La fatalidad. Esa fuerza desconocida que, según algunos, obra irresistiblemente sobre los dioses, los hombres y los sucesos. La fatalidad, conocida también como hado o destino en su acepción más negativa. Situaciones que podían haberse evitado en una milésima de segundo, un accidente, un encadenamiento fatal de los acontecimientos.
Un regalo.
Un regalo con el que los compañeros de celda de Sasuke quisieron obsequiarle por enseñarles a leer, por ayudarles en su desgracia. Aquéllos brutos ignorantes habían tomado cariño al joven Uchiha que había mostrado una especial sensibilidad para con ellos, y decidieron entre todos, que la mejor manera de intentar alegrar a aquel muchacho que se hundía cada día más en un profundo pozo de depresión, era obsequiarle con algo que no pudiera olvidar.
Por su parte, Sasuke no levantaba cabeza; dos meses habían pasado desde que Sakura cerrara la puerta a sus espaldas, dejándole solo.
Naruto había hablado con ella, pero lo máximo que había podido conseguir de la chica había sido una promesa futura. Cuando estuviera preparada, Sakura aparecería, no antes. Sasuke pensaba con rabia que la disposición de la muchacha brillaba por su ausencia, ya que después de sesenta días, con sus sesenta noches, aún no se había pasado por allí.
"Estará con ése… "
Se lamentaba, compadeciéndose de sí mismo y de su mala estrella y ni las visitas de Naruto, ni las partidas de shôgi con Shikamaru parecían entretenerle. Cuando alguien interrumpía su meditación, le arrojaba fuera con cajas destempladas y gritos furibundos.
"Mi existencia no tiene ningún sentido…"
El pelo sucio le llegaba por los hombros y se lo sujetaba en una roñosa coleta, burda imitación de la que un día lució su querido hermano Itachi. El kimono negro de presidiario con el que se vestía, estaba raído, no le interesaba pedir otro nuevo.
"Sólo es ropa… Ropa que cubre una cáscara vacía"
Le daba igual su aspecto físico hasta el punto de dejarse algo de barba en el mentón… El óvalo oscuro de vello facial le endurecía las facciones, haciéndole parecer más peligroso de lo que él mismo se sentía.
Estaba obsesionado con Sakura. Se martirizaba imaginándosela riendo con un hombre sin rostro, gritando un nombre desconocido con su voz cantarina, igual que había gritado alguna vez el suyo por toda Konoha. Se la imaginaba sonrojándose por otro, mirando a otro, acariciando el cabello de otro y protegiendo a otro que no era él. Y no podía soportarlo.
"Sakura-chan…"
Se ulceraba pensando en que ella pudiera entregarse a otros brazos que no fueran los suyos. El sentimiento de abandono se tradujo en inapetencia y apatía, casi no comía, se mostraba más taciturno de lo usual y durante horas fijaba la vista en un punto indefinido. Miraba a través de las rejas instaladas en las ventanas, sumido en sus pensamientos. No podía llorar, aunque lo necesitaba, y de noche jadeaba en sueños, ansioso, nervioso, despertándose cada hora con la sensación de que caía por un precipicio y no había nadie a quién le interesara sujetarle.
"No le importo a nadie…"
Cuando sus compañeros, Ichigo, Shôtaro y Kyogin, le comunicaron que tenían un regalo en agradecimiento a sus esfuerzos por enseñarles algo útil, Sasuke adivinó que, de alguna forma, quizá a través de Naruto, habían conseguido que Sakura fuera a visitarle.
Aquel jueves, el Uchiha, ya limpio, peinado y con ropa nueva, aunque extremadamente delgado y ojeroso, aguardaba esperanzado a que fueran a buscarle para llevarle al único cielo que conocía, el verde de los ojos de Sakura.
El ANBU, finalmente llegó y Sasuke por primera vez dócil e inseguro, le siguió con el corazón encogido de emoción, ansiando verla, ansiando sentir su perfume y por encima de todo, ansiando tocarla
El silencioso ANBU no le llevó a las salas de visita habituales, sino que le condujo hacia el interior de la prisión, a través de un largo pasillo que finalizaba en una puerta de metal; sacó una llave de hierro y la abrió con un chirrido oxidado.
Desde dentro de una estancia iluminada levemente con velas de incienso le llegó el perfume de jazmín de una mujer. Todas las terminaciones nerviosas de la piel del Uchiha se pusieron a cantar.
"¡Sakura! ¡Por fin!"
Su corazón dio un vuelco y le faltó tiempo para entrar, el ANBU le detuvo con la mano, haciendo caso omiso de la mirada asesina con la que Sasuke le obsequió.
- Tienes tres horas.
El Uchiha le miró impaciente, sin saber a qué se estaba refiriendo el guardia y sin más preámbulos, entró en la habitación. La puerta se cerró a su espalda, sin echar la llave. El Uchiha pudo sentirle apostado al otro lado.
