Músca: Led Zeppelín – Stairway To Heaven
Sentir como el corazón cae. Sentir como sus partes se quebrajan una a una. Sentir que el pálpito no es suficiente porque cada golpe interno, solo ayuda a romper… no a dar vida. Sentir que la respiración no es suficiente… esa era mi muerte.
Porque nada podía ser perfecto para siempre. Mi vida había sido un torbellino de altibajos promocionales y repetitivos… sería poco consecuente, un final poco concebible que mi felicidad fuese eterna.
Mi conciencia, roía la cuerda con la que la había atado sus pies, sus manos y sobretodo su enorme boca mientras el lanzamisiles descansaba a unos metros de distancia con todo el equipo destructivo.
Yo por mi parte, dejaría todo atrás. Esa sería mi tarea. Olvidarme de cualquier cosa que me vinculara a mí y a Edward Cullen. Cada recuerdo, cada cosa… cada insignificante pequeñez…. De un segundo a otro, el anillo negro en mi mano derecha, aquel que me había regalado tantos años atrás y he llevado en mi dedo siempre, a pesar de toda la mierda entre nosotros dos, comenzó a pesar dos toneladas y medias.
Quise sacarlo. Juro que quise e intenté hacerlo… quería tirarlo lejos, pero a penas mis dedos se posaron sobre él, el llanto contenido todo este tiempo, explotó.
¿Y a donde pretendes ir? Él es el culpable… él y siempre él. Y por tanto, es él el que debe tomar sus cosas y lagarse de aquí.- dijo mi conciencia, destruyendo el nudo de sus piernas- todo esto es nuestro Bella. Es tuyo. Has luchado, te has sacrificado. Has puesto sudor y lagrimas en lo que tienes aquí. No puedes dejar todo de lado por él. No otra vez.
-¿bajo que criterio? ¡DIME!- le grité llorando. Sin corazón, sin alma… ¿para que necesitaba el cuerpo? Podía largarme de aquí, tener una vida tranquila. Tener a mi bebe y ser feliz con él.
Una pequeña patadita golpeó justo en medio de mi vientre. Mi pequeño bebe. Él no tenía la culpa de nada. Fue su idiotez y mi calentura lo que lo trajeron a este mundo… pero sería mi fuerza de voluntad la que nos sacaría adelante.
-da igual. Que se quede con la estúpida de Tanya y con cuanta zorra quiera tener. Que tenga los hijos que quiera. Que ella sea la cornuda. Yo ya me canse de ver como el mundo me mira con pena. No seré el plato de segunda mano de nadie- le dije a mi conciencia, mientras acariciaba mi vientre. Como si aquello fuera alguna clase de discurso moral para un pequeño ser que no me entendía.
¿Se supone que esa es tu nueva forma de excusarlo? ¡SIEMPRE ESTAS DE SU MALDITO LADO!
-¡NO ME GRITES! Te duele tanto como me duele a mí. Y definitivamente no es necesario que te desquites conmigo. Yo los vi ¿lo recuerdas? Suficiente suplicio psicológico por un día. Me ire… la pregunta es, ¿te vas conmigo o seguirás rondándolo a él y toda la mierda a su alrededor?
Hubiese sido imposible que me dejara…. O eso me decía a mi misma cuando solté aquella frase. Si perdía a mi conciencia en esta guerra, tendría mas bajas de las que esperaba.
Tú perteneces a esa mierda que lo rodea Bella- fue su golpe bajo- así era hace menos de cuatro horas.
-pero ya no lo seré. Me iré…
¿Y con eso dejarás de pertenecer a su "mierda"? Vamos Bella, seamos realistas. Estemos
aquí o en medio de India, seguiremos amando a ese estúpido cobrizo, nos parta el corazón millones de veces o nos bese los pies como un mendigo- dijo ella, tomando su ropa y metiéndola al lado derecho de mi maleta abierta.
Baje mis brazos rendida. Ella seguía metiendo cosas y yo caí en el oscuro pozo de la verdad inalterable. Lo amaba. Él había roto mi corazón, mis esperanzas, mi alma… hasta mi orgullo. Y yo lo seguía amando como una posesa.
-no debería doler… lo conozco. Siempre lo he conocido- dije entre lágrimas mientras ella intentaba calmar mi llanto- pero duele…. Duele demasiado.
Sabes que no soy buena con los nombres, cariño- dijo ella acariciando mi espalda- pero alguien dijo alguna vez 'que la negación del todo, es afirmar la nada'. Si lo negamos, nos quedamos vacías… es mejor solo aceptar nuestro corazón roto, recordar los motivos, e intentar sanar.
Posiblemente no lo dijera en voz alta. Pero tenía razón. Aquella cosa loca, psicópata, lujuriosa y muchas veces descabellada conciencia, tenía razón.
Seguí empacando mis cosas sin pensarlo.
Vi como ella se alejaba y me di el respiro de mirar por la ventana.
Nueva York en su extensión era una tierra de las oportunidades. Donde solo la ley de la selva era la guía para sobrevivir. Era bastante simple. El más grande, siempre se comerá al más pequeño. Porque tienes dos caminos a seguir… o eres lo suficientemente fuerte para convertirte en el mas grande. O lo suficiente inteligente para parasitar al que si fuera apto.
Jamás me consideré alguien fuerte, pero pude salir adelante con mi negocio. Hacer pasteles era mi vida… era mi trabajo adorado. Y salí adelante gracias a mi esfuerzo y el de mis amigos. Aquellos que siempre estuvieron a mi lado apoyándome.
