar provocándole una oleada de placer.

—¡Dios! Bankotsu— mencionó jadeante… sintió la necesidad de decirle cuánto le estaba gustando, pero no se atrevió.

—Ya no aguanto, Kagome— le aseguró y en un instante metió una de sus manos entre las piernas de Kagome y bajó el cierre de sus jeans para en el acto, exponer su hinchado y dolorido miembro.

—¡Ahh!— Kagome gimió cuando la larga hombría del moreno se frotó contra ese pequeño botón que solía volverla loca. Mordió su labio y luchó por callarse. Frunció el ceño y apretó sus ojos cuando Bankotsu al bajar más sus pantalones, se apretó contra ella. Volvió a gemir.

—¡Mierda! Eres perfecta, Kagome— le aseguró con su respiración escapando por sus labios al acariciar con sus manos sus piernas, y apretando finalmente los redondos glúteos de la pelinegra. Las ansias lo estaban comiendo.

La levantó al sujetarla con ambas manos por la cadera y buscó hundirse en su cu cuerpo.

—¿Has tomado las píldoras?— le preguntó jadeante e impaciente por ella.

Kagome sintió un estremecimiento recorrerla al sentir la punta del hinchado y casi palpitante miembro del moreno en su entrada—. S-si.

—Entonces— mencionó y la traspasó con su endurecido pene al dejarla caer sobre él. Kagome gimió a pesar de morder su labio y él no contuvo un ronco gemido placentero al volver a sentir su miembro ser acogido por la apretada carne de Kagome. Se tensó por unos segundos cuando ella se abrazó a él al soportar el placer mezclado con un ligero dolor al recibirlo —. Entonces— repitió—, puedo disfrutarte a placer— finalizó para apretar sus dedos en la cadera femenina forzándose a entrar todavía más en ella.

—Ah, Bankotsu— gimió Kagome al volver a llevar su rostro suavemente hacia atrás.

—¿Estás bien?— le preguntó al comenzar a deslizar por sus brazos la blusa de ese vestido y el sujetador al mismo tiempo.

Kagome asintió y volvió a sentir la sensación de completo llenado que el grueso miembro del moreno provocaba en ella—. Si— mencionó en un gemido.

Ayudado por la cooperación femenina, Bankotsu por fin tuvo frente a sus labios el par de carnosos senos de Kagome, los mismos que lo venían cegando en deseo y que podrían ser fácilmente, la parte preferida de su cuerpo. Los tomó entre sus manos y sintió la tibieza de los mismos y la suavidad amoldarse entre sus dedos, mientras su miembro era deliciosamente envuelto por su apretado interior. Alzó su vista a ella, viéndola apretar sus ojos al tiempo que lamía el endurecido pezón de uno de ellos. Volvió a sentirla de él y su posesión por ella se hizo presente, movió sus caderas saliendo y volviendo a hundirse en ella suavemente, haciéndola gemir y complaciéndose con ello.

Eso era lo que quería, volver a hundirse en ella, sentir con su miembro su terso y apretado interior.

Afuera y frente a ellos se extendía la planicie casi infinita de las ciudades pequeñas que una a una construían un camino luminoso hasta llegar a la gran orbe de la ciudad capital mucho más lejos. La obscuridad que los rodeaba solo era desvanecida suavemente por la enorme luna que se alzaba sobre ellos, y varias luciérnagas presentes solo en lugares como esos.

El silencio casi total solo era quebrado por el sonido de las voces de ese par de amantes dentro de ese costoso auto.

Kagome movió su cadera alargando el suave y tortuoso ritmo que Bankotsu había impuesto, sorprendiéndose a ambos con ello.

—Así, Kagome— jadeó al continuar chupando sus senos pero con sus manos apretadas en su caderas, indicándole un delicioso ritmo para ambos… por el momento.