- ¿Sakura?
La habitación no era grande, pero sí amplia. Dos estanterías en las paredes repletas de velas de incienso hacían que el ambiente fuera meloso y sofocante. En el centro de la habitación, un camastro de sábanas ásperas, pero limpias, cubierto con varios cojines de color rojo.
"¿Pero qué coño es ésto?"
En el lado opuesto de la habitación, una mujer le daba la espalda. Llevaba puesto un kimono uchikake* confeccionado con seda rosada en el que aparecían bordadas en blanco unas flores de cerezo del tamaño de una uña. El obi* que llevaba atado en la parte delantera, también era de seda roja. Sus pies estaban calzados con zuecos de madera, con tiras rojas y negras y su pelo, de color rosado, estaba recogido en un enorme moño engarzado con alfileres y peinetas de color rojo y amarillo.
"¿¡Qué…!?"
La mujer soltó una risilla y se dio la vuelta para que Sasuke pudiera mirarla. Aún con la cara maquillada en blanco, Sasuke pudo apreciar el parecido.
"¡Una oiran*! ¡Una cortesana!"
Era una prostituta de alto nivel, extraordinariamente parecida a Sakura Haruno.
Sasuke enrojeció de forma apenas perceptible.
"¿Pero… Qué pretenden..?"
- Sasuke-sama… ¿puedo acercarme?
Sasuke estaba petrificado, también la voz era igual que la de su ex compañera de equipo. Debía haber usado algún doujutsu que la convertía en una réplica casi exacta de la mujer que le sorbía el seso.
Sasuke no sabía qué decir o cómo reaccionar. Se sentía atraído y repelido a partes iguales.
- Me voy – dijo finalmente Sasuke, tajante, dándose la vuelta y dirigiéndose hacia la puerta de la habitación. Se le estaba empezando a revolver el estómago.
- ¿No le gusto, Sasuke-sama? – la mujer arrastraba las palabras igual que hacía Sakura al pronunciar su nombre, coqueta, pero dulce y tímida a la vez, su voz cantarina le transportó en el tiempo y por un instante pensó que era Sakura la que le hablaba.
- Sí….
"No hay nada de malo en que me acerque… Se parece tanto…"
La oiran se acercó a su vez al muchacho con lentos pasitos cortos, precavidos, pero firmes. Había copiado hasta la manera de caminar de Sakura Haruno.
Cuando la tuvo delante, la contempló extasiado, el parecido era realmente extraordinario e incluso el perfume era el mismo… O no, quizá era más intenso, más fuerte que el de Sakura, Aquella mujer olía a mujer, Sakura olía a primavera.
"Es casi ella…"
- ¿Por qué estás tan triste Sasuke Uchiha?
La cortesana alzó despacio la mano derecha y le acarició la mejilla suavemente, alcanzó sus labios fríos, repasándolos lentamente con los dedos. Sus ojos verdes, más oscuros que los de Sakura, brillaban febriles con la fuerza del deseo, mientras su cuerpo desprendía un extraño calor ardiente y confortable que le mareaba.
Sasuke estaba hipnotizado, quería que fuera Sakura la que le estaba tocando y aunque sabía que no, el momento era tan intensamente erótico que se dejó llevar.
Su imaginación volaba, envuelto como estaba en aquélla atmósfera cálida y dulzona de fuerte incienso, queriendo creer que era ella, que la cortesana que tenía delante no era una profesional de la sensualidad dispuesta a complacerle en todo, dispuesta incluso a cambiar su rostro por el de otra mujer con la única intención de arrancarle gemidos apasionados… Soñó que era la chica del pelo rosa quién realmente le miraba lujuriosa y lúbrica, y ante esa mirada no podía articular palabra. Se hallaba dominado por el influjo de un extraño jutsu erótico.
Tampoco se movió cuando le acarició el pecho por encima del kimono, ni cuando, con la mano libre le agarró el miembro firme, presionándolo levemente, comprobando su dureza. La respiración de Sasuke se aceleró, los labios entreabiertos de deseo, el aliento expeliendo a duras penas el nombre de Sakura. Cuando aquel demonio de lascivia se arrodilló ante él liberándole de la ropa, cerró los ojos e imaginó que los labios que aprisionaron su pene no eran los de la oiran, sino otros, más dulces y cálidos.
No quiso pensar en nada más, su cuerpo pedía a gritos que lo rescataran del control férreo al que se había sometido durante tantos años y, con un gemido, se deslizó por la pendiente de la inconsciencia a la que le llevaban los instintos, totalmente dominado por aquellas sensaciones nuevas, mientras la boca de aquella mujer, oscura, húmeda y cálida, le obligaba a derretirse dentro, aturdiéndole con aquel placer agudo.
No duró mucho, se corrió en la boca de la puta, descargándose en un grito ahogado, arqueando su cabeza hacia atrás, en el mismo instante en que la puerta de la estancia se abría violentamente.
