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Bajé las escaleras, huyendo de esas enanas angustiosas, de esas miradas acusadoras.

Sabia de las intenciones del rey.

Sabia lo que su familia pensaba.

Sabia lo que en cada esquina se comentaba.

Sabía lo que en Erebor hablaba.

Que Thorin quería cortejarme. Que Thorin quería estar a mi lado.

Y eso me disgustaba, pero me interesaba de igual manera.

Por las noches, cuando me desvestía, y deshacía mis trenzas...cuando la soledad y el silencio llegaba a mi cama...soñaba con sus ojos, con su voz, con sus manos, con su pelo, con su sonrisa...

Soñaba tanto con él, que sentía por momentos que perdería la cabeza, que mi orgullo sería derribado y me subyugaría al poder que deseó humillarme en público.

Pero aun con esos sueños, no me rendí.

Continué con mi vida cotidiana, con mi mundo normal, con mi vida mundana. Con mi normalidad.

Aunque ese día se me tornó realmente difícil.

El día de Durin se acercaba, y esa gran fiesta era un gran tentenpie para las enanas nobles y su objetivo de desposarse con el rey.

Asi que cuando comencé a caminar ese día, cuando decidí salir a la luz para disfrutar de la fiesta, me rendí casi al instante, incapaz de soportar las miradas y los susurros...

Solo deseaba paz y soledad, tranquilidad.

Así que opté por colarme entre salas, a buscar el silencio absoluto, a encontrar la lejanía de los demás.

Decidí a irme un día, pero jamas fui capaz de dar el siguiente paso para abandonar Erebor...fui incapaz de ello. Algo me ataba, algo me unía.

Pero no fue hasta dentro de unos años que supe la razón.

Llegué donde por fin me sentí segura.

Un pasillo oscuro, con una sala al fondo. Una sala pequeña y cubierta de cortinas rojas aterciopeladas y de gran magnitud.

Y cuando pensé que encontraría esa soledad, un pequeño ruido sordo, me obligó a esconderme entre las cortinas, pues no sabía si me estaba permitido estar allí.

Primero pensé que era una ilusión mía, pero después comprobé que había alguien descorriendo una cortina, una de esas cortinas pesadas.

Asomé de la manera mas sigilosa posible, uno de mis ojos, para descubrir al infiltrado.

Thorin.

TU.

De rodillas

Apoyado en una pared de piedra gris y fría. Murmurando cosas que no llegaban a mis oídos.

Pude ver como se encogía de vez en cuando, como si gimiese en silencio.

¿Que demonios le pasaba?

Después de varios minutos encogida en mi misma, atemorizada de hacer el mínimo ruido; observé que el muro en el que estaba apoyado, tenia algo escrito.

Entrecerré los ojos, para leer con mas claridad:

"CUANDO LA GRAN GUERRA TERMINE, Y EL SEÑOR OSCURO CAIGA,

NO DEJEIS DE OTEAR EL

HORIZONTE. ESCUCHAD Y NO CELEBREIS.

AYUDA"

Estaba tan confusa...era tan joven que no llegaba a imaginar el por que del dolor de aquel enano tan majestuoso, tan erguido en sus celebraciones publicas, tan diestro con la espada...

Era imposible que ese fuese el Thorin que tenia delante mía.

De rodillas, débil, meditabundo, taciturno, con un pesar demasiado grande para poder aguantarlo en sus hombros.

Pero después de ese día: cada día, volví a ese sitio hasta que por fin me casé con él.

Y durante tres años. Muchos años mas. Todos. Cada día, mi querido esposo volvía de nuevo a ese muro, a colocarse de rodillas en el frío suelo, con la frente apoyada en la dura roca, en silencio, con un dolor agónico, como esperando.

Y por fin de tantos acontecimientos, con mi cuerpo ya postrado en una cama y a punto de morir, puedo ser capaz de comprender el por que de su comportamiento; de por que el amor de mi vida, por el que sentía devoción, volvía cada noche allí. A esa sala

Y era por que era ella.

Ahora que soy anciana se que era por ella.

El me amó. O eso deseo.

Pero lo que sintió por esa enclenque humana fue algo mas. Fue un castigo.

Fue una promesa. Un juramento.

Y yo, incrédula de mi, jamas fui capaz de impedir el destino de mi marido. Jamas pude ser esa castaña de pelo corto y rebelde.

Jamas pude ser ella.

Aunque estuve ahi..

Durante años le observé. Te observé mi amor. Supe de tu dolor. Supe de tu agonía.

¿Por que nunca acabe con ella?

¿ Por que nunca dejé que muriese tirada en medio de la fría nieve, con su vientre maldito? ¿Por que nunca apreté su cuello hasta que perdiese poco a poco, la poca vida que algún dios cruel le otorgó para torturarme? ¿ ¿Por que nunca clavé mi espada en su barriga hasta verla desangrarse delante de mis ojos? ¿Por que nunca fui capaz terminar con su asquerosa existencia?

Hubo un día, en el que por fin deseé que sufrieses. Que sufrieses todo lo que sufrí, Thorin. Todo lo que temí. Todo lo que grité. Todo lo que lloré.

Ya no.

Te amo tanto...lo lamento tanto...me odio tanto por todo...y la odio tanto.

Por que, mi rey, tu y yo sabemos, que aunque jamas podamos ajustar cuentas con esa bruja del pasado...

Nos maldijo.

Se maldijo.

Te maldijo.

Me maldijo.

Por su culpa, jamas olvidaré tu espalda, tu temblor. Mis pies en el frío suelo. Mis lagrimas por las mejillas. Mi sangre en la espada. La sangre de ella en mis manos. Los llantos de un recién nacido en el suelo. La condena de ese cruel pecado a mi costa.

La cortina roja que colocaste para cubrir y proteger aquello que únicamente te dejó.

La nada.

Su maldición.

Su egoísta maldición.

...