Cuando Kagome apretó sus manos en sus hombros, desnudos después de haberse librado de su camisa, supo de su placer. Echó su cabeza ligeramente hacia atrás concentrándose únicamente en la humedad creciente que brotaba de la sumamente apretada intimidad de la joven sobre él.

—Ah, Bankotsu— volvió a gemir al sentirlo aumentar el ritmo y la presión de sus manos en su cadera. Su respiración se hacía pesada y el sudor comenzaba a bañarlos.

"Era esto" reconoció para sus adentros el moreno. Era eso lo que había deseado, hacérselo una vez más, ser él… solo él el que conociese de esa forma a Kagome. Esa presión y esa humedad que ella tenía…

—Vamos, preciosa— jadeó al continuar moviéndola y escuchando placenteramente sus contenidos gemidos.

Kagome sintió un cosquilleó recorrerla y el grosor del miembro de Bankotsu abandonarla para volver a hundirse en un segundo, provocando ese sonido acuoso de su unión.

Él continuó moviéndola de atrás hacia adelante haciendo rechinar la piel del asiento al contacto de las propias, mientras su miembro salía y volvía a entrar en ella cada vez más húmedo, cada vez más fuerte… cada vez más rico.

Tensó su mandíbula al desear más de ella, deseaba hacerla llegar al orgasmo y verla soportar esa lucha entre su pudor y su pasión por gobernarla… siendo ésta última quien terminara por salir a flote para su deleite. Kagome era deliciosa. Su inocencia, y ahora era solo de él.

Kagome se abrazó a su cuello cuando su cuerpo se adormeció y Bankotsu mordió su hombro.

—¡Aghh!— gimió en su oído haciéndolo estremecer y con ello incrementar su ritmo al esta vez, chocar también sus caderas contra ella, al tiempo que la atraía para enterrar su miembro en su intimidad.

—Deliciosa— se repitió al sentir la insoportable sensación de calor extremo y casi desvanecimiento al estar cerca de llegar. Sintió las paredes internas de Kagome retorcerse y apretarlo deliciosamente, casi succionándolo—. Era esto— se dijo en medio del placer al borde de la inconsciencia. Era eso, eso que lo mantuvo en vela la noche anterior. Por eso no quiso verla con Kouga, no quería siquiera pensar en la idea de que ella estuviese con nadie, así como estaba en ese momento con él… por estúpido que ahora sonara, después de todo, Kagome no se atrevería, pero su instinto posesivo y sus celos no lo dejaron verlo.

Kagome casi sintió su cuerpo temblar "otra vez… esa sensación" pensó al sentirse movida con fuerza y pasión por Bankotsu. Su corazón palpitaba con furia y sus piernas estaban tan débiles al ayudarle al ojiazul a moverse y provocar ese placer que ambos estaban disfrutando.

—Ba-Bankotsu… ya no… ya no puedo…

—Vengámonos juntos, Kagome— le suplicó y la sujetó de la cintura, esta vez la ayudó a elevarse y caer constantemente sobre su dureza —. Así, preciosa— mencionó pensando en saciarse de ella esa segunda vez… la que tanto se aseguró ser la última que necesitaría.

Pero no. Había disfrutado como nunca ese cuerpo y quería volver a hacerlo una vez más… o dos, o las que fuesen necesarias hasta saciar las ganas que seguía teniendo de ella.

—No… no aguanto— confesó Kagome al apretar su abrazo sobre su cuello dejando el rostro del moreno apenas arriba de sus senos.

Bankotsu volvió a sujetarla de la caderas y buscando llegar con ella, la obligó a cambiar el ritmo y de manera insistente, la volvió a mover de atrás hacia adelante haciendo el choque de sus caderas audible e insoportable para ambos.

—Ah, Kagome— gimió roncamente al sentirla apretarse fuertemente a su hinchado miembro. Ella tembló y no contuvo los suaves y largos gemidos que le siguieron al fuerte y agudo gemido al momento de llegar con él.