Sasuke abrió los ojos de golpe y su semblante extasiado, contraído por el orgasmo se transformó en el espanto más absoluto cuando vio a Sakura Haruno jadeando en la puerta de la habitación con los ojos desorbitados y la boca contraída en un grito mudo de dolor.
No pudieron decirse nada, sólo se miraron absolutamente horrorizados.
La oiran liberó el miembro de Sasuke de su boca y se volvió a mirar a la intrusa que había interrumpido su tarea. El semen del Uchiha resbalaba de entre sus labios mientras la cortesana miraba a la muchacha que, pálida, con los labios sin color y los ojos sin vida, observaba cómo una gota de aquel fluido espeso escurría por las comisuras de aquella mujer, precipitándose de forma obscena, hasta mancharle el kimono bordado en sakuras.
Las fuerzas abandonaron a la kunoichi que flaqueó y se arrodilló en el suelo, sujetándose con una mano al marco de la puerta y con la otra el corazón, que sangraba por dentro, como si alguien le hubiera clavado un kunai envenenado, tenía los ojos clavados en el hilo de baba que resbalaba de los labios de la puta que acababa de practicar a Sasuke una felación.
Sasuke no podía moverse. Ni siquiera podía cubrirse, tenía la impresión de que si se estremecía todo se rompería en millones de pedazos minúsculos, imposibles de recomponer, aguantó la respiración sin darse cuenta, con el mangekyou sharingan activado por la intensidad de lo vivido, mientras la oirán se escupía en la mano los restos de su semilla.
- Me retiro… – dijo de pronto la mujer – y el sonido de su voz sonó como el graznido de un cuervo.
Sasuke volvió levemente en sí, desactivando sus ojos rojos, devolviéndoles la oscuridad, sin dejar de mirar a Sakura Haruno, que clavaba la vista en un punto indefinido entre la prostituta, que se acercaba hacia la salida y Sasuke Uchiha.
El muchacho, lentamente, se acomodó el kimono… Muy despacio, en tensión total y con la garganta a punto de reventar en un grito desgarrado de desesperación, al saber que después de lo ocurrido, el destino entre ellos dos, acababa de sellarse.
La oiran pasó a través de la puerta, apenas rozando a Sakura con el kimono, desapareciendo en la oscuridad del pasillo. El ANBU guardián no estaba en su puesto, pero en ese momento, a Sasuke Uchiha lo que menos le importaba era dónde estaba ese tipo.
Se quedaron solos, en el más completo silencio. La desolación se había convertido en materia, la tensión tenía olor, la desesperación silenciosa de sus corazones rotos les envolvió como una manta.
Sasuke, dio un paso hacia Sakura en un vano intento de evitar lo inevitable.
- No. – la muchacha no le miraba –No te me acerques.
Su voz era puro grito contenido, exudaba dolor por todos los poros de su piel. Sasuke podía sentir su sufrimiento, que le atravesaba como una lanza y no le dejaba casi respirar.
- Sakura… - Sasuke ronca la voz quiso explicarle… Quiso hacerle entender que se había dejado llevar… Quiso decirle que se imaginó que era ella... Que nunca habría otra… Pero no le dijo nada.
Cuando la muchacha, con un esfuerzo infinito, levantó el rostro hacia él, desecha en un llanto silente, dientes apretados y ojos vacíos, sólo musitó dos palabras.
- Te odio.
Sasuke dio un paso atrás, lacerado el corazón, como si le hubiera picado una avispa.
"Sakura"
- Te odio - Sakura se intentaba poner en pie, pero no lo conseguía.
"No, por favor, no…"
- Te odio – la voz de la muchacha era puro veneno.
"Yo te amo"
- ¡Te odio! – Sakura gritó y fue un grito desgarrado, desde el fondo de sus pedazos de alma.
Sasuke agachó la cabeza, no podía decir nada, no sabía consolarla, no sabía qué decir.
-¡Nunca! – Sakura se atragantaba con su propio llanto - ¡Nunca vuelvas a acercarte a mí! ¿Me oyes, bastardo? ¡Nunca más!
Sasuke se desplomó de rodillas, mirándola implorante, pero Sakura no veía más que su propio dolor.
- Perdóname… - la voz de Sasuke era un ladrido. No quedaba nada del orgulloso ninja que una vez fue – Perdóname Sakura...
- ¡Nunca! – los ojos verdes de Sakura estaban vacíos -¡Nunca vuelvas a pronunciar mi nombre!
Al fin se incorporó, las piernas temblando, igual que sus manos. Dio dos pasos hacia atrás y salió al pasillo del penal, pronunciando una última frase:
- Ya no existes para mí…
Cerró la puerta de golpe, mirando sin ver al que había sido el amor de su vida.
En su ciega ira, no se percató que del ojo izquierdo de Sasuke Uchiha caía una sola lágrima.