Un suspiro se gano lugar en mi pecho y apoyé las manos en la baranda mientras mi cabeza se iba abajo. Al abrir los ojos, frente a mi habían 4 pares de ojos mirándome.
Los ojos penetrantes y seguros de Jasper. Mi puerto seguro. Mi tanque de oxigeno ilimitado… si tan solo hubiésemos sido capaz de amarnos, la vida… mi vida, sería mas tranquila. Más aburrida pero posiblemente más estable.
También Emmett y Rose, aquellos eternos –y envidiables- enamorados que están destinados a su felicidad eterna. Porque se aman sin importar sus diferencias. Y porque se necesitan el uno al otro casi tanto como aman cada una de sus diferencias.
Y también él. Él y sus ojos verdes. Él y su seguridad. Él y su sexualidad. Él y su aura atrayente que siempre la llamaría como la luz a las polillas.
Exacto. Edward. Él también había estado ahí. También había sido un pilar en su vida… el principal se podría decir… sin el cobrizo, la magnifica estructura que tanto trabajo había puesto para construir, se vendría abajo.
"Supongo que… Los Cullen son lo elemental de la vida. Pero yo no deseaba algo bueno, yo buscaba lo excepcional". Rose lo había dicho… nos había dicho que solo nos libraríamos de un Cullen cuando encontráramos al amor de nuestras vidas.
Así que… nunca me libraría de él. Porque Edward Cullen era el amor de mi vida. También el principal causal de el quiebre de mi corazón… pero el amor de mi vida al fin y al cabo.
Me alejé rápidamente de las fotos cuando vi a mi conciencia aparecer de nuevo y me situé al lado de la maleta. Cerrándola, produciendo un frío eco en mis vacías habitaciones.
El auto esta afuera- dijo ella parándose al lado de las fotos.
Dejé las maletas en el suelo y levanté su mango. Una nueva vida nos esperaba en alguna parte. Tomé la cartera, me aseguré de llevar todo lo necesario y saque mi celular… Emmett, Jasper y Rose merecían ser avisados. Pero bajé el teléfono antes de presionar cualquier numero… ellos también merecían su felicidad. Ya los llamaría cuando estuviera instalada en alguna parte.
Deberiamos llevarlos ¿no?
No me gire. Sabía perfectamente a que se refería.
-eso creo- fue todo lo que dije abriendo la puerta y sacado mis cosas. Antes de darme vuelta y cerrar con llave, vi como mi conciencia pasaba por mi lado con su bolso de marca y su cabello brillante. Mire hacia la mesa donde estaban las fotos… y no había ninguna. Dirigí mi vista hacia el pasillo, pero ella ya había bajado.
El hombre me saludó con una calida sonrisa, tomó mis cosas y las subió a la cajuela. Mi conciencia ya estaba arriba del auto con la ventana a medio bajar.
Yo por mi parte, me subí sin mayor emoción.
-¿A dónde señorita?- Preguntó el hombre subiéndose al auto amarillo y negro.
-al aeropuerto, por favor- le pedí en un débil y triste susurro mirando a través del vidrio. Todo se quedaba atrás. Mi casa. Mis cosas. Mi trabajo. Mis amigos. Mi hermano. Mi familia. Mi vida completa caía a pedazos al igual que mi corazón.
El hombre cambio algunas emisoras hasta llegar a una canción que se sabía de memoria. Mi suerte era tanta, que aquella letra también estaba en mi disco duro. Un clásico… un hombre que haría de todo por el amor de su vida. Olvidar su nombre, sus problemas, su origen… todo con tal de estar con ella. La maldita afortunada de todas las canciones románticas. Aquella que tenía el amor en sus manos. Aquella que tenía frases como "encontré el amor en tus ojos" o cursilerías capaces de enamorar a la población femenina. Pero la muy idiota siempre lo dejaba. Él siempre lloraba la perdida de su amada mientras ella se iba con otro.
¿De que valía ser la buena? Las princesas eran opacadas por las hermanastras. La reina era vencida por la zorra que se acostaba con su marido porque era cuarenta años más joven y mucho más flexible. La doncella no era rescatada porque su príncipe se quedó cautivado con el feroz mounstro "prostíbulo" y ella se hacia vieja y amargada en la torre.
Era mucho más fácil ser la mala. Ser la zorra. Ser la que se queda finalmente con el amor de su amado.
A veces, cosas malas le suceden a gente buena. Eso no quiere decir que debas transformarte en una mierda- fue la frase de mi conciencia, cuando la puerta del taxi se cerró.
La mire fijamente. Ella miraba los edificios pasar a nuestro alrededor por la otra ventana.
En algún momento, aquella lujuriosa había evolucionado. Y yo no. Yo me había quedado atrás. Me había ahogado en los días tranquilos y llenos de amor y sexo con Edward. Ella podría salir de todo esto, podría ser libre y feliz. Pero seguía ahí, conmigo. Aún apostando por mi.
Y quise abrazarla. Por el simple echo de permanecer a mi lado. Pero no lo hice. Primero porque el taxista me hubiera llevado al psiquiátrico y no al aeropuerto… y segundo porque, era muy probable que ante tal demostración de amor, ella saltara del auto en movimiento y se diera un baño de aceite hirviendo.
Ella y su política de no contacto a no ser estrictamente necesario…
Volví a mirar a través de mi ventana. Y sonreía. Realmente sonreí. La primera sonrisa de mi futura nueva vida.