—¡Dios! Bankotsu— logró pronunciar con su voz entrecortada ¿siempre sería igual de intenso? Tembló más al temer que eso le llegase a gustar tanto como para aceptar seguir con él.

El agitado ojiazul se aferró a su cintura en un abrazo, mientras su palpitante miembro continuaba derramando su cálido semen dentro de Kagome, y siendo sacudido por esporádicos espasmos. Escondió su rostro en el cuello de la joven que también respiraba con dificultad.

Una de las blancas manos de Kagome bajó a acariciar la dura y ligeramente sudada espalda del ojiazul y con la otra ocultó su rostro avergonzada. Lo habían vuelto a hacer.

Un par de minutos después y con sus corazones y respiración más calmados, Kagome se separó suavemente del joven de larga trenza. Deslizó sus manos a modo de caricia hasta posarlas en sus anchos hombros. Bankotsu se quejó incómodo al perder el soporte de sus grandes senos.

—¿Qué?— le preguntó apenas con voz al sentirla mirarlo pero no hablar. Con los ojos cerrados y disfrutando todavía de su interior echó su cabeza hacia atrás.

—¿No crees que estás alargando esto?— le cuestionó, en ese momento Bankotsu se veía igual de vulnerable como se sentía ella. Esa extraña intimidad que se creaba cuando estaban así de cerca, la motivó a hablar y aclarar las cosas de una vez.

Bankotsu enderezó su cabeza y sus profundos ojos zafiro brillaron ante la luz lunar al fijarlos en ella.

—Tal vez— aceptó al deslizar sus manos de su cintura a su cadera. Su voz había sido suave y él también se percató de esa quietud que se sentía entre ambos.

—El trato ha terminado y lo sabes— la suave voz de Kagome apenas era audible para él… ella se había perdido viendo lo peculiarmente hermosos que eran esos zafiros que el moreno tenía por ojos.

Él sonrió y alzó una de sus manos a acariciar su rostro—. Lo sé.

Ella pareció reaccionar y volvió a ruborizarse por haberse perdido en verlo—. Entonces, ¿por qué?— se atrevió a preguntar.

—Porque tal vez solo quiera estar contigo una vez más— le dijo y cargándola se acomodó mejor en el asiento, volviendo a compartir un suave gemido por ello—. O tal vez quiera hacértelo hasta que me canse— mencionó sobre sus labios y ella frunció ligeramente el ceño haciéndolo sonreír—. Y eso, porque me gustas, Kagome— finalizó para acariciar sus labios con un suave beso, haciéndola estremecer.

Continuará…


Hola :D

Bueno, primero que nada, una disculpa por no haber actualizado antes, estuve esforzándome en otras cosas que no me rindieron frutos :$

Después quiero agradecer a las chicas que me han mostrado su apoyo e interés en los comentarios: Alessandra Mar, Ale, Karito, chibilebasi, Tara, Tamara24, luimma, Edna Cont., nekoprincesz, mabby-co, ljubi-sama, mari-ibs, Nfirefly, Kasai shinju, Sasunaka doki, Nina Shichinintai, Arely Matamoros, Elfen Jeager y a su hermano Jeff, goremetal1672, Rogue85, meka6489, joh chan, yuukichan, lady of the west, miko77, Pauli y a tres chicas que no pusieron sus nombres y aparecieron como Guest. También a Claudia Gazziero que recién se une a esta historia. Que gusto que sea este fic el elegido para adentrarte al fandom del bankkag.

Bueno, pues aclarando una cosa… tal vez esperaban a un Bankotsu más romántico pero no, en esta historia Bankotsu es un patancito no tan malo, pero no es meloso ni super tierno, aunque tendrá sus momentos.

Desde aquí empezará a cambiar la relación de estos dos y por ahí uno se me va a enamorar del otro xD … Agradezco también a quienes han marcado a la historia como favorita, espero no decepcionar, ya tengo mi idea clara y a mi en lo personal, me encanta.

Saludos y nos leemos pronto, una o dos semanas. Un beso